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jueves, 18 de enero de 2024

Yawar Chicha (2022) de Alfredo Villar




 La música chicha en Chile tiene su demostración más evidente en los carteles pegados en los muros de las avenidas de Recoleta, Independencia, Quinta Normal y Santiago centro. En ellos, observamos la visita de grupos de música tropical oriundos de distintas zonas del país norteño. De acuerdo a los anuncios de los eventos, se observa un débil vínculo entre la música chilena y peruana, tampoco este tipo de canciones se escuchan por las radios o por caminos masivos, si no son cover, no comparten escenarios. Así, este tipo de música la consideramos música migrante y de periferia.

Alfredo Villar (Lima, 1971) ofrece Yawar Chicha. Los ríos profundos de la música tropical peruana (Cúpula, 2022). Una investigación sobre los orígenes modernos de la cumbia chicha en el Perú y que dialoga con uno de los libros fundamentales del vecino país: “los ríos profundos” de José María Arguedas. El concepto de “lo chicha” es un tipo de música tropical que ha estado permanentemente situado con lo marginal, asociado -señala el autor- al caos y a la informalidad, a la falta de normas y a la transgresión. Es decir, para comprender lo que significa “lo chicha” lo podemos graficar como el mismo fenómeno que pasó la cumbia villera en Chile durante la década del dos mil, cuando aquello era graficado como “lo flaite” y “lo picante”.

En los cinco capítulos: Vereda tropical (1951-1968), ¡¡¡Cumbianrol!!! (1968-1974), Muchachos provincianos (1974-1988), Tecnoschocks (1988-2001) y El baile de los que aman (2001-2022), se despliega con conocimiento sobre el estado del arte de esta cumbia y que se desarrolla a la par de la industria cultural y política de la nación.

En el primero, la influencia de la música cubana interviene en los salones de baile donde imperaba la música norteamericana con nuevos ritmos como el son, la rumba, la guajira, la conga y la guaracha en los años cincuenta. En la era de las grandes orquestas se destaca la sonora de Luis Macedo, quienes grabaron temas que mezclaban el swing, el jazz, la cumbia y música de lo más variado. En los años venideros, la política cultural estadounidense detiene el influjo de la música cubana, por lo que, la música peruana transita en una hibridez que comprende: por un lado, el jazz, el swing, el foxtrot hasta el rocandroll; en la división folclórica, el huayno, los valses y las polkas; y la tercera parte, los mencionados guaracha, mambo y el son. También se suma el ingreso de músicos inmigrantes quienes colaboran en el medio para que aparezcan sonidos masivos (1967 y 1968), un fenómeno que combina guitarra eléctrica, rítmica tropical y mestizaje andino, y que se sintetizan en el tema musical “arre caballito” de Manzanita y su conjunto

En ¡¡¡Cumbianrol!!! (1968-1974), el autor sitúa a los grupos Manzanita y Los Destellos como iniciadores de una revolución cultural al situar a la cumbia como género que absorbía todas las influencias musicales foráneas. Es decir, la exploración de sonidos de la guitarra eléctrica permitió que ambos conjuntos desarrollen una particular forma creativa de mezclar los estilos. De esta manera, en esta etapa emerge una industria cultural que los acoge, los distribuye y los difunde mediante las disqueras Sono Radio, FTA, Dinsa e Iempsa. Así, con un circuito musical también proliferan nuevas bandas con sonidos provenientes de la zona amazónica y selvática: Los Maraví, Juaneco y su Combo, Los Teddy’s, Los Roger’s y Los Wembler’s, entre otros.

En Muchachos provincianos (1974-1988), marca una época donde Chacalon y compañía representa la música tropical más rockera, más curtido y marginal de la década del ochenta, principalmente por el dominio de masas dado que comprendía a los espectadores al verse reflejado en ellos su procedencia y lugar de crianza. De igual forma con temas musicales que combinan letras crudas y románticas lo que terminaría de forjar la leyenda del cantante. Los Shapis serán la cumbia nostálgica y de la esperanza, ya que reflejan y le canta a la migración campo-ciudad y a los obreros, apelan a la simpatía y a la ilusión que mediante un pequeño trabajo poder tener un espacio en la urbe. Esta última agrupación amasaría una fama y éxitos sin precedentes llenando dos veces el estadio de Alianza de Lima y participando de una película siendo éxito de taquilla. Lo mismo sucedería con otra banda que alcanzaría popularidad y reinado: Vico y el grupo Karicia. Otro de las emergencias relevante de la década es la de Milagros Soto Riva, la figura de la “Princesita Mily” con canciones “El Teléfono”, “Jamás” o “La Ciega” sería importante debido a la sensibilidad femenina derivada en cumbia pop y romántica.

