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domingo, 26 de julio de 2026

Crítica literaria: Maleza Anfibia (2026) Ivonne Coñuecar Araya

 La poesía no vende, pero Maleza Anfibia (2026) de Ivonne Coñuecar te va a sacudir 



Últimamente pareciera que la poesía ya no vende. Esta provocativa premisa da cuenta de un hecho que poco se aborda en los medios: el género ha dejado de ser atractivo para el mercado librero. En las recomendaciones del diario La Tercera (edición del 20 de junio de 2026), ninguno de los críticos, escritores y libreros santiaguinos consultados promovió un libro de poesía. A esto se suma que diversas distribuidoras rechazan el género bajo el argumento de su baja salida comercial. Sin embargo, en “país de poetas”, la escritura, las lecturas públicas y lanzamientos continúan en distintas ciudades, y uno de los hitos más relevantes de este año es el libro que paso a comentar.

Luego de publicar la novela Coyhaiqueer (Ñire Negro ediciones, 2018) Ivonne Coñuecar (Coyhaique, 1980) regresa a la poesía con Maleza Anfibia (Editorial Kultrun, 2026). Un largo poema de 68 páginas construido como un artefacto poético que se repliega y está en constante transformación. La voz lírica, situada como una corporalidad disidente y Mapuche-Williche, una trinchera biopolítica al recorrer los fiordos, islas y territorios australes abandonados por la mentalidad hipertrofiada del centralismo chileno, denunciando así la voracidad del modelo extractivista contemporáneo.

Desde el epígrafe de la poeta Rosabetty Muñoz, “Para estar aquí /hace falta estar vencido”, el hablante da cuenta del deterioro de las zonas australes, donde sus habitantes alienados viven reducidos a estadísticas, guías telefónicas y rutinas uniformadas entre la escuela y la religión. No obstante, el control institucional del espacio urbano encuentra en el poema un reverso insumiso: la adopción de una identidad orgánica y anfibia. Al asumir la condición de maleza, los cuerpos disidentes sabotean la vigilancia del sistema, replegándose hacia lo subterráneo en una porfía obstinada por sobrevivir.

Frente a los discursos que justifican la destrucción de los ecosistemas en nombre del progreso, la voz poética elige convivir con la derrota y aprender de la memoria indígena, depositaria de una insubordinación por siglos. Se trata de una trinchera poética que enfrenta la depredación de la tierra y despedaza los recursos marítimos.

Esta subversión se manifiesta a través de la configuración de un sujeto colectivo no binario: “nosotras, transición”, “vertebradas, movilizadas y jadeantes”, “nosotras, colosales, extraviadas en la intemperie”, “desbautizarse de rodillas bajo una cascada”. Esta insurrección se teje desde la complicidad afectiva y física entre sujetos que reclaman una interdependencia con otras especies.

Al recuperar su soberanía erótica y fundirse con el territorio austral de los humedales, los canales de Chiloé y la fauna abisal, la voz poética rechaza lo doméstico y el mandato del cuerpo patriarcal que reduce el cuerpo a la cadena de reproducción y consumo del capital, transformando sus supuesta vulnerabilidad en una potencia devastadora.

Maleza anfibia (2026) de Ivonne Coñuecar es un libro de poemas que ofrece una alternativa frente al desencanto urbano y las jerarquías institucionales, a través de una mutación de lo colectivo mediante lo anfibio y la resistencia como la maleza. La obra asume la derrota histórica en lo público para replegarse hacia lo subterráneo. De este modo, al recordar que la biología y la memoria ancestral resisten bajo el agua, garantiza que los cuerpos y el lenguaje se mantienen en continua rebeldía.


Maleza Anfibia (2026)

Ivonne Coñuecar Araya

Editorial Kultrún

66 páginas.


domingo, 15 de marzo de 2026

Crítica literaria: El pulso del estallido social en A fuego de piel (2024) de Varsovia Riveros



“He soñado un país autosustentable a través de jardines vegetales y frutos en las plazas y parques del país, esenciales en las plazas y el desierto para iluminar todo Chile” Carmen Berenguer en He soñado un país.

Pese a la proliferación de editoriales, se observa una escasa distribución en los géneros de narrativa y poesía que provienen de regiones. Este fenómeno se ve agravado por una escasa recepción crítica en plataformas digitales volcada hacia el contenido extraliterario y la validación social. En este contexto, la democratización de la lectura ha derivado en una mercantilización de la misma, donde el algoritmo y el estatus rigen la promoción ahora controlada por las transnacionales.

Varsovia Viveros Barriga (Santiago de Chile, 1951) tiene larga data como poeta en la Isla de Chiloé. El libro de poemas A fuego de piel (Editorial El Temporal, 2024) es su novena publicación y se integra junto a Carmen Berenguer, Elvira Hernández, Verónica Jiménez y Francisca Palma con, hasta el momento,  propuestas poéticas sobre la revuelta chilena de 2019. En narrativa las ficciones Preguntas frecuentes (2020) de Nona Fernández, Satáncumbia (2020) de Rodrigo Miranda, Despachos del fin del mundo (2020) de Alberto Fuguet, Zona ciega (2021) de Lina Meruane, Fantasmas de la revolución (2021) de Nicolás Vidal, Matapacos (2024) de Claudio Tapia, entre otros.

El presente volumen se divide en tres capítulos: “La revuelta” sobre el estallido social en Santiago; “La Casa Tomada” sobre las acciones realizadas en la casa de la cultura en Chiloé; y “Epílogo” que se refiere a la etapa del Coronavirus. La gran mayoría de los poemas están acompañados por imágenes en blanco y negro extraídas del “Archivo fotográfico en Santiago” de Yerko Contreras Olave que recoge el calor de la primera línea y la quehacer cultural en Ancud.

En la primera sección, “La revuelta”, el hablante femenino identifica a la gente movilizada como agentes de una nueva oportunidad por el cambio. Esta elegía por la subversión, sitúa a los encapuchados como sujetos que han descreído el país que otros han estado construyendo dado que las heridas históricas no han sanado, encontrado justicia y tampoco para aquellos que sufren el Estado de sitio: “Los defensores crueles del sistema/ disparan certeros a los ojos/ disparan certeros a los ojos”. Mientras que los defensores del modelo neoliberal defenderán sin dolencia a costa de las heridas y llagas de sus vecinos.

