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jueves, 17 de abril de 2025

Congreso de Crítica Literaria Chilena del siglo XXI

Mi mesa corresponde el 15 de Mayo.

 


El Instituto Interdisciplinario de Estética UC les invita a participar del “Congreso de Crítica Literaria Chilena del siglo XXI” 📚
En un contexto marcado por el repliegue de los discursos críticos, la transformación de los espacios de legitimación y la reformulación del rol del crítico, la crítica literaria se enfrenta hoy a múltiples tensiones. A pesar de estas complejidades, el ejercicio crítico literario persiste y se recompone como una práctica viva, capaz de resistir su propia obsolescencia.
Con la participación de académicos, académicas, periodistas y estudiantes, el objetivo del Congreso es explorar las formas en que se ejerce hoy la crítica literaria en Chile, abriendo un espacio para ensayos teóricos y testimoniales que den cuenta tanto del trabajo académico como de las experiencias en prensa u otros espacios públicos.
🗓️ Miércoles y jueves del 07 de mayo al 05 de junio de 2025.
🕐 18:00 hrs.
📍 Instituto Interdisciplinario de Estética UC, Campus Oriente, Av. Jaime Guzmán Errázuriz 3300.
👁️ Actividad presencial, gratuita y sin previa inscripción.
📌 Durante los próximos días estaremos compartiendo el programa completo de actividades, con más detalles sobre las mesas, participantes y temas.
¡Les esperamos! 🫶

lunes, 16 de diciembre de 2024

[Crítica de cine]: Cien años de soledad (2024): Atrapados en el laberinto de los Buendía.

 


Serie Cien años de soledad (2024): Atrapados en el laberinto de los Buendía.

Por Gonzalo Schwenke

La reciente adaptación en formato serie de la novela Cien años de soledad ha provocado varios murmullos entre el público que ha leído la obra de Gabriel García Márquez. No vino sola, porque en septiembre, se estrenó la película Pedro Páramo (2024) basada en la novela de Juan Rulfo. Los momentos del debut son siempre una caja de resonancia que prepara al público, en este caso, sobre el imaginario del realismo mágico perteneciente al Boom latinoamericano.

La primera temporada de la serie contiene ocho capítulos de 60 minutos aproximadamente: desde el casamiento de los Buendía – Iguarán hasta uno de los regresos del coronel Aureliano Buendía (Claudio Cataño). La serie es una adaptación que tiene muchas virtudes, un elenco latinoamericano, recursos para levantar el pueblo, la arquitectura colombiana del siglo XIX y XX, el bar de Catarino, los diseños de las épocas, los vestuarios y la supuesta impresión de que está apegada al libro. Sin embargo, esta empresa tiene puntos débiles en su práctica ejecutiva. Me refiero a la necesidad de diferenciar dos ritmos: lo literario y lo audiovisual para el streaming.

En el ámbito literario, los lectores marcan su interpretación; la experiencia personal y las emociones sirven para asimilar y percibir la información. Lo audiovisual entrega una experiencia de consumo pasivo determinada por los directores. En este aspecto, nos encontramos con capítulos que son homogéneos en la estructura episódica, porque carece de tensión. En el libro, la reaparición de Melquíades (Moreno Borja) era una bocanada de frescura y de embrujo para José Arcadio Buendía (Diego Vásquez) y lo mismo sucede con Remedios Moscote transitando por la casa de los Buendía. Estos aspectos no se reflexionan en su amplia dimensión y provoca que lo visto sea plano. Dicho de otro modo, los sujetos no se distinguen ni profundizan, por lo que, no quedan en el recuerdo del espectador.

Uno de los personajes exhibidos de manera deficiente es Arcadio (Édgar Vittorino), él tiene un hijo con Pilar Ternera (Viña Machado) y, tan pronto lo sabe, se va con los gitanos hasta volver tiempo después con otro ímpetu. Cuando desaparece, su actitud es de un joven aletargado; a su regreso exuda viajes y erotismo. Tan pronto conoce a Rebeca (Akima Maldonado) la conexión es inmediata y la serie se encarga de mostrar la pasión. Pero no está presente aquella línea argumental que dice sobre la fogosa relación desencadena la reproducción desaforada de los animales. En la novela se cuenta sobre las fiestas durante toda la noche y el despilfarro pertinente. En este caso, se privilegió la figura del José Arcadio, que vive del alquiler de tierras y el pago de impuestos con su hijo no reconocido Arcadio, en vez del alboroto y la juerga sin cesar. Entonces, la dirección le quita no solo el brillo a esta figura, también lo sobrenatural que es parte del paisaje. No hay nada mejor que un melodrama que venda más, que el sino trágico de los Buendía.

Lo que sí da cuenta, es la fuerza y vitalidad de Úrsula (Marleyda Soto Ríos) que administra la casa cuando el patriarca queda relegado o amarrado bajo el castaño. La valiosa figura de Úrsula nos permite encariñarnos con su fortaleza, sus decisiones y temores frente a las decisiones de sus hijos. De igual forma, una de las mejores expresiones en la serie es la muerte de José Arcadio Buendía, quien en su estado de locura rompe con los tiempos y visita distintos hechos del pasado y futuro de la Familia Buendía Iguarán.

A la espera de la segunda temporada anunciada para junio del 2025, la primera parte de Cien años de soledad (2024) de los directores Rodrigo García, Alex García López y Laura Mora Ortega entra a un laberinto del que no sale airoso. Fundamentalmente, cuando se trata de capturar la esencia del realismo mágico, la complejidad de los protagonistas y tramas de Macondo. La dirección asume que el público está familiarizado con la novela y no se toman el tiempo necesario para explicar ciertos detalles. Por eso, es necesario preguntarse, cuánto hay que ceder de la obra literaria para el tipo de formato a desarrollar, sin atentar con la esencia de la obra de arte.

Ficha técnica

Cien años de soledad (2024)

Dirección: Rodrigo García, Alex García López, Laura Mora Ortega

Guion: José Rivera, María Camila Arias, Camila Bruges, Albatros González, Natalia Santa.

Novela: Gabriel García Márquez

Fotografía: Paulo Pérez, María Sarasvati Herrera

Compañías: Coproducción Colombia-Estados Unidos; Netflix, Dynamo Producciones.

Productor: Rodrigo García.

