sábado, 24 de enero de 2015

Opinión: El triunfo de los marginados


Por Gonzalo Schwenke



Pedro Lemebel se ha ido con la tarea hecha. Mientras el cáncer carcomía sin vuelta al autor de “Serenata Cafiola” (2008), en el Congreso Nacional se aprobaba la “Unión Civil en Pareja” y Gabriel Boric leía un extracto del manifiesto “hablo por mi diferencia”. Si alguna vez nos preguntamos en decaimiento: ¿para qué sirve la poesía? Es para instalar los discursos de la marginalidad en sectores institucionales que no se condicen con la dinámica de la sociedad a la cual dicen representar.

El Arte fue el medio que lo hizo mostrarse como tal, destapando el cartuchismo y la pacatería acerca de la sexualidad de las personas. Pedro Lemebel y su socio/a, Pancho/a Casas, ambos sujetos políticos desde la transición, instalaron el tema de la homosexualidad con sus cuerpos en el colectivo artístico: “las yeguas del apocalipsis”. Exposiciones públicas que destacan; “la refundación de la Universidad de Chile” realizada en respuesta a la permanente irrupción de la dictadura en la administración de la Universidad,  la irrupción en la Chascona en el momento en que se hace entrega del Premio Pablo Neruda a Raúl Zurita; llamado la “Coronación de espinas” o la muestra fotográfica; “lo que el SIDA se llevó” (noviembre, 1989), entre otras intervenciones de intenso valor estético y reflexivas.

Paralelamente, la narrativa de Lemebel, constituye uno de los fenómenos de mayor valía en la literatura, en ella no solo encontramos voces en resistencia de una parte de la sociedad a la que los discursos oficiales no amilanan el hambre ni la rabia. En sus letras hay expresividad llena ternura enel desamparo, un discurso simple pero una voz neobarroca que no busca llegar a los supermercados ni encontrar el oportunismo mediático[1].

Con un estilo inconfundible, en sus crónicas criticó el status quo, fustigó las vueltas de carnero de la clase política, descubrió el tupido velo de la izquierda light y la indiferencia. Se ganó el respeto y la admiración de la población que lo leyó y que indiscutiblemente, lo seguirá leyendo después de su partida. Admirando  esa particular forma de enfrentar la vida, que es la misma forma de enfrentar la vida y la muerte en la calle siendo maricón. Situación que significó que el stablishment le cerrase las puertas. En su escritura, prestó ropa a otros marginados: los mapuches, pueblo que de a poco están saliendo de subalternidad/invisibilidad mediante la lucha y la Palabra.

No hubiese tenido razón de ser, al suponer que sea galardonado por el Premio Nacional de Literatura (2014), Lemebel es un individuo al borde por su condición de ser humano y de género (todavía) no categorizado, porque las máscaras institucionales no saben valorizar los elementos que coexisten en el país, una errancia sin fin, protoeróticos que no representa en ningún caso a las clases sociales del país. Es entonces, cuando el pueblo informado se hace cargo de las (in) justicia y los valores de la sociedad, manifestándose contra la justicia perturbada y dándole la justicia que no tiene a Víctor Jara.

El Premio Nacional de Literatura lleva más de veinte años de retraso y no se condice con lo “actualizado” del Premio de Santiago. Por otro lado, la crítica literaria de carácter académica o científica está descontinuada y regionalizada[2]. Hay un vacío acerca del estudio de la literatura[3] durante la década del noventa, lo que se puede observar y obtener revisando digitalmente Revistas como: Estudios Filológicos, Anales de la literatura, Atenea, entre otros que están disponibles en la red.

También fue incomprendido por la esquizoide representatividad del PC, que amarillea por todo lo putativamente cultural: “no voy a cambiar por el marxismo, que me rechazó tantas veces. Soy más subversivo que usted”[4] dijo el finao’ o “¡Nosotros somos comunistas y en el partido no hay maricones”[5] le dijeron en el Congreso del Partido Comunista en 1990.

En Chile siempre fue relegado por denunciar a los que nunca se quedaron y huyeron a la Europa del Este a cobijarse, mientras en las poblaciones combatían la dictadura con sus cuerpos y con sus vidas. El 2013 fue galardonado con el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso que otorga la Universidad de Talca, mientras que en Altazor fue nominado seis veces, donde lamentablemente nunca lo obtuvo.