Leído con distancia, el discurso público predominante ha contextualizado los sucesos como hechos de violencia y delincuencia, más el imperativo de restablecer el orden. No obstante, quienes estuvimos en el ardor de las protestas y el debido contexto, creemos en la posibilidad utópica de mejorar este país frente al saqueo descarado de las materias primas. Eso a pesar del abandono de la izquierda y la maquinaria propia. Ante este escenario, el otro día en el bar  “La Unión Chica” volví a toparme con las palabras de Aristóteles España: “Tenemos que buscar una razón más poderosa que el partido”, quien da cuenta de un desencanto del partido y por ello, hay trascender de las estructuras políticas tradicionales.

Por otro lado, el hablante se detiene en versar sobre la defensa del paisaje natural contra el modelo de progreso que degrada el entorno: “se me hace larga la estadía en estos mares/ aunque un verde ancestral cobija los deseos/ Otras mafias recorren los caminos y ríos”. Así, en estas líneas evidencia una amenaza foránea de industrias extractivistas que erosionan el paisaje local.

Me parece importante el registro fotográfico y las crónicas en verso en el segmento de “La casa tomada”, donde la juventud se tomó el espacio y trabajó de manera comunitaria para realizar a pulso reuniones, talleres, charlas, ensayos. El hablante toma la pulsión creativa que desborda la sede liderada por la juventud ancuditana: “corean rondas de niñez en el hall/ todo se desborda/ entran jóvenes/ pintan muros/ cambian muebles/ dan la bienvenida/ olor alegre de frutos silvestres/ se respira en el aire”. De esta manera, esta energía movilizadora en actividad autogestionadas se sintetiza en la figura de las noctilucas marinas: la movilización colectiva genera el brillo necesario para transformar la realidad.

En el tercer capítulo denominado “Hay tanto que limpiar”, se observa un hablante que manifiesta de manera tangible sus sensaciones, y con el mismo lenguaje prosaico que atraviesa la obra,  pasa de la alegría a la desconfianza del proceso de la utopía que se estaba construyendo: “Todas las vidas habían formado un círculo/ para ver el nacimiento de un nuevo sol”. Sin embargo, como todos sabemos la epidemia del Coronavirus provocó el resguardo de la población mundial, y la sociedad chilena no solo congeló sus demandas, sino que la delegó a aquellos que prometieron arreglar la situación: “Nosotros haremos el resto” recoge el poema. 

Hacia el cierre, la figura del aldaba es clave porque no tiene un candado, cabe la posibilidad que lo colectivo de la sociedad pueda determinar un futuro distinto al presente, y con ello trabajar por una casa común llamada Chile más limpia e inclusiva.

A fuego de piel de Varsovia Riveros es un libro híbrido donde el lenguaje prosaico y la imagen en blanco y negro se combinan para rescatar la memoria de los cuerpos en movimiento y los necesarios repliegues cuando no están dadas las condiciones. Logrando con esto, que el lector observe desde la violencia de las calles en Santiago hasta la forma orgánica, autogestionada y comunitaria en Chiloé como una posible utopía, caída en el olvido, donde la protesta es también una forma de construcción de Chile.

Varsovia Viveros Barriga. A fuego de piel. Ancud: El Temporal, 2024, 92 páginas.

miércoles, 11 de marzo de 2026

Fulgor de las sombras en el Estallido Social chileno. Persona sin identificar (2025) de Verónica Jiménez





A pesar de las condenas emitidas por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas en 2019, el gobierno de Piñera continuó desarrollando una política represiva que recordó los años más duros de la dictadura con apariciones de cuerpos calcinados, agresiones fuera de protocolo y abusos policiales. Lo mismo pasó en 1978 cuando Amnistía Internacional condenó a la dictadura chilena por crímenes de lesa humanidad.

Cuando se olvidan de los contextos en que se produce la violencia institucional son las personas quienes pierden el reconocimiento mínimo: una persona sin identidad se convierte en un sujeto que habita el anonimato absoluto. Es esta falta de validación jurídica y social la que termina por situar al individuo en un estado de limbo dentro del círculo de la vida.

En Persona sin identificar (Editorial Garceta, 2025) de Verónica Jiménez (Santiago, 1964) registra con crudeza el quehacer y la pérdida de vidas humanas durante el estallido social. Como señala el volumen, la tragedia de los detenidos desaparecidos durante la dictadura proyecta una sombra sobre el presente, y se repite tras las movilizaciones del 2019. El olvido de los cuerpos calcinados y asesinados que aún no aparecen es una repetición del contrato social que creíamos haber superado: el compromiso del “Nunca más”. Así, el texto denuncia el incumplimiento de esa promesa fundamental. Es decir, el “Nunca más” a las violaciones de los derechos humanos y, especialmente, el “Nunca más” a la imposibilidad de devolver la identidad a un resto óseo para darle sepultura según sus propias creencias.


La obra está dividida en cuatro segmentos: 


En los ocho poemas del segmento denominado “Prosecuciones”, el hablante femenino transita entre la crónica, el testimonio y la reflexión sobre la violencia estatal de Chile previo a la pandemia. Observamos una voz de mayor edad y que se diferencia de los muchachos que llegan de la protesta cargados de alcohol en sus mochilas. Mientras estos muchachos se divierten en un entorno doméstico, ajenos al significado  del toque de queda, la voz poética identifica la connotación histórica de los helicópteros que sobrevuelan Santiago: “había salido a comprar comida cerca del toque de queda y no regresó para reincorporarse a su turno”. Así, el hablante reivindica la belleza de la clase trabajadora que en sus brazos osa por un mejor futuro y es truncada por la represión estatal.

Frente al asedio policial, la micropolítica de los barrios se desarrolla al producir material tecnológico como imágenes y vídeos que pareciera ser una nueva forma de resistencia política. El archivo permite corroborar evidencia, convencer a los incrédulos y dejar una memoria histórica sobre las vulneraciones psico-económicas que este sistema aplica a los más desposeídos para prueba de las nuevas generaciones.


En la segunda parte “Invocaciones”, la violencia escenificada en los distintos barrios de la periferia santiaguinas deriva en la aparición de cuerpos sin identificar. Esto, que rememora los peores años de la dictadura, da cuenta de que esta deshumanización de la persona no solo intenta alcanzar de una manera perversa el alma sino también, constituir el cuerpo en una interrogante. Dicha figura significa un vacío de sentido y deuda histórica sobre la escala del olvido. 

