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viernes, 31 de julio de 2026

Crítica literaria: Mi año de sexo y relajación (2026) de Romina Pistolas

 Otro gancho comercial en Mi año de sexo y relajación (2026) de Romina Pistolas




El fenómeno de libros como el de Romina Pistolas, que generan un público tanto de fanático como detractores, es más común de lo que parece. Cada cierto tiempo irrumpe una obra que aborda un tema desde un enfoque inédito y se convierte en novedad. Ocurrió con el fenómeno chileno de Joven y alocada (2013) de Camila Gutiérrrez, cuyo éxito cinematográfico antecedió a la publicación del libro, y con Historia secreta de Chile (2015) de Jorge Baradit, obra que tras varias secuelas fue llevada a la televisión. De forma similar, las novelas eróticas de 50 sombras de Grey (2011) de E. L. James y Pídeme lo que quieras (2012) de Megan Maxwell, ambas muy candentes pero monótonas, se convirtieron en superventas y dispararon la publicación de títulos bajo esa misma fórmula.

La segunda novela de autoficción, Mi año de sexo y relajación (Editorial Suma, 2026) de Romina Pistolas (Puerto Varas, 1987), aborda el poliamor en la relación de pareja. Ella convive con su pareja, Pololo, en Melbourne, a quien confiesa haberle sido infiel; tras ser perdonada, ambos acuerdan abrir la relación. A partir de ese momento, la narradora busca lo que no encuentra en casa: “Me cuesta la idea de tener una relación monógama y no tener siquiera la posibilidad de conocer a alguien con quien pegarme un gran follón, aunque sea de vez en cuando”. De acuerdo con el relato, esta visión del poliamor se resumiría en la contención emocional con un compañero y el deseo sexual con otro.

La protagonista trabaja como stripper y suma once años en clubes nocturnos. Según relata, de las ocho mil personas que ha atendido, solo en contadas ocasiones ha conectado de forma significativa. Una de esas excepciones es Jota, un joven de aura singular cuyos toques responden a sus propias exigencias sexuales. Dado que esa química no surge con cualquiera, ella aprovecha para cumplir sus fantasías: “Nunca me han usado para el sexo. Quiero ser usada. Quiero conocer a alguien que solo quiera usarme para culiar”. 

En su primer encuentro, Jota le paga mil dólares, lo mismo que ella gana en una jornada, por pasar la noche juntos y no será la última ocasión. Con el tiempo, este vínculo se afianza hacia el afecto cotidiano, donde el personaje femenino se siente cómoda. Sin embargo, la relación tampoco será exclusiva: en Bali, aparece el expololo de su expolola, un sujeto con quien también termina en la cama, aunque fuera de ella resulte insoportable debido a su narcisismo.

La obra está construida para ser leída rápidamente: dividida en 25 capítulos breves, se utilizan lenguajes directos, tiene un carácter testimonial, y un lenguaje coloquial sin pudor ni retórica, donde palabras como “weón”, “follón”, “culiar”, son recurrentes. A esto se le suman varios párrafos de relleno que aportan poco o nada al desarrollo del capítulo.

Pistolas es la representación del síntoma popular y juvenil de la sociedad de estos años; más libre, menos libertaria, con menos tabúes sexuales y más desparpajo. Que carezca de profundidad literaria, se base en hechos reales, reduzca sus escenarios a un simple índice de lugares recomendados o sea una novela de supermercado, no es razón suficiente para prohibir su publicación o su lectura.

De hecho, la última novela de Paulina Flores: La próxima vez que te vea, te mato (Anagrama, 2025) retrata sobre relaciones poliamorosas en Barcelona, pero con la diferencia que la heroína estaba supeditada a lo masculino. Por el contrario, aquí la protagonista actúa en completo dominio de sí misma junto a Jota y Pololo, manteniendo el control suficiente para poner fin a las relaciones si fuera necesario.

La propuesta construida por editores no engaña a nadie: Mi año de sexo y relajación (2026) de Romina Pistolas es la libertad de salivar por el consumo rápido, muy concertacionista en todo caso, y empaquetada en formato de novela de supermercado. Como gancho comercial la obra funciona: vende libertad sexual, deseo, poliamor y drama. Y eso, se sabe, siempre vende.


Mi año de sexo y relajación

Romina Pistolas

Editorial SUMA de letras

2026

196 páginas.

viernes, 26 de junio de 2026

Crítica literaria: El regreso de “Torito” Callulaf y otros relatos provincianos (2026) de Jaime Luis Huenún Villa

 La lluvia no da tregua: Jaime Huenún publica sus primeros cuentos sobre cantinas y abandono histórico en El regreso de “Torito” Callulaf y otros relatos provincianos (2026)







Jaime Luis Huenún (Valdivia, 1967) consolida un giro hacia una literatura más personal, donde la memoria y el registro fotográfico se vuelven fundamentales gracias a su propia vivencia como testigo en la Población Nueva Esperanza de Osorno. De hecho, Las crónicas de la nueva esperanza (LOM, 2024) es una prueba de ello: una obra poética que rescata del anonimato los relatos de aquellos sectores precarizados, marginales y olvidados por la estructura oficial.

