Mostrando las entradas con la etiqueta UACh Ediciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta UACh Ediciones. Mostrar todas las entradas

domingo, 9 de junio de 2024

Estudios preliminares sobre Valdivia*

 

Cuando hablamos de Valdivia, se le reconoce como un lugar armónico para vivir; un modelo sustentable en base a la relación con la naturaleza. Siendo esta una fachada, porque las formas de socializar pertenecen a una rutina de pueblo, muy distintas a las que el progreso desea instalar. Digamos que se mantienen ritos y ceremonias normativas de la administración, pero en las poblaciones se repite la forma de vida tal como en otras localidades del sur profundo. Y, hablamos de zonas llenas de árboles donde va quedando alta presencia de la naturaleza y una incipiente gentrificación en torno a determinadas ciudades.

Estas observaciones preliminares nace de la observación de discursos o clichés popularmente aceptados como “la llave del mar del sur” o “la perla del sur” y enunciaciones hegemónicas que sitúan a Valdivia como una de las mejores ciudades para vivir, según la Encuesta Barómetro de los años 2019, 2020, 2021. Sin embargo, pese a los cambios que está experimentando desde la firma de la nueva región en 2007, la percepción social no corresponde a la abundancia laboral según el estudio sobre la calidad de vida urbana (ICVU, 2022) que publicó la Pontificia Universidad Católica y que señala que la comuna evidencia la falta de trabajo y de oportunidades para hacer negocios. En términos de infraestructura, uno de los más relevantes era la ausencia de edificios con mayor altura que la Catedral hasta que llegó el casino (2009).

La literatura y los documentos que hacen referencia a la colonización alemana considerada como gran impulsora del desarrollo en el profundo sur y que está emplazada, en tanto discurso hegemónico en la educación chilena, arraigada en los museos y protegida patrimonialmente en el profundo sur. Así, sin contrapesos el análisis partió por registros de ficción contemporáneos que hiciera referencia a la ciudad lacustre y a su historia, con una visión crítica frente al embellecimiento que genera en quienes que asisten a dicha localidad en su calidad de turistas.

Es interesante las determinaciones del proceso colonizador de mediados del siglo XIX en las regiones de Los Lagos y Los Ríos. Los documentos históricos sitúan esta política estatal como una de las más exitosas que se llevaron a cabo y algunos, incluso podrían indicar de una gesta heroica, debido a que las condiciones climáticas de la zona son intempestivas pero favorables para la ganadería y el cultivo.

El padre Gabriel Guarda realiza una lectura a considerar: “la colonización no fue una moderna migración de desheredados de la fortuna provenientes de un país superpoblado, sino una selección de hombres de trabajo que no obstante su exiguo número, transformó en breves años la fisonomía de todo el sur” (68). Digamos más bien, que Carlos Anwandter era farmacéutico, empresario, diputado y alcalde liberal en Calau y como no encontraban espacios para sus ideas tras su participación en la revolución de 1848, vio con buenos ojos emigrar de los reinos de Prusia.



La confianza del mismo Anwandter en los diarios confirma que la administración chilena tuvo tolerancia con ellos y esperaba que el mismo Manuel Montt, quien fuera uno de los articuladores de este proceso, continúe apoyando cuando haya alcanzado la presidencia: “las autoridades del gobierno se ocuparon de nosotros con gran deferencia. En primer lugar, nos concedieron bajo condiciones favorables (...) garantizando veinte años exentos de impuestos y ayuda a los pobres con anticipos de dinero o de útiles de trabajo” (123). Así, los beneficios de poblar un lugar que destacaba por su escasa intervención humana y profusos bosques nativos permitía el progreso en toda la región.

Aquellas cartas que fueron publicadas en Alemania buscaban incentivar y difundir el proceso experimentado. Entonces, confecciona un catastro donde recomiendan lugares, tiendas y personas en los puertos para evitar los robos y aumento de precios parciales para las siguientes oleadas migratorias, no obstante, también describe las costumbres de vida de los chilenos e indígenas que encontró a su llegada.

Continuando con las afirmaciones de Gabriel Guarda, donde realiza un estudio lineal sobre el devenir de la ciudad desde antes de la fundación, la quema de la ciudad, el posterior abandono y recuperación de la misma. Asimismo, la entrada de Cochrane y la independencia de los territorios, lo que significó la pérdida de réditos económicos, ya que era la corona española quien sustentaba a las provincias. Desde conceptos materiales y de infraestructura, desde 1820 hasta la llegada de los colonos europeos, Valdivia no despegaba y estaba en franca decadencia: “Con la fusión de las dos razas se transmite a la custodia de las nuevas generaciones chileno germanas el cuidado de aquella vieja y rica herencia” (66). La celebración del historiador comprueba el desarrollo económico que prontamente adquirieron los valles y que se mantienen hasta hoy, tales como los bomberos, los colegios alemanes, los clubes de la unión, desarrollaron la arquitectura, la gastronomía, industrializaron los embutidos, las curtiembres, las textileras, las cervecerías y un largo etc.



