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jueves, 11 de julio de 2024

Reseña: Somos uno. Relatos de un chico transexual (2023). Viaje de principios



Somos uno. Relatos de un chico transexual (Forja, 2023) de Pascual André (Valdivia, 1994) es la historia autobiográfica que cruza experiencia, modelos de crianza, conflictos, mensajes de autoayuda, y religión de una chica valdiviana que, desde temprana edad, se da cuenta que no encaja en el sexo otorgado por nacimiento.

Esta incomodidad la lleva en silencio por muchos años sin comprender lo que sucede. Junto con el cuerpo e imagen femenina tiene gustos asociados tradicionalmente a lo masculino como jugar a la pelota y el tipo de vestimenta. La narración afirma que: “Es raro, porque siempre he sentido esa voz en mi interior y siempre he querido ser como él, pero no cuadra con lo que soy” (44). Dicha emergencia de una segunda conciencia llamada Andrés aparece en momentos de crisis donde la apoya y le da consejos en los desafíos de aceptación identitaria y adaptación cultural.

Estas reflexiones sobre el “qué hacer” y “qué está sucediendo conmigo” son decidoras en la adultez, nunca en la etapa escolar en la que hay inquietudes propias; tampoco las percepciones procede de algo foráneo de la persona sino más bien, desde lo más íntimo del autor: “Andrés siempre fui yo, Andrea nunca existió, solo fue una máscara que biológicamente la naturaleza me había entregado, un cuerpo de mujer, cuando realmente mi mente y mi corazón era el de un hombre” (47), explica el volumen.

Así, el tono es de diario de vida o memoria personalista, y tiene un carácter ideológico atosigador en muchos pasajes, y que, a veces, tal presencia interfiere con el mismo protagonista. Es decir, tiene una visión positiva sobre los problemas emocionales como el divorcio parental, las relaciones sentimentales prohibidas de padres conservadores y aquellas preocupaciones en la adolescencia ocasiona que se refugie en Dios. Lo que causa que en algunas partes del libro directamente haga una prédica devota.

Uno de los puntos clave, se relata durante las jornadas de actividades dramáticas en la universidad, a ella le toca hacer de hombre en un hipotético casamiento. Esta simulación permite que aparezca la interrogante de “lo transexual”. En colaboración a su amigo más cercano y tras observar la película La chica danesa (2015), comienza a investigar por internet sobre esta situación y desde la novedad. De modo que descubrirá que existe una solución a este cuestionamiento y avanzará hacia el cambio de sexo siempre acompañado de la medicina.

El lugar de la comunidad es relevante para situar este tránsito, porque, por un lado, el autor señala que cuando vive en la urbe: “la gente te observa como juzgándote y te hace sentir que estás en el lugar ‘equivocado’” (35), pero cuando reside fuera de la misma la destaca “la amabilidad de las personas” (57), lo que me parece una idea no correspondida e incompleta, ya que la voz construye una atmósfera de miedo y de rechazos en el silencio en el que se ve imbuido. Así mismo, en un lugar donde hay tantas iglesias como botillerías en la ciudad lacustre, los parroquianos que concurren a la congregación no aprueban al nuevo integrante: “luego de una conversación con alguien de mi iglesia, que insistentemente, me decía que mi transición no era de Dios” (84). Lo que da cuenta que la fe es sumamente particular y la ideología imperante suele ser opaca en las recepciones de distintas personalidades a lo señalado en el único libro que citan en las jornadas cristianas.

De los treinta y un capítulos presentes en 118 páginas, hay secciones donde responde a preguntas frecuentes en esta transición como: “cómo inicio este proceso”, “qué sistema de salud en Chile es mejor”, “cómo se lo cuento a los más cercanos”, “la presencia de un psicólogo y/o endocrinólogo”, entre otras. Lo que sin duda facilita comprender situaciones médicas y sociales que el común de la gente desconoce.

Algunas consideraciones de este testimonio son aquellas sobre los roles de género y de la cultura inserta en la educación patriarcal, pero que el autor no presenta argumento ni definición de lo que significa ser cada uno de lo que desea: “Decidí convertirme en un verdadero hombre (…) Quiero ser ese hombre que es un caballero y que, al saber lo que significa ser una mujer, pueda proteger a las que se encuentren en mi entorno” (68). Lo que me parece curioso, porque todos sabemos qué característica tiene un caballero, pero no existe en este momento una definición establecida y rígida de ser hombre y mujer en el siglo XXI.

