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domingo, 15 de marzo de 2026

Crítica literaria: El pulso del estallido social en A fuego de piel (2024) de Varsovia Riveros



“He soñado un país autosustentable a través de jardines vegetales y frutos en las plazas y parques del país, esenciales en las plazas y el desierto para iluminar todo Chile” Carmen Berenguer en He soñado un país.

Pese a la proliferación de editoriales, se observa una escasa distribución en los géneros de narrativa y poesía que provienen de regiones. Este fenómeno se ve agravado por una escasa recepción crítica en plataformas digitales volcada hacia el contenido extraliterario y la validación social. En este contexto, la democratización de la lectura ha derivado en una mercantilización de la misma, donde el algoritmo y el estatus rigen la promoción ahora controlada por las transnacionales.

Varsovia Viveros Barriga (Santiago de Chile, 1951) tiene larga data como poeta en la Isla de Chiloé. El libro de poemas A fuego de piel (Editorial El Temporal, 2024) es su novena publicación y se integra junto a Carmen Berenguer, Elvira Hernández, Verónica Jiménez y Francisca Palma con, hasta el momento,  propuestas poéticas sobre la revuelta chilena de 2019. En narrativa las ficciones Preguntas frecuentes (2020) de Nona Fernández, Satáncumbia (2020) de Rodrigo Miranda, Despachos del fin del mundo (2020) de Alberto Fuguet, Zona ciega (2021) de Lina Meruane, Fantasmas de la revolución (2021) de Nicolás Vidal, Matapacos (2024) de Claudio Tapia, entre otros.

El presente volumen se divide en tres capítulos: “La revuelta” sobre el estallido social en Santiago; “La Casa Tomada” sobre las acciones realizadas en la casa de la cultura en Chiloé; y “Epílogo” que se refiere a la etapa del Coronavirus. La gran mayoría de los poemas están acompañados por imágenes en blanco y negro extraídas del “Archivo fotográfico en Santiago” de Yerko Contreras Olave que recoge el calor de la primera línea y la quehacer cultural en Ancud.

En la primera sección, “La revuelta”, el hablante femenino identifica a la gente movilizada como agentes de una nueva oportunidad por el cambio. Esta elegía por la subversión, sitúa a los encapuchados como sujetos que han descreído el país que otros han estado construyendo dado que las heridas históricas no han sanado, encontrado justicia y tampoco para aquellos que sufren el Estado de sitio: “Los defensores crueles del sistema/ disparan certeros a los ojos/ disparan certeros a los ojos”. Mientras que los defensores del modelo neoliberal defenderán sin dolencia a costa de las heridas y llagas de sus vecinos.

Leído con distancia, el discurso público predominante ha contextualizado los sucesos como hechos de violencia y delincuencia, más el imperativo de restablecer el orden. No obstante, quienes estuvimos en el ardor de las protestas y el debido contexto, creemos en la posibilidad utópica de mejorar este país frente al saqueo descarado de las materias primas. Eso a pesar del abandono de la izquierda y la maquinaria propia. Ante este escenario, el otro día en el bar  “La Unión Chica” volví a toparme con las palabras de Aristóteles España: “Tenemos que buscar una razón más poderosa que el partido”, quien da cuenta de un desencanto del partido y por ello, hay trascender de las estructuras políticas tradicionales.

Por otro lado, el hablante se detiene en versar sobre la defensa del paisaje natural contra el modelo de progreso que degrada el entorno: “se me hace larga la estadía en estos mares/ aunque un verde ancestral cobija los deseos/ Otras mafias recorren los caminos y ríos”. Así, en estas líneas evidencia una amenaza foránea de industrias extractivistas que erosionan el paisaje local.

Me parece importante el registro fotográfico y las crónicas en verso en el segmento de “La casa tomada”, donde la juventud se tomó el espacio y trabajó de manera comunitaria para realizar a pulso reuniones, talleres, charlas, ensayos. El hablante toma la pulsión creativa que desborda la sede liderada por la juventud ancuditana: “corean rondas de niñez en el hall/ todo se desborda/ entran jóvenes/ pintan muros/ cambian muebles/ dan la bienvenida/ olor alegre de frutos silvestres/ se respira en el aire”. De esta manera, esta energía movilizadora en actividad autogestionadas se sintetiza en la figura de las noctilucas marinas: la movilización colectiva genera el brillo necesario para transformar la realidad.

En el tercer capítulo denominado “Hay tanto que limpiar”, se observa un hablante que manifiesta de manera tangible sus sensaciones, y con el mismo lenguaje prosaico que atraviesa la obra,  pasa de la alegría a la desconfianza del proceso de la utopía que se estaba construyendo: “Todas las vidas habían formado un círculo/ para ver el nacimiento de un nuevo sol”. Sin embargo, como todos sabemos la epidemia del Coronavirus provocó el resguardo de la población mundial, y la sociedad chilena no solo congeló sus demandas, sino que la delegó a aquellos que prometieron arreglar la situación: “Nosotros haremos el resto” recoge el poema. 

