martes, 17 de febrero de 2026

[Crítica de cine]: La misteriosa mirada del Flamengo (2025) Diego Céspedes

 La ternura como resistencia frente a la fragilidad del hombre: El potente retrato de la identidad trans en el debut de Diego Céspedes.



Tras dirigir tres cortometrajes de escasa recepción mediática, Diego Céspedes (1991) debuta con su primer largometraje: La misteriosa mirada del Flamenco (2025). La historia se ambienta en un precario pueblo minero del norte de Chile durante los años ochenta, donde el paisaje se divide entre el bar con los espectáculos de variedades de “las locas” del pueblo y los rudos mineros, quienes con un temor colectivo, intentan controlar a “los apestosos”: personas contagiadas por una extraña enfermedad que, según el mito local, se transmite a través de la mirada invocando, con esto, un gesto de realismo mágico.

La cinta, presentada en Cannes 2025, combina la crudeza estética con una temática audaz sobre la marginación y la resiliencia de las familias no tradicionales. A través de una lectura del western queer que dialoga con el Almodóvar de Extraña forma de vida, la propuesta combina el aislamiento rústico y la exploración de las identidades. Su paso por “Un Certain Regard” no solo reconoce el plano temático-narrativo, sino que asegura su distribución en Francia como una de las obras jóvenes más relevantes del año y será estrenada en Chile durante el mes de marzo.

Lidia es la protagonista de 11 años criada dentro de la comunidad de mujeres trans y travestis bajo la tutela de “Flamenco”, su madre adoptiva. En un entorno marcado por la paranoia, surge como un mito en un inicio de una peste que se contagia con la mirada. La perspectiva de Lidia en la película retrata cómo crecer en este entorno donde la barrera entre la familia elegida y la violencia del prejuicio son el común denominador.

En esta ocasión observamos roles destacados que sostienen el peso emocional, como la interpretación de Tamara Cortés como Lidia, donde permite evidenciar la evolución psicológica del personaje femenino. Matías Catalán como “Flamengo”, encarnando la vulnerabilidad y fuerza de la figura materna en el páramo hostil. Por su parte, Paula Dinamarca en tanto la matriarca “Boa” aparece muchas veces respondiendo a la agresión externa, como el alivio cómico y el drama en las huellas de  su propio cuerpo.

El recurso musical funciona como un presagio narrativo: el espectáculo travesti de “Flamenco” cantando “Ese hombre” de Rocío Jurado, devela la fragilidad del ego minero, provocando una respuesta violenta que busca silenciar la mirada trans. Estos reaccionan tomando por asalto el bar e intentando taparles los ojos a las protagonistas para evitar el contagio de la peste. 

Parte del comunicado leído de los mineros señala: 

“Nos reunimos ante su propiedad para proteger a los honrados hombres de la peste que cruelmente está afectando a nuestro pueblo. Las salidas a la sociedad de todas las personas que vivan acá serán restringidas”.

Al intentar taparles los ojos para evitar la “enfermedad”, los mineros instalan un pánico moral, más que una medida efectiva, que nace de la ignorancia y el prejuicio. Así, la película retrata la ceguera de una sociedad conservadora frente a una comunidad que, desde la marginalidad, desafía el campo hegemónico masculino.

Céspedes muestra cómo la ternura, desde el afiche promocional, de las personas marginadas y disidencias florece al crear  Familia en este espacio de redención. En La misteriosa mirada del Flamenco (2025) ofrece una visión fragmentada y dura que, irónicamente, captura destellos de esperanza imposibles de ocultar sin tener que recurrir al morbo. La identidad trans se fortalece para sobrevivir en tiempos violentos, lo que resulta casi un insulto para quienes confunden decencia con el prejuicio.


La película será estrenada el 12 de marzo del 2026 en los mejores cines del país.

Ficha técnica

La misteriosa mirada del Flamenco (2025) 

Dirección y Guion: Diego Céspedes.

Elenco Principal: Tamara Cortés, Matías Catalán, Paula Dinamarca, Claudia Cabezas, Luis Dubó.

Casa Productora: Quijote Films.

