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viernes, 13 de marzo de 2026

Crítica literaria: El libro de Asgalard (2023) de Axel Kaiser



Sin timón y en el delirio. El libro de Asgalard (2023) de Axel Kaiser


Axel Kaiser es una persona intensa que despierta en algunos orgullo y para otros burla, aunque, a estas alturas, su imagen pública parece haberse reducido al “meme”. Su principal credencial es presidir la mesa directiva del Centro de Estudios de la ultraderecha Fundación Para el Progreso y ser más papista que el Papa Friedmann. Su falta de rigurosidad académica lo expone como “el rey desnudo” que se pavonea con títulos doctorales y se jacta de una supuesta supremacía genealógica.


El libro de Asgalard: La travesía de Valah (Editorial Minotauro, 2023) es la primera novela de Axel Kaiser (Santiago, 1981). La obra narra la caída del reino tras la traición del brujo Lohgrin (representante de la oscuridad), quien asesina a su aliado Letzog (símbolo de la luz) para instaurar un régimen totalitario. Al igual que en las distopías televisivas y el Nuevo Testamento, el relato sigue a Valah quien huye al exilio custodiada por guerreros. Ella es la portadora del “elegido”, una figura cuya legitimidad emana de la herencia aristocrática de los Aldagür y la autoridad de la hechicera Arthesia, y cuyo nacimiento representa una amenaza inminente para el dominio de Lohgrin.

Uno de los fallos narrativos que tiene la novela es la rigidez de su planteamiento, donde el mundo se rige por códigos binarios: bien y mal; luz y oscuridad; belleza y fealdad; bondad y maldad, etc. Esto deja muy poco para la sorpresa porque la ausencia de matices condiciona tempranamente al lector hacia un desenlace previsible. Asimismo, con esta estructura, el supranarrador es incapaz de conocer a sus propios personajes, tratándolos como meras figuras cuya existencia se supedita al cumplimiento de la profecía. Entonces, la verosimilitud de los protagonistas se ve mermada, impidiendo una exploración real de sus dimensiones psicológicas y motivaciones más allá del deber heroico.

Continuando con este burdo dualismo, la belleza física de Valah y la luminosidad de Letzog actúan como indicadores de pureza y bondad, mientras que la fealdad y las sombras se vinculan intrínsecamente a la maldad:

“Valah era de una belleza que superaba lo humano. Sus ojos claros reflejaban la pureza de las aguas de Krystallia y su sola presencia parecía disipar las sombras que acechaban en los rincones de Asgalard. En ella, la luz no era solo un atributo, sino su propia esencia (...) Lohgrin, en cambio, se había convertido en un ser de rasgos angulosos y sombríos, cuya mirada ya no buscaba la verdad, sino el dominio. La oscuridad había devorado la nobleza de su rostro.”

Llega a ser irrisorio que en pleno siglo XXI, el valor esté promulgado por una visión literaria donde la apariencia externa es un reflejo fiel de la calidad moral. Esto significa subestimar al lector contemporáneo al reducir la complejidad humana a una simple caricatura visual.

Al igual que en el universo de Condorito, donde las dinámicas de los personajes permanecen inalterables, en esta obra los protagonistas exhiben una rigidez absoluta, confinados en un molde determinista. Esta falta de matices produce un sinsabor como el beso presidencial de la ultraderecha en pleno discurso.

La novela presenta vínculos sumamente asimétricos: la mujer es reducida al cuerpo y la vulnerabilidad, mientras que los hombres detentan la voluntad de mando. Así, el discurso se vuelve incontestablemente masculino, dejando el destino de los Siete Reinos en manos de brujos y guerreros. Las mujeres no poseen un rol político que interpele la profecía, sino que están relegadas a la fertilidad y roles secundarios. Ni siquiera Arthesia rompe este esquema, pues su función como hechicera se limita a validar la agenda de los hombres: el linaje y la predestinación.

En la novela el destino de los personajes y del mundo no surge del libre albedrío, sino que el mismo se divide en castas y la capacidad de satisfacer el oráculo y herencias de antiguos linajes. Si hay posicionamiento ideológico este se basa en las castas y en las jerarquías establecidas por la tradición, lo que da estabilidad al orden social por encima del cambio social:

“Tú no eres un guerrero por elección, Vanir —le había dicho Letzog una vez—. Lo eres porque el fuego de tus ancestros arde en tu pecho. Tu espada no obedece a tu mano, sino a la historia de tu casta”.

Dicha tradición otorga el propósito y es el pasado el único que puede dotar de sentido el presente. Además Vanir no encuentra su propósito mirando hacia el futuro sino en el sometimiento de lo conservador.


Con una narrativa que avanza sin timón y en el delirio, El libro de Asgalard, Axel Kaiser traslada su habitual mesianismo a la literatura fantástica. La obra es tan predecible como sus columnas de opinión donde la libertad personal tiene letra chica: la mayor aventura es descubrir que lo nuevo es realmente cumplir con lo viejo. El heroísmo no consiste en desafiar el destino, sino en ser el engranaje más sumiso de un sistema que confunde el progreso con el apocalipsis.

Axel Kaiser. El libro de Asgalard: La travesía de Valah. Santiago: Minotauro, 2023, 268 páginas.


viernes, 20 de febrero de 2026

Reseña: Identidad bajo sospecha: desmontando el test de la blancura.


Identidad bajo sospecha: desmontando el test de la blancura


Sin duda alguna, No teníamos negros. Historia y prejuicios en Chile sobre su pasado y presente afrodescendiente (Crítica, 2025) de Montserrat Arre Marfull es un aporte a las discusiones identitarias sobre el mestizaje chileno. 