Distribuidora: Netflix.-

domingo, 16 de julio de 2023

Reseña: "El adn del patriarcado" (2021) de Vieyra Poseck



 El ADN del Patriarcado (Cuarto Propio, 2022) del ecléctico Jaime Vieyra Poseck busca abrir una vertiente de discusión mediante la antropología del patriarcado. Este análisis llamado la Teoría del Sistema Androcéntrico-Patriarcal (TSA-P) está refrendado por más de treinta referencias bibliográficas en cada uno de los seis capítulos y busca comprender en diversos aspectos tanto históricos, estadísticos, sociológicos y/o contextuales en la sociedad chilena sobre estos niveles de violencia de asimetría interpersonales.

El primer capítulo “Sistema sexo/género y su violencia machista contra la mujer” constituye una monografía para comprender conceptos a desarrollar en esta investigación tanto para la esfera pública-laboral y brecha salarial como en la esfera doméstica. En el segundo capítulo “El poder de ‘aquella espantosa cosa monstruosa’. Análisis literario de Mascarada, de Juan Carlos Onetti” es un estudio literario de fondo y forma de la obra con perspectiva de género. En el tercer capítulo “La mujer chilena en el aparato ideológico formal y simbólico: ¿santas o prostitutas?”, explica la temática la penalización del aborto con datos hasta el 2020 y analiza el potencial simbólico del marianismo en Chile. En el cuarto capítulo, emerge la discusión sobre el libro Perfiles revelados. Historia de mujeres en Chile, disponible en internet. Según el autor “pretende corregir tanto la ausencia como la tergiversación de la mujer en la historiografía chilena” y concluye que existe una insistencia en utilizar la esfera pública dominada por el poder androcéntrico a diferencia de la esfera doméstica. La intención del autor es un tema problemático, porque es en la calle y las representaciones públicas, un lugar en permanente visibilidad y de disputa a una serie de demandas de lo femenino y las comunidades lgbtqia+. En consecuencia, la crítica que se intenta ejemplificar, debido a que las historiadoras se sitúan en lo androcéntrico, es errónea. Basado en el índice de la obra cuestionada, las autoras reflejan una progresión para la emancipación de la mujer. En el capítulo quinto “Mujeres chilenas en Suecia: ¿sumisión o emancipación?”, se evidencia trabajo de campo en 261 chilenas exiliadas en Suecia. Este proceso de adaptación comprueba que el Estado sueco dispone de una infraestructura en el que ellas pueden ingresar al mercado laboral y colabora en el camino emancipatorio, a diferencia del Chile de finales de la década del ochenta, donde el contexto histórico cultural todavía está embargado. Por último, en el capítulo sexto “Sistema de violencia machista y de género” parte de la base de que la violencia es estructural, afectando a todo el espectro social y las formas de relacionarse. Así, investiga desde una situación macroestructural con perspectiva de género exponiendo temáticas sobre la violencia hegemónica y estructural machista precisamente en cuestiones como la violencia del padre contra las hijas, la violencia machista contra otros hombres, violencia machista del hombre contra sí mismo, la violencia machista contra las minorías sexuales. Por otro lado, está la violencia machista de género detallado en la violencia machista doméstica de género, el femicidio, el acoso sexual machista de género en espacios públicos, la violencia machista de género en el pololeo o noviazgo y finalmente, la Red social como vehículo del maltrato machista de género.

El objetivo del estudio tiende a ser confuso según lo que señala el autor. Mientras en medios de comunicación señala: “La finalidad de este libro es sacar la problemática del género de las aulas académicas”; en el volumen aspira ser “una herramienta didáctica de divulgación científica”. En todo caso, el lector debe dominar un lenguaje técnico y academicista para comprender ciertos conceptos previos al que viene a problematizar, porque también contiene un procedimiento en el que reconocer, analizar y evaluar diversas formas de vida dominadas por el machismo.

Este proyecto exhibe antecedentes de múltiples violencias machistas y machista de género basados en argumentos estadísticos en que las personas se desenvuelven en  espacios públicos y privado, porque la idea de Vieyra es demostrar que ciertos tipos de relaciones se tornan tóxicas y atentan con lo esencial de la sociedad que son la igualdad, la justicia y la democracia tanto en el trabajo como en el hogar. Por lo que sería interesante que todos aquellos estudiosos que utilizan teoría feminista no se queden en la escritura sino que tengan la capacidad de desarmar lógica que suelen denunciar, comenzando por los emisarios.

El ADN del Patriarcado, Jaime Vieyra Poseck, Editorial Cuarto propio, 2021, 300 páginas.

miércoles, 18 de agosto de 2021

VOCES| Matías Rivas, el editor de UDP: Después de nosotros, no hay más



Para vos, lo peor, es la libertad

Sumo

 

El fin de semana apareció una entrevista al editor de UDP, Matías Rivas, por el fallecimiento del crítico literario Juan Manuel Vial: “El panorama de la crítica en Chile es desolador”. La evaluación de voces críticas en el medio es deplorable y menciona, a modo de ejemplo, a dos críticos que escriben regularmente para la sección Bellas Artes de El Mercurio.

 

Los argumentos decadentes, clasistas y amargados de Matías Rivas son insostenibles. Para él, no existe más crítica literaria que aquella sometida al mercado, instaurando falsas ideas de exitismo y la probable valoración fuera del país. Aquella que es cómplice de las instituciones, con diálogos ambivalentes y conciliadores. Muy años noventa. Pensarás que en muchas décadas sirvió de algo el diálogo y la conciliación, cuando los números anunciaban una revuelta. La verdad es que, tal como tus poemas malos, las columnas en las que citas a Guattari, Deleuze, Benjamin y teóricos que no entiendes, tal como muestras en «Minuto a minuto« (2019), no generas pensamiento crítico. Lo que comprueba que no te hace inteligente ostentar una alta cantidad de libros.

 

Debería darte vergüenza el nivel de reflexión que muestras en la entrevista. Torpe, deficiente y enajenada de lo que está sucediendo. Pensarás que la crítica obedece a tus grupos, a lo que representas: una cultura caduca, tradicionalista, “fome y bien charcha”. Aquí el mensaje es claro, y es el mismo que alguna vez tituló Alberto Fuguet: “llegaron los bárbaros” (2018). Es decir, no les interesa la literatura más que como un espacio mercantil y, lo más peligroso, es que la ausencia de pensamiento crítico convierte al lector en consumidor. De igual modo, “cuando la élite empieza a eliminar la crítica”, la transforma en servil para las instituciones.

