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martes, 22 de octubre de 2024

Vencer o Morir (2024): Héroes olvidados y defenestrados de la Patria.

 

El Frente Patriótico Manuel Rodríguez fue una respuesta armada, en consecuencia, a diez años de opresión y números económicos empobrecedores por parte de la dictadura Civil Militar: en 1982 el desempleo alcanza 23.7%, el índice de pobreza alcanzó 40% y una cantidad indeterminada de desapariciones forzadas lo que ahogaba toda perspectiva de vida.

La serie Vencer o Morir (2024) se centra principalmente en Cecilia Magni, la Comandante Tamara (Mariana Di Girólamo) es profesora adjunta de universidad en Santiago. Ella pertenece a la clase acomodada, donde el padre es parte del empresariado que apoyó el Golpe de Estado de 1973. En la sala de clases le tocará observar cómo la CNI se lleva al cuartel a uno de sus estudiantes, para luego, hacerlo desaparecer en 1983. Esto provocará que ella investigue su paradero en la Vicaría de la Solidaridad e integre el Frente. Prontamente, conoce a Raúl Pellegrin, el Comandante Rodrigo (Nicolás Furtado), quien regresa a Chile para organizar la lucha y derrocar a Pinochet

En los ocho capítulos que se transmiten en Amazon Prime Video, estos fluctúan entre los 40 y 47 minutos en la primera temporada. La serie se sitúa en los dos caudillos más importantes que tuvo el Frente Patriótico Manuel Rodríguez desde su formación, participando en la internación de armas en Carrizal bajo, el atentado a Pinochet en el Cajón del Maipo en 1986 hasta el asesinato de los líderes en Los Queñes (1988). Aquí, me interesa en revisar algunos conceptos como el nivel de colaboración civil, las convicciones de la lucha armada y el nivel de entretenimiento en esta narrativa audiovisual de ficción y que pareciera haber sido con poco cariño histórico.

 

La colaboración civil se instala desde lo popular hacia la resistencia.

Por un lado, está el padre de Cecilia (Cristián Campos), empresario con altos contactos con el régimen, afirmará en algún punto, que ellos como empresarios ya hicieron su trabajo y les toca a ellos –la policía secreta–, limpiar el país de comunistas. De modo que, hay un blanqueamiento de los beneficiarios del régimen, en la que falsamente, se establece la idea de que dejaron de prestar apoyo en esos años y se retiraron tranquilamente al hogar, lo que no es verosímil.

Por el otro, no hay registros de ficción sobre el apoyo popular en las zonas periféricas y populares. Más bien se recurre al archivo histórico de las manifestaciones, pero el FPMR fue mucho más que lo que se representa en la serie: tuvo despliegues en las periferias, con el afán de ganarse al pueblo que estaba pasando hambre mediante expropiaciones a los camiones distribuidores de mercaderías y un sistema de propaganda característico de la izquierda. Así, esta serie que trabaja con el archivo se sitúa en el poder, en las declaraciones del dictador, sin ampliar la mirada sobre qué sucedían en las poblaciones y otras formas de lucha.

La obra deja en un segundo lugar el trabajo desestabilizador en los suburbios. Tampoco se cuenta que en el Club Social y Deportivo “Orompello” era más que jugar pichanga el fin de semana. Tanto Ramiro como el guardamenta eran los mejores, pero también promovían una actividad cultural tan incómoda que los dirigentes terminaban fastidiados.

 

Convicciones de la lucha armada.

Se observa la idea maleable de las prácticas del Frente Patriótico Manuel Rodríguez y que fue producto de la impulsividad de revolucionarios, como si este ímpetu sea un juego adrenalínico a la par del Estallido Social. No por nada lo subieron el 18 de octubre y no el 7 de septiembre, día del ajusticiamiento popular contra el tirano. Josefina Fernández, creadora de esta narrativa, señala en el Diario Financiero que: “Una de las cosas que queríamos transmitir es que los frentistas eran muy jóvenes y que en un inicio todo lo hicieron guiados más que nada por el impulso. Por un idealismo rayando en la locura” (28/9/2024). El mismo guion plantea que, al abandonar a las familias por combatir el autoritarismo, es un acto por amor y no por convicción-compromiso político. Lo que es un error, porque en los campamentos no solo había entrenamiento de tiro al blanco, sino también, escuela de formación teórica-política. El FPMR operó con una estructura rígida y que había sido experimentada/preparada unos años antes con el Frente cero.

 

El nivel de entretenimiento.

Los capítulos permiten identificar a los protagonistas y a los personajes secundarios. Por el lado de la CNI se pueden caracterizar y diferenciar al “Baretta” (Gabriel Urzúa), Castilla (Néstor Cantillana) y al General Salas (Marcial Tagle) en cada una de las posiciones de poder. Lo mismo sucede con el Frente desde Cecilia (Mariana Di Girólamo), Rodrigo (Nicolás Furtado), Ignacio (Pedro Fontaine) y Ramiro (Aaron Hernández) hasta (Aurelio) Felipe Zepeda en sus roles.

