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lunes, 23 de octubre de 2023

Crítica de poesía: tajo (2021) Gabriela Albornoz

 


Gabriela Albornoz (Linares, 1991) presenta tajo (2021) de la editorial Vísceras, cuarenta y dos poemas donde transitan imágenes maulinas, rituales cristianos, la maternidad y violencias de ciertas periferias. La evocación a las temáticas mencionadas conforma a su vez, una poesía en formación dado que el hablante femenino suele buscar su identidad, hace referencia a su aprendizaje durante la infancia, también el contexto cultural que significa lo rural y la emergencia de lo citadino.

Leemos, por ejemplo, los incipientes cuestionamientos externos a la familia con un tipo de maternidad cuestionada: “en el colegio me preguntan/ por qué mi madre es mujer soltera” (12), o el desconocimiento propio durante el aprendizaje más flexible: “pegar botones/ es como dar besos/ dice mi madrina/ yo le pregunto/ a qué saben los besos” (26). Y es que no hay una perspectiva crítica sino más bien el retraimiento, una voz pasiva que acontece en la edad de oro de la infancia.

La alusión del nacimiento y el vínculo con la maternidad está fuertemente atravesada en los siguientes versos: “Mi madre me parió en una noche de San Juan/Rompió el ojal más tierno de su vestido” (9), “Para comenzar la procesión/Veo los ojos del crucificado” (15), “Guardo una estampita de la virgen/ y recortes del horóscopo” (16). El gesto creativo está supeditado a las tensiones cotidianas, limitaciones sociales que atraviesan el marianismo sincrético del campo chileno (que combina las festividades cristianas y las creencias populares) y la robusta presencia de lo femenino.

Lo masculino está relacionado por la ausencia del padre, por algún tipo de violencia física o lo erótico-heterosexual fortuito. Mientras que, las enunciaciones líricas de lo femenino como la madre, la abuela o la madrina conforman potentes rasgos identitarios con el quehacer doméstico: “solo escucho el canto/ de las mujeres que van a la feria”.

Así como muchas otras obras que antecedente, la utilización del medio vegetal en la obra de Albornoz es constante, no es la intención profundizar en cada una de ellas, están incorporadas en el diario vivir y no como reapropiación: “Hay vapores de menta tomillo romero” (14), “Tengo una azucena en las manos” (23), “Yo quiero ser raíz de hinojo/ y descansar en la tierra” (31), “Adornada con ramitos de lavanda / y quilmay” (32), “Levanto pequeñas cruces/ de ramitas de palqui” (34), “Hoy caerá agua fresca/ sobre las matas de ruda” (38), “Le regalé una hojita de albahaca/para marcarlo” (41). Por lo que, entre el hablante y la vegetación hay una interacción en la que no se observa una perspectiva ecocrítica, sino más bien, hay una convivencia candorosa y beneficiaria carente de cultura originaria.

Los poemas de Albornoz representan poesía en formación, que significa indagar en la identidad familiar, el contexto social del hablante, desarrollar la poesía sobre el crecimiento personal, tal como aprender a asumir supuestas responsabilidades como ser hija de madre soltera en zonas que aún son tema, abordar el feminicidio o la circunstancia de lo erótico entre cuerpos femeninos. Vemos en tajo un primer acercamiento a la poesía, que no significa que sea desprovisto de calidad, sino que está en un proceso de maduración, y que prontamente esperamos leer un volumen que confirme su progreso literario.

 

tajo

Gabriela Albornoz

Editorial Vísceras

2021

60 páginas.-


viernes, 9 de abril de 2021

Crítica literaria: Mundo a escala (2020) de Fergie Contreras


 

CRÍTICA| «Mundo a escala» de Fergie Contreras: Sentir dentro de una corporalidad incómoda y sugestiva

Se trata de una obra sumamente figurativa y de muchos silencios. Fergie Contreras desarrolla una sensible y sutil relación entre el cuerpo, la descontrolada urbe que se expande y el pútrido neoliberalismo expresado en empresas dueñas de amplios territorios que explota la naturaleza local. En una primera instancia, hay una relación intrínseca entre la ferocidad de lo contemporáneo que atrapa y provoca la pérdida del bosque: “los edificios por caer / los sonidos / de la tierra / enfermaron / por temblor / o dictadura”. No obstante, también refleja un tono de espanto y tensión sobre un cuerpo que no termina de constituirse y es múltiple.

El volumen consta de 42 poemas numerados y desordenados que se leen en un momento, pero para su comprensión necesita unas cuantas lecturas más. Además, son breves y la mayoría tiene la extensión de una página (hay un poema escrito en prosa). Algunos están construidos en base a tres o más versos simulando a los Haiku (que normalmente hacen referencia a la naturaleza y lo cotidiano). Otro rasgo fundamental, es la referencia metatextual al filósofo francés Jean-Luc Nancy (“Incluso el vacío es una especie muy sutil de cuerpo”) y que permite generarse una idea sobre la temática y alcances del lenguaje en la obra.