La presencia de las mujeres en versos: “Desgarraron también a las madres/ que buscaban y gastaban/ sus pasos y voces”, funciona como un aviso de que son las madres las que agotará el tiempo hasta encontrar a los caídos durante la subversión de los sentidos aún tenga que caminar por cárceles, hospitales y morgues.


Me parece relevante señalar los cierre de los poemas donde alcanza su mayor logro. La capacidad de condensar semánticamente los versos va más allá de una resolución cotidiana y cristaliza, logra que su mayor impacto ocurra antes del silencio. Los versos cortos y directos transforman el mensaje sobre la violencia institucional en una frase memorable y perturbadora.

El capítulo “Protocolos”, aunque breve, transita por una poética lúgubre que se apoya en la enumeración de exámenes forenses e instrumentos clínicos, erigidos aquí como testigos de cuerpos heridos y defenestrados. En estos versos, los muertos pierden su gloria, si es que alguna vez la tuvieron, para convertirse en restos que registran la violencia y la deshumanización contemporánea. De este modo, la mutilación y los daños físicos de los cuerpos hallados reclaman, desde el silencio mortuorio, la dignidad que la barbarie les arrebató.

En el último capítulo, “Expedientes”, los poemas abordan la institucionalidad convertida en una planilla de tecnicismos, así como la figura de las madres como portadoras de la memoria y el duelo incansable. Asimismo, el hablante revisita la historia reciente y critica la 'democracia de los acuerdos' como una careta que oculta los problemas bajo la alfombra. El “yo” lírico escribe para evitar que el olvido se imponga, es una poética rebelde que se niega a la reconciliación forzada y reivindica el derecho a la verdad frente a una historia que se pretende reescribir de forma higienizada.

En el último poema:

“Sucedió en octubre.

Imagina si la ciudad hubiese acobardado.


Imagina si sus poetas

No fueran capaces de golpear el acero

con sus puños de agua

Para dar cuenta

De sus muertos”

El hablante femenino reafirma su postura de que el arte debe ser político y se posiciona desde las micropolíticas y los cuerpos vulnerables, porque la palabra y el sentido estético deben ser parte de la resistencia de aquellos no escuchados, ni atendidos en sus precariedades y guardados bajo la alfombra.

Más que un libro de poemas, Persona sin identificar (2025) de Verónica Jiménez es un registro híbrido entre la crónica y el verso sobre el estallido social chileno. Su estructura progresiva de la pérdida de vidas y la vulnerabilidad de los cuerpos que resistieron con palos y piedras la represión institucional. Frente al olvido de quienes hoy reniegan de esa utopía, se denuncia que la ceguera es, en realidad, el lenguaje de la impunidad en Chile. Esto es, una marca indeleble en la piel de los jóvenes que este libro se encarga de no abandonar.


Verónica Jiménez. Persona sin identificar. Santiago: Garceta, 2025, 76 páginas.

sábado, 1 de noviembre de 2025

La disidencia toma la palabra: Especular (2025) de Ornella Lorca, un rechazo a las convenciones y el modelo conservador.

 




Especular (Editorial Pez Espiral, 2025) de Ornella Lorca (La Unión, 1989) es un libro de poemas de largo aliento —con adelantos en revistas académicas y que denota un bagaje de lecturas feministas— que se centra en la introspección como motivo para la auto-observación y la auscultación del “yo” poético, construye  un manifiesto sobre la experiencia femenina donde prevalecen temas como la identidad, lo esperable en una mujer en un contexto conservador en el sur profundo de Chile, la insuficiencia de la maternidad y el poder emancipador del lenguaje. Lo clave de este libro son dos cosas: la travesía que inscribe las batallas libradas y sus huellas en el cuerpo, y la palabra como herramienta para desmantelar el dolor y, finalmente, lograr la transformación personal.

El primer capítulo, titulado “Especular”, se compone de treinta y cuatro poemas en prosa donde el viaje permite que el hablante femenino vaya conquistando su propio cuerpo. Inicialmente leemos un estado de opresión, donde hay incomodidad, lo que le produce angustia y discordia al tener que responder a otro (s). Sin embargo, al emerger de la oscuridad, encuentra la palabra como vía para nombrar y reclamar su existencia. Este acto la libera de la obediencia ciega y abandona el rol de víctima. El “yo” se convierte en un sujeto empoderado, capaz de explorar y arriesgarse a vivir las diversas facetas de la vida, configurándose como una caminante solitaria.

El proceso de introspección se lleva a cabo a través del espejo, donde la observación del cuerpo y la sexualidad sirve para confrontar experiencias complejas como el desamor y el deseo. El registro está vinculado al cuerpo como tatuajes. Al confrontar a una “otra” en el desdoblamiento de su identidad, la hablante realiza una subversión radical: usa la escritura para anular estructuras opresivas y liberar su parte silenciada. Este acto de creación literaria concluye como una búsqueda de comunicación y conexión.

El segundo capítulo titulado “Los espejos son artificios que beben sangre” contiene nueve poemas de estructura irregular, verso libre.  Se observa un quiebre en el tono con la aparición de una dicotomía: “lo que ellos quieren y lo que una puede”.  En “Libertina”, se manifiesta un deseo de sacudirse de las estructuras de lo que se espera de ella. Por tanto, los poemas seguirán una línea similar, marcada por la disidencia a la masculinidad tóxica que intenta imponer un tipo de comportamiento y un modelo conservador.

El tercer capítulo, “Mirarse en el ojo para nombrarse”, se compone de nueve poemas de estructura irregular en verso libre. En ellos, la voz utiliza el símil y la metáfora para construir un discurso confesional y simbólico. Se consolida el viaje donde se explora el conflicto y las tensiones en la búsqueda por liberarse de las convenciones sociales. Los textos se enfocan en el abandono de las restricciones impuestas y en la urgente necesidad de definir la propia personalidad al margen de las normas establecidas.

A partir de la Caverna (de Platón), la hablante se configura como una entidad indomable que rechaza la narrativa histórica tradicional y se forja desde la experiencia del dolor. Dicho quiebre con el orden comunal se mantiene en “Mala Clase”, donde se sitúa como una estampa rebelde y desconfiada que se niega a complacer a otros y valida su naturaleza independiente.

