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sábado, 29 de agosto de 2020

Crítica Literaria: Afuera (2019) Sara Bertrand


 Afuera. Sara Bertrand. Emecé ediciones, 2019, 193 páginas.

La novela anterior, Álbum familiar (2016) de Sara Bertrand (1970), se relata la infancia de niños privilegiados que crecen bajo la dictadura. Mientras los adultos buscan olvidar, silenciar y sobrevivir, los niños reaccionan contra la normativa de la dictadura: la formación inicial, el cantar el himno nacional o la vigilancia militar. Así la protagonista Elena, ahonda en los recuerdos buscando respuestas sobre ese ambiente de dolores y miedos en el que fue creciendo.

Siguiendo la temática del marco familiar, Afuera (2019), la narradora construye la voz de Lili, quien aparece a dos voces: como el recuerdo de la infancia y la voz de adulta. El primero en su proceso de infancia y que observa a la parentela relacionarse en un espacio que está llena de inocencia y lúdico, y el segundo, es recorrer estos procesos de crecimiento, pero desde una perspectiva mayormente crítica o dolorosa, comprendiendo las formas de relaciones de los padres en un contexto histórico determinante. Los capítulos desarrollan la memoria histórica familiar y que aparecen confrontados en tiempos de lo vivido por la protagonista, por lo que dicha temática aparece con múltiples costumbres, por un lado, con fervor y altas energías, y por el otro con silencios y fracturas. Así, para sobrellevar el quiebre familiar debe concebir una realidad autovalidada: “Me fabriqué una versión. Cuando me preguntaban sobre mi madre, mentía. Sobre mi padre, mentía. Mentía tanto que en poco tiempo recreé nuestra historia entera” (42).

Tempranamente la narradora va dando pistas de este recorrido que hace sobre su experiencia parental: “Mi papá era un buen hombre, pero estaba roto o, quizás, su estructura mental se dañó antes porque quería ser artista y terminó transformándose en un hombre de dinero. Mi madre lo trataba como a una plaga” (13). Frente a esta situación compleja, la doctora en literatura Alicia Salomone en su texto Ecos antiguos en voces nuevas (2011) comprende que “estas personas con frecuencia crecieron dominadas por relatos sobre hechos que precedieron a sus nacimientos, y que tienden a desplazar a los propios impactando sus subjetividades con discursos relativos a situaciones que no pueden comprender ni recrear cabalmente” (122).

La escritora se refiere a la separación familiar como dominador común porque será este acontecimiento que marque de por vida a Lili y que convergerá en dolores y quebrantos, tal como lo expresa la siguiente cita: “Siente que pertenece a la vereda, a la calle, movimiento constante, cortante. Peatones, micros, los que se van, los que quedan. Carga la ausencia sobre su espalda” (23). Estos segmentos breves de no más de una carilla, son expresadas con un tipo de narración con mayor densidad en los ambientes, diálogos directos, despolitizada y llena de huellas.

De modo que, que la narrativa de Bertrand se desarrolla en la adultez que se desenvuelve en una realidad ficcional grisácea y de poco convencimiento en el presente. Afuera (2019) es una obra de alta sensibilidad, de escritura sinuosa y donde, una vez más, los afectos están determinados en formas de relaciones políticas que están inscritas en marcos claroscuros y generales que se vinculan con marcos histórico-temporales.