En esta línea, El regreso de “Torito” Callulaf y otros relatos provincianos (LOM, 2026) contiene 16 cuentos breves o microrrelatos donde el narrador es testigo o escuchó estas historias de barrio periférico desde la segunda mitad del siglo XX. Allí, los personajes están sumidos en la pobreza y la violencia, se reúnen en el bar “Nueva Esperanza” para ahogar sus frustraciones.

Los protagonistas de estos relatos enfrentan el estigma del racismo y los costos de la asimilación forzada en la urbe. Por ejemplo, el caso de Ramiro Huenchún Huenchún (convertido en Raúl Wenner Soto), un joven remiso que huye del cantón de reclutamiento sureño para refugiarse en Santiago. Aunque cambia de identidad en un intento por camuflarse, sus rasgos y su acento sureño lo delatan ante sus compañeros, quienes lo apodan burlescamente “el gringo araucano” o “el hijo mapuche del patrón”.

Por otra parte, rompiendo con los moldes habituales de la literatura nacional, los personajes femeninos emergen como sujetos duros y capaces de enfrentar el entorno hostil. Así lo demuestra la abuela María Abelina Quintupurrai de Barrera, capaz de tomar decisiones drásticas para proteger su huerto, o mejor aún, Chabela Vargas Paichil, una mujer vivaracha y malhablada que domina el código de bares y tugurios, bebiendo a la par de los parroquianos y frenando en seco a cualquiera que intente sobrepasarse.

Es fundamental destacar el realismo sucio que despliega el autor: una prosa áspera y contenida que apuesta por la riqueza del lenguaje coloquial sureño. Así lo demuestran pasajes como “Volvía yo del liceo mojado como un tiuque cuando la vi…”, o el retrato de Chabela Vargas Paichil contando billetes que “prontamente introdujo entre sus orondas pechugas”. De igual forma, la crudeza se evidencia cuando “el populacho volvía lenta y dolorosamente a la realidad, a los restos de una patria bailada, zapateada y vomitada…” o en el encuentro con Benjamín, donde “el enano lo vio y se acercó a él entre sorprendido y canchero, ofreciéndole su manita regordeta”. En este escenario, el bar, pese a sus fugaces momentos de jolgorio mundano, sostiene una atmósfera gélida. Es decir, un refugio donde la ropa apenas protege de la intemperie y donde el alcohol es un combustible que calienta el alma y soporta el peso de la historia.

El realismo sucio de Jaime Luis Huenún expone la realidad de los sectores mapuche-huilliche en los márgenes urbanos, un entorno marcado por el inmovilismo social y el desamparo. Su narrativa instala una izquierda histórica debilitada, en ciernes y sumida en la imposibilidad de construir algo nuevo. 

Para los que hemos vivido en el sur chileno, el cielo es grisáceo durante nueve meses y, por lo mismo, escasea la alegría del sol, porque predomina el frío, la lluvia y el barro. No solo hay presencia de un mundo hostil, también existe un asedio y la vigilancia del poder. Frente a este panorama, y en pleno contexto del Chile neoliberal, el bar se llena de devotos que se juntan a compartir y hacer comunidad mientras el destilado abriga sus estómagos.

El regreso de “Torito” Callulaf y otros relatos provincianos de Jaime Huenún es una lectura recomendada, porque se sitúa como cantinero y registrador de la memoria oral y el lenguaje coloquial del sur de Chile. En estas páginas se inscriben pequeñas historias ambientadas en bares agrestes que coexisten con la constante amenaza de que el río se desborde durante el invierno, amenazando con llevarse el precario habitar de los hogares marginales. De este modo, mediante relatos breves que atrapan al lector desde la primera línea, la obra emerge desde la contención de la lluvia, el silencio de los sobrevivientes y el pulso de la identidad mapuche-huilliche en los suburbios.


El regreso de “Torito” Callulaf y otros relatos provincianos (2026)

Jaime Luis Huenún Villa

Editorial LOM

92 páginas

2026.-

miércoles, 17 de junio de 2026

Crítica literaria: El mar arriba (2025) de Nina Avellaneda

Entre chimeneas y la melancolía en El mar arriba (2025) de Nina Avellaneda





La geografía no solo cambia el paisaje que nos rodea. A veces, redefine por completo nuestra identidad y la lucha por existir. El mar arriba (Editorial Overol, 2025) es la segunda novela de Nina Avellaneda (Limache, 1989), y relata la transformación de Adriana tras cambiar de hogar y de zona geográfica. Este choque entre un lugar seco y áspero y otro donde dominan la lluvia y el humo de las chimeneas del sur provocará en ella una renovación y la búsqueda de sí misma, de sus emociones y de su identidad.

