jueves, 17 de abril de 2025
Congreso de Crítica Literaria Chilena del siglo XXI
lunes, 16 de diciembre de 2024
[Crítica de cine]: Cien años de soledad (2024): Atrapados en el laberinto de los Buendía.
Serie Cien años de soledad
(2024): Atrapados en el laberinto de los Buendía.
Por Gonzalo Schwenke
La reciente adaptación en
formato serie de la novela Cien años de soledad ha provocado varios
murmullos entre el público que ha leído la obra de Gabriel García Márquez. No
vino sola, porque en septiembre, se estrenó la película Pedro Páramo
(2024) basada en la novela de Juan Rulfo. Los momentos del debut son siempre
una caja de resonancia que prepara al público, en este caso, sobre el
imaginario del realismo mágico perteneciente al Boom latinoamericano.
La primera temporada de la serie
contiene ocho capítulos de 60 minutos aproximadamente: desde el casamiento de
los Buendía – Iguarán hasta uno de los regresos del coronel Aureliano Buendía
(Claudio Cataño). La serie es una adaptación que tiene muchas virtudes, un
elenco latinoamericano, recursos para levantar el pueblo, la arquitectura
colombiana del siglo XIX y XX, el bar de Catarino, los diseños de las épocas,
los vestuarios y la supuesta impresión de que está apegada al libro. Sin
embargo, esta empresa tiene puntos débiles en su práctica ejecutiva. Me refiero
a la necesidad de diferenciar dos ritmos: lo literario y lo audiovisual para el
streaming.
En el ámbito literario, los
lectores marcan su interpretación; la experiencia personal y las emociones
sirven para asimilar y percibir la información. Lo audiovisual entrega una
experiencia de consumo pasivo determinada por los directores. En este aspecto,
nos encontramos con capítulos que son homogéneos en la estructura episódica,
porque carece de tensión. En el libro, la reaparición de Melquíades (Moreno
Borja) era una bocanada de frescura y de embrujo para José Arcadio Buendía
(Diego Vásquez) y lo mismo sucede con Remedios Moscote transitando por la casa
de los Buendía. Estos aspectos no se reflexionan en su amplia dimensión y provoca
que lo visto sea plano. Dicho de otro modo, los sujetos no se distinguen ni
profundizan, por lo que, no quedan en el recuerdo del espectador.
Uno de los personajes exhibidos de
manera deficiente es Arcadio (Édgar Vittorino), él tiene un hijo con Pilar
Ternera (Viña Machado) y, tan pronto lo sabe, se va con los gitanos hasta
volver tiempo después con otro ímpetu. Cuando desaparece, su actitud es de un
joven aletargado; a su regreso exuda viajes y erotismo. Tan pronto conoce a
Rebeca (Akima Maldonado) la conexión es inmediata y la serie se encarga de
mostrar la pasión. Pero no está presente aquella línea argumental que dice
sobre la fogosa relación desencadena la reproducción desaforada de los
animales. En la novela se cuenta sobre las fiestas durante toda la noche y el
despilfarro pertinente. En este caso, se privilegió la figura del José Arcadio,
que vive del alquiler de tierras y el pago de impuestos con su hijo no
reconocido Arcadio, en vez del alboroto y la juerga sin cesar. Entonces, la
dirección le quita no solo el brillo a esta figura, también lo sobrenatural que
es parte del paisaje. No hay nada mejor que un melodrama que venda más, que el sino
trágico de los Buendía.
Lo que sí da cuenta, es la
fuerza y vitalidad de Úrsula (Marleyda Soto Ríos) que administra la casa cuando
el patriarca queda relegado o amarrado bajo el castaño. La valiosa figura de
Úrsula nos permite encariñarnos con su fortaleza, sus decisiones y temores
frente a las decisiones de sus hijos. De igual forma, una de las mejores
expresiones en la serie es la muerte de José Arcadio Buendía, quien en su
estado de locura rompe con los tiempos y visita distintos hechos del pasado y
futuro de la Familia Buendía Iguarán.