 

Y la crítica goza de buena salud, pese a tu ignorancia de crítico de Las Condes que solo lee El Mercurio y las revistas de los amigos. Está rebosante con Patricia Espinosa (a quien atacaste en La Segunda, 2015), Lorena Amaro y Lucía Stecher en la revista Palabra Pública. Publicaciones como La Palabra Quebrada, Saranchá, Lo Que Leímos, Cine y Literatura, El Circo en Llamas, Origami, La Calle Passy, Oropel, Letras.msyite, las entrevistas en suplemento KU, Letras en Línea, entre muchas otras que están apareciendo. Quiéranlo o no, los vaticinios de Alberto Fuguet, a quien respaldas desde el comité editorial de la revista Santiago, no se han cumplido: “La labor del crítico-como-profesor o, peor aún, la figura del crítico-como-perro-guardián, ha terminado” (Revista Santiago, 2018). Mucho menos que la crítica esté pasando por algún tipo de precariedad: “Estamos en un nivel de analfabetismo funcional demasiado alto, la gente puede ser profesional pero no entiende nada”.

 

No son pocos los interesados en el ejercicio de la crítica, se han generado redes que no viste venir y existe una rearticulación que no está pasando por los medios oficiales. Así, desde la formación pedagógica están aumentando las figuras críticas y generando medios alternativos. Sin embargo, como buen editor, no habrás leído, porque te parece estridente. Cuando esto ocurre, veo que prefieres  desestimar lo dicho y subestimar a los/las lectores. No sirve de nada aplicar la vieja confiable de: “pensé que el contexto de la entrevista era claro (…), “Sí el contexto se entendiera, no existiría polémica” (sic), (…) no sé qué interferencia hubo”. Ellos representan el desgaste y el retiro próximo. Germán Marín ya no está. Famosos eran los cafés con el autor de El palacio de la risa para analizar y maniatar la realidad literaria o los encuentros con periodistas serviles.

 

Hace años dije que era probable escuchar estos balbuceos y delirios de asesores pertenecientes a los monopolios culturales, debido a una crítica que no les pareció oportuna. Dicho y hecho, la actual entrevista del palurdo que evalúa el medio, comprueba que después de ti, está todo pasando. Habrá que acostumbrarse a los mojigatos y fulastres de la cultura que cada cierto tiempo hacen pataletas estridentes porque no les alcanza para generar ideas. Si quieres dialogar y preocuparte sobre la literatura, hablemos mejor sobre la precariedad estética de tus libros.


Alberto Fuguet, “llegaron los bárbaros”:

http://revistasantiago.cl/pensamiento/llegaron-los-barbaros/

Matías Rivas, “el panorama…”

https://www.ex-ante.cl/matias-rivas-el-panorama-de-la-critica-en-chile-es-desolador/

sábado, 29 de agosto de 2020

Crítica literaria: Maldito sea el fruto de tu vientre (2019) Jack Elkyon

 


Maldito sea el fruto de tu vientre (2019) es un conjunto de doce relatos que se despliegan en las provincias del sur. En ellos, aparecen personajes comunes, banales, y con complejos de narcisismo. Estos viven rasguñando en la miseria para alcanzar un tipo de logro que satisfaga el bienestar individual y señalar las profundidades de la miseria humana es uno de los puentes fuertes y transversales de este libro. Sin embargo, en la mayor parte de estos no se alcanza a desarrollar el ambiente psicológico propio del canon del terror y eso se explica, en parte, por la brevedad de ellos.

El primero tiene un título creativo: la máquina. Un empresario inventa un instrumento mecánico para mejorar la producción de matar cerdos, sin embargo, prontamente el gobierno se hará de la misma para aniquilar opositores: “El gobierno me pagó una buena suma de dinero. Además, me dieron en forma exclusiva la concesión de vender todos los jabones que se produjeran con los cuerpos de ellos ejecutados” (17). De modo, que el protagonista dentro del realismo sucio exhibe morbosamente su condición de empresario que busca la asociación sin ningún código para lograr el éxito.

Otro de los cuentos que se perfila bajo el canon del terror, es “el gato de mis padres”. En la que un ladronzuelo, tras el robo a un automóvil y posterior, choque queda cuadripléjico. Enseguida, reconocemos el ejercicio de taller, que es emular a Edgard Allan Poe, pero con características particulares y sin la capacidad propia de “nevermore”: “el gato maldito. Era de color negro, con ojos verdes, pelaje corto, cola larga y poco más grande lo normal” (21). Por esto, la intertextualidad predomina y nunca logra sacudirse de la misma, aunque se instale una perspectiva cotidiana donde subyace el delirio con final predecible.

La capacidad de narrar es deslumbrante en el “el mariscador” cuando uno de los tripulantes de altamar pasa a ser protagonista sin ser destacado por alguna razón particular: “un hombre, igual a todos los demás, tomó el canastillo…” (27). Por otro lado, son incontables las erratas y la falta de prolijidad tanto en puntos finales, nombres propios como “Fontoba” por la calle Fontova, mayúsculas en sustantivos comunes, y puntos suspensivos fuera de lugar que no solo me he encontrado en este volumen sino también, en otros del catálogo de la editorial.

A pesar de esto, dentro de los rescatables es la narración “sed de poder”, al que le falta homogeneidad en el ritmo de escritura, pero que observamos un escritor protagonista en clave autoficción, que se sorprende de la maquinaria política hasta convertirse en cómplice no sin su cuota sanguinaria. Asimismo, el cuento que le da el título a la obra, desarrolla la maldición familiar que pesa en el protagonista de origen europeo, en la que intentará resarcirse, pero el delirio es más fuerte y provocará que la historia vuelva a comenzar.

En términos generales, Maldito sea el fruto de tu vientre (2019) son cuentos anodinos, con un ritmo irregular y prácticamente planos, donde la consigna es dar cuenta de personajes imbuidos en la miseria y su estética neoliberal. Por lo que refuerza un conjunto de sujetos que siempre han estado presentes como enfermos sin atención, personas tóxicas, ancianos empobrecidos o trabajadores explotados. Ante todo, solo falta considerar el horror mágico como la emergencia de un conjunto de escritores, así como editoriales que buscan técnicas comerciales catalogadas como “nuevo terror en Latinoamérica” desde el sur para tener cabida del escenario actual.

Maldito sea el fruto de tu vientre. Jack Elkyon. Austroborea ediciones, 2019, 116 páginas.

Crítica literaria: Zumbido de Emily Dickinson (2019).






Crítica literaria: Campanas de domingo en Emily Dickinson.