En el campo cultural, Valdivia ha sido en gran medida fuente de inspiración para creaciones artísticas. En el caso de la música popular, de las canciones que hacen referencia a la ciudad y son parte del repertorio nacional del siglo XX, podemos señalar la tonada de Camino de Luna (1958) de Luis Aguirre Pinto fue escrita por encargo del diario El Correo de Valdivia y fue grabada por Ester Soré y el Cuarteto Llaima (1957) según fuentes de la página “Música Popular”, Valdivia en la niebla (1965) Patricio Manns, Lluvias del sur (1983) de Schwenke y Nilo, Valdivia (1987) de Tito Fernández, Regionalización (1988) de Sexual Democracia, Volveré a Valdivia (1998) de Eduardo Gatti.

Mientras que en literatura encontramos publicaciones que referencian Valdivia de manera y/o lateral: el libro de poemas Valdivia (2006) de Galo Ghigliotto (1977), la novela Campo de Tiro (2012) y la plaquette de Hualve (2021) de Leonardo Videla (1978), la novela Isla Queja (2022) de Daniela Senn (1986), ensayo-crónicas La magia del sur (2023) de Guido Arroyo (1986), las memorias literarias Rewind (2023) de Clemente Riedemann (1953), los poemas institucionales en Historia de Valdivia en octavas reales del Puerta Iraola (2023) de Roberto Matamala (1950), entre otros.

La cuestión indaga en la existencia de ejercicios literarios del siglo XXI que desmitifican y desconfían de la versión oficial sobre Valdivia, tensionando el escenario idealizado por parte de documentos historiográficos y aparentemente neutrales de la historia oficial. Así, como el diario de viaje de Carl Anwandter: Desde Hamburgo a Corral. Diario de Viaje a Bordo del Velero Hermann (1° edición 2001; 2° edición, 2021) y también, en el estudio del monje benedictino e historiador Gabriel Guarda Geywitz en Un Río y una Ciudad de Plata. Itinerario Histórico de Valdivia (1° edición 1965; 2da edición, 2023), ambos publicados por la editorial Universidad Austral de Chile recientemente.

 

*El presente artículo es parte de un estudio mayor sobre la reescritura histórica en novelas recientes que referencian la ciudad de Valdivia, y por lo mismo está sujeto a modificaciones. Además, el presente fue leído en las Jornadas Literarias de la Universidad de Los Lagos, en mayo del 2024.

domingo, 29 de octubre de 2023

Crítica literaria: Antología poética 50 Golpes en el sur: Frente al olvido, más escritura.

 

Valdivia en su particularidad lejos del hipercentralismo nacional no está exento de los devenires políticos-históricos. El Golpe de Estado de 1973 que asoló a la población, a la industria maderera y a la universidad provocó que los profesores e intelectuales sean encarcelados y exiliados; los obreros sindicalizados asesinados y desaparecidos; y familias todavía buscando el esclarecimiento de la verdad. En términos literarios, en la década del sesenta aparece la escuela de poesía llamada Trilce en la Universidad Austral, liderada por Omar Lara y de acuerdo a preguntas inquietas, comentarios de pasillos y memorias literarias se evidencia una forma de trabajo que las generaciones en dictadura replicaron.

50 golpes. Muestra poética a los cincuenta años del golpe de Estado (2023) es un volumen antojadizo como toda antología y no tan estricto como intentan afirmar sus compiladores: el doctor en literatura Jorge Polanco; la poeta y bibliotecaria Cristina Gallardo; y el sociólogo Jonathan Opazo. Y es que uno desearía que se presente una cartografía literaria del sur de Chile, sin embargo, las palabras iniciales que conforman esta muestra no corresponden a la tradición literaria que antecede a este libro. Podemos encontrar la de Iván Carrasco y Yanko González: Poesía Universitaria en Valdivia (2000), David Miralles y Óscar Galindo de Poetas actuales del sur de Chile (1993). Incluso, la Cuarta antología prosistas y poetas valdivianos (2016) de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH) contiene un prólogo mayor al presente sobre publicaciones históricas y vínculos literarios de la Filial Valdivia.