El fallecimiento de “Adiós, mariquita linda” (2004) debe ser una fiesta por la perspectiva de vida que nos presentó, su lúdica y ácida palabra, un marginal que lidió con su doble condición de género en el Arte y que no se alió a la hipocresía, pero que nos entregó su escritura, su lenguaje de marica fresca, intensa y llena de musicalidad, aceptada por miles de personas que ven en él, esa calidad y ternura, una muestra de humanidad ausente en  otras personas.




[1]Esta misma marginación ha sufrido la prosa poética de Pancho/a Casas.
[2]Quienes hacen cargo de las tendencias emergentes son Iván Carrasco (1999), Sergio Mansilla (2003) y Marcelo Pellegrini (2006).
[3] Por ejemplo, no hay nada acerca de las publicaciones de ciertos escritores que hoy son galardonados con el Premio de Santiago, particularmente en Poesía.
[4] “Hablo por mi diferencia” de Pedro Lemebel.
[5]“Yeguas Troykas” (enero, 1990) Intervención en el Estadio Santa Laura. Rescatado desde http://www.yeguasdelapocalipsis.cl/

lunes, 19 de enero de 2015

Crítica: Los Restos (2014) Betina Keizman

 LOS RESTOS
Betina Keizman (Buenos Aires, 1966)
Alquimia Ediciones, 2014
166 páginas



Betina Keizman, (Buenos Aires, 1966).Conforma en las primeras seis planas, el imaginario una urbe obtusa que deforma a sus ciudadanos. Una Ciudad desequilibrada y desquiciada que somete las relaciones interpersonales a un estado de sicosis perpetua, lo anterior, una particular estrategia que se desarrollada durante toda la novela y que amenaza los restos humanos reducidos a centros de experimentación.

La Ciudad sitiada, es una extensión de prolongados peligros e inseguridades, una dimensión que permanece en la nebulosa, que a todas luces está plagada de males en un ambiente extraño que desafía la vida de las personas, siempre en una calidad de vida inferior a la nominal,y dependiente de la fertilidad de la materia orgánica enlos patios de las casas, terreno densamente poblado y cercado:

“En la ciudad abandonaron una huerta y una casa. Antes de la llegada de los restos, la huerta había sido el trabajo preferido de su padre, un terreno de lilas y madreselvas donde Mirta había gateado la infancia catando el sabor de las hojas y de la tierra, saboreando clandestinamente bajo pena de envenenamiento los frutos rojos que como pétalos de rocío asomaban entre los lazos verdes” (13).

Lo que conocemos como los espacios abiertos están coartados por “los restos” que vigilan e inquietan las actividades públicas, parecen representar la culminación de la humanidad, una amenaza latente de violencia y putrefacción identificadas con el olor a caballo muerto. No hay antecedentes de sus apariciones tampoco se nos señalan qué son, solo hay murmullos, informaciones retocadas o retazos de memoria, que los alzan como salvajes barbáricos. ¿Desde dónde proviene la marginalidad?, ¿será acaso el triunfo de la marginalidad, hambrienta, eternamente violentada y rechazada?,¿qué nos dice el narrador sobre la desesperación de “los restos”? o ¿por qué sitúa la marginalidad en el Centro? ¿Por qué el Centro como ciudadela coloniza el último vestigio de civilización? Hay dos fotografías en blanco y negro en el libro que puede aportarnos pistas sobre la dirección que se desea tomar. ¿Con qué motivo se presentan fotografías tanto al inicio y al final de la obra? Así quienes lean la novela puede sustentar sus propias anticipaciones en la observación de dichas fotografías.

La Familia de Mirta no pertenece a ningún árbol genealógico rancio ni tampoco tienen la capacidad de jactarse de algo, limitados en espacio y condicionados a llevar una vida austera en lo íntimo del hogar, observan con desamparo como su vida se va deteriorando: “En la ciudad todo cambia, y la memoria, que funciona por acumulación, solamente retenía unos últimos recuerdos bajo cuyo peso las imágenes anteriores se desvanecían” (21), y ante la ausencia de oportunidades, indagaránuna vía de escape a este temporal, que les proporcione alimento y refugio.