Damos cuenta que el lugar del miedo, el asedio y la acción de la CNI fueron herramientas sanguinarias. Siempre pisando los talones y alcanzando puntos altos de tensión dramática que nos encamina a una tragedia ineludible. Lo que deriva a que, el espectador empatice mayormente con la línea de afectos que sucede en torno a Cecilia, porque conocemos sus vínculos familiares, sus sentimientos y lo que posterga en función de las circunstancias.

Hay un tono para referirse a la sociedad del Chile de la dictadura. La rigidez de las costumbres y el ambiente opaco en la moda de la época era la norma, lo que contrasta con la insistencia de utilizar colores fuertes y luminosos tanto en los vestuarios como en las atmósferas dramáticas. El acento social al que me refiero, tanto en lo representativo como en lo sonoro, está fuertemente vinculado con el Canto Nuevo, pero como gesto cultural y simbólico se suele reemplazar por sonidos contemporáneos.

 

La serie Vencer o Morir (2024) reconoce a héroes olvidados y defenestrados que dieron su vida por Chile con la finalidad de acabar la dictadura. Los dirigentes políticos que fagocitaron en la década siguiente no tenían la fuerza ni la voluntad de hacerlo. El aspecto técnico-audiovisual es seductor y capta el ojo espectador, sin embargo, cada uno de los integrantes del Frente sabían que se estaban jugando la vida todos los días y no precisamente, desde lo novelesco, sino desde una mística combativa supeditada a los principios de liberar al país y que esta obra no lo logra.

 

Ficha técnica

Directores: Gabriel Díaz y Rodrigo Sepúlveda.

Guionistas: Josefina Fernández, Mauricio Dupuis, Francisca Bernardi.

Reparto: Mariana Di Girólamo, Nicolás Furtado, Gabriel Urzúa, Pedro Fontaine, Aron Hernández, Néstor Cantillana, Tomás Ábalo, Paulina Urrutia, Mario Horton, Cristián Campos, Tamara Acosta, Felipe Zepeda, Germán Pinilla, Andrew Bargsted, Marcial Tagle, Millaray Lobos, Daniel Alcaíno.

Música: Carlos Cabezas.

jueves, 22 de agosto de 2024

Construcciones de la posmemoria en la novela Afuera de Sara Bertrand.



(El presente texto fue leído en contexto de la Cartografía de Narradoras Latinoamericanas del Nuevo Milenio (2019) realizado en dependencias del Instituto de Estética de la PUC).

 

Los viajes, los exilios, los ritos fúnebres y el contexto histórico de un continente revolucionario, que deviene en dictaduras financiadas por los Estados Unidos, desarrollan un tipo de identidad en permanente conflicto. De modo que, las memorias de los hijos e hijas se despliegan desde lo personal, lo cotidiano y en parte, al sentido de la autoficción, ya que ponen en cuestión el rol de los padres ante el desmembramiento familiar durante las dictaduras cívico-militar en el cono sur. Hay que recordar que el plan Cóndor era una alianza estratégica para rastrear, torturar y aniquilar cuerpos para hacerlos desaparecer.

En este marco histórico, tal como sucede con el 18 de octubre reciente, nadie podrá volver a la normalidad mientras exista el nivel de violencia y represión de Estado, aunque la sociedad sea diezmada, las personas no estén militando o no participen de las barricadas. La convulsión fue y está siendo adoptada en nuestras realidades diarias.

¿Sabes quién eres? ¿Cómo abordas la herencia de tus padres y familiares? ¿Cómo te han relatado los años de la dictadura chilena? ¿Pueden los mundos ficticios reparar el daño de la dictadura? Estas preguntas están desplegadas en un conjunto de escritores y escritoras nacidos entre los años 1967 y 1983 y publicadas en la última década.

Tal como aparece en algunas obras de la narrativa chilena contemporánea de la última década: La Resta (2015) de Alia Trabucco, los protagonistas de treinta años y con una infancia en común, deben cumplir con los funerales de la madre de Paloma: Ingrid Aguirre, exiliada y parte de la resistencia durante la dictadura. Ellos deben abordar la herencia de sus predecesores y darle sentido a este presente. En El brujo (2016) de Álvaro Bisama, el hijo arregla cuentas con su padre, quien trabajaba como reportero gráfico en las calles de Santiago durante el ochenta, lo que le valió ser perseguido y torturado por agentes del Estado tras la publicación de fotografías comprometedoras. Por lo que abandona al hijo y se radica en Chiloé. En El Sistema del Tacto (2018) de Alejandra Costamagna, la historia comienza con la voz de Agustín, quien le entrega tres libros de terror a una pequeña Ania. Con una narrativa hábil y dinámica donde priman las melancolías y silencios, la protagonista debe reemplazar al padre en un viaje a Campana, en la provincia de Buenos Aires, para cumplir con los funerales del primo. Ella, acepta asistir no solo por la precariedad en que se encuentra, sino que, Ania creció en aquella localidad donde era un punto de encuentro de los Coletti y la inmigración italiana, y que se encuentra en un proceso de declive.