Hacia el cierre, la figura del aldaba es clave porque no tiene un candado, cabe la posibilidad que lo colectivo de la sociedad pueda determinar un futuro distinto al presente, y con ello trabajar por una casa común llamada Chile más limpia e inclusiva.

A fuego de piel de Varsovia Riveros es un libro híbrido donde el lenguaje prosaico y la imagen en blanco y negro se combinan para rescatar la memoria de los cuerpos en movimiento y los necesarios repliegues cuando no están dadas las condiciones. Logrando con esto, que el lector observe desde la violencia de las calles en Santiago hasta la forma orgánica, autogestionada y comunitaria en Chiloé como una posible utopía, caída en el olvido, donde la protesta es también una forma de construcción de Chile.

Varsovia Viveros Barriga. A fuego de piel. Ancud: El Temporal, 2024, 92 páginas.

miércoles, 11 de marzo de 2026

Fulgor de las sombras en el Estallido Social chileno. Persona sin identificar (2025) de Verónica Jiménez





A pesar de las condenas emitidas por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas en 2019, el gobierno de Piñera continuó desarrollando una política represiva que recordó los años más duros de la dictadura con apariciones de cuerpos calcinados, agresiones fuera de protocolo y abusos policiales. Lo mismo pasó en 1978 cuando Amnistía Internacional condenó a la dictadura chilena por crímenes de lesa humanidad.

Cuando se olvidan de los contextos en que se produce la violencia institucional son las personas quienes pierden el reconocimiento mínimo: una persona sin identidad se convierte en un sujeto que habita el anonimato absoluto. Es esta falta de validación jurídica y social la que termina por situar al individuo en un estado de limbo dentro del círculo de la vida.

En Persona sin identificar (Editorial Garceta, 2025) de Verónica Jiménez (Santiago, 1964) registra con crudeza el quehacer y la pérdida de vidas humanas durante el estallido social. Como señala el volumen, la tragedia de los detenidos desaparecidos durante la dictadura proyecta una sombra sobre el presente, y se repite tras las movilizaciones del 2019. El olvido de los cuerpos calcinados y asesinados que aún no aparecen es una repetición del contrato social que creíamos haber superado: el compromiso del “Nunca más”. Así, el texto denuncia el incumplimiento de esa promesa fundamental. Es decir, el “Nunca más” a las violaciones de los derechos humanos y, especialmente, el “Nunca más” a la imposibilidad de devolver la identidad a un resto óseo para darle sepultura según sus propias creencias.


La obra está dividida en cuatro segmentos: 


En los ocho poemas del segmento denominado “Prosecuciones”, el hablante femenino transita entre la crónica, el testimonio y la reflexión sobre la violencia estatal de Chile previo a la pandemia. Observamos una voz de mayor edad y que se diferencia de los muchachos que llegan de la protesta cargados de alcohol en sus mochilas. Mientras estos muchachos se divierten en un entorno doméstico, ajenos al significado  del toque de queda, la voz poética identifica la connotación histórica de los helicópteros que sobrevuelan Santiago: “había salido a comprar comida cerca del toque de queda y no regresó para reincorporarse a su turno”. Así, el hablante reivindica la belleza de la clase trabajadora que en sus brazos osa por un mejor futuro y es truncada por la represión estatal.

Frente al asedio policial, la micropolítica de los barrios se desarrolla al producir material tecnológico como imágenes y vídeos que pareciera ser una nueva forma de resistencia política. El archivo permite corroborar evidencia, convencer a los incrédulos y dejar una memoria histórica sobre las vulneraciones psico-económicas que este sistema aplica a los más desposeídos para prueba de las nuevas generaciones.


En la segunda parte “Invocaciones”, la violencia escenificada en los distintos barrios de la periferia santiaguinas deriva en la aparición de cuerpos sin identificar. Esto, que rememora los peores años de la dictadura, da cuenta de que esta deshumanización de la persona no solo intenta alcanzar de una manera perversa el alma sino también, constituir el cuerpo en una interrogante. Dicha figura significa un vacío de sentido y deuda histórica sobre la escala del olvido. 

La presencia de las mujeres en versos: “Desgarraron también a las madres/ que buscaban y gastaban/ sus pasos y voces”, funciona como un aviso de que son las madres las que agotará el tiempo hasta encontrar a los caídos durante la subversión de los sentidos aún tenga que caminar por cárceles, hospitales y morgues.


Me parece relevante señalar los cierre de los poemas donde alcanza su mayor logro. La capacidad de condensar semánticamente los versos va más allá de una resolución cotidiana y cristaliza, logra que su mayor impacto ocurra antes del silencio. Los versos cortos y directos transforman el mensaje sobre la violencia institucional en una frase memorable y perturbadora.

El capítulo “Protocolos”, aunque breve, transita por una poética lúgubre que se apoya en la enumeración de exámenes forenses e instrumentos clínicos, erigidos aquí como testigos de cuerpos heridos y defenestrados. En estos versos, los muertos pierden su gloria, si es que alguna vez la tuvieron, para convertirse en restos que registran la violencia y la deshumanización contemporánea. De este modo, la mutilación y los daños físicos de los cuerpos hallados reclaman, desde el silencio mortuorio, la dignidad que la barbarie les arrebató.