En esta obra, la autora instala una voz importante que analiza y discute la promoción histórica de la herencia europea. A diferencia de otros relatores, su perspectiva no se dirige a los educadores, sino al estudio de la Historia como una visión unidimensional que ha omitido el vínculo con otros continentes, los que han nutrido y aportado desde otras esferas al país. 


Es decir, la autora afirma que la identidad chilena se ha construido bajo un relato que invisibiliza sistemáticamente la raíz afrodescendiente en favor de un ideal europeo.


La autora afirma:


“…ni siquiera la historia que se nos ha contado de nuestro continente es americéntrica. (...) Europa ha marcado la pauta de lo que debemos saber de los últimos años (...) el estudio de una historia de Chile y de América ya no eurocentrada, si no afro centrada y americentrada, basándonos en la idea de redes de intercambio e influencias que comienzan a acontecer en el espacio global desde el siglo XV, pero cuyo origen están mucho más atrás.”


Al rescatar cifras de censos coloniales, la investigación evidencia que la presencia “negra” fue significativa y para nada circunstancial. Al recuperar nombres como el conquistador Juan Valiente y destacar el rol de los batallones de afrodescendientes en la Independencia, Montserrat Arre Marfull desmiente la creencia popular de que los negros simplemente “desaparecieron” de la historia nacional. Esta omisión histórica está ligada al racismo científico y teorías de superioridad racial que permean el pensamiento en personajes históricos.


Dentro de la vida político-cultural emergen figuras como Benjamín Vicuña Mackenna con afirmaciones peyorativas sobre danzas africanas. Luego, Nicolás Palacios, que tiene una inscripción pública en el cerro Santa Lucía, quién señala que los chilenos somos una raza superior apelando al araucano gótico. 


También están las propuestas de la política feminista Amanda Labarca, quien promovía que las clases populares blanqueen sus comportamientos para enaltecer y homogeneizar nuestra cultura dando cuenta que el ideal es asimilar lo europeo: “Nuestra clase popular es más blanca y dinámica, que la de nuestros hermanos de esta costa”. Mientras que la referencia de Gabriela Mistral está ligada a la falta de sensibilidad frente a los abusos que sufre la población afroamericana.


La presente investigación destaca que expresiones culturales tenidas por esencialmente chilenas —la cueca y el cachimbo, entre otras—, conservan una matriz africana que se intentó ocultar bajo prejuicios raciales. A pesar de este ocultamiento deliberado, la herencia persiste y ha ganado terreno institucional: tras ser reconocidos como pueblo tribal afrodescendiente por ley en 2019, una cifra importante de ciudadanos se reivindicó como tales en el último proceso censal de 2023.


Cabe reconocer que la editorial utilizó diferentes tipos de letras, los que restan fluidez y atención más que suma al objeto del libro. Sin embargo, la obra de Arre Marfull que busca dar cuenta de las heridas y deudas históricas de una nación que ha negado su genealogía. Es necesario plantear, que la autora no es la primera en abordar esta problemática; en las universidades del norte de Chile se ha investigado esta materia durante años.


Al confrontar los prejuicios que hoy se reflejan en la publicidad y el discurso xenofóbico, No teníamos negros. Historia y prejuicios en Chile sobre su pasado y presente afrodescendiente obliga al lector a reconocer que el país no es, ni ha sido nunca, exclusivamente blanco. Se trata, en suma, de un llamado a reformular el imaginario nacional de manera más íntegra, asumiendo la raíz africana como una pieza esencial que define tanto el pasado como la actualidad del país.


No teníamos negros. Historia y prejuicios en Chile sobre su pasado y presente afrodescendiente. 

Montserrat Arre Marfull

Editorial Crítica

Santiago de Chile, noviembre de 2025

232 páginas.


sábado, 6 de mayo de 2023

Crítica Detén el invierno (2022) de Andrés Valdivia. “El desconsuelo del Sol de América”

 

Imagen extraída de Cine y Literatura.cl

Detén el invierno (2022) es la primera novela de Andrés Valdivia. En ella narra el doloroso tránsito del padre en torno al cáncer en un niño de dos años, y lo hace de la forma más visceral posible. Este es un asunto clave en la obra puesto que está presente de modo transversal en la escritura.

El resentimiento por el destino que al narrador le toca vivir tiene una resonancia distinta cuando aborda las pérdidas y sus procesos, porque ahí tiene su mayor valía. Esto significa que leeremos una pena desbocada, mal direccionada y por lo mismo, carente de finalidad, porque es un constante monólogo que se encierra en sí mismo ofendiendo a cualquier personaje que pretenda acercarse.

Una de las grandes deficiencias que tiene este libro es la configuración del protagonista; un adulto responsable que buscó junto a su pareja tener un hijo. Ahora, frente a la enfermedad, los padres se dividen las tareas para sobrellevar lo mejor posible el cáncer. Sin embargo, luego de esto, el relato mantiene una sola voz, la perspectiva y la escasa amplitud presente impide que conozcamos otras aristas del caso como las reacciones del primogénito o la convivencia del joven matrimonio transitando este periodo doloroso.

En este texto hay un personaje desesperado y, por si fuera poco, una masculinidad sobredimensionada que daña la aparente intención del sujeto quejumbroso: “Peleábamos, nos reíamos, jodíamos. Así fue como las enfermeras del CECA me bautizaron como el Sol de América. Me las habría llevado a la playa a todas” (78). Cito lo anterior, para exponer la virulencia y simulación creativa a la que pertenece esta voz ficcional. Es decir, un animal bípedo que expresa mayoritariamente un único sentir y que no pierde el sentido del humor con la finalidad de ganarse la simpatía de las enfermeras y algo más.

