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viernes, 7 de mayo de 2021

Crítica literaria: Es lo que hay (2021) Begoña Ugalde


 

Es lo que hay (2021) es la primera publicación en narrativa de Begoña Ugalde (Santiago de Chile, 1984). Previamente ha publicado poemas La virgen de las antenas (2011), Lunares (2016), Poemas sobre mi normalidad (2018) y La fiesta vacía (2019).

En este volumen, los cuentos conjugan un estilo parco y escueto sin grandes estridencias. Las protagonistas son mujeres (madre soltera o en pareja) que no han logrado el éxito que representa la obtención del título universitario, tema relevante para las familias conservadoras y acomodadas. Por lo mismo, ellas están disconformes con el estilo de vida, visibilizando la dificultad del ejercicio de la maternidad y haciendo propio el feminismo en un mundo salvaje y neoliberal.

Estas sutilezas están en segundo orden como la curiosidad por el lesbianismo en el cuento “Es lo que hay”, a diferencia de lo heterosexual que está presente sin tapujos en “Fuera del mapa”. Lo lésbico aparece como mera intención y deseo porque no hay personajes de diversidad sexual que desafíen esta sociedad tradicional. Lo que sí aparece de modo transversal, son personajes femeninos, que en algún momento tomaron consciencia, ante situaciones o expresiones que les parecen ofensivas y ponen de manifiesto su molestia.

La visión sobre la masculinidad que desarrolla Begoña Ugalde no está supeditada solamente al personaje indócil, descuidado y sin pudor que representa Camilo en los dos últimos relatos. En efecto, otros personajes como los padres jóvenes, aparecen protectores, presentes en la crianza y partícipes económicamente dentro del ámbito familiar.

Irremediablemente los personajes no se amplían porque la narrativa de la autora está diseñada así. Tal como se muestra en “Cementerio General”, donde se aplica la fórmula del Eros y Thanatos. La joven madre se recupera del parto, narrando los inconvenientes del posparto: escalofríos, fiebre, depresión, malhumor y el niño pegado a la teta en una noche de Halloween. En el exterior, los niños juegan al “dulce o truco” y amenazan la puerta de la casa, lo que compromete la seguridad de la familia.

En el cuento “Es lo que hay”, relata los inconvenientes de la estadía familiar en Barcelona. El esposo trabaja en los delivery (tercerización laboral), mientras la protagonista lidia con los deberes de la casa, cuida a la niña y finaliza la tesis sobre detenidas desaparecidas en la dictadura de Franco para la Universidad de Barcelona. Enseguida transita por distintas capas secundarias como el deseo por personas del mismo sexo, la precarización laboral, los sujetos marginales que parecen simpáticos de la puerta hacia afuera, como los okupas que rondan la finca y las torturas a mujeres, entre otras.

En “Una pregunta difícil de responder”, la rutina familiar la componen Julia, Víctor y dos hijos. Para las festividades, Camilo plantea desviarse de su ruta por Europa y pasar a Barcelona a compartir con su hijo biológico. Su aparición en el departamento provoca un desorden y mucha incomodidad en Julia. De pronto, el hijo Pablo pregunta: “¿Y cómo fue que aparecí yo?”, mientras en la calle hay tormenta eléctrica. Con el descaro que caracteriza al padre biológico ausente intenta explicar el nacimiento de Pablo: una relación fallida, de continuas peleas, inestabilidad laboral y la presión de él por tenerlo. Así cualquiera es padre.

De lo anterior, continúa en el último cuento “Fuera del mapa”. Durante el verano en la que la protagonista entraría a la universidad, conoce furtivamente a Camilo en Plaza Ñuñoa y sin más explicaciones se van a mochilear a Argentina y Brasil. El relato enumera las pellejerías de dos jóvenes que juegan a la aventura y tienen tantas peleas como sexo.

Las protagonistas de este libro, pertenecen a una clase media con oportunidades para salir de la universidad pero no lograron reinventarse debido al nacimiento de un hijo, que representa el obstáculo para progresar en la vida y nunca podrán liberarse de ello. Mientras que la presencia de la familia no está sino como un tedioso protocolo que hay que cumplir durante las festividades.

En “Máscaras de tigre” Silvia es madre soltera y tiene que ingeniárselas con esporádicos trabajos mientras crece su hijo Gaspar. Vive en un departamento de un ambiente ubicado en un connotado barrio de Santiago centro-oriente y ha congelado la carrera de Artes Visuales. Si bien la protagonista parece divertirse junto a su hijo, lo cierto es que el relato lo sitúa como un impedimento para alcanzar algún tipo de progreso en la vida. “Era absurdo pensar que con el niño a cuestas llegaría demasiado lejos”, dice. Es decir, añora la libertad que tuvo, y mientras escasea el dinero, se siente marginada de sus antiguas amigas o de las fiestas a las que no asiste porque suele estar mayormente agotada después del trabajo.