La única institución que parece estar en funcionamiento,es un campo de concentración.Este Centro investigación, diseñado a manera de laberinto, será el lugar donde se diseccionarán las personas que deseen salvarse del caos y del horror. Cada uno de sus componentes,serán enviados a distintos sectores para estudiar un terreno tan movedizo como antojadizo: las reacciones emocionales humanas, pero no importa lo que suceda adentro mientras no sea lo de afuera.

La narración nada certifica, en mucho de lo expresado se recurre a la alegoría y tampoco hay un enemigo único desfilando. Es por eso, que el lector debe definir el sentimiento de “horror al vacío” situado en la narración: un ambiente que va mutando hacia una deformación, que se prolonga a extraños seres de carácter reptiliano e inverosímil seres, singularmente llamados “veintecentímetros”. Los personajes como Mirta están en estado latente, buscando una nueva forma de escape a esta nueva condición de sobrevivencia.

Más allá de encontrar la confirmación de los mitos personales, Betina Keizman desarrolla una narrativa áspera y opresiva, que coloca en crisis nuestra modernidad que también tiene una atmósfera asfixiante; la tensión no sólo de sobrevivir sino de adaptarse a las circunstancias en que la depredación y la humillación están sumidas por la violencia y la injusticia, que denota la lucha de perdurar a costa del derrame de lo socialmente humano.


Una de las publicaciones destacables del 2014.

martes, 6 de enero de 2015

RESEÑA: Poéticas del sujeto fronterizo en Comarcas, (2013)

COMARCAS, (2013)
Bernardo Colipán (1967)

Por Gonzalo Schwenke

La poesía indígena se está haciendo cargo de lo invisible, de lo marginal, de la ocupacióny del despojo territorial por parte de la República de Chile, en su trato con las comunidades indígenas del país. Es así, que Bernardo Colipán (Osorno, 1967) revisita la línea fronteriza del río Bío-Bío, mostrándonos la “Pacificación” por medios militares en la Araucanía como una desconcertante imposición de la civilización occidental la cual tenía más cercanía con lo que conocemos como el viejo oeste estadounidense que un modelo de vida de carácter europeo: “Por decreto el Presidente Montt declara la ocupación militar del territorio” (62), y que también trajo consigo la violencia: “Y siempre llegan los Trizanos buscando las calaveras bajo la piel” (32), el pillaje y la enfermedad: “Mi padre ha muerto de influenza” (67),como males de la sociedad moderna.

El proceso de ocupación, colonización y sometimiento por parte del gobierno chileno[1], provocó un cambio del paradigma identitario en el mapuche, ya que las reducciones no podían seguir sosteniendo los hábitos culturales, forzando así al indígena a emigrar a la ciudad. Es decir, del proceso de colonización: marginalizar y reducir al indígena, provocó la emergencia de una fuerza de sobrevivencia y de resistencia cultural, que –actualmente – está generando nuevas voces identitarias con conocimiento de saberse dañado, violentado y sometido por una cultura occidental-cristiana que representa el modelo de civilización a la cual debían integrarse.

A diferencia de sus trabajos de recolección de memorias, “Pulotre” (1999) y “Forrahue, memorias de una matanza” (2012). En “Comarcas” (2013), aparece una forma discursiva que revive una parte de la Historia de Chile que ha sido invisibilizada: La “Pacificación de la Araucanía”. Este discurso históricobusca reescribir dicho periodo, y que utiliza el testimonio de personas que intervinieron en el farwest criollo, desde diversos grados de tensiones y dimensiones de la sociedad capitalista moderna.“Por siempre sufrió esta tierra, de lejos vienen todas las desgracias: Cornelio Saavedra, Gregorio Urrutia, todo el 2° de Línea.” (64) Las crónicas y diarios de vida o de viaje[2], construirán el imaginario de la zona y darán cuenta del estado de la situación en la región que se está colonizando y usurpando.