Producción/Co-producción: Ander Barinaga-Rementeria, Ander Sagardoy, Benoit Roland, Giancarlo Nasi Cañas, Jakob Weydemann, Jonas Weydemann, Justin Pechberty, Xabier Berzosa.

Producción General: Camilo Iñiguez.

Asistentes de Dirección: Ignacia Ilabaca, María José De la Vega.

Dirección de Fotografía: Angello Faccini.

Música: Florencia Di Concilio.

Vestuario: Pau Aulí.


viernes, 14 de noviembre de 2025

Crítica literaria: Chile Mágico (2025) de Jorge Baradit. El arte del chamullo.



Hace poco en Blanes, España, se inauguró la biblioteca que lleva el nombre de Roberto Bolaño. Durante el protocolo, hubo un detalle que llamó mi atención: su hijo Lautaro contaba que a su padre gustaba el videojuego de computadora “Age of Empires”. En la primera versión podías utilizar al sacerdote que se enfrentaba a enemigos y los convertía mediante la palabra “Wololo”. Sin duda un iluminado.

Caminando con túnica de lino y sandalias entre nosotros, Jorge Baradit (Valparaíso, 1969) se configura literariamente a modo monje, faquir y un nacionalista que nos presenta en Chile mágico (Sudamericana, 2025), una serie de crónicas sobre la identidad chilena que vive una realidad subterránea y por tanto no oficial; un país acechado por la tragedia, de objetivos no logrados y ambiciones truncadas por el destino.

Son ocho capítulos, esotéricamente simbolizan la eternidad y lo infinito, donde intenta mostrar como si fuera algo nuevo, a una nación marcada por la desgracia en su dimensión histórica. 

Los antecedentes traumáticos tienen origen en el relato mapuche de las serpientes en “trentren y kai kai vilu” y científicamente los 282 desastres comprobados, que definen al país y que justifican el fracaso del proceso constituyente 2020 en tanto una pasión trágica designada por caminos misteriosos: “Somos un país marcado por el desastre, la inestabilidad y la precariedad; malos antecedentes para construir comunidad y preocuparse por algo más que la sobrevivencia de nuestra sola familia”. Es decir, en este relato emerge la figura del salvador que quiso entregar las herramientas al pueblo para tener mayor soberanía. Sin embargo, Chile tiene una noción atávica y predestinada a la resignación, por lo que la pandemia terminó por redirigir el foco de interés nacional.

En las distintas secciones insiste en que la magia determina la dirección del país, aquellos “elegidos” han podido descifrar y administrar el poder mágico para hacer el bien o el mal según su conveniencia. Esto no se limitaría a la brujería rural, o a la organización de los brujos en la Recta Provincia de Chiloé, sino que se manifiesta también en las urbes contemporáneas y hasta  en la esfera política. 

Baradit domina el arte de la persuasión, es un mercader de la Historia, porque más allá de los datos concretos de la aparente “investigación exhaustiva”, el “pulso narrador cautivador” que señala la contratapa, utiliza con habilidad los lugares comunes y una perspectiva reduccionista de los procesos históricos que al autor le han generado altos beneficios. Si bien mantiene un discurso masivo, lo hace menospreciando la capacidad de los lectores.

Por ejemplo, en la tercera parte de “la Fundación Mágica de Santiago”  se establece el juicio sobre Pedro de Valdivia y su séquito de europeos aventureros: “La conquista era una loca carrera reservada a los hombres más dementes y, a la vez, fríos de pensamiento, que la pobreza medieval española podía producir”. Para luego continuar con: “Don Pedro, la verdad ya venía con malas intenciones, pero como eran poquitos españoles decidió primero ganarse la confianza de los locales”. Vale decir, la interpretación carece de rigor y contexto histórico, porque ignora la problemática del choque cultural y anula la figura del europeo ambicioso y barbárico. Lo que finalmente viene a ratificar el momento en que Pedro de Valdivia ejecuta a las autoridades mapuche.

Jorge Baradit tiene dos líneas de trabajo: una que pretende ser literatura de calidad fracasada, por ejemplo: su última novela El sótano rojo (2024), y otra, que es su marca comercial “Chile secreto”. En esta última, viene a modo de antecedente, la crónica sobre la Convención Constituyente publicada en 2022 y que debió ser parte del guion de un programa de farándula por el nivel de chismes.

