Mostrando las entradas con la etiqueta Emecé Ediciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Emecé Ediciones. Mostrar todas las entradas

lunes, 8 de junio de 2026

Crítica literaria: El amor acaba (2024) Carmen Galdames

Gente con tiempo en la novela El amor acaba (2024) de Carmen Galdames.


Por Gonzalo Schwenke


El amor acaba (Editorial Emecé, 2024), de Carmen Galdames (Santiago, 1982), narra la historia de Sara, quien vive una crisis de la adultez marcada por la rutina y la convivencia con su pareja, Pablo. Así, un viernes cualquiera, sale de su departamento al calor del vino sin más propósito que escapar del hastío y el tedio. No obstante, en vez de vagabundear como el típico poeta maldito, recurre al lugar más seguro posible: el departamento de sus padres. Por enésima vez, ella ha abandonado a Pablo.

En los días siguientes, la protagonista tendrá amoríos furtivos con hombres y mujeres, con el único fin de ponerle emoción a la vida: con Ana, la paseadora de perros; con el vecino Juan y con Martín, de quien idolatra su miembro: “(...) se fueron a tirar al auto. Nunca se había topado con un pene tan perfecto, nunca volvió a encontrarse con uno igual. Sara piensa que por eso se juntan a tirar cuando alguno de los dos está caliente. Que por eso siguen juntándose todavía, por su pene” (81). La novela apuesta por espacios mínimos, apenas dos o tres departamentos y la escalera del edificio, como escenario para una serie de encuentros sexuales. En ellos, la narración prescinde de rodeos, describiendo los encuentros sin rodeos.

Entre la incapacidad de concentrarse en el trabajo y la fijación casi absurda por tener calzones limpios, Sara halla en el sexo casual su único reducto vital contra el tedio. A través de una narrativa desapegada, la autora retrata una forma de vincularse donde el placer no exige compromisos ni utilidades. Es el retrato de una apatía doméstica tan profunda que ni siquiera los reproches sobre traumas de la crianza, ventilados en el desayuno contra la esposa de su padre, logran sacarla de su letargo.

Sostener que a la literatura le falta sexo es un argumento erróneo. Al contrario, es de lo que más vende; el desafío radica en que no cualquiera es capaz de alcanzar el lirismo con el que María Luisa Bombal relató el orgasmo femenino en La última niebla.

Frente a esa finura, resulta más fácil apelar al morbo o a la crudeza de autores como el Marqués de Sade, Sacher-Masoch, el clásico obsceno Memorias de una pulga, o bien transitar por el consumo digerible y repetitivo de fenómenos comerciales como Cincuenta sombras de Grey o Pídeme lo que quieras.

La clave de una gran obra no está en el tabú, sino en alcanzar la profundidad del argumento mediante recursos técnicos que podrían haber servido para profundizar en la pérdida del hermano de la protagonista, en la depresión de la madre durante la infancia o la desorientación del padre. Sin embargo, el argumento narrativo donde la fachada de liberación sexual y la incapacidad de confirmar fehacientemente que su matrimonio no da para más, resulta tan espurio como la duración de la felicidad.

La supuesta emancipación de la protagonista se desmorona por completo ante la propia naturaleza del relato. Sobre todo si la voz omnisciente describe a Sara desde la absoluta sumisión: “Ella obedece, le gusta que le digan qué hacer, que le den direcciones, necesita saber qué hacer, hacia dónde ir” (132). Esta revelación desarma cualquier atisbo de autonomía. El escape de Sara no es el de una mujer rompiendo ataduras, sino el de un personaje que, desorientado ante su propia libertad, busca desesperadamente una nueva mano que guíe sus pasos.

Aunque la novela El amor acaba de Carmen Galdames, se presenta como un volumen ágil, por los diálogos directos, y repleto de fetiches sexuales capaces de cautivar al lector. Esta literatura de supermercado deja en evidencia que el tabú ya no es la libertad sexual ni su historial personal. Más bien, es la incapacidad de hacerse cargo de la propia existencia cuando se dispone de todo el tiempo y ya no quedan excusas.


Carmen Galdames. El amor acaba. Santiago de Chile: Emecé, 2024, 204 páginas.

sábado, 6 de mayo de 2023

Crítica Detén el invierno (2022) de Andrés Valdivia. “El desconsuelo del Sol de América”

 

Imagen extraída de Cine y Literatura.cl

Detén el invierno (2022) es la primera novela de Andrés Valdivia. En ella narra el doloroso tránsito del padre en torno al cáncer en un niño de dos años, y lo hace de la forma más visceral posible. Este es un asunto clave en la obra puesto que está presente de modo transversal en la escritura.