La narradora no busca un desenlace cierto, en su lugar, transita por fragmentos que van desde una sola línea hasta las cuatro páginas, agrupados en siete capítulos. Esta estructura fragmentaria, que refleja su propio estado psicológico, es la que le permite reconstruirse. En este sentido, la protagonista se desdobla: se observa a sí misma desde fuera entre quien experimenta la emoción y quien observa ese sentir, siempre rondando el estado emocional.

Mientras los gatos se aparean sobre los techos, la soledad, la introspección y la necesidad de una vida más pausada, a diferencia de vivir cerca del Gran Santiago y Valparaíso, se instalan en el relato. En este escenario emerge Ulises, el “hombre lento”. Similar al primer hombre de su vida, es elegido por la particularidad de sus ojos: “la mirada de Ulises cubrió de encanto a Adriana, quien de niña había sido una de esas criaturas necesitadas de aprobación” (29). No obstante, lejos de someterla, este sujeto la saca de la oscuridad hacia un auto reconocimiento, otorgándole las palabras que ella guardaba y permitiéndole, finalmente, sentirse cómoda.

Poco se habla de lo abrumadora de lo que significa enfrentarse al océano y a un ambiente cargado de azul melancólico. En la novela, la lluvia arrecia y las estrellas reflejadas en la playa como un cielo terrenal sitúan la inmensidad y la muerte a ras de suelo. Por lo mismo, esta armonía de la naturaleza coexiste con la hostilidad del mundo, una violencia que se materializa en una trágica muerte durante la infancia y en el posterior abandono de su entorno.

En este mapa de pérdidas, el encuentro con el “hombre lento” representa una dimensión invisible, monumental y esencial que sostiene la existencia y la conexión más allá del lenguaje: “Un ritmo es todo lo que se necesita para vivir”. De manera sutil, el texto refiere al erotismo en la sincronía de los cuerpos, al respeto por las pausas y a la vibración del silencio, elementos presentes incluso en los asuntos más comunes, como el vapor de una taza o el movimiento de las nubes. Al encontrar esta musicalidad en lo cotidiano, Adriana logra refugiarse en la introspección y, al mismo tiempo, entregarse al encuentro con el otro desde la confianza.

A este refugio se suma la presencia de Ligia, quien funciona en la novela como un espejo ético. Confidente y mentora, es en ella en quien Adriana encuentra las herramientas para comprender que el ser, distanciada de las convenciones sociales, es una forma legítima de estar en el mundo. Ligia es, en definitiva, la arquitecta de ese espacio conceptual donde los personajes heridos encuentran asilo.

El mar arriba destaca por un enfoque poético que va más allá de la crónica lineal. Sin duda es una de las novelas más cautivadoras, porque no busca narrar hechos concretos, sino elucubrar sensaciones, vacíos y dolores punzantes, como la crisis de identidad o la incomodidad frente al entramado social, así como la imperiosa necesidad de residir en algún lugar. Así, la política literaria de Avellaneda articula la vulnerabilidad y la parsimonia, reivindicando el derecho a habitar el mundo desde la sensibilidad y el recogimiento. Sin duda, una autora a la que hay que seguir la pista.

Nina Avellaneda. El mar arriba. Santiago: Overol, 2025, 109 páginas.


viernes, 26 de septiembre de 2025

Breve consideración sobre el Premio Nacional de Literatura 2025

Publicado en el Diario Austral de Valdivia
en Cartas al Director

Pocas veces el Premio Nacional de Literatura suscita una aprobación transversal como el reciente galardonado: el escritor de Magallanes Ramón Díaz Eterovic (Punta Arenas, 1956). Pionero en la renovación de la novela negra chilena, su prolífica obra inicia no con “La ciudad está triste” (1987) sino con poesía en “Imágenes en el tiempo” (1977).

La narrativa de Díaz Eterovic combina la intriga, la memoria y la crítica social, ofreciendo una visión profunda de la realidad en Santiago de Chile. El detective privado Heredia como protagonista y su gato Simenon (referenciando al escritor de novelas de detectives Georges Simenon), es un antihéroe que transita por los sectores marginados configurando la memoria de la ciudad, pero también donde el crimen y la corrupción residen en las bases del sistema social.

La novela policial del autor demuestra que es un género contemporáneo que permite reflexionar sobre la historia nacional. 

martes, 8 de julio de 2025

Telepunga (2025) de Arelis Uribe: cuentos arriba de la pelota




Varias bandas de música, antes de lograr reconocimiento, graban un considerable número de canciones y seleccionan las mejores. Con base en estas experiencias y producciones musicales, disponen de material para su segundo disco. Así ocurrió con Nirvana, que tras realizar numerosos conciertos con el álbum Nevermind (1991), la banda contó con material suficiente para publicar Incesticide (1992).

