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domingo, 3 de mayo de 2026

Mucho texto y ningún emoji en Los Parientes pobres (2024) de Rafael Gumucio.



 La última novela de Rafael Gumucio (Santiago, 1970), Los Parientes pobres (Random House, 2024) retrata a una clase alta tradicional donde once hermanos conviven entre tensiones, rivalidades y resentimientos acumulados. La trama emerge cuando el clan debe gestionar la estancia del patriarca en una residencia de reposo. El padre es retratado como el epítome de un orden pasado: un escultor talentoso, pero también un narcisista libertino que, a sus noventa años, transita por la demencia senil. Lo que debía ser un retiro tranquilo deriva en un conflicto mayor que los hijos se ven obligados a resolver. 

Pese a su historial como padre ausente y derrochador, sus descendientes lo perciben con una mezcla de admiración y repulsión. Incluso en su decadencia física y mental, el patriarca sigue articulando los hilos del clan y reabriendo heridas familiares. En lugar de rebelarse, los hijos asumen los caprichos paternos como parte de una dinámica de clase y linaje que deben resguardar. Especialmente ante el escándalo que supone el idilio del nonagenario con su hermana Ester. Ambos, sumidos en la demencia, conviven como amantes.

El libro se estructura en seis secciones: se inicia con mensajes de WhatsApp donde los/as hijos deliberan sobre el futuro del progenitor, seguidos por el monólogo de la nieta, Emilia; luego, el chat se reactiva ante la fuga del abuelo, después con fragmentos de un taller literario. Finalmente, la novela retoma el enfoque de Emilia para terminar con el caos de los familiares.

Las primeras noventa páginas imitan el formato del chat grupal de WhatsApp familiar. Sin embargo, el experimento naufraga en su ejecución: la mayoría de las intervenciones superan las ocho líneas y carecen de identificadores claros, obligando al lector a depender de las referencias internas de los parientes para distinguir las voces.

Lo que resulta verdaderamente inverosímil es que todos los personajes se expresan bajo un registro culto formal, una elección estética inconcebible para un soporte caracterizado por la inmediatez, la fragmentación y lo informal. Ningún emoji ni sticker. Esta incapacidad para escenificar con realismo el lenguaje digital dota a la narración de una artificialidad que rompe el pacto de lectura. Si el autor no logra dar verosimilitud a un recurso técnico tan cotidiano que eligió utilizar, imagínate el resto.

En este tortuoso velatorio en vida, la voz de Emilia se mimetiza con la de su tía Adriana, la hija más devota. Al describir al abuelo, la joven adopta el mismo registro de desprecio y fascinación que sus mayores:


“Tú que antes hacías eso o lo otro [...] y ahora eres solo un contador de cosas, o un ‘roto gris’ o un ‘cajero automático’ [...] iba inventando sobre la marcha razones para insultar, porque no sabía las ocupaciones precisas de ninguno de sus hijos” (p. 104).


El modo de operar de la figura paterna castradora es anular a sus hijos mediante el insulto y la indiferencia hacia sus vidas, pero, fundamentalmente, se siente superior en todo momento. Lo único que el olvido no ha podido tocar es su inventario de conquistas: referencias femeninas que maneja con una perversidad calculada, tratándolas como trofeos expuestos en la vitrina de su memoria.

Hasta ahí nada nuevo bajo el sol. Después que Emilia narra su carrete universitario y la resaca al día siguiente, se da cuenta que está la PDI en la casa debido a que el anciano ha desaparecido. En ese instante, el relato cambia, convirtiendo las rencillas internas en una preocupación para encontrarlo.

Como señalé anteriormente, la obra se mueve entre la admiración y la repulsión hacia el abuelo. Sin embargo, la trama no avanza y se nota estancada, porque cada hermano rememora algo que pareciera relevante: como cuando el viejo no permitió terminar los estudios a las mujeres, sus gustos y fetiches, las rencillas familiares con los Barría en los funerales de la tía Ester, etc. Al final, la fuerza del libro reside en un ángulo secundario: el patetismo familiar que no rompe con la ideología del padre. Esta falta de rebelión condena a los hijos a compartir la misma degradación moral que critican, un proceso que culmina en el cliché de la codicia patrimonial tras los funerales.

Los parientes pobres de Rafael Gumucio es un volumen sobre el  inmovilismo de la elite chilena donde el bostezo le gana la partida a la provocación. A este naufragio se suma una polifonía fallida: voces como las de la universitaria Emilia y la tía Adriana resultan intercambiables, poblando una galería de personajes unidimensionales.

Resulta, cuanto menos, paradójico que un analista de la contingencia política sea incapaz de replicar el lenguaje de WhatsApp. No hay un “jajaja”, tampoco errores por parte de los personajes. Si el chat parece un ensayo de 90 páginas, mejor conviértelo en un narrador omnisciente y ahórranos el simulacro.


Gumucio, Rafael. Los parientes pobres. Santiago: Penguin Random House Grupo Editorial, 2024, 248 páginas.

viernes, 1 de septiembre de 2023

Crítica literaria: Libros marcados (2023) Antonia Torres

 



Libros marcados (2023) de la escritora Antonia Torres (Valdivia, 1975), es un libro minimalista que dialoga con el padre, el destacado poeta Jorge Torres Ulloa fallecido a los 53 años por problemas renales, sobre lo humano y lo divino de crecer en provincia. Así, la autora de la novela Vocales del verano (2017) utiliza la memoria para ahondar en el proceso de crianza, los amigos del padre, critica la conformidad de los académicos locales cuando la narradora emite una opinión literaria públicamente. En efecto, hay capítulos particulares donde menciona las perturbaciones en la casa familiar, las obras de teatro en Deutsche Schule, la presentación de libros donde se habla sobre el autor y no de la obra de este, la visita al hogar de Jorge Teillier, Diamela Eltit y “el poeta figurón” Raúl Zurita.