A la espera de la segunda
temporada anunciada para junio del 2025, la primera parte de Cien años de
soledad (2024) de los directores Rodrigo García, Alex García López y Laura
Mora Ortega entra a un laberinto del que no sale airoso. Fundamentalmente,
cuando se trata de capturar la esencia del realismo mágico, la complejidad de
los protagonistas y tramas de Macondo. La dirección asume que el público está
familiarizado con la novela y no se toman el tiempo necesario para explicar
ciertos detalles. Por eso, es necesario preguntarse, cuánto hay que ceder de la
obra literaria para el tipo de formato a desarrollar, sin atentar con la
esencia de la obra de arte.
Ficha
técnica
Cien
años de soledad (2024)
Dirección:
Rodrigo García, Alex García López, Laura Mora Ortega
Guion:
José Rivera, María Camila Arias, Camila Bruges, Albatros González, Natalia
Santa.
Novela:
Gabriel García Márquez
Fotografía:
Paulo Pérez, María Sarasvati Herrera
Compañías:
Coproducción Colombia-Estados Unidos; Netflix, Dynamo Producciones.
Productor:
Rodrigo García.
Distribuidora:
Netflix.-
domingo, 16 de julio de 2023
Reseña: "El adn del patriarcado" (2021) de Vieyra Poseck
El ADN del Patriarcado (Cuarto Propio, 2022) del ecléctico Jaime Vieyra Poseck busca abrir una vertiente de discusión mediante la antropología del patriarcado. Este análisis llamado la Teoría del Sistema Androcéntrico-Patriarcal (TSA-P) está refrendado por más de treinta referencias bibliográficas en cada uno de los seis capítulos y busca comprender en diversos aspectos tanto históricos, estadísticos, sociológicos y/o contextuales en la sociedad chilena sobre estos niveles de violencia de asimetría interpersonales.
El primer capítulo “Sistema sexo/género y su violencia machista contra la mujer” constituye una monografía para comprender conceptos a desarrollar en esta investigación tanto para la esfera pública-laboral y brecha salarial como en la esfera doméstica. En el segundo capítulo “El poder de ‘aquella espantosa cosa monstruosa’. Análisis literario de Mascarada, de Juan Carlos Onetti” es un estudio literario de fondo y forma de la obra con perspectiva de género. En el tercer capítulo “La mujer chilena en el aparato ideológico formal y simbólico: ¿santas o prostitutas?”, explica la temática la penalización del aborto con datos hasta el 2020 y analiza el potencial simbólico del marianismo en Chile. En el cuarto capítulo, emerge la discusión sobre el libro Perfiles revelados. Historia de mujeres en Chile, disponible en internet. Según el autor “pretende corregir tanto la ausencia como la tergiversación de la mujer en la historiografía chilena” y concluye que existe una insistencia en utilizar la esfera pública dominada por el poder androcéntrico a diferencia de la esfera doméstica. La intención del autor es un tema problemático, porque es en la calle y las representaciones públicas, un lugar en permanente visibilidad y de disputa a una serie de demandas de lo femenino y las comunidades lgbtqia+. En consecuencia, la crítica que se intenta ejemplificar, debido a que las historiadoras se sitúan en lo androcéntrico, es errónea. Basado en el índice de la obra cuestionada, las autoras reflejan una progresión para la emancipación de la mujer. En el capítulo quinto “Mujeres chilenas en Suecia: ¿sumisión o emancipación?”, se evidencia trabajo de campo en 261 chilenas exiliadas en Suecia. Este proceso de adaptación comprueba que el Estado sueco dispone de una infraestructura en el que ellas pueden ingresar al mercado laboral y colabora en el camino emancipatorio, a diferencia del Chile de finales de la década del ochenta, donde el contexto histórico cultural todavía está embargado. Por último, en el capítulo sexto “Sistema de violencia machista y de género” parte de la base de que la violencia es estructural, afectando a todo el espectro social y las formas de relacionarse. Así, investiga desde una situación macroestructural con perspectiva de género exponiendo temáticas sobre la violencia hegemónica y estructural machista precisamente en cuestiones como la violencia del padre contra las hijas, la violencia machista contra otros hombres, violencia machista del hombre contra sí mismo, la violencia machista contra las minorías sexuales. Por otro lado, está la violencia machista de género detallado en la violencia machista doméstica de género, el femicidio, el acoso sexual machista de género en espacios públicos, la violencia machista de género en el pololeo o noviazgo y finalmente, la Red social como vehículo del maltrato machista de género.