Por este motivo, el libro busca indagar en los sentidos anímicos y corpóreos del propio ser en relación con la ciudad. Así, en distintos poemas aparecen breves versos en cursiva incrustados a lo largo del poemario en los que superpone dolencias, castigos y laceracione

Comprendiendo que el cuerpo, al igual que los bosques nativos que son deforestados, es un tipo reclusión y por lo mismo no es un fin sino un tránsito, una hendidura en un territorio no determinado. La hablante pareciera estar atrapada en la abulia de lo que significa vivir con la velocidad de la metrópoli y armar un mundo a escala que le permita desarrollarse.

Sin duda, Mundo a escala de Fergie Contreras es un volumen de poemas atractivo y que alcanza el objetivo de elaborar complejidad en muy pocas palabras; comenzando desde lo externo a lo interno, lo perceptible a lo sombrío y punzando zonas de dolor. Su poesía privilegia la sensorialidad de los dolores, del tedio, cierto sentir dentro de una corporalidad incómoda y sugestiva.

Mundo a Escala. Fergie Contreras Salmen. Editorial Vísceras, 2020, 58 páginas.

sábado, 24 de octubre de 2020

Crítica literaria: Amantes de cartón (2019) Víctor Hugo Ortega

 


Crítica libro: escapes sobre el cemento.

Un trabajo incipiente realiza Víctor Hugo Ortega (Malloco, 1982), periodista de formación que ha publicado en editoriales artesanales chilenas como los poemarios Latinos del sur (Hojas Rudas editorial, 2017) y Amantes de cartón (Vísceras editorial, 2019). Mientras que, en narrativa aparecen los libros: Al Pacino estuvo en Malloco (2012), Elogio del Maracanazo (2013), Relatos huachos (2015) y Las canciones que mi madre me enseñó (2016). Algunos son autoediciones, otros han sido publicados en otros países, y luego, se han convertido en lanzamientos locales. Sin embargo, surge el problema de la cantidad de copias que son tan reducidas que muchas veces son posicionamiento estratégico.

Amantes de cartón (Vísceras ediciones, 2019) es el segundo poemario de Ortega. Este es un breve ejemplar que contiene un lenguaje prosaico, en la que se configura la desesperanza, la rabia, el desazón, el proceso de desamor y la necesidad de vaciar aquellos lugares de la memoria donde están los recuerdos de un amor furtivo, todavía transparente y carente de ambiciones. Y toda esa conmoción que nos produce la finalización de relaciones sentimentales.

Tal como señala un verso de Gonzalo Rojas: “La sombra es lo que el cuerpo deja de su memoria”, en esta búsqueda de gajos, se explícita de manera concreta las calles de Santiago Centro, las bancas, las casas antiguas, los completos, las escapadas a otras ciudades o a los bares, los que están sujetos a registros.

En este estado de ánimo (que va de camino hacia el tropiezo de un tipo de realidad grisácea), la metáfora del cartón parodiada en sí misma, representa una condición pasajera, muchas veces utilitaria y pocas veces, con la capacidad para transformarse en algo sustentable en el tiempo. Así lo expresa el poema “la preocupación por el futuro”: “le pusimos cabeza y dinamitamos el amor,/ ¿habrá sido amor?/ o el color era demasiado/ o de tanto que nos gustaba la historia/ nos enamoramos de esta historia/ que el futuro dilapidó/ cuando comenzamos a urgirnos/ por tu economía y la mía” (24-25).

Por otro lado, se hace alusiones intratextuales con el canon. En “un país de cartón” que emula al “hombre imaginario” de Nicanor Parra, pero como la cadencia y la estructura existe previamente, dicho texto pasa a ser un buen ejercicio de taller literario. De igual modo, el poema contiene zonas críticas visibles como el aeropuerto de cartón, el gobierno de cartón, la familia tradicional de cartón y amores de cartón. Y, bajo este prisma que hace mella sobre el doble faz que somos, pareciese que lo singular es el cielo azulado. Es decir, la naturaleza se constituye como libertad. Asimismo, como buen poeta, recurre de manera insistente a las anáforas, especialmente en “nuestras truculencias”, mas no siendo la única técnica.

El problema de la localización del amor y desesperanza pertenece a ciertos poetas que colocan el acento de situar Santiago para Santiago graficando de manera locuaz el ombliguismo imperante. Este punto podría ser mayormente aceptable en narrativa. Por el contrario, aquí el texto no logra sacudirse del campo literal debido a que es superior a la capacidad del hablante de presentar una voz reflexiva y madura en los intersticios que da el motivo lírico. Amantes de cartón es un buen texto elemental donde es necesario avanzar hacia mayores lecturas que no sean las de bares.

 

Amantes de cartón.

Víctor Hugo Ortega. Vísceras ediciones, 2019, 52 páginas.