jueves, 21 de junio de 2018

Critica Literaria: ¿Cuánto tiempo viven los perros? (2018) Amanda Teillery


Por Gonzalo Schwenke



¿Cuánto tiempo viven los perros? (2018), primera obra de Amanda Teillery, es un conjunto de nueve cuentos, los que acontecen en sectores pudientes. Los personajes aparecen frágiles e incapaces de rebelarse al contexto social que se les impone y que continuamente deben comprobar su pertenencia: “Matías le sonrió de vuelta, y se sorprendió de lo fácil que había resultado. De lo fácil que era lograr que te aceptaran.” (81) Aunque las/os protagonistas suelen conformar tácticas resistencias, no siempre efectivas, en escenarios que les parecen incomodas buscan en el no saber, el humor o los silencios sobrellevar estas situaciones.
La conformación de estos cuentos poseen una estructura serializada: predominan el narrador omnisciente y los estilos directos. Lo que provoca una esquematización de la tensión narrativa, la que en 146 páginas es bastante sutil. Por otro lado, el uso de la memoria no es frecuente en estos personajes dados la juventud de las voces, las que están experimentando vivencias iniciales, relaciones fraternales y sentimentales, es decir, configuran gustos predeterminados.
A lo largo del volumen observamos diversos cuestionamientos de adolescentes sobre el mundo de los adultos imbuidos en sectores de privilegio, las que son relatadas con claridad en conocer gente es fácil: “se daba una batalla campal entre los padres por demostrar que su niña no solo tenía buenas notas, sino que también era la más linda, la que tenía mejor ropa, más viajes, casas en la playa, amigos con buen apellido y de otros colegios de estatus.” (27) Dando cuenta de que para ser aceptado y protegido por ese círculo, es necesario asumir y aparentar un modelo superficial de posición social, incluso transmitida por herencias que se mantienen por la tradición conservadora.
En los cuentos Pokemón y nunca más vamos a hablar de esto, relatan acontecimientos que han sido suprimidos por el trauma que significa el abuso de poder y que corresponden a panoramas oscurecidos. De este modo, los diálogos en la confianza posibilitan que esos silencios salgan a la luz tiempo después.
En definitiva, ¿Cuánto tiempo viven los perros? es una lectura verosímil, que guarda en el interior complejas revelaciones sobre los traumas negados y soledades disfrazadas que suceden dentro de los marcos establecidos por la clase. Con una ágil escritura pero con una fórmula secuenciada, es un buen apronte para desarrollar demás obras.

¿Cuánto tiempo viven los perros? (2018), Amanda Teillery. Emecé Ediciones, 146 páginas.

sábado, 8 de abril de 2017

Crítica Literaria: Ricardo Nixon School (2016) Cristian Geisse Navarro

 Ricardo Nixon School, Cristian Geisse Navarro. Emecé ediciones, 2016, 144 p.


Por Gonzalo Schwenke

La malla curricular propuesta por el MINEDUC para terceros y cuartos medios y que se encuentra actualmente en “consulta”, aboga por un nuevo diseño de enseñanza donde problematiza el “ámbito académico que ha tomado el aprendizaje y la propia fragmentación del contenido”. Una clara señal que promueve el clima antiacadémico, antiintelectual y la anulación del pensamiento crítico en los espacios de educación, lo que obedece a una política estatal bajo el imperio del neoliberalismo, para impedir objetivos y el desarrollo de habilidades en los tres ejes fundamentales de la asignatura de lenguaje: lectura, oralidad y escritura. En términos prácticos, Lenguaje y Matemática ven reducidas las lecciones a dos horas semanales.
Ricardo Nixon School (2016) es el sexto libro de Cristian Geisse (1977). Desde las primeras páginas damos cuenta del rumbo que toma la novela. El protagonista es melomaniático, pusilánime, aspirante a literatoso pero licenciado en Letras, quien debe enfrentar el mundo laboral a los treinta años (gracias a la insistencia de Andrea, la pareja), en un establecimiento educacional de mala reputación y que solamente la clase política como la nuestra subvenciona.
El relato se focaliza a partir de lo que ve el protagonista durante el año escolar. Sin embargo, existen dos quiebres: primero, la relación entre el Terry y Laura. Él es un perro que asiste al liceo y ella, el amor secreto del profesor y el comienzo del delirio: “en vez de robarle la mina al Terri, me caí al litro cada vez más seguido” (81). Segundo, lo que desemboca en el fin de la relación sentimental con Andrea, al burdo estilo del escritor Charles Bukowski. En ambos casos no hay asuntos que resaltar, más que el deplorable sistema escolar en el liceo situado en Viña del Mar: “la sostenedora también cobraba cien pesos los diez minutos por usar la sala de internet que tenía en el piso de abajo” (99), por ende, el camino hacia el desenlace es apocado.
Si “condorito” es un humor añejo, esquemático y que rara vez cambiaba la fórmula cuando Pepo estaba vivo, mucho menos ahora, estando muerto. El presente volumen muestra una sucesión de caricaturas que poco y nada tiene que ver, con el acto de hacer parodia sobre el ejercicio de la educación chilena. En él, presenta un mundo donde los docentes no aprecian a los alumnos, ni menos buscan el desarrollo de las habilidades de los mismos, más allá de revisar el grado de responsabilidad al cumplir con la tarea dada para la casa. Si esto es entretenido, la escritura pechoña llega a su punto máximo, con la estigmatización de los personajes desde el estilo de ropa, formas sociales, económicas y familiares.
La utilización del delirio del narrador como procedimiento literario para ahondar en las desventuras del narrador que camina hacia el abismo, es un germen balbuceante que representa la incapacidad del sujeto para la resiliencia, como afirma la letra de la canción: “mi profesor se está volviendo loco” de Jorge González. En tanto que, el relleno de páginas y más páginas, a través del fluir de conciencia, para relatar incidentes que no ocurren pero son deseables y que no tienen ninguna ponderación en el relato. En ambos casos, los recursos utilizados de manera insistente son caminos que no son logrados.