  

Emily Dickinson (1830 - 1886) es una poeta norteamericana conocida por su obra que es rupturista, en términos formales, durante la época de la guerra civil. Por décadas, su escritura ha sido vapuleada, omitida y menospreciada por críticos, estudiosos y grandes escritores quienes han creado un velo de ignorancia. Sin embargo, con el tiempo y las luchas sociales, han propiciado otras perspectivas para que sea reconocida por su propuesta y ha permitido que muchas escritoras contemporáneas sean influenciadas.

Zumbido (2018) de Emily Dickinson (Universidad de Valparaíso ediciones) es la traducción realizada por tres escritores chilenos: Verónica Zondek (con traducciones publicadas de Anne Carson, Anne Sexton, June Jordan y Derek Walcott), Rodrigo Olavarría (consta a su haber varios trabajos publicados sobre poetas norteamericanos) y Enrique Winter (con traducciones de G.K. Chesterton, Philip Larkin, Charles Bernstein y Susan Howe). Esta edición bilingüe consta de poemas y cartas recogidas desde el libro más respetuoso y considerada por la escritura de la autora: Emily Dickinson’s poems, as she preserved them (2016) de Cristiane Miller.

En este volumen que recoge gran parte de los 1800 poemas escritos. En términos de forma observamos similitudes con los epigramas y el haikú debido a su extensión breve. La introspección de los silencios y la observación desde su alcoba dispone a la Naturaleza como uno de los temas esenciales de los versos e influye en los estados de ánimos de la escritura. Por cierto, acaba de salir en España un herbario donde se clasifican 400 especies que tenía en su jardín.

El acto de traducir es complejo y tiene múltiples facetas. En el preludio, Winter aclara el método de trabajo utilizado entre los integrantes: muchas horas de diálogo, investigación y distanciamiento con otras traducciones. Es decir, construir una política de traducción se despliega mediante el respeto y comprensión a los lineamientos originales de la autora: los guiones separados por espacios, distinguiendo las mayúsculas, manteniendo el metro, las rimas y las aliteraciones. Por ejemplo: “Hay en Dickinson un cambio de las reglas del juego: allí donde el lector espera la ritma, la quita, o bien la hace sentir sin que esté ahí, como en <<resplandece>> y <<goce>>; allí donde el lector espera una sílaba, pone dos o ninguna”. Y, por último; “en la poesía de Dickinson hay a lo menos dos ritmos operando, el de la línea y el de la frase, que no siempre coinciden, sea por estos quiebres o bien por la suma de encabalgamientos” afirma el texto.

Biográficamente se le conoce por ser de las pocas escritoras que dedicó aislarse del mundo y crearse un mundo interior en su amplia casa de Amherst ubicada en Massachusetts, EE.UU. Abandonó los ritos religiosos sin dejar de ser creyente y desarrolló una vida austera en su habitación que le permitía instruirse intelectualmente. Dicha resolución se muestra en una misiva: “Me alegraría que satisfaciera su conveniencia venir tan lejos hasta Amherst, pero yo no cruzo el terreno de mi padre hacia casa o pueblo alguno”. Si bien, para muchos sería una tragedia, pero a menudo, recibía visitas y mantenía correspondencia con regularidad.

Finalmente, la selección de los mejores poemas en Zumbido por parte de traductores de experiencia, coloca en un lugar importante en la poesía de habla hispana. Además, vindica — por supuesto — el hermetismo, salta la barrera de la censura, los paternalismos de género, para descubrir las particularidades del material poético.

 

Dickinson, Emily. Zumbido. Trad. Rodrigo Olavarría, Enrique Winter y Verónica Zondek. Valparaíso, UV: 2018.

Crítica literario: El Museo de la Bruma (2019) Galo Ghigliotto

 


Crítica libro: Chile espeluznante

El Museo de la Bruma (Laurel, 2019) es la novela-artefacto del escritor Galo Ghigliotto (Valdivia, 1977) que reconstruye una colección histórica de grandes terratenientes europeos hacendados en la zona de la Patagonia. Este museo ubicado en Punta Arenas, fue construido en 1945 y quemado en el 2014. Estaba dividido en tres salas que mostraban las biografías de Julio Popper, un aventurero en busca de oro; Standartenführer Walter Rauff, ciudadano magallánico; y Bruce Chatwin, fabulador, explorador y mitógrafo británico, junto a A. P. Millard investigador de lo extraño, viajero del mundo y coleccionista de rarezas.

Aquí, aparece un trabajo curatorial en la que Ghigliotto trabaja con distintos registros, piezas rastreadas y recuperadas, que dan cuenta de una historia tachada. En tanto, el narrador se anula, emergiendo una voz colectiva que describe el estrago de la supremacía racial, de clase y de países que se dedican a construir efímeras riquezas a costa de esqueletos.

El blanqueamiento de las narrativas históricas en consecuencia de una identidad geográfica que se ubica como herramienta de anulación para las memorias. Y es que, el problema no es que exista y que se rescate, sino la capacidad de intervención para resituar el horror hegemónico. Pues nada más tóxico que una Nación incapaz de reconocer y juzgar lo espeluznante. En Chile, esta situación tiene formas discursivas que son localizables y el olvido suele ser un síntoma del alarde de impunidad.

La presente novela artefacto emula a la monumental obra de La Nueva Novela de Juan Luis Martínez, trabaja con una estructura aleatoria tipo capítulos de Rayuela de Julio Cortázar o los esquemas similares a la segunda parte de la portentosa novela los detectives salvajes de Roberto Bolaño y en la reconstitución de escenarios, en los “cuatro cantos funerarios” del poemario Reducciones de Jaime Huenún.

De hecho, realidad y ficción se sitúan como elementos complementarios, no siendo antagonistas. Porque la reconstrucción de este Museo de la Bruma ha sido parte de investigación desde cartas como el niño Selk’nam (pieza n°9 ), Gauguin (pieza n° 224), Otto Bismarck, pinturas o lienzos, fotografías como la aborrecible pieza N°98 “un atleta fueguino” (1887) o la de niños selk’nam esquilando ovejas, distintos testimonios, memorándum de la CIA sobre el probable asesoramiento de Walter Rauff a la DINA en Isla Dawson (Pieza n° 11), rayados callejeros, facturas por la compra de huesos indígena por parte del Museo Británico, archivos varios, registros alimenticios de expediciones de Julius Popper, defunciones de indios en la Misión San Rafael, dientes de oro, recortes de periódicos, sumarios judiciales, las referencias a otros libros como la recopilación de la periodista y escritora Virginia Vidal sobre Francisco Coloane quien comenta sobre los funerales de Rauff con la ilustre visita del escritor que lo despide con ilustres saludos nazis, entre otros documentos. Uno de los elementos clave es la capacidad de abrir el libro en cualquier segmento, el tono es trágico, a veces fantasmagórico, lleno de mitos y leyendas donde el hilo conductor se va entretejiendo en las voces y herramientas exhibidas.