El objetivo del estudio tiende a ser confuso según lo que señala el autor. Mientras en medios de comunicación señala: “La finalidad de este libro es sacar la problemática del género de las aulas académicas”; en el volumen aspira ser “una herramienta didáctica de divulgación científica”. En todo caso, el lector debe dominar un lenguaje técnico y academicista para comprender ciertos conceptos previos al que viene a problematizar, porque también contiene un procedimiento en el que reconocer, analizar y evaluar diversas formas de vida dominadas por el machismo.
Este proyecto exhibe antecedentes de múltiples violencias machistas y machista de género basados en argumentos estadísticos en que las personas se desenvuelven en espacios públicos y privado, porque la idea de Vieyra es demostrar que ciertos tipos de relaciones se tornan tóxicas y atentan con lo esencial de la sociedad que son la igualdad, la justicia y la democracia tanto en el trabajo como en el hogar. Por lo que sería interesante que todos aquellos estudiosos que utilizan teoría feminista no se queden en la escritura sino que tengan la capacidad de desarmar lógica que suelen denunciar, comenzando por los emisarios.
El ADN del Patriarcado, Jaime Vieyra Poseck, Editorial Cuarto propio, 2021, 300 páginas.miércoles, 18 de agosto de 2021
VOCES| Matías Rivas, el editor de UDP: Después de nosotros, no hay más
Para vos, lo peor, es la libertad
Sumo
El
fin de semana apareció una entrevista al editor de UDP, Matías Rivas, por el
fallecimiento del crítico literario Juan Manuel Vial: “El panorama de la
crítica en Chile es desolador”. La evaluación de voces críticas en el medio es
deplorable y menciona, a modo de ejemplo, a dos críticos que escriben
regularmente para la sección Bellas Artes de El Mercurio.
Los
argumentos decadentes, clasistas y amargados de Matías Rivas son insostenibles.
Para él, no existe más crítica literaria que aquella sometida al mercado,
instaurando falsas ideas de exitismo y la probable valoración fuera del país.
Aquella que es cómplice de las instituciones, con diálogos ambivalentes y
conciliadores. Muy años noventa. Pensarás que en muchas décadas sirvió de algo el
diálogo y la conciliación, cuando los números anunciaban una revuelta. La
verdad es que, tal como tus poemas malos, las columnas en las que citas a
Guattari, Deleuze, Benjamin y teóricos que no entiendes, tal como muestras en
«Minuto a minuto« (2019), no generas pensamiento crítico. Lo que comprueba que
no te hace inteligente ostentar una alta cantidad de libros.
Debería
darte vergüenza el nivel de reflexión que muestras en la entrevista. Torpe,
deficiente y enajenada de lo que está sucediendo. Pensarás que la crítica
obedece a tus grupos, a lo que representas: una cultura caduca,
tradicionalista, “fome y bien charcha”. Aquí el mensaje es claro, y es el mismo
que alguna vez tituló Alberto Fuguet: “llegaron los bárbaros” (2018). Es decir,
no les interesa la literatura más que como un espacio mercantil y, lo más
peligroso, es que la ausencia de pensamiento crítico convierte al lector en
consumidor. De igual modo, “cuando la élite empieza a eliminar la crítica”, la
transforma en servil para las instituciones.
Y
la crítica goza de buena salud, pese a tu ignorancia de crítico de Las Condes
que solo lee El Mercurio y las revistas de los amigos. Está rebosante con
Patricia Espinosa (a quien atacaste en La Segunda, 2015), Lorena Amaro y Lucía
Stecher en la revista Palabra Pública. Publicaciones como La Palabra Quebrada,
Saranchá, Lo Que Leímos, Cine y Literatura, El Circo en Llamas, Origami, La
Calle Passy, Oropel, Letras.msyite, las entrevistas en suplemento KU, Letras en
Línea, entre muchas otras que están apareciendo. Quiéranlo o no, los vaticinios
de Alberto Fuguet, a quien respaldas desde el comité editorial de la revista
Santiago, no se han cumplido: “La labor del crítico-como-profesor o, peor aún,
la figura del crítico-como-perro-guardián, ha terminado” (Revista Santiago,
2018). Mucho menos que la crítica esté pasando por algún tipo de precariedad:
“Estamos en un nivel de analfabetismo funcional demasiado alto, la gente puede
ser profesional pero no entiende nada”.