Luego, en “Piedras Preciosas” persiste la idea planteada anteriormente. Laura viene saliendo de una reciente separación, busca un trabajo como traductora en Londres para una importante editorial inglesa y junto a los mellizos Juan y Gabriel recorren el Museo de Historia Natural. En aquel lugar queda absorta y entra en una relación, que abre la posibilidad de abandonar a los vástagos.

Vale la pena detenerse a observar la «red» de la que forma parte un autor o autora. En este caso, incluye a Alejandro Zambra. ¿Este nombre tiene la intención de validar el libro? ¿Al modo de un padrino? Chile: el país de los padrinos, incluso en un libro feminista.

Es lo que hay es una obra que destaca por hablar sobre los dolores tras el parto de la maternidad y que ha conformado un mundo interior que protege con ahínco. Por otra parte, se observan dos falencias. Uno de ellas, son los cierres abruptos de los relatos quedando en la futilidad y no aprovechando el potencial. Y por último, hay demasiados personajes planos y estáticos que no se despliegan porque la estructura es un “yo” en relación a las sociedades de Santiago de Chile, Buenos Aires o Barcelona, donde cada vez es más complejo desenvolverse.


lunes, 6 de noviembre de 2017

Crítica Literaria: La muerte se desnuda en La Habana (2017) Hernán Rivera Letelier

La muerte se desnuda en La Habana
Hernán Rivera Letelier (Talca, 1950)
Alfaguara, 2017.
177 páginas.


Por Gonzalo Schwenke

Profesor y Crítico Literario.


 La propuesta de Hernán Rivera Letelier en el mundo del policial tiene varios pasos en falso, mucho de mercado y poca literatura sustancial. Luego de La muerte es una vieja historia (2015), La muerte tiene olor a Pachulí (2016), el autor cierra la trilogía del Tira Gutiérrez y la hermana Tegualda en La muerte se desnuda en La Habana (2017) con resultados correspondientes para el ranking de libros más vendidos, allí donde escasamente hay buena narrativa.
En esta ocasión el Tira Recaredo Gutiérrez y la hermana Tegualda son contratados por Julio Parson, uno de los controladores de Antofagasta a través de las empresas mineras, quien busca a su hijo Theodore Parson (hijo único y de veinte años), que fue enviado a estudiar cine a Cuba pero que al poco tiempo se le pierde el rastro porque se le acusa de asesinato y canibalismo contra una prostituta de la isla caribeña.
La visión de los protagonistas por los caminos de La Habana y Varadero representa la cultura consumista chilena, una total vacuidad. De modo similar al turista que visita Chiloé,  se separa el paisaje de la construcción histórica que le ha llevado hasta aquel lugar. Es decir,  los ambientes son exhibidos, en apariencia, de modo fascinante pero sin trasfondo, porque en realidad apenas se hace mención de ellos.
Mientras la narrativa de Rivera Letelier se deleita empalagosamente con el paisaje, abunda la obsesión sobre el cuerpo femenino como mero objeto de placer. No es casualidad que las prostitutas desempeñen este rol en toda la obra. En tanto, a los protagonistas no les va mejor. Estos han variado poco con respecto a las entregas anteriores. El Tira Gutierrez profita de un pasado esplendor que no volverá, y el viaje al exterior en nada amplía su perspectiva el hecho de conocer otro país, sino que fortalece las mismas formas de relación con los demás, por lo que la evolución del personaje es insuficiente y plana. Mientras tanto, la hermana Tegualda, de mayor capacidad operativa, se distiende aunque sin quitar de sí el Evangelio, y logra asimilar escuetamente las vicisitudes de la aventura donde participa de manera activa. Este tipo de vínculos serán decidores en el cierre total de la novela, ya que da la impresión de estar comprometida desde el inicio de la trilogía.

Toda la construcción de La muerte se desnuda en La Habana (2017) resulta débil y está expuesta en la incapacidad del Tira Gutiérrez para formar parte del género, lejos de los modelos de la literatura detectivesca como Conan Doyle o Agatha Christie, donde prima la observación, la reflexión y la deducción que resuelve casos enmarañados. En esta tercera entrega, el problema del caso es resuelto con la sagacidad de quien se encuentra una moneda en el piso. Todo está dado y es cosa de indagar bajo el mantel para resolver el caso. El presente volumen viene a confirmar el paso en falso del escritor en género el policial.

lunes, 11 de abril de 2016

Crítica Literaria: Cinco Esquinas (2016) Mario Vargas Llosa

Cinco esquinas*
Mario Vargas Llosa (Perú, 1936)
Alfaguara Ediciones, 2016.
314 Páginas.