Tengo la impresión de que Telepunga (Los libros de la mujer rota, 2025) de Arelis Uribe (Santiago, 1987) viene de la misma camada que su primer libro de cuentos. Al igual que en Quiltras (Los libros de la mujer rota, 2016), se repite la narrativa testimonial sobria, donde los afectos y la candidez juegan un papel determinante en la convivencia social.

Esta vuelta también se entiende como un proceso transversal, ya que regresa a una editorial pyme tras la publicación de la novela de autoficción Las heridas (Emecé, 2021). Además, coincide con su vuelta al país después de completar sus estudios de Escritura Creativa en Nueva York.

Estos nueve relatos, tienen en común las desigualdades sociales, el abuso del patriarcado, la precarización laboral, una educación estricta que fomenta estereotipos y jerarquías sociales. Dentro de esta literatura minimalista, los personajes que retrata Uribe corresponden a una generación parcialmente abandonada, sin apoyo emocional. Provenientes de comunas periféricas estos jóvenes se encuentran en su mayoría, sin apoyo familiar.

En el primer cuento, “La escopeta”, el protagonista debe asumir responsabilidades a la orden del padre que se enorgullece si protege el hogar ante su ausencia.

En el relato “Miss Lola”, se refiere a Dolores Verdugo, profesora de Historia en un colegio de clase media y aspiracional, donde la enseñanza se ejercía a la antigua, es decir, la educación basada en tener disciplina y memorizar fechas relevantes.

En “Cuarto Medio”, tres amigos y una amiga se gradúan y se emborrachan hasta el olvido en algún sector de la ciudad, dos de ellos abusan de la excompañera de curso a vista y paciencia del protagonista.

En “La posta”, Paula y Julián han cumplido con todos los objetivos de clase media, salvo tener un hijo. Un día cualquiera ellos se encontrarán con Jennifer, una joven que está pasando por un mal momento y con carencias afectivas. Paula la acompañará a la posta para enterarse de la triste realidad que la rodea.

En “Nos quedamos a solas”, la protagonista mantiene conversaciones en diferentes momentos con el maestro pintor Mardoqueo, quien le ayuda a limpiar la casa, y con el profesor Pancho, Técnico en Educación Parvularia y con síndrome de down.

En “Casa de muñecas”, el protagonista visita la casa familiar de su novia, la Jose. Allí también se encuentran sus primas menores, entre ellas Catalina, a quien distingue no solo por su aspecto físico: “tenía cinco años, era menuda y bien proporcionada”, sino por su carácter silencioso. La voz situada en el sujeto pedófilo señala que la menor es la que se acerca de manera demostrativa, por lo que sitúa al protagonista como víctima.  

La elección de adentrarse en la perspectiva del narrador pedófilo, provoca compartir su manera de pensar ante la ausencia de juicio condenatorio. De esta manera, brindarle espacio y visibilidad como una víctima de los encantos de una niña implica defenderlo.

En “Solo para argentinos”, una estudiante chilena describe lo que significa adaptarse a otra cultura y no tener los papeles en orden al momento de ingresar a la universidad. Sin embargo, por el tono y la perspectiva empleada, pareciera estar deslumbrada por la cultura argentina, sin reservas.

En “Trenes”, la joven protagonista lidia con las decisiones de sus padres y por ello, toma responsabilidades en la nueva dinámica familiar. La figura paterna se muestra como un padre impoluto e incólume, evidenciando una dependencia emocional que no ha sido superada.

El último cuento, “telepunga”, que da nombre al volumen, la narradora describe de manera fehaciente y con un tono de optimismo la situación laboral en una cadena de pizzas. Desde una perspectiva realista social se presenta a través de la forma de narrar los hechos, la precariedad laboral para los jóvenes, la animosidad entre las mujeres y las dinámicas entre trabajadores universitarios.

La obra emplea el lenguaje coloquial chileno, al utilizar expresiones como “bacán”, “pescar al toque”, “apanador”, “guachita”, “cuídala vos”, “tomamo la 210”, “pechar” y “poto”. Las jergas nacionales, permiten caracterizar a los personajes, otorgar más credibilidad a la obra, visibilizar la riqueza de nuestra lengua que en muchas ocasiones es menospreciada.

Telepunga de Arelis Uribe evidencia confianza y disposición en su línea creativa. Los relatos se consolidan principalmente más en la trama que en el desenlace, presentando una fluidez técnica y un amplio abanico de modos narrativos. Esto, sin embargo, no se refleja significativamente, porque son abordados de manera estos temas como algo trivial, sin mayor reflexión.

 

Telepunga

Arelis Uribe

2025

Editorial Libros de la mujer rota.