En el último capítulo, “Expedientes”, los poemas abordan la institucionalidad convertida en una planilla de tecnicismos, así como la figura de las madres como portadoras de la memoria y el duelo incansable. Asimismo, el hablante revisita la historia reciente y critica la 'democracia de los acuerdos' como una careta que oculta los problemas bajo la alfombra. El “yo” lírico escribe para evitar que el olvido se imponga, es una poética rebelde que se niega a la reconciliación forzada y reivindica el derecho a la verdad frente a una historia que se pretende reescribir de forma higienizada.

En el último poema:

“Sucedió en octubre.

Imagina si la ciudad hubiese acobardado.


Imagina si sus poetas

No fueran capaces de golpear el acero

con sus puños de agua

Para dar cuenta

De sus muertos”

El hablante femenino reafirma su postura de que el arte debe ser político y se posiciona desde las micropolíticas y los cuerpos vulnerables, porque la palabra y el sentido estético deben ser parte de la resistencia de aquellos no escuchados, ni atendidos en sus precariedades y guardados bajo la alfombra.

Más que un libro de poemas, Persona sin identificar (2025) de Verónica Jiménez es un registro híbrido entre la crónica y el verso sobre el estallido social chileno. Su estructura progresiva de la pérdida de vidas y la vulnerabilidad de los cuerpos que resistieron con palos y piedras la represión institucional. Frente al olvido de quienes hoy reniegan de esa utopía, se denuncia que la ceguera es, en realidad, el lenguaje de la impunidad en Chile. Esto es, una marca indeleble en la piel de los jóvenes que este libro se encarga de no abandonar.


Verónica Jiménez. Persona sin identificar. Santiago: Garceta, 2025, 76 páginas.

viernes, 20 de febrero de 2026

Reseña: Identidad bajo sospecha: desmontando el test de la blancura.


Identidad bajo sospecha: desmontando el test de la blancura


Sin duda alguna, No teníamos negros. Historia y prejuicios en Chile sobre su pasado y presente afrodescendiente (Crítica, 2025) de Montserrat Arre Marfull es un aporte a las discusiones identitarias sobre el mestizaje chileno. 


En esta obra, la autora instala una voz importante que analiza y discute la promoción histórica de la herencia europea. A diferencia de otros relatores, su perspectiva no se dirige a los educadores, sino al estudio de la Historia como una visión unidimensional que ha omitido el vínculo con otros continentes, los que han nutrido y aportado desde otras esferas al país. 


Es decir, la autora afirma que la identidad chilena se ha construido bajo un relato que invisibiliza sistemáticamente la raíz afrodescendiente en favor de un ideal europeo.


La autora afirma:


“…ni siquiera la historia que se nos ha contado de nuestro continente es americéntrica. (...) Europa ha marcado la pauta de lo que debemos saber de los últimos años (...) el estudio de una historia de Chile y de América ya no eurocentrada, si no afro centrada y americentrada, basándonos en la idea de redes de intercambio e influencias que comienzan a acontecer en el espacio global desde el siglo XV, pero cuyo origen están mucho más atrás.”


Al rescatar cifras de censos coloniales, la investigación evidencia que la presencia “negra” fue significativa y para nada circunstancial. Al recuperar nombres como el conquistador Juan Valiente y destacar el rol de los batallones de afrodescendientes en la Independencia, Montserrat Arre Marfull desmiente la creencia popular de que los negros simplemente “desaparecieron” de la historia nacional. Esta omisión histórica está ligada al racismo científico y teorías de superioridad racial que permean el pensamiento en personajes históricos.


Dentro de la vida político-cultural emergen figuras como Benjamín Vicuña Mackenna con afirmaciones peyorativas sobre danzas africanas. Luego, Nicolás Palacios, que tiene una inscripción pública en el cerro Santa Lucía, quién señala que los chilenos somos una raza superior apelando al araucano gótico. 


También están las propuestas de la política feminista Amanda Labarca, quien promovía que las clases populares blanqueen sus comportamientos para enaltecer y homogeneizar nuestra cultura dando cuenta que el ideal es asimilar lo europeo: “Nuestra clase popular es más blanca y dinámica, que la de nuestros hermanos de esta costa”. Mientras que la referencia de Gabriela Mistral está ligada a la falta de sensibilidad frente a los abusos que sufre la población afroamericana.


La presente investigación destaca que expresiones culturales tenidas por esencialmente chilenas —la cueca y el cachimbo, entre otras—, conservan una matriz africana que se intentó ocultar bajo prejuicios raciales. A pesar de este ocultamiento deliberado, la herencia persiste y ha ganado terreno institucional: tras ser reconocidos como pueblo tribal afrodescendiente por ley en 2019, una cifra importante de ciudadanos se reivindicó como tales en el último proceso censal de 2023.