En la novela anterior, Álbum familiar (2016) de Sara Bertrand (1970), se relata la infancia de niños privilegiados que crecen bajo la dictadura. Mientras los adultos buscan olvidar, silenciar y sobrevivir, los niños reaccionan contra la normativa de la dictadura: la formación inicial, el cantar el himno nacional o la vigilancia militar. Así la protagonista Elena, ahonda en los recuerdos buscando respuestas sobre ese ambiente de dolores y miedos en el que fue creciendo.

Mientras que Afuera (2019), la narradora construye la voz de Lili, quien aparece a dos voces: el acontecer como el recuerdo de la infancia y el presente siendo adulta. El primero en su proceso de niñez y que observa a la parentela relacionarse en un espacio que está llena de inocencia e incomodidades, y el segundo, es recorrer estos procesos de crecimiento, pero desde una perspectiva crítica o dolorosa, comprendiendo las formas de relaciones de los padres en un contexto histórico determinante. Los capítulos desarrollan la memoria histórica familiar y que aparecen confrontados en la experiencia de la protagonista, por lo que dicha temática aparece con múltiples costumbres, por un lado, con fervor y altas energías, y por el otro con silencios y fracturas. Así, para sobrellevar el quiebre familiar debe concebir una realidad autovalidada: “Me fabriqué una versión. Cuando me preguntaban sobre mi madre, mentía. Sobre mi padre, mentía. Mentía tanto que en poco tiempo recreé nuestra historia entera” (42).

Así lo señala Marianne Hirsch en La generación de la posmemoria. Escritura y cultura visual después del Holocausto (2012): “El término “posmemoria” describe la relación de la “generación de después” con el trauma personal, colectivo y cultural de la generación anterior, es decir, su relación con las experiencias que “recuerdan” a través de los relatos, imágenes y comportamientos en medio de los que crecieron” (19). De lo anterior, hay un proceso de quiebre, emergiendo la figura de la hija desobediente que crece de manera dócil, pero ante la confusión de lo que se dice dentro de la familia, realiza un viaje por su pasado haciendo énfasis en los silencios que se contraponen con las historias y memorias colectivas que viven los años de la dictadura.

En Michael Pollak, en Memoria, olvido y silencio (2006) señala que la memoria se inserta en las sociedades a través de las tradiciones gastronómicas, arquitectónicas, costumbres, etc. Las que se van erigiendo y catalogando para después ser reforzadas mediante rituales que posibilitan concebir identidades. Afortunadamente, la memoria no es un elemento estable o duradero, sino que también es un campo de lucha que la ultra derecha y las instituciones quieren cooptar. Los monumentos son los recipientes para guardar y vaciar la memoria, porque se la reduce para controlar y estabilizar los discursos de la memoria en discordancia. Ante esto y la contingencia, es necesario resaltar las resonantes caídas de bustos y estatuas de los discursos hegemónicos como la de la ciudad de Valdivia, donde manifestantes arrancaron el busto de Pedro de Valdivia que estaba ubicada en la plaza Pedro de Valdivia y que es colgada por el Puente Pedro de Valdivia al río Valdivia en la ciudad de Valdivia.

Entonces, existe una memoria donde la protagonista, basada en su propia vivencia en esa infancia desde la adultez, emerge como posmemoria el cuestionamiento a sus padres de cómo enfrentaron los años de la dictadura y la forma en cómo educaron a sus hijas. Así, estas enunciaciones están dadas bajo rasgos transversales como lo son el cariño y los afectos a sus padres, subjetivizando estas historias íntimas y personales.

Hirsch diferencia dos tipos de posmemorias. La primera es la posmemoria familiar y que refiere a la identificación de la hija y los padres de manera intergeneracional, en relaciones verticales, los que predominan dentro del ámbito familiar. La segunda es, la posmemoria afiliativa y apunta a la identificación intrageneracional y horizontal entre los hijos y sus compañeros de generaciones, quienes relacionando hechos similares de los marcos históricos transmiten, median y hacen memorias para producir sus obras.

La académica Patricia Espinosa en política de la posmemoria en la narrativa chilena (2019), caracteriza como posmemoria de la confrontación, a un conjunto de obras del ámbito nacional que despliegan su literatura sobre sus padres, dentro de un marco dictatorial político, económico y/o social heredado. Este enfrentamiento parental, puede omitir a los desaparecidos por el Terrorismo de Estado en el marco del estudio de la posmemoria. Estas escrituras nacionales no pretenden atacar a las estructuras que gobiernan, sino investigar y realizar un proceso o un viaje de filiación o afiliación familiar. Es decir, la crítica literaria afirma que “las novelas constatan la responsabilidad de los padres en la crisis familiar y sus efectos en el presente caótico de los sujetos que narran”.

