Rancheras, penas y cantinas. La poeta Roxana Miranda Rupailaf publica sus primeros cuentos Dos corazones tengo (2026)
Hace poco el poeta Jaime Huenún publicó su primer libro de cuentos El regreso de “Torito” Callulaf y otros relatos provincianos (LOM, 2026) y que refiere a la realidad de algunos mapuche huilliche en los márgenes de Osorno, entre el desencanto y el ahogo en el tugurio más lúgubre y frío posible del sur profundo. Coincidentemente, la poeta Roxana Miranda Rupailaf publica Dos corazones tengo (Editorial La Maña, 2026), un volumen sobre relatos de Rahue. El lanzamiento se realizó en Valdivia y, hasta la adquisición de la misma por el suscrito, todavía no había llegado a Santiago.
En Dos corazones tengo, la autora construye un mapa de figuras habituales: seres con quienes compartió la vida y que hoy coexisten entre el recuerdo y el plano terrenal. Gestada durante los meses de confinamiento por la pandemia, la obra se despliega como un homenaje y un ritual de duelo escrito desde la introspección. Así, la vida y la muerte, la alegría y la pena tanto en Rahue como en San Juan de la Costa comparten espacio, a modo de ejercicio literario, en estas páginas.
En estos once cuentos, relatos muy breves por cierto, lo masculino está dado por la fiesta y las borracheras. Generalmente, son ellos los que traen la comparsa de las rancheras y la fatalidad. Por ejemplo, en la figura de Pedro cuando vuelve a la casa de mañana se cuenta que: “Entraba él y entraba la fiesta, la risa, el baile, la música”. Luego, en los hermanos Traro: “Lo cierto es que cantaban hasta la madrugada, eran voces ebriamente felices”. O, el caso del extraño de pelo largo: “Tenías un repertorio amplio, con canciones pícaras en su gran mayoría: cumbias, rancheras, corridos”.
Mientras que lo femenino, mayoritariamente, sobrelleva la desdicha. Son ellas, las que determinan el ejercicio de memoria. Algunas eligen olvidar la pérdida para rehacer sus vidas. Por ejemplo, las jóvenes que enviudaron pronto. En cambio, las abuelas como la del primer relato, se afirma que tenía mal carácter, mientras que, la abuelita Minda destacaba por su estricta severidad al tener que criar sola y enseñar a leer a la comunidad williche en San Juan de la Costa.
Frente a este país que simula ser exitoso, los personajes que presenta la autora carecen de triunfos. Ni el boxeador que perdió la mayoría de sus peleas, ni las visitas imprevistas de Juan, o los feriantes que gastan sus bolsillos en las cantinas aledañas a la Feria Libre, entre otros. La dimensión que nos instala es que la mayor victoria es haber sobrevivido entre música mexicana el día a día entre bares y prostíbulos osorninos.
Con un cúmulo de fotografías a color de Aukán Martínez que acompañan el ejemplar muestran pasajes, letreros de tabernas, donde la parsimonia oculta una subtrama de lo gótico latinoamericano. Las provincias suelen transitar como el río, en estado de espera pero nunca quietos. Sin embargo, el ambiente en la que se despliegan los personajes evidencian una paulatina decadencia, sostenida por el sincretismo religioso, la sociedad conservadora, la discriminación en el centro de Osorno, las desigualdades sociales y los traumas históricos.
Roxana Miranda Rupailaf ha pasado de la poesía a la narrativa con un libro de bolsillo donde presenta las derrotas camufladas entre rancheras, corridos y cumbias. Esta muestra que guarda austeridad debido a su extensión, dan cuenta de las posibilidades de desarrollar narrativa de mayor aliento, dejando en el lector la incertidumbre de lo que queda por contar. Así, en un panorama literario que suele mirar hacia el centro, esta obra nos recuerda que la verdadera dignidad de la provincia reside en la resistencia cotidiana de sus personajes y en la belleza de sus propias contradicciones.
Dos corazones tengo
Roxana Miranda Rupailaf
Editorial La Maña
2026
100 páginas.

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