En la etapa Tecnoschocks (1988-2001), sucede que los grupos que predominaban la década anterior comienzan a desaparecer, Chacalón fallece en 1994 y comienzan las migraciones. La televisión y la radio exhiben el espectáculo de mostrar mujeres ligeras de ropa y mostrando los planos cerrados de carnes prominentes. Frente a ello, se destacan dos agrupaciones como Aguamarina con el sonido “tecnocumbia”, porque “más allá del uso de sintetizadores electrónicas en la música (...) es la refinada instrumentación , los delicados arreglos pop, la melódica vocalización, la búsqueda de letras cargadas de auténtico romanticismo y poesía popular”, destaca Alfredo Villar. Por otro lado, aparece Armonía 10, quien explota la sensualidad y sexualidad de la cumbia, debido a que amplía los registros posibles pasando por el sanjuanito ecuatoriano, la ranchera mexicana, la balada latina y la música popular norteña y selvática. Ambos grupos revitalizan la escena de la cumbia y la industria cultural utiliza estas influencias musicales mostrando por los medios de comunicación cumbia chicha y promoviendo el sexismo. Mientras sucedía esto en la capital limeña, en los alrededores se hacen conocidas voces femeninas influenciadas por la argentina Gilda: Rossy War y Ada son dos ejemplos del reinado de la tecnocumbia. La primera hará un cover de “Como la flor” con la interpretación pasional, áspera y ruda; mientras que la segunda, la figura trasandina sería la figura a seguir y por ello, canta versiones de canciones de la autora de “no me arrepiento de este amor” utilizando un registro vocal ligado a la delicadeza y lo sensual.

El baile de los que aman (2001-2022) se afirma que el público era irregular pero que tenían a Armonía 10 y Aguamarina como bandas predilectas. Por tal motivo, los nuevos grupos de esta etapa encontraban cierto nivel de resistencia por hacerse un lugar en Lima. Sin embargo, un puñado de grupos como Grupo 5, Caribeños del Guadalupe, Corazón Serrano, entre otros sí cumplirían el objetivo.

Yawar Chicha. Los ríos profundos de la música tropical peruana (Cúpula, 2022) instala un estado de la situación sobre la cumbia chicha que busca revitalizar frente a la denostación de la sociedad del espectáculo, la industria cultural y la maquinaria política. Y es que las influencias musicales foráneas han sido adaptadas por músicos tan diversos como diversos son los sectores del desaparecido imperio Inca. Así, esta cumbia híbrida es parte de un imaginario popular de largo aliento que Villar registra como parte de la identidad peruana y que están presentes en las calles de Santiago.


Yawar Chicha. Los ríos profundos de la música tropical peruana

Alfredo Villar

Editorial Cúpula, 2022

152 páginas.





sábado, 29 de agosto de 2020

Reseña: Canción Valiente (2018) Marisol García


 

Canciones para un mundo valiente

 

Marisol García es periodista, investigadora y crítica musical más relevantes del país. Así lo atestigua el registro colaborativo sobre obras y grupos musicales de Chile en el sitio web: músicapopular.cl. Hoy, cuando son varias las investigaciones que cuenta, observamos en libros publicados que realza figuras como Violeta Parra, Claudio Arrau, Lucho Barrios, Osvaldo “gitano” Rodríguez, Los Jaivas y Los Panteras Negras. Sin embargo, en el 2013, Canción Valiente (1960-1989) era el primero de largo aliento y ocasionalmente escribe en medios sobre música contingente con una particular voz. 