Chile Mágico (2025) de Jorge Baradit vuelve al ruedo del Chile misterioso, con incienso y apreciaciones descabelladas. En los libros anteriores el discurso estaba vinculado a hombres que dominaban el país desde la oscuridad, en este, el autor emerge como el gran illuminati que deshace lo escrito porque hay un prisma mágico que nos hace ser un país destinado a sufrir.


Jorge Baradit. Chile Mágico. Santiago: Sudamericana, 2025, 156 páginas.

sábado, 1 de noviembre de 2025

La disidencia toma la palabra: Especular (2025) de Ornella Lorca, un rechazo a las convenciones y el modelo conservador.

 




Especular (Editorial Pez Espiral, 2025) de Ornella Lorca (La Unión, 1989) es un libro de poemas de largo aliento —con adelantos en revistas académicas y que denota un bagaje de lecturas feministas— que se centra en la introspección como motivo para la auto-observación y la auscultación del “yo” poético, construye  un manifiesto sobre la experiencia femenina donde prevalecen temas como la identidad, lo esperable en una mujer en un contexto conservador en el sur profundo de Chile, la insuficiencia de la maternidad y el poder emancipador del lenguaje. Lo clave de este libro son dos cosas: la travesía que inscribe las batallas libradas y sus huellas en el cuerpo, y la palabra como herramienta para desmantelar el dolor y, finalmente, lograr la transformación personal.

El primer capítulo, titulado “Especular”, se compone de treinta y cuatro poemas en prosa donde el viaje permite que el hablante femenino vaya conquistando su propio cuerpo. Inicialmente leemos un estado de opresión, donde hay incomodidad, lo que le produce angustia y discordia al tener que responder a otro (s). Sin embargo, al emerger de la oscuridad, encuentra la palabra como vía para nombrar y reclamar su existencia. Este acto la libera de la obediencia ciega y abandona el rol de víctima. El “yo” se convierte en un sujeto empoderado, capaz de explorar y arriesgarse a vivir las diversas facetas de la vida, configurándose como una caminante solitaria.

El proceso de introspección se lleva a cabo a través del espejo, donde la observación del cuerpo y la sexualidad sirve para confrontar experiencias complejas como el desamor y el deseo. El registro está vinculado al cuerpo como tatuajes. Al confrontar a una “otra” en el desdoblamiento de su identidad, la hablante realiza una subversión radical: usa la escritura para anular estructuras opresivas y liberar su parte silenciada. Este acto de creación literaria concluye como una búsqueda de comunicación y conexión.

El segundo capítulo titulado “Los espejos son artificios que beben sangre” contiene nueve poemas de estructura irregular, verso libre.  Se observa un quiebre en el tono con la aparición de una dicotomía: “lo que ellos quieren y lo que una puede”.  En “Libertina”, se manifiesta un deseo de sacudirse de las estructuras de lo que se espera de ella. Por tanto, los poemas seguirán una línea similar, marcada por la disidencia a la masculinidad tóxica que intenta imponer un tipo de comportamiento y un modelo conservador.

El tercer capítulo, “Mirarse en el ojo para nombrarse”, se compone de nueve poemas de estructura irregular en verso libre. En ellos, la voz utiliza el símil y la metáfora para construir un discurso confesional y simbólico. Se consolida el viaje donde se explora el conflicto y las tensiones en la búsqueda por liberarse de las convenciones sociales. Los textos se enfocan en el abandono de las restricciones impuestas y en la urgente necesidad de definir la propia personalidad al margen de las normas establecidas.

A partir de la Caverna (de Platón), la hablante se configura como una entidad indomable que rechaza la narrativa histórica tradicional y se forja desde la experiencia del dolor. Dicho quiebre con el orden comunal se mantiene en “Mala Clase”, donde se sitúa como una estampa rebelde y desconfiada que se niega a complacer a otros y valida su naturaleza independiente.

Se emplea, además, un imaginario animal (perro, reptil, lobo) como recurso técnico en la construcción de la voz poética. Esta emergencia la obliga a confrontar la crudeza del mundo exterior, donde el estado es de constante alerta, soledad y vigilia. Dicho esto, no solo define al “yo”, sino que también le otorga el ímpetu para resistir lo doméstico y la tradición.