Debido a la insuficiencia renal que acaeció al progenitor por muchos años la presencia de la muerte estaba asumida desde siempre, por tal motivo se intercalan poemas macabros del poeta como “la muerte ensayada”, lo niños juegan a sepultar al papá en “apuntes con niños en la playa y al fondo amenazantes nubes”, o el poema sobre un hipotético funeral “estos amigos míos”. Esta misma temática se desarrolla en toda la obra de Jorge debido al brazo armado del régimen y la pérdida de amistades literarias, en tanto, esta narrativa no está cruzada por el hálito de la muerte sino la celebración en vida bajo la perspectiva de la edad de oro de la infancia.

Podemos agregar que este volumen está dentro de la categoría de la literatura de los hijos, que son un conjunto de escritores/as chilenos que combinan infancia, memoria y reflexionan sobre la herencia conflictiva en la que los padres fueron opositores a la dictadura. Lo interesante es que se visualiza una narradora, rememora colectiva e individualmente, que problematiza figuras masculinas como al profesor de castellano con el cuello de camisa sucio o a los académicos rezongando, pero en menor intensidad la figura del hombre/padre/librero/actor/profesor/enfermo/valdiviano, etc.; un vínculo afectuoso, comprensivo y cariñoso.

La hija no elude la responsabilidad de la herencia dada por el padre, la madre aparece circunstancialmente, lo acepta y comparte consideraciones: “Pienso que heredé los libros de mi padre y también una pila de sus propios prejuicios”, o el consentimiento, cuando se refiere a los escritores santiaguinos como elitistas, autorreferentes y mesiánicos.

Repleto de capítulos cortos y aleatorios, los más extensos son la búsqueda de Arístides de la Hoz, un personaje difuso y con escasas referencias, y la dirección de la obra de teatro de Los físicos de Friedrich Dürrenmatt en el colegio privado de la ciudad, la prosa se observa abreviada y contenida en la autoficción.

Libros marcados es un libro breve que transita entre memorias, autobiografía, referencias, personas de carne y hueso convertidos en personajes literarios. Lo anterior, configura la subjetividad del legado a partir de la voz narradora/hija/poeta que amerita contar y que también busca refugio para encontrarse, en una dimensión distinta, con él.

 

Libros marcados (2023)

Antonia Torres Agüero

Editorial Penguin Random House

138 páginas.-


sábado, 29 de abril de 2023

Crítica literaria: No reinas (2022) de Bernardita Bravo: “Los niños no saben de futuro”.

Imagen tomada de El Mostrador.cl


No reinas (2022) es la primera novela de Bernardita Bravo (Santiago, 1980), quien antes había publicado los cuentos Estampida (2018). En esta entrega hay una indagación de los límites de lo femenino y el rechazo a la maternidad. Una trama compleja sobre una mujer que trabaja en un motel a las afueras de un pueblo perdido llamado “Potreritos”, que ha matado a su hijo de tres años sin motivo aparente. Y, sí, presurosamente podría mencionar algunas autoras que utilizan estos tópicos con un sino trágico en sus obras como María Carolina Geel, Lina Meruane, Diamela Eltit, Pía Barros, Alia Trabucco y la poesía Rosabetty Muñoz. La lista es más amplia.

 Un fugaz romance con un joven en el cementerio de automóviles toma en consecuencia, un hijo no deseado. Las asistentes sociales acompañan e intentan persuadir a la joven embarazada que no aborte. En la narración se desarrolla la extrañeza de los sueños del infante Cristóbal, la inocencia en los juegos y la seguridad que otorga –en este caso– la madre, incluso en el momento del ahogamiento en la tina hace que esté presente lo tétrico y la locura. Hechos que no quedan impunes en la legislatura ni tampoco en el círculo familiar, porque probablemente se necesita de un mal día para perder la cordura.

 El volumen utiliza un narrador testigo, focalizado en la protagonista, que indaga en las motivaciones de este parricidio, y al igual que con el caso de Medea, nos preguntamos: ¿qué clase de madre mata a su hijo? Asimismo, es necesario plantear que esta crónica roja tiene tintes de novela negra al entregar detalles precisos y sin adornos sobre el delito. Se observa que hay una oscuridad narrativa que radica en la rutina, en el cotidiano y el torbellino en un municipio perdido. Es decir, lo macabro no está en lo nocturno o criaturas fantasmagóricas, sino en la ausencia de la conciencia del sujeto.

 La obra también critica el sentido del espectáculo con la llegada de la televisión buscando informar esta noticia de alto impacto y el debido morbo de los televidentes, siendo un festín entre la población que participarán con ínfimos detalles sobre la vida de la madre infanticida y que poco alcanzará a abordar sobre el delito.

 En la cárcel, la madre, es acosada por algunas reclusas, mientras las más veteranas como Gina le prestan un poco de colaboración. Emeá como la llamarán en el confinamiento, hurgará sobre distintos hechos que marcaron su infancia: la pérdida de su hermana Ana, el estado de locura de la madre tras la pérdida, las ausencias del padre, la llegada de la hermana política “Chivi” y el deseo de maternar.

 Aunque la representación de los diálogos de las presidiarias no está en parte lograda, No reinas realiza una reconstitución de escena en diversos planos sobre la historia de la victimaria. De una manera sutil y sin entregar compasión construye un viaje que juega con los desplazamientos temporales y con las realidades de las personas más cercanas, lo que permitirá al lector no quedar indiferente frente a los hechos.

