Mostrando las entradas con la etiqueta Entrevistas. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Entrevistas. Mostrar todas las entradas

viernes, 19 de junio de 2026

ENTREVISTA: “El equipo no es una mesa redonda”: Benjamin Markovits y las verdades incómodas de Días de juego.

“El equipo no es una mesa redonda”: Benjamin Markovits y las verdades incómodas de Días de juego.





De las canchas de básquetbol al reconocimiento literario. El escritor británico-estadounidense Benjamin Markovits, finalista del Premio Booker 2025 y destacado por la revista Granta entre los mejores narradores contemporáneos, llegó a Chile invitado por la Cátedra Abierta UDP en Homenaje a Roberto Bolaño. El autor aterriza en las librerías locales por el catálogo de la editorial Chai.

Entre un road trip marcado por el desencanto del matrimonio en El resto de nuestras vidas y las frustraciones dentro del vestuario en Días de juego, el autor desarma los mitos del éxito y nos recuerda que, a veces, madurar es aprender a fracasar. Al final, sus autoficciones usan el día a día para hablar de cómo digerir el fracaso en la vida adulta para el debate cultural.

En el marco de La Furia del Libro, nos ubicamos dentro de la cafetería “El Andén” de la Estación Mapocho para dialogar con Benjamin Markovits. Acompañado por el editor de Chai y que ofició de traductor, el argentino Santiago De la Rosa, el autor dejó ver su lado más distendido.






El viaje en carretera, los beatniks y el bienestar social

- En El resto de nuestras vidas (Editorial Chai, 2025), observo que utilizas un estilo de novela de carretera como Jack Kerouac o Hunter S. Thompson, autores bastante leídos en Chile. A diferencia de ellos, en tu novela, el personaje de Tom se sitúa en un estado de reflexión y desencanto. ¿Cómo dialoga tu novela con la tradición clásica del road trip americano cuando el motor ya no es la libertad absoluta, sino la huida o la renuncia?


Creo que es cierto que no es una novela sobre la libertad radical. En parte, lo que Tom aprende en la ruta, es que está fuera de las realidades que va atravesando. Se siente un poco como un observador ajeno a lo que sucede a su alrededor. Sucede algo similar cuando llega a la casa de su amigo Brian Palmetto. Al contemplar a la familia reunida en el desayuno, los hijos yendo al colegio, él se pregunta qué hago acá, pasando el tiempo con esta gente cuando no puedo estar con mi propia familia.


- ¿Qué querías lograr con el ritmo y la voz de tu propia escritura, en contraste con esa oralidad de Kerouac?


Lo cierto es que no he leído a Hunter S. Thompson, pero sí a Kerouac, un autor que me gusta mucho. Creo que él escribía a una velocidad que le daba a las conversaciones y a la narración el ritmo de lo que se dice o se lee en voz alta. Una escritura casi oral. Sin embargo, esto no es exactamente lo que yo quería lograr.

Lo que sí es cierto, e influenció la escritura mucho más que las lecturas de los beatniks, es mi gusto por los viajes en auto; de joven hice muchos road trips. Viajé con un compañero de la universidad, con mis hermanas y, de hecho, antes de escribir este libro crucé los Estados Unidos con mi familia mientras yo estaba enfermo de cáncer. Fueron unas grandes vacaciones.


- El viaje de Tom hacia el oeste comienza justo después de cumplir su promesa de dejar a su hija en la universidad. ¿Ves este trayecto por los Estados Unidos como una búsqueda de identidad tardía? ¿Crees que el matrimonio contemporáneo, tal como lo retratas, sobrevive más gracias a la resignación y a la abulia que al amor romántico?


- Son dos preguntas muy distintas. La primera: No sé si esto te pasó también, pero creo que cada vez que uno viaja solo, lejos de su familia, se siente un poco como volver a ser joven. Rompes ciertas ataduras y estás un poco menos seguro de quién eres, porque mucho de esto tiene que ver con el rol que tienes dentro de tu familia.

Respecto a la segunda parte, no estoy seguro de si el matrimonio contemporáneo se basa más en la resignación que en el romance. Hay lecturas para todos los gustos. Un viejo amigo leyó la novela y vio el final como una decisión puramente práctica: Tom se da cuenta de que necesita todo el apoyo posible y que, dada su complicada situación médica, no puede permitirse rechazar la ayuda que se le ofrece. Él lo interpretó como un cierre pragmático, no como un desenlace amoroso.

