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lunes, 4 de septiembre de 2023

Crítica: “El lado oscuro. La Historia secreta de Chile”, aquí vamos de nuevo.

 


Porque nadie lo pidió, tenemos una renovada versión de la Historia secreta de Chile. El lado oscuro (2023) de Jorge Baradit. La falta de brillantez literaria ha sido una característica inherente a su literatura, alcanzar además un número de ediciones como si se tratara de una saga de películas de acción tipo “rápido y furioso” está fuera de toda seriedad. Y aunque la idea sea insertarse en el mercado y democratizar el conocimiento, en términos de calidad el fenómeno Baradit está más próximo a la caricatura.

En esta ocasión, el autor instala la tesis de la lógica perversa en la construcción de la identidad histórica del país. Es decir, sujetos que están detrás de los líderes y que influyen en la forma en que estos deben pensar. Por lo mismo, la crisis de representatividad busca dar cuenta de los claroscuros que conforman nuestra nación.

Baradit es un convencido de su imprescindibilidad. “Los países necesitan relatos sencillos de los cuales sentirse orgullosos y pensar que son la mejor nación del mundo”, escribe. Pero no basta con un par de buenos relatos míticos, también son necesarios los elementos simbólicos y una particular idiosincrasia que nos diferencie de los países vecinos.

En cada nuevo volumen se evidencia un tono mesiánico, de antología, que nos permite seguir a un narrador que se visualiza a sí mismo como un rebelde, líder de barco pictórico, uno de los elegidos para escudriñar en el lado oscuro chileno. Así, llega a argumentar que “la historia que nos enseñan se extiende a pocos semestres y salta entre cuatro o cinco mal explicados: de la Colonia a la Independencia, de la Guerra del Pacífico a la revolución contra Balmaceda. De la Constitución del 25 al golpe militar y luego se desvanece”.

Probablemente ha sido reducida y mal difundida pero la Historia se entiende que son procesos científicamente demostrables, y que no radican en la individualidad ni tampoco en la caricatura que contienen estos libros de difusión. Y ante la ausencia de comprender cursos históricos, emergen los golpes efectistas en el relato y que se han transformado en muletillas de la calaña de: “nunca sabremos qué pensaba”, “le grita algo ininteligible”, “aunque usted no lo crea”, o “parece un guion de película de espías, pero así fue”.

El primer capítulo con el que abre el volumen es el Capitán Vicente San Bruno, quien fuera exfraile franciscano devenido en furioso soldado defensor de la sagrada corona española durante la reconquista y bajo el dominio del gobernador Casimiro Marcó del Pont.

El que sigue es, El departamento 50, el pequeño grupo de investigadores que desbarató la red de espionaje nacionalsocialista en América Latina es descrito con el clásico embelesamiento filonazi por el quehacer alemán.

El tercero se refiere a Bernardo de Monteagudo, gracias a su inteligencia se ganó la gracia de San Martín y O’Higgins, de igual modo, era el brazo intelectual de la independencia americana; luego de viajar a Europa e impregnarse de la monarquía inglesa quiso instalar el mismo sistema acá.

En El Mussolini chileno, la otra dictadura, afirma que la dictadura de Carlos Ibáñez fue bendecida por toda la sociedad debido a circunstancias económicas.

El carnicero de Arturo Alessandri Palma muestra al general de Carabineros de Chile Humberto Arriagada Valdivieso como el brazo armado del sanguinario presidente.

El penúltimo capítulo habla sobre la DINA, describe las múltiples formas de tortura a jóvenes militantes de izquierda que durante la dictadura realizaba la policía secreta dirigida por Manuel Contreras, con el benepláctico de la derecha. El autor llega a las conclusiones ya por todos sabidas, vale decir, que la dictadura fortaleció el modelo económico y aumentó el poder de sectores conservadores, políticos y empresarios.

Por último, retoma la idea biográfica con la figura de Diego Portales. “Fue el articulador de una mecánica política, policial y militar para mantener el poder en un solo sector de la sociedad”, confirma el autor.

La élite ha hecho lo que ha querido con este país, la articulación de clase y abolengo es mucho más robusta de lo que han subestimado, aunque la crisis de representación de los últimos años haya promovido cambiar algunas ideas arcaicas. Pese a la ola negacionista, el proceso de la UP y la figura de Allende son relevantes a cualquier nivel, local e internacional.

Las sagas de películas tienen su correlato en El lado oscuro (2023). Baradit profita de una receta probada, solo necesita cambiar el contenido como en Héroes (2019) y sostener la tendencia al maniqueísmo o a la repetición en Portales. Salvo la seducción a los movimientos nacionalsocialistas que descuadran este volumen, el autor revisita el lado barbárico de los sectores conservadores, singularizando la escena en una personalidad como si fuera un concurso de salvajismo, abordando escasamente el fenómeno del poder y el sector reaccionario en el transcurso histórico. No sería extraño que bajo esta consideración y dado el momento coyuntural, busque explicar uno de los tantos motivos de la derrota de la Convención Constitucional 2022.