No
son pocos los interesados en el ejercicio de la crítica, se han generado redes
que no viste venir y existe una rearticulación que no está pasando por los
medios oficiales. Así, desde la formación pedagógica están aumentando las
figuras críticas y generando medios alternativos. Sin embargo, como buen
editor, no habrás leído, porque te parece estridente. Cuando esto ocurre, veo
que prefieres desestimar lo dicho y
subestimar a los/las lectores. No sirve de nada aplicar la vieja confiable de:
“pensé que el contexto de la entrevista era claro (…), “Sí el contexto se
entendiera, no existiría polémica” (sic), (…) no sé qué interferencia hubo”.
Ellos representan el desgaste y el retiro próximo. Germán Marín ya no está.
Famosos eran los cafés con el autor de El palacio de la risa para analizar y
maniatar la realidad literaria o los encuentros con periodistas serviles.
Hace
años dije que era probable escuchar estos balbuceos y delirios de asesores
pertenecientes a los monopolios culturales, debido a una crítica que no les
pareció oportuna. Dicho y hecho, la actual entrevista del palurdo que evalúa el
medio, comprueba que después de ti, está todo pasando. Habrá que acostumbrarse
a los mojigatos y fulastres de la cultura que cada cierto tiempo hacen
pataletas estridentes porque no les alcanza para generar ideas. Si quieres
dialogar y preocuparte sobre la literatura, hablemos mejor sobre la precariedad
estética de tus libros.
Alberto
Fuguet, “llegaron los bárbaros”:
http://revistasantiago.cl/pensamiento/llegaron-los-barbaros/
Matías
Rivas, “el panorama…”
https://www.ex-ante.cl/matias-rivas-el-panorama-de-la-critica-en-chile-es-desolador/
sábado, 29 de agosto de 2020
Crítica literaria: Maldito sea el fruto de tu vientre (2019) Jack Elkyon
Maldito sea el fruto de tu vientre (2019) es un conjunto de doce relatos que se
despliegan en las provincias del sur. En ellos, aparecen personajes comunes, banales,
y con complejos de narcisismo. Estos viven rasguñando en la miseria para
alcanzar un tipo de logro que satisfaga el bienestar individual y señalar las
profundidades de la miseria humana es uno de los puentes fuertes y
transversales de este libro. Sin embargo, en la mayor parte de estos no se
alcanza a desarrollar el ambiente psicológico propio del canon del terror y eso
se explica, en parte, por la brevedad de ellos.
El primero tiene un título creativo: la máquina.
Un empresario inventa un instrumento mecánico para mejorar la producción de
matar cerdos, sin embargo, prontamente el gobierno se hará de la misma para
aniquilar opositores: “El gobierno me pagó una buena suma de dinero. Además, me
dieron en forma exclusiva la concesión de vender todos los jabones que se
produjeran con los cuerpos de ellos ejecutados” (17). De modo, que el
protagonista dentro del realismo sucio exhibe morbosamente su condición de
empresario que busca la asociación sin ningún código para lograr el éxito.
Otro de los cuentos que se perfila bajo el canon del
terror, es “el gato de mis padres”. En la que un ladronzuelo, tras el robo a un
automóvil y posterior, choque queda cuadripléjico. Enseguida, reconocemos el
ejercicio de taller, que es emular a Edgard Allan Poe, pero con características
particulares y sin la capacidad propia de “nevermore”: “el gato maldito. Era de
color negro, con ojos verdes, pelaje corto, cola larga y poco más grande lo
normal” (21). Por esto, la intertextualidad predomina y nunca logra sacudirse
de la misma, aunque se instale una perspectiva cotidiana donde subyace el
delirio con final predecible.