Es así que, incluso el meme “vamos haz algo” tiene mayor dinámica. Ricardo Nixon School (2016) contiene una trama elemental, el personaje principal sostiene una visión limitada y estúpida debido al tipo de narrador que no quiere crecer, y que por corolario, los personajes planos no logran desarrollarse ni menos hay profundidad. Por lo que esta obra se va directo al despeñadero.

sábado, 11 de marzo de 2017

Crítica Literaria: La pandilla de Asakusa (2011) Yasunari Kawabata

La pandilla de Asakusa, Yasunari Kawabata. Emecé editores, 2011, 300 p.

"Siempre serás turista."
Por Gonzalo Schwenke

En el prólogo se entregan detalles del contexto histórico de entre guerra en Japón. la nación está en un proceso de aparente calma social, pero recientemente ha sido azotado por el terremoto de Kanto en 1923, hay una evidente decadencia política e imperial en 1929 y está la proximidad de las guerras que Japón debe afrontar.

Es así que el distrito de Asakusa, hasta hace algunos siglos atrás, dominaba el templo religioso Kannon dedicado para los piadosos y, por contraparte, los especuladores. Esto nos llama la atención, porque antes no sólo se promovía la religiosidad, se comerciaba, sino que enfrente existían zonas habilitadas para la prostitución sin límites. Con el tiempo, esta fiesta piadosa se degrada, sumiendo a los barrios a la pobreza y en conventillos donde se continúa derrochando el dinero juegos, mujeres y niñas.

La pandilla de Asakusa (reeditado 2011) es una de las primeras novelas de Yasunari Kawabata (Osaka 1899-1971). El narrador nos cuenta los distritos federales (principalmente Asakusa, Edo y Yoshiwara) los que tienen un abundante mercado de placeres y en proceso de cambios por las nuevas modas occidentales. De ellos, emergerá la Pandilla de Asakusa, quienes son jóvenes pertenecientes a la subcultura, los que buscan escandalizar a la población con etiquetas dedicadas en secciones llamativas dentro del territorio. Lo que hoy en día conocemos como “tak” en el mundo del Hip-Hop. Ellos tienen su propio lenguaje, saludo y una perspectiva que da cuenta de lo deplorable de la situación nacional: “hoy en día hay gente sana que come cosas de los tachos de basura a plena luz del día.” (52) Es decir, aunque intentes salir del estado de mendigo, ante la falta de apoyo de políticas gubernamentales vuelves a caer.

El gran baluarte de la emergencia de un cronista es el carácter y toma decisiones sobre entregar un trabajo que reconoce separar la ficción y la realidad durante el viaje por Asakusa. A su vez, invita al lector a la aventura por las calles, y no se vanagloria del sitial donde escribe, o sea, lejos de la conveniente autoficción que predomina hoy en día. Esta misma exploración sobre la bohemia, la vida y el espectáculo de la desesperación, sostiene al sujeto sensible ante los hechos que evidencia. Aunque será cuestionado si es parte de ellos o solamente representa al otro a través del registro que realiza, por una misteriosa joven llamada, Yumiko. Quien marca la tragedia y la peligrosidad siempre latente en el volumen.

Así encontramos al personaje recogiendo testimonios como el inspector de policía en la hoja de presentación. El que cuenta sobre el cazador de pájaros que resiste desde la mera existencia frente al proyecto del Tokio moderno. Este tipo de relato es una voz que se despliega sin opinar, dialoga con los personajes y reconoce a las personas de la localidad a medida que circula describiendo minuciosamente las poblaciones: “Sí, debemos determinar, mi querido lector, si este camino a través del cual te voy a conducir a los lugares frecuentados por la pandilla escarlata.” (48) Dando cuenta del tránsito del que es protagonista: estación de trenes de Makura, el nuevo Parque Sumida, el templo Chomei, la jefatura militar, el templo Senso, el puente Kototoi, etc.


Esta no es una novela de estructura clásica ni moderna, además de que el epílogo sobra. La pandilla de Asakusa, es un conjunto de andanzas de Yasunari Kawabata en la que recorre la ciudad, la describe y le da un ritmo mejor logrado que el detallismo acérrimo de Julio Verne. Este tipo de formato cumple con la simetría de los personajes, porque no enjuicia, lo que permite desarrollar un relato lleno de características de la época: desde la marca de pantalones, zapatos, kimono y comportamientos humanos. Lo que demuestra la maestría de la escritura y por consiguiente, el aprecio al lector. Será este sentido de corresponder socialmente y describir el cotidiano de miembros de la pandilla escarlata lo más destacado de la obra.