116 páginas.

martes, 29 de octubre de 2024

Llanka Piwke. Primer retazo (2024): el éxodo de las mujeres mapuche

Llanka Piwke (2024) es la primera novela de Machi Adriana Paredes Pinda (Chaurakawin, 1970), ha publicado el conjunto de poemas Üi (LOM, 2005) y Parias zugun (LOM, 2014). Ella es una autoridad tradicional en la cultura mapuche. Por un lado, ser Machi, tiene la responsabilidad de la salud física y espiritual de las comunidades. Mientras que, la consideración Poeta –con mayúsculas– abarca en su escritura la dimensión cultural del pueblo mapuche y en la que participa. Ambos conceptos interseccionales nos permiten identificar desde qué lugar y nivel está narrando.



En el volumen nos cuenta las desdichas y resistencias de mujeres que alguna vez tuvieron un rol fundamental en la sociedad mapuche. No obstante, con la llegada de la civilización occidental colapsó el modo de vida indígena hacia la exclusión, al mismo tiempo, ellas han sobrevivido al despojo del hombre blanco y del criollo durante siglos.

El relato se focaliza principalmente en Rosa Paillafil, una mapuche mestiza que sale de la reducción a trabajar como empleada doméstica en una prestigiosa familia médica en Santiago. Ella le escribe cartas llenas de afecto a su hijo Juanito que está en el Sur. El relato cuenta que aprendió a leer y a escribir a escondidas, porque los más cercanos decían que eran cosas de winkas. En consecuencia, ella siente el llamado por ampliar su conocimiento y aunque la tragedia la persigue, nunca podrá abandonar el lugar del sueño donde suelen aparecer visiones, los cantos (ülkantun), la mitología (shumpall) y remembranzas de guerras pasadas. Luego emerge la figura de la abuela materna, Kaypillan, que se le reconoce por su carácter rústico y aire de malagüero, pero que se comprende dado que participó y vivió la lucha para impedir las reducciones a través de la Federación Araucana (1921). También se habla, a partir del testimonio de los lugareños, sobre el desprecio para con la loca del Budi. La situación de exclusión por parte de la sociedad chilota del siglo XVIII - XIX a Chillpila; y el castigo inquisidor sufrido a traición por María Chipia.

El campo de los sueños es utilizado permanentemente, es esencial dado que contiene una red de significados de los personajes femeninos dispuestos en planos contradictorios del mundo humano y no humano. El tiempo y la memoria en los personajes mapuche no son conceptos medibles como en el mundo occidental, sino que, es una trasposición del tiempo circular; el pasado está conectado y en permanente diálogo con el presente. Así, los sueños son una forma de interpretar el mundo, de subvertir la historia oficial chilena y activar la subjetividad del hablante, porque en aquella dimensión la lengua, la memoria fragmentada, la historia, las prácticas culturales resisten.

Otro aspecto relevante son las tres páginas diferenciadas de los capítulos de la novela por las hojas de color gris y letra de color blanco. En el primero es un epígrafe con el que marca el tono de la obra: “Triste es la sangre del champurria”. En la segunda, una especie de indagación que resume a las protagonistas y que invita al lector a que escriba comentarios en recuadros señalados. Y finalmente, una serie de preguntas abiertas frente a los infortunios de la vida de los personajes.

Llanka Piwke (2024) se puede considerar fácilmente como uno de los mejores libros del año. Un ejemplar desafiante, porque hay secciones que están en mapuzungun y no están traducidas ni tienen pie de página. Lo que invita al lector a que se sumerja en la palabra y en su traducción. Asimismo, contiene una prosa poética de alta belleza, basada principalmente en una oralidad champurria, que combina esa voz sureña/campesina del cotidiano y algunas palabras en mapudungun. De manera que, la historia de las mujeres es la historia indígena de Chile (“somos iguales, igual de importantes igual de despreciaos”), repleto de violencia, despojos y el éxodo de las generaciones mapuche por el país.

Llanka Piwke. Primer retazo (2024)

Machi Adriana Pindatray Pindapichvn

Editorial Amukan

160 páginas.-

jueves, 10 de octubre de 2024

Yo no soy esa (2023) de Greta Montero: Voces femeninas que desafían los roles impuestos en Chile



 Yo no soy esa (Editorial Aparte, 2023) de Greta Montero (Coronel, 1986) es un conjunto de cuentos breves donde mujeres de provincia se ven enfrentadas a los dilemas de la sociedad patriarcal chilena. Es decir, demuestran la incomodidad al cuestionamiento de los roles como madre, esposa, al propio cuerpo, a la decisión del momento reproductivo y donde muchas veces lo nombrado es un esfuerzo diario. Si bien los cuentos son cortos, cada una de las ocho historias profundiza en las causas y consecuencias, manteniendo a los personajes femeninos en el umbral de duda frente a complejas relaciones.

En Yo no soy Maite Orsini, una mujer madura está disconforme con su relación amorosa, con su cuerpo y escaso éxito en la vida, en comparación con figuras televisivas decantadas en la política local. El nivel de hastío predomina en la historia y llegará el momento de tomar decisiones cruciales.

