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jueves, 5 de diciembre de 2024

Colonos (2024) de Manuel Lagos Mieres. Desgranando el choclo de la colonización del sur

 


Durante más de doce años, Manuel Lagos Mieres ha desempeñado un trabajo en el campo historiográfico referente a la cultura anarquista y el movimiento obrero en Chile. En tanto antecedentes de los ejes trazados, ha publicado Feminismo obrero en Chile. Orígenes, experiencias y dificultades, 1890-1930 (Autoedición, 2019), un importante volumen de más casi cuatrocientas páginas en las que describe, analiza y contextualiza a las mujeres chilenas durante los siglos XIX y XX.

Colonos. A sangre y fuego (CEIBO, 2024) es un estudio sólido donde se desgrana el choclo sobre las consecuencias de la colonización alemana impulsada por el gobierno de Manuel Bulnes y radicada desde el Río Toltén hasta el seno de Reloncaví. A partir de la reinterpretación de las fuentes impresas escritas por los inmigrantes, busca desmitificar el relato heroico y civilizatorio, y recuperar la memoria de aquellos marginados de esta historia, dado que en ella se evidencia un atropello y despojos que no están contenidos en el relato heroico y civilizatorio en el discurso oficial.

En más de diez capítulos el autor transita por las ciudades de Valdivia, Osorno, La Unión, Río Bueno, Frutillar, Llanquihue, Melipulli, Panguipulli, Loncoche, Riñinahue, Lago Ranco, Rupanco, Villarrica y Pucón, Malleco y Cautín, sin dejar de lado el asentamiento de los colonos Vascos, dando cuenta de las familias que se asentaron en la zona y aumentaron su poder político, económico y social con el apoyo estatal en desmedro de los chilenos y mapuche.

Tal como la carta abierta Yo acuso (1898) de Émile Zolá, donde defiende al capitán Dreyfus de una serie de mentiras y traiciones del gobierno para fortalecer la idea de patriotismo del presidente francés, Lagos Mieres realiza un gesto provocativo y audaz al instalar en la portada del libro los apellidos de las familias alemanas vinculadas al despojo territorial

La premisa histórica de la obra da cuenta de colonizadores que están lejos del relato épico de la Historia Oficial; aquella que contaba que los alemanes se abrieron paso en la tupida selva del sur profundo y, en base al esfuerzo, progresaron. Lagos Mieres plantea que la colonización alemana fue un proceso que se benefició para sí mismos y sus familias, no para el conjunto de la sociedad chilena, tampoco se cumplieron las expectativas modernizadoras que pretendía el Estado al traerlos.

No hay que olvidar que los intelectuales de la época, la llamada generación de 1842, donde están Domingo Faustino Sarmiento, pasando por Andrés Bello, Ignacio Domeyko, Rudolph Philippi, Diego Barros Arana a Benjamín Vicuña Mackenna, señalaban que Europa representaba la civilización, en cambio, América estaba sumida en la barbarie. Este modo de pensar perduró por mucho tiempo, con su momento de mayor esplendor en la Belle Époque, hasta las I y II guerra mundiales donde las sociedades del primer mundo se destruyen.

La sociedad alemana se constituyó paralelamente a la chilena dado el carácter de superioridad y racismo imperante. Constituyeron instituciones privadas en espacios sociales para asegurar su modelo de vida junto a una robusta endogamia, lo que significa el escaso intercambio cultural con los demás estamentos sociales.

Este proceso produjo que se desconozcan los Títulos de Merced, documentos que reconocían las tierras indígenas. Ante la ausencia de la ley, se llevó a cabo el “Viejo Oeste” donde la violencia, las usurpaciones fueron el común denominador de aquellos que tenían mayor influencia en múltiples niveles de la sociedad. Así, este colono heroico/grandioso emergió como una figura miserable que se apropió de terrenos ajenos, empleó armas y asumió comportamientos de los terratenientes del siglo XIX y XX, lo que evidentemente contrasta con el rol civilizatorio que los grandes pensadores del siglo promovieron.

En la narrativa de ficción contemporánea encontramos Cherrufe: la bola de fuego (2008) de Fuentealba Millaguir, Campo de Tiro (2012) de Leonardo Videla, Desde el fogón de una casa de putas williche (2010) de Graciela Huinao. Novelas publicadas que vienen desarrollando estas representaciones y que se sitúan desde la reescritura histórica ante la ausencia crítica de la trama autorizada.

Uno que se crió en las tierras del sur, puedo dar cuenta sobre la retórica que alcanza ribetes lambiscones sobre la colonización alemana sin contrapeso. Es por eso, que el concluyente estudio Colonos. A sangre y fuego (CEIBO, 2024) analiza, descubre y desata las dinámicas de poder de un sector, a costa de la invisibilización de otras experiencias menos convenientes. Estas han sido suprimidas de las narrativas históricas tradicionales, pero que sus consecuencias son una herida legada en la sociedad contemporánea.