Se emplea, además, un imaginario animal (perro, reptil, lobo) como recurso técnico en la construcción de la voz poética. Esta emergencia la obliga a confrontar la crudeza del mundo exterior, donde el estado es de constante alerta, soledad y vigilia. Dicho esto, no solo define al “yo”, sino que también le otorga el ímpetu para resistir lo doméstico y la tradición.

Esta, la primera publicación de la autora, se sitúa en un espacio liminal: un estadio de obras fundacionales donde la exploración del yo impulsa la carrera literaria. A nivel formal, la autora domina los aspectos técnicos y recursos de estilo, destacando el uso de la cesura.

Sin embargo, lo que más llama la atención en Especular (2025) de Ornella Lorca, es la continua individualidad en el aprendizaje de lo femenino, como si la salida de la caverna ocurriera por acto de magia y no existiera un elemento que promueva y acompañe en este andar hacia la independencia. Si bien la voz lírica posee fuerza y energía, posterga lo colectivo al optar por un camino solitario, priorizando así la resistencia que se ejerce en el silencio y el trabajo con las palabras.


Ornella Lorca. Especular. Santiago: Editorial Pez Espiral, 2025, 70 páginas.



jueves, 21 de agosto de 2025

Crítica Literaria: Quejido, canto y arrullo (2023) de la poeta mapuche Yeny Díaz Wentén

 


Quejido, canto y arrullo (Editorial Garceta, 2023) de Yeny Díaz Wentén (1983)

Los poemas de Yeny Díaz Wentén (Los Ángeles, 1983) en Quejido, canto y arrullo (Editorial Garceta, 2023) salen a la luz después de la pandemia por el coronavirus, por lo que no es extraño que una de las temáticas desarrolladas sea la vida y la muerte. Distinto es que, el lugar de la casa sea un campo de batalla y también de refugio donde se teje un universo poético personal y contemporáneo sobre el cuerpo, la memoria familiar y la resiliencia de las mujeres.

El poema “El hombre y el poeta” introduce una voz fantasmal que se niega al olvido, persistiendo más allá de la muerte física. Dicha persistencia subraya el poder de la poesía para resignificar experiencias violentadas, transformando epítetos deshumanizadores en afirmaciones de identidad. Así, el poema simboliza la transmisión intergeneracional de un legado vital que desafía la aniquilación y el temor al mañana

En el poema “Beatriz González Vilches” la descomposición del cuerpo de la joven asesinada por la pareja en Rengo, simboliza la brutalidad del acto. El hablante se apropia de la violencia para convertirla en un acto de denuncia y un recordatorio de cómo la violencia puede despojar al cuerpo de su integridad, convirtiéndolo en un espacio del recuerdo.

En “Las tres”, el cuerpo femenino no se descompone, sino que se “agrieta como las granadas maduras” para dar vida. El cuerpo es un espacio de fortaleza y creación, demostrando que la misma materia puede ser vulnerable también tiene el poder de dar vida. El uso de estos procesos biológicos y corporales permite abordar la complejidad de la experiencia humana, desde el dolor y la muerte hasta el nacimiento.

La casa no es solo un espacio físico, sino una metáfora compleja del “yo” poético femenino y de la memoria ancestral. Alberga miedos, traumas y heridas de generaciones, lo que la convierte en un espacio fragmentado y roído. Sin embargo, a través de las labores cotidianas, las mujeres construyen y resisten las estructuras patriarcales, transformando la casa en un refugio de lo íntimo y un lugar de supervivencia.

Las habitaciones de esta casa albergan “miedos heredados de mis padres”, “los abusos con sus dueños” y “partes del hígado, trozos de corazón, placentas”, lo que revela que más que ser un lugar de resguardo, funciona como un depósito del trauma y la herencia vivida durante generaciones solamente por ser mapuche.

En el poema “Las Tres” el hablante celebra vínculo y la regeneración de la vida femenina. La imagen de una mujer que “aprieta los labios y cierra los ojos” y “le toma la mano y esa mujer vuelve a respirar” revela la ética del cuidado y el apoyo mutuo en las relaciones entre mujeres. La descripción del parto donde “Esa mujer como un río que rompe trae a otra mujer consigo”, con la mujer que “se agarra y se agrieta como las granadas maduras rojas deliciosas a gritos a jugos”, exalta el cuerpo femenino como epicentro de creación y transformación. La “semilla infinita de sí misma” conceptualiza a la mujer como una fuente perpetua de vida, multiplicándose y extendiéndose a través de sus descendientes, lo que desafía las nociones patriarcales de linaje y herencia para proponer una genealogía femenina.

En el universo poético abundan las referencias a las partes del cuerpo (“huesos”, “pelvis”, “manos”, “ojos”, “pecho”, “cuero” y “caderas”) y a los procesos biológicos (“gusanillos hormigas, chanchitos de tierra espigas brotes pájaros y tierra dentro de las órbitas de mis huesos”, o a la fluidez vital en los “jugos”). Explora la fragilidad del cuerpo para impedir que las experiencias de violencia y trauma sean olvidadas, busca conectar la descomposición con los ciclos naturales de vida y muerte y sirve para reafirmar la humanidad y la vitalidad de quienes fueron deshumanizados.

En “Despedida”, el duelo se escenifica en un entorno natural “rasposo”, donde el paisaje y las emociones del hablante se fusionan en una simbiosis entre lo interno y lo externo. La muerte del vacuno, un animal que es el “rey de las pezuñas plateadas”, se convierte en un evento cósmico en el que el viento y la tormenta son participantes activos.

Además, el poemario utiliza la naturaleza de manera constante, nombrando flora y fauna para que interactúen con el cuerpo, representen emociones y a menudo estén personificadas. El acto de cortar el vínculo con un cuchillo en un “pasto rojo” implica una comunión con la tierra y sus ciclos de vida y muerte, borrando los límites entre lo humano y el paisaje.

Quejido, canto y arrullo (2023) se alza como un canto a la adaptación del espíritu frente a la adversidad. Con un tejido poético denso y polisémico, el hablante desarrolla la metáfora de la casa en la que desentraña los hilos del trauma heredado y la memoria, mostrando cómo la confrontación con lo abyecto puede ser catalizador para fortalecer y perpetuar la vida, cimentadas en la conexión con el linaje y el entorno natural.

 

Quejido, canto y arrullo

Yeny Díaz Wentén

Editorial Garceta, 2023

88 páginas

viernes, 20 de junio de 2025

Crítica literaria: "La voz de la casa": Rosabetty Muñoz retrata la vida contemplativa en tiempos de pandemia.