El Museo de la Bruma refleja cuan enraizada está la impunidad y que, probablemente está desde la formación de la República. Entonces, cuando hablamos de “esos otros tiempos” es precisamente la incapacidad de asimilación y de empatía sobre los crímenes en que está cimentado el país y continúa produciendo desde las instituciones. Por último, esta soberbia novela representa la reconstitución de escena sobre una historia chilena –porque la patria no existe sino vende– que cambia de piel pero siempre se está comiendo la cola.

 

El Museo de la Bruma.

Galo Ghigliotto.

Laurel ediciones, 2019, 303 páginas.

Crítica literaria: Llora, corazón (2017) Marisol García

 

crítica publicada en El Mostrador.


Marisol García (1979) se ha perfilado como periodista de crónica e investigación sobre música chilena, desarrollando su trabajo junto a otros expertos en la página web musicapopular.cl. Entre sus publicaciones destaca Canción Valiente (2013) un volumen de gran aliento que abarca la canción política y social del país entre 1960 hasta 1989.

En Llora, corazón. El latido de la canción cebolla (Catalonia-UDP, 2017) la autora trabaja con la periodista Nayive Ananías en archivos, y Cristóbal Arriagada junto a Rodrigo Alarcón en entrevistas. Dicho trabajo son complementarios con datos, consultas, recuerdos de músicos, productores, escritores, cineastas y familiares, los que profundizan con las biografías de cantores bohemios parcialmente desconocidos: Ramón Aguilera, Jorge Farías, Rosamel Araya, Lorenzo Valderrama, y Luis Alberto Martínez. De esta forma, se van intercalando capítulos asediando el devenir de la música “cebolla” los que tienen su estrecho vínculo con ritmos de boleros, valses, rancheras y baladas.

Así, las características de las canciones son, mencionadas tempranamente en el volumen, el exacerbado sentimentalismo en las letras y en el canto. Ante esto, probablemente habría que analizar cuánto de la literatura del Joven Werther se ha deformado hacia lo que conocemos hoy en día la canción, incluyendo a la bachata dominicana como “amor de madre” del grupo Aventura y la canción romántica “que lloro” de Sin Bandera.  Este modo sonido ha permitido que su arraigo en sectores populares apele a las tragedias personales donde hombres han perdido su pilar femenino, siendo madre o novia. En este sentido, el discurso amoroso de los hombres sostienen una vorágine de emociones con respecto a un tipo de mujer, a su vez, el sentir de ellas es similar. En este sentido, carece de dimensión política al no profundizar el contenido de las letras sangrientas que posibilitan este accionar. Es decir, quedará a la interpretación del lector sobre la dimensión de estas letras que contribuyen a resolver el despecho mediante un acto femicida.

 

Por otro lado, se evidencia la diferenciación entre la música cebolla, los valses y los tangos emergiendo una batería de cantantes (donde se podría rastrear hasta los tiempos de la guerra por el salitre) distinguidos por la zona geográfica, puesto que en los puertos de Guayaquil, Lima y Valparaíso eran acaparados por los sellos discográficos, con Lucho Barrios como máximo estandarte. Pues bien, entre tantos géneros que estaban relacionados entre sí, apenas se le colocaba el adjetivo para diferenciarlos en los países como sucedió con el bolero ranchero o el bolero rockolero.

La canción cebolla tuvo un alto impacto a mediados del cincuenta al setenta, compartiendo escenario con la Nueva Ola y la Nueva Canción. Si bien, no tenían ni las redes o los recursos para llegar al nivel de impacto como si tuvieron los demás, no dejaron de ocupar los espacios disponibles. Por lo que, en años posteriores su popularidad fue menguando radicándose en sectores precarios o parcialmente marginales como las quintas de recreo, prostíbulos o la bohemia porteña.

A mediados de la década del sesenta, no eran los mejores días para la canción cebolla, apretada entre la Nueva Ola y la Nueva Canción, estos boleros de fatalidad amorosa eran rápidamente batallados por los medios de promoción como sello Alerce, radios programadores y artistas, los que no veían con buenos ojos estas letras que no hablaba sobre el compromiso con lo que sucedía en el mundo.

Estas canciones consideradas débiles por mostrar emociones no quitaron que los sellos discográficos como RCA-Víctor, Odeon, y distintas radios estén dispuestas a grabar y difundir esta música. Sin embargo, ante el aparente existo tanto la fama como la estabilidad económica eran ambivalentes. Sobre este asunto, García recoge las palabras del locutor radial Juan Carlos Gil: “eran un éxito de público pero no de difusión”. Dando claras señales de las preocupaciones de los medios de consumo musical, pero que en otros países de habla hispana eran bien aceptados. No es que en Chile hayan estado ajenos, sino más bien, existían limitantes en discusión.

La siguiente cita expresa claramente hacia qué sectores debía continuar desplegándose: “cuando al fin la cebolla consiguió saltar hacia los espacios amplios de teatros y gimnasios, lo hizo castigada por la discriminación de una industria de promoción musical” (41). Esta misma particularidad ha sido el grueso discriminador considerado por otros músicos expuestos en el libro.

La autora vindica la valentía de las letras como si el lema callejero actual “con todo sino pa’ qué” tuviera una larga tradición entre las canciones consideradas cebollas: “quien es motejado de cursi no sólo no da pie atrás en su expresividad, sino que incluso la afirma ante cada nuevo desprecio” (62). Como hemos dicho, el contexto de los discursos separaba las preocupaciones de la vanguardia a un tipo de Hombre Nuevo cuasi poderoso ajeno a las debilidades emocionales. No obstante, lo rechazado estaba detrás de la puerta de ellos, y diferencia el tipo de clases sociales en el sur del continente: “compartir el dolor por el romance perdido no será un gesto político, pero sí una forma de colectivización” (63) sentencia García.

El tono de Llora, corazón (2017) busca darle el espacio necesario que debiera este tipo de música en el universo local, y que ha sido denostada por su raigambre popular en una población que suele hablar una lengua inculta informal, pero que no deja de ser transmitida por radios de los pueblos de provincia. Esa añoranza es utilizada por el mercado y de los productores de televisión que nos hacen regresar todos los años a los festivales de la dictadura donde triunfaban Zalo Reyes, Buddy Richard o José Alfredo Fuente. Los mismos que hoy influencian a Mon Laferte o Los Vásquez.