Estamos ante una narrativa rústica que poco ahonda en las emociones de otros, porque como ya he mencionado, todo recae del protagonista. Hay un segmento llamativo, respecto a la desfachatez del personaje central, donde destaca las diferencias físicas de las mujeres: “Las amé a todas y a cada una de ellas. De las viejas a las jóvenes, de las guapas a las feas (…) es imposible no desearlas a todas con un deseo que es arrollador y al mismo tiempo respetuoso”, y como si fuera poco remata con un talante peculiar: “Siempre he creído que el deseo es un homenaje, sobre todo cuando es destilado, puro, sin vetas de realidad fáctica” (35).

Detén el invierno es una novela-testimonial sobre la dimensión oncológica infantil en Chile. Desde el punto de vista literario, la obra no tiene mayor realce, más bien tiene un socavón, es una historia unidimensional y lo opresivo del ambiente donde se instala, pero que tiene el beneficio para el lector que las páginas pasen diligentemente.

 

Detén el invierno (2022) Andrés Valdivia. Emecé editores, 186 páginas.

domingo, 5 de diciembre de 2021

Crítica literaria: La revuelta (2021) Laura Landaeta y Víctor Herrero

 


 Este libro de 228 páginas, está dividido en cuatro grandes capítulos: primero, “la noche más oscura”; segundo, “la crisis que nadie vio venir”; tercero, “el estallido”; y cuarto, “los días decisivos”. La tesis que instalan es la incapacidad del Gobierno para comprender que la calle exigía profundas reformas del modelo neoliberal que parte de la base de la Constitución de 1980.

 

El segundo Gobierno de Sebastián Piñera debía ser consagratorio para la derecha, situando a Chile como líder regional sin precedentes y pronto a dirigir la APEC y la COP25. El estallido chileno no solo impidió, sino que, dejó maltrecha a la derecha. A nivel internacional, nuevamente se le asoció con la dictadura de Pinochet tras el discurso de Piñera: “estamos en guerra contra un enemigo poderoso”, y hasta el momento, la presidencia se mantiene todavía con plenas facultades pese a las cuatro condenas internacionales de violaciones a los derechos humanos.

 

El libro consigna seis fallecidos sin identificar, cientos de heridos con rotura del globo ocular y ante la gran cantidad de heridos, los responsables continúan impunes.

 

La caída de Chadwick

Herrero dirige Interferencia, mientras que Landaeta es actualmente directora de contenidos del canal de TV La Red. Básicamente, trabajan con fuentes concretas donde el grueso son fuentes de medios de comunicación tradicionales y alternativos, pero también, están las fuentes de asesores, subsecretarios, operadores, funcionarios o gente de confianza que configuran el ambiente de pasillo al interior del palacio de gobierno.

 

Uno de los errores en el ritmo de lectura es el capítulo “La caída de Andrés Chadwick”. Los autores se tardan en dar contexto a la salida de esta figura política. El ministro venía con alto descrédito debido al asesinato por parte de carabineros de Camilo Catrillanca. Pese a la fuerte oposición y al impacto en la opinión pública no salió del cargo y fue blindado por su primo hermano. Queda cojeando esta sección al situar la muerte del comunero mapuche como posterior a la salida. Asimismo, una de las deudas que tiene esta obra es no alcanzar testimonios de miembros de la Segpres que dirigía Cristián Larroulet.

 

Piñera con cuadros psicóticos y estrés

Como todo libro que busca relatar lo acontecido en el ejercicio del poder ante situaciones trascendentales, el lector encontrará datos sabrosos. Por ejemplo, la intensidad de las manifestaciones en Plaza Dignidad provocaron cuadros psicóticos y estrés en el mandatario. El médico psiquiatra Ricardo Capponi lo hospitalizó en casa y Jaime Mañalich lo revisó. El personal de seguridad en la casa de los Piñera-Morel fue en aumento, así como la paranoia donde el edecán debía probar la comida ante el supuesto envenenamiento.

 

Si bien en lo técnico no se observan errores o imprecisiones, la crónica donde el escritor lleva al lector a transmitir las sensaciones de la revuelta es insuficiente. Esta se enfoca en materiales concretos como testimonios, tweets de políticos locales, análisis sobre los movimientos para dar salida a la crisis, trabajo en terreno de reuniones políticas, televisión, periódicos, entre otros.

 

La revuelta. Las semanas de octubre que estremecieron Chile (2021) utiliza la estructura de novela del lado B de la trama, intentando develar nudos importantes desde el pasillo, distinto la crónica novelada de John Reed en el libro Diez días que estremecieron al mundo, pero que entrega información primordial sobre la revuelta de octubre.

 

La revuelta. Las semanas de octubre que estremecieron Chile.

Laura Landaeta y Víctor Herrero

Editorial Planeta, 2021

228 páginas

Valor referencial: $15.900

domingo, 11 de agosto de 2019

Crítica literaria: Cola Mala (2019)