En La solicitud, relata la decadente relación de una pareja de músicos en la que la admiración y el cariño se ha vuelto lejano. El punto de vista está situado en la mujer quien sufre la burla y los vejámenes día tras día por parte de su pareja manipuladora en momentos de crisis. La escasa red de apoyo, la violencia psicológica y física es el común denominador. La narración es descarnada y nos muestra la ferocidad de la agresión a costa de la presencia de la hija presente.

En Mami está construido con el formato de los mensajes de WhatsApp, la protagonista publica los mensajes que tiene con su madre. Nunca leemos las respuestas de su progenitora, pero dentro de esta omisión están sugeridos dado el conflicto que suscita: “Quizás cometí el error cuando me aferré tanto a ustedes al separarme de Mario, opinas sobre todas mis cosas” señala el relato. Leemos el complejo de madre castradora. Asimismo, combina estos mensajes con solicitudes gastronómicas particulares como la forma de hacer sopaipillas, regalos de plantas, el qué hacer de la ropa que no le queda a la primogénita, el arroz con leche, tomaticán, caramelo para leche asado, entre otras. De lo anterior, sin duda es uno de los puntos altos de la obra.

El tópico de la madre disconforme con el quehacer de las hijas y el resguardo familiar no pareciera reciente en la literatura, más bien, se ha ido ampliando en el universo literario con voces feministas como Lina Meruane, Diamela Eltit o la española Blanca Lacasa. El ojo escrutador y guardiana de los valores conservadores se tensa cuando las nuevas generaciones alcanzan mayor independencia y autonomía para tomar la decisión.

Por otro lado, el provincianismo que dibuja Montero es un fuerte signo de lo que se considera cultura tradicional y que está impregnado en el núcleo familiar. Así, las protagonistas están bajo el escrutinio de personas cercanas que tienen una visión secular del “deber ser” cuerpo-mujer-madre-trabajadora, lo que provoca el umbral de vacilación donde no quisieran defraudar a los seres queridos.

Con una clara referencia a la canción popular homónima de la mexicana Paulina Rubio, No soy esa (2024) de Greta Montero evidencia un correcto uso de los recursos técnicos para contar historias: mensajes de aplicación, cartas encontradas entre los cuadernos, intercalar temporalidad en los acontecimientos, entre otros. De este modo, la autora edifica un volumen que configura un evidente mensaje contra las trancas de la sociedad patriarcal y promueve el desprecio por la cultura del abuso que ejercen hombres en desmedro de las mujeres.


Yo no soy esa (2023)

Greta Montero

Editorial Aparte

64 páginas.-


martes, 8 de octubre de 2024

Embarazadas de calor (2024) de Constanza Mondaca Merino: un auspicioso debut en la Ciencia Ficción chilena.

 


La primera novela distópica de Constanza Mondaca Merino, Embarazadas del calor (Editorial Inti, 2024), evidencia un tipo de ciencia ficción contemporánea donde el cambio climático arrecia sin aversión a la población urbana. Esto deriva en fatigosas temperaturas que  afectan la fertilidad reproductiva tanto de hombres como mujeres. Por otro lado, el Ministerio de la Natalidad vigila y controla los derechos reproductivos de la población. Así, observamos que, en 2054, la sociedad chilena está envejeciendo ante la escasez de nuevas fecundaciones.

En 44 páginas, Mondaca Merino relata tres embarazos de distintas protagonistas, cada uno en capítulos breves, no titulados e intercalados. Estas historias no se comunican directamente, pero los personajes experimentan síntomas propios de la gestación los que no siempre van a finalizar con éxito. Además, hay miedo en las gestantes, porque cuando el Ministerio las descubre, estas son arrestadas, se les induce a perder el embarazo y luego, se les pierde el rastro.

La primera pareja se refiere a Claudia Rodríguez y Pedro. Ella es hija del ministro, de clase acomodada, su padre saca provecho político y comunicacional de la situación. Por su parte, ella quiere estar tranquila puesto que no tiene mayor contención femenina. El marido, en cambio, tiene una empresa de construcción donde desarrolla cápsulas herméticas bajo tierra para guardar alimentos a contrata con el Estado. A todo esto, también tiene un amorío homosexual con Felipe, un personaje circunstancial que no se desarrolla cabalmente, pero que se volvieron a reencontrar después de diez años.

La segunda pareja está conformada por Aranza y Francisco. Ella tiene recursos limitados y su madre es su único apoyo. En un caluroso ambiente, los protagonistas se descuidan y ella queda encinta. Así, con la incertidumbre de que la menstruación no llega, se consigue la prueba de embarazo por fuera del sistema ya que este está controlado por el Ministerio. Aranza reflexiona sobre abortar mediante organizaciones feministas, pero el pánico y el deseo de ser madre soltera pudo más.

