Mostrando las entradas con la etiqueta Eduardo Plaza. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Eduardo Plaza. Mostrar todas las entradas

viernes, 23 de julio de 2021

Crítica Literaria: La pajarera (2021) Eduardo Plaza


 

La pajarera (2021) es el tercer libro de Eduardo Plaza (Coquimbo, 1982). Previamente, apareció con los cuentos en Hienas (2016), donde expresa infortunio y resignación en ciudades como La Serena, Guanaqueros, Tongoy o Coquimbo. Después, con la novela psicológica Retamo (2020), sobre un escritor alcohólico que ahonda en la angustia de las desgracias personales.

Ahora con este volumen de seis crónicas, transita entre la rabia, la nostalgia y resignación respecto a crecer en la ciudad de Coquimbo. Plaza nos muestra la procedencia y forma de vivir de la familia: hacinados y marginados donde la madre es fundamental para sostener a seis hijos/as. Sin duda, la resolución de la identidad familiar es una marca que atraviesa esta escritura. Allá en las pajareras, apelativo a viviendas sociales ubicadas tan lejos de la ciudad de aquellos años que ni siquiera el microbús llegaba. Luego, relata el autor, la expansión urbana dejó bastante adentro a la casona que pasó a habitar en la década del noventa.

Uno de los rasgos importantes de los relatos es cierto grado crítico, pero benevolente, dirigido no solamente a los que detentaron la influencia de los cargos, sino también a la población coquimbana. “Lo cierto es que Coquimbo cambió durante esos años, así como todo Chile lo hizo. Y no solo en términos de infraestructura: había una cierta mezcla entre altivez y desclase, como si quisiera esconder su pronunciación proleta”. Este tipo de perspectiva son reiteradas y significan un desencanto y hastío por la ciudad.

En la sección “cumbia de cahuín”, aparece el guitarrista Eduardo Lalo Macuada narrando las vicisitudes de los Viking 5, y da contexto al tipo de sonido de la cumbia de Coquimbo. Sin duda, está relacionado la cultura cumbiera del país. Sin embargo, queda al debe porque solamente posiciona la voz institucionalizada, en tanto testimonio, con pocos recursos, sin contrastes y sin construir un perfil del grupo.

Así, en la mayoría de los relatos se confunde el presente con los recuerdos tejidos con hechos históricos, recortes de diarios, cultura popular como es la búsqueda difusa de los orígenes de la fiesta de la Pampilla, la fantasmagoría de predicadores, o el exalcalde Pedro Velásquez, pionero en construir la Cruz del Tercer Milenio, la Mezquita Mohammed VI y declarado culpable de fraude el fisco. Muchos otros alcaldes del país utilizarían las mismas estrategias para echar a perder empobrecidas localidades.

El tema indígena es un caso sin resolver aún en Chile. Así, Plaza ahonda en el concepto chango como expresión peyorativa de los serenenses a los coquimbanos. Desde su experiencia transita por Tierras Blancas, Tongoy y Guanaqueros, hablando sobre historias de piratas, tesoros y saqueos de holandeses y españoles en las respectivas costas. Asimismo, indaga en la historiografía del pueblo chango y el vínculo del arqueólogo Ricardo Latcham con el lugareño y descubridor Manuel Castro.

La pajarera problematiza un Coquimbo pedestre, un espacio geográfico-histórico donde se mezcla el presente fresco y un pasado lejano. De modo que se habla de piratas, de indígenas, del fastidio de la política de la Concertación, pero no de los detenidos desaparecidos que atraviesan a cada una de las ciudades del país, por ejemplo. No cabe duda que la importancia de las infancias y las complejas relaciones interpersonales en regiones son relevantes en la cartografía literaria chilena.

jueves, 8 de junio de 2017

Crítica Literaria: Hienas (2016) Eduardo Plaza

Hienas, Eduardo Plaza. Libros de Mentira Ediciones, 2016, 103 p.
Por Gonzalo Schwenke

Las dinámicas culturales del oligopolio editorial movilizan, resucitan y expanden carreras literarias bajo la lógica neoliberal. Por lo que no debiese extrañar el control cultural y de mercado ejercido en ferias extranjeras, la posterior y consecuente repercusión en el medio local llena de exitismo. Eduardo Plaza (La Serena, 1982), siendo un escritor emergente, es una muestra de lo expuesto.
En Hienas (2016), su primera publicación, los personajes de sus cuentos se despliegan principalmente en el litoral norteño del país: La Serena, Guanaqueros, Tongoy o Coquimbo. A partir de estos territorios, la obra toma distancia de otras narrativas actuales, las que exponen un paisaje próspero y de limpieza. Aquí, en cambio, se exhibe sin disimulo un escenario imperfecto y donde el subdesarrollo es una constante que se opone a los discursos de la macroeconomía supuestamente pujante y horizontal; es decir, la presencia y tránsito de piojos, ratones, la suciedad del entorno y de las industrias pesqueras, la pobreza y el horror de la tortura. Por otro lado, las características añadidas a los personajes tienen cierto mérito, ya que los sujetos están conformados en un presente sin ambiciones dentro de una atmósfera de tedio, fuera de toda solemnidad o rasgo hiperbólico, que es la receta en la que el mercado ha instalado la ficción literaria de carácter presuntuosa.
El tono melancólico y desafortunado de los sujetos que atraviesan estos relatos es la doble ausencia y resignación; esto es, la injerencia periférica pero no marginal, debido a la condición de provincia subordinada al centro y, así mismo, el continuo temple de un diario vivir sin mayores intensidades.
De hecho, en “Hienas”, el cuento que da nombre al volumen, los personajes recuerdan la infancia que los hizo pertenecer al sitio geográfico y el momento histórico determinado. Mucho de lo relatado está descrito desde sensaciones impersonales, sin mayor ápice de anhelos y subrayado por un cotidiano privado de porvenir: “Hablábamos de nuestras historias como las historias de alguien más. No éramos sino testigos de esos niños. Nosotros éramos hombres. Hombres tan lejanos de nuestros cuentos como de nuestras casas”. De esta manera, se menciona el futuro inmediato, el que está delimitado por relaciones sociales destinadas a sobrevivir y confluir a través del recuerdo del lugar y las personas.
En “Animales de compañía”, se enjuicia las movilizaciones sociales para el plebiscito de 1988, en la que se evidencia la esperanza puesta con la llegada de la democracia y que, sin embargo, este ambiente de ilusión simboliza el triunfo de la derrota y señalada por la promesa de un acontecimiento que nunca llegó.

Situado fuera de la zona de bienestar y alejado de protagonizar el destino particular, en los ocho cuentos de Hienas (2016). Se realza la insignificancia de vidas ínfimas y despoja de relevancia a los personajes, sin embargo, las existencias de no poseer talento y estar en permanente discordia, exigen fama y admiración como señala en el tema Exijo ser un héroe de los Prisioneros.