Cabe reconocer que la editorial utilizó diferentes tipos de letras, los que restan fluidez y atención más que suma al objeto del libro. Sin embargo, la obra de Arre Marfull que busca dar cuenta de las heridas y deudas históricas de una nación que ha negado su genealogía. Es necesario plantear, que la autora no es la primera en abordar esta problemática; en las universidades del norte de Chile se ha investigado esta materia durante años.


Al confrontar los prejuicios que hoy se reflejan en la publicidad y el discurso xenofóbico, No teníamos negros. Historia y prejuicios en Chile sobre su pasado y presente afrodescendiente obliga al lector a reconocer que el país no es, ni ha sido nunca, exclusivamente blanco. Se trata, en suma, de un llamado a reformular el imaginario nacional de manera más íntegra, asumiendo la raíz africana como una pieza esencial que define tanto el pasado como la actualidad del país.


No teníamos negros. Historia y prejuicios en Chile sobre su pasado y presente afrodescendiente. 

Montserrat Arre Marfull

Editorial Crítica

Santiago de Chile, noviembre de 2025

232 páginas.


martes, 8 de octubre de 2024

Embarazadas de calor (2024) de Constanza Mondaca Merino: un auspicioso debut en la Ciencia Ficción chilena.

 


La primera novela distópica de Constanza Mondaca Merino, Embarazadas del calor (Editorial Inti, 2024), evidencia un tipo de ciencia ficción contemporánea donde el cambio climático arrecia sin aversión a la población urbana. Esto deriva en fatigosas temperaturas que  afectan la fertilidad reproductiva tanto de hombres como mujeres. Por otro lado, el Ministerio de la Natalidad vigila y controla los derechos reproductivos de la población. Así, observamos que, en 2054, la sociedad chilena está envejeciendo ante la escasez de nuevas fecundaciones.

En 44 páginas, Mondaca Merino relata tres embarazos de distintas protagonistas, cada uno en capítulos breves, no titulados e intercalados. Estas historias no se comunican directamente, pero los personajes experimentan síntomas propios de la gestación los que no siempre van a finalizar con éxito. Además, hay miedo en las gestantes, porque cuando el Ministerio las descubre, estas son arrestadas, se les induce a perder el embarazo y luego, se les pierde el rastro.

La primera pareja se refiere a Claudia Rodríguez y Pedro. Ella es hija del ministro, de clase acomodada, su padre saca provecho político y comunicacional de la situación. Por su parte, ella quiere estar tranquila puesto que no tiene mayor contención femenina. El marido, en cambio, tiene una empresa de construcción donde desarrolla cápsulas herméticas bajo tierra para guardar alimentos a contrata con el Estado. A todo esto, también tiene un amorío homosexual con Felipe, un personaje circunstancial que no se desarrolla cabalmente, pero que se volvieron a reencontrar después de diez años.

La segunda pareja está conformada por Aranza y Francisco. Ella tiene recursos limitados y su madre es su único apoyo. En un caluroso ambiente, los protagonistas se descuidan y ella queda encinta. Así, con la incertidumbre de que la menstruación no llega, se consigue la prueba de embarazo por fuera del sistema ya que este está controlado por el Ministerio. Aranza reflexiona sobre abortar mediante organizaciones feministas, pero el pánico y el deseo de ser madre soltera pudo más.

Martina y Rafael son la tercera pareja. Ellos nacieron al mismo tiempo en dos familias amigas. Para evitar el acoso estatal, sus madres decidieron no inscribirlos en el registro civil de un pueblo ubicado cerca del río Bío-Bío. Ambos, criados juntos, pronto se enamoran; se casan y tienen el primer hijo. Aun así, frente al fenómeno –producto del cambio climático– no les parece afectarles lo que provocaría que el Ministerio les hagan múltiples exámenes para estudiar su caso.

La presencia de figuras masculinas no alcanza a empatizar con el proceso de gestación de las mujeres, y muchas veces, lo desconocen. Ellos están ausentes tanto físico como simbólico. Esta situación, podría beneficiarlos para salvar su pellejo llegado el momento oportuno.

Si bien las imágenes apocalípticas del río Bío- Bío son potentes, penó aumentar los contrastes de los espacios rurales, la provincia y el gran Santiago. Asimismo, la brevedad del volumen impide desarrollar de mejor manera los ambientes y concretar los modos de operar de los brazos prácticos del Ministerio, quedando muchas veces como una sutileza del relato.

Dentro del universo literario, Embarazadas del calor (2024) es un auspicioso debut de ciencia ficción con temáticas feministas y cambio climático que afectan los modos de vida mayormente urbanos. Respecto a la gestación ésta tiene su epicentro en la desigualdad y en el sistema de control estatal que provoca abortos y donde volver a lo natural vendría siendo lo revolucionario.


Embarazadas del calor (2024)

Constanza Moncada Merino

Editorial Inti

44 páginas.-



lunes, 12 de agosto de 2024

Crítica literaria: Polka del perro (2023) Rodrigo Ramos Bañados

Ramos Bañados (Antofagasta, 1973) se suma al cúmulo de novelas de autoficción y la literatura de los hijos preguntándose sobre el quehacer de los adultos en la dictadura. Podríamos decir que entró tardíamente al séquito, pero no es esta la finalidad del autor; sino jugar con el lector. Tan pronto nos enmarca en el tema de la memoria justamente para los cincuenta años del Golpe, comienza otra: la novela detectivesca.