Creo que es una lectura razonable, pero no es así como la pienso yo. Algo que vengo diciendo cuando hablo del libro es que cuando te suceden cosas importantes también emergen los sentimientos importantes. Quizás es una forma de decir que el romance está al mismo nivel que la resignación. Al final, te das cuenta de que, sin importar las complicaciones o las peleas, lo más real y genuino es continuar con esa relación y dar esa batalla. En un contexto así, todo lo demás se vuelve superficial.


- Leo ciertos grados de conciencia de clase en la obra. Jim, el novio de la hija, representa el éxito predecible y heredado, mientras que Tom tuvo que pagar sus estudios. ¿Cómo incide el origen social la capacidad de los personajes para permitirse la rebelión o el fracaso?


Quería que el elemento de clase estuviera presente en el libro. Pensando en la relación de Tom con su esposa, quien viene de una familia con una situación económica mucho más holgada, casi aristocrática en sus formas. Creo que parte de lo que te resulta atractivo de alguien cuando lo conoces, tal vez sea lo mismo que te frustra y molesta más adelante en la relación.


- En Chile, en gran parte de la literatura, este tema suele estar mucho más presente y de forma evidente, en contraposición a la sutileza con que se trata en El resto de nuestras vidas.


Si sucediera en Chile, quizás esa cuestión estaría mucho más subrayada. Es complicado traducirlo en la novela porque Tom es un profesor universitario de Derecho, que en Estados Unidos es una profesión de clase media-alta, prestigiosa y privilegiada, pero él no creció en esa situación. Fue algo para lo que trabajó.


El talento y los deseos dentro del vestuario en Días de juego



- En Días de juego (2026) gira en torno a una pregunta incómoda: ¿Qué ocurre cuando nuestro talento no está a la altura de nuestros deseos? ¿Funciona el vestuario de ese equipo en Landshut como un microcosmos de las distintas formas de asimilar el fracaso y las expectativas en la vida adulta?


Sí, la gente a veces romantiza a los equipos. Los piensan como una mesa redonda del rey Arturo, de caballeros y armonías, pero en realidad son jerarquías. Lo que sucede adentro son tensiones y discusiones sobre tu posición y sobre cómo obtener lo que quieres en ese sistema. El error que comete el protagonista de la novela, y que es un error que yo cometí cuando jugaba en la segunda división, fue admitir que hablaba alemán. Junto a Ben, nos convertimos en intérpretes entre los jugadores americanos y los alemanes. Dolmetscher. Como jugador americano habrías tenido un aura, pero como alemán no valías demasiado. En un momento, cuando le preguntan al entrenador por las capacidades de Ben, él dice que como jugador es un gran Dolmetscher, un gran traductor.


- ¿Y la jerarquía en los equipos está supeditada al talento?


No solo el talento. Generalmente en el equipo hay un lugar o una función que llaman los “Glue Guys”, cuyo trabajo es ser generosos, dar y jugar para el equipo, y siempre estar de buen humor. Ellos hacen que las cosas funcionen. Mucho en el libro es ficción, pero la escena en que Hadnot tiene que pelear por su trabajo y tiene una entrevista para explicar su valía a las autoridades del club realmente le pasó a un compañero, y a mí me tocó ser el traductor de esa situación.

Pero la jerarquía no es solo en torno a la cancha y al juego. Si en el equipo se discute o se charla algo, no importa el tema, el mejor jugador siempre tiene razón. Si hablan sobre cuál es la mejor película, la que él elija es la mejor que existe. Tiene una autoridad sobre todo.


- En Días de juego gira en torno a una pregunta incómoda: ¿Qué ocurre cuando

nuestro talento no está a la altura de nuestros deseos? ¿Funciona el vestuario de ese

equipo en Landshut como un microcosmos de las distintas formas de asimilar el

fracaso y las expectativas en la vida adulta?


Solía trabajar más duro (risas). Cuando escribí The Symme Papers trabajaba todo el día en el texto. No sé si eso ayuda, pero cambió. Esto no responde del todo la pregunta, pero creo que como escritor necesitas un motor que sostenga tu interés en el mundo y en las cosas, que te mantenga avanzando. Quizás eso importa más que la cantidad de horas. Y creo que algunos escritores se encuentran con el problema de que lo que les interesa de la escritura al comienzo de su carrera no perdura, y ya no los sostiene a ellos como autores. Esto seguramente sea tendencioso, pero creo que una de las ventajas de escribir y ser un escritor realista es que te siguen pasando cosas toda la vida. Y eso se vuelca en la escritura: así como escribí Días de juego sobre ser joven, escribí El resto de nuestras vidas sobre tener mediana edad. No tienes que pensar tanto las ideas, solo envejecer (risas).