La capacidad de narrar es deslumbrante en el “el
mariscador” cuando uno de los tripulantes de altamar pasa a ser protagonista
sin ser destacado por alguna razón particular: “un hombre, igual a todos los
demás, tomó el canastillo…” (27). Por otro lado, son incontables las erratas y
la falta de prolijidad tanto en puntos finales, nombres propios como “Fontoba”
por la calle Fontova, mayúsculas en sustantivos comunes, y puntos suspensivos
fuera de lugar que no solo me he encontrado en este volumen sino también, en
otros del catálogo de la editorial.
A pesar de esto, dentro de los rescatables es la
narración “sed de poder”, al que le falta homogeneidad en el ritmo de escritura,
pero que observamos un escritor protagonista en clave autoficción, que se
sorprende de la maquinaria política hasta convertirse en cómplice no sin su
cuota sanguinaria. Asimismo, el cuento que le da el título a la obra,
desarrolla la maldición familiar que pesa en el protagonista de origen europeo,
en la que intentará resarcirse, pero el delirio es más fuerte y provocará que
la historia vuelva a comenzar.
En términos generales, Maldito sea el fruto de tu
vientre (2019) son cuentos anodinos, con un ritmo irregular y prácticamente
planos, donde la consigna es dar cuenta de personajes imbuidos en la miseria y
su estética neoliberal. Por lo que refuerza un conjunto de sujetos que siempre
han estado presentes como enfermos sin atención, personas tóxicas, ancianos
empobrecidos o trabajadores explotados. Ante todo, solo falta considerar el
horror mágico como la emergencia de un conjunto de escritores, así como
editoriales que buscan técnicas comerciales catalogadas como “nuevo terror en
Latinoamérica” desde el sur para tener cabida del escenario actual.
Maldito sea el fruto de tu vientre. Jack Elkyon. Austroborea ediciones, 2019, 116
páginas.
Crítica literaria: Zumbido de Emily Dickinson (2019).
Crítica literaria: Campanas de domingo en Emily Dickinson.
Emily Dickinson (1830 - 1886) es una
poeta norteamericana conocida por su obra que es rupturista, en términos
formales, durante la época de la guerra civil. Por décadas, su escritura ha
sido vapuleada, omitida y menospreciada por críticos, estudiosos y grandes
escritores quienes han creado un velo de ignorancia. Sin embargo, con el tiempo
y las luchas sociales, han propiciado otras perspectivas para que sea
reconocida por su propuesta y ha permitido que muchas escritoras contemporáneas
sean influenciadas.
Zumbido (2018) de Emily Dickinson
(Universidad de Valparaíso ediciones) es la traducción realizada por tres
escritores chilenos: Verónica Zondek (con traducciones publicadas de Anne
Carson, Anne Sexton, June Jordan y Derek Walcott), Rodrigo Olavarría (consta a
su haber varios trabajos publicados sobre poetas norteamericanos) y Enrique
Winter (con traducciones de G.K. Chesterton, Philip Larkin, Charles Bernstein y
Susan Howe). Esta edición bilingüe consta de poemas y cartas recogidas desde el
libro más respetuoso y considerada por la escritura de la autora: Emily
Dickinson’s poems, as she preserved them (2016) de Cristiane Miller.
En este volumen que recoge gran
parte de los 1800 poemas escritos. En términos de forma observamos similitudes
con los epigramas y el haikú debido a su extensión breve. La introspección de
los silencios y la observación desde su alcoba dispone a la Naturaleza como uno
de los temas esenciales de los versos e influye en los estados de ánimos de la
escritura. Por cierto, acaba de salir en España un herbario donde se clasifican
400 especies que tenía en su jardín.