Así, dejando de lado –por el momento– los temas de precarización, migración y xenofobia en las localidades desérticas del país que ha venido desarrollando en libros anteriores, en Polka del perro (LOM, 2023), Fernando retoma el vínculo paterno tras décadas de ausencia tras el exilio que provocó la dictadura Civil Militar chilena y que significa armar el “puzzle” dentro del conjunto familiar. Esto es, comprender que él (con chapa de Carlos Sandoval Urquiza) militante del MIR fue torturado en Pisagua, tuvo que exiliarse en Europa, se alejó de la familia, regresó esporádicamente, trabajó en la construcción de pasaportes clandestinos para otros perseguidos, entre otros.

Los daños colaterales y fracturas familiares que representan prolongadas ausencias y silencios por la actividad secreta, radican en mayor interés por parte del hijo, a pesar de las sutilezas corrientes: “Mi padre sobrevivió la tortura, pero a él no lo consideré parte de mi familia. Mi familia era todo lo que venía de mi madre”. Por lo mismo, la junta del padre con un amigo circunstancial permite recordar su paso por la cárcel y el hecho de cuestionar la verdad oficial sobre otro preso político, emerge la primera pregunta de investigación que deriva en una situación detectivesca: ¿dónde está Juan Olmos Beltrán? El gran mito de Iquique, del que hay información tergiversada y escaso interés de abordar desde el periódico local en que trabaja el protagonista. Sin embargo, con la cuestión de fondo del asunto también está la provocación de: “Pensé que, a través de la historia de Olmos, también podría conocer el paso de mi padre como prisionero en Pisagua”.

En la trama que se desarrolla en 51 capítulos, los que varían en extensión, cruzan una serie de personajes episódicos y marginales que van alimentando la historia de un Iquique que ha ido creciendo en población y con ello, aumenta el olvido de lo ocurrido en Pisagua. Es decir, la memoria sobre los presos políticos va, paulatinamente, convirtiéndose en un foco de nicho, dado que los “antiguos” lo van reservando y que solamente emergerá si hay elementos para ejercer este recuerdo.

Pero en dicha cárcel, se testimonia, ocurrieron una serie de actividades dirigidas por el fiscal y los militares, ya que la perversión a costa de los prisioneros era la norma. No por nada, aparece mencionada como ejemplo: “los 120 días de Sodoma” de Pier Paolo Pasolini que grafica del nivel de maldad que llegan a tener cierto tipo de personas.

Como todos los protagonistas que ha publicado Ramos Bañados observamos características comunes: no son éticamente profesionales y les aparecen pequeños golpes de suerte de los que se aprovecha de los vacíos legales en el mundo laboral. La corrupción y acciones inadecuadas le parecen representar pequeños triunfos morales y réditos económicos en una la sociedad chilena, en la que todos los meses leemos una noticia de estafas de mayor relevancia.

Dentro del universo bibliográfico de Ramos Bañados, esta incursión en la novela de detectives sale bien parado. Polka del perro (2023) es una obra abatible y relevante donde despliega una atmósfera grisácea y vil sobre una serie de eventos mencionados, y donde algunos personajes no tienen mayor pudor de haber colaborado directamente con el circuito de tortura. Por ello, es necesario desenterrar para recuperar la memoria.

Polka del perro (2023) Rodrigo Ramos Bañados. Editorial Lom, 138 páginas.

lunes, 3 de abril de 2023

"Mi exilio dorado" (2021) de Marco Fajardo: el problema chileno.

 


El volumen inicia con el epígrafe de Patricio Guzmán que señala: “Yo quedé atrapado por el problema chileno a partir del golpe de Estado”. Este legado no significa estar detenido, sino que, es un bien inmaterial que ha redefinido a Chile en todas las facetas existentes del provenir de las generaciones y que tras cincuenta años todavía provoca amargura.

La quinta obra de Marco Fajardo (Dresde, 1976), Mi exilio dorado (LOM, 2021), revisita el periodo dictatorial y la democracia tutelada que formaron parte de la etapa de crecimiento de los hijos de familias que fueron exiliados. Así, desde la memoria novelada, la historia íntima y la examinación del pasado existe la emergencia del relato situado en la extrañeza de vivir y cubrir periodísticamente este país. Y no es para menos, si la voz narrativa afirma que: “Mi madre fue la que volvió. Yo llegué a Chile…Cuando terminó el exilio de mi madre, comenzó el exilio de nosotros, sus hijos”.

Estamos frente a la literatura de los hijos que vuelven a vivir la patria consanguínea. Por lo que, el cuestionamiento hacia ellos está presente con mayor sutileza sobre la toma de decisiones, muy distinta al modo en que se dirige a la particular sociedad chilena llena de contradicciones y desmemoria. En la que encontramos alta hipocresía y “una democracia pasada a lacrimógena” como explicita el relato.