Cola Mala (2019) es la primera novela de “El rey feliz”, seudónimo de un periodista que vive en Santiago. A raíz del fallecimiento de la madre, desarrolla en 222 páginas su proceso de afiliación familiar y construcción identitaria social o afectiva, con una narrativa cómica que se apega más a la novela gráfica de Gay gigante (2015), y no a la literatura barroca de Lemebel. Dicha distinción permite establecer qué podemos esperar de este tipo de literaturas de blog y que están dimensionadas en la cultura del consumismo líquido del siglo XXI.
Este volumen de temática gay, y por decisión editorial, está divido en tres grande actos o 32 capítulos breves para agilizar la lectura. Por lo que la autoficción, abre nuevos campos comerciales para la cultura LGTB+ con tintes de autoayuda, como si la experiencia individual enmarcada en un marco ideológico tuviese, por definición misma, la representatividad de lo colectivo. Así, inicia su viaje descubrimiento con el cambio de Colegio de Dios al Instituto Nacional. Entonces, las formas de comportamientos deben acoplarse a la ley del más fuerte y al más burlón entre otras violencias en permanente visibilización: masculinidades en construcción, divergencias, materiales, psicológicas, entre otras.
Son los tiempos de las tomas y las revueltas estudiantiles del 2006 (derrotadas prontamente por los burócratas), el narrador es un asiduo consumidor de la cultura pop mediatizada por la televisión que lo enmarca, e incluso lo diseñan en su imaginación. No por nada, Sailor Moon es un alto referente gay, Kudai (resucitados por enésima vez), las series musicales o sobreactuadas de TV cable, las series Inuyasha o Pokemon. Del mismo modo, son los años de los juegos de cartas Mitos y leyendas, las coreografías del axe, las películas de Harry Potter y el Fotolog al Facebook al Messenger.
No falta el matón del colegio que, en su masculinidad agresiva, cumple con la paradoja de ser curioso con lo homosexual, pero ante la negativa, lidera estas disciplinas de venganza: “[Los] Cuadernos rotos, chicles pegados en la ropa, escupos, útiles que desaparecían del interior de mi mochila y los infaltables papes por mera diversión. Tras la expulsión del señor Rancio el bullying no hizo más que aumentar” (57). El que acusa se vuelve débil y debe ser marginado por los compañeros. En estas micro-sociedades, cualquier defensa de los docentes o el sistema administrativo aumentaría estas situaciones.
Estas personas se encuentran encajonadas, y cumplen con la ley darwiniana, o se adapta al sistema o muere. De modo que, nuestro protagonista desarrolla su estado psicológico: “Las burlas sobre mi sexualidad, eso sí, no me afectaban tanto. Me dolía mucho más sentirme incomprendido, mirado en menos, sin amigos que quisieran jugar conmigo a la hueá que fuese” (58). El denominado Bestia quien tiene una voz aguda, utiliza la vieja confiable de jugar a la pelota, para sobrellevar sus años de homosexual encubierto en el liceo. Este personaje se reconoce como personaje tipo de traidor o converso, que debe permanentemente validarse ante el resto para mimetizarse con los demás.
Al igual que la novela juvenil Mala conexión de Jo Witek, que relata el caso de una niña de 14 años frente a la manipulación virtual de un adulto que la obliga a sacarse fotos provocativas. Los afectados buscan información en la televisión o Internet (porque los padres no son un referente, sino todo lo contrario), pero las respuestas son embrolladas. Además, los encargados han normalizado los distintos tipos de bullying y los alumnos victimarios son reincorporados meses más tarde. Por consiguiente, se ha instalado en la población el honor de sobrevivir a esto, como mérito que te convierte en el buen ciudadano. El mismo que aguanta las alzas en las cuentas de luz, locomoción colectiva, la venta de nuestros recursos naturales a países asiáticos, soportar varios tipos de violencia, entre ellos, la de los empresarios que contaminan el agua, te venden el agua embotellada y realizan un negocio impecable. Ok, recemos.
Es necesario mencionar que la escritura de este periodista es casi oral, con diálogos directos, y precarias reflexiones de su situación de cierto privilegio, pues no observa otras realidades o existencias paralelas, por lo que el grado de victimización es patente y restringido en su alta ingenuidad. Ahora bien, los conflictos que rayan en la anécdota, finalizan tan rápido como los dulces masticables, lo que impide profundizar en estas relaciones que están marcadas en el relato. Es necesario reconocer que, este volumen es un tipo de escrituras de/para blog que representa lo que es, incapaz de salir de este ámbito.

Si bien Cola Mala desarrolla el concepto del viaje en busca de la identidad, el relato no posibilita una diferenciación de este yo con otras subculturas adolescentes como los emos o los pokemones, lo que limita el campo de acción de otras discriminaciones. Asimismo, la personificación de este tipo de gay es una impronta sintética, y donde no todos son de esta manera, pero es el disfraz que mejor puede desplegar.

Cola Mala. El rey feliz. Planeta Ediciones, 2019, 222 páginas.
Gonzalo Schwenke es profesor y crítico literario.
Valdivia, 2019.

jueves, 18 de julio de 2019

RESEÑA: Chile, país de traidores.