Más allá de la afirmación caricaturesca “la dictadura gay” que repiten como mantra y que pone nerviosos a algunos líderes políticos de ultraderecha chilena, los recursos digitales, visuales y de lectura permiten que manifiesten otras realidades negadas en el siglo pasado. Por eso, este testimonio de vida Pascual André, Somos uno. El relato de un chico transexual, sureño que participa de esta sociedad, sumamente devoto del evangelio y comparte este viaje sobre la decisión de cambio de sexo/identidad; de mujer a hombre, tiene una noción de enseñanza social y constituye el derecho a la libertad y de vivir en paz.

 

Somos uno. El relato de un chico transexual

Pascual André

Editorial Forja, 2023

118 páginas.-

lunes, 15 de abril de 2024

Reseña: Violencia Política Sexual (2024) Jocelyn Maldonado Garay

 



Acaba de aparecer la investigación de Jocelyn Maldonado Garay (1987) sobre la Violencia política sexual y terrorismo de Estado en la dictadura civil-militar en Chile: la genealogía oscura del neoliberalismo (LOM, 2024). Esta publicación tensiona los discursos hegemónicos y negacionistas que privilegian el bienestar económico actual de unas pocas personas que manejan el poder y han sido parte de la conformación del neoliberalismo chileno. Detrás de lo mencionado, la trama más compleja y mínimamente dimensionada, es la educación y profesión de torturadores sobre mujeres chilenas sometidas y explotadas por el brazo armado de la dictadura Civil-Militar en los distintos centros de detención y desaparición.

En el primer capítulo Maldonado Garay sitúa teóricamente la violencia política sexual (VPS): “es el tipo de violencia sexual que asume la forma de un cuerpo político institucionalizado formal o informalmente: Estados a través de su fuerza policial y/o ejército, organizaciones supraestatales ‘en nombre de la paz’, organizaciones paraestatales desde grupos guerrilleros hasta narcotráfico; también guerrillas revolucionarias o grupos de acción política que quieren imponer un ‘nuevo sistema’ o exterminar algún grupo humano catalogado como enemigo. Esta práctica ha sido utilizada como manera de imponer un orden y un control político sobre un cuerpo individual y social” (66).

En el segundo capítulo escribe en la línea histórica de los movimientos sociales (1957-1973), periodo que aborda la Toma de La Victoria como un hito a nivel latinoamericano. Luego analiza y describe la sociedad chilena durante la dictadura en tres periodos cruentos: los tres primeros meses del Golpe de Estado y que fue la búsqueda y detención de los cuadros políticos que apoyaron la UP, después los denominados “años de plomo” (1974-1977), y los años ochenta. 

Vendrá entonces, el período de postdictadura dividida en cuatro secciones: la de Aylwin y La Oficina, la presidencia de Lagos, la fase del malestar y movilización social (2011-2019) y el ciclo pandémico donde se refiere a la contención y al repliegue de las movilizaciones junto a la emergencia del periodo conservador.

El tercer capítulo disecciona la metodología del terror que el Estado promovió dando a los victimarios lo necesario para realizar su cometido, así también, reflexiona sobre el rol de las torturadoras que ocuparon espacios masculinos deben estar continuamente haciéndose valer. No solo es complejo suturar las heridas dejadas por lo más abyecto de la sociedad, sino que hay un alto mérito de los testimonios de las víctimas que hacen valer las memorias colectivas disponibles. Dicho lo anterior, la emergencia de estas voces revela no solo resistencia sino una alta resiliencia frente a un dolor en el que no hay justicia. Además, hay que señalar que algunas declaraciones han sido publicadas por otros libros de línea periodística, pero aquí, hay una obra de mayor profundidad en el análisis al ocupar una línea feminista y que la temática ha sido escasamente diseccionada. 

Violencia Política Sexual (2024) es un aporte debido a que le da espesor a la profesión de la tortura, internándose y diseccionando el accionar sobre las prisioneras. Así, coloca en el centro del interés, un tema que ha sido nombrado de manera lateral como la VPS en mujeres en la dictadura y que recién podremos obtener el nivel de alevosía cuando liberen los testimonios en el año 2054 del Informe Valech.

Violencia Política Sexual

Jocelyn Maldonado Garay

2024

Lom Ediciones

260 páginas.


sábado, 6 de marzo de 2021

Crítica Literaria: Memorias de una niña Alba (2020) Bruna Faro

 

Memorias de una niña Alba. Historias de una infancia ultrajada (Mago editores, 2020) es la primera novela de Bruna Faro (Pinto, 1981). Ella se sitúa desde la paz y tranquilidad de la madurez personal que rememora, y en consonancia, al caso judicial por abusos sexuales ingresado por Judith Jaramillo en contra Héctor Ricardo Salgado Moreno, quien fuera el director del Hogar de Niñas El Alba entre 1980 y 1994, y vinculado a la Fundación Alba de la Iglesia Asamblea de Dios Autónoma de la ciudad de Osorno.