Martina y Rafael son la tercera pareja. Ellos nacieron al mismo tiempo en dos familias amigas. Para evitar el acoso estatal, sus madres decidieron no inscribirlos en el registro civil de un pueblo ubicado cerca del río Bío-Bío. Ambos, criados juntos, pronto se enamoran; se casan y tienen el primer hijo. Aun así, frente al fenómeno –producto del cambio climático– no les parece afectarles lo que provocaría que el Ministerio les hagan múltiples exámenes para estudiar su caso.

La presencia de figuras masculinas no alcanza a empatizar con el proceso de gestación de las mujeres, y muchas veces, lo desconocen. Ellos están ausentes tanto físico como simbólico. Esta situación, podría beneficiarlos para salvar su pellejo llegado el momento oportuno.

Si bien las imágenes apocalípticas del río Bío- Bío son potentes, penó aumentar los contrastes de los espacios rurales, la provincia y el gran Santiago. Asimismo, la brevedad del volumen impide desarrollar de mejor manera los ambientes y concretar los modos de operar de los brazos prácticos del Ministerio, quedando muchas veces como una sutileza del relato.

Dentro del universo literario, Embarazadas del calor (2024) es un auspicioso debut de ciencia ficción con temáticas feministas y cambio climático que afectan los modos de vida mayormente urbanos. Respecto a la gestación ésta tiene su epicentro en la desigualdad y en el sistema de control estatal que provoca abortos y donde volver a lo natural vendría siendo lo revolucionario.


Embarazadas del calor (2024)

Constanza Moncada Merino

Editorial Inti

44 páginas.-



jueves, 18 de enero de 2024

El que se oculta en la oscuridad y otros relatos (2021) de Efraín Miranda Cárdenas: Menjunje de lo macabro.



El segundo volumen de relatos de Efraín Miranda Cárdenas (La Unión, 1985), El que se oculta en la oscuridad y otros relatos (2021) tiene la sutileza de referenciar la obra de H.P Lovecraft: “El que susurra en la oscuridad y otros relatos del ciclo blasfemo de Cthulhu”. Con dicha inventiva, Miranda Cárdenas construye un protagonista que supone tener una cosa secreta y recóndita que hospeda a un tipo de deidad antigua llamada Arz Ylel. El acto de reflejar lo humano y lo horroroso radica en quien escribe: “existe algo como yo, un ser impaciente y maligno (...) sé que se trata de una sola entidad; su rostro es el mío propio” (16). Por siglos esta divinidad ha dormido en un libro de culto de cubierta de cuero rojo y un símbolo circular en la tapa que representa el conocimiento prohibido y ha llegado a la comuna de La Unión.

Este ejemplar se puede leer como una novela dividida en diez cuentos sobre un ente que acecha y provoca demencia en las personas. Así, es común que hombres de distintas épocas encuentren el volumen, paguen en oro el atrevimiento por leer el contenido y en contextos de suma violencia mucha violencia como en los cuentos “La lengua de Arz Ylel” y “Oscuro resplandor” emergerá un ángel maligno que buscará súbditos sin oposición. 

Se evidencia una literatura gore y una estética del horror en la que hay un goce en las descripciones de cómo se tortura, se hiere y cómo abandona la sangre de los cuerpos. Esta promoción se expone en el sufrimiento y sensaciones que produce la manipulación de instrumentos de tortura en miembros todavía no mutilados.

En “La sombra en lo profundo”, el psicólogo Mario Gonzáles que trabaja la comuna campestre, asesina con alevosía al paciente José Altamirano. Al ser encarcelado y entrevistado por el inspector Jaime Cárdenas, cuenta los problemas que hicieron llegar a Altamirano a la consulta. Durante un año fue atendido debido a sueños tormentosos donde caminaba por el parque hasta llegar a una cueva en la que se le susurraba el nombre prohibido. Enseguida un ser endemoniado se quiere apoderar de estos personajes para transfigurarse y llegar a este mundo. Hasta aquí el menjunje la primera parte de una narrativa que se ha visto anteriormente.

En la segunda parte, aparece un escribano empleado de demonios que le susurran, a través de la naturaleza, lo que debe transcribir por las noches. Este trabajo lo vienen ejecutando en la familia por varias generaciones. Después, hay un cazafortunas errante que llegó a la comarca y que basado en comentarios de los lugareños se dice que en una casa ruinosa y descuidada habría un dinero en oro, entre otros.

Estos relatos son simples, van a una sola dirección y quedan con finales abiertos. Solo las figuras masculinas buscan el conocimiento y son seducidos por encantamientos que los llevan a graves perturbaciones mentales. Las mujeres están en los límites de las historias, son personajes terciarios que no participan en la historia, porque todo lo que sabemos está en la voz del protagonista y no hay contrapesos que no sea un halo misterioso que la naturaleza oculta lo más macabro.