 

No reinas

Bernardita Bravo Pelizzola

Novela, 2022

Alfaguara

150 páginas.-

 


 [PEH1]Reemplazar por coma

martes, 7 de marzo de 2023

Esto no es plan Z: Gumucio cringe en «Hotel Montana»

 


Hotel Montana y otros cuentos (2021) de Rafael Gumucio (Santiago, 1970) está integrado por nueve cuentos y un posfacio en el que despliega lo aprendido en las lecturas del canon latinoamericano del cuento. Sin embargo, no basta con emularlos si la autonomía del mensaje que instala en el universo literario se basa en frases como temer a dos guardias haitianos. El narrador en su perturbación mental, afirma: “su hambre, su odio de espectros sobre los espectros a punto de matar a esa mujer solo porque es blanca, solo porque tienen esa fuerza, solo porque no saben qué otra cosa hacer que matar a palos lo primero que encuentran”. ¿En serio el mundo que escenifica el autor va a repetir patrones anticuados como la ilusión de la superioridad moral de un país sobre otro? ¿La xenofobia, el tema de clase social, entre otros, pueden prevalecer en este siglo XXI? Esto no es plan Z, ni las columnas publicadas en distintos medios.

Este libro tiene historias familiares, no obstante; la relación con la madre es un tópico de nunca acabar. Especialmente en el relato “Una explicación”, porque configura el hijo dictador de emociones hacia la progenitora inestable. Reparando en el sentir tras un rompimiento amoroso y maltratándola sin tapujos: “Solo hay una cosa peor que ver a mi madre enamorada, y es ver a mi madre abandonada (…) Yo pensé que esta vez había madurado, que había aprendido su lección”. En el desarrollo del eterno diálogo del hijo con la expareja, emergen dos personajes precarios, en una escritura simple y una rígida narrativa que se pierde en el desenlace.

La literatura de Gumucio constantemente ha intentado indagar en el significado de lo femenino desde la masculinidad, con espantosos resultados como narrador menoscabado y timorato. Aunque a muchos les parezca cándido, no es más que una extensión lúgubre del deseo resentido. En efecto, estos cuentos resumen un cuarto de siglo dedicado a la escritura en paralelo a las novelas. A diferencia del trabajo de las memorias familiares donde evidencia clase social, exilio, etc. y hay mayor soltura como en Mi abuela, Marta Rivas (2013), esta nueva entrega no contiene irreverencia, inteligencia ni menos el humor del que alguna vez alardeó. Careciendo de estos elementos, solo va quedando un esqueleto rudimentario que ya ha sido leído antes.

En “La música de los vecinos”, Mario Vergara y Catalina prueban un queque de marihuana; el protagonista explora sus propios miedos y entra en una vorágine inaudita. De esta manera extiende su amplio campo técnico para llenar el relato con diálogos directos y estáticos, porque su desparpajo imaginativo es un delirio que sitúa al protagonista en la voz de Catalina, a modo de espejo/reflejo de sí mismo: “Sal de aquí, sal, hijo de puta. ¡Estás loco, completamente loco!”. Lo que claramente refrenda lo dicho en esta crítica.

El resto de los cuentos sobre el exilio en “Amapola” y “una niña completamente rubia”, de situaciones cringe (morir de vergüenza) en “la puerta” y “I understand”, tienen una estructura, a estas alturas, ya comprobadas y mediocres en el que los personajes se meten en problemas corrientes y, por alguna suerte, salen airosos.

Hotel Montana y otros cuentos de Rafael Gumucio tiene el mérito de ser considerado entre los mejores peores libros del año, superando holgadamente al defenestrado libro Demonio de Roberto Ampuero. Un intelectual mercenario con derecho a resucitar en Chile. Esta obra representa no solo una narrativa anacrónica, sino también, un entusiasta libro de ficción de baja calidad donde el papel impreso tiene más valor.

 

Hotel Montana y otros cuentos

Rafael Gumucio

Literatura Random House

152 páginas.

Precio de referencia $12.000

domingo, 2 de diciembre de 2018

Crítica Literaria: Dictadura (2018) Jorge Baradit



 