Esta, la primera publicación de la autora, se sitúa en un espacio liminal: un estadio de obras fundacionales donde la exploración del yo impulsa la carrera literaria. A nivel formal, la autora domina los aspectos técnicos y recursos de estilo, destacando el uso de la cesura.

Sin embargo, lo que más llama la atención en Especular (2025) de Ornella Lorca, es la continua individualidad en el aprendizaje de lo femenino, como si la salida de la caverna ocurriera por acto de magia y no existiera un elemento que promueva y acompañe en este andar hacia la independencia. Si bien la voz lírica posee fuerza y energía, posterga lo colectivo al optar por un camino solitario, priorizando así la resistencia que se ejerce en el silencio y el trabajo con las palabras.


Ornella Lorca. Especular. Santiago: Editorial Pez Espiral, 2025, 70 páginas.



viernes, 31 de octubre de 2025

Reseña: El libro de la yerba mate. Una historia estimulante (2025)

Publicado en Le Monde Diplomatique, Noviembre 2025


La doctora en antropología estadounidense Christine Folch busca relatar las historias de la producción y el consumo del mate a nivel americano en El libro de la yerba mate. Una historia estimulante (Editorial FCE, 2025). Folch no ofrece un relato de experiencias personales, sino un análisis histórico riguroso que rastrea cómo fenómenos como el colonialismo, el capitalismo y la influencia de las corporaciones han moldeado tanto la producción como el mercado de la yerba a lo largo del tiempo.

La yerba mate ha trascendido su función de simple bebida para alcanzar una dimensión global y con carga simbólica. Su consumo es un ritual, experimentado como materia prima, receta y ceremonia. En países como Argentina, Uruguay, Paraguay y el sur de Chile, se bebe a toda hora, siguiendo reglas inquebrantables: no “bailar” la bombilla, no hervir el agua, y que un “gracias” significa que se rehúsa la siguiente ronda. 

El mate significa un momento de reunión, de conversación, de lo colectivo como ceremonia. No solo consumimos lo que nos gusta, sino que aprendemos a que nos guste lo que consumimos. Este hecho demuestra pertenencia e identidad a través del artículo u objeto que utilizamos. Esto puede servir para adquirir conocimientos acerca de comunidades definidas por raza, género y clase. Este comportamiento de compra puede tener, además, una dimensión proyectiva, reflejando la identidad que el individuo aspira a alcanzar. Folch señala que estos elementos sociales guían las decisiones de los consumidores en el mercado.

Asimismo, este condicionamiento por beber mate refleja la construcción del mundo moderno y que ha derribado fronteras políticas, culturales y religiosas; viajando desde Sudamérica hasta el Medio Oriente y uniendo a figuras populares y masivas tan diversas desde el gaucho del siglo XIX hasta un jeque en el Líbano.

En lo económico el mate ilustra la emergencia del capitalismo global y la dinámica de las cadenas de suministro. Su incorporación a los circuitos comerciales europeos lo transformó en una mercancía de intercambio, alterando radicalmente sus métodos de producción y patrones de consumo. El análisis de la red que conecta el trabajo, la producción y el comercio desde la materia prima hasta el producto final revela su importancia histórica.

Además, el mate se utiliza para exponer fenómenos económicos clave como el “fetichismo de la mercancía” propuesto por Marx: “una economía basada en el intercambio monetario oculta las relaciones sociales subyacentes a las mercancías, ya que no podemos ver el trabajo que se invirtieron en el producto que estamos comprando”.

Christine Folch. El libro de la yerba mate. Una historia estimulante. Santiago: Ediciones FCE, 2025.

Reseña: Creando el alma nacional (2025) de Karen Donoso.

 

Publicado en Le Monde Diplomatique, Noviembre 2025

Durante la adolescencia participaba de un conjunto folclórico en el sur chileno. Ese año llegó un profesor universitario a enseñarnos y prepararnos para la presentación en el Festival que se realizaba en noviembre en la comuna. El mero hecho de que los bailes nacionales, incluidos los de la Colonia, sean parte de la asignatura universitaria llamó mi atención.