Revisando los poemas aparece uno de los más importantes de la poesía valdiviana y poco leído/difundido en Santiago. Jorge Torres Ulloa, en Poemas encontrados y otros pre-textos (originalmente publicado en 1991 y Obras Completas, 2013), toma diversos recortes de periódicos, los cambia de sitio, ampliando las posibilidades de la interpretación. El elegido para esta exhibición, es una entrevista gráfica a una persona que no es mencionada, la cita es la siguiente: “-¿escribió alguna vez un poema? - ¿Quiere que le diga una cosa? ¡Odio las poesías! Ni leerlas, ni escucharlas, ni escribirlas, ni nada”. Este fragmento de entrevista no tiene ninguna relevancia a priori, pero para lograr comprender lo importante radica en la coyuntura política de quién es el entrevistado y lo connotativo se modifica si se incluye originalmente la referencia: “A. Pinochet U.  Entrevista Revista Mundo N° 89”. Así, cuál villano enmascarado en esta primera edición no está exhibido fielmente el texto poético.

¿Y, por qué habría que apelar a la memoria literaria en Valdivia? Ejercer la memoria es reconocer y dar cabida a una tradición que poco se enseña, una escuela literaria conformada por hombres y mujeres bajo el alero de la universidad que permitieron que el ejercicio literario siguiera en producción en tiempos complejos. Además,  la misma introducción apela a la memoria: “Árbol de la memoria, agregaríamos, no cedamos a los apagones y violencias de los oscuros poderes de Chile que no han dejado de acechar”. Por lo mismo, la presentación propone varias temáticas pero tres estudiosos de la literatura evitan ahondar en los argumentos y los diversos contextos. A saber, el intelectual Grínor Rojo, Omar Lara, Guillermo Araya, Clemente Riedemann y Jorge Torres Ulloa que cantaba entre rejas  “Alfonsina y el mar” fueron encarcelados por su pensamiento político al momento del Golpe y produjo que fueran exiliados o exonerados.

La escasa consistencia de la presentación señala: “lxs poetas incluidos son de diferentes generaciones y han optado por vivir en el sur austral”. En estricto rigor, no todos los mencionados residen, al momento de la publicación, en dicha localidad geográfica y se observan excepciones. En este mismo sentido, los compiladores agradecen a aquellos que enviaron textos, pero el poeta Omar Lara que falleció hace un par de años, dudo que haya enviado desde el más allá. Entonces, hay una suerte de flexibilidad de criterios que fue lo primero en llamar la atención. Y ante estas imprecisiones uno se preguntaría por los ausentes: Guido Eytel, David Miralles, Hans Schuster, José María Memet, Carlos Trujillo, Jorge Ojeda, Nelson Torres, Juan Armando Epple, Luis Zaror, Luis Cárcamo Huechante, Luis Oyarzún, Carlos Cortínez, Enrique Valdés, entre otros.

Ante la oportunidad de conmemorar los cincuenta años del Golpe, la manifestación de este libro significa recordar y no marginar. 50 golpes. Muestra poética a los cincuenta años del golpe de Estado (2023) no presenta coordenadas literarias, no llama al estudio poético del sur profundo y está firmado por tres autores que bien pudieron haber entregado una mejor introducción como cuando reseñan libros de poetas de la zona central. Por lo mismo, aquel error descrito en que no aparece la referencia literaria y que permita al lector comenzar a interpretar el poema de Jorge Torres es bastante negligente. Por lo mismo, frente al olvido, más escritura.

 

50 golpes. Muestra poética a los cincuenta años del golpe de Estado

2023

Compiladores: Jorge Polanco Salinas, Cristina Gallardo Jiménez, Jonnathan Opazo Hernández

100 páginas

UACh ediciones.-


viernes, 7 de enero de 2022

Reseña: Evolución (2021) de Juan Opazo, una lectura que abunda y no daña.

 


Las tramas científicas tienden a quedar atrapadas en el género del paper, debido a la estructura del artículo académico y el lenguaje técnico no permite la búsqueda de la fruición lectora. No es poca la gente que interpela que la difusión del conocimiento se ha convertido en una élite afectando los diversos intereses de lectores/as.

Evolución. Un presente continuo (2021) de Juan Opazo presenta un conciso volumen que explica procesos biológicos relativos a la Evolución, con el propósito de “mostrar de manera simple aspectos fundamentales de evolución y la evidencia que la apoya” arguye. Asimismo, asume que el concepto “es bien conocido, pero no lo suficientemente entendido”. Para ello construye un relato progresivo y congruente dividido en varias piezas pequeñas con ilustraciones de Felipe Serrano.