Las conmemoraciones y homenajes son convertidas rápidamente en nuevas formas de consumo, las que no respetan el dolor de la población. De esta manera, es necesario repensar la importancia de los libros que hablan sobre historias secretas, puesto que hasta el momento solo sirven para disponer a consumidores para el espectáculo. No por nada, publicar este volumen un día antes de los cuarenta y cinco años del golpe, significa lograr réditos del morbo generado por este infame acontecimiento.
Dictadura. Historia secreta de Chile (2018), es una crónica que combina el análisis político, la experiencia personal y los setenta y dos documentos presentes en la bibliografía sobre el gobierno de Allende, el golpe de Estado, la dictadura y algunos puntos referenciales en el cambio de siglo. Jorge Baradit toma más de veinte años de historia nacional para reducirlos cinco capítulos de doscientas páginas, generando el efecto acorde a lo que representa la dictadura cívico militar: horror y miseria para la población.
La interpretación que realiza sobre el acontecer político previo al golpe está basada en testimonios que forman parte del respaldo argumentativo, poniendo en relieve la conspiración estadounidense y posicionándose desde el pluralismo, el consenso y el diálogo propios de los noventas.
No obstante, hay un trabajo investigativo desprolijo que debilita al volumen. La ausencia de rigurosidad en la escritura, falta a la verdad histórica que hoy en día, observamos en la derecha promoviendo la posverdad. Al respecto, el periodista Fernando Velo publicó en su muro de Facebook (7 de octubre) apreciaciones sobre los errores en que incurre el libro. Ya que él fue uno de los primeros testigos que presenciaron el actuar de las FF. AA. durante el golpe militar. La obra señala que “Carlos Altamirano, el secretario general del PS, lanzó su discurso más incendiario y violento en una concentración en el teatro Caupolicán” (64). Fernando Velo declaró que: “Carlos Altamirano pronunció un inquietante discurso (el 9 de septiembre) en el teatro Caupolicán cuando en efecto su participación la hizo en el Estadio Chile.” (sic)
Así mismo, el libro señala que “Altamirano estaba reunido con el aparato militar del PS evaluando el pobre poder de reacción del grupo en INDUMET” (71). Sin embargo, esto es desmentido por el periodista porque el político estaba en el estadio de la CORMU, en Lo Valledor. Este punto es sensible, puesto que es necesario esclarecer quienes fueron aquellos que defendieron el gobierno. De modo que la industria metalúrgica será nombrada varias veces como punto de encuentro de la comisión política del MIR para organizar acciones armadas, pero dicho secretario no vuelve a ser mencionado.
También se señala que “se decidió un ataque frontal por tierra con tanques que se movían por la calle Teatinos, la Alameda y la Plaza de la Constitución, ametrallando con balas que perforaban los portones y dejaban enormes agujeros en los muros centenarios del palacio de gobierno.” (78) En tanto, Fernando Velo corrige que: “el día 11 los tanques entraron por la calle Teatinos en dirección a La Moneda, cuando la realidad es que ingresaron al perímetro del Palacio Presidencial por la calle Morandé y de allí, uno se apostó en la calle Moneda casi a un costado del edificio del Seguro Obrero; el otro se situó en la calle Agustinas de costado al edificio del diario La Nación y el tercero estuvo recorriendo esas tres arterias.”
La ausencia de precisión permite que la crónica sitúe a las fuerzas golpistas como superhéroes determinados en su tarea de supuestamente liberar al país, como se pretendió dar cuenta a través de símbolos, por ejemplo la circulación de la moneda de la libertad desde finales del ochenta: “Los tanques dispararon cañonazos contra los muros y las ventanas. Cada explosión sacudió las paredes, cayó polvo, se hundieron lámparas, los muebles saltaron de sus posiciones. Más de cincuenta obuses impactaron causando incendios, forados en la estructura.” (78) Sobre este punto, Velo destaca que: “No hubo obuses ni disparos de cañón porque al promediar las doce horas, cuando en forma definitiva se anunció que el postergado bombardeo que se llevaría a cabo a las once que se efectuaría al mediodía, los tres tanques abandonaron las inmediaciones de La Moneda para escapar a las ondas expansivas producidas por los misiles aéreos. Asimismo eran anticuados tanques Sherman usados en la Segunda Guerra Mundial.” Es decir, los soldados terrestres que tenían un “tremendo poder de fuego” no se quedaron en sus posiciones mientras actuaba la Fuerza Área sino que, retrocedieron para no verse afectados por las explosiones de los aviones.
Aquí no se trata de ser historiador académico o cronista, sino contar la verdad a partir de hechos concretos. El testimonio en tanto argumento por autoridad, es un espacio que posibilita combatir la posverdad. Es por esto, que Velo confirma que: “Baradit no es preciso al pronunciarse sobre la guardia de Palacio que custodiaba el recinto y que supuestamente le era fiel al presidente. Ellos, salieron en forma ordenada y presurosa minutos después de las 11 de la mañana y tomaron refugio donde nos encontrábamos casi una veintena de periodistas, en la SIAT.”
Dictadura. Historia secreta de Chile (2018), es una forma de hacer historia que desestima el testimonio de los ciudadanos que vivieron estos periodos recientes, por lo que no es precisa sino que subestima a los lectores. Finalmente, el volumen representa modos de construir discursos para el mero consumo de una población que supuestamente anhela conocer la historia del país.

Dictadura. Historia secreta de Chile. Jorge Baradit. Ediciones Sudamericana 2018, 200 páginas.