Creando el alma nacional (1910-1948) de Karen Donoso Fritz es una investigación sobre cómo se forjó el folclor chileno y su identidad tal como la conocemos hoy bajo el alero del Estado. El folclor es un saber popular que proviene de las clases sociales más bajas y menos escolarizadas, pero que contiene un valioso sistema de reproducción de saberes y conocimientos a través de la oralidad, y que también, aún hoy en día, es digno de imitar.

El alemán Rodolfo Lenz es reconocido como pionero en estudios folclóricos al indagar, determinar y definir el espíritu del pueblo. Él, otros académicos y divulgadores validaron esta expresión cultural al participar en eventos diplomáticos como los de Praga (1928), Sevilla (1929) o Suiza (1931). Con el apoyo del Estado de Chile se buscó cautivar al público europeo mostrando algo más que solo los logros de la modernidad y el progreso.

No será hasta la breve República Socialista (1932), donde el folclor estará incluido en el programa de políticas culturales. Esta preocupación refleja una planificación del Estado orientada al ocio de la población, con el fin de que los obreros pudieran desarrollar producciones culturales en sus organizaciones, como los Socorros Mutuos y los sindicatos.

La cueca es una expresión cultural híbrida, porque es objeto de discusión, su origen tiene influencias árabes, andaluzas y afrodescendientes. Citado en este libro, Vicuña Mackenna sostuvo que la estructura y forma actual de la cueca se consolidaron en Chile durante el siglo XIX. Mientras que Pablo Garrido señala que la danza absorbió de tres continentes para arraigarse en Chile y transformarse en una parte fundamental de la identidad nacional, al punto de que consideraba que “Chile y la cueca” eran “una sola y la misma cosa”.

De igual modo, en los inicios el estudio del folclor en Chile comenzó de forma muy restringida, enfocándose casi únicamente en la poesía y en la cultura del Valle Central. Sin embargo, a partir de la década de 1940, investigadores de la Universidad de Chile, Pedro Garrido y Carlos Lavín ampliaron territorialmente este campo. Ellos incorporaron no solo más tipos de expresiones artísticas, sino también las tradiciones de las regiones del norte y sur del país. Así como en las décadas de 1950 y 1960 se expandieron, el campo de estudio también debió adecuarse a nuevas manifestaciones artísticas que aportaran y definieron la identidad nacional.

El consenso político jugó un papel clave en la integración del folclor como parte de la identidad nacional, incorporaron expresiones populares que permitieron unificar a la Nación y no separar. Sin embargo, este proceso no estuvo exento de conflictos, ya que las características del folclor fueron objeto de constante debate, y los distintos sectores sociales impulsaron sus propias visiones y tendencias en la sociedad chilena.

 

Creando el alma nacional. Extensión cultural, propaganda estatal e investigación en torno al folclor chileno, 1910-1948

Karen Esther Donoso Fritz

Editorial LOM

2025

200 páginas.


Crítica: Performance de la sangre (2024) de Kutral Vargas Huaiquimilla. Novela trans y mapuche desnuda desde Valdivia la fachada democrática



La escritora y artista Kutral Vargas Huaiquimilla (Calbuco, 1989) ha publicado libros de poemas: Factory (2016) y La edad de los árboles (2017). Performance de la Sangre (Microeditorial Tinta negra y Editorial Pequeño Salvaje, 2024) es su primera novela. 

En estas doscientas páginas, la protagonista es retratada como una artista mapuche williche sin formación académica, en una terapia de cambio de género y cuya existencia se desarrolla en la precariedad del Chile contemporáneo. Para subsistir, vende pan, consume drogas y participa de la escena techno nocturna de Valdivia. Sin embargo, esta inmersión en la marginalidad no es pasiva, sino un acto de intensa conciencia política; su mentalidad se mantiene en constante alerta, se dedica a decodificar política y teóricamente los dispositivos de regulación estatal en la sociedad chilena.

