sábado, 24 de enero de 2015

Opinión: El triunfo de los marginados


Por Gonzalo Schwenke



Pedro Lemebel se ha ido con la tarea hecha. Mientras el cáncer carcomía sin vuelta al autor de “Serenata Cafiola” (2008), en el Congreso Nacional se aprobaba la “Unión Civil en Pareja” y Gabriel Boric leía un extracto del manifiesto “hablo por mi diferencia”. Si alguna vez nos preguntamos en decaimiento: ¿para qué sirve la poesía? Es para instalar los discursos de la marginalidad en sectores institucionales que no se condicen con la dinámica de la sociedad a la cual dicen representar.

El Arte fue el medio que lo hizo mostrarse como tal, destapando el cartuchismo y la pacatería acerca de la sexualidad de las personas. Pedro Lemebel y su socio/a, Pancho/a Casas, ambos sujetos políticos desde la transición, instalaron el tema de la homosexualidad con sus cuerpos en el colectivo artístico: “las yeguas del apocalipsis”. Exposiciones públicas que destacan; “la refundación de la Universidad de Chile” realizada en respuesta a la permanente irrupción de la dictadura en la administración de la Universidad,  la irrupción en la Chascona en el momento en que se hace entrega del Premio Pablo Neruda a Raúl Zurita; llamado la “Coronación de espinas” o la muestra fotográfica; “lo que el SIDA se llevó” (noviembre, 1989), entre otras intervenciones de intenso valor estético y reflexivas.

Paralelamente, la narrativa de Lemebel, constituye uno de los fenómenos de mayor valía en la literatura, en ella no solo encontramos voces en resistencia de una parte de la sociedad a la que los discursos oficiales no amilanan el hambre ni la rabia. En sus letras hay expresividad llena ternura enel desamparo, un discurso simple pero una voz neobarroca que no busca llegar a los supermercados ni encontrar el oportunismo mediático[1].

Con un estilo inconfundible, en sus crónicas criticó el status quo, fustigó las vueltas de carnero de la clase política, descubrió el tupido velo de la izquierda light y la indiferencia. Se ganó el respeto y la admiración de la población que lo leyó y que indiscutiblemente, lo seguirá leyendo después de su partida. Admirando  esa particular forma de enfrentar la vida, que es la misma forma de enfrentar la vida y la muerte en la calle siendo maricón. Situación que significó que el stablishment le cerrase las puertas. En su escritura, prestó ropa a otros marginados: los mapuches, pueblo que de a poco están saliendo de subalternidad/invisibilidad mediante la lucha y la Palabra.

No hubiese tenido razón de ser, al suponer que sea galardonado por el Premio Nacional de Literatura (2014), Lemebel es un individuo al borde por su condición de ser humano y de género (todavía) no categorizado, porque las máscaras institucionales no saben valorizar los elementos que coexisten en el país, una errancia sin fin, protoeróticos que no representa en ningún caso a las clases sociales del país. Es entonces, cuando el pueblo informado se hace cargo de las (in) justicia y los valores de la sociedad, manifestándose contra la justicia perturbada y dándole la justicia que no tiene a Víctor Jara.

El Premio Nacional de Literatura lleva más de veinte años de retraso y no se condice con lo “actualizado” del Premio de Santiago. Por otro lado, la crítica literaria de carácter académica o científica está descontinuada y regionalizada[2]. Hay un vacío acerca del estudio de la literatura[3] durante la década del noventa, lo que se puede observar y obtener revisando digitalmente Revistas como: Estudios Filológicos, Anales de la literatura, Atenea, entre otros que están disponibles en la red.

También fue incomprendido por la esquizoide representatividad del PC, que amarillea por todo lo putativamente cultural: “no voy a cambiar por el marxismo, que me rechazó tantas veces. Soy más subversivo que usted”[4] dijo el finao’ o “¡Nosotros somos comunistas y en el partido no hay maricones”[5] le dijeron en el Congreso del Partido Comunista en 1990.

En Chile siempre fue relegado por denunciar a los que nunca se quedaron y huyeron a la Europa del Este a cobijarse, mientras en las poblaciones combatían la dictadura con sus cuerpos y con sus vidas. El 2013 fue galardonado con el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso que otorga la Universidad de Talca, mientras que en Altazor fue nominado seis veces, donde lamentablemente nunca lo obtuvo.

El fallecimiento de “Adiós, mariquita linda” (2004) debe ser una fiesta por la perspectiva de vida que nos presentó, su lúdica y ácida palabra, un marginal que lidió con su doble condición de género en el Arte y que no se alió a la hipocresía, pero que nos entregó su escritura, su lenguaje de marica fresca, intensa y llena de musicalidad, aceptada por miles de personas que ven en él, esa calidad y ternura, una muestra de humanidad ausente en  otras personas.




[1]Esta misma marginación ha sufrido la prosa poética de Pancho/a Casas.
[2]Quienes hacen cargo de las tendencias emergentes son Iván Carrasco (1999), Sergio Mansilla (2003) y Marcelo Pellegrini (2006).
[3] Por ejemplo, no hay nada acerca de las publicaciones de ciertos escritores que hoy son galardonados con el Premio de Santiago, particularmente en Poesía.
[4] “Hablo por mi diferencia” de Pedro Lemebel.
[5]“Yeguas Troykas” (enero, 1990) Intervención en el Estadio Santa Laura. Rescatado desde http://www.yeguasdelapocalipsis.cl/

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