El lado oscuro. Historia Secreta de Chile, Jorge Baradit, Sudamericana, 2023, 180 páginas.

 


lunes, 6 de septiembre de 2021

CRÍTICA| El investigador Cayetano Brulé achunchado por su autor Roberto Ampuero

 

Roberto Ampuero debe ser de los pocos escritores donde no ha tenido lugar la redención. Pese a contar con ocho libros en su haber, la forma y el contenido en las distintas publicaciones no ha desarrollado la solidez y solvencia que corresponde a la trayectoria literaria. Y aunque la capacidad de reinventarse por parte del autor no ha faltado, en esta obra toca fondo sin remedio.

Demonio (Sudamericana, 2021) es la última novela de Roberto Ampuero (Valparaíso, 1953): En ella, Amaya Bengoa busca al detective Cayetano Brulé para que resuelva el caso del pintor Edmundo Galaz Expósito, quien fue asesinado a los pies del Cristo Redentor del cerro Bellavista de Valparaíso. No obstante, en 140 capítulos se atosiga al lector con las más disparatadas y fantasiosas miradas sobre la revuelta chilena del 18 de octubre del 2019.

 

Para una persona con estudios de literatura en el extranjero, que haya construido un personaje como Brulé y promover la tesis de que Chile, “bello y majestuoso como un tigre”, está bajo ataque de sectores radicales como delincuentes y narcotraficantes que rompen con todo a su paso, es digno de reprobar. Además, es paradójico que el protagonista se haya convertido en una parodia de sí mismo, siendo su progreso común y predecible. No solamente porque como detective no investiga, tampoco hace las preguntas correspondientes para indagar en las motivaciones del acontecer nacional, por lo que la ficción narrativa que promueve es desequilibrada.

 

El investigador privado Brulé contempla la situación del estallido social con menos voluntad que los gobiernos y empresarios resolviendo el tema de la desigualdad en Chile. Estamos ante un “no es la forma”, expresión utilizada por aquellos/as que defienden semáforos y el patrimonio oficial, mientras que con ostentosa alevosía han desconocido, omitido y silenciado los crímenes ejecutados por aparatos represivos del Estado. Tal como ocurre aquí. Por ejemplo, cuando asiste al coronel Santos Vargas exfuncionario de Carabineros, y se explica que la desobediencia civil con las Fuerzas Armadas es consecuencia del movimiento social. Nada que aseverar sobre los millones robados durante años en Chile. No importa la investigación del pintor Galaz, el mensaje es retratar y representar a un sector que gobernó, se burló y nunca sintonizó con la población. Así, el lugar que detenta este libro en tanto discurso cultural es putrefacto.

 

No solamente eso, en la presentación de las consignas, confunde no sólo al lector, sino también, al propio agente: “Lo demostraban la proliferación de consignas en los muros suscritas con la A del anarquismo, el fusil del MIR, y la hoz y el martillo, y las postas de enmascarados que controlaban el tránsito” (55). El Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) no utiliza el símbolo del fusil, sino los colores rojo y negro. Esto no sólo es una caricaturización, sino una falta de precisión de dichos símbolos.

 

Si a ciertas personas les preocupa el fondo y la forma, este volumen es la prueba fehaciente del porqué es fundamental realizar un análisis crítico-estético a la obra de arte. Una de las aristas es el carácter técnico de la industria literaria. Me refiero a que, Demonio ha sido impreso en Uruguay y con una capacidad de diez mil copias. Es decir, el estallido se ha convertido en un producto, una mercancía literaria, pero bajo el prisma institucional. El mensaje no es local, sino exportar la rebelión hacia otros países con un discurso frágil y carente de elocuencia, porque vincular lo narco y el lumpen con las movilizaciones populares, es no entender nada.

 

Roberto Ampuero entrega una de las peores obras literarias de Chile. Demonio es un relato con carga emocional donde las dominantes sostienen la tesis de la paranoia delincuencial como eje movilizador porque es notoria la pérdida de privilegios y reticente a los cambios sociales que necesita el país.

 

Demonio

Roberto Ampuero

Editorial Sudamericana

Año 2021

424 páginas

Precio de referencia: $16.000.-

jueves, 7 de noviembre de 2019

Crítica literaria: Héroes de Jorge Baradit

Foto tomada del diario digital El Mostrador.


Los replicantes
Héroes. Jorge Baradit. Sudamericana Ediciones, 2019, 195 páginas.