Colonos. A sangre y fuego (2024) de Manuel Lagos Mieres. CEIBO ediciones, 340 páginas.


sábado, 29 de agosto de 2020

Reseña: Feminismo obrero en Chile (2019) Manuel Lagos Mieres

 




Lucha y movilización del feminismo obrero.

 

Feminismo obrero en Chile (2019) de Manuel Lagos Mieres es el largo camino historiográfico sobre el anarquismo en Chile. En este volumen de 394 páginas describe, analiza y posiciona la situación de la mujer chilena desamparada, madre de huachos, violentada o siendo parte de familias precarizadas, y que vieron en el anarquismo de finales de siglo XIX y principios del XX, una herramienta de colectivización emancipatoria.

El historiador trabaja en ocho aristas donde la educación y la reflexión son la clave para disentir sobre las normas impuestas: primero, el progreso y la modernización de las ciudades; segundo, propagación del anarquismo en las ciudades y sus aportes; tercero, la apertura de la escena cultural de las mujeres; cuarto, la organización obrera, la distancia con los sectores conservadores y alianzas con sus semejantes; quinto, los sindicatos y las movilizaciones durante la década del veinte; sexto, la avanzada cultura feminista; séptimo, el discurso anarquista en la lucha contra el alcohol y la prostitución; y, por último, la salud y los cambios en la práctica sexual.

Es así, en términos ideológicos, el anarquismo señala que lo consciente determina lo material, por lo que comprende la existencia de la filosofía del cotidiano y de la transformación individual para luego cambiar la sociedad. Es decir, no existe revolución que pueda movilizar a otros, si estos cambios no parten de uno mismo, ya sea en nuestras prácticas sociales como amorosas y sexuales.

De acuerdo a los actuales, las visualizaciones son mayores, me refiero a que no existe un tipo de feminismo determinado, sino que las formas en que las personas se relacionan producen su autonomía entre ellas. Problemática que todavía es un campo abierto e irresoluto. De tal manera que, la reciente obra se instala desde la clase social más excluida, otorgando amplia dimensión a las condiciones de hacinamiento, de salud, laborales, además de configurar el impulso, las discusiones y reformas de temas prioritarios en la organización obrera anarquista.

En la emergencia y el desarrollo de las crisis que abordan lo político, lo económico y social, estos ocupan un espacio importante en el sistema de vida de las personas, porque entran en cuestionamiento con el presente, aflorando otros modos de habitar y representaciones que van teniendo mayor acogida en la población. Además, Lagos Mieres afirma que es recurrente que, en tiempos de revueltas, sean las mujeres quienes sean el cimiento de organización frente a los conflictos sociales.

En este tipo de familias existía una alta natalidad y mortalidad, las que tuvieron que acomodarse en conventillos de la manera que pudieran provocando hacinamiento, mientras tanto, las obreras transitaban (y transitan) por un doble trabajo, ya sea dentro del hogar o en el trabajo asalariado. En aquellos lugares corrían los ratones por las vigas y el bracero era el sistema de calefacción, nuestras madres ocupaban y socializaban las áreas comunes del lavado en artesas, mientras que, la infancia jugaba al lado de los desagües que daban a las acequias repletas de basura y excrementos. Debido a que, comienzos del siglo XX, el alcantarillado estaba reservado para las calles vinculadas al comercio.

Por otro lado, las mujeres cumplían labores como bordadoras, matronas, lavanderas, costureras, tejedoras o empleadas domésticas, pero también estuvieron en sectores manufactureros, agricultura, transporte, entre otros. En tanto que, en los sectores industriales se observa una mayor discriminación en el pago de los salarios, es decir, las mismas tareas entre hombres y mujeres eran pagadas de manera desigual. Por lo que el autor muestra que este es un problema cultural que atraviesa siglos sin transformar y que es sustentado por los empresarios con el fin de abaratar costos.

En el campo de educación, los niños proletarios no tenían enseñanza escolarizada, siendo muy pocos los que completaban seis años en la básica y prácticamente nadie cursaba la secundaria. En cambio, la mayoría de las niñas se ocupaban del cuidado y trabajo doméstico. Entonces, cualquier forma de emerger se veía impedida socialmente. Incluso así, la instrucción ha sido el pilar fundamental para el avance de la liberación y era recurrente abordar estas temáticas tanto en las obras culturales como en los periódicos de Santiago y Valparaíso.

Finalmente, el estudio y la aparición de la obra Feminismo obrero en Chile. Orígenes, experiencias y dificultades, 1890-1930 grafica el esfuerzo de autoedición, que no parece antojadiza en su perspectiva contemporánea, porque revitaliza la discusión con una robusta bibliografía sobre el campo y el ejercicio de las ideas, las que están encarnadas en la omisión de quienes escriben Historia del país.

Lagos Mieres, Manuel. Feminismo obrero en Chile. Orígenes, experiencias y dificultades, 1890-1930. Autoedición: 2019, 394 páginas.