 

La voz de la casa. Ejercicios para vivir el confinamiento (Editorial UCM, 2021) de Rosabetty Muñoz (Ancud, 1960) es un conjunto de 44 poemas realizados durante la pandemia del COVID. La prosa rescata y expresa una forma de vida que contrasta con la rutina de las grandes urbes. Una existencia donde cohabitar la casa representa el espacio de seguridad y calidez, un regreso al espacio interior donde el silencio y los juegos centrados en los niños se vuelven el gran fogón del hogar.


La presencia de los caparazones de mar son símbolo de protección y resguardo en el año de la peste. Así la perspectiva de los poemas radica en la búsqueda de la vida ascética; austera y no pobre; reflexiva y no superficial. Este enfoque busca la existencia modesta, vinculada a la naturaleza y alejada de las estridencias del mundo moderno. Es decir, la poesía funciona como medio para explorar y descubrir el mundo de manera directa y sin lo virtual que propone la tecnología, en tanto simulacro de la realidad, enfatizando la importancia de la introspección, la comunión con la naturaleza y la interacción con el otro.


En este país, donde muchas personas residen en la Región Metropolitana y leen autores de Santiago, esta obra amplía la perspectiva y muestra que la vida agobiante, donde la velocidad del metro es la norma, contrasta con otras formas de vivir, donde la pausa y el descanso están más cercanos al Paraíso. Sin embargo, estas formas de vida están amenazadas y depredadas por la economía extractivista del libre mercado en la que está inserto Chile.


Frente a las vicisitudes como la pandemia, la escritura de Muñoz, es otra variante de lo que significa estar recluido, el hecho de observar el temporal incita a la contemplación: “No sirve de nada temer a los elementos, más vale entregarse a la experiencia natural que a veces deja caer todo el violento azote en los cimientos de la casa”. Es decir, el uso de la metáfora indica una doble lectura de los elementos. La naturaleza y la muerte, en tanto hechos innegables y destructivos, son eventos canónicos donde pareciera que nos atañe resistir su paso en la vida, no solo nos acechan sino que acompaña nuestro cotidiano.


Así como en Santo Oficio (2020) donde las preocupaciones sobre la vida y la muerte, lo religioso permea su estética, en tanto síntoma que cruza su obra, en La voz de la casa (2021) Rosabetty Muñoz, configura el imaginario de construir el hogar en base a valores como la sinceridad, la calidez, jugar con los hijos o nietos, regresar a la tradición de nuestras madres, y más allá de la pandemia,realizar una introspección consciente que ordene nuestros pensamientos y emociones. Pero, a su vez, mantenerse vigilante frente a los tiempos de incertidumbre y muerte.


La voz de la casa. Ejercicios para vivir el confinamiento

Rosabetty Muñoz

Editorial UCM

2021

88 páginas.-

lunes, 30 de diciembre de 2024

Asedios a una muestra de Poesía valdiviana.

Publicado en la Revista WD n9, 2024.


La revista se puede encontrar en el siguiente enlace: Pinchar aquí.

Revista WD40 me ha convocado para entregar un panorama de escritores/as que referencia el quehacer en Valdivia. Aunque no soy partidario de estos eventos canónicos me permite examinar el quehacer literario, los diálogos entre generaciones, los reflejos de una relación entre habitantes, su entorno y la reproducción técnica del libro-objeto, y los discursos contemporáneos latentes en la cultura letrada.

Me encuentro momentáneamente en el Sur disfrutando de la lluvia que inunda calles inverosímiles. Para este asedio y materiales de estudio del campo cultural sobre la región lacustre, el primer criterio de selección fue que su residencia esté en Valdivia o sus alrededores; el segundo, el lanzamiento del libro se haya efectuado el presente año, lo que permite entregar una propuesta de reciente. De ahí que aparezcan y destaquen los siguientes autores/as.

Verónica Zondek en El esplendor de la granada. Poesía reunida 1984-2022 (Libros el Cardo, 2024), corrobora el énfasis de la autora por la estética de la corrección y de la reescritura, equivalente -también- al número de reediciones de sus volúmenes. En muchos sino en todos hay cambios en los versos precedentes con plena atención de la figura creativa, y esto, a su vez, ha dado pie a una reconocida voz donde la poesía es medio para explorar y dilucidar las posibilidades del lenguaje, la memoria, los feminismos y el lugar de la experiencia.

Camila Almendra escribe en Provinciana en Colores (Editorial Kultrún, 2022), con una prosa que contiene un fraseo corto y de carácter feminista, resistente de la sociedad tradicional conservadora. La construcción de estos poemas se basa principalmente en el contenido del mensaje, opuesto al carácter retórico de la forma poética que todavía está en progreso. Mientras que, PISTILA del gen lumínico (Tinta Negra Microeditorial, 2024) se observa un estado de mayor organización y definición poética, mediante el verso libre combina discursos ecológicos y de ciencia ficción. La voz epigonal se refiere a una criatura indefinida, hermafrodita, como si perteneciera a un estado mítico de la actualidad, pero que está amenazada por la consistente extracción de recursos naturales y materias primas a los que Chile pertenece como Nación neocolonizada. Un dato llamativo fue dar cuenta de la sutil referencia a Pablo Neruda; tanto el nobel como Pistila… utilizan la tinta verde en la letra.

Yanko González. De largo aliento, recuperando e invirtiendo significados y significantes es la reciente publicación que combina: objeto visual y de poesía concreta en Torpedos (Editorial Kultrún, 2024). Yanko González & asociados construye tres ejes fundamentales: el discurso, lo visual y lo objetual. Esta obra que simula torpedos escolares contiene distintos artículos donde subterfugiamente esconde lo que no se quiere ver. En concreto, toma notas de la academia a la que pertenece y trastoca los sentidos; ocupando la oralidad, el juego de la paradoja, muchas veces lo absurdo del discurso y las mediciones escolares revelan lo que se omite con cierta sorna. Pero, ¿qué no se quiere ver? La incerteza de esta respuesta podría abordarse desde una mirada en operaciones entre personas con un dejo de falsa modestia.