Si bien la trama inicial es la obsesión de la protagonista por Pablo, un presunto policía infiltrado y un enigma en su círculo, la narrativa se focaliza por completo en ella. Este enfoque a menudo la presenta como una femme fatale con un relato seductor, lo que restringe la perspectiva de Pablo y de personajes femeninos: “Él es una ficción de espía capaz de todo, yo dejo rastros, pequeñas evidencias descuidadas que tracen el camino de su perdición”. Esta relación se define por su naturaleza en apariencia conflictiva, porque busca una conexión con él, y simultáneamente, planea una estrategia de socavar su orden en el hogar, el control y forzarlo a bajar la guardia. El libro lo califica como: “terrorismo doméstico”. No obstante, más que rebeldía es un modo de operar, en tanto, acto performativo, para atraer a Pablo al romance.

Esto es, la protagonista tiene una visceral desafección de la democracia chilena. Esta frustración es el resultado directo de la perdurabilidad del modelo neoliberal heredado de la dictadura, que, más allá de la alternancia política, ha mantenido una estructura social de exclusión y desigualdad. Su identidad trans, pobre y Mapuche, no es una coincidencia, sino un blanco específico dentro de este diseño institucional. Ser trans la expone a la violencia y el prejuicio constante de la población; ser pobre la somete a la precariedad económica y la falta de oportunidades laborales; y ser Mapuche la sitúa en el centro de un conflicto territorial y una histórica invisibilización cultural. La suma de estas condiciones la ha situado en un permanente y agotador estado de vigilancia desde su infancia, donde cada paso, cada decisión y cada manifestación de su ser son escrutados y criminalizados por las instituciones. Esta experiencia personal confirma su convicción de que la democracia es una fachada precaria, un escenario para la continuación del control autoritario. Para ella, el autoritarismo no terminó; solo se disfrazó de estabilidad democrática.

La protagonista se establece en Valdivia, la ciudad de la lluvia se presenta en configura en un lugar distópico animado por una escena cultural que se apropia de espacios abandonados, transformándolos en escenarios para fiestas, alucinógenos y vías de escape durante el acoso policial. Estos lugares se convierten en refugios de la marginación: “En el mundo, fábricas y espacios olvidados se llenan de brazos y piernas bailando, buscando purgar el dolor de sus caídos (...)”. Valdivia se transforma en ciudad europea con “djs aindiados” señala el libro. No obstante, la atmósfera de fiesta y libertad se ve progresivamente amenazada por la violencia institucional: “Poco a poco nuestras noches estaban siendo asediadas, las calles con su intensidad guardaban en sus grietas a vigías del Estado”.

La obra se establece firmemente en la subjetividad del “yo”, tenaz y un monólogo interior que transita entre lo político y la lucha de la supervivencia. Por todo ello, emerge una huella autoral particular y distintiva, un tanto sobrecargada pero que se caracteriza por un lirismo oscuro que conjuga la belleza contenida de la destrucción. Se trata de una escritura en permanente tensión que distingue violencia y tragedia en los treinta capítulos. En este denso simbolismo, los elementos recurrentes como los espacios geográficos y naturales no solo componen el paisaje, sino que perviven con la memoria de un pueblo indígena fragmentado.

Desde la portada la imagen del perro dóberman que muerde la muñeca de una persona hasta el contenido, aparecen distintos canes en la vida de la protagonista, cuya presencia está ligada a la sangre. Este vínculo explora el riesgo inherente a una mordedura de perro y la necesidad de vacunación para evitar la transmisión de enfermedades por la saliva contaminada. No obstante esta “marca canina” es consentida y es una identificación y reapropiación que le permite reconocer a otros de su especie y anula el pensamiento de que el ser humano es el centro del universo.

La propuesta de Kutral Vargas Huaiquimilla en Performance de la sangre (2024) amplía el panorama literario al diseccionar el control social del modelo neoliberal. La obra construye un imaginario sociopolítico de asedio donde la protagonista, una figura históricamente marginada, enfrenta la vigilancia estatal, utilizando su alerta constante y la subversión de los procedimientos como un mecanismo de supervivencia y resistencia. Su principal fortaleza reside en la complejidad de su protagonista y en la forma en que su experiencia se articula directamente con una crítica al modelo autoritario y en apariencia democrática. 

De modo que, la novela logra poner el cuerpo en el centro del discurso, demostrando que para ciertas identidades, la mera existencia es un acto político de tensión constante contra la vigilancia estatal.