El acto de traducir es complejo y
tiene múltiples facetas. En el preludio, Winter aclara el método de trabajo utilizado
entre los integrantes: muchas horas de diálogo, investigación y distanciamiento
con otras traducciones. Es decir, construir una política de traducción se
despliega mediante el respeto y comprensión a los lineamientos originales de la
autora: los guiones separados por espacios, distinguiendo las mayúsculas,
manteniendo el metro, las rimas y las aliteraciones. Por ejemplo: “Hay en
Dickinson un cambio de las reglas del juego: allí donde el lector espera la
ritma, la quita, o bien la hace sentir sin que esté ahí, como en
<<resplandece>> y <<goce>>; allí donde el lector espera
una sílaba, pone dos o ninguna”. Y, por último; “en la poesía de Dickinson hay
a lo menos dos ritmos operando, el de la línea y el de la frase, que no siempre
coinciden, sea por estos quiebres o bien por la suma de encabalgamientos”
afirma el texto.
Biográficamente se le conoce por ser
de las pocas escritoras que dedicó aislarse del mundo y crearse un mundo
interior en su amplia casa de Amherst ubicada en Massachusetts, EE.UU. Abandonó
los ritos religiosos sin dejar de ser creyente y desarrolló una vida austera en
su habitación que le permitía instruirse intelectualmente. Dicha resolución se
muestra en una misiva: “Me alegraría que satisfaciera su conveniencia venir tan
lejos hasta Amherst, pero yo no cruzo el terreno de mi padre hacia casa o
pueblo alguno”. Si bien, para muchos sería una tragedia, pero a menudo, recibía
visitas y mantenía correspondencia con regularidad.
Finalmente, la selección de los
mejores poemas en Zumbido por parte de traductores de experiencia,
coloca en un lugar importante en la poesía de habla hispana. Además, vindica —
por supuesto — el hermetismo, salta la barrera de la censura, los paternalismos
de género, para descubrir las particularidades del material poético.
Dickinson, Emily. Zumbido. Trad. Rodrigo Olavarría, Enrique Winter y Verónica Zondek. Valparaíso, UV: 2018.
Crítica literario: El Museo de la Bruma (2019) Galo Ghigliotto
Crítica libro: Chile espeluznante
El Museo de la
Bruma (Laurel, 2019) es la novela-artefacto del escritor Galo Ghigliotto
(Valdivia, 1977) que reconstruye una colección histórica de grandes
terratenientes europeos hacendados en la zona de la Patagonia. Este museo ubicado
en Punta Arenas, fue construido en 1945 y quemado en el 2014. Estaba dividido
en tres salas que mostraban las biografías de Julio Popper, un aventurero en
busca de oro; Standartenführer Walter Rauff, ciudadano magallánico; y Bruce
Chatwin, fabulador, explorador y mitógrafo británico, junto a A. P. Millard
investigador de lo extraño, viajero del mundo y coleccionista de rarezas.
Aquí, aparece un trabajo curatorial en la que Ghigliotto
trabaja con distintos registros, piezas rastreadas y recuperadas, que dan
cuenta de una historia tachada. En tanto, el narrador se anula, emergiendo una
voz colectiva que describe el estrago de la supremacía racial, de clase y de países
que se dedican a construir efímeras riquezas a costa de esqueletos.
El blanqueamiento de las narrativas históricas en
consecuencia de una identidad geográfica que se ubica como herramienta de
anulación para las memorias. Y es que, el problema no es que exista y que se
rescate, sino la capacidad de intervención para resituar el horror hegemónico.
Pues nada más tóxico que una Nación incapaz de reconocer y juzgar lo
espeluznante. En Chile, esta situación tiene formas discursivas que son localizables
y el olvido suele ser un síntoma del alarde de impunidad.
La presente novela artefacto emula a la monumental
obra de La Nueva Novela de Juan Luis
Martínez, trabaja con una estructura aleatoria tipo capítulos de Rayuela de Julio Cortázar o los esquemas
similares a la segunda parte de la portentosa novela los detectives salvajes de Roberto Bolaño y en la reconstitución de
escenarios, en los “cuatro cantos funerarios” del poemario Reducciones de Jaime Huenún.