Esto es la antesala de un sistema del terror y de abusos que ha demostrado la más absoluta deficiencia en los objetivos trazados, lo que ha derivado en reportajes, testimonios y resoluciones judiciales altamente condenatorias. Dejando en claro que la infancia es un periodo de vulnerabilidad extrema en manos de personas con nula capacidad de empatía y preparación. Así lo demuestra el primer relato, en la que Lidia sufre una severa descomposición intestinal y marca el tipo de reacción de los adultos responsables: “Giré la cabeza en busca de alguien más que pudiera estar siendo testigo de su agonía. Nadie parecía notar que estaba ahí. Volví la mirada hacia ella en el momento justo en que lograba ponerse, con mucha dificultad, en pie” (8). No cualquier persona está diseñada para ser tutoras que cubran las necesidades y formas de educar a los y las menores.

En lo que se podría catalogar como la primera parte de este libro, las hermanas Aurora de 7 años y Margarita de 4 años son abandonadas por la progenitora en un hogar de monjas. Edificio antiguo, imágenes muy bien reseñadas, relatando las normas y costumbres propias de estas instituciones. A continuación, son traspasadas al Hogar de Niñas El Alba donde el director Ricardo es la representación de la más cruenta dictadura, en colaboración de las tías del hogar, que continuamente torturan a las niñas por la más mísera excusa, dejándolas en la más absoluta hambruna y desesperación.

Asimismo, reconocer que durante el siglo XX el término “huacha” o no tener familia tradicional era encarnar a los descendientes ilegales fuera del matrimonio, por tanto, vistos desde el prisma religioso que predominaba en sectores conservadores, son entes concebidos bajo el pecado.

En esta obra, no deja de llamar la atención las continuas referencias de “esta (s)” que utilizan los adultos mencionando a las niñas como un vocablo peyorativo y lleno de despreciado. En el mismo sentido, es valioso el rescate de los diálogos directos, interjecciones, modismos entre las muchachas siendo populares citadinas e informales, otorgándoles mayor verosimilitud y describiendo relaciones interpersonales auténticas. Incluso se lee el “cantadito” de las personas del sur del país.

La tercera etapa corresponde a registros de entrevistas después de años de distancia. Por último, la cuarta parte son las cartas testimoniales de exinternas como La Pacheco, Paula, Estela Quelín, Judith Jaramillo, Luz Cárdenas, Susana C., Rosa Solís, Nury Torres Torres y Norma Reyes quienes dan respaldo, perspectiva y entrecruzan los hechos relatados por la autora.

Si bien la narrativa está focalizada en la protagonista, Margarita comienza a desaparecer durante las interacciones. Entonces, nos centramos en que la historia transita de torturas y torturas: “A pesar de que las internas antiguas decían estar acostumbradas a ser torturadas y presenciar torturas, se notaba que, efectivamente, no se acostumbraban. Después de cada episodio vivían un duelo de silencio. Cosa a la que también yo me estaba acostumbrando” (124). Ante estos episodios, las víctimas quedan espantadas, se rebelan, silencian, huyen, demostrando las múltiples facetas y caras del atormentador: “el tío Ricardo parecía otra persona cuando estábamos en la escuelita dominical, a veces hasta llegábamos a pensar que era bueno” (125). Esta novela desarrolla que las vivencias no son unipersonales o aisladas, sino que son experiencias colectivas donde prevalece la solidaridad o la fuerte sororidad para resistir vejámenes. Habría que cerrar con las palabras de Luz Cárdenas: “El Hogar El Alba fue una fábrica de mujeres inseguras, de mujeres abusadas, de mujeres infelices” (259).

La novela Memorias de una niña Alba comprueba que las instituciones son organizaciones que carecen de las garantías que buscan preservar. Incluso, apunta a una sociedad conservadora que carece de empatía o de valores cristianos, porque han sido partícipes de violencia de género y abuso infantil. Finalmente, las resiliencias pertenecen a niñas abandonadas en un ámbito subterráneo en una sociedad en flagrante deuda con los y las  desposeídos/as.

Memorias de una niña Alba. Historias de una infancia ultrajada. Bruna Faro. Editorial Mago, 2020, 274 páginas.