Kutral Vargas Huaiquimilla. Performance de la sangre. Valdivia: Tinta negra microeditorial - Editorial Pequeño Salvaje, 2024, 200 páginas.


domingo, 26 de octubre de 2025

Crítica Literaria: Sudamerican rocker (2025) Juan Cristóbal Peña. El ídolo caído que a tantos les gusta.



 Cada cierto tiempo surge algún dato irrelevante sobre el músico chileno Jorge González, que parece ofrecer una nueva perspectiva sobre el complejo perfil del ídolo nacional. Esto seguirá ocurriendo, cuando se publiquen sus cuentos inéditos o lancen canciones no oficiales, una vez que fallezca, pues tal es el impacto que produce el cantautor, que lo han convertido en una marca.

Tras la polémica crónica sobre Mariana Callejas en Letras torcidas (Editorial UDP, 2024), el periodista Juan Cristóbal Peña presenta Sudamerican rocker. Un retrato de Jorge González (Editorial UDP, 2025), una obra coescrita con su ayudante de investigación, Joaquín Zúñiga. Este libro es un perfil ampliado sobre la figura de Jorge González  que ha sido publicado previamente en Ídolos (Editorial UDP, 2023) de Leila Guerriero.

En la portada observamos el retrato del músico en su etapa del disco homónimo 1993, con un diseño de alto contraste entre la fotografía en blanco y negro y el color rojo que referencia al disco Corazones (1990). González proyecta un gesto reflexivo y una actitud desafiante propia en aquellos años.

La crónica no comienza con su carrera solista, sino en Pichidegua en 2015, cuando sufre el accidente cerebrovascular durante el concierto. Después de este evento, el relato retoma los orígenes: bandas y presentaciones en el Liceo 6 de San Miguel, la discografía de Los Prisioneros, la carrera solista, el tedio de lidiar con el sello discográfico, el regreso con la banda, la separación y los múltiples conflictos (entre los miembros, entre los hermanos González, con el manager, y principalmente, con los medios de comunicación). La narración se extiende hasta la actualidad, donde su hermano lo asiste, cuida y administra sus bienes.

Aunque los detractores hagan muecas de desprecio, Peña resalta la brillantez de Jorge González. El autor lo encuadra en la figura del genio, con luces y sombras: en cierta etapa construye una banda icónica en Chile pero debe lidiar con su machismo durante el matrimonio, se señala en el libro.

Peña es un narrador de probada trayectoria, conoce su oficio. Para este trabajo utiliza fuentes directas como los libros Exijo ser un héroe (2002) seguido de Orgullo y pasiones (2016) y se inclina por trabajar mayormente con el volumen Ya viene la fuerza, (2024). Se distancia de obras que están más cerca del anecdotario o no legitimadas por el líder de la banda. Además, complementa con el material audiovisual como Los Prisioneros (1987) de Cristián Galaz y la autoentrevista de Jorge González (2014).

El gran sostenedor de la fuente narrativa son los documentales disponibles en internet y en justa medida, las entrevistas con Claudio Narea, Zaida González, las exparejas, entre otros. El universo de González es tan conocido y está tan arraigado en la cultura musical, que resulta un desafío mostrar información inédita.

Es precisamente aquí donde radica la principal limitación del libro: Sudamerican rocker. Un retrato de Jorge González (2025) no entrega nueva información, porque se dedica a ensamblar y reordenar con destreza antecedentes que ya estaban disponibles en biografías anteriores y archivos audiovisuales, resultando una buena síntesis, pero sin aporte informativo original.  

Juan Cristóbal Peña deja entrever que Jorge González desea mantener un bajo perfil, rehuir de la fama, pese a sus polémicas presentaciones en el Festival de Viña o la Teletón. El músico ha sido transformado en el mito del ídolo caído: una figura que sirve como gancho comercial sobre la base del artista atormentado.


Juan Cristóbal Peña. Sudamerican rocker. Un retrato de Jorge González. Santiago: Ediciones UDP, 2025, 112 páginas.

miércoles, 22 de octubre de 2025

[Crítica de cine]: Una batalla tras otra (2025) Paul Thomas Anderson. La carga de un fracaso.