La RAE delimita la palabra traición como “falta que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener”. Por lo que este, volumen analiza la adquisición, la manipulación y la conservación del poder mediante la felonía como rasgo secular durante el siglo XX. Pero, además, con un énfasis contiguo con el antes y después del golpe de Estado de 1973.
“Una historia de la traición en Chile” (2019) es el nuevo libro de divulgación histórica donde sus autores: Paulina Fernández y Sebastián Sampieri tienen formación universitaria en el área. Desde ese lugar, estos 22 capítulos están vinculados con epígrafes, elementos culturales que diversifican y respaldan los significados. La parte más importante es la forma de utilizar una bibliografía robusta quince páginas y filmografía reciente. Ellos realizan una labor ensayística que atraviesa el volumen evidenciando diálogos entre fuentes, validando antecesores, con una disposición crítica, en un marco de lenguaje formal que carece de grandilocuencias.
En la Divina Comedia de Dante, la traición es el último círculo del infierno y está descrito como un gran lago congelado donde se encuentran sumergidos los condenados y se los castigan. Aquí están personajes como Satanás, Caín y Judas los que suponían ser fiables y con frialdad traicionaron a sus cercanos.
En este escenario, “historia de la traición…” toma 22 casos y representaciones del uso de la traición, quienes la ejecutan y compiten por liderarla en este Chile. Sin embargo, toma un doble cariz porque la palabra es inestable y debe considerarse bajo un contexto social, en condiciones materiales y simbólicas.
En la primera parte, se disponen de personajes históricos que están en la cúspide de la política o cercano a ella: presidentes, militares, partidos políticos y de la iglesia. Entre ellos campean González Videla y Augusto Pinochet, pero timando.
Es relevante el primer capítulo: “Más allá de la guerra civil”, en la que despliega se desmiente le carácter progresivo del gobierno de Balmaceda como la educación lo ha establecido. Antes del estallido de la guerra civil de 1891, el país vive la bonanza del salitre y que se disputa, dicha gobernabilidad, entre el ejecutivo y el parlamento. Luego, los autores señalan bajo el determinismo de la civilización vs la barbarie que imperaba en esos años, que la clase política en sus intereses de clase, le da la espalda a la cultura de la población que conforma la identidad del país. Es decir, se privilegia la modernidad y la civilización europea, anhelando la sociedad parisina previa a la primera guerra mundial. De esto, deviene en la nula comprensión de los elementos que participan como nación, y ante la ausencia de reconocimientos, se desprende que Chile es un Estado fallido.
Asimismo, las traiciones de Dávila a la República Socialista, quien oportunamente es el limbo para dar paso al mandato de General Carlos Ibáñez. El Frente Popular representado en la figura de Aguirre Cerda quien llega a La Moneda con la campaña “Pan, techo y abrigo”, y puntualmente con la reforma agraria, pero que, debido a la fuerza de los terratenientes del Partido Radical de 1938, la voluntad de modernizar el campo chileno se vuelve nula.
El lugar de las mujeres en las movilizaciones, ya sea a través del Partido Femenino entre 1946 y 1949, o el poder femenino para derrocar a Allende, son tiene una preponderancia en qué tipo de mujeres personifican. En el momento en que las mujeres apoyan a Ibáñez del Campo, su cariz histórica está señalada como: “superioridad espiritual de la mujer en contraposición al materialismo masculino, lo que haría que estén en posición de la reserva moral necesaria para encaminar a la patria en el camino correcto” (46). Esto es aprovechado en las luchas geopolíticas de la Guerra Fría, en que se enfocó en un tema de género. A saber, se luchó dentro de los hogares y en los medios de comunicación, puesto que “la figura de la madre aleonada e incólume como bastión familiar incorruptible” (69), por lo mismo, las madres, no iban a aceptar ver que su familia sea destruida por rebeldes barbudos cuando se lleven a sus maridos paredón, sus hijos hambrientos o las mujeres violentadas. En ambos casos, luego de ser utilizadas en el espectro político social, rápidamente son apartadas en la toma de decisiones por los hombres. En este último caso, la apoliticidad es uno de los engranajes visibles donde más rápido se puede concluir en ser víctimas de traición.
En otros capítulos aparecen las traiciones de la Falange al Partido Conservador, la Iglesia Católica a la oligarquía, Pinochet al Poder Femenino y a Salvador Allende. En última instancia la traición del Partido Socialista a Allende está ligado con la segunda parte del volumen, pero también, el volumen desarrolla la interna del conglomerado durante el gobierno de la UP. Por lo que la toma de decisiones no es partícipe un líder, sino un colectivo que nunca ha sido enfático en el mea culpa correspondiente. En voces de los autores: “El precio más grande lo termina por pagar el ‘pueblo’, mientras que gran parte de la élite política de izquierda abandona la posición combativa, logrando exiliarse; y al retorno, con contadas excepciones, vuelve ‘fresca’ y reformada: lista para reacomodarse a ‘los nuevos tiempos’.” (94)
En la segunda parte, la emergencia de la postpolítica aquella que es el signo de hacer política sin desempeñarla, la era del consenso mediado, la mimetización de los partidos y la ausencia de disenso está representada en las transformaciones de los ideales de personas en altos cargos que juegan a cambiar el país con más oratoria que materialidad.
¿cuál es el lugar y responsabilidad de Altamirano que reformuló al PS asimilando las políticas socialdemócratas europeas? De igual modo, se enjuicia el rol del Movimiento de Acción Popular con Oscar Antonio Garretón y Eugenio Tironi a la cabeza, Enrique Correa quienes regresaron del exilio europeo para realizar un pacto para sacar al dictador, negociando los muertos del PS, MIR, PC, para que ellos profundicen el neoliberalismo. Dicho de otra manera, el Estado controlado por la exConcertación fue llevado en bandeja, a través del lobby, a los empresarios, donde allanaron el camino de las desigualdades sociales. Hoy devenidas en un abismo de discriminación producto de la misma globalización que promulgan.
¿Cuál es lugar de responsabilidad de los delatores como el Fanta, la Flaca Alejandra, Luz Arce? Asimismo, ¿cuál es el juicio sobre los miristas torturados que participaron del montaje en el edificio Diego Portales (1975)? Estos izquierdistas atrapados, torturados y quebrados mediante electricidad en los genitales y zonas blandas durante meses que se convirtieron en delatores y participando en sus desapariciones de excamaradas del partido. Acá, cabe hacerse la pregunta desde el siglo XXI: ¿cuántas personas pueden aguantar el horror de la tortura como lo hizo Lumi Videla, por las convicciones e ideales por una sociedad nueva?
Por otro lado, se habla de traición de la Alianza por Chile en su conveniente blanqueamiento político en relación a la figura de Pinochet que se ha ido diluyendo, pero que, a fin de cuentas, es el padre totalitario de la derecha y Guzmán el orden pensante. Disociarse de él, no sólo es una castración sino eliminar sus orígenes.
En la otra vereda, la Concertación que celebra los 5 de octubre con el triunfo del “NO” y “la alegría ya viene”, se exaltan los logros de la economía nacional de manera tangible, pero sin la población. La gran traición de esta política es el utilitarismo. Es decir, para las jornadas de protestas contra la dictadura, la oposición llamó a las poblaciones que desestabilicen el régimen mediante barricadas y paralizaciones nacionales: “la Concertación borró a los sectores populares de la narrativa histórica de la lucha contra Pinochet y la transición (…) terminaron siendo desestimados como movimientos sociales.” (177) Tras esto, los discursos institucionales democráticos pasaron del mítico pueblo al modernizador vocablo ciudadano, o sea, con este tipo de mercado se anula la colectividad consciente y movilizadora a una persona poco soberana, individualista y obediente.