 

García, Marisol. Llora, corazón. El latido de la canción cebolla. Santiago de Chile, Catalonia-Periodismo UDP: 2017.

martes, 20 de agosto de 2019

[Crítica de cine]: Araña (2019) Andrés Wood


Héroes de guerra



Los convulsionados años setenta, el frente reaccionario de ultraderecha, la pacífica vida que otorga para unos pocos el orden neoliberal como la protección a los millonarios, sienta en la silla de director a Andrés Wood. Así, la undécima producción, Araña (2019) aparece como una película que va a la segura, al ser apoyado por la industria cinematográfica: 20th Century Fox, Bossanova Films de Brasil, Ibermedia, Magma Cine de Argentina, Banco Estado de Chile, entre otros.
La película se inicia cuando Gerardo (Pedro Fontaine / Marcelo Alonso), maneja por las calles en la que transita cierta migración actual y asesina a un muchacho que acaba de robar una cartera en el sector: “Cuando una persona decide robar, cuando una persona decide apropiarse de lo que no es de él. Está traicionando a toda una sociedad, y sabe que se expone a la muerte” se justifica Gerardo. Su aparición en los medios detonará las alarmas de notables actuaciones en el personaje de Inés (Mercedes Morán / María Valverde) y Justo (Felipe Armas / Gabriel Urzúa). Por lo que ella, en su figura simbólica de católicos remilgados, incapaces de reparar los dolores, manipulará las amplias redes del poder que tiene la derecha: jueces, directores de diarios, políticos, médicos, para impedir que su verdad salga a la luz y mantener la calidad de vida que lograron desde aquella época.
Hace más de cuarenta años, el grupo paramilitar de ideología nacionalsocialista, Patria y Libertad fueron activos saboteadores del gobierno del presidente Allende, los que son caracterizados con un contradictorio discurso político para librar una batalla internacional por el capitalismo y en contra del marxismo. Durante estos años, emerge un triángulo amoroso entre Inés, Justo y Gerardo, que derivará en traición y en desechar el valor del sujeto más precarizado. A todo esto, él continúa creyendo obsesivamente en el discurso del odio, rearticulando a los neonazis actuales (los araucanos góticos) que están atacando a los inmigrantes más frágiles.
El flashback no solo hace patente que el pasado se hace presente, sino que también, escenifica la moral de la derecha en la vorágine de la sobreideologización que dispone al espectador en un ambiente de permanente delirio. De esta forma, mientras los personajes van fortaleciendo o transformando, quedará pendiente la pregunta sobre la forma en que se debilita el carácter de Justo.
La película instala la moral burguesa dueña del país, pero además, la problemática de la inmigración que es atacada en su distinción económica y de raza. No hay que olvidar que Jorge González cantó “El otro extranjero” en el disco Los prisioneros (2003): “Ahora bien, como es ese otro extranjero/ es bacán elegante con don de mando y gran vocación/ empresarial, experto en macro política/ y bioingeniería comercial/ si la ganancia no sube y sube no dudará en expulsar/ y después por medio sueldo volver a esclavizar/al peruano, al chileno, al argentino, al que venga…”. Hoy en día, cuando se ha discutido el concepto de libertad y donde Chile es capaz de aguantar de todo. Quienes ejercen las discriminaciones, los racismos y los clasismos construyen fronteras, que ante el miedo, generan odio. Estas evidentes contradicciones tienen de fondo continúa existiendo una lucha de clases sociales.
Finalmente, Araña (2019) se diferencia del consenso político en Machuca (2004) y de la apología a la Concertación en La Buena Vida (2008), pues estratégicamente, se equivoca al colocar a la ideología política como algo negativo, delirante y renegados, pero que están en aumento de manera palpable en distintos niveles del país.

Título Original: Araña
Director: Andrés Wood
Duración: 120 minutos
Año: 2019
Reparto: Mercedes Morán, Marcelo Alonso, María Valverde, Felipe Armas, Pedro Fontaine, Caio Blat, Gabriel Urzúa, Mario Horton, María Gracia Omegna, Jaime Vadell.




Gonzalo Schwenke es profesor y crítico literario.

Valdivia, 2019.

sábado, 16 de marzo de 2019

Crítica Literaria: Sol y lluvia: voces de la resistencia (2018) Gonzalo Planet


Crónicas de resistencia: un canto por la paz.


Sol y lluvia: voces de la resistencia (2018)
Gonzalo Planet (Santiago, 1978)
Ediciones Pez Espiral, 2018, 172 páginas.

Publicado en Izquierda Diario Argentina: http://www.laizquierdadiario.com/Cronicas-de-resistencia-un-canto-por-la-paz