En ambas publicaciones, Elemancia (Tinta negra Microeditorial, 2018) y Estado bisagra (Tinta negra Microeditorial, 2024), la poeta Martina Pedreros Rodríguez escribe modelaciones y modulaciones creativas desde una zona difusas, más próximo al desasosiego que a la incomprensión, porque combina el mundo de los sueños de la experiencia y lo abyecto de la realidad contemporánea. Así, junto con apropiarse del lenguaje e ir constituyendo neologismos, los territorios que ocupa dejan en claro el contraste de las líneas de fuga que es la naturaleza, el habitar el territorio junto a lo onírico, y que representa la espesura de la realidad que en Chile es sumamente hostil. 

 

 

 

Verónica Zondek Darmstädter (Santiago, 1953). Escritora y traductora. Ha publicado los libros de poemas: Entrecielo y entrelínea (1984 y 2019), La sombra tras el muro (1985), El huego de la memoria (1988, 1995 y 2011), Vagido (1990, 1991, 2014), Peregrina de mí (1993), Entre lagartas (1999), El libro de los valles (2003), Por gracia de hombre (2008, 2020), La ciudad que habito (2012, 2021), Instalaciones de la memoria (2013), Nomeolvides:flores para nombrar la ignominia (2014), Fuego frío (2016, 2022), Memento (2019), Una pequeña historia (2018) y Otro viento cantará (2022).

 

De La ciudad que habito (2021)

II

Es que un río es un río es un río

y un prado es un prado

y un tronco es él

y más nada

que azul y verde y marrón

trinando presente su viaje

porque hoy luz equivale a sol

porque cargada la nube baja y se acerca

y otro trae los tonos

y aunque el río es un río es un río

y un prado es un prado

y un tronco es él

otro que azul y verde y marrón

otro que cae

y entra por ojos tan pardos

tan gris de soplos sin fin

tan verdinegro

que trinos incuba también y oscuro el viaje 

porque hoy la luz es luz y anochece

y anuncia ventisca a su arribo

y arracima en bajío pantanoso las nubes

una sobre otra en entrada gloriosa

hasta caer en el ahora aguacero

y soplar y soplar y soplar

el párpado a medio dormir durmiendo

y volar el sombrero

hasta descubrir cabezas de cabelleras en despliegue.

Bienvenido Señor Viento si no vuelas el techo

si el fuego encendido queda

y cubre de abrigo los hombros 

que hoy es día de cine en mi casa

y quiero tocar esos cuerpos ilusorios

y amar con tiempo y ternura ancha

a los muy míos 

entre gallos y medianoche. 

 






 

 

 

 





 

VI

 

No 

no es su belleza ni sus ríos ni su gente mezclada.

Es su daño reiterado que transita las arterias

su brillo que nace del desastre

su vocación de Señora Condenada pero airosa

su destrucción vital

su incendio

su asedio hasta el hambre declarada

su saber que todo es humo.

 

Transitoriedad y movimiento.

 

Agua

agua que inevitable viaja por los ríos.

 

Vida.

 

Vaivén.

Vaivén que falta e inapelable fluye y sin remedio

 

a su fin temporal.










 

 

 

 

 

 

 

 



De El libro de los valles (2003)

ENTRE PIEDRAS Y HUESOS, LA LETRA

 

Entre piedras y huesos 

un monumento al condenado primero de esta masacre.

 

Se detiene.

Entierra su desgarro en Valle Maldito.

para que procree en los planos desiertos de un abismo.

 

Valle Maldito guarda profundos silencios.

Valle Maldito guarda un temor amortajado.

y nadie desea la muerte.

 

En Valle Maldito hace deambular el alfabeto

Es cierta su condena al exilio.

Merodea la derrota entre restos humeantes.

Piensa su extinción.

Busca la seña que fue anterior al naufragio.

 

Piensa:

la memoria es signo reversible.

 

Un silencio acaricia su frente.

 

Celeste

el ave rapiña respeta en un lejos

la inalterable tenacidad de la letra.






















 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 






SIN PERDÓN EN EL OLVIDO…

 

Desde ahora 

y sin apelación

cobran importancia los extremos corporales.

 

Valle Mutilado lo atrae en su extensión más insolente

como si el pudor ya no fuese

como si no existiese la vergüenza:

brazos de doncellas

manos huesudas

cabezas

cráneos hay y dispersos

para que se haga una idea visual

y no tanto piense

y siga.

 

Sobre el plano amarillo de una extensión

su mirada se detiene lenta sobre cada trozo.

Decide nombrarlos

amistarlos en adelante sin consuelo

recogerlos en cestas de mimbre cálido

y acunarlos

y cubrirlos

con manta del Sur auténtico.

 

Inscribirlos decide pues

en anchos y pétreos recordatorios

por si en el tiempo por venir

pasara otro

y viera 

y poseso fuera 

del deseo de saber.





















 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EN VALLE OLVIDO (III)

 

Tuvo entonces la certeza

que nuestras

las gentes nacen para no saber.

Beben aguas sin apodo

e incansables

lo trabajan todo hasta la saciedad.

Disfrutan de oscuridad en el ojo

y hacen olvido del paso primero de los pies.

En este valle 

las avenidas luminosas son las que inscriben nombres

y los días amanecen sábado en sucesión infinita

y anochecen en números bordados en pieles aceituna

y la condena es acato indudable.

 

La resistencia es un recodo de la memoria

es también

es tarea individual.

 

 

 

 

 

 

 

 

Camila Almendra (Osorno, 1991) Educadora, poeta y performer. Ha publicado los libros de poemas El viaje de la Heroína (2016); Provinciana en Colores (2022); y PISTILA del gen lumínico (2024). 

De PISTILA del gen lumínico (2024)

 

Genoma luminoso

 

Niñez de tierra, de gota y de frío.

Instrumento de purificación.

Para desmontar el habla,

vejez e inicio.

 

Concebir la higiene

cual utopía derrumbada

millones de habitantes detallan los ritmos de sus mermas.

 

Ante el grito lo desearon.

En la estación de ferrocarriles,

globos oculares se estrellaban como huevos,

cuando dieron, al fin, con mi paradero.

 

En un barrio llamado Flota Centauro,

del poder popular

me hallaron saltando rieles.

Anunciaba tormentas eléctricas.

Presagiaba noticias como quien come pan.

Ellos proceden, siempre proceden

a desabrigar mi celada por televisión

y tocar en su cenáculo mi figura.

 

Puesto que las aves no lloran gas

ni pimienta, tras mi paso

se crean rezos.

Retorno del mesías en femenino.

