lunes, 19 de enero de 2015

Crítica: Los Restos (2014)

 LOS RESTOS
Betina Keizman (Buenos Aires, 1966)
Alquimia Ediciones, 2014
166 páginas

Por Gonzalo Schwenke


Betina Keizman, (Buenos Aires, 1966).Conforma en las primeras seis planas, el imaginario una urbe obtusa que deforma a sus ciudadanos. Una Ciudad desequilibrada y desquiciada que somete las relaciones interpersonales a un estado de sicosis perpetua, lo anterior, una particular estrategia que se desarrollada durante toda la novela y que amenaza los restos humanos reducidos a centros de experimentación.

La Ciudad sitiada, es una extensión de prolongados peligros e inseguridades, una dimensión que permanece en la nebulosa, que a todas luces está plagada de males en un ambiente extraño que desafía la vida de las personas, siempre en una calidad de vida inferior a la nominal,y dependiente de la fertilidad de la materia orgánica enlos patios de las casas, terreno densamente poblado y cercado:

“En la ciudad abandonaron una huerta y una casa. Antes de la llegada de los restos, la huerta había sido el trabajo preferido de su padre, un terreno de lilas y madreselvas donde Mirta había gateado la infancia catando el sabor de las hojas y de la tierra, saboreando clandestinamente bajo pena de envenenamiento los frutos rojos que como pétalos de rocío asomaban entre los lazos verdes” (13).

Lo que conocemos como los espacios abiertos están coartados por “los restos” que vigilan e inquietan las actividades públicas, parecen representar la culminación de la humanidad, una amenaza latente de violencia y putrefacción identificadas con el olor a caballo muerto. No hay antecedentes de sus apariciones tampoco se nos señalan qué son, solo hay murmullos, informaciones retocadas o retazos de memoria, que los alzan como salvajes barbáricos. ¿Desde dónde proviene la marginalidad?, ¿será acaso el triunfo de la marginalidad, hambrienta, eternamente violentada y rechazada?,¿qué nos dice el narrador sobre la desesperación de “los restos”? o ¿por qué sitúa la marginalidad en el Centro? ¿Por qué el Centro como ciudadela coloniza el último vestigio de civilización? Hay dos fotografías en blanco y negro en el libro que puede aportarnos pistas sobre la dirección que se desea tomar. ¿Con qué motivo se presentan fotografías tanto al inicio y al final de la obra? Así quienes lean la novela puede sustentar sus propias anticipaciones en la observación de dichas fotografías.

La Familia de Mirta no pertenece a ningún árbol genealógico rancio ni tampoco tienen la capacidad de jactarse de algo, limitados en espacio y condicionados a llevar una vida austera en lo íntimo del hogar, observan con desamparo como su vida se va deteriorando: “En la ciudad todo cambia, y la memoria, que funciona por acumulación, solamente retenía unos últimos recuerdos bajo cuyo peso las imágenes anteriores se desvanecían” (21), y ante la ausencia de oportunidades, indagaránuna vía de escape a este temporal, que les proporcione alimento y refugio.

La única institución que parece estar en funcionamiento,es un campo de concentración.Este Centro investigación, diseñado a manera de laberinto, será el lugar donde se diseccionarán las personas que deseen salvarse del caos y del horror. Cada uno de sus componentes,serán enviados a distintos sectores para estudiar un terreno tan movedizo como antojadizo: las reacciones emocionales humanas, pero no importa lo que suceda adentro mientras no sea lo de afuera.

La narración nada certifica, en mucho de lo expresado se recurre a la alegoría y tampoco hay un enemigo único desfilando. Es por eso, que el lector debe definir el sentimiento de “horror al vacío” situado en la narración: un ambiente que va mutando hacia una deformación, que se prolonga a extraños seres de carácter reptiliano e inverosímil seres, singularmente llamados “veintecentímetros”. Los personajes como Mirta están en estado latente, buscando una nueva forma de escape a esta nueva condición de sobrevivencia.

Más allá de encontrar la confirmación de los mitos personales, Betina Keizman desarrolla una narrativa áspera y opresiva, que coloca en crisis nuestra modernidad que también tiene una atmósfera asfixiante; la tensión no sólo de sobrevivir sino de adaptarse a las circunstancias en que la depredación y la humillación están sumidas por la violencia y la injusticia, que denota la lucha de perdurar a costa del derrame de lo socialmente humano.


Una de las publicaciones destacables del 2014.

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