Tempranamente la narradora va dando pistas de este recorrido que hace sobre su experiencia parental: “Mi papá era un buen hombre, pero estaba roto o, quizás, su estructura mental se dañó antes porque quería ser artista y terminó transformándose en un hombre de dinero. Mi madre lo trataba como a una plaga” (13). Frente a esta situación compleja, la doctora en Literatura, Alicia Salomone, en su texto Ecos antiguos en voces nuevas (2011) comprende que “estas personas con frecuencia crecieron dominadas por relatos sobre hechos que precedieron a sus nacimientos, y que tienden a desplazar a los propios impactando sus subjetividades con discursos relativos a situaciones que no pueden comprender ni recrear cabalmente” (122).

En aquellos capítulos de la niñez, se desarrollan ampliamente con momentos emotivos como cuando el padre llevó un chancho y un pollito a la casa: “Mi papá trajo a Salvat el mismo fin de semana que llegó Rocky (…) Rocky y Salvat hacían todo juntos, menos dormir, porque Salvat prefería meterse entre los balones de gas y Rocky, detrás de la lavadora” (21). La convivencia con su mejor amigo Lucas hasta que tuvo que cambiarse de casa debido al suicidio del hermano de este: “Luc era, sin duda, mi mejor amigo, mi igual. Nos ayudábamos en las tareas y molestábamos a mis hermanos” (35). Asimismo, aquellas secciones donde habla de las relaciones de sus padres con los abuelos, donde era igual de problemática: “Mi padre no habla de su padre, igual que mi abuelo N°1 no habla del suyo. Porfiadamente sostuvieron una cadena de resentimientos” (39). De igual forma, los conflictos entre Lili y su madre: “Me inquietaban los secretos de mi madre, como si fuera la única que soñara una salida al infierno de ollas, ropa sucia y calcetines perdidos. La odiaba por eso. Su vida privada, sus retrasos, sus olvidos” (51). O la difícil educación sexual en la que debía lidiar por los resquemores de los vecinos, porque era la única mujer entre tanto niño donde solían verla como andar en bicicleta, al ring-ring raja o jugar a la pelota, juegos mayormente masculinos: “Ellos se sacaban sus camisetas después década partido, a mí me avergonzaba sacarme el polerón. Mi cuerpo se había vuelto un recipiente movedizo de forma incierta” (77).

En los casos anteriormente, mencionados, la escritora se refiere a la separación familiar como dominador común porque será este acontecimiento que marque de por vida a Lili y que convergerá en dolores y quebrantos, tal como lo expresa la siguiente cita: “Siente que pertenece a la vereda, a la calle, movimiento constante, cortante. Peatones, micros, los que se van, los que quedan. Carga la ausencia sobre su espalda” (23). Estos segmentos breves de no más de una carilla, son expresadas con un tipo de narración con menor desarrollo de los ambientes, diálogos directos, una sujeto despolitizada y llena de huellas.

Podríamos hacer un paralelo con la narrativa de Alejandra Costamagna, puesto que en el sistema del tacto (2019) esta hábil obra desarrolla en Ania el sentido de pertenencia y de búsqueda de su identidad. Puesto que, la protagonista debe viajar a Campana, en la provincia de Buenos Aires para representar al padre quien no desea presenciar la agonía del primo. Por lo que ella acepta viajar y reconoce materialidades que su infancia forjó en aquella localidad junto a la inmigración Coletti en Argentina.

La función de la hija se centrará en la recopilación, construcción, estructuración e interpretación de una narrativa del pasado que dialogue con su presente. Según Hirsch: “[…] estas experiencias les fueron transmitidas tan profunda y afectivamente que parece constituir sus propios recuerdos. La conexión de la posmemoria con el pasado está, por tanto, mediada no solamente por el recuerdo, sino por un investimento imaginativo, creativo, y de proyección” (ibíd.).

Si bien, no apela a materialidades que la hagan evocar recuerdos, la novela parte con la cercana relación que tiene Lili con la agonía de la abuela: “Todo llega. La carne es triste. Una mañana especialmente soleada mi abuela se sumergió como si compitiera por tocar el fondo de una piscina, sus latidos se hicieron apenas perceptibles; su pulso, una débil señal que desapareció poco a poco” (10). Mientras su presente está sumida en una realidad opaca, la adultez se desenvuelve en una realidad ficcional grisácea y de poco convencimiento en su quehacer. Es necesario mencionar que ambas obras fueron publicadas en el 2019, inician su rememoración a partir del fallecimiento de un familiar cercano.