Sol y lluvia es considerado parte del cancionero del Canto Nuevo, junto a quienes forjaron la resistencia cultural a la dictadura en el ochenta. Ellos se distinguen de otros por las canciones festivas y bailables, sorteando la censura a través de la creatividad de los afiches artesanales, y por las letras de canciones enfocadas en revelar el diario vivir de las comunas periféricas de Santiago. Es decir, ser pobre o estar desempleado durante el régimen cívico militar no es un tránsito, sino que significa vivir el hambre y participar de ollas comunes en las que no había para todas las familias.
Sol y lluvia: voces de la resistencia (2018), es el tercer libro del periodista Gonzalo Planet quien en once capítulos reúne a los hermanos Labra Sepúlveda y Harley Labra Bassa para repasar biográficamente las vidas en las poblaciones de Vicente Navarrete, San Gregorio, La Legua o el Zanjón de la Aguada. Además de recordar la vida de sus padres, relatan la infancia que se desarrolla en zonas aledañas, el vínculo de la política y la cultura durante los setenta, el golpe de Estado, la detención y tortura por los aparatos de represión, el trabajo serigráfico que los caracteriza, la relación con la iglesia y el lleno total en el concierto del Estadio Nacional (1999). Las extensas entrevistas finalizan con palabras de Amaro Labra asumiendo en 2018 como diputado de la república por el Partido Comunista.
La periodista e investigadora Marisol García en el libro Canción Valiente (2013) señala la calidad de las letras de este grupo, puesto que vivencian el mundo más cercano en las poblaciones de San Joaquín: “Este canto popular-popular (…) acogió problemas humanos y colectivos, pero no como un gesto de rescate o reivindicación, sino por ser conflictos que estaban allí” (286). Asimismo, me parece que crear el vínculo entre arte y el cotidiano posibilita que exista un campo de representar a los representados. Una identificación de los habitantes de un lugar en el que emergen las identidades individuales y colectivos.
Uno de los puntos débiles radica en la falta de rigor investigativo y de orden que representa la ausencia de índice. Este gesto que bien podría pasarse por alto, confluye en la desprolijidad como algunas noticias que no tienen dato de publicación, al igual que ciertas fotografías en blanco y negro que no están precisadas en el hecho autoral. Las discografías no tienen continuación por fecha, sino que han sido insertadas a medida que la conversación lo requiera. De hecho, el disco “Hacia la tierra” (1993) tiene la fotografía por ambos lados, no así, los demás que están a una sola cara (“A desatar la esperanza!!” 1986, “+personas” 1988, y “Testimonio de paz” 1989) o aparece solamente la carátula (“La vida siempre!!!” 2000, “La conspiración de la esperanza” 2004, y “Clima humana” 2013). De lo anterior, no permite que estén integradas las letras de las canciones y no tienen el apartado a disposición del lector. No es lo mismo insertar fotografías, noticias o afiches publicitarios a medida que la entrevista lo requiera, que entregar los discos y las letras con la debida importancia que se merecen.
Por otro lado, coloco en relevancia la serigrafía de los hermanos Labra, los que vinculan el quehacer (hoy en día formas de generar publicidad), con elementos que no contaban y herramientas que fueron creando: “Era un taller esencialmente para proveer de lucas para parar la olla”, señala Jonny (31). Esta situación se relaciona con el tema Aunque solo tuviera de Schwenke & Nilo: “Aunque solo tuviera/ aunque solo tuviera un pedazo de tela/ con pinceles de sueño pintaría un discurso/ con vocales gigantes/ consonantes moradas”, dando cuenta de la ausencia de materialidades pero que, con un trozo de tela, creyendo en las declaraciones sobre lienzos se defienden los recursos y derechos básicos para la población de un país. Entonces, Sol y lluvia se ha convertido en un tipo de registro de identidad que devino en canto, y que Charles llama “la paciencia era la resignación, y la pazciencia era la acción” (33), puesto que, “vivir en dictadura es vivir en una de las peores prisiones que uno pueda imaginar” (29) confirma Amaro.
En efecto, el grupo recoge el manifiesto de la canción protesta argentina y de Violeta Parra a través relaciones intertextuales. La relación es fácil de reconocer en la canción con todos de Mercedes Sosa: “Salgo a caminar/ Por la cintura cósmica del sur”, en tanto, que en el tema Voy a hacer el amo de Sol y lluvia: “Tomo tu mano y salgo a caminar/ por la triste y vigilada ciudad”. Ambos temas musicales del repertorio latinoamericano, colocan a disposición la relevancia del trabajo del artista quien debiese recorrer los lugares que le pertenecen, esto es, reconociendo siempre del lugar que se proviene.
Si bien el libro contiene errores y pertenece a los discursos oficiales, entiéndase esa conflictiva relación entre lo dicho por la fundación que financia y la omisión de los procesos creativos previos a la realización de los discos. Sol y lluvia: voces de la resistencia (2018) no deja de ser un documento meritorio de un nicho de artistas que no han sido debidamente estudiados o valorados y que durante los ochenta configuraron la canción de resistencia.

Gonzalo Schwenke
Profesor y crítico literario
Valdivia, 2019.

domingo, 2 de diciembre de 2018

Crítica Literaria: Dictadura (2018) Jorge Baradit



 


Las conmemoraciones y homenajes son convertidas rápidamente en nuevas formas de consumo, las que no respetan el dolor de la población. De esta manera, es necesario repensar la importancia de los libros que hablan sobre historias secretas, puesto que hasta el momento solo sirven para disponer a consumidores para el espectáculo. No por nada, publicar este volumen un día antes de los cuarenta y cinco años del golpe, significa lograr réditos del morbo generado por este infame acontecimiento.
Dictadura. Historia secreta de Chile (2018), es una crónica que combina el análisis político, la experiencia personal y los setenta y dos documentos presentes en la bibliografía sobre el gobierno de Allende, el golpe de Estado, la dictadura y algunos puntos referenciales en el cambio de siglo. Jorge Baradit toma más de veinte años de historia nacional para reducirlos cinco capítulos de doscientas páginas, generando el efecto acorde a lo que representa la dictadura cívico militar: horror y miseria para la población.
La interpretación que realiza sobre el acontecer político previo al golpe está basada en testimonios que forman parte del respaldo argumentativo, poniendo en relieve la conspiración estadounidense y posicionándose desde el pluralismo, el consenso y el diálogo propios de los noventas.
No obstante, hay un trabajo investigativo desprolijo que debilita al volumen. La ausencia de rigurosidad en la escritura, falta a la verdad histórica que hoy en día, observamos en la derecha promoviendo la posverdad. Al respecto, el periodista Fernando Velo publicó en su muro de Facebook (7 de octubre) apreciaciones sobre los errores en que incurre el libro. Ya que él fue uno de los primeros testigos que presenciaron el actuar de las FF. AA. durante el golpe militar. La obra señala que “Carlos Altamirano, el secretario general del PS, lanzó su discurso más incendiario y violento en una concentración en el teatro Caupolicán” (64). Fernando Velo declaró que: “Carlos Altamirano pronunció un inquietante discurso (el 9 de septiembre) en el teatro Caupolicán cuando en efecto su participación la hizo en el Estadio Chile.” (sic)
Así mismo, el libro señala que “Altamirano estaba reunido con el aparato militar del PS evaluando el pobre poder de reacción del grupo en INDUMET” (71). Sin embargo, esto es desmentido por el periodista porque el político estaba en el estadio de la CORMU, en Lo Valledor. Este punto es sensible, puesto que es necesario esclarecer quienes fueron aquellos que defendieron el gobierno. De modo que la industria metalúrgica será nombrada varias veces como punto de encuentro de la comisión política del MIR para organizar acciones armadas, pero dicho secretario no vuelve a ser mencionado.
También se señala que “se decidió un ataque frontal por tierra con tanques que se movían por la calle Teatinos, la Alameda y la Plaza de la Constitución, ametrallando con balas que perforaban los portones y dejaban enormes agujeros en los muros centenarios del palacio de gobierno.” (78) En tanto, Fernando Velo corrige que: “el día 11 los tanques entraron por la calle Teatinos en dirección a La Moneda, cuando la realidad es que ingresaron al perímetro del Palacio Presidencial por la calle Morandé y de allí, uno se apostó en la calle Moneda casi a un costado del edificio del Seguro Obrero; el otro se situó en la calle Agustinas de costado al edificio del diario La Nación y el tercero estuvo recorriendo esas tres arterias.”
La ausencia de precisión permite que la crónica sitúe a las fuerzas golpistas como superhéroes determinados en su tarea de supuestamente liberar al país, como se pretendió dar cuenta a través de símbolos, por ejemplo la circulación de la moneda de la libertad desde finales del ochenta: “Los tanques dispararon cañonazos contra los muros y las ventanas. Cada explosión sacudió las paredes, cayó polvo, se hundieron lámparas, los muebles saltaron de sus posiciones. Más de cincuenta obuses impactaron causando incendios, forados en la estructura.” (78) Sobre este punto, Velo destaca que: “No hubo obuses ni disparos de cañón porque al promediar las doce horas, cuando en forma definitiva se anunció que el postergado bombardeo que se llevaría a cabo a las once que se efectuaría al mediodía, los tres tanques abandonaron las inmediaciones de La Moneda para escapar a las ondas expansivas producidas por los misiles aéreos. Asimismo eran anticuados tanques Sherman usados en la Segunda Guerra Mundial.” Es decir, los soldados terrestres que tenían un “tremendo poder de fuego” no se quedaron en sus posiciones mientras actuaba la Fuerza Área sino que, retrocedieron para no verse afectados por las explosiones de los aviones.
Aquí no se trata de ser historiador académico o cronista, sino contar la verdad a partir de hechos concretos. El testimonio en tanto argumento por autoridad, es un espacio que posibilita combatir la posverdad. Es por esto, que Velo confirma que: “Baradit no es preciso al pronunciarse sobre la guardia de Palacio que custodiaba el recinto y que supuestamente le era fiel al presidente. Ellos, salieron en forma ordenada y presurosa minutos después de las 11 de la mañana y tomaron refugio donde nos encontrábamos casi una veintena de periodistas, en la SIAT.”
Dictadura. Historia secreta de Chile (2018), es una forma de hacer historia que desestima el testimonio de los ciudadanos que vivieron estos periodos recientes, por lo que no es precisa sino que subestima a los lectores. Finalmente, el volumen representa modos de construir discursos para el mero consumo de una población que supuestamente anhela conocer la historia del país.