Esta obra tiene nueve capítulos y un epílogo en la que observamos párrafos de extensión irregular, una historia fragmentada tanto en el fondo como la forma y haciendo énfasis en la correlación personal junto al contexto histórico. Además, utiliza elementos reconocibles, marcas, gestos y conmemoraciones instauradas por la dictadura chilena que desconciertan a los retornados: las monedas de diez pesos, la avenida de Providencia, la llama de la libertad en Paseos Bulnes y pagar el arancel universitario cuando las mismas autoridades estudiaron gratis. Estas pistas hacen reconocible el proceso cultural pinochetista que significa borrar cualquier aspecto del país antes del golpe de Estado, es decir, modelos de comportamiento y de desarrollo interpersonal que son replicados en los puestos laborales como signo de El volumen inicia con el epígrafe de Patricio Guzmán que señala: “Yo quedé atrapado por el problema chileno a partir del golpe de Estado”. Este legado no significa estar detenido, sino que, es un bien inmaterial que ha redefinido a Chile en todas las facetas existentes del provenir de las generaciones y que tras cincuenta años todavía provoca amargura.

 

La quinta obra de Marco Fajardo (Dresde, 1976), Mi exilio dorado (LOM, 2021), revisita el periodo dictatorial y la democracia tutelada que formaron parte de la etapa de crecimiento de los hijos de familias que fueron exiliados. Así, desde la memoria novelada, la historia íntima y la examinación del pasado existe la emergencia del relato situado en la extrañeza de vivir y cubrir periodísticamente este país. Y no es para menos, si la voz narrativa afirma que: “Mi madre fue la que volvió. Yo llegué a Chile…Cuando terminó el exilio de mi madre, comenzó el exilio de nosotros, sus hijos”.

 

Estamos frente a la literatura de los hijos que vuelven a vivir la patria consanguínea. Por lo que, el cuestionamiento hacia ellos está presente con mayor sutileza sobre la toma de decisiones, muy distinta al modo en que se dirige a la particular sociedad chilena llena de contradicciones y desmemoria en la que encontramos alta hipocresía y “una democracia pasada a lacrimógena” como explicita el relato.

 

Esta obra tiene nueve capítulos y un epílogo en la que observamos párrafos de extensión irregular, una historia fragmentada tanto en el fondo como la forma y haciendo énfasis en la correlación personal junto al contexto histórico. Además, utiliza elementos reconocibles, marcas, gestos y conmemoraciones instauradas por la dictadura chilena que desconciertan a los retornados: las monedas de diez pesos, la avenida de Providencia, la llama de la libertad en Paseos Bulnes y pagar el arancel universitario cuando las mismas autoridades estudiaron gratis. Estas pistas hacen reconocible el proceso cultural pinochetista que significa borrar cualquier aspecto del país antes del golpe de Estado, es decir, modelos de comportamiento y de desarrollo interpersonal que son replicados en los puestos laborales como signo de profesionalismo y competencia en el área productiva.

 

Mi exilio dorado es el recuento de hijos de refugiados que participaron en la experiencia de la Unidad Popular y por corresponder a la Historia latinoamericana, la dictadura y sus secuaces promovieron la dispersión de miles de familias por el mundo. A diferencia de lo que gente ve como una oportunidad de crecimiento, de auto-ayuda; el regreso desde los años noventa de parte de la diáspora chilena ha promovido una incomodidad de pertenecer a este país lleno de contradicciones, humor negro y frustrante. En un país que gusta de la libertad y se complace en la omisión, este visitante examina lo que hemos hecho, hemos heredado y cómo es necesario hacer frente al problema chileno de la memoria en la apabullante contingencia de Santiago de Chile.

Mi exilio dorado. Marco Fajardo. 2021 Lom ediciones 123 páginas.

Mi exilio dorado. Marco Fajardo. 2021 Lom ediciones 123 páginas.

lunes, 14 de febrero de 2022

CRÍTICA: Las cartas de Samanta (2020) Diego Silva López




Las cartas de Samanta (2020) de Diego Silva López (Valdivia, 1988) es una novela situada en Madrid donde la protagonista lleva una independencia económica y vida heterosexual activa. Ella se emplea como lectora de una editorial española en la que debe recomendar manuscritos que podrían ser publicables, incluso erotiza al compañero de trabajo, Ítalo. En el intertanto, aparecen dos tramas secundarias: la violencia en el pololeo/matrimonio y anécdotas en el mundo editorial.

Mientras lee poesía de autores hispanoamericanos con especial énfasis en Vicente Huidobro, también suple la incapacidad de conectar con su propia vulnerabilidad enjuiciando a las personas desde una perspectiva prejuiciosa y obsoleta. La protagonista muestra que la forma de representar a los demás personajes es plana y estática, en la que carecen de complejidad psicológica: desde los compañeros de trabajo, pasando por los amoríos hasta el interés romántico.