Finalmente, el volumen da cuenta sobre el rumbo que ha tomado el país, realizando una síntesis reflexiva sobre los personajes públicos que cumplen con el vocablo de traidores. Asimismo, “una Historia de la Traición en Chile” siendo una de las lecturas posibles, es uno de los libros del año debido a la forma de trabajo y lenguaje responsable en su carácter de documento informativo.

Gonzalo Schwenke
Profesor y crítico literario
Valdivia, 2019.

jueves, 6 de junio de 2019

[Crítica sobre libros]: Matadero Franklin (2018) de Simón Soto: El revival chilensis.




Matadero Franklin
Simón Soto (Santiago, 1981)
Planeta ediciones, 2018, 325 páginas.

Matadero Franklin (2018) es la primera novela de Simón Soto, quien no hace mucho sacó cuentos bien trabajados: cielo negro (2011) y la pesadilla del mundo (2015). También, trabajado realizando guiones para telenovelas y para este volumen, ha desarrollado una investigación sobre parte de la historia del barrio que derivó en una adaptación para tv.
La historia novelada comienza con el responso de la madre de Mario Leiva, popularmente conocido como el Cabro Carrera. En el funeral de la madre del protagonista se cantan y se come. Allí se encuentra con el Lobo Mardones, un hombre de gran respeto en el barrio, líder de cuadrilla en el matadero y con quien entabla un escuálido diálogo, pero lleno de códigos silenciosos. Este encuentro que supone el primer capítulo apenas tiene relevancia, a diferencia del momento cuando es molido a palos por el equipo del comisario Negrete tras la delación del cojo Contreras.
Mientras tanto, nos encontramos con Torcuato Cisternas un jugador empedernido, que pierde su plata y el de su hermana en las apuestas ilegales del Club Hípico. Para solucionar este asunto, acude al Lobo Mardones para solicitarle quinientos pesos de la época, con el fin de irse a Argentina. Quince años después se verán las caras en circunstancias sumamente opuestas, lo que generará un choque entre el bienhechor y la incipiente mafia de Cisternas.
Que la novela tenga tres grandes partes, divididos en capítulos menores justifica la cantidad de personajes que emplea. Esta construcción aleatoria permite que el contenido tenga mayor fluidez, ya que desarrolla acontecimientos, sin darle mayor trasfondo narrativo a los sujetos. Ante esta ausencia, la novela se llena de cuadros costumbristas y descripciones corpóreas que tienen la intención de buscar el arraigo identitario nacional: “Torcuato necesita escuchar una buena cueca, dijeron, una cuequita gritada como solo saben hacerlo los guapos, los hombres rudos, los gallos bravos, de trabajo, que alimentan su espíritu de la cueca, al igual que él, que pese a no haberla escuchado como corresponde hace tiempo, la ha mantenido viva en su corazón, en su alma, porque la cueca, les dice Torcuato a sus invitados, suena en el alma, en todo momento, y en La picá del Negro Jorquera se entonan versos sobre cuadrinos, sobre el viejo barrio Matadero, sobre la gloria de maleantes desaparecidos, sobre el dolor y el amor de mujeres que no pueden corresponderles a los hombres que las aman, pese a amarlos ellas también.” (82).
De lo anterior, se hace patente una verborrea empalagosa que carece de la porosidad que el realismo social sí evidencia en los grandes escritores. Es decir, el narrador omnisciente está de visita por el barrio, porque la intención literaria no es ahondar en las características de los protagonistas, sino generar fascinación a través de los retratos tradicionales de un Chile republicano.
De qué sirve acomodarse en la novela decimonónica en este siglo XXI, si se repiten las apreciaciones de un tiempo antiguo. No por nada, se busca este revival cultural, representado en esta cita: “una cuequita gritada como solo saben hacerlo los guapos, los hombres rudos, los gallos bravos”, favorece la omisión de que la banda folclórica integrada por mujeres, como “las capitalinas”, sean incapaces de cantar cuecas bravas porque no satisface a estos tipos rudos y audaces.
El gran problema de esta novela, es que si la lees en voz alta, los párrafos más extensos no tienen puntos de descanso hasta el quinto o sexto renglón. Por consiguiente, la coma se utiliza sin pudor. Dicha confusión se extiende cuando la redundancia es un arte continuo por la falta de herramientas literarias: “Son las seis de la madrugada y están desde las dos trabajando duro (…) en el Matadero las distintas cuadrillas trabajan duro para lograr (…) (36)”. Asimismo, existe la extravagancia de emplear los nombres propios en varios turnos, en vez intercalar con los pronominales o la sustitución léxica como para variar un poco: “El Lobo Mardones se acerca al Cabro y le extiende la mano. El Cabro levanta la suya y el Lobo se estrecha con fuerza. Así se saludan los hombres grandes, piensa el Cabro (18)”. En este sentido, la elección del narrador omnisciente restringe las dinámicas de estas figuras, y esta forma de contar las historias pertenece al oficio de guionista, porque en aquel campo, no tienen que ampliar el relato, sino que dirigir y visualizar las acciones que los actores interpretan. Asunto que, en esta novela, se presenta fuertemente en reemplazo de la habilidad del proceso de escritura.
Finalmente, Matadero Franklin es una pésima novela con uno que otro punto destacable, pero que cae en su propia trampa, puesto que la decisión de reciclar lo decimonónico, de utilizar un lenguaje carente de técnica y de personajes cándidos.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Crítica Literaria: Réplicas (2016) Diamela Eltit

PENSAMIENTO PÚBLICO[1]

Por Gonzalo Schwenke


Foto: Google imágenes.