Los silenciamientos, las negaciones y las ausencias en la separación de los padres forman parte de transmisiones que Lili asume sin mediar reflexión, por lo que es lógico que no realice una resignificación de las experiencias transmitidas por parte de los padres. Sí lo hace en una etapa posterior. Por esto, al estar en otra generación que creció bajo la dictadura, pero que el texto prácticamente no lo aborda concretamente, recibe estos conocimientos y experiencias desde otra perspectiva, abordándolo desde otro enfoque, donde esas aristas que revisitan el pasado es un proceso abierto que genera diversos significados. De modo que, cuando Lili adulta se identifica con la niña reconoce la memoria histórica familiar, produciendo un alejamiento respecto de sus relatos, en tanto ella le da un significado propio y particular.

Ese pasado que desaparece no representa una situación lejana, sino que es un cuerpo, un relato modificable, donde habita la incomodidad, aislamientos y problemáticas familiares. Por este motivo, se evidencia la insistencia de contrastar el pasado y el presente bajo una estructura de doble faz, ya que Lili adulta está en un proceso de contrastar su educación y lo que es. Es decir, el resentimiento hacia sus padres y la desconfianza ante la representación de lo real generada por estos. Lili es la protagonista de la novela, pero jamás de la historia del país ni, por ende, de sus padres.

lunes, 12 de agosto de 2024

Crítica literaria: Polka del perro (2023) Rodrigo Ramos Bañados

Ramos Bañados (Antofagasta, 1973) se suma al cúmulo de novelas de autoficción y la literatura de los hijos preguntándose sobre el quehacer de los adultos en la dictadura. Podríamos decir que entró tardíamente al séquito, pero no es esta la finalidad del autor; sino jugar con el lector. Tan pronto nos enmarca en el tema de la memoria justamente para los cincuenta años del Golpe, comienza otra: la novela detectivesca.

Así, dejando de lado –por el momento– los temas de precarización, migración y xenofobia en las localidades desérticas del país que ha venido desarrollando en libros anteriores, en Polka del perro (LOM, 2023), Fernando retoma el vínculo paterno tras décadas de ausencia tras el exilio que provocó la dictadura Civil Militar chilena y que significa armar el “puzzle” dentro del conjunto familiar. Esto es, comprender que él (con chapa de Carlos Sandoval Urquiza) militante del MIR fue torturado en Pisagua, tuvo que exiliarse en Europa, se alejó de la familia, regresó esporádicamente, trabajó en la construcción de pasaportes clandestinos para otros perseguidos, entre otros.

Los daños colaterales y fracturas familiares que representan prolongadas ausencias y silencios por la actividad secreta, radican en mayor interés por parte del hijo, a pesar de las sutilezas corrientes: “Mi padre sobrevivió la tortura, pero a él no lo consideré parte de mi familia. Mi familia era todo lo que venía de mi madre”. Por lo mismo, la junta del padre con un amigo circunstancial permite recordar su paso por la cárcel y el hecho de cuestionar la verdad oficial sobre otro preso político, emerge la primera pregunta de investigación que deriva en una situación detectivesca: ¿dónde está Juan Olmos Beltrán? El gran mito de Iquique, del que hay información tergiversada y escaso interés de abordar desde el periódico local en que trabaja el protagonista. Sin embargo, con la cuestión de fondo del asunto también está la provocación de: “Pensé que, a través de la historia de Olmos, también podría conocer el paso de mi padre como prisionero en Pisagua”.

En la trama que se desarrolla en 51 capítulos, los que varían en extensión, cruzan una serie de personajes episódicos y marginales que van alimentando la historia de un Iquique que ha ido creciendo en población y con ello, aumenta el olvido de lo ocurrido en Pisagua. Es decir, la memoria sobre los presos políticos va, paulatinamente, convirtiéndose en un foco de nicho, dado que los “antiguos” lo van reservando y que solamente emergerá si hay elementos para ejercer este recuerdo.

Pero en dicha cárcel, se testimonia, ocurrieron una serie de actividades dirigidas por el fiscal y los militares, ya que la perversión a costa de los prisioneros era la norma. No por nada, aparece mencionada como ejemplo: “los 120 días de Sodoma” de Pier Paolo Pasolini que grafica del nivel de maldad que llegan a tener cierto tipo de personas.

Como todos los protagonistas que ha publicado Ramos Bañados observamos características comunes: no son éticamente profesionales y les aparecen pequeños golpes de suerte de los que se aprovecha de los vacíos legales en el mundo laboral. La corrupción y acciones inadecuadas le parecen representar pequeños triunfos morales y réditos económicos en una la sociedad chilena, en la que todos los meses leemos una noticia de estafas de mayor relevancia.

Dentro del universo bibliográfico de Ramos Bañados, esta incursión en la novela de detectives sale bien parado. Polka del perro (2023) es una obra abatible y relevante donde despliega una atmósfera grisácea y vil sobre una serie de eventos mencionados, y donde algunos personajes no tienen mayor pudor de haber colaborado directamente con el circuito de tortura. Por ello, es necesario desenterrar para recuperar la memoria.