De hecho, realidad y ficción se sitúan como elementos
complementarios, no siendo antagonistas. Porque la reconstrucción de este Museo de la Bruma ha sido parte de
investigación desde cartas como el niño Selk’nam (pieza n°9 ), Gauguin (pieza
n° 224), Otto Bismarck, pinturas o lienzos, fotografías como la aborrecible pieza
N°98 “un atleta fueguino” (1887) o la de niños selk’nam esquilando ovejas,
distintos testimonios, memorándum de la CIA sobre el probable asesoramiento de
Walter Rauff a la DINA en Isla Dawson (Pieza n° 11), rayados callejeros,
facturas por la compra de huesos indígena por parte del Museo Británico,
archivos varios, registros alimenticios de expediciones de Julius Popper, defunciones
de indios en la Misión San Rafael, dientes de oro, recortes de periódicos,
sumarios judiciales, las referencias a otros libros como la recopilación de la
periodista y escritora Virginia Vidal sobre Francisco Coloane quien comenta
sobre los funerales de Rauff con la ilustre visita del escritor que lo despide
con ilustres saludos nazis, entre otros documentos. Uno de los elementos clave
es la capacidad de abrir el libro en cualquier segmento, el tono es trágico, a
veces fantasmagórico, lleno de mitos y leyendas donde el hilo conductor se va
entretejiendo en las voces y herramientas exhibidas.
El Museo de la
Bruma refleja cuan enraizada está la impunidad y que, probablemente está
desde la formación de la República. Entonces, cuando hablamos de “esos otros
tiempos” es precisamente la incapacidad de asimilación y de empatía sobre los
crímenes en que está cimentado el país y continúa produciendo desde las
instituciones. Por último, esta soberbia novela representa la reconstitución de
escena sobre una historia chilena –porque la patria no existe sino vende– que
cambia de piel pero siempre se está comiendo la cola.
El Museo de la Bruma.
Galo Ghigliotto.
Laurel ediciones, 2019, 303 páginas.
Crítica literaria: Llora, corazón (2017) Marisol García
Marisol García (1979) se ha
perfilado como periodista de crónica e investigación sobre música chilena, desarrollando
su trabajo junto a otros expertos en la página web musicapopular.cl. Entre sus
publicaciones destaca Canción Valiente
(2013) un volumen de gran aliento que abarca la canción política y social del
país entre 1960 hasta 1989.
En Llora, corazón. El
latido de la canción cebolla (Catalonia-UDP, 2017) la autora trabaja
con la periodista Nayive Ananías en archivos, y Cristóbal Arriagada junto a Rodrigo
Alarcón en entrevistas. Dicho trabajo son complementarios con datos, consultas,
recuerdos de músicos, productores, escritores, cineastas y familiares, los que
profundizan con las biografías de cantores bohemios parcialmente desconocidos: Ramón
Aguilera, Jorge Farías, Rosamel Araya, Lorenzo Valderrama, y Luis Alberto Martínez.
De esta forma, se van intercalando capítulos asediando el devenir de la música
“cebolla” los que tienen su estrecho vínculo con ritmos de boleros, valses,
rancheras y baladas.
Así, las características de las canciones son, mencionadas
tempranamente en el volumen, el exacerbado sentimentalismo
en las letras y en el canto. Ante esto, probablemente habría que analizar
cuánto de la literatura del Joven Werther se ha deformado hacia lo que
conocemos hoy en día la canción, incluyendo a la bachata dominicana como “amor
de madre” del grupo Aventura y la canción romántica “que lloro” de Sin
Bandera. Este modo sonido ha permitido que su arraigo en sectores populares apele
a las tragedias personales donde hombres han perdido su pilar femenino, siendo
madre o novia. En este sentido, el discurso amoroso de los hombres sostienen
una vorágine de emociones con respecto a un tipo de mujer, a su vez, el sentir
de ellas es similar. En este sentido, carece de dimensión política al no
profundizar el contenido de las letras sangrientas que posibilitan este
accionar. Es decir, quedará a la interpretación del lector
sobre la dimensión de estas letras que contribuyen a resolver el despecho
mediante un acto femicida.
Por otro lado, se evidencia la
diferenciación entre la música cebolla, los valses y los tangos emergiendo una
batería de cantantes (donde se podría rastrear hasta los tiempos de la guerra
por el salitre) distinguidos por la zona geográfica, puesto que en los puertos
de Guayaquil, Lima y Valparaíso eran acaparados por los sellos discográficos,
con Lucho Barrios como máximo estandarte. Pues bien, entre tantos géneros que
estaban relacionados entre sí, apenas se le colocaba el adjetivo para
diferenciarlos en los países como sucedió con el bolero ranchero o el
bolero rockolero.