 

Y en las calles,

estudiantes en marcha:

derrocar al imperialismo,

mientras sus densidades

cubren

cada

cavidad mía

día y noche.

 

Abro mis manos como pistilos,

libero la atmósfera del químico.

Como luna estabilizo climas.

Camino con un lucero en mi frente.

 

Fui encerrada en un laboratorio.

Diseccionarme fue una opción.

Padre está orgulloso que sea considerada,

mientras vende retazos de mi ropa.

 

Me conecto

con la herencia humana

cual Eva mitocondrial.

De cuerpos celestes,

los huesos se vuelven polvo estelar.

 

Estado elevado,

patíbulo del consejo mundial.

Por memoria colectiva,

mi sangre busca convertirse en aerosol.

 

Escondieron criaturas como yo,

por entramados afectivos

conscientes de riesgos.

De torres a peñascos hay seres extrasensoriales,

videntes exiliados de la plutocracia.

 

Si los dones existen,

sería preferible congelar el arma de las esperanzas,

para cuando el planeta entero, a punto sea de caducar.

 



 

 

 





Preservar lo indecible

 

Me sacaron del ensueño. Cápsula de nitrógeno, choque osmótico detenido,

en su criopreservación de lo que pudo ser humana paredes celulares de un vegetal.

Congelaron uno a uno mis deseos.

Mutante y crisálida, dicen, que partes de mí se reemplazaron por la biónica.





















 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De Provinciana en Colores (2022)

 

Azul de Prusia

 

Una sensación de soledad abismal se reduce en tus arrugas al mate y la cocina. Lo supe de mis sueños húmedos de adolescente. ¿Para qué competir, si te puedo besar?

Desaprender las espinas doradas, forjadas con hierro caliente en el habla.

 

Las mamis se reparten por el mundo acunando mis penas.

Habrá seres que recogerán mis pedazos para decir: somos.

 

Tórtola torcaza heridas las alas, los cánceres inquisidores diciendo lo que no conocen. Creísteis la supremacía de sus voces. Lo horripilante me tocó el plexo solar abierto para vomitar las cargas. Presumo, la cobardía de sus lenguas bífidas.

 

El otrora saco de papas vuela por los aires, siento la valentía de amar con una intensidad cercana a la muerte.

Escribo con estos pies cayosos como pluma, y con mis deseos escondidos en el rifle de la venganza.

Quítenme el saludo pero jamás podrán con la entereza del orgullo criado por mi abuela. Me han puesto en la guillotina al punto sicótico de escuchar sus voces intentando dormir.

 

Hija orgullosa de brujas no hay defensa sin ataque de vuelta.

Sus huesos se roerán embriagados de competencia.

 

Con el rabillo de ojo espío los discursos que nos salvarán del crujir de dientes en el fuego eterno.

Mis travestis me infunden las plumas: vuela con esos tacones cariño, haz explotar las calles con tu tierna rebeldía.

El primer pigmento artificial de la hija del ensayo–error.

 

Azul de Hierro. El Azul de Prusia es extremadamente insoluble en agua.

 

Agua que fluye, látigo a la piedra.

Me abro con los escudos de las olas a mi favor retornando al

delirio de ser avalancha.

 



















 

 

 

 

 

 

 

 

 




Tribu del color invisible

 

El mundo sórdido en el que nacimos carga la herida de los imperios, derrama córneas por el cemento tiñendo de rojo la miseria.

 

El plomo acecha nuestros pies movedizos, un miedo se instala por las noches.

La condena en impunidad y la lluvia no purifica lacrimógena del aire.

 

La justicia es una inmobiliaria, de forestal y pesca de arrastre.

Es mejor pactar al unísono resolver por papeles que quemar el gobierno por arrojar al río pueblos enteros.

 

Clava, clava, clava, clava en mi hondo ojo ajeno tan mío como raíces de sangre y espíritus.

 

Chile es una faja larga y angosta de tierra placas superpuestas en sismos monetarios.

El jardín del edén está lleno de pinos y Mistral decora piscos y aulas hacinadas.

 

Janequeo haznos soñar la estrategia de mil batallas, no morir como si nada pasara,

como si la vida pasara y solo eso fuera.

 

 





 

 




De El Viaje de la Heroína (2016)

 

Virgen de las Barricadas

 

Tú que todo lo conviertes en fuego

menos a mí que te miro de abajo

me gustaría sacarte esa capucha

y hacer la revolución en la cama, la silla y el suelo.

 

Virgen de la insurrección y el canto

te prendo una vela en silencio

la porcelana de tu piel

fue cambiada por tu tez morena

firme y profana.

 

Ya no hay rosarios que te rodeen

los he sacado todos

para admirarte mejor.

Te tengo en un pedestal

pero te bajas

profunda.

Virgen inmaculada,

sucia.

Debajo de esas mantas blancas

se descubre tu fuerza.

 

Estás entre llantas

y piedras.

Por más humo que llegue a ti

sigues siendo mi única devoción.

 

Virgen de las Barricadas

¡No hay rezo que te plazca!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Yanko González (Buin, 1971), poeta e investigador de la Universidad Austral, ha publicado los poemas: Metales Pesados (1998); Elábuga (2011); y Alto Volta (2007). Las investigaciones sobre La construcción histórica de la juventud en América Latina: bohemios, rockanroleros & revolucionarios (2013); Los más ordenaditos. Fascismo y juventud en la dictadura de Pinochet (2021); las entrevistas imprescindibles a escritores del Sur Héroes civiles & santos laicos: palabra y periferia: trece entrevistas a escritores del sur de Chile (1999 y 2024); y El agua verde del idiota: La errata: cultura e historia (2023) junto con Pedro Araya Riquelme. Finalmente, las antologías Poesía universitaria en Valdivia (2000) con Iván Carrasco; Carne fresca: poesía chilena reciente (2002) y ZurDos: última poesía latino americana (2004) ambos con P. Araya; y su propia antología en vida, Objetivo General (2019).

 

 De Torpedos (2024)

 

 [UNO]           Donde dice línea, es forma. donde colo-

res, texturas y donde ritmo, orden. qué es el arte.

colgar en un muro las cosas que alguna vez te

hicieron daño.

 
























[DOS]             abre libros que sólo te encuentren la ra-

zón. lleva un espejo y lo miras para saber si toda-

vía estás ahí. y recuerda, la cocina está cerrada

pero te quedan lágrimas.