Por Gonzalo Schwenke
Los empresarios también sufren.


Camilo Marks afirma que a Vargas Llosa “es posible compararlo con esos fenómenos que son los grandes creadores del siglo XIX y comienzos del XX, como Dickens, Balzac, Flaubert, Hugo o Proust”. Sin duda, un comentario improcedente, debido a que los recursos, el contexto histórico, el desarrollo y la complejidad de las historias de los grandes como Joyce, Woolf, F. Scott Fitzgerald o Hemingway, se contraponen a la trivialidad y ligereza de la trama de este libro.


El autor peruano nos presenta una novela concebida como thriller, y explicada en exceso en su contraportada, como un panorama sociopolítico donde establece el (des)control político de Alberto Fujimori y su mano derecha Vladimiro Montesinos, que en el libro aparecerá como el Doctor y que utilizará el periodismo amarillo para quitarles el manto de respetabilidad pública a los detractores del gobierno. Esto, agregado a un ambiente de inseguridad pública que afecta mayormente a los grupos económicos que se ven amenazados por secuestro, rapto y terrorismo por parte de Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru.


Frente a este entorno, la narración se inicia con el toque de queda, circunstancia que favorece el encuentro lésbico entre Marisa y Chabela, ambas amigas y esposas del hombre de negocios Enrique Cárdenas y del abogado Luciano Casasbellas, respectivamente. Dicha aventura irá paralelamente al desarrollo de la historia central, que tendrá de cabeza al especulador minero, “Quique” Cárdenas, que será chantajeado por el director del periódico “Destapes”, Rolando Garro, quien intentará manchar la reputación del empresario a cambio de dinero. Dicha imprudencia prevé insospechadas consecuencias que afectarán a otros individuos con menos conexiones como a la periodista Julieta Leguizamón, al fotógrafo Ceferino Argüello y al recitador de poemas Juan Peineta.


La construcción de los potentados protagonistas están basados en la superficialidad, en el capricho o la incapacidad de vislumbrar alguna conexión distinta a lo que les pueda afectar de manera manifiesta, precisamente, no es de extrañar que los artículos de arte que utilizan de sobremesa solo representen el debido estatus social al que pertenecen: “Paseó la vista por el cuadro de Szyszlo: ¿qué querían decir ese aposento, ese tótem, que a ciertas horas parecían echar llamas? A ratos, le daba un poco de miedo contemplarlo. El desierto con serpiente de Tilsa, en cambio, lo serenaba. No había misterio alguno allí; o, tal vez, sí, esa mirada legañosa del ofidio. Se quedó pensando.” (2016: 309). De tal manera, que Juan Peineta, antiguo recitador y humorista de tv caído en desgracia por la columna de espectáculos de Rolando Garro, sea uno de los personajes que conmuevan por la ridiculez donde termina sus días.


Uno de los problemas más graves que tiene esta novela, es la historia policial que se va desarmando en su progresión, su argumento narrativo es frágil, y por ende, se muestra que todas las aristas del caso están a la vista y no hay mayor intensidad que complejice la trama. De esta manera, para resolver el caso del misterio del asesinato, no es necesario contratar un detective como manda la tradición, sino esperar que muestre su rostro, hecho que ocurre con inmediatez.


Mario Vargas Llosa explora con desenvoltura la corruptela del gobierno de Fujimori, de quienes ejercen el poder desde las sombras controlando aspectos como las voces disidentes mediante periodismo amarillo, y en el cual, sólo logra la redención cuando se atribuya la responsabilidad de la información que maneja para limpiar las alcantarillas del Estado. Para el comidillo quedará el hecho de lanzar esta novela en el año en que Keiko Fujimori, hija del presidente en cuestión, acaba de pasar a segunda vuelta en las presidenciales del Perú, teniendo la primera opción de llegar al sillón.



Si la ficción es la representación narrativa de un orden social. La presenta obra literaria es una mera reproducción del orden social donde todo está bien establecido, la fealdad está lejos del poder económico y donde este, protagonistas mediante, es la frivolidad capitalizada. “Cinco Esquinas” se sostiene por una serie de elementos que destacan la prolijidad de la prosa, una historia que es lineal y progresiva en el llano, y por supuesto, los acomodados también sufren, esto es, los personajes vilipendiados no están en riesgo que creen que están sumidos. Un libro al que no se puede estar ajeno, pero está lejos de las mejores novelas de Vargas Llosa que conocemos.


*Publicada en el periódico elinsular.cl, el 13 de Abril de 2016