Colipán no utiliza la oralitura o la memoria ancestral como estrategia discursiva para dar cuenta de la línea fronteriza,ni tampoco del sujeto mestizo o champurreado.En un afán de evadirse de las imágenes preconcebidas, el libro evade su rotulo de poesía mapuche ya que el poeta no resalta su condición de mapuche y serán contadas las veces que aparecerán elementos constitutivos de la cultura mapuche, esto es,la presencia del cacique Karilao y de Pascual Coña.

Por otro lado, la polifonía de voces emergen desde los prostíbulos donde convergen múltiples voces de la Comarca en ellas; las prostitutas. “Mis amigas beben con hombres del ejército de la frontera./Ellos las destapan y besan la cálida miel de sus pezones.” (23) Ellas estarán en permanente diálogo con el sujeto errante, quien por otro lado, transita por el territorio en búsqueda de una herencia que ha sido enajenada por el ejército y la política de reducciones. No hay un discurso feminista, las prostitutas son parte de la marginalización de los pueblos, demonizadas y fuentes de todo mal, pero en el libro existe un cambio como construcción del modelo social, ya que son ellas el centro de la sociedad y pieza fundamental del engranaje, mientras que el sector de la moral y las buenas costumbres rara vez surge y cuando lo hace, será mediatizando su poder sobre los diarios. Las voces femeninas aconsejan y advierten de los peligros. “Caro se pagan los agravios en la comarca, poeta” (20)

Por otro lado, acontece en el texto continuos procesos intertextuales donde se dialoga con literaturas universales, sus autores serán partícipes del tiempo e imaginario rodeado de violencia. “La mayoría de ellos hablan de fugitivos de la justicia./Mujeres abandonadas, cautivas y prostitutas./Hombres que transitan por pulperías, fuertes y villas/portando cuchillos y armas de fuego.” (19) “No es que los disparos sean raros en la Comarca, uno/cuenta una docena todas las noches, sin embargo, en la mañana/todas las ventanas se cierran para ti.” (23)

La reescritura histórica a partir de la historiografía, la utilización de una voz poética femenina que enuncia – desde su mestizaje— la ocupación de la zona de Araucaníay su posterior colonización, ocupación y dominación por parte quienes representan la civilización como miramientos europeizantes. Asimismo, la lucidez en el desarrollo del espacio tratado, representa una unidad literaria que debe ser valorada y significada como la abertura de omisiones histórico-políticas las cuales trazan el ejercicio de soberanía y creencia de “superioridad”[3] en la Historia de Chile.

La lectura de registros, sus estudios y repensar la “Pacificación” a sangre y fuego de relaciones en conflicto en las oportunidades de que da la poesía, tiene la importancia de salir de la reducción, del olvido, de lo invisible que ha permanecido el mapuche para tener carácter de resistencia simbólica, de tal manera que pueda emerger y entrar – sin tremendismos exóticos—, a la literatura universal: “Eliot le dio el borrador de WasteLand para que lo corrigiera./Pound con un lápiz azul/lo redujo a la mitad.” (17)

Bernardo Colipán, todavía quede al debe en la perspectiva del ejercicio poético-político sino del mestizo desde el champurria[4], profundizar en las raíces mapuche-huilliches; ya sea mediante el rescate de la lengua che zungún, reivindicar la forma de vida mapuche-huilliche o de figuras con profundos legados históricos para el pueblo mapuche, las cuales aportarán una dimensión todavía no explorada y, por lo mismo, fecunda.