En 161 minutos, Una batalla tras otra (2025), Paul Thomas Anderson explora la decadencia subversiva y la moral supremacista de EE. UU. a través de giros narrativos que mezclan sátira y dramatismo. La personificación de este declive es Bob/Pat (Leonardo DiCaprio), un experto en explosivos que revela su patetismo en un plano detalle: fumar marihuana antes de entrar al colegio para una entrevista con la profesora jefe.

Esta película toma como referencia la novela Vineland de Thomas Pynchon, como el declive de los ideales de los años sesenta y la dinámica de preparación de los militantes. Estos aspectos son trasladados a un contexto histórico atemporal, pero que incluye tecnología contemporánea.

En este marco, opera en la clandestinidad de los EE.UU. el grupo rebelde “French 75”. Compuesto principalmente por revolucionarios afrodescendientes, el grupo libra una situación de guerrillas marcada por la audacia: liberan inmigrantes mexicanos en la frontera, roban bancos, explotan torres de alta tensión y en la adrenalina tienen sexo.

Bob/Pat (Leonardo DiCaprio) es un experto manipulador de bombas caseras y tiene una relación con la líder, Perfidia Beverly Hills (Teyana Taylor). Este vínculo se complica con la llegada del bebé, Willa (Chase Infiniti), lo que fuerza a los padres a una encrucijada existencial: la vida revolucionaria o la familiar. Las malas decisiones de Perfidia traen a modo de consecuencia que el grupo pase a la inacción y a la clandestinidad, pero manteniendo los códigos subversivos. En este contexto de calma forzada, reaparece el Coronel Steven J. Lockjaw (Sean Penn en una de sus mejores actuaciones), quien inicia un viaje a la frontera estadounidense motivado por la ideología de la pureza de raza y la venganza para resolver asuntos pendientes.

El Coronel Steven J. Lockjaw se inserta en el universo de militares paranoicos y desquiciados del cine estadounidense (similar al personaje de Jack Nicholson en A Few Good Men, 1992), sirviendo como la encarnación militar obsesionado por ascender socialmente entre sectores conservadores que creen en el racismo y cuya obsesión se expone a través de una caricatura tóxica e irracional. La doble moral queda expuesta cuando se descubre, mediante archivos, que en el pasado manifestó un deseo contrario a la ideología que ahora defiende.

El Bob Ferguson de Di Caprio de esta película es similar al del doctor Randall Mindy (Don't Look Up, 2021), personajes altamente funcionales en sus áreas, pero que, frente a un desdichado evento, pierden credibilidad y se tornan patéticos para sus más cercanos. Bob/Pat se vuelve una figura desencantada y pusilánime, pero se configura una premisa del cine hollywoodense de la figura del padre que hará todo lo que esté a su alcance para salvar a Willa.

Al igual que en anteriores filmes del director, la película se estructura en contrastes. El primero es el conflicto entre Willa y Bob: él vive en constante paranoia y solo busca proteger a su hija en la clandestinidad, mientras que ella desea vivir su adolescencia con normalidad y sin preocupaciones. Este dilema personal se refleja en un contraste político mayor, donde la generación de los padres fracasó en su lucha por cambiar la sociedad, mientras que las siguientes intentan buscar la transformación de manera individual. Finalmente, el tono de la cinta navega entre el drama y el alivio cómico intencionado desde el guion, con actuaciones exageradas diseñadas para generar carcajadas.

La visión de Paul Thomas Anderson es que la lucha de los padres en Una batalla tras otra sí resultó fallida, una carga inherente que debe ser transferida a la siguiente generación. Una conclusión que contrasta con el enfoque del cine político chileno (Calle Santa Fe 2007, La ciudad de los fotógrafos 2006, las películas y series sobre el FPMR y la filmografía de Patricio Guzmán), donde la lucha pasada se enfoca en reivindicar la memoria y el coraje de la lucha pasada con un tono más serio, no en heredar un fracaso.


One Battle After Another

Director: Paul Thomas Anderson

Guion: Paul Thomas Anderson. Novela: Thomas Pynchon

161 minutos.

Reparto: Teyana Taylor, Leonardo DiCaprio, Regina Hall, Sean Penn, Wood Harris, Alana Haim, Shayna McHayle, Shayna McHayle.

Compañías Warner Bros., Ghoulardi Film Company. Distribuidora: Warner Bros.