La rutina de escritura

- Tienes una rutina de publicación constante, has escrito más de diez libros y eres profesor de escritura creativa en la Universidad de Londres. ¿En qué ha cambiado tu forma de escribir hoy en día comparada con tus primeros años como autor?


Mi rutina es mucho más aburrida (risa). Salgo a correr, desayuno y escribo hasta el almuerzo. Imagino que la mayoría de los novelistas escriben por la mañana porque te sientes un poco como un vago siendo escritor, pero al menos si lo haces a la mañana te queda el resto del día con la sensación de que hiciste algo y al menos cumpliste. 


Sobre la actualidad, migraciones y Trump


- Nacistes en Estados Unidos, en Texas, vivistes tu juventud en Alemania y resides en el Reino Unido. Con una experiencia transatlántica, ¿cómo se vive el actual clima político global y local en EE.UU., caracterizado por discursos fuertemente nacionalistas, agendas antiinmigración y el cierre de fronteras?


Me siento a veces un poco alejado de la situación de los Estados Unidos porque llevo décadas viviendo en Inglaterra. Viví muy pocos años y aunque vuelvo seguido mi perspectiva es un poco distante, me encuentro menos atravesado por su cotidianidad. Claro que me entristece lo que está pasando con mi país. No creo que ningún país esté pasando por un gran momento ahora mismo, solía tener más fe y esperanza en Inglaterra, pero ya no lo siento así.


lunes, 10 de abril de 2017

La Rata Bluesera: "Apagar la tele y prender la conciencia."


Por Gonzalo Schwenke

Durante el mes de marzo la banda valdiviana La Rata Bluesera pasó por Santiago y Valparaíso presentando su quinto álbum: El Viaje (2016). La propuesta ha sido ampliamente aceptada por los entusiastas del blues y por los asistentes a los innumerables conciertos que ha ofrecido el grupo debido al lanzamiento del nuevo disco.

Este nuevo disco es el sentido homenaje que realiza La Rata Bluesera al dúo Schwenke y Nilo, tras la muerte de Nelson Schwenke el 2012. De esta manera, inicia el proyecto de reconocimiento a la obra y al imaginario del sur bajo la línea del blues, reversionando las canciones emblemáticas como “El Viaje”, “Entre el nicho y la cesárea”, “El Canelo”, “Lluvias del Sur”, “Nos fuimos quedando en silencio” y “Mi Canto”, pero sosteniendo la propia fuerza de las letras que las hicieron conocidas a partir de los ochentas.

Javier Aravena, voz y líder de la banda, desde inicios del 2000 ha ido forjando un trabajo entorno a este ritmo originario de las comunidades afroamericanas, haciéndose conocido por su trabajo y las influencias musicales que caracterizan a la agrupación. A partir del 2012, lanza el sello independiente Misisipi. Sello discográfico que dirige y que le ha permitido generar redes entre las agrupaciones de música de Valdivia y Puerto Montt. Junto con El Viaje, también produjo el disco Atmósfera (2016) de la cantante Sara Pozo (Puerto Montt).


Javier Aravena accedió a conversar con Revista Estampida, sobre el circuito musical, los medios de comunicación y las convicciones que lo definen, siempre provisto desde la perspectiva regional.

REGIÓN Y MÚSICA

Durante el año te mueves principalmente entre Valdivia y Puerto Montt. Esta movilización te ha permitido observar distintas propuestas musicales que no salen en los grandes medios. Actualmente, ¿cómo ves el circuito musical desde las regiones?