jueves, 20 de septiembre de 2018

Crítica Literaria: El silencio de los malditos (2018) Carlos Pinto




Las letras nacionales suelen tener una producción restringida sobre la vida criminal y los bordes. Pese a existir una nueva generación de escritores, algunos supuestos “herederos” contemporáneos no dan con el ancho, ya que existe una ausencia de aventurarse o los planteamientos carecen de sustancialidad literaria. En oposición a la escritura de sus antecesores quienes se inmiscuían y ajustaban los hilos de la narración de aquel mundo. Por esta razón El silencio de los malditos (2018), emerge como una obra que cuestiona el determinismo y los destinos de los protagonistas, con una voz que abre los recovecos más degradantes de las personas insertas en el sistema carcelario chileno, pero siempre con una mirada sensata ante la bestialidad, perversión humana y ensañamiento con los cuerpos apresados.
En esta primera novela de Carlos Pinto (1959) el narrador testigo encarna la figura del periodista de televisión, quien obtiene la entrevista exclusiva en la Penitenciaría de Santiago, en tiempos en que se debate sobre la pena de muerte. El culpable utiliza al periodista para contar su verdad de los hechos: “respondo por mis actos, pero necesito que alguien sepa cómo acontecieron los hechos, que se sepa mi verdad”, no obstante prohíbe el ingreso de artefactos tecnológicos que puedan registrar el testimonio, así la memoria ficcionaliza el relato conseguido, no siendo esta una biografía.
El culpable de violación y homicidio de un menor es Eugenio Loyola. Un delincuente acostumbrado al robo y a la cárcel, asediado desde la infancia por múltiples formas de violencia, amarrado a la condición social y al trauma de la ausencia del padre debido a las consecuencias de la ley maldita (1946). Por lo que la miseria y la deserción enmarcan a este sujeto en un fijo sector de nuestra historia nacional.
La estructura del libro arranca in extrema res. El lector conoce el grueso del final, sin embargo desconoce los orígenes de la violencia que están supeditadas a decisiones republicanas. Del mismo modo, sabiendo que hay un final coherente con el género, no es sino, hasta en los últimos capítulos en el que aparecen las causas y los hechos del escabroso acontecimiento homicida.
Los procesos históricos consistentes en reducir las libertades individuales y colectivas provocan que los sectores más precarios como vendedores ambulantes, mendigos, las casas de putas y los conventillos se vean envueltos y excluidos socialmente. Así pues, se presenta la ley maldita dictada por González Videla, quien no soportando las presiones del partido comunista, los censura, convirtiéndolos en opositores y encarcelándolos. De modo que, el presidente del sindicato de una barraca maderera, Félix Montesinos y René Loyola, comunista creyente, caen presos siendo llevados a campos de concentración en Pisagua, siendo torturados y humillados por los militares. La detención de este último frente a los ojos de su hijo menor, Eugenio. Entonces, la imagen de cómo se llevan a su padre en la parte de atrás de la Studebaker del 41 quedará en el inconsciente del infante. Muchos años después la escena se repetirá. Es la dictadura militar y los adherentes civiles quienes realizan la misma actividad de represión pero sistematizado orgánicamente en distintos niveles: la misión es ubicar, apresar, torturar, delatar, asesinar y desaparecer para limpiar el país de una supuesta guerra.
En 384 páginas lo relevante no es el hecho principal, sino las microhistorias de los personajes aleatorios que transitan tanto en la marginalidad como en sectores acomodados. El dominio de estos relatos posibilita que el narrador entre y salga con agilidad del relato, cumpliendo con el denominado thriller pero también con el realismo social. Igualmente, en este volumen solo hace falta el humo característico del programa “mea culpa” para exponer el caso de Cupertino Andaur.
Los personajes secundarios se despliegan en la vida de Loyola, los que están distribuidos en los veintiocho capítulos que lo componen: el cardiólogo para la tortura Agustín Vergara, los auxiliares enfermeros Luis Méndez y Juan Báez, el amor de la madre soltera, Margarita. Nada hacía presagiar que las secciones de personajes episódicos como el encuentro entre el senador Allende y el teniente Pinochet en Pisagua, el trágico capítulo del Padre Anselmo Olivares o detenciones de militantes opositores a la dictadura ubicados en casas de seguridad desnivelarían este libro. Si bien, es información para dar realce a lo que está sucediendo en el entorno, este solo están en tercer orden y es parte del discurso autoral que fortalece la idea de que las existencias son cíclicas. La que corresponde al regreso de Eugenio a la cárcel. Este ingresa al módulo de los presos políticos de izquierda quienes lo ayudan a salir de su analfabetismo permitiéndole darle sentido a su vida, meses previos a la fuga de los subversivos con el dictador en el poder.
Para que los lectores puedan comprender la narración aborda los intereses y la vida privada del protagonista, los desvelos analizando su situación dentro de la cárcel, los pesares amorosos, los vicios, las angustias iniciales y finales, siendo fundamental la escasa relación con la familia: su madre en el hospital y sus hermanos Vladimir y Manuel, o con sus parejas, particularmente con Margarita.
A pesar de concluir el desenlace con premura, diversos elementos referidos a las definiciones, al ambiente de los bajos estratos que cruzan el Chile del siglo XX, las marcas textuales y el contexto sobre las motivaciones del protagonista para consumar el delito, hacen de esta novela sea una pieza crítica del funcionamiento de las instituciones y su rol en la sociedad.

El silencio de los malditos (2018). Carlos Pinto, Ediciones Suma, 2018, 384 páginas.

viernes, 8 de junio de 2018

Crítica literaria: Ciudad Berraca (2018) Rodrigo Ramos Bañados



“De pronto unas voces en la calle
me gritaron ¡Negra!
¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!
“¿Soy acaso negra?”- me dije
¡SÍ!
“¿Qué cosa es ser negra?”
¡Negra!”
Me gritaron negra de Victoria Santa Cruz


Si en Pinochet Boys (2016) los personajes se desplegaban en un ambiente atosigante, colmado de trepadores debido a la configuración del modelo económico que se apropia de las relaciones íntimas y sociales. En Ciudad Berraca, quinta novela de Ramos Bañados, habla sobre la migración de personas que huyen de la guerra colombiana y sufren la patriotería chilena.

Al igual que en libros previos, este volumen se instala en Antofagasta, describe los procesos migratorios, y la discriminación de la población local que los concibe gente menesterosa. Justamente, con el omnisciente que desactiva al lector, narra el arriesgado viaje desde Colombia de la familia Parrada Castillo y los tres hijos Jean, Alex y Eyhi. En la figura del hermano mayor se focaliza el relato. En Jean, se alza la esperanza de cambio que en el cotidiano se ve relacionado ante la droga, la violencia y el neonazismo del chileno promedio. Dicha parentela atiende a testimonios de otros inmigrantes, los que señalan que esta borrachera neoliberal, a diferencia de sus propios países, parece ser el paraíso que les permitirá mejorar las necesidades básicas. Es decir, un país que otorga crédito y préstamos a personas que lo solicitan –da igual si puede pagarlo o no–, salud eficiente, mayor tranquilidad, escuelas grandes y acceso a la universidad, lo que les permite creer la posibilidad de emprender.