El resentimiento por el destino que al narrador le toca vivir tiene una resonancia distinta cuando aborda las pérdidas y sus procesos, porque ahí tiene su mayor valía. Esto significa que leeremos una pena desbocada, mal direccionada y por lo mismo, carente de finalidad, porque es un constante monólogo que se encierra en sí mismo ofendiendo a cualquier personaje que pretenda acercarse.

Una de las grandes deficiencias que tiene este libro es la configuración del protagonista; un adulto responsable que buscó junto a su pareja tener un hijo. Ahora, frente a la enfermedad, los padres se dividen las tareas para sobrellevar lo mejor posible el cáncer. Sin embargo, luego de esto, el relato mantiene una sola voz, la perspectiva y la escasa amplitud presente impide que conozcamos otras aristas del caso como las reacciones del primogénito o la convivencia del joven matrimonio transitando este periodo doloroso.

En este texto hay un personaje desesperado y, por si fuera poco, una masculinidad sobredimensionada que daña la aparente intención del sujeto quejumbroso: “Peleábamos, nos reíamos, jodíamos. Así fue como las enfermeras del CECA me bautizaron como el Sol de América. Me las habría llevado a la playa a todas” (78). Cito lo anterior, para exponer la virulencia y simulación creativa a la que pertenece esta voz ficcional. Es decir, un animal bípedo que expresa mayoritariamente un único sentir y que no pierde el sentido del humor con la finalidad de ganarse la simpatía de las enfermeras y algo más.

Estamos ante una narrativa rústica que poco ahonda en las emociones de otros, porque como ya he mencionado, todo recae del protagonista. Hay un segmento llamativo, respecto a la desfachatez del personaje central, donde destaca las diferencias físicas de las mujeres: “Las amé a todas y a cada una de ellas. De las viejas a las jóvenes, de las guapas a las feas (…) es imposible no desearlas a todas con un deseo que es arrollador y al mismo tiempo respetuoso”, y como si fuera poco remata con un talante peculiar: “Siempre he creído que el deseo es un homenaje, sobre todo cuando es destilado, puro, sin vetas de realidad fáctica” (35).

Detén el invierno es una novela-testimonial sobre la dimensión oncológica infantil en Chile. Desde el punto de vista literario, la obra no tiene mayor realce, más bien tiene un socavón, es una historia unidimensional y lo opresivo del ambiente donde se instala, pero que tiene el beneficio para el lector que las páginas pasen diligentemente.

 

Detén el invierno (2022) Andrés Valdivia. Emecé editores, 186 páginas.

viernes, 15 de enero de 2021

Crítica literaria: Las heridas (2021) Arelis Uribe

 


El segundo libro de Arelis Uribe, Las heridas (2021), continúa trabajando con los materiales que narró en Quiltras (2016). La clase social, la diferenciación entre los géneros, las personas comunes alejadas de espacios de poder, la Gran Avenida de Santiago de Chile, pero aumentando lo emotivo, porque esta es una crónica de la muerte del padre. Una figura nunca correcta, ni la mejor posible, pero es el padre.

Esta obra inicia con la caída al hospital y el funeral. Con el acontecer, la escritora utiliza trazos de recuerdos, las fotografías, los recortes de diario, los testimonios cercanos para componer el esquema familiar y las aflicciones que conforman ese tejido durante el tiempo del desamor. El abuelo era masón, carabinero (ACAB), maltratador, abusador y, no menos importante, un simpatizante nacionalsocialista. Además, incorpora la hospitalización por accidente cerebrovascular del padre, y conversaciones con la abuela materna, quien trabajó para los Caffarena y era una asesora proactiva. Los múltiples cambios de casa, de colegio, los novios de la madre, las depresiones, el rol dentro del hogar y las distancias familiares van estableciendo el sentido de esta obra.

 

En este pequeño cuadro familiar, destaco la exhibición de los antecedentes en la cultura de la discriminación por género. Es decir, los hombres tienen mayores beneficios –van a la universidad, mientras las mujeres llegan a un nivel educacional básico–, derivando en otra generación en la que las herencias y los poderes económicos pertenecen a los hombres. Por el contrario, las mujeres son dejadas en un sector degradante y ajeno a un tipo de valor. Lo que genera precariedad y desigualdad.

 

En términos estructurales, el volumen tiene capítulos no enumerados y que varían de extensión. Los que van intercalados entre el trágico evento familiar, y la rememoración de la identidad personal junto a las relaciones familiares. Estas secciones son breves y no permiten desarrollar los ambientes en los espacios periféricos porque se ocupa del sentir frente a las materias temáticas. Es importante indicar que describe las dimensiones de las casas habitadas, pero no alcanza a distinguir lo que significa vivir en Marcoleta, Gran Avenida y otros sectores de la capital. El final (que no es lo mismo que el desenlace)  no es el mejor, ya que debió haberse dado por finalizado en la página anterior.