Preferiría pensar que en los casi 20 años que me han permitido estar en movimiento, desde Concepción a Coyhaique, cada vez existe mayor fortalecimiento en las redes de trabajo independiente y también desde las instituciones que consideran a los artistas locales. Entonces, los grandes medios no tienen mayor incidencia en este desarrollo. Veo agrupaciones musicales que tienden a trabajar de manera más colectiva, pensando en cómo trabajamos en conjunto, generando espacios de intercambio entre ciudades y regiones que muchas veces se dan naturalmente, esto incluye Santiago y Valparaíso, porque la cultura no se define desde las mesas de los municipios ni desde los centros culturales. Eso es apenas una parte, que tiene ver con los intereses de los políticos de turno. Por suerte, existe una dinámica en los barrios, las poblaciones, que están más allá de la concentración del poder y de las riquezas.
Hoy existen amplias posibilidades de publicar tus discos de manera independiente y generar intercambios a través de medios digitales, lo que sin duda muestra que los medios de comunicación que atraviesan el país no son los únicos que generan tendencia. Hoy existen grupos jóvenes que graban discos, tienen videos, páginas web, forman parte de agrupaciones de músicos que entendieron que hay que autogestionar. En el sur existe muy buena calidad de sistemas de sonido, también estudios de grabación que en algunos casos cuentan con backline, los bares también intentan generar espacios de calidad para el desarrollo de presentaciones en vivo y cada vez se depende menos de los artistas generados y potenciados por los consorcios para llenar los teatros o eventos. De esta manera, ha crecido una suerte de pertenencia por lo local, es decir, sentirse identificado por el artista de tu barrio, de tu ciudad. Esto ha permitido rescatar a artistas del ámbito rural. Artistas mapuches maravillosos como Víctor Cifuentes, Joel Maripil, Weliwen, Beatriz Pichi Malen, quienes son invitados de manera recurrente con porque forman parte de nuestra cultura.
Lo que pasa en regiones es algo que tenía que suceder, dejar de pensar en el éxito personal impuesto y reunirse a cantar con el llamado profundo de nuestras conciencias, el canto antiguo que aún sigue latiendo hoy con mayor fuerza.
Los medios de comunicación no absorben la efervescencia musical de las regiones y en este sentido, La Rata Bluesera gira fuera de los espacios comerciales. Sorteando, sin embargo, con bastante éxito dicho obstáculo, ya que es reconocido por un amplio público. ¿Crees que es una ventaja girar fuera de la ruta comercial?


No tiene importancia que los medios no publiquen o no destaquen lo que sucede en regiones, ya que eso obedece a un orden comercial en el mal sentido de la palabra, y tendrías que vivir donde están los medios, lo que es un contrasentido, porque esos medios deberían investigar y llegar donde están los sonidos. La Rata Bluesera ha intentado moverse hacia donde nos inviten, y también difundir nuestro trabajo en todas las instancias que sea posible. Por muy pequeñas que parezcan, son todas importantes, para nosotros tiene que ser lo mismo tocar en Pichi-Ropulli o Temuco. Una radio que pertenece a un holding o una radio comunitaria, lo tomamos con el mismo respeto y agradecimiento, y eso posiblemente nos ha llevado a encontrar espacios de confianza para lo que hacemos. Una suerte de cariño que agradecemos profundamente, porque lo que desarrollamos no tiene que ver con las conveniencias, sino por el amor a este camino, tocar, cantar, ser músico en el sur de Chile, que hoy es ser músico en el mundo. Entonces, no nos preguntamos si hay que ser una suerte de borderline. Lo que sí, tratamos de estar de la mejor manera y con el mejor trato humano posible, en todos los lugares donde nos inviten a tocar.  
Tras la muerte de Nelson Schwenke, en 2012, reflexionas sobre una forma de “reconocer” a este dúo valdiviano ¿Cuál es el legado y compromiso que -a tu juicio- dejan los Schwenke y Nilo?

