Utopía del placer en Pura Pasión (2026) de Annie Ernaux
La señora K comentaba el otro día lo seductor que puede resultar el estado de espera previo al reencuentro con una pareja a la que no se ve desde hace tiempo. Su comentario me llevó a retomar una de mis tantas lecturas pendientes: Pura pasión (Tusquets) de la Nobel Annie Ernaux. El volumen aborda precisamente este núcleo temático: la dependencia afectiva, el deseo y la manera en que la protagonista habita el vacío y el anhelo del placer junto a un hombre casado.
Así como las cartas de Mistral a Doris Dana, o las preciosas misivas de Albert Camus a María Casares (la lista es larga), donde la seducción está en dialogar y prolongar el anhelo de conquista, esta historia breve nunca se instala en “hacer el amor”, como otras obras que destacan carecer de poesía. En su lugar, recurre a la ensoñación para cargar el encuentro de tensión, convirtiendo ese estado de sinrazón en un imperativo que necesita repetirse. Me parece que esta se enmarca en una utopía del placer, dado que con base en la memoria se intensifica la pasión y las posibilidades de imaginar escenarios.
Entendiendo que el amar y el amado son experiencias motivadoras, este evento canónico suele comprometer toda dimensión del cotidiano y otorgándole un sentido distinto a la vida. Como señala: “Cuando el intervalo que dejaba pasar desde que me llamaba hasta que me venía a ver era más prolongado, tres o cuatro días, imaginaba con fastidio todas las tareas que iba a tener que cumplir y las cenas de amigos a las que iba a tener que asistir antes de volver a verlo. Me habría gustado no tener nada que hacer salvo esperarlo”.
Así, leemos a una protagonista subordinada que es capaz de abandonar actividades como ir al cine o cenar con amistades con tal de no perder un posible contacto, alimentándose principalmente del recuerdo. Más aún, busca deliberadamente aquellos espacios donde está permitido no producir, como las salas de espera o las terminales de buses. A medida que avanza la lectura, la narradora se adentra en una vorágine de delirio, bajo la premisa de que el erotismo es una invención, mientras que el sexo en sí es siempre el mismo.
No obstante, la angustia se disipa en cuanto escucha al otro lado de la línea, revelando su estado psicológico: “Pero cuando oía la voz de A., mi espera indefinida, dolorosa, celosa evidentemente, se esfumaba tan deprisa que tenía la impresión de haber estado loca y de recuperar repentinamente la cordura”. Estos cambios cuestionan si este entusiasmo es una locura permanente, o hay un ápice de lucidez antes de desbordarse de amor.
La conciencia de revisitar este episodio con cierta distancia se hace explícita cuando la autora expone que “el tiempo de la escritura nada tiene que ver con el de la pasión”. De hecho, entre la vivencia de la pasión por A. y la construcción del relato transcurrió el período para madurar y articular esa experiencia desde el lenguaje.
Es una estupenda obra Pura pasión, dado que explora esta subjetividad de la espera, el deseo y el erotismo como suspensión radical de la razón. La escritura de Annie Ernaux funciona como una operación de estilo: una prosa que disecciona la obsesión sin caer en la necesidad de justificar, ni de pedir perdón ante el juicio moral del lector.
Pura Pasión
Annie Ernaux
Editorial Tusquets
6ta edición, 2026
80 páginas.

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