 Al llegar, la familia se encuentra con las oportunidades que entrega esta nación. En Los Arenales, parte anexa a la ciudad, llegan las instituciones a procurar asistencia a los migrantes desamparados. Ellos viven en la marginalidad por el hecho de vivir cerca del vertedero de la ciudad, de allí se abastecen de yogures y pollos vencidos, sustraen electricidad de los postes y por ahí pasa el camión aljibe para proveer de agua para tres días. De igual modo, la aglomeración de inmigrantes es tal, que terminan construyendo las casuchas en las laderas de los cerros donde, eventualmente, se producen aluviones. Por otro lado, están las mafias de los narcos que venden coca con veneno para ratas y controlan sectores a punta de balas.

Los medios de comunicación y la educación normada son formas que ordenan la sociedad. Así lo señala el narrador: “Cada tanto los rayados eran borrados con pintura por la municipalidad luego de las cartas tipo denuncia de xenofobia que aparecían en El Mercurio de Antofagasta, el diario que masificaba la manera de pensar de los poderosos.” (11) De esta manera, aparece un discurso crítico sobre el rol social de las instituciones que confunden la tolerancia con la permisibilidad de los discursos pluralistas.

La novela se siembra sobre los Parrada Castillo. A excepción de las religiones, las sectas que imponen la visión de mundo particular a cambio de oportunidad de crecer. De lo anterior, quien lo sufre es Alex, quien destaca por su talento para el futbol y pretende exportarlo a Santiago. En el intertanto, Eyhi, apodada la Niña Bala ya que tiene dentro de su cabeza una bala perdida. Este testimonio que es usufructuado por el padre, permitirá que la familia obtenga los papeles legales cuando salga en las noticias locales.

La pasión por el futbol que despiertan las barras bravas despliega el nacionalismo indecente que sirve de publicidad. La intolerancia racial, a modo de herencia de la dictadura, confluye en un escenario de violencia máxima que abarca toda la ciudad.

Ciudad Berraca confirma la buena prosa de obras anteriores, el tono crudo y sarcástico, la persistencia en visibilizar la xenofobia chilena de las últimas décadas. En este libro es menos punzante, menos abrumador y más pausado en los relatos debido al tipo de narrador elegido, porque convierte al lector en un consumidor de estos temas.
Ciudad Berraca (2018), Rodrigo Ramos Bañados. Alfaguara Ediciones, 145.

domingo, 27 de mayo de 2018

Crítica Literaria: VHS (2017)



El escritor Alberto Fuguet confiesa haber violado a asesora del hogar .


Por Gonzalo Schwenke
Profesor y Crítico Literario.

VHS son las memorias de Alberto Fuguet vinculadas al homoerotismo y su fanatismo por el cine. Esta pasión que apareció en su adolescencia, es relatada durante 426 páginas dividas en nueve capítulos y que simulan las teclas de videocaseteras. En ellas, podemos leer extensos comentarios sobre la industria cinematográfica, biografías de directores, actores, actrices y películas favoritas del autor que dominaron la escena de los setenta y ochenta. En la nota introductoria se hacen explícitos los márgenes en el que se moverá esta obra: la no ficción en tanto campo de la realidad. Hay que indicar que este es el tercer libro en este terreno, No ficción (2015) y Sudor (2016), se distancian la literatura de ficción como Mala onda (1991), Tinta Roja (1998) o Las películas de mi vida (2003). En este volumen, la voz es la del escritor sin intermediarios. Asunto que es confirmado dos veces: “Aún no confiaba en la no ficción, en una voz que pudiera ser creativa y literaria pero no por eso menos real o mía. Primera persona, relato real, confesión.” (18), y a continuación: “Este libro no es una novela ni una ficción anclada en la realidad; es un intento por narrar y articular recuerdos cinéfilos. Son unas memorias.” (22).

Es necesario señalar que la memoria permite recuperar recuerdos y hacer identidad. Por lo mismo, el cine y su identidad sexual, son parte central de la identidad del narrador. En la página 364, Fuguet relata sus primeros pasos en el taller de la SECh, los primeros cuentos influenciados por Bukowsky el entusiasmo que le causó lograr que los compañeros de la Escuela de Periodismo creyeran que era parte de los bajos fondos santiaguinos. Recién ingresado a la universidad y con poca experiencia sexual con el mundo femenino, afirma sin mayor consternación, e incluso de manera anecdótica: “¿Qué sabía de sexo con mujeres? Casi nada, y mis manoseos a prostitutas sin que se me parara o con una empleada doméstica mapuche que Julio Facusse prácticamente me obligó a violar cuando yo tenía quince años y ella no más de dieciocho, me dejaron claro que por ahí no iba la cosa. Las únicas mujeres que podían redimirme tenían que ser extremadamente ricas y sofisticadas e inteligentes todas me parecían inabordables (de ahí su gracia) y estaban lejos y adentro de una pantalla.”

Con la valentía que lo caracteriza, Fuguet, un tipo políticamente incorrecto, da cuenta, con desparpajo, de una violación. Un acto repudiable, realizado por este autor y relatado como no ficción, por tanto “real”. Fuguet, se suma, con esto a la violencia patriarcal sin que se le mueva un pelo.

VHS (unas memorias) (2017) Alberto Fuguet. Random House Ediciones, 426 páginas.

domingo, 20 de mayo de 2018

Crítica Literaria: Contra los hijos (2018) Lina Meruane



Por Gonzalo Schwenke

La maternidad. Aquel deber impuesto a la mujer para con los hijos, representado como máximo horizonte y la invasión de los vástagos en la vida cotidiana de ellas, es el tema de contra los hijos (2018). En este ensayo de 191 páginas, la escritora chilena Lina Meruane analiza críticamente el lugar de las mujeres que atienden la hora biológica y obedecen el orden social. Dirigido, principalmente contra aquellas que anularon sus aspiraciones individuales y buscaron en la maternidad la razón de ser. Contra las que pretendían amarrar al hombre, pero debieron asumir solas educar al crío. Contra las que se convirtieron en madres totales: trabajando tanto fuera como dentro del hogar sin reclamo. Contra aquellos que no asumieron la paternidad y abandonaron su descendencia. Contra los hijos que dejaron de ser una maquinaria económica concreta y hoy en día, dominan el hogar y se transformaron en la familia ideal a modo de imagen de publicitaria.