[1] En la zona de la Araucanía, durante 1860 al 1890 comienza una política de reducciones territoriales para “civilizar” al indígena (interrumpido por la Guerra del Pacífico), considerado por parte la clase gubernamental como “barbárico y salvaje”, asimismo fortalecer la soberanía en las provincias y constituir un Estado fuerte y centralizado. Es así, que el avance de la locomotora representa el símbolo del progreso y la liquidación de la burguesía ubicada en las provincias de Concepción y Valdivia.
[2]Editorial Pehuén ha publicado tres libros que dan testimonio de la ocupación de la Araucanía, estos son: “Pascual Coña; Testimonio de un cacique mapuche”, “Crónica militar de la conquista y pacificación de la Araucanía” y “Diez años en la Araucanía”, por otra parte me parece importante mencionar “Historia del Pueblo Mapuche” de José Bengoa, editado por Lom.
[3]La colonialidad está dada mediante dos ejes de poder. Una de ellas es la idea de raza como estructura biológica para codificar diferencias entre conquistadores y vencidos (no así derrotados), por consiguiente, la constitución de una nueva estructura que permita el control de trabajo y sus recursos significan el control cultural de una población determinada. Véase Bonfil Batalla. 1988. La teoría del control culturaly Maldonado-Torres. 2003. Sobre la colonialidad del ser.
[4]“Champurria, palabra que designa al mestizo desde una enunciación huilliche. El mestizo, pues, refiere a una mezcla, una confluencia de dos culturas enunciadas desde la lengua occidental. Champurria, en cambio, lo hace desde una perspectiva, mapuche y pone acento en la falta de elocuencia del mapudungun. La clave es, por esto, el lugar de enunciación: un espacio fronterizo, una zona donde las identidades se componen por múltiples experiencias de culturas que cohabitan un territorio.” Rojas, Rodrigo. 2010. La lengua escorada. Editorial Pehuén, Santiago. Pp. 66

sábado, 3 de enero de 2015

[Crítica de cine]: If… (Gran Bretaña, 1968).

If… (Gran Bretaña, 1968).
Director: Lindsay Anderson.
Intérpretes: Malcolm McDowell, David Wood, Richard Warwick, Robert Swann, Hugh Thomas, Rupert Webster.

Por Gonzalo Schwenke
“¡Muchachos! ¡Muchachos!
¡Yo los comprendo!
¡Sean razonables y confíen en mí!
¡Confíen en mí!” Rector del College

If… Es una película compleja a primera vista. Desde ya, el título es una preposición que antecede a múltiples posibilidades expresadas en la literatura y el cine.
Diseccionada en capítulos, nos induce a correr por los pasillos de la Casa College, a batallar por la sabiduría y ser permanentemente disciplinados. Así se expresa con el primer modelo: “La sabiduría es lo principal, por lo tanto, consigue sabiduría y con todo lo que consigas, consigue la comprensión” Proverbios IV: 7

La primera escena a la que nos enfrentamos es el desorden de una pequeña multitud que será guiada y acallada por los celadores que tiene la Casa College. Tales vigilantes serán estudiantes privilegiados y no negociarán el poder ante la indecencia de la rebeldía, ellos pretenden saciar la sumisión del estudiantado, guiar el acto creativo – entiéndase  como distintas situaciones no enmarcadas en el aprendizaje asociado-, y castigar con dureza la felonía de los movimientos de insurgencia. Así, el Colegio será reconocido y será premiado por su disciplina. Por su parte, dicha institución tiene elementos peculiares; su estructura inglesa basada en los arquetipos de sus fundadores como John Thomas, el resguardo de los valores y las tradiciones; integridad, normas elevadas en un mundo continuamente perverso y que cada vez fortalece su decadencia.

La educación inglesa será el transporte del orden y de moral, deberá dominar la creatividad de sus jóvenes y guiarlos por el bien de la nación, es por eso que resaltan – a manera de contraposición - las reiterativas imágenes de la revolución de Mao y del 'Che' Guevara, aliado espiritual para los jóvenes espíritus que entran en conflicto: gracias a su iconografía, Travis hará su revolución la revolución.

Yéndonos al plano de lo visual o propuesta visual, vemos que el cuidado estético de la fotografía, la forma de trabajar el objeto vidente de Lindsay Anderson, nos permite encontrarnos con cambios en la escena de color a las escenas de blanco y negro durante la película. Esta estrategia, en el uso de los cambios de  escenario y de tipo de cámara, alcanzará su plenitud y su mayor consistencia cuando las emplee en las escenas de la batalla con espadas de esgrima, pero no como ejercicio del free cinema sino como situación pensada para provocar a la crítica especializada.

Estar desorientados al inicio de la película es no haber pasado por una institución donde la sabiduría no es la comprensión, sino el acato a las reglas, o la disciplina como vehículo de transformación hacia una construcción de identidades que se asocian a un grupo colectivo. En este caso, forjados por una patria, una bandera, un himno y una generación el cual logren identificarse con un colegio.

