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sábado, 16 de marzo de 2019

Crítica Literaria: Filosofía Disney (2018) Rodrigo Torres


Filosofía Disney

Rodrigo Torres (Santiago, 1984)
Ediciones Librosdementira, 2018, 115 páginas.


Si en el primer libro de Rodrigo Torres, Antecesor (2014), el común denominador eran los personajes que acarreaban conflictos desafortunados y el ambiente tenía cierto grado deprimente. En Filosofía Disney (2018), estos problemas continúan con algunas variantes: se despliegan personas corrientes que son uno más entre la muchedumbre y que están constantemente engatusados por mensajes necios de mandamases.
Más que centrarse en la emergencia de la clase media-baja de los noventa, o los drogadictos de clase alta que escriben para sí mismos. En estos siete cuentos que conforman Filosofía Disney (2018) toma posición en tiempos donde la economía es sólida y pujante. Esto es, historias sobre luchas permanentes, las que se bate en lugar en torno a la (des)humanización y la apatía productiva del sistema:
Matías trabaja limpiando los pisos en el supermercado del mall en el relato “cadena de mando”. En aquel lugar el ambiente es tedioso y monótono, asunto que se quiebra por los diálogos efímeros y el grado de enajenación alcanzado por el protagonista, debido al accidente de un niño en uno de los pasillos. El confuso incidente provoca que sea citado por el supervisor de área para ser recriminado por la falta.
En “el imperio de las bestias”El joven profesor, venido del sur, llega a la escuela periférica de la región metropolitana, con ansias de cambiar la educación. Sin embargo, se enfrenta con múltiples obstáculos propios del engranaje educativo que lo llevan a desencantarse y renunciar.
En “testigos”, los misioneros llegan al hogar del clásico vecino que le gusta discutir sobre Dios. Así, el dueño de casa derriba los mitos del evangelio con la teoría de la evolución darwiniana para contrarrestar a los incautos.
En el cuento “Filosofía Disney”, relata la dinámica de convivencia entre la madre Hortensia, y el hijo. En esta historia, los personajes estropean la relación del hogar con un insulso enfrentamiento que afecta el rendimiento de la trabajadora en la empresa bancaria. Esto se resolverá convenientemente, con la fuga del adolescente a quién sabe dónde, no obstante, lo podemos intuir. Igualmente, la madre debe superar el vacío del hogar, gracias a mensajes triviales y pensamientos baratos para que doña Hortensia pueda mejorar su producción frente a los jefes. Como se observa en el título, la gran fiesta no es más que el antagonismo de la alegría o música de feria.
Es necesario mencionar que en el cuento infantil Pedro y el lobo, el niño hace llamadas falsas en el campo sobre la amenaza que representa el lobo. Cuando realmente, necesita ayuda de los granjeros, estos no acuden en su ayuda. Un sentido similar aparece en “nazipunk” de este volumen. Unos tipos de cabezas rapadas, representantes del odio social, se humanizan ante la urgencia médica. Tras esta fatal circunstancia, ellos solicitan auxilio a los mismos que aborrecen, pero no les da socorro.
Aunque se hace patente que las consignas de los candidatos presidenciales desde el cambio de siglo: “crecer con igualdad”, “Chile de todos” y “vienen tiempos mejores” fueron modos de gobernar donde la gente creía que iba a haber crecimiento y, además, desarrollo social. Esta obra recoge aquel sector de la población que vive el día a día. Allí, estos relatos están construidos por la frase concisa e inalterable, condicionando la historia en el narrador que observa los hechos con miedo a inmiscuirse. Esta carencia de riesgo (a excepción de la primera narración), imposibilita que la voz narrativa pueda disolver la cortina de ingenuidad que expone concretamente en “nazipunk”.
Este libro es un relato que pone en escena a personajes que van en una sola dirección, aburridos de la precarización laboral, la rutina y donde no existe salida o de posibilidades. Así, se genera un vacío de un discurso que encandila, pero sin profundidad, lo que se devela en la forma de relacionarse socialmente. Asimismo, al no existir pliegues ni tampoco un realismo corrosivo, emerge una voz disruptiva y la trama cae en la candidez, ya sea en “Puyas”, “seguidores del vacío” o “testigos”. En consecuencia, esta obra irregular no logra levantar el vuelo que tuvo con Antecesor. Sin embargo, algún valor literario tiene. Qué duda cabe, en comparación con otra obra del autor, la Nueva Narrativa Nueva (2018), cuya lectura resultó ser uno de los peores del año recién pasado.

Gonzalo Schwenke
Profesor y crítico literario
Valdivia, 2019.

jueves, 8 de junio de 2017

Crítica Literaria: Hienas (2016) Eduardo Plaza

Hienas, Eduardo Plaza. Libros de Mentira Ediciones, 2016, 103 p.
Por Gonzalo Schwenke