Meruane, es una de las voces disidentes en el cambio de siglo. Contra los hijos se ubica a su vez, dentro de la tradición ensayista junto a Simone de Beauvoir, Virginia Woolf, Sor Juana Inés de la Cruz, Ngozi Adichie y Diamela Eltit. Intelectuales que han entrado a los espacios públicos para pensarlos e intervenirlos con su discurso.

Para un lector amplio, masivo, escribe Meruane. Su voz inteligente, irónica, cotidiana, considera el lugar de la madre (ocupando todo el espectro del hogar, sin colaboración de ninguna índole y donde son muchos los casos de subordinación con los hijos) como mecanismo de reproducción de la sociedad conservadora y patriarcal, fórmula para anular las voces femeninas. En la lectura, aparecen una treintena de voces de distintas épocas y lugares tales como: Silvina Ocampo, Marta Brunet, Rebecca Solnit, Patrícia Galvão, Gabriela Mistral, Elvira Hernández, Mariana Enríquez, Marguerite Yourcenar, Natalia Ginzburg y un largo etcétera, no solo queda como listado de consulta, sino que como un continuo diálogo de perspectivas literarias, sociales e históricas.

La ausencia del padre es transversal e histórica. El hombre dominando el espacio público, esto es, la política, la economía, lo social, mientras que las mujeres realizan un trabajo sin horarios ni pago por la crianza de estos hijos. La participación del hombre en asuntos del hogar, es apenas actual y esporádica. 

Durante los siete capítulos en que la autora aborda el tema, acude a la tradición liberal de escritoras que instalaron la discusión hace siglos. Ellas, conforman un canon escritural y multiforme, que le permite poner en tela de juicio el lugar de la maternidad. La mujer, entonces, proyectada en los hijos, representa el abandono de la sociedad pública y limitada en su desarrollo profesional e intelectual.

En definitiva, la obra discute las políticas sobre la mujer y que no ha sido debatida abiertamente por la sociedad sin utilizar caricaturas ni reduccionismos mediáticos. De igual modo, el amplio panorama de obras utilizadas para revalidar esta diatriba realza la importancia de su intervención en espacios públicos en momentos en que se discute el aborto legal.


Contra los hijos (2018) Lina Meruane. Random House Mondadori, 191 páginas.

jueves, 26 de octubre de 2017

Crítica Literaria: El futuro es un lugar extraño (2016) Cynthia Rimsky

El futuro es un lugar extraño.
Cynthia Rimsky (Santiago, 1962)
Random House Ediciones, 2016.
178 páginas.


Por Gonzalo Schwenke

La historia de los últimos cincuenta años es particularmente problemática debido a las sangrientas dictaduras impuestas en Latinoamérica, las que han fracturado sociedades en su relación con el pasado y ha conformado dando forma a un trauma que impera actualmente en la sociedad. Los múltiples procesos históricos impulsados por la revolución cubana en 1959 detonaron una serie de movimientos sociales, que derivaron en la intervención de Estados Unidos para someter al dominio capitalista los países del cono sur e instalar de manera violenta la ideología neoliberal para la globalización. En consecuencia las literaturas locales se han hecho cargo de esta coyuntura simbolizando estos daños por medio de la memoria y  tal como señala Leonor Arfuch (2014), han dado dirección a la recuperación del diálogo y sentido ético.
La sexta novela de Cynthia Rimsky (1962), el futuro es un lugar extraño (2016), da cuenta del presente de la periodista Caldini, que transcurre en el momento de crisis y la que el marido –un intelectual en franca retirada– acusa formalmente de abandono del hogar. Mientras se realiza el juicio, prospera la relación con la abogada que la defiende y paralelamente entabla diálogo con ex-presos y orgánicas políticas de resistencia, con quienes colaborará en el proceso de reconstruir el pasado, es decir, desde este olvido emergerá la extrañeza. Allí se revela el ejercicio de la periodista, quien participaba de las revueltas populares contra la dictadura de Pinochet durante 1986 y que darían paso al autoexilio en Nicaragua sin notificar a nadie.
El volumen se posiciona en el campo de la memoria, pero no de una manera rígida sino utilizando el narrador testigo y repetidos flashbacks para generar el puente entre pasado y presente. En este sentido, Beatriz Sarlo indica que el regreso no es siempre un momento liberador del recuerdo, sino un advenimiento, una captura del presente.
En el desarrollo de la obra aparecen diversos elementos que gatillan en la personaje principal volver a recordar momentos almacenados como cuadros de costumbres: “En casa de sus padres usaban atún tipo salmón para rellenar la palta reina”; acto seguido, se relata que “un verano que viajó a Chiloé a visitar a un compañero relegado por la dictadura conoció los verdaderos salmones de carne rosada”. (48) Así, múltiples situaciones cotidianas provocarán la rememoración de un pasado perdido.
De manera intratextual, el relato de los diálogos directos entre Caldini y Zanelli (que contienen rasgos biográficos) permite poner en relieve el valor del testimonio que pretende sostenerse sobre la inmediatez, como señala Beatriz Sarlo (2014), y recuperar aquello perdido por la violencia del poder.
Hay dos cosas relevantes que destacar en esta obra. Primero es, la noción de lo íntimo en tanto cotidiano a modo de construir el testimonio de forma pública, y en segundo orden, la validación de la rememoración de la experiencia y la reivindicación de una dimensión subjetiva. Dichos elementos están subordinados a la búsqueda utópica de los derechos y la verdad, como afirma Beatriz Sarlo (2014). Por lo tanto, la utopía da paso a la posibilidad de dar lenguaje al trauma, es decir, es la necesidad de contar lo vivido, relatar lo que se vive aunque sea como experiencia traumática. Aquí, el diálogo permite que Caldini construya una parte del pasado mediante varias voces y fotografía de aquellos que se quedaron en el país a resistir la dictadura en la condición de estudiantes universitarios.
En el libro encontramos los gestos de la Concertación de partidos para quitar de la sociedad rastros tangibles de los ochentas: “Durante la dictadura, para ir al paseo Bulnes era necesario rodear el altar de la patria, donde ardía la llama eterna de la libertad. En el 2005 quitaron el altar, la llama y los asientos en los que la gente tomaba un descanso”. (35) Este gesto político es apenas maquillaje, pero se mantiene en diversos símbolos todavía dolorosos al no existir la ansiada reconciliación que pasa por enfrentar la verdad. Entonces, los actos de memoria vienen a recuperar lo que en realidad no ha sido reconocido por parte de los victimarios: la tortura, el asesinato y la desaparición sistemática de personas chilenas.