Réplicas: Escritos sobre literatura, arte y política(2016) es un conjunto de ensayos, columnas de opinión y papers académicos escritos por Diamela Eltit (1947). La autora de “Lumpérica (1983), que destaca por una narrativa compleja pero de alta calidad, se sitúa a una orilla del circuito literario nacional con el propósito de intervenir en la vorágine del sistema, abordando temas contingentes que ponen en el centro un país estructurado a partir del control cultural de los poderes fácticos. Como era de esperar, este último libro sigue esa misma línea.


El volumen está organizado a partir de símbolos del mundo indígena, tales como “el murciélago”, “el huemul”, “el canelo”, “la nutria”, “el erizo marino”, “el ciruelillo” y “el Martín pescador”, es decir, relatos kawéskar que representan la flora y fauna como signo de la producción desde el margen, lo negado y lo mutilado. Estos textos han sido recopilados por el lingüista Óscar Aguilera e interpretados por la autora en un texto publicado en el Chile de 1986. Al respecto, Nelly Richard afirma que “el relato kawéskar proyecta a lo largo de sus páginas una obstinada genealogía de lo extraviado que acosa como fantasma al presente y su actualidad liviana, removiendo capas de lejanía y asombro, de culpas y remordimientos”.


En sus siete secciones, se despliega un análisis contundente sobre literatura, arte y política, en el que transitan una gran variedad de artistas, teóricos y personajes como Mistral, Lispector, Droguett, Rojas, Parra, Fuentes, Joyce, Beckett, Perlongher, “Las Yeguas del Apocalipsis”, Nelly Richard, Julio Ortega, etc., en un afán dialógico y, al mismo tiempo, de disponer una lectura ajena a la tradición literaria.


Uno de los capítulos más llamativos es “el erizo marino”,  compuesto por una serie de artículos cuyo objetivo es comprender sucesos nacionales como la figura de Camila Vallejos y su liderazgo en el movimiento estudiantil; Roxana Miranda y su pertenencia a la marginalidad de base, discriminada por las élites. Estas vindicaciones por parte de la autora traen a la memoria las demostraciones de fuerza en 1983, las que tenían como propósito desestabilizar el régimen cívico-militar hasta que en los noventas la Concertación las anula. En la misma sección aparecen Karadima, los hackers y sus esfuerzos por liberar el espacio cibernético, la crónica del mapuche y su espacio sistemáticamente violentado por el neoliberalismo, la manipulación del imaginario infantil en el “Cisarro”, etc. En ese sentido, cabe destacar que Eltit propone a modo de resistencia una nueva forma de producir pensamiento como respuesta, por ejemplo, a la utilización de los discursos oficiales para construir una representación anacrónica de Gabriela Mistral y su obra, poniendo un velo sobre su faceta más rebelde y reduciéndola a la imagen inofensiva de la poeta de la “naturaleza y religiosidad”, a manera de pegatinas en los vagones del Metro de Santiago.

 
Lanzamiento "Réplicas". Diamela Eltit, Dra. Nelly Richard y Dra. Patricia Espinosa. Foto. Gonzalo Schwenke
Con un sostenido espesor teórico, esta pensadora pública se instala en el medio para repensar los acontecimientos políticos y literarios, no mediante la imposición del género y la tradición –los que debiesen integrar nuevas categorías de falacias–, sino con una perspectiva lúcida, fresca y brillante, frente a la batería de frivolidades mediáticas que destacan en los diarios por sus análisis predecibles, básicos, y reiterativos hasta en su retórica.

Un libro que coloca en juego una serie de problemáticas dando densidad a su argumento, ampliando el acotado espectro cultural nacional, aquél que se caracteriza por el cóctel y la ausencia de disenso para generar la propia réplica a la Réplica. Precisamente, valiéndose de tácticas de visibilización que ofrece el duopolio editorial, la autora subvierte discursos estáticos mediante planteamientos que integran tanto al lector común como al especializado, y a su propia situación de género.




[1]Diamela Eltit. Réplicas: Escritos sobre literatura, arte y política. Santiago de Chile, editorial Planeta, 2016, 400 p.

lunes, 4 de julio de 2016

RESEÑA: "Mal educados" (2016)

“Mal educados: Mitos y verdades sobre la educación en Chile”
Ricardo Martínez Gamboa (Santiago, 1969)
Editorial Plantea, 2016
156 páginas.


Por Gonzalo Schwenke



Mal educados” es un texto-ensayo convencional, en donde se intenta responder 40 preguntas que un amplio sector realiza sobre la educación y que considera una bibliografía, la cual va desde textos teóricos hasta artículos de diarios, otorgando un aparente respaldo y seriedad al tema. Se observa, entonces, que el autor no está improvisando. Aun así, lo que determina el valor del libro será su discurso ambivalente, que no termina de posicionarse ni tampoco define sus planteamientos cabalmente.