Por otro lado, nos parece que el gran pecado de “If…” es la asociación a su contexto, no construir una nueva estética a manera de alegoría a la realidad, como las películas de A Clockwork Orange (1971)  o The Wall (1982). Al estar asociada a su contexto, relativiza sus conflictos a un espacio cultural determinado no así las formas estéticas construidas por Alan Parker o Stanley Kubrick, puesto que la plasticidad de la obra otorga mayores posibilidades de interpretación en otros espacios más allá de los propuestos en escena.


Otro tópico que toca Anderson, son los juegos homosexuales que se suceden en toda la casa. El movimiento del cuerpo, la belleza del Hombre más allá del aliento sodomita que se sugiere. Estas escenas están sujetas a ámbitos del poder: los celadores con sus sirvientes, propiciado como fetichismo prohibido y aceptado entre los pares. La contemplación del cuerpo tiene su cúspide en ámbitos cerrados, ya sea el gimnasio o la ducha, sus movimientos y constituciones. Son llamativos los planos cerrados o acercamientos llamado plano americano. [En Red Dragon (2002), la pintura El Gran Dragón rojo y la mujer vestida de sol de William Blake, donde el antagonista se obsesiona con el cuerpo]. En el mismo sentido, creemos que la homosexualidad germina como una manera de suplir las carencias afectivas que se suceden dentro el internado.

Uno no puede quitar la vista a Mick Travis (Malcolm McDowell) y no compararlo con Alex de Large, ambas actuaciones son distintas, mientras que, en la naranja mecánica McDowell saca a relucir todo su talento histriónico, en “If…” hay pocas escenas donde el juego de la ironía y sarcasmo como partes esenciales del personaje salen a relucir.

En definitiva esta película es una buena muestra de provocar al vidente y chocar con los colores de las escenas, así también criticar lo establecido, sus ridículas reglas impropias y la creatividad de la guerra, entre otros tópicos. Los movimientos siempre buscan formas de interpretar sus propias vivencias, en este caso el desencanto será retratado por el surrealismo.


Los cineastas del Free Cinema estaban aburridos del cine académico y de estudio que imperaba en Londres durante los años cincuenta y con la magia artificial de Hollywood, con tal motivo, desean atacar y matar la institución.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Crítica: “Space Invaders” o el espacio infinito de la infancia

“Space Invaders” o el espacio infinito de la infancia
Nona Fernández (Santiago, 1971)
Alquimia Ediciones, 2013
88 páginas.


Por Gonzalo Schwenke

Chile invadido

Si “aprender a despertar” viene a significar el fin de la etapa de la infancia, entonces da lugar al cuándo y cómo es que dejamos de ser niños; una micronovela como alegoría de jugar a la guerra. El tiempo es cíclico como la serpiente que se come la cola y se auto regenera. Aquí sus personajes hacen memoria, haciendo frente a las nuevas décadas, superando el estado de ensoñación que viene a significar la infancia y la aparente protección de los padres ante los peligros de la cohesión social.

Space Invaders” (2013) se hace cargo de estos paradigmas mediante una voz narrativa de códigos, utilizando breves mensajes y con una forma de escritura que lleva de la mano al lector en el imaginario narrativo. A continuación, el soñar es presentado como el hecho de hacer memoria. Una resistencia al olvido, registro que rescata a los que se perdieron y a los que están siendo dejados en el camino.

Más allá de la brevedad y lo conciso de la narración que simulan el lenguaje militar, el dominio de escenario de la escritura, como montaje dramático en la que se cuida el detalle innecesario y no deja nada para el imaginario del lector. Así mismo, la información mantiene una vigilancia sobre los protagonistas, lo escueto del comunicado, el control sobre la palabra y lo publicado provoca que esta generación viva un estado de angustia como una pesadilla. Una generación cercenada, sí. Un marco temporal de pesadilla, también, pero ¿con plena consciencia de su contexto? La potencialidad es el ambiente que generan los recursos de contexto. Aquí la inocencia y las noticias juegan un rol dual, porque son las palabras aparecidas en la crónica roja: “política”, “desaparecidos”, “muertes”, “degollados”, las que generan un ambiente fundido, denso y grisáceo, en el cual los personajes viven esta coyuntura de espejismo, que siempre han vivido, pero que la narración –a partir de la Historia-, se va intensificando cuando los peligros los van tomando desprevenidos.