Tras la muerte de Nelson Schwenke me surge una pena, que me hizo pensar en qué lugar estaba o estábamos. Cuando ocurre su muerte, inevitablemente agarré la guitarra y me puse a cantar sus canciones, las que me acompañan desde joven. Schwenke y Nilo tiene una marca muy profunda en mi vida, porque representan valores basados en el amor, el respeto y la inspiración musical. Luego del impulso inicial, nace la necesidad de agradecer cantando su obra y, de paso, me doy cuenta que no existe un reconocimiento como el que deberían tener.
La influencia de la música y la poesía de Schwenke y Nilo, han sido fundacionales en mi trabajo como compositor. Desde mi adolescencia ha sido relevante, ya que tuve la oportunidad de conocer y disfrutar de los conciertos que ellos presentaban en el colegio en el que yo estudiaba. Ellos fueron mi primer ejemplo de cómo se debe enarbolar la guitarra, de la mano de una poesía propia y con un discurso claro, crítico y constructivo, desde la raíz del árbol, no solo de sus frutos.
Sus canciones me identifican porque ellos cantan lo que nos sucede, sin el temor del ranking, ni de la venta de discos. Sus obras son más relevantes que si las tocas en las radios o no: ellos cantan lo que hay que cantar y por eso muestran el camino por el que hay que ir, el mismo que dejaron Víctor Jara, Violeta Parra y Los Jaivas.
Con la diferencia que Schwenke y Nilo son del sur; están cargados de leña y humedad, de la melancolía invernal que disfruta la lluvia, esperando que pase, que se junta en la esquina a conversar en la tarde. Ellos representan la visión de artistas creadores del sur de nuestro país, que se toman el tiempo, que se sumergen en la tibieza del fuego que reúne a los vecinos, que se involucra con los pares, porque es una necesidad estar trabajando juntos. Porque nos han heredado una forma de hacer las cosas, con propósitos plurales, levantando la guitarra como si fuera una pala que escarba en lo más hondo de nuestros paisajes, de nuestras casas, nuestros callejones, de nuestros árboles, nuestros ríos, nuestras palabras, de nuestro canto.
La dificultad de grabar y producir “El Viaje” (2016) sin aportes estatales se hizo complejo. De esta manera, La Rata Bluesera estuvo realizando la campaña a través de diarios locales y vía Internet, en la que se solicitaban contribuciones de privados. ¿Puedes profundizar acerca del motivo de esta decisión?

No fue una decisión, postulamos a diferentes espacios de financiamiento, como ocurre en los concursos no siempre te los adjudicas, por lo que decidimos igualmente avanzar y buscar la forma de hacerlo de manera independiente. Es así como prácticamente llegamos al master del disco financiado por la banda, hicimos shows, preventa, etc., e íbamos reuniendo el dinero para poder pagar todo lo que ello significaba, además en un estudio de lujo como es “Triana” en Santiago. Demoramos casi 3 años en todo el proceso, igualmente conseguimos apoyo por una parte una subvención municipal en Valdivia el año 2016 y nos adjudicamos un CONARTE de la Corporación ​Cultural Municipal de la misma ciudad para poder publicar el álbum. Lo importante es que no nos detuvimos por falta de dinero y fuimos logrando trabajar de la mejor manera y en las mejore condiciones.

La canción que reversionas en el disco dice: “Nos fuimos quedando en silencio / nos fuimos acostumbrando a aceptar / lo que dijeron / nos fuimos perdiendo en el tumulto”. ¿Cuáles vendrían siendo los temas actuales que se intentan silenciar?

Lo que hicimos fue reinterpretar la obra, respetando la esencia de cada una de las canciones. En eso fue fundamental Federico Dannemann, músico y productor musical. Los silencios son los mismos que cuando se concibieron estas maravillosas canciones: la propiedad privada, el egoísmo, la masividad, la injusticia, el poder, la dictadura sigue en pie, el modelo es el mismo, los dueños del país son los mismos. De hecho en la segunda parte de la canción decimos la televisión nos va diciendo, haga esto lo otro o aquello, la radio nos va mintiendo, mientras nos esconden muertos, nos vamos quedando en silencio, el paisaje se llena de dueños, crecen los cercos y el desierto, esa imagen es potente y actual.
Y respecto a la situación política regional ¿Cuáles serían los temas que tratan se silenciarse en tu ciudad, en tu región?

Más que silenciar, son temas que no se consideran. Todo se piensa desde Santiago, los modelos que se aplican en el país, como si fuera todo igual. Hoy tenemos peones de los partidos políticos que obedecen órdenes de personas que tienen discursos supuestamente que favorecen a todos, pero que en realidad hacen negocios con su nivel de poder. Arman empresas para enriquecerse y aprovecharse de la legislación que ellos mismos crean. Hay que repensar el país, es necesario fortalecer los espacios barriales, hay que organizarse, rebelarse, pero no desde los partidos -que hoy están desmembrados por la ambición-, hay que recuperar el sentido colectivo, dejar de pensar en cuánto gano y abrirse hacia el cómo crecemos, si pensamos diferente, si creemos diferente, apagar la tele y prender la conciencia.

El disco tributo "El Viaje" (2016) ha sido liberado por los propios intérpretes.