Dictadura. Historia secreta de Chile. Jorge Baradit. Ediciones Sudamericana 2018, 200 páginas.

lunes, 23 de julio de 2018

Crítica Cultural: La mirada europea a través de la fotografía latinoamericana.


Por Macarena Lorenzo, profesora de Filosofía.

Por Gonzalo Schwenke, profesor y crítico cultural.

América Latina 1960-2013. Fotos + Textos (2014) es un libro de fotografías encargado por la Fundación Cartier pour l’art contemporaine en asociación con el Museo Amparo de Puebla (México) y el Institute des hautes études de L’Amérique Latine, París. En ello participaron los curadores: Ángeles Alonso Espinosa (México), Hervé Chandès (Francia), Alexis Fabri, (Francia 1970), Isabelle Gaudefroy (Francia), Leanne Sacramone e Ilana Shamoon (Canadá), entre otros.
El libro hace un muestreo sobre el lugar de la fotografía latinoamericana como reflexión autoral y que cobra una importancia particular más allá del momento aureático. Por otro lado, las fotografías han sido intervenidas (en tiempos previos a la digitalización y a la socialización del objeto artístico) para enfatizar ciertos realces que obligan a la subjetividad de la realidad.
El volumen que contiene 500 fotografías de artistas, los que entregan en 392 páginas perspectivas detrás del lente sobre este continente y que en esta exposición fueron divididos en cuatro grandes temáticas: Territorio, Ciudades, Informar Denunciar y Memoria e Identidades. También incluye textos de expertos en la materia de origen procedencia europea. Primero, los textos sesudos de Olivier Compagnon quien aborda la situación histórica desde la visión geopolítica. Luego el crítico alemán, Luis Camnitzer quien expone relativo a la instalación de la foto+texto, en tanto registro documental que dirige la mirada. Por último, el museógrafo Alfonso Morales Carrillo, que justifica la selección y certifica la fotografía como artefacto cultural.
En el capítulo Territorios, da cuenta de los múltiples y continuos procesos militares, políticos, sociales y económicos de colonización que acontece en el continente. En Ciudades, el paso del campo a la ciudad a modo de principio de modernidad faculta problematizar acerca de las iniquidades de la evolución en las urbes, mostrando las realidades de violencia y disparidad social. En Informar/Denunciar, el capítulo registra los “años de plomo” de las dictaduras del cono sur: principalmente Chile (1973) y Argentina (1976), las que estaban en una peculiar sincronía con Paraguay (1954), Uruguay (1973) y Brasil (1964). Aún más extraño, si cada nación institucionalizó la tortura y la violación los derechos humanos de manera conjunta. Por último, en Memorias e Identidades, que pertenece a las transiciones de las dictaduras a las democracias neoliberales, en las que emergen voces disidentes donde las minorías son las identidades principales a reconstituir.
Desde la perspectiva europea, se abordan más de cincuenta años de la fotografía latinoamericana, marcadas por las distintas formas de violencia e imposiciones culturales y económicas mostradas como eje fundamental de la realidad en este continente. En cada una de las etapas de la muestra, se observa el desarrollo que ocurre dentro de las ciudades como efecto recurrente en el continente en las pocas décadas que toma el volumen. De modo que, los registros fotográficos constatan los contrastes de los pueblos, las postergaciones o el empoderamiento social y que se distancian de los discursos hegemónicos vinculados al milagro económico.

Finalmente, América Latina 1960-2013. Fotos + Textos (2014) está presente el centro y la periferia. La curatoria es el centro y los fotógrafos latinoamericanos seleccionados son ubicados en la periferia, por lo que, se construye un modo de lo fotográfico del ser latinoamericano. Las imágenes son construcciones políticas que obedecen a una disposición de un poder que determina quienes van a ocupar el espacio público y de qué manera. Por lo que existe una mirada altanera. En este sentido, es necesaria una subversión desde acá, o sea de la “hija malagradecida” llamada América Latina. Se propone un giro sobre los saberes de los colonizadores y estudiar a fondo la mirada que nos coloniza, la-de-ellos que suponen con el derecho de invadir y hablar por nosotros/as. Por lo tanto, seguir estigmatizándonos como los pobres subdesarrollados nos sigue justificando las políticas que los soportan.

VV.AA. (2014) América Latina 1960-2013. Fotos + Textos. México: Editorial RM, 392 páginas.