El primer libro del Silva López construye una visión de mundo ajena a lo contemporáneo, porque la protagonista habla sobre otras mujeres como “verdadero caballo de raza fina”, o “Iris, la solterona de 45 años que ya se le pasó el tren y su infinita cantidad de vagones”, apología a la violación: “Me imaginé que me encerraba y me lanzaba sobre la mesa para violarme y que lo disfrutaba desde el principio”, o la confusión de que el orgasmo solamente se llega mediante la introducción de un objeto: “También he pensado en comprarme un dildo o consolador, o pene de plástico o como quieran llamarlo (…) si al final, un buen orgasmo también me lo puede dar un pepino”. Si no era suficiente con esto, la aporofobia está escenificada en el recuerdo de la visita de un escritor famoso que visita a la universidad: “lo vi llegar entre muchos pobres de la facultad”. Dando cuenta que, para el creador, “los pobres” no solo tienen la capacidad de leer, sino que existen y tienen acceso a estudios superiores.

De a poco, aparecen relatos y conversaciones sobre violencia en el pololeo y matrimonio, los que siguen una línea propia de constatar el hecho y no tienen mayor injerencia, sino como trasfondo en la novela. Además, la aparición del conflicto aparece tardíamente junto con las cartas que dan el título a la obra. Son cartas anónimas que relatan violencia intrafamiliar, argumento que llega a un punto protagónico y que es resuelto, por el autor, de una manera poco óptima, porque la protagonista es personaje estático.

Por largos pasajes nos sumirá entre el acto de coger y follar, lo que significa deformaciones de una literatura comercial que está lejos de la literatura erótica. Porque si van a aparecer nuevas copias de personajes teniendo sexo y llegando al orgasmo (como si fuese la única finalidad), mejor buscar un erotismo provocativo y de calidad, en tanto la mayor forma literaria en el campo del deseo, ha sido la descrita por la autora chilena María Luisa Bombal en la última niebla.

Una de las subtramas no desarrolladas es el desempeño de Rita Andaluz, la presidenta de la editorial hispana, y el tabú que significa instalar escritores en la sección espectáculos de los distintos medios de comunicación a cambio de un porcentaje por dicho trabajo: “Si por algún motivo los textos tenían impacto en los lectores de las revistas, ya sea para una entrevista o contratación de ellos en algún medio de comunicación, Rita los contactaba y ‘apadrinaba’, cobrándoles una comisión por cada publicación hasta el fin de los días”. De igual modo, las reuniones de las editoriales (oligopolios) para analizar el mercado de publicaciones y novedades sin competir.

Las cartas de Samanta tiene potencial por la temática de violencia que elabora, pero que queda en eso, en una somera constatación acusativa. Es complejo valorar positivamente un personaje que transita con fruición entre el clasismo, el racismo, lo aporofóbico y superficial a más no poder, incapaz de comprender sentimientos ajenos para revivirlos para sí mismo, sin caer en el mismo comportamiento del siglo pasado.

 

Las cartas de Samanta

Diego Silva López

Valdivia, 1988

Editorial Dokumenta

2020

138 páginas.

domingo, 5 de diciembre de 2021

CRÍTICA| Antihéroe de la narcoliteratura: «Miedo» de Aníbal Ricci

 

Miedo (2021) de Aníbal Ricci Anduaga (Santiago, 1968), es la reedición de su primera novela Fear (2007). En este nueva versión el autor desarrolla varios tópicos, como la relación no superada con la expareja, Gloria, las abundantes figuras femeninas representadas como prostitutas o distribuidoras, y para cerrar el encuadre, la paranoia de estar siendo vigilado constantemente.

 

El autor rediseña una novela más estática que lista de compras en el supermercado. Un diario de vida donde hay abundancia de acontecimientos marginales, pero en lo técnico es difícil encontrar una frase que tenga como norma más de tres renglones. Este aspecto que pudiese ser un hecho aislado, se repite en otra novela: El martirio de los días y las noches (2015). Esto es gravitante porque no desarrolla una literatura fluida, tampoco un ambiente que no sea el delirio psicológico, ni menos representa la transposición de la voz narrativa del personaje. Lo que provoca que la lectura sea abrumadora debido al planteamiento mecánico y poco reflexivo.

De este modo, el protagonista se hunde en las actividades nocturnas por más de un tercio del libro, siendo de escasa relevancia lo acontecido. Porque este traficante y consumidor, lo único que desea es sobrellevar la pena por el abandono de Gloria y la mejor solución es buscar prostitutas en las mismas condiciones: “Era un mal reemplazo de Gloria, pero al menos dejé de llorar en las noches. Su partida había hecho mil pedazos mi autoestima, hasta el punto de estar viviendo con una puta” (p. 21). La separación origina una espiral de vida nocturna sin control que lo lleva a otros países.

 

El tópico de la paranoia y el delirio de persecución derivado de la excesiva ingesta de cocaína y el acoso de un colega de trabajo, es lo que hace a andar este libro: comienza a cambiar de lugar, visita a la hermana, etc. Sin embargo, la turbia atmósfera en la que supuestamente es vigilado es constante: “Volvieron a sentirse los gritos. Como si alguien les hubiese avisado que apagué la luz. Convencido de que, si me quedaba en el cuarto, nada me ocurriría, era cosa de esperar a que amaneciera” (p. 48).