Canción Valiente (Ediciones B, 2013) está dividido en ocho grandes capítulos, en los que se inicia con el canto popular y folclórico del sesenta, le siguen los inicios del rock chileno en regiones, luego la emergencia de la Nueva Canción Chilena durante los setenta en los Quilapayun y Los Huasos Quincheros, serían parte de la polémica y enfrentamientos en las sonadas presentaciones en el Festival de Viña del Mar (1973). Tras el golpe de Estado, los intereses musicales se bifurcan: se desarrolla la Canción del Exilio venida de la Nueva Canción, otro espacio es la generación y amplia camada del Canto Nuevo. En otro sector, transita el rock de Congreso, Los Jaivas y Sol y Medianoche, así también, los músicos que participan y amenizan los estelares de televisión y, por último, la nueva generación de músicos vinculados al Pop.

Este volumen de 448 páginas suma un amplio material discográfico, revistas musicales, muchas horas en el Archivo (Audiovisual) Nacional, alta capacidad de entrevistas, analizar la función de los medios de comunicación para difundir la música nacional, buen oído para relacionar melodías y las letras sociales en la vorágine de las décadas mencionadas. Además, tiene por relieve la capacidad de llegar al lector común/popular porque realiza una lectura sin tapujos sobre los contextos determinados, con un lenguaje módico, y sin tecnicismos. 

Es necesario señalar que no aparecen todos los artistas en estas tres décadas, pero sí muchos que mediáticamente no han tenido espacio. Asimismo, la forma de escritura permite que leamos la profundidad de los contextos, con la participación de los propios protagonistas. Por ejemplo, la autora rescata parte de una entrevista a Ángel Parra, donde cuenta que Violeta Parra entrega canciones para que el Partido Comunista para que integre los temas al repertorio de las concentraciones durante las campañas, pero estos "usaban como himno de campaña unos versos triunfalistas" (35).

Es importante lo que señala Marisol García: “un mismo pulso de reivindicación colectiva y de indignación con nuestra porfiada desigualdad. Ese pálpito libertario y de reflexión comunitaria ha resultado, a la larga ser marca de identidad cultural” (13). La canción social tiene por características la lucidez de leer a su tiempo, la elocuencia para denunciar el abuso de poder, la tensión de la lucha de clases, y la reflexión en los versos. Estos cantos no necesariamente un sector político, aunque claro, la situación cultural es cooptada rápidamente o encontrarán una oportunidad de creer en el compromiso político contingente. Sin embargo, algunos grupos musicales se posicionan contra las injusticias y las exclusiones que no se han resuelto con los años. Entonces, podemos señalar que Víctor Jara instala una directriz eficaz e ineludible sobre el quehacer del artista: “Canción que ha sido valiente, siempre será canción nueva”.  

El trabajo de estudio de Marisol García es una obra peninsular, de matriz, que aborda los tópicos y referencias necesarias de la canción protesta del país. Una obra con sumo cuidado y elaborado para establecer directrices para el futuro.

 

Canción valiente (1960-1989) Tres décadas de cato social y político en Chile. Marisol García. Ediciones B, 2018, 261 páginas.

sábado, 16 de marzo de 2019

Crítica Literaria: Sol y lluvia: voces de la resistencia (2018) Gonzalo Planet


Crónicas de resistencia: un canto por la paz.


Sol y lluvia: voces de la resistencia (2018)
Gonzalo Planet (Santiago, 1978)
Ediciones Pez Espiral, 2018, 172 páginas.

Publicado en Izquierda Diario Argentina: http://www.laizquierdadiario.com/Cronicas-de-resistencia-un-canto-por-la-paz