Uno de los puntos altos que tiene este libro son los distintos temas que cruzan esta crónica, en la que es innegable recordar el fuerte vínculo con Veneno de escorpión azul de Gonzalo Millán, donde el poeta utiliza el diario de vida contando lo que significa llevar el cáncer y el apoyo familiar de su condición. De igual modo, el vivir hacinadas y la estrechez económica que enlazo con la novela Allegados de Ernesto Garrat, que muestra a los protagonistas viviendo en una pieza en un departamento. Una realidad cotidiana que se mantiene todavía. En efecto, otro tópico es el rol de las hijas que se hacen cargo de la casa, del alimento, de la madre en tratamiento y de sus hermanos menores. Una realidad cotidiana como las relaciones de las hermanas en Mujercitas de Louisa May Alcott.

Las heridas (2021) es una obra desgarradora y honesta, angustiante y dolorosa, en la que se exponen las llagas, las simpatías en el proceso de pérdida y de sanación. Dicho de otra manera, lo que nos parece literatura, no es más que el padecimiento de personas en distintos niveles. Finalmente, el relato parte y termina en cómo la autora se siente en relación a la ausencia física del padre y esto la sitúa en la contingencia de la literatura local. En todo caso, Arelis Uribe da cuenta que tiene un amplio abanico de temas literarios que podría desplegar a futuro.

 

Las heridas. Arelis Uribe. Emecé editores, 2021, 110 páginas.

sábado, 29 de agosto de 2020

Crítica Literaria: Afuera (2019) Sara Bertrand


 Afuera. Sara Bertrand. Emecé ediciones, 2019, 193 páginas.

La novela anterior, Álbum familiar (2016) de Sara Bertrand (1970), se relata la infancia de niños privilegiados que crecen bajo la dictadura. Mientras los adultos buscan olvidar, silenciar y sobrevivir, los niños reaccionan contra la normativa de la dictadura: la formación inicial, el cantar el himno nacional o la vigilancia militar. Así la protagonista Elena, ahonda en los recuerdos buscando respuestas sobre ese ambiente de dolores y miedos en el que fue creciendo.

Siguiendo la temática del marco familiar, Afuera (2019), la narradora construye la voz de Lili, quien aparece a dos voces: como el recuerdo de la infancia y la voz de adulta. El primero en su proceso de infancia y que observa a la parentela relacionarse en un espacio que está llena de inocencia y lúdico, y el segundo, es recorrer estos procesos de crecimiento, pero desde una perspectiva mayormente crítica o dolorosa, comprendiendo las formas de relaciones de los padres en un contexto histórico determinante. Los capítulos desarrollan la memoria histórica familiar y que aparecen confrontados en tiempos de lo vivido por la protagonista, por lo que dicha temática aparece con múltiples costumbres, por un lado, con fervor y altas energías, y por el otro con silencios y fracturas. Así, para sobrellevar el quiebre familiar debe concebir una realidad autovalidada: “Me fabriqué una versión. Cuando me preguntaban sobre mi madre, mentía. Sobre mi padre, mentía. Mentía tanto que en poco tiempo recreé nuestra historia entera” (42).

Tempranamente la narradora va dando pistas de este recorrido que hace sobre su experiencia parental: “Mi papá era un buen hombre, pero estaba roto o, quizás, su estructura mental se dañó antes porque quería ser artista y terminó transformándose en un hombre de dinero. Mi madre lo trataba como a una plaga” (13). Frente a esta situación compleja, la doctora en literatura Alicia Salomone en su texto Ecos antiguos en voces nuevas (2011) comprende que “estas personas con frecuencia crecieron dominadas por relatos sobre hechos que precedieron a sus nacimientos, y que tienden a desplazar a los propios impactando sus subjetividades con discursos relativos a situaciones que no pueden comprender ni recrear cabalmente” (122).

La escritora se refiere a la separación familiar como dominador común porque será este acontecimiento que marque de por vida a Lili y que convergerá en dolores y quebrantos, tal como lo expresa la siguiente cita: “Siente que pertenece a la vereda, a la calle, movimiento constante, cortante. Peatones, micros, los que se van, los que quedan. Carga la ausencia sobre su espalda” (23). Estos segmentos breves de no más de una carilla, son expresadas con un tipo de narración con mayor densidad en los ambientes, diálogos directos, despolitizada y llena de huellas.

De modo que, que la narrativa de Bertrand se desarrolla en la adultez que se desenvuelve en una realidad ficcional grisácea y de poco convencimiento en el presente. Afuera (2019) es una obra de alta sensibilidad, de escritura sinuosa y donde, una vez más, los afectos están determinados en formas de relaciones políticas que están inscritas en marcos claroscuros y generales que se vinculan con marcos histórico-temporales.