Polka del perro (2023) Rodrigo Ramos Bañados. Editorial Lom, 138 páginas.

sábado, 6 de marzo de 2021

Crítica Literaria: Memorias de una niña Alba (2020) Bruna Faro

 

Memorias de una niña Alba. Historias de una infancia ultrajada (Mago editores, 2020) es la primera novela de Bruna Faro (Pinto, 1981). Ella se sitúa desde la paz y tranquilidad de la madurez personal que rememora, y en consonancia, al caso judicial por abusos sexuales ingresado por Judith Jaramillo en contra Héctor Ricardo Salgado Moreno, quien fuera el director del Hogar de Niñas El Alba entre 1980 y 1994, y vinculado a la Fundación Alba de la Iglesia Asamblea de Dios Autónoma de la ciudad de Osorno.

Esto es la antesala de un sistema del terror y de abusos que ha demostrado la más absoluta deficiencia en los objetivos trazados, lo que ha derivado en reportajes, testimonios y resoluciones judiciales altamente condenatorias. Dejando en claro que la infancia es un periodo de vulnerabilidad extrema en manos de personas con nula capacidad de empatía y preparación. Así lo demuestra el primer relato, en la que Lidia sufre una severa descomposición intestinal y marca el tipo de reacción de los adultos responsables: “Giré la cabeza en busca de alguien más que pudiera estar siendo testigo de su agonía. Nadie parecía notar que estaba ahí. Volví la mirada hacia ella en el momento justo en que lograba ponerse, con mucha dificultad, en pie” (8). No cualquier persona está diseñada para ser tutoras que cubran las necesidades y formas de educar a los y las menores.

En lo que se podría catalogar como la primera parte de este libro, las hermanas Aurora de 7 años y Margarita de 4 años son abandonadas por la progenitora en un hogar de monjas. Edificio antiguo, imágenes muy bien reseñadas, relatando las normas y costumbres propias de estas instituciones. A continuación, son traspasadas al Hogar de Niñas El Alba donde el director Ricardo es la representación de la más cruenta dictadura, en colaboración de las tías del hogar, que continuamente torturan a las niñas por la más mísera excusa, dejándolas en la más absoluta hambruna y desesperación.

Asimismo, reconocer que durante el siglo XX el término “huacha” o no tener familia tradicional era encarnar a los descendientes ilegales fuera del matrimonio, por tanto, vistos desde el prisma religioso que predominaba en sectores conservadores, son entes concebidos bajo el pecado.

En esta obra, no deja de llamar la atención las continuas referencias de “esta (s)” que utilizan los adultos mencionando a las niñas como un vocablo peyorativo y lleno de despreciado. En el mismo sentido, es valioso el rescate de los diálogos directos, interjecciones, modismos entre las muchachas siendo populares citadinas e informales, otorgándoles mayor verosimilitud y describiendo relaciones interpersonales auténticas. Incluso se lee el “cantadito” de las personas del sur del país.

La tercera etapa corresponde a registros de entrevistas después de años de distancia. Por último, la cuarta parte son las cartas testimoniales de exinternas como La Pacheco, Paula, Estela Quelín, Judith Jaramillo, Luz Cárdenas, Susana C., Rosa Solís, Nury Torres Torres y Norma Reyes quienes dan respaldo, perspectiva y entrecruzan los hechos relatados por la autora.

Si bien la narrativa está focalizada en la protagonista, Margarita comienza a desaparecer durante las interacciones. Entonces, nos centramos en que la historia transita de torturas y torturas: “A pesar de que las internas antiguas decían estar acostumbradas a ser torturadas y presenciar torturas, se notaba que, efectivamente, no se acostumbraban. Después de cada episodio vivían un duelo de silencio. Cosa a la que también yo me estaba acostumbrando” (124). Ante estos episodios, las víctimas quedan espantadas, se rebelan, silencian, huyen, demostrando las múltiples facetas y caras del atormentador: “el tío Ricardo parecía otra persona cuando estábamos en la escuelita dominical, a veces hasta llegábamos a pensar que era bueno” (125). Esta novela desarrolla que las vivencias no son unipersonales o aisladas, sino que son experiencias colectivas donde prevalece la solidaridad o la fuerte sororidad para resistir vejámenes. Habría que cerrar con las palabras de Luz Cárdenas: “El Hogar El Alba fue una fábrica de mujeres inseguras, de mujeres abusadas, de mujeres infelices” (259).

La novela Memorias de una niña Alba comprueba que las instituciones son organizaciones que carecen de las garantías que buscan preservar. Incluso, apunta a una sociedad conservadora que carece de empatía o de valores cristianos, porque han sido partícipes de violencia de género y abuso infantil. Finalmente, las resiliencias pertenecen a niñas abandonadas en un ámbito subterráneo en una sociedad en flagrante deuda con los y las  desposeídos/as.

Memorias de una niña Alba. Historias de una infancia ultrajada. Bruna Faro. Editorial Mago, 2020, 274 páginas.


jueves, 21 de junio de 2018

Schwenke & Nilo: Parte de nuestras memorias culturales.

Schwenke &  Nilo: Parte de nuestras memorias culturales.