La canción cebolla tuvo un
alto impacto a mediados del cincuenta al setenta, compartiendo escenario con la
Nueva Ola y la Nueva Canción. Si bien, no tenían ni las redes o los recursos
para llegar al nivel de impacto como si tuvieron los demás, no dejaron de ocupar
los espacios disponibles. Por lo que, en años posteriores su popularidad fue
menguando radicándose en sectores precarios o parcialmente marginales como las
quintas de recreo, prostíbulos o la bohemia porteña.
A mediados de la década del
sesenta, no eran los mejores días para la canción cebolla, apretada entre la
Nueva Ola y la Nueva Canción, estos boleros de fatalidad amorosa eran
rápidamente batallados por los medios de promoción como sello Alerce,
radios programadores y artistas, los que no veían con buenos ojos estas letras
que no hablaba sobre el compromiso con lo que sucedía en el mundo.
Estas canciones consideradas
débiles por mostrar emociones no quitaron que los sellos discográficos como RCA-Víctor,
Odeon, y distintas radios estén dispuestas a grabar y difundir esta música. Sin
embargo, ante el aparente existo tanto la fama como la estabilidad económica
eran ambivalentes. Sobre este asunto, García recoge las palabras del locutor
radial Juan Carlos Gil: “eran un éxito de público pero no de
difusión”. Dando claras señales de las preocupaciones de los medios de consumo
musical, pero que en otros países de habla hispana eran bien aceptados. No es
que en Chile hayan estado ajenos, sino más bien, existían limitantes en
discusión.
La siguiente cita expresa
claramente hacia qué sectores debía continuar desplegándose: “cuando al fin la
cebolla consiguió saltar hacia los espacios amplios de teatros y gimnasios, lo
hizo castigada por la discriminación de una industria de promoción musical”
(41). Esta misma particularidad ha sido el grueso discriminador considerado por
otros músicos expuestos en el libro.
La autora vindica la valentía
de las letras como si el lema callejero actual “con todo sino pa’ qué”
tuviera una larga tradición entre las canciones consideradas cebollas: “quien
es motejado de cursi no sólo no da pie atrás en su expresividad, sino que
incluso la afirma ante cada nuevo desprecio” (62). Como hemos dicho, el
contexto de los discursos separaba las preocupaciones de la vanguardia a un
tipo de Hombre Nuevo cuasi poderoso ajeno a las debilidades emocionales. No
obstante, lo rechazado estaba detrás de la puerta de ellos, y diferencia el
tipo de clases sociales en el sur del continente: “compartir el dolor por el
romance perdido no será un gesto político, pero sí una forma de
colectivización” (63) sentencia García.
El tono de Llora, corazón (2017) busca darle el espacio necesario que debiera
este tipo de música en el universo local, y que ha sido denostada por su
raigambre popular en una población que suele hablar una lengua inculta
informal, pero que no deja de ser transmitida por radios de los pueblos de
provincia. Esa añoranza es utilizada por el mercado y de los productores de
televisión que nos hacen regresar todos los años a los festivales de la
dictadura donde triunfaban Zalo
Reyes, Buddy Richard o José Alfredo Fuente. Los mismos que hoy influencian a
Mon Laferte o Los Vásquez.
García, Marisol. Llora, corazón. El latido de la canción cebolla. Santiago de Chile, Catalonia-Periodismo UDP: 2017.
martes, 20 de agosto de 2019
[Crítica de cine]: Araña (2019) Andrés Wood
Título
Original: Araña
Director:
Andrés Wood
Duración:
120 minutos
Año:
2019
Reparto:
Mercedes Morán, Marcelo Alonso, María Valverde, Felipe Armas, Pedro Fontaine,
Caio Blat, Gabriel Urzúa, Mario Horton, María Gracia Omegna, Jaime Vadell.
|
Gonzalo Schwenke es profesor y crítico literario.