 








































[SIETE]          ¿para qué llueve? llueve para dar én-

fasis. llueve para no ir. llueve para enterrar a

alguien. llueve para callarse un rato. para botar

la mirada en una poza. para usar los signos de

interrogación.







































[CINCUENTAYUNO]          lógica de enunciados del pro-

fesor carrasco: i. si el profesor se enfada, te que-

das paralizado y si te quedas paralizado, el pro-

fesor se enfada. ii. en este caso, apégate a la tabla

de verdad, yo no encontré ninguna tautología, yo

me apegué a la tautología y no encontré ninguna

tabla de verdad. iii. no aprendes ni lo que sabes.

iv. perdonen la falta de ignorancia.

 

 

 




























[BACHELOR]

hemos juntado dos grupos no por razones de espacio.

queremos, quien les habla y la profesora responsable

que espero se integre los martes, intervenir no sólo los

tiempos del aprender, sino los espacios de sentido los

sujetos experimentan

 

en su propia exégesis del sentir. antes tenían la sala

veintitrés, ahora esa estará ocupada con un grupo de otra

carrera. informo esto para que no se confundan la sala

nuestra será la de expresión corporal, donde practicaban

los compañeros de la





carrera que se está por cerrar, pero que igual se están

titulando. las razones son varias, para que después en la

autoevaluación no pongan falta de infraestructura, aún

nos quedan salas equipadas, porque es importante no sólo

impartir la perspectiva, sino el modelo curricular

 

en esto requiero la participación de todos y todas, porque

ustedes se van adentrando en la didáctica profesional

y por más que no conozcan al otro grupo, es una

oportunidad para imaginar respuestas a todo tipo de

ambientes, así como seguir un plan de acción tutorial

 

dirigido a los módulos transversales, por eso aunque

sus pares vengan de programas distintos, creemos que

tienen los mismos esquematas de conocimiento, que estoy

seguro poco a poco buscarán interacción y ahí es donde la

teoría ayuda, siempre me escucharán

 

repetir la teoría no muerde, podemos pasar horas y

horas planificando o mejorando los instrumentos de

diagnóstico inicial, pero lo que han dicho los grandes

autores, los que realmente importan, los que además se

han pasado su vida entera en un aula, es juntar

 

su praxis cotidiana con lo que los libros nos dicen y lo que

nosotros podemos hacer de esos libros con los educandos,

que año tras año llenarán de plenitud nuestras almas y

esto es un proceso interior, no es un problema de salas. y

tú por qué pones esa cara.


















Martina Pedreros Rodríguez (Buenos Aires, 1990). Docente, poeta y editora de Tinta negra microeditorial. Ha publicado los libros de poemas Elemancia (2018); y Estado bisagra (2024).

 

De Elemancia (2018)

dormancia

i

 

al reverso del filo

sin menguar

el iris

dúctil

de juncos

en sueños

he brillado

las serpientes

por cabeza replicantes

los ojos de piedra

nunca

dejan

nada

s i n u o s o

el barro que me seca

partículas del reposo

 

 

 

 

dormancia

ii

 

Testifico la trasmutación de lo material.

Las capas se superponen si asistimos a su decadencia.

Ya no la vemos pero oscurece:

Tres perros negros son toda esa muerte.

El fuego fatuo surge de un estado de ignición.

De inverso modo acontece el sueño:

las capas se traslapan tan solo si asistimos

a toda esta muerte

que aclara,

―y sea mar o incendio―

nada se apaga

―bosque o desierto―

compongo en dormancia:

¿Cómo declinar el sueño si solo se acumula el agua?

 

 

 







 

 

 

De Estado Bisagra (2024)

 

Anversos de la conciencia

II

 

(sueño con las camas donde soñé escribí hice el amor)

 

anoche supe –no sé cómo– encontrar mi pieza sobre las escaleras

era azul grande la cama deshecha como si

hubiese dormido recién ahí

afuera el lago ondulaba una playa pequeña

el cisne aguardaba en mi ventana

es mío

me dije

le abrí los cristales para

que sumergiera su cuello negro y buscara

alimento donde

mis ojos

no vieron

confié

sabrá volver

es la lealtad de los cisnes

constato

mas

¿qué podría traerme desde el fondo de la mente que es el lago?

 

 

 

Ya sé cómo duermen los cisnes.

Los retraté como siluetas blancas en el fondo negro del sueño.

Extienden sus cuellos en el agua, como si fuese una sábana o una almohada.

Allí, acomodados, sus cervicales se curvan para encontrar la flotación en su lecho entre juncos.

 

 

 














 

 

 

 

 

 

 

 





Testeo mis propias actitudes karmínicas

 

onirromántica esencialista

plumas de aves macho que me visitan

vengo llamándolos

bajan de las copas de sus vuelos

esta canción los invoca

esta canción que

inunda este estado del sueño

levanto a los niños de la mano

antes que la ola

como al colgarse entre dos adultos

jugando

y todo va a menguar

en algún momento

el agua será calma otra vez

y con las amigas daremos brazadas hasta la orilla

donde dicen

hay

construcciones suspendidas

espacio para levantar

techos de paja y muros de tierra

manufactura para cuevas

nuevas manadas

venimos anunciando

desde que encarnamos

 

castillos como conchas nacaradas.

 

 

 

 

 

 

 
















 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Noche sobre el matorral

 

los abrazos de piedra

c u e l g a n

                  s u s p e n s o s

calzados en cables de la luz

como los treiles bajo el tejado de paja

entran por los revoques

dice el niño de cola

saben así guarecerse de las heladas o los vientos súbitos

del verano

pero

en tiempos donde una bala es más probable

sea eyectada desde el Estado

a quemarropa

una mirada que no ve la trayectoria depositada sobre su nuca

 

la ropa sigue acumulándose para el lavado

como si algún día

la mirada puesta sobre los colores del cielo

pudiese cambiar la forma

deslavar acumulaciones

modificar los tiempos

en que un sol se guarda

para

esta mañana

servimos miel en frutas

ayer no hubiese fantaseado

un presente como ese

porque

cuando la mano se alza e indica

aprobación sobre las masas

aparece un nombre

una visita

es tu cara recortada de perfil

y digo

trancar una puerta puede costar menos que abrirla

 

pero

en tiempos donde una bala es más probable

sea eyectada desde el Estado

a quemarropa

prefiero incinerar por mis medios

las máculas imposibles de remover en prelavado.