A diferencia de Cuentos macabros y otros horrores (2019) donde se observaba una narrativa timorata, incompleta y poco arriesgada; en El que se oculta en la oscuridad y otros relatos (2021), las historias están escritas, revisadas y terminadas. Aunque la primera parte no dice demasiado, porque se sitúa en los manoseados arquetipos de Lovecraft. En la segunda parte, hay una descripción crónica del espacio sureño y pueblerino en la que camina el narrador. Sin embargo, todavía tiene trabajo que hacer porque los personajes son monotemáticos y las historias unidireccionales. Además, como algunas personas presentan este libro como “nuevo gótico”, sería bastante bueno abandonarse a las influencias norteamericanas, y excavar en la idiosincrasia de los pueblos del sur de Chile.


El que se oculta en la oscuridad y otros relatos (2021), Efraín Miranda Cárdenas, 156 páginas, Austroborea Editorial.



jueves, 21 de diciembre de 2023

Crítica de libros: “El nombre de los otros” (2023) Verónica Jiménez.

 

“El nombre de los otros” es un conjunto de ocho relatos que habla sobre personajes que están sumidos en una derrota que no les pertenece pero que deben tolerar sin reclamos. Son las clases populares y sujetos precarizados quienes colocan el cuerpo y la sangre en un enfrentamiento imaginario por parte el régimen cívico-militar: campesinos que pierden a hijos y la tierra enferma; hijas que pierden la figura paterna y que buscan sobrellevar el dolor mediante el alcohol; jóvenes que son torturados y desde el oficio apoyan las luchas clandestinas; maestros torneros que intentan sobrevivir a la crisis económica del 82’, algunos mantienen el contacto, otros integran la policía política chilena; la vida afectiva de adolescentes que son detenidos por el asedio dictatorial, etc.

“El nombre de los otros” habla de lo que provocó la dictadura: la pérdida de la dignidad de las personas, el respeto y reconocimiento del individuo. El régimen de Pinochet permeó todas las capas sociales, formas de comportamientos macros y micros que todavía persisten en la membrana de la psiquis chilena. Esta no es solo una violencia simbólica, es un material empobrecedor que en la narrativa de Jiménez tiene inmerso a los personajes en el pesimismo. El silencio se inscribe en medio de las frases cortas que nos muestra el tipo de ambiente de las historias. Por un lado, están los jóvenes que tienen la alegría por vivir, enamorarse y emborracharse en el gran Santiago, en cambio, está la situación imperante, el horror latente con marcas de quienes detentan el poder de fuego: los soldados, oficiales y sujetos cargados con armas. 

De lo anterior, se exhibe en cuentos como el “Peluca”, un obrero mal evaluado por los pares que tiempo después se jacta del grado de impunidad en los años ochenta: “yo puedo matarte. Todos los días muere gente. Uno más, uno menos, no se nota” (47). Luego en “Domingo”, el campesino habla sobre su hijo fallecido: “Me cuesta mirarlo como está ahora, hijo mío: su pelito ensangrentado, sus deditos destrozados, ay, Juan Bautista, cómo pudieron hacerle esta barbaridad, cómo pudieron destrozarle así la cara” (20), y en “fanfarria para un hombre común”, un amor primerizo y furtivo está enmarcado en un ambiente complejo y lúgubre: “El chico, de diecisiete años, había sido encontrado boca abajo con dos balazos en la espalda en una calle muy alejada de su casa. Debido al toque de queda, su cuerpo estuvo tirado en la vereda toda la noche antes de que los vecinos del lugar pudieran pedir ayuda” (42). Estos personajes deben adaptarse a un territorio cercado y cualquier sujeto que no se arrime a la cultura castrense es hecho desaparecer.

Cuando Tzvetan Todorov problematiza la memoria señala: ¿existe un modo de distinguir de antemano los buenos y los malos usos del pasado? Me parece que Verónica Jiménez mediante la narrativa, responde desde el lugar de la fortaleza: “Nadie puede verlo todo ni recordarlo todo, sin embargo, hay imágenes y escenas que viajan entre el pasado y el presente” (129). Por eso mismo, la crónica sobre el conscripto Carlos Carrasco Matus, quien se distinguía entre los presos políticos por tener un trato humanitario en Villa Grimaldi, es levantar una memoria que continúa resistiendo a la frivolidad.

La memoria a través de “El nombre de los otros” no intenta evocar una nostalgia en el mal sentido de la palabra, sino más bien la gracia está en conmemorar a los caídos y reflexionar el tipo de sociedad que significó el fascismo como norma de Estado. Una situación política que no hizo más que hacer daño a los compatriotas y por lo mismo, un tipo de cultura que se mantiene hasta nuestros días.

“El nombre de los otros” destaca por la capacidad de observar, de situarse en la memoria y de recurrir a las formas poéticas en lo narrativo, ligada a diversos testimonios documentados que provocarán impacto en el lector, porque la brutalidad de la dictadura, que no tiene redención, siempre la pagarán los desposeídos.

 

“El nombre de los otros”

Verónica Jiménez Dotte

Garceta Ediciones, 2023

144 páginas