Existe una larga tradición poética en relación con la botánica, ya sea de manera lateral, oblicua o central. Se manifiesta, por ejemplo, en los Herbarios Mistralianos, el de Emily Dickinson, el de Rosa Luxemburgo, el de Inés Echevarría Bello publicados por la editorial de la poeta Gladys González en los Libros del Cardo. Esta cartografía donde la naturaleza tiene un rol fundamental la encontramos en la literatura situada de Ivonne Coñuecar, Maleza Anfibia. La memoria fluvial de Luis Oyarzún, quien distinguía especies herbáceas en su caminar junto a otros poetas por Valdivia, la poesía mapuche, Violeta Parra en la canción “La jardinera”, o la ramificación literaria de Nicanor Parra y la ecopoesía, y un largo etcétera.
Victoria Ramírez (Santiago, 1991) publicó Magnolios (Editorial Overol, 2019), una obra que comenté en su tiempo que “en las relaciones del hablante con la naturaleza atraviesan la escritura poética y una sutil belleza que seguirá prosperando”. Posteriormente, con Teoría del Polen (Editorial Provincianos, 2021) se ha consagrado dentro del circuito con un trabajo soberbio y que fue premiado por el Premio Manuel Montt 2026 que otorga la Universidad de Chile.
Dividido en tres capítulos, el primero denominado Inflorescencia, en el libro la voz se sitúa desde el universo vegetal. Al observarlas, el hablante femenino ha ido pensando en la representación de su lenguaje y la voluntad de las plantas. Este ensamblaje de elipses, de ritmo pausado y vocación colectiva se erige como un método de tenacidad de alta permeabilidad, el cual les permite sacudirse de las amenazas y persistir en su impulso de crecer hacia la luz. En su retórica, la voz contiene una aguda capacidad para advertir la depredación del paisaje y el repliegue de la biosfera, recordando que, en cualquier momento, esta última podría reclamar su espacio: “el mundo se puede acabar y aun así / podemos sentir que el cielo es una lengua / abierta como una excavación / o un agujero de luz egoísta / que nos lastima la cara”.
En el segundo capítulo, llamado Polinización, cada flor tiene una forma de propagación para continuar la especie, ya sea mediante el contacto con insectos, mediante semillas plantadas en ciertas temporadas, pero siempre buscando los nutrientes derivados de la luz. El tono de observación da cuenta de un territorio donde la sociedad humana ha convertido su existencia marcada por lo artificial y lo reemplazable, y que deriva, sin duda, en la crisis ecológica que amenaza a especies endémicas. Perspectiva que Vicente Huidobro anticipa en el Canto I del Altazor (1931):
“Jardines de tomates y repollos/ Los parques públicos plantados de árboles frutales / No hay carne que comer el planeta es estrecho / Y las máquinas mataron el último animal / Árboles frutales en todos los caminos / Lo aprovechable sólo lo aprovechable / Ah la hermosa vida que preparan las fábricas”.
Frente a la depredación de los ecosistemas —que para ciertos gobiernos negacionistas es una ideología que atenta contra la economía neoliberal y el bienestar de pocas familias multimillonarias, el hablante identifica y reitera a lo largo Teoría del Polen, la idea de que “aún es posible”, como una evidencia de que la catástrofe está presente:
“aún es posible ver parques nacionales / zonas de protección y reservas / ranitas de Darwin que se inflan / bajo la luz desigual de una interna / es posible tararear una canción / por el miedo de caminar a oscuras (...) el mundo puede acabar y aún así / podemos sentir el aire de alga marina / la mezcla de sal roja que inunda / archipiélagos o ciénagas o ensenadas / mientras crecen allí nuevos vertebrados / mamíferos fuertes como ornitorrincos / que gestan huevos y cruzan millas / con hijos encaramados en la espalda”.
Pese a nuestro esfuerzo por acabar con el medio ambiente, ella cumple con la misión de perseverar con sus propias herramientas. Porque este requerimiento de polinizar es también refugio donde palpita la belleza y el silencio que la rodea, y por tanto, poesía.
En el último apartado, Fecundación, la voz poética destaca por la disposición de las plantas, como los helechos que, frente a la amenaza de un otro, no se destruyen, sino que se adapta hacia la empatía y compasión, así como por su sexualidad y las reacciones de estas frente a la música. También aparecen dibujos y citas de distintos naturalistas que han observado, tal como la poeta, los comportamientos del entorno vegetal y que funcionan como un sentido bibliográfico que precedieron a este volumen de poemas.
El lector leerá características no vistas de la flora, junto a una prosa que desarma la sintaxis común y dejan incompletos los significados. Esto permite que las unidades oracionales y la palabra en su singularidad, se amplifique dada la polisemia.
Teoría del polen desarticula la mirada donde lo humano es el centro del universo y dota a lo vegetal de un lenguaje y resistencia inquebrantable, todavía al margen del colapso. La dimensión política de este libro de poemas pareciera ser que otro mundo es posible, este espacio utópico en estos momentos, no es más que el trabajo colaborativo y silencioso, un recurso de resistencia frente a los tiempos que corren, porque la persistencia de la flora no es más que una ineludible pulsión de supervivencia hacia un futuro próspero.
Teoría del polen
Victoria Ramírez
Editorial Provincianos
Reimpresión 2026
58 páginas.

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