La memoria aborda distintas capas socioculturales que corresponden al resultado de las vicisitudes de los últimos cincuenta años en Latinoamérica. La ausencia del respeto a la vida, la coacción en el habitar los espacios públicos y la instalación de procesos económicos que superponen la explotación del individuo por sí mismo, con el correspondiente vaciamiento cultural afinca, en la necesidad de rememorar como un deber simbólico y social que canaliza el futuro de nuestra nación.
Schwenke & Nilo emerge en el Sur, pero mi hipótesis es que, no fue un grupo aislado sino que en el contexto generacional posibilita la aparición del dúo. Es decir, la existencia de núcleos asociados con discurso crítico y la vinculación en un territorio geográfico acotado. En el ochenta destacan en X Región de los Lagos artistas visuales del Grupo 7, los talleres Aumen, Matra, el Taller Murciélago, Chaicura, Índice, por nombrar algunos. La necesidad de referirme a colectivos de generación como método de trabajo, está en directa relación a la actual injerencia del individualismo neoliberal en la sociedad chilena. Puesto que existe la creencia genérica de que es necesario trabajar aislado porque el otro es percibido una amenaza. Por el contrario, durante el periodo dictatorial, la solidaridad era tal que el que venía atrás no era un acusador, sino que era quien cuidaba tu espalda, de igual modo uno mismo. Así lo testimonian los protagonistas de esta época.
En Santiago, el dúo se unió a Santiago del Nuevo Extremo, Eduardo Peralta, Isabel Aldunate, Hugo Moraga, Sol y Lluvia, Eduardo Yáñez, entre otros, conformando así el Canto Nuevo. Este movimiento artístico posterior a la Nueva Canción chilena fortaleció los vínculos bajo el alero de la iglesia católica, en peñas folclóricas, sindicato y poblaciones. Con la principal característica en rearmar el circuito cultural sorteando la censura, es decir, la necesidad de utilizar el lenguaje poético para decir lo que otros callan, expresar de manera metafórica para denunciar el estado abúlico y despistar a los adeptos al régimen cívico-militar. Así emergen en las letras de A mi ciudad: “En mi ciudad murió un día/el sol de primavera/a mi ventana me fueron a avisar” de Luis Le-bert o en El invierno: “Quédese compañera, ya pasa el temporal/cuando se aclare el cielo volveremos a volar” de Pato Valdivia, formas de resistencias dentro de un aparato controlador.  Por otro lado, en el documental Actores Secundarios (2004) aparece en diálogo los múltiples cassette que da cuenta del Canto Nuevo y que dio voz a las movilizaciones estudiantiles de 1985. Allí, en uno de los persas santiaguinos aparece, Samuel Gajardo, Exalumno Liceo de Aplicación/Actor señala “Schwenke & Nilo... ese cassette lo tenía todo el mundo...”
Con la llegada de la democracia, el pluralismo destruyó las convicciones y dar sentido a la memoria. Ya no era necesario criticar. El consenso político controló la disidencia social. Es decir, durante los noventas, la Concertación descompuso cualquier discurso contra el poder. En la biografía del dúo, Schwenke & Nilo: leyenda del sur (2015), Marcelo Nilo señala que “el error más grande y el pecado de la Concertación fuer desarticular la organización social que logramos construir en la dictadura”. Así lo señala Nelly Richard en Residuos y Metáforas (2001): el pluralismo limitó cualquier pensamiento crítico. Para imponer este discurso fue necesario anular antagonismos y de esto, se excluyó la memoria. Paralelamente, la premiada novela El futuro es un lugar extraño (2016) de Cynthia Rimsky revisita las movilizaciones de 1986 reflejando en la voz de uno de los personajes el cambio de mentalidad de la transición: “Cuando terminó la dictadura no encontré trabajo, de un día para otro mis reportajes se volvieron excesivamente serios, excesivamente críticos y hasta resentidos; según mis jefes, yo no entendía que la gente leía para entretenerse.” De modo, que el testimonio de Zanelli, basada en la experiencia inmediata, grafica el cambio de pensamiento que era necesario imprimir en los diarios.
Tras la muerte de Nelson Schwenke el 22 de junio de 2012 se suceden múltiples homenajes.
En Valdivia, Schwenke y Nilo regresó a tocar en el Aula Magna de la UACh, luego veinticinco años de veto. Durante 2013, la Casa de la Memoria y los Derechos Humanos de Valdivia, nombró a una de las salas “Espacio Schwenke: el arte contra el olvido”. En Cerrillos, la organización comunitaria sin fines de lucro conformó Centro Cultural Schwenke y Nilo. Mientras que, en la Academia de Artes La Casona de La Florida, nombraron la sala de manera homónima.
En el 2016, apareció el disco “El viaje”, homenaje al dúo de la La Rata Bluesera. El trabajo musical reversiona canciones emblemáticas con sonidos más blueseros pero sosteniendo la propia fuerza de las letras que las hicieron conocidos a partir de los ochenta.
El vocalista de la Rata bluesera, Javier Aravena afirma que: “Schwenke y Nilo tiene una marca muy profunda en mi vida, porque representan valores basados en el amor, el respeto y la inspiración musical”.
La crítica cultural Patricia Espinosa destaca la importancia del dúo: “fueron una de las agrupaciones musicales más importantes en la lucha antidictadura. El contenido lírico de su propuesta, en paralelo al discurso político, logró empatizar con la melancolía y tristeza que embargaba al país de entonces. Creo, además, que su trabajo puede considerarse, desde hoy, como un testimonio del estado de conmoción y desamparo que imponía la dictadura al sujeto común.”
En el mismo sentido, para la cantante Alette Jequier (exFulano y Mediabanda) señala que: “ellos fueron parte de mi contexto cuando era muy joven cuando vivía en Valdivia, 1979. Los percibía como parte de una voz verdadera y despierta. Gente joven, críticos, cuestionadores y con una sensibilidad que no alcanzaba a comprender del todo pues yo era muy joven y estaba aprendiendo”.
Con nueve discos y varias colaboraciones con el Canto Nuevo y la Trova Nacional, Nelson Schwenke y Marcelo Nilo son sin duda uno de los referentes musicales más importantes del Sur de Chile. A través de sus letras, representan no sólo la historia valdiviana de la segunda mitad del siglo XX, sino además el cotidiano vivir de las comunidades sureñas, ligadas a la conversación y al encuentro en torno al calor de la estufa, en permanente convivencia con el mate y las sopaipillas dentro de las casas, dando cuenta de territorios económicamente explotados y fetichizados por los medios y los discursos ideológicos que invaden durante las vacaciones dichas estancias.
Pese al deceso de Nelson, Schwenke & Nilo se mantiene vigente en los escenarios del país, al margen de los registros televisivos y protegidos con la ternura de los amigos. Continúan tocando en centros culturales y espacios comunitarios como lo han hecho desde siempre.

