Fronteras visuales de la transición. Arte, publicidad y cultura de medios en el retorno a la democracia en Chile.
Sebastián Vidal Valenzuela
Editorial UAH, 2026, 356 páginas.
El rol del arte contemporáneo como una herramienta de resistencia e intervención frente a la herencia cultural de la dictadura es el eje de la nueva investigación de Sebastián Vidal Valenzuela. A lo largo de 356 páginas, el autor analiza cómo la alianza estratégica entre los artistas y la campaña que derrotó al régimen militar se desgastó tras la llegada de la Concertación a La Moneda. Según el volumen, el viraje de la Transición hacia la mantención de las políticas económicas de la dictadura desató tensiones y escándalos públicos, evidenciando el sesgo ideológico y las contradicciones de la nueva élite progresista de la época.
A lo largo de esta investigación se estructuran en tres grandes capítulos: Primero, La franja del “No” donde el videoarte, la publicidad y el marketing estuvieron combinados con la restauración democrática chilena; Segundo, la Expo Sevilla 1992, donde Chile utiliza esta exhibición europea para presentarse ante el mundo como una marca renovada e incólume después de la dictadura y para estos fines, enviaron un gigantesco bloque de hielo desde el sur austral; y por último, la Escuela de Santiago donde los artistas utilizan el arte para mantener posturas incómodas ante las políticas neoliberales y culturales de la época.
Una de las conclusiones que señala Vidal Valenzuela, es la transición rota a modo de lectura de la exposición de Juan Dávila 1996. El autor realiza una exposición con una nueva versión del Libertador Simón Bolívar, reestructurado en una versión del “roto” Verdejo, personaje popular recuperado de la revista satírica Topaze. Con esto, desarrolla una lectura crítica de que la Transición no hizo los cambios importantes que se distancie del legado civil militar de la dictadura y que la política de la Concertación se distanció de los movimientos sociales y artísticos que lo denunciaban.
Según la perspectiva de Vidal, se mantiene como un territorio en disputa donde el cruce entre la estética visual y el poder político sigue generando tensiones, aún pendientes por abordar. Mientras que, la sorpresa de Andrea Giunta en el prólogo es elocuente: “Cuando uno revisa la cantidad de acciones que desde las calles apelaron al espectador urbano, no puede dejar de sorprenderse”. Bien podría designar formas de presión institucional que buscaba normar la cultura y separarla del espacio público.

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