Este libro transita por la teoría de la evolución, la selección natural en tanto, fuerza evolutiva que surgen especies por condiciones de adaptación, pero para que sucedan estos cambios ocurren tras millones de años y varias generaciones posteriores. Por lo mismo, registros fósiles encontrados en Latinoamérica son fundamentales para señalar que las serpientes se han ido adaptando con el tiempo; pasando de ser reptiles de cuatro patas, a dos y actualmente, no las necesitan.

De igual modo ocurre con los cetáceos. Se han descubierto fósiles de hace 50 millones de años, que vivían en la tierra y tenían el orificio respiratorio (espiráculo) en la parte de adelante como los gatos y perros. Con el paso del tiempo, la reproducción y evolución ha hecho lo suyo, donde lo aludido ha sido alterado hasta tener el espiráculo tal como lo tienen los delfines y las ballenas hoy en día. No se menciona específicamente qué motiva a estos animales a modificar comportamientos o hábitat, pero estas transformaciones representan una adecuación de dichas familias en el ecosistema.

En el capítulo de selección natural, el autor ejemplifica con ratones de pelaje blanco y otros de negro. Es decir, la reproducción de una camada varía dependiendo de las necesidades de la especie con el entorno. Para que la siguiente generación sobreviva a los depredadores, aquellos que tengan habilidades de mayor camuflaje tendrán una mayor proporción con respecto a los otros. En otras palabras: la necesidad de adaptarse o morir.

En el segmento de ¿cómo se originan las especies?, se ejemplifica con lagartijas porque cuando son distanciados de forma natural, cada grupo irá modificando a través de generaciones a tal punto que no se puedan reconocer entre ellas, originando dos especies distintas.

De lo anterior, el segmento más interesante es el árbol de la vida del ser humano, puesto que se aclaran y determinan apreciaciones: el ser humano está emparentado principalmente con los chimpancés. Sin embargo, dado que en algún momento hace millones de años, cada especie se ha adaptado de manera independiente al medio ambiente. Por lo que, “los humanos no evolucionamos a partir de los chimpancés, ni los chimpancés a partir de los humanos” (40). Además, es importante destacar que los gorilas, chimpancés, los seres humanos y los orangutanes tienen alto grado de parentesco y, de momento, no se indica registro fósil en el árbol de la vida.

El autor concluye el capítulo afirmando que existe un error del pensamiento antropocéntrico dice que los seres humanos somos el grupo más evolucionado, lo que no es preciso, porque cada una de las actuales especies tienen un proceso evolutivo propio debido a las circunstancias y necesidades en el ecosistema.

Por la condición de breviario, que se entiende como resumen breve de una materia amplia, existen dos debilidades: el antecedente histórico y bibliográfico. El primero es la escasa amplitud del dato de Charles Darwin y su paso por Valdivia en 1835 cuando ocurre el terremoto. Bien pudo haber sido un relato extendido y no haber quedado como mera referencia. Si bien la obra dialoga principalmente con el  autor del origen de las especies, no sucede lo mismo con las autoras. No se genera un tejido con las investigadoras, ni conversación sobre los aportes científicos, ellas son dejadas en una sección aparte en un marco anexo y referencial.

Es necesario mencionar que en la presente edición contiene errores: la palabra “cuidad” por ciudad, “antrópocéntrico” que trae dos tildes. El tercer error induce a confusión porque el índice afirma: “Mujeres en la ciencia del siglo XXI”, pero en el capítulo y el contenido idóneo se titula “Mujeres en la ciencia del siglo XIX”.

Enfrentado a las vicisitudes de las charlas masivas muy en boga en los últimos años, el dr. en Ciencias Biológicas Juan Opazo concreta una adecuación a la investigación que realiza en busca de promover el conocimiento científico. Lo mismo sucede con parte del catálogo de la editorial de la Universidad Austral de Chile, en la que la serie “pipetas” se vincula con la sociedad y mayormente con un público ávido por tomar interés sobre la naturaleza y los cambios.

Evolución (2021) es una lectura que abunda y no daña, porque es un relato esclarecedor  de procesos de adaptación de los seres que habitan el planeta tierra. Dando cuenta que la costumbre de los humanos provocando el actual escenario del cambio climático, interviene directamente en las formas de vida de los animales en un ecosistema que se altera permanentemente.

 

sábado, 29 de agosto de 2020

Crítica Literaria: El perro vagabundo.

 






Literatura rusa: la otra revolución.


Si existe en el mundo un país desconocido e inexplorado, incomprendido e incomprensible para los demás países, este es, con respecto a sus vecinos occidentales, Rusia. Su literatura ha sido obstaculizada por el relato histórico y marginada de los movimientos del poniente. No obstante, antes del periodo revolucionario existía un bullicioso circuito artístico donde se discutían las propuestas estéticas, ideológicas de los escritores y escritoras. Es decir, la literatura iba a la par con el cotidiano y los festejos, por lo que había que defenderla la construcción literaria frente a otros autores críticos.