domingo, 27 de mayo de 2018

Crítica Literaria: VHS (2017)



El escritor Alberto Fuguet confiesa haber violado a asesora del hogar .


Por Gonzalo Schwenke
Profesor y Crítico Literario.

VHS son las memorias de Alberto Fuguet vinculadas al homoerotismo y su fanatismo por el cine. Esta pasión que apareció en su adolescencia, es relatada durante 426 páginas dividas en nueve capítulos y que simulan las teclas de videocaseteras. En ellas, podemos leer extensos comentarios sobre la industria cinematográfica, biografías de directores, actores, actrices y películas favoritas del autor que dominaron la escena de los setenta y ochenta. En la nota introductoria se hacen explícitos los márgenes en el que se moverá esta obra: la no ficción en tanto campo de la realidad. Hay que indicar que este es el tercer libro en este terreno, No ficción (2015) y Sudor (2016), se distancian la literatura de ficción como Mala onda (1991), Tinta Roja (1998) o Las películas de mi vida (2003). En este volumen, la voz es la del escritor sin intermediarios. Asunto que es confirmado dos veces: “Aún no confiaba en la no ficción, en una voz que pudiera ser creativa y literaria pero no por eso menos real o mía. Primera persona, relato real, confesión.” (18), y a continuación: “Este libro no es una novela ni una ficción anclada en la realidad; es un intento por narrar y articular recuerdos cinéfilos. Son unas memorias.” (22).

Es necesario señalar que la memoria permite recuperar recuerdos y hacer identidad. Por lo mismo, el cine y su identidad sexual, son parte central de la identidad del narrador. En la página 364, Fuguet relata sus primeros pasos en el taller de la SECh, los primeros cuentos influenciados por Bukowsky el entusiasmo que le causó lograr que los compañeros de la Escuela de Periodismo creyeran que era parte de los bajos fondos santiaguinos. Recién ingresado a la universidad y con poca experiencia sexual con el mundo femenino, afirma sin mayor consternación, e incluso de manera anecdótica: “¿Qué sabía de sexo con mujeres? Casi nada, y mis manoseos a prostitutas sin que se me parara o con una empleada doméstica mapuche que Julio Facusse prácticamente me obligó a violar cuando yo tenía quince años y ella no más de dieciocho, me dejaron claro que por ahí no iba la cosa. Las únicas mujeres que podían redimirme tenían que ser extremadamente ricas y sofisticadas e inteligentes todas me parecían inabordables (de ahí su gracia) y estaban lejos y adentro de una pantalla.”

Con la valentía que lo caracteriza, Fuguet, un tipo políticamente incorrecto, da cuenta, con desparpajo, de una violación. Un acto repudiable, realizado por este autor y relatado como no ficción, por tanto “real”. Fuguet, se suma, con esto a la violencia patriarcal sin que se le mueva un pelo.

VHS (unas memorias) (2017) Alberto Fuguet. Random House Ediciones, 426 páginas.