La ternura como resistencia frente a la fragilidad del hombre: El potente retrato de la identidad trans en el debut de Diego Céspedes.
Tras dirigir tres cortometrajes de escasa recepción mediática, Diego Céspedes (1991) debuta con su primer largometraje: La misteriosa mirada del Flamenco (2025). La historia se ambienta en un precario pueblo minero del norte de Chile durante los años ochenta, donde el paisaje se divide entre el bar con los espectáculos de variedades de “las locas” del pueblo y los rudos mineros, quienes con un temor colectivo, intentan controlar a “los apestosos”: personas contagiadas por una extraña enfermedad que, según el mito local, se transmite a través de la mirada invocando, con esto, un gesto de realismo mágico.
La cinta, presentada en Cannes 2025, combina la crudeza estética con una temática audaz sobre la marginación y la resiliencia de las familias no tradicionales. A través de una lectura del western queer que dialoga con el Almodóvar de Extraña forma de vida, la propuesta combina el aislamiento rústico y la exploración de las identidades. Su paso por “Un Certain Regard” no solo reconoce el plano temático-narrativo, sino que asegura su distribución en Francia como una de las obras jóvenes más relevantes del año y será estrenada en Chile durante el mes de marzo.
Lidia es la protagonista de 11 años criada dentro de la comunidad de mujeres trans y travestis bajo la tutela de “Flamenco”, su madre adoptiva. En un entorno marcado por la paranoia, surge como un mito en un inicio de una peste que se contagia con la mirada. La perspectiva de Lidia en la película retrata cómo crecer en este entorno donde la barrera entre la familia elegida y la violencia del prejuicio son el común denominador.
En esta ocasión observamos roles destacados que sostienen el peso emocional, como la interpretación de Tamara Cortés como Lidia, donde permite evidenciar la evolución psicológica del personaje femenino. Matías Catalán como “Flamengo”, encarnando la vulnerabilidad y fuerza de la figura materna en el páramo hostil. Por su parte, Paula Dinamarca en tanto la matriarca “Boa” aparece muchas veces respondiendo a la agresión externa, como el alivio cómico y el drama en las huellas de su propio cuerpo.
El recurso musical funciona como un presagio narrativo: el espectáculo travesti de “Flamenco” cantando “Ese hombre” de Rocío Jurado, devela la fragilidad del ego minero, provocando una respuesta violenta que busca silenciar la mirada trans. Estos reaccionan tomando por asalto el bar e intentando taparles los ojos a las protagonistas para evitar el contagio de la peste.
Parte del comunicado leído de los mineros señala:
“Nos reunimos ante su propiedad para proteger a los honrados hombres de la peste que cruelmente está afectando a nuestro pueblo. Las salidas a la sociedad de todas las personas que vivan acá serán restringidas”.
Al intentar taparles los ojos para evitar la “enfermedad”, los mineros instalan un pánico moral, más que una medida efectiva, que nace de la ignorancia y el prejuicio. Así, la película retrata la ceguera de una sociedad conservadora frente a una comunidad que, desde la marginalidad, desafía el campo hegemónico masculino.
Céspedes muestra cómo la ternura, desde el afiche promocional, de las personas marginadas y disidencias florece al crear Familia en este espacio de redención. En La misteriosa mirada del Flamenco (2025) ofrece una visión fragmentada y dura que, irónicamente, captura destellos de esperanza imposibles de ocultar sin tener que recurrir al morbo. La identidad trans se fortalece para sobrevivir en tiempos violentos, lo que resulta casi un insulto para quienes confunden decencia con el prejuicio.
Ficha técnica
La misteriosa mirada del Flamenco (2025)
Dirección y Guion: Diego Céspedes.
Elenco Principal: Tamara Cortés, Matías Catalán, Paula Dinamarca, Claudia Cabezas, Luis Dubó.
Casa Productora: Quijote Films.
Producción/Co-producción: Ander Barinaga-Rementeria, Ander Sagardoy, Benoit Roland, Giancarlo Nasi Cañas, Jakob Weydemann, Jonas Weydemann, Justin Pechberty, Xabier Berzosa.
Producción General: Camilo Iñiguez.
Asistentes de Dirección: Ignacia Ilabaca, María José De la Vega.
Dirección de Fotografía: Angello Faccini.
Música: Florencia Di Concilio.
Vestuario: Pau Aulí.


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