Sol y lluvia es considerado parte del cancionero del Canto Nuevo, junto a quienes forjaron la resistencia cultural a la dictadura en el ochenta. Ellos se distinguen de otros por las canciones festivas y bailables, sorteando la censura a través de la creatividad de los afiches artesanales, y por las letras de canciones enfocadas en revelar el diario vivir de las comunas periféricas de Santiago. Es decir, ser pobre o estar desempleado durante el régimen cívico militar no es un tránsito, sino que significa vivir el hambre y participar de ollas comunes en las que no había para todas las familias.
Sol y lluvia: voces de la resistencia (2018), es el tercer libro del periodista Gonzalo Planet quien en once capítulos reúne a los hermanos Labra Sepúlveda y Harley Labra Bassa para repasar biográficamente las vidas en las poblaciones de Vicente Navarrete, San Gregorio, La Legua o el Zanjón de la Aguada. Además de recordar la vida de sus padres, relatan la infancia que se desarrolla en zonas aledañas, el vínculo de la política y la cultura durante los setenta, el golpe de Estado, la detención y tortura por los aparatos de represión, el trabajo serigráfico que los caracteriza, la relación con la iglesia y el lleno total en el concierto del Estadio Nacional (1999). Las extensas entrevistas finalizan con palabras de Amaro Labra asumiendo en 2018 como diputado de la república por el Partido Comunista.
La periodista e investigadora Marisol García en el libro Canción Valiente (2013) señala la calidad de las letras de este grupo, puesto que vivencian el mundo más cercano en las poblaciones de San Joaquín: “Este canto popular-popular (…) acogió problemas humanos y colectivos, pero no como un gesto de rescate o reivindicación, sino por ser conflictos que estaban allí” (286). Asimismo, me parece que crear el vínculo entre arte y el cotidiano posibilita que exista un campo de representar a los representados. Una identificación de los habitantes de un lugar en el que emergen las identidades individuales y colectivos.
Uno de los puntos débiles radica en la falta de rigor investigativo y de orden que representa la ausencia de índice. Este gesto que bien podría pasarse por alto, confluye en la desprolijidad como algunas noticias que no tienen dato de publicación, al igual que ciertas fotografías en blanco y negro que no están precisadas en el hecho autoral. Las discografías no tienen continuación por fecha, sino que han sido insertadas a medida que la conversación lo requiera. De hecho, el disco “Hacia la tierra” (1993) tiene la fotografía por ambos lados, no así, los demás que están a una sola cara (“A desatar la esperanza!!” 1986, “+personas” 1988, y “Testimonio de paz” 1989) o aparece solamente la carátula (“La vida siempre!!!” 2000, “La conspiración de la esperanza” 2004, y “Clima humana” 2013). De lo anterior, no permite que estén integradas las letras de las canciones y no tienen el apartado a disposición del lector. No es lo mismo insertar fotografías, noticias o afiches publicitarios a medida que la entrevista lo requiera, que entregar los discos y las letras con la debida importancia que se merecen.
Por otro lado, coloco en relevancia la serigrafía de los hermanos Labra, los que vinculan el quehacer (hoy en día formas de generar publicidad), con elementos que no contaban y herramientas que fueron creando: “Era un taller esencialmente para proveer de lucas para parar la olla”, señala Jonny (31). Esta situación se relaciona con el tema Aunque solo tuviera de Schwenke & Nilo: “Aunque solo tuviera/ aunque solo tuviera un pedazo de tela/ con pinceles de sueño pintaría un discurso/ con vocales gigantes/ consonantes moradas”, dando cuenta de la ausencia de materialidades pero que, con un trozo de tela, creyendo en las declaraciones sobre lienzos se defienden los recursos y derechos básicos para la población de un país. Entonces, Sol y lluvia se ha convertido en un tipo de registro de identidad que devino en canto, y que Charles llama “la paciencia era la resignación, y la pazciencia era la acción” (33), puesto que, “vivir en dictadura es vivir en una de las peores prisiones que uno pueda imaginar” (29) confirma Amaro.
En efecto, el grupo recoge el manifiesto de la canción protesta argentina y de Violeta Parra a través relaciones intertextuales. La relación es fácil de reconocer en la canción con todos de Mercedes Sosa: “Salgo a caminar/ Por la cintura cósmica del sur”, en tanto, que en el tema Voy a hacer el amo de Sol y lluvia: “Tomo tu mano y salgo a caminar/ por la triste y vigilada ciudad”. Ambos temas musicales del repertorio latinoamericano, colocan a disposición la relevancia del trabajo del artista quien debiese recorrer los lugares que le pertenecen, esto es, reconociendo siempre del lugar que se proviene.
Si bien el libro contiene errores y pertenece a los discursos oficiales, entiéndase esa conflictiva relación entre lo dicho por la fundación que financia y la omisión de los procesos creativos previos a la realización de los discos. Sol y lluvia: voces de la resistencia (2018) no deja de ser un documento meritorio de un nicho de artistas que no han sido debidamente estudiados o valorados y que durante los ochenta configuraron la canción de resistencia.

Gonzalo Schwenke
Profesor y crítico literario
Valdivia, 2019.