Las dinámicas culturales del oligopolio editorial movilizan, resucitan y expanden carreras literarias bajo la lógica neoliberal. Por lo que no debiese extrañar el control cultural y de mercado ejercido en ferias extranjeras, la posterior y consecuente repercusión en el medio local llena de exitismo. Eduardo Plaza (La Serena, 1982), siendo un escritor emergente, es una muestra de lo expuesto.
En Hienas (2016), su primera publicación, los personajes de sus cuentos se despliegan principalmente en el litoral norteño del país: La Serena, Guanaqueros, Tongoy o Coquimbo. A partir de estos territorios, la obra toma distancia de otras narrativas actuales, las que exponen un paisaje próspero y de limpieza. Aquí, en cambio, se exhibe sin disimulo un escenario imperfecto y donde el subdesarrollo es una constante que se opone a los discursos de la macroeconomía supuestamente pujante y horizontal; es decir, la presencia y tránsito de piojos, ratones, la suciedad del entorno y de las industrias pesqueras, la pobreza y el horror de la tortura. Por otro lado, las características añadidas a los personajes tienen cierto mérito, ya que los sujetos están conformados en un presente sin ambiciones dentro de una atmósfera de tedio, fuera de toda solemnidad o rasgo hiperbólico, que es la receta en la que el mercado ha instalado la ficción literaria de carácter presuntuosa.
El tono melancólico y desafortunado de los sujetos que atraviesan estos relatos es la doble ausencia y resignación; esto es, la injerencia periférica pero no marginal, debido a la condición de provincia subordinada al centro y, así mismo, el continuo temple de un diario vivir sin mayores intensidades.
De hecho, en “Hienas”, el cuento que da nombre al volumen, los personajes recuerdan la infancia que los hizo pertenecer al sitio geográfico y el momento histórico determinado. Mucho de lo relatado está descrito desde sensaciones impersonales, sin mayor ápice de anhelos y subrayado por un cotidiano privado de porvenir: “Hablábamos de nuestras historias como las historias de alguien más. No éramos sino testigos de esos niños. Nosotros éramos hombres. Hombres tan lejanos de nuestros cuentos como de nuestras casas”. De esta manera, se menciona el futuro inmediato, el que está delimitado por relaciones sociales destinadas a sobrevivir y confluir a través del recuerdo del lugar y las personas.
En “Animales de compañía”, se enjuicia las movilizaciones sociales para el plebiscito de 1988, en la que se evidencia la esperanza puesta con la llegada de la democracia y que, sin embargo, este ambiente de ilusión simboliza el triunfo de la derrota y señalada por la promesa de un acontecimiento que nunca llegó.

Situado fuera de la zona de bienestar y alejado de protagonizar el destino particular, en los ocho cuentos de Hienas (2016). Se realza la insignificancia de vidas ínfimas y despoja de relevancia a los personajes, sin embargo, las existencias de no poseer talento y estar en permanente discordia, exigen fama y admiración como señala en el tema Exijo ser un héroe de los Prisioneros.

miércoles, 17 de junio de 2015

Crítica: "Antecesor" (2014) Rodrigo Torres

Antecesor
Rodrigo Torres (Santiago, 1984)
Librosdementira Ediciones, 2014.
129 Páginas.

Por Gonzalo Schwenke



Rodrigo Torres nos presenta su primer libro, un volumen de cuentos con historias entretenidas que apelan a la emotividad del lector y ponen en escena una sociedad sumida en la rutina. Los personajes, presentados como individuos desolados por una modernidad omnipresente, acarrean conflictos casi tan trágicos y desafortunados como los que uno podría ver simbolizados en la pintura Los trabajadores de Munch.

Son ocho cuentos en los que se despliega una serie de dicotomías: éxito y fracaso, miseria y dinero, fetiches de clase y distinción. Las historias destacan por su expresividad y su prosa fluida, siendo Antecesor y 17 de octubre son las historias mejor logradas. Los restantes se ubican un escalón más abajo, pues evidencian falta de precisión o pulcritud ya sea en el inicio o en el cierre. Por otra parte, en algo que resulta paradigmático a lo largo del conjunto, aquí no opera la lógica de la redención sino que sobresale un enfoque particular donde la certidumbre es asociada a lo desalentador y lo desdichado; una necesidad de vida. Lamentablemente, el autor mecaniza el flashback en la mayoría de los relatos como principal técnica. El abuso de este recurso atenta contra una mayor dinámica de los textos, pero ayuda a establecer a la memoria como el factor común del devenir de los protagonistas de estos relatos.

Así las cosas, el cuento que abre el libro, Antecesor, muestra un drama familiar sin cebolla, un proceso cruento de construcciones narrativas donde el talismán hará la diferencia entre memoria y realidad. En 17 de octubre, una pareja de rockeros en decadencia hace frente a la escasez y a la infidelidad, después de una efímera abundancia. Luego sigue La entrevista: un cesante en busca de trabajo desea mandar todo a la punta del cerro, mientras no sea a él, encontrando su realización en el otro. En Malas juntas, un artesano se reencuentra con su excompañera de antropología y recuerdan sus amoríos en la universidad. Mientras que en Cacaraco y la teoría del no cambio, el éxito y el fracaso en la vida de los personajes da curso a un encuentro significativo que revelará conflictos del pasado. Por su parte, en El canto del zorzal, Francisco y su madre hallan un pichón en el patio de la casa, al que intentarán salvar develando los ecos de una compleja relación. En El ojo, la maldad, la infancia y el juego adquieren insospechadas formas en las cicatrices de una pequeña comunidad. Por último, el libro cierra con Carnotauro: una pareja de paleontólogos junto a un estudiante vuelven al lugar del accidente mostrando las secuelas de una relación fatal.


A pesar de las debilidades mencionadas, Antecesor es un libro donde se desarrollan satisfactoriamente cuestiones mínimas: un relato bien contado es aquel que fluye por sí solo, con su propio ritmo, y muestra conflictos (in)verosímiles. Ahora bien, aparecer de manera prometedor en la escena literaria con un primer libro no es tan complicado, pero es aun más fácil estancarse en la segunda publicación. Dicho esto, Torres con su ópera prima ya ha alcanzado un punto de solvencia narrativa considerable, pero al que todavía le falta dar el salto definitivo, siempre y cuando no sea sumido por la condicionalidad de sus propios personajes.