Esta experiencia aparece en El sótano del Perro Vagabundo (Ediciones UACh, 2020) del mexicano Jorge Bustamante García (tiene a su haber seis estudios sobre la literatura rusa), recoge en 176 páginas las memorias de diecinueve notables artistas que conformaron la Edad de Plata rusa, y que convergieron en animadas fiestas los lunes, miércoles y sábado entre 1911 y 1915. Según registros fotográficos de la época, la afluencia de intelectuales repletaba el lugar, pero observamos que las sillas de las creadoras están en el centro de la confraternización. Así, en sus páginas encontramos a Marina Tsvetáieva, Sergéi Esenin, Máximo Gorki, Osip Mandelstam, Boris Partenak, Alexandr Blok, Mijaíl Bulgákov, Andréi Bieli, Isaac Bábel, Viacheslav Ivánov, Georgi Ivánov, Georgi Adamóvch, Boris Zaitsev, Kostantín Balmont, Nadeshda Teffi, Anna Ajmátova, Arthur Lurie, Igor Severianin, Vladislav Jodasievich, Ilyá Ehrenburg, Vladimir Mayakovski, Osip Brik, Velimir Jlébnik, Nikolai Rakitski, productores un tanto difíciles de encontrar en buenas traducciones.

Despierta al nochero, camina tres patios en completa oscuridad, pisa la nieve escarchada y siente el ardor del crudo invierno ruso en las mejillas con la gorra ushanka. Después, toma la izquierda, y si eres nuevo, acuérdate de bajar diez escalones para abrir una puerta que da al subterráneo de la denominada taberna de El perro Vagabundo entre la esquina de la calle Italia y la Plaza de Mijailovski de San Petersburgo durante la monarquía del zar Nicolás II. Hoy en día, aquel sitio intenta mantener el espíritu originario en la calle Plaza de Arte número 5 para el turismo literario.

El sótano contaba con tres áreas: el bar, otro lugar grande y el otro reducido. Hecho de ladrillo tiene una leve curvatura en sus extremos, el atosigante humo de los cigarrillos quedaba impregnado en las paredes y en las pinturas de Sudeikin, Belkin y Kulbin. Es en este espacio en la que transitaban, mostraban y se exhibían los acmeístas, los simbolistas y los futuristas, los críticos literarios (que no eran pocos), los pintores, la gente de teatro, bailarinas, músicos y los cantantes. Ciertamente, en aquella época “vivíamos por entonces con la literatura en todo” afirma Boris Zaitsev, de igual modo, las polémicas eran analizadas, criticadas, y defensivas con el texto a mano.

Esta obra contiene anécdotas jocosas llenas de alegría y admiración donde la hermandad era amplia: “Este sotanito ubicado en la plaza de Mijailovski, con pinturas de Sudeikin en las paredes, se volvió legendario gracias a numerosas anécdotas y recuerdos” escribe Georgy Adamovich. En ese lugar, lleno de vitalidad y energía al son del alcohol y el canto aparecieron: el poeta futurista Filippo Marinetti, el poeta de Montparnasse Paul Fort, el músico alemán Richard Strauss, el poeta modernista Émile Verhaeren, por nombrar algunos. Además, una temprana Anna Ajmátova deslumbraba por sus poemas, dedicando “todos estamos aquí ebrios, perdidos” y “Sí, yo amaba aquellos encuentros nocturnos” al Perro Vagabundo. Incluso, el poeta simbolista Alexander Blok era bastante apreciado entre sus pares, aunque era el único que no visitaba el dicho tugurio.

Sin embargo, de lo bueno poco, pronto la primera guerra mundial disminuiría la afluencia de público, y enseguida, sería forzado a cerrar por venta ilegal alcohol. Otros espacios se intentaron abrir, pero sin la llama que caracterizaba la cantina. Sus dueños, entonces, caerían por la influencia de la guerra y posteriormente, por el proceso revolucionario.

Las crónicas del sótano del Perro Vagabundo, edición revisada y ampliada, es el tránsito por el inquietante mundo literario y que permite observar otra perspectiva a la Rusia pre-revolucionaria. Si bien la edición del volumen es limpia pues no utiliza, en exceso, el pie de página, ocurre una tremenda falta al no presentar referencias bibliográficas de la traducción sobre los mencionados autores.

Bustamante García, Jorge. El sótano del perro vagabundo. Valdivia, UACh: 2020.