 

Aparte de los tres tópicos mencionados, uno de los gruesos errores es construir una historia monótona, en que las dinámicas sociales son búsqueda, consumo y huida pero con un fondo de países latinoamericanos. Sumado a esto, aparecen varias reflexiones sobre el valor de la familia, el tiempo perdido y la fatalidad misma del ser. Por otro lado, nada peor que un personaje plano que no evoluciona y cuya estrategia —al igual que la escritura— se vuelve rutinaria. Es decir, este antihéroe de la narcoliteratura que se presenta en las primeras páginas se mantiene de igual forma hacia el desenlace.

 

Dado que Miedo (2021) de Aníbal Ricci es una nueva edición, revisada y aumentada, uno esperaría que el trabajo haya mejorado. Mucho más si tiene a su haber varios libros posteriores al primero. Sin embargo, se mantienen los desaciertos haciendo que esta novela sea un rotundo fracaso, porque da lo mismo el tema si el personaje de focalización es plano.

 

Miedo

Aníbal Ricci Anduaga

Editorial Zuramérica, 2021

144 páginas

Precio de referencia: $11.900.


Crítica literaria: La revuelta (2021) Laura Landaeta y Víctor Herrero

 


 Este libro de 228 páginas, está dividido en cuatro grandes capítulos: primero, “la noche más oscura”; segundo, “la crisis que nadie vio venir”; tercero, “el estallido”; y cuarto, “los días decisivos”. La tesis que instalan es la incapacidad del Gobierno para comprender que la calle exigía profundas reformas del modelo neoliberal que parte de la base de la Constitución de 1980.

 

El segundo Gobierno de Sebastián Piñera debía ser consagratorio para la derecha, situando a Chile como líder regional sin precedentes y pronto a dirigir la APEC y la COP25. El estallido chileno no solo impidió, sino que, dejó maltrecha a la derecha. A nivel internacional, nuevamente se le asoció con la dictadura de Pinochet tras el discurso de Piñera: “estamos en guerra contra un enemigo poderoso”, y hasta el momento, la presidencia se mantiene todavía con plenas facultades pese a las cuatro condenas internacionales de violaciones a los derechos humanos.

 

El libro consigna seis fallecidos sin identificar, cientos de heridos con rotura del globo ocular y ante la gran cantidad de heridos, los responsables continúan impunes.

 

La caída de Chadwick

Herrero dirige Interferencia, mientras que Landaeta es actualmente directora de contenidos del canal de TV La Red. Básicamente, trabajan con fuentes concretas donde el grueso son fuentes de medios de comunicación tradicionales y alternativos, pero también, están las fuentes de asesores, subsecretarios, operadores, funcionarios o gente de confianza que configuran el ambiente de pasillo al interior del palacio de gobierno.

 

Uno de los errores en el ritmo de lectura es el capítulo “La caída de Andrés Chadwick”. Los autores se tardan en dar contexto a la salida de esta figura política. El ministro venía con alto descrédito debido al asesinato por parte de carabineros de Camilo Catrillanca. Pese a la fuerte oposición y al impacto en la opinión pública no salió del cargo y fue blindado por su primo hermano. Queda cojeando esta sección al situar la muerte del comunero mapuche como posterior a la salida. Asimismo, una de las deudas que tiene esta obra es no alcanzar testimonios de miembros de la Segpres que dirigía Cristián Larroulet.

 

Piñera con cuadros psicóticos y estrés

Como todo libro que busca relatar lo acontecido en el ejercicio del poder ante situaciones trascendentales, el lector encontrará datos sabrosos. Por ejemplo, la intensidad de las manifestaciones en Plaza Dignidad provocaron cuadros psicóticos y estrés en el mandatario. El médico psiquiatra Ricardo Capponi lo hospitalizó en casa y Jaime Mañalich lo revisó. El personal de seguridad en la casa de los Piñera-Morel fue en aumento, así como la paranoia donde el edecán debía probar la comida ante el supuesto envenenamiento.

 

Si bien en lo técnico no se observan errores o imprecisiones, la crónica donde el escritor lleva al lector a transmitir las sensaciones de la revuelta es insuficiente. Esta se enfoca en materiales concretos como testimonios, tweets de políticos locales, análisis sobre los movimientos para dar salida a la crisis, trabajo en terreno de reuniones políticas, televisión, periódicos, entre otros.

 

La revuelta. Las semanas de octubre que estremecieron Chile (2021) utiliza la estructura de novela del lado B de la trama, intentando develar nudos importantes desde el pasillo, distinto la crónica novelada de John Reed en el libro Diez días que estremecieron al mundo, pero que entrega información primordial sobre la revuelta de octubre.

 

La revuelta. Las semanas de octubre que estremecieron Chile.

Laura Landaeta y Víctor Herrero

Editorial Planeta, 2021

228 páginas

Valor referencial: $15.900