Martínez Gamboa (1969), en un afán dialogar sobre la educación chilena, establece un discurso que rememora el slogan “hoy vamos bien, mañana mejor”. En su introducción sostiene ideas confusas, como denominar la actual situación educacional como una “revolución”, la que luego cambiará a una reforma educacional. Sólo en el término utilizado existe imprecisión. En el mismo sentido, sostiene que la reforma se viene desarrollando desde los noventas, en cambio, no se describe ni cuáles ni de qué manera se desarrollaron dichos cambios, aunque determina que fueron avances sorprendentes. Por lo tanto, nos hemos ido convirtiendo en un país pionero a nivel educacional en la región, lo que nos permitiría acercarnos a los modelos europeos.

Hacia el final de esta presentación, declara que: “me esforzado, hasta donde ha sido posible, para mantener lo que se denomina ‘un punto de vista neutral’, de manera de someter cada una de las preguntas a una respuesta lo más significativa posible. Sin embargo, es evidente que, como cualquiera, dispongo de mi propia perspectiva. En diversas ocasiones, a través de este libro, aparecerá mi experiencia personal, alguna anécdota, alguna historia de la que he sido testigo.” (21). Dicha neutralidad y carencia de protagonismo, es inquietante si entendemos lo anterior como: soy autor de un libro, instalo una mirada neutral sobre el tema, está mi experiencia presente, mas no soy protagonista sino testigo de mi vida. Cualquier estudiante -quienes históricamente han puesto el tema en la palestra- que le comente lo anterior, generaría un lolface.

Dentro de las cuarenta preguntas que ha realizado el profesor y experto en el tema, observamos la ausencia de la palabra clave: ¿qué es calidad?, ¿qué entendemos por calidad?, ¿cuáles son los parámetros que rige la calidad?, o ¿cuáles son los elementos que constituyen la calidad?; preguntas que tampoco los gobiernos han sabido responder, pero el autor ha manifestado abordar los problemas actuales de la educación. En una de las interrogantes: “¿En qué hay que fijarse a la hora de elegir un colegio?”, escribe que, “partamos de la base de que todos los padres al elegir un colegio buscan calidad para sus hijas e hijos, esto es, que el colegio logre entregarles la mejor educación posible(…)” (30). En una relación asimétrica, la búsqueda de calidad y la posterior selección del establecimiento educacional que tanto ansían los Padres y Apoderados para sus hijos, está situada en el tipo de visión y misión que elabora cada colegio, por lo que inferimos que el desarrollo de la calidad se encuentra allí, así también, como parte de la selección, se encuentra el costo de colegiatura, la distancia desde el colegio al hogar, las evaluaciones SIMCE y PSU.

Este libro supone estar dirigido al lector interesado en la educación en Chile, pero no presenta respuestas claras a la noción de “calidad”, tampoco en los “Estándares Docentes” (2011), que el autor cita en la pregunta n° 7 “¿Hay que evaluar a los profesores?” Sin embargo, donde sí está claro, es que exista un control de medición docente y a las escuelas de pedagogía, mediante pruebas, actividades, tomar muestras de clases, revisar programas de estudio y con una pauta realizar evaluaciones el ejercicio de la docencia


Finalmente, el objetivo del libro pretende responder diversas preguntas sobre la educación, valorando lo hecho hasta ahora e invitando al lector a que aclare sus dudas sobre la materia. De esta manera, sin una visión crítica y poco específica, “Mal educados: mitos y verdades sobre la educación en Chile” (2016), deja más inconsistencias argumentales, como creer que la bebida zero ayuda a la dieta o a la diabetes. 

miércoles, 20 de mayo de 2015

Crítica: “El número Kaifman” o la escritura esotérica (2006) Francisco Ortega

“El número Kaifman” o la escritura esotérica
Francisco Ortega (Victoria, 1974)
Planeta Ediciones, 2006.
291 páginas.

Por Gonzalo Schwenke
 
"Nunca me gustó como quedó el original" Francisco Ortega.-
  “El número Kaifman” (2006), es la historia sobre tractores Lanz de posguerra en la Patagonia chileno-argentina, en ella, se conjugará la conspiración entre el pasado con las respuestas que puedan dar manuscritos de una dinastía al cuidado del imaginario de la “Isla Friendship” y la “Ciudad de los Césares”. Un relato de lo oculto y esoterismo nazi, donde Paul Kaifman tiene que desmarañar la nebulosa,– pese a que es un escritor fáctico y analista del estado de las cosas— es un dado totalmente manipulado por una doble agente: Sarah Lieberman. Ambos irán, pero con intereses particulares, en busca de respuestas al asesinato Samuel Levy Kaifman, a los hielos patagónicos.

La escritura de Ortega no tiene un ápice de narrativa. ¿Qué va a narrar?, nos está reportando sobre la historia y lo que acontece con sus personajes. Dicha ausencia procede principalmente, en otorgar acción a la historia y no al ambiente sicológico de los personajes. Por lo que, sustancialmente cambia su lectura; de literatura a nota de entretención. Lo anterior se observa en el agudo análisis del autor, al caracterizar a los personajes mediante adjetivos genéricos y de dominio público: Un sujeto nervioso y buena persona, la mejor combinación del mundo.” (43). Tal es la pobreza intelectual que Julio Verne tiembla (?), porque el ambiente en que configura los escenarios es escueto, pálido y confusoJunio en Santiago suele ser cansado y triste. Cielos nublados, fondos fríos, silencios grises, la más exacta de las ecuaciones invernales” (75). Para rematar, el libro contiene problemas de redacción básicos.

Este libro es una simulación de revistas de misterios, en que la información sobre alemanes en los campos del sur de Chile estaría mejor expuesta en el reportaje del diario. En términos simples, esta novela está desarrollada para quienes tragan manjar sin degustar su espesor ni su contenido, sólo engullen. Un peligro latente.