Continuando con las sagas sobre la historia, Jorge Baradit publica Héroes (2019), quien plantea el acto de revisitar a los héroes embalsamados que conforman un tipo de identidad patriótica. Así, discute las estatuas presidenciales que están emplazadas alrededor de la Moneda y modelados en la formación primaria. Para esto se vale levantando otras figuras plausibles como Águeda Monasterio, Manuel Rodríguez, Ramón Freire, Francisco Bilbao, Arturo Fernández Vial, Luis Emilio Recabarren y Pedro Aguirre Cerda, las que responden a la agenda política contingente.
En el prólogo se evidencia una reiteración a la culpabilidad de los docentes que nos dedicamos a componer representaciones durante el proceso de enseñanza. Según señala el autor: “esta forma de enseñar historia está más cerca del catecismo que de la historiografía” (11). A saber, sitúa a quienes ejercen la enseñanza, y no a la discusión de las estructuras de tipo educacional, pero para eso, es imprescindible ejercer la profesión por lo menos un año en colegios municipales. De modo que, es necesario dar cuenta en la bibliografía sobre la malla curricular chilena: objetivos, aprendizajes e indicadores trazados por el Ministerio de Educación. En otras palabras, es en la Oficina de la Historia Oficial (13) donde convergen los discursos y poderes dispuestos en las asignaturas que se requieren discutir para el sistema educacional.
Ahora bien, en cada personaje predominan los apellidos hispanos, los que están cruzados por el signo trágico y el desplome del mundo en que habitan. Aquellos que sobreviven a la agonía, deben reanudar el heroísmo de los caídos, para abrir nuevos avances. En este sentido, la búsqueda de la consciencia épica vinculada a la conformación de la nación ante un fin próximo, se enaltece en la figura de la superación del hombre. El superhombre se logra superando la adversidad, ya sea en las luchas sociales, soldados que se abren camino en el fragor de la batalla por la independencia, en el capítulo de Ramón Freire y, en la persistencia de no rendirse jamás en el combate naval de Iquique, en el capítulo de Arturo Fernández Vial. Por lo que no cabe duda que estos cruces son una idea filonazi.
A lo que concierne, a la brecha que abre la industria cultural sobre otra visión histórica, representada por personas que no son productoras sino por transmisores de saberes, tienen su valía en un discurso masivo, exagerado pero que alcanza, por momentos, cierto grado de visualidad en la forma de contar los relatos.
Las oleadas por leer historia también simbolizan la derrota de las academias locales, puesto que se hace referencia a la poca injerencia de la misma en espacios públicos debido a las múltiples formas de enclaustramiento verbal, económico y laboral que conlleva el estudio. De esta forma, los lugares ocupados por los intelectuales están sitiados y prácticamente son muy pocos/as que regularmente intervienen en la discusión de la realidad nacional y que sepa lidiar notablemente con la reacción.
De una manera paralela, en la selección chilena de fútbol masculino, no han podido determinar a qué director técnico le debemos dar los agradecimientos por el cuerpo de jugadores que han obtenido las Copas Américas: a José Sulantay en su formación, a Nelson Acosta, a Marcelo Bielsa por cambiar la mentalidad, a Claudio Borghi, a Jorge Sampaoli o Juan Antonio Pizzi. Porque es necesario señalar que el equipo no juega solo y los perdonazos a los jugadores así lo garantizan. De lo anterior, no podemos entregar la retribución, puesto que allá se habla de procesos, no de personas o caudillos.
El capítulo del fundador del Partido Obrero Socialista contiene inexactitudes, puesto que no hay análisis sobre el mensaje que se intenta otorgar en la figura de Luis Emilio Recabarren. Se afirma en la página 137, que: “Recabarren no creía en la política de y desde la élite ni en los políticos profesionales ni en las cúpulas dirigenciales”. Sin embargo, es un sujeto en toda dimensión político, que buscaba acceder e intervenir en el Congreso y, por esto mismo, es un dirigente influyente. A continuación, esta sección no da cuenta de algunos errores, ya que Recabarren nunca fue a las municipales, porque deseaba llegar al parlamento para instalar el programa revolucionario. A propósito, hay variables en el pensamiento de este trabajador, los que están en el contexto histórico, por lo que no se puede omitir la influencia de la revolución rusa de 1917, la que fortaleció el ímpetu de la clase obrera. Es decir, algunas citas textuales deben estar planteadas en su origen y no diseñadas para enaltecer figuras en medio del patriotismo social proletario.
Finalmente, Héroes en su constitución ideológica nacionalista, pretende buscar la unidad bajo el precepto de la patria y que se ha difuminado con la globalización. Ante la pérdida de lo que somos como nación y la crisis de representatividad actual, el volumen que carece de valor histórico y literario enlaza el sentimiento correcto y la noción del ser chileno, en abierta exclusión a las migraciones que nos han fortalecido.

Gonzalo Schwenke es profesor y crítico literario.
Valdivia, 2019.