domingo, 15 de marzo de 2026

El pulso del estallido social en A fuego de piel (2024) de Varsovia Riveros



“He soñado un país autosustentable a través de jardines vegetales y frutos en las plazas y parques del país, esenciales en las plazas y el desierto para iluminar todo Chile” Carmen Berenguer en He soñado un país.

Pese a la proliferación de editoriales, se observa una escasa distribución en los géneros de narrativa y poesía que provienen de regiones. Este fenómeno se ve agravado por una escasa recepción crítica en plataformas digitales volcada hacia el contenido extraliterario y la validación social. En este contexto, la democratización de la lectura ha derivado en una mercantilización de la misma, donde el algoritmo y el estatus rigen la promoción ahora controlada por las transnacionales.

Varsovia Viveros Barriga (Santiago de Chile, 1951) tiene larga data como poeta en la Isla de Chiloé. El libro de poemas A fuego de piel (Editorial El Temporal, 2024) es su novena publicación y se integra junto a Carmen Berenguer, Elvira Hernández, Verónica Jiménez y Francisca Palma con, hasta el momento,  propuestas poéticas sobre la revuelta chilena de 2019. En narrativa las ficciones Preguntas frecuentes (2020) de Nona Fernández, Satáncumbia (2020) de Rodrigo Miranda, Despachos del fin del mundo (2020) de Alberto Fuguet, Zona ciega (2021) de Lina Meruane, Fantasmas de la revolución (2021) de Nicolás Vidal, Matapacos (2024) de Claudio Tapia, entre otros.

El presente volumen se divide en tres capítulos: “La revuelta” sobre el estallido social en Santiago; “La Casa Tomada” sobre las acciones realizadas en la casa de la cultura en Chiloé; y “Epílogo” que se refiere a la etapa del Coronavirus. La gran mayoría de los poemas están acompañados por imágenes en blanco y negro extraídas del “Archivo fotográfico en Santiago” de Yerko Contreras Olave que recoge el calor de la primera línea y la quehacer cultural en Ancud.

En la primera sección, “La revuelta”, el hablante femenino identifica a la gente movilizada como agentes de una nueva oportunidad por el cambio. Esta elegía por la subversión, sitúa a los encapuchados como sujetos que han descreído el país que otros han estado construyendo dado que las heridas históricas no han sanado, encontrado justicia y tampoco para aquellos que sufren el Estado de sitio: “Los defensores crueles del sistema/ disparan certeros a los ojos/ disparan certeros a los ojos”. Mientras que los defensores del modelo neoliberal defenderán sin dolencia a costa de las heridas y llagas de sus vecinos.

Leído con distancia, el discurso público predominante ha contextualizado los sucesos como hechos de violencia y delincuencia, más el imperativo de restablecer el orden. No obstante, quienes estuvimos en el ardor de las protestas y el debido contexto, creemos en la posibilidad utópica de mejorar este país frente al saqueo descarado de las materias primas. Eso a pesar del abandono de la izquierda y la maquinaria propia. Ante este escenario, el otro día en el bar  “La Unión Chica” volví a toparme con las palabras de Aristóteles España: “Tenemos que buscar una razón más poderosa que el partido”, quien da cuenta de un desencanto del partido y por ello, hay trascender de las estructuras políticas tradicionales.

Por otro lado, el hablante se detiene en versar sobre la defensa del paisaje natural contra el modelo de progreso que degrada el entorno: “se me hace larga la estadía en estos mares/ aunque un verde ancestral cobija los deseos/ Otras mafias recorren los caminos y ríos”. Así, en estas líneas evidencia una amenaza foránea de industrias extractivistas que erosionan el paisaje local.

Me parece importante el registro fotográfico y las crónicas en verso en el segmento de “La casa tomada”, donde la juventud se tomó el espacio y trabajó de manera comunitaria para realizar a pulso reuniones, talleres, charlas, ensayos. El hablante toma la pulsión creativa que desborda la sede liderada por la juventud ancuditana: “corean rondas de niñez en el hall/ todo se desborda/ entran jóvenes/ pintan muros/ cambian muebles/ dan la bienvenida/ olor alegre de frutos silvestres/ se respira en el aire”. De esta manera, esta energía movilizadora en actividad autogestionadas se sintetiza en la figura de las noctilucas marinas: la movilización colectiva genera el brillo necesario para transformar la realidad.

En el tercer capítulo denominado “Hay tanto que limpiar”, se observa un hablante que manifiesta de manera tangible sus sensaciones, y con el mismo lenguaje prosaico que atraviesa la obra,  pasa de la alegría a la desconfianza del proceso de la utopía que se estaba construyendo: “Todas las vidas habían formado un círculo/ para ver el nacimiento de un nuevo sol”. Sin embargo, como todos sabemos la epidemia del Coronavirus provocó el resguardo de la población mundial, y la sociedad chilena no solo congeló sus demandas, sino que la delegó a aquellos que prometieron arreglar la situación: “Nosotros haremos el resto” recoge el poema. 

Hacia el cierre, la figura del aldaba es clave porque no tiene un candado, cabe la posibilidad que lo colectivo de la sociedad pueda determinar un futuro distinto al presente, y con ello trabajar por una casa común llamada Chile más limpia e inclusiva.

A fuego de piel de Varsovia Riveros es un libro híbrido donde el lenguaje prosaico y la imagen en blanco y negro se combinan para rescatar la memoria de los cuerpos en movimiento y los necesarios repliegues cuando no están dadas las condiciones. Logrando con esto, que el lector observe desde la violencia de las calles en Santiago hasta la forma orgánica, autogestionada y comunitaria en Chiloé como una posible utopía, caída en el olvido, donde la protesta es también una forma de construcción de Chile.

Varsovia Viveros Barriga. A fuego de piel. Ancud: El Temporal, 2024, 92 páginas.

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