El futuro es un lugar extraño coloca en valía las subjetividades y las experiencias como recuperación biográfica de los personajes, así como la historia mancomunada de una nación que no asimila la violencia y el alto grado de complicidad en todos los estamentos sociales, políticos y económicos para sostener la posición que actualmente exhiben. La incapacidad de subsanar las tropelías militares de manera eficaz hará que las reconstrucciones prevalezcan en las narrativas locales y por otro lado, la pérdida del proyecto social y la entrega impúdica del país a la nueva colonización.

jueves, 31 de agosto de 2017

Crítica Literaria: Historia secreta de Chile III (2017) Jorge Baradit



Historia secreta de Chile III
Jorge Baradit (Valparaíso, 1969)
Penguin Random House Ediciones, 2017.
192 Páginas.

Por Gonzalo Schwenke

La historia chilena está diseñada por los vencedores y por las élites, los que instalan el mito de país en la enseñanza escolar y que está determinada por los intereses propios de clase. La apertura a otras formas de pensamiento es reciente y la intervención en la educación es gradual, esto debido a que los historiadores hacen suya la metodología de investigar, analizar y describir más que proceder a narrar desde sensacional y lo dramático. En tanto, el docente de Historia, Geografía y Ciencias Sociales debe pasar los contenidos en 320 horas anuales.
En relación a la primera entrega de Historia secreta de Chile, el libro problematiza el origen de los símbolos nacionales, corolario de universos esotéricos, y señala que el control político se ejerce desde la penumbra. Mientras en el segundo, el cuestionamiento es hacia la Institución y la enseñanza: la formación del Estado y sus líderes. En la tercera parte, predomina el imaginario de los olvidados o minorías vinculadas con la extrañeza de situaciones relatadas, estas con menos espesor literario que los cuentos de terror de Poe, esto es así, porque se busca una impresión inmediata y obvia, en vez de generar un ambiente que los defina y una prosa rotunda.
El primero de los nueve capítulos que contiene el volumen está situado en la celebración católica del ocho de diciembre de 1863, que significa el fin del mes de María y la distinción de lo masculino y lo femenino en la tierra bajo la tutela del orden celestial. Con la misma voz efectista, lleno de pirotecnia y de cuentacuentos al igual que los libros anteriores, muestra el espectáculo del horror, morbo y religiosidad, por el incendio de la Iglesia de la Compañía de Jesús.
La construcción de los párrafos muchas veces es ambigua, “al igual que la sintaxis y lo semántico” pero cumple con lo mínimo: el intento de disimular la condición burguesa con otros estratos para exhibir los efectos de la convivencia con la masa iletrada. Dicho esto, en secciones se utilizan nombres propios de manera aislada sin ahondar en lo particular del sujeto enunciado, como es el caso de la mención de Ramona Solar o los juicios del arzobispo Raimundo Zisternas, entre otros. Por consiguiente, las erratas son cuantiosas y superan la bibliografía mencionada.
La pésima asimilación de representaciones del pasado y objetos utilitarios modernos, dispuestos en la imagen de la portada de Gabriela Mistral, son transmitidos por la cultura burguesa recientemente impulsada y que encuentran la satisfacción de copiar con variaciones, dejando de lado el trasfondo intelectual. En el mismo sentido, en el capítulo de la autora intervenida, la escritora Marguerite Yourcenar afirma que “la burda curiosidad por la anécdota biográfica es un rasgo de nuestra época, decuplicado por los métodos de una prensa y de unos media que se dirigen a un público que cada vez sabe leer menos.”
Como hemos señalado anteriormente, Jorge Baradit es diseñador y escritor, y emplea la crónica con una escritura de oratoria y paternalista puesto que rinde una antología que agrupa historias para lectores no iniciados, lo que muchas veces no alcanza a desarrollar en plenitud por lo que intenta subsanar por otros medios.
Historia secreta de Chile no plantea transmitir elementos distintos a la historia, sino pensada en la búsqueda de un impacto en beneficio de la industria cultural. De este modo, promover la discusión sobre la historia es la excusa necesaria para alimentar a los lectores, porque ellos no son partícipes de las discusiones sino el objeto de cálculo de la maquinaria correspondiente. Por lo tanto, el gesto de la industria disfrazado de cultura entretenida no es más que la manera de ejecutar la formación de una nueva conciencia de los consumidores. No por nada se ha recurrido a la producción televisiva donde amplía lo que no puede desarrollar en las crónicas.