Es difícil creer que un escritor haga experimentaciones sin una revisión de la tradición narrativa, y de aquellas nuevas formas experimentales de las décadas anteriores. De lo anterior, es valioso tomar esas nuevas formas realizando variaciones o incorporando otras perspectivas de registro. Es así que, en el desarrollo de los capítulos, la narración del protagonista se transforma en una polifonía de voces de los compañeros de sala: Bustamante, Riquelme, Maldonado, Donoso, Zuñiga, Fuenzalida y la misma protagonista: Estrella González. Esto no se refiere al caos conversacional sino al orden mismo de los turnos para dar testimonios y entretejer una historia en común. Una escritura donde los niños describen las situaciones de otro (s) que puede (n) estar ausente (s), pero que complementa la historia que más que ese uno, protagonista, lo que parece más importante es mostrar la voz de una generación en permanente absorción de la tensión sociopolítica imperante. Estos niños superarán el individualismo y resistirán el proceso educacional de los ochenta para aparecer en un “nosotros” con las correspondientes huellas del pasado, este pasado que no es glorioso, sino que parte desde la derrota como catarsis hacia una victoria que no está, no se produce y no se cuenta.


Instalar como novela de la dictadura a “Space Invaders” (2013) sería reduccionista sabiendo que las crisis estructurales de un país es uno de los más fértiles nichos para el arte, aún así, esta novela se instala en el transcurrir de la infancia durante la dictadura. Un libro sólido, en donde más que rememorar con simpleza el pasar de los años y de nuestra educación como producto sistémico, sumergidos en el temor a expresarse, etc, está llena de recursos de estilo, que se lee bien estructurado tanto en la forma y como en su fondo liberándose de los estereotipos fundacionales, uno de ellos, la alegorización del sentido de abuso –no solamente de género sino educativo y recreativo— en nuestro país y en las infancias de Latinoamérica.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

ANALISIS: POESIA DE LA MIRADA en Gonzalo Millán

POESÍA DE LA MIRADA
VERTIENTE POSTVANGUARDISTA EN GONZALO MILLÁN

Por Gonzalo Schwenke

Exilio es el otro nombre de la muerte.
W. Shakespeare

RESUMEN


El presente trabajo está enfocado a dilucidar la vertiente postvanguardista que envuelve la poesía de Gonzalo Millán. Para ello, hago una lectura sobre algunos de los poemas insertos en La Ciudad, texto poético publicado en 1979 desde el exilio en Canadá, y que contiene una serie de elementos distintivos y claves al momento de definir su vertiente artística. Además de incluir el poema “Apocalipsis doméstico”, texto que logra manifestar con creces, la posición de este sujeto de postvanguardia, frente a un estado social y político que le satura la palabra y envuelve en caos, los elementos de su entorno.

Finalmente señalar, que de La Ciudad, recojo parte de sus poemas que considero más representativos. En ellos logro percibir la posición del poeta frente a lo que toma como referente creativo, además de situar su poesía dentro de lo que se ha denominado poesía objetiva. Esto último, como un importante mecanismo de distanciamiento e impersonalidad frente a esa realidad histórica y social que le ha tocado vivir.

Palabras claves: Mirada, Poesía Objetiva, pos vanguardia, Eclecticismo semiótico.

INTRODUCCIÓN.

Durante la generación del 60, comienzan a surgir una variedad de prácticas poéticas, cuyo rasgo general es la transformación en el lenguaje. Se ha denominado a esta generación la postvanguardia poética; ahora bien, cuáles son los aspectos que la definen como tal, al respecto Galindo (2007) señala:

Se trata de una operación semiótica de expansión de los códigos expresivos de la lírica cuyos antecedentes se encuentran en la primera vanguardia, en el pop art y en la poesía concreta; así como la transposición de elementos de un sistema de significación a otro (poesía y plástica como la más visible); pero al mismo tiempo supone una operación política en la medida en que se introducen nuevos parámetros dialógicos, al “injertarse” con otras disciplinas, desbordándolas. La postvanguardia es el resultado de la desconfianza en el lenguaje y sus trampas, en la retórica inflamada y mesiánica.

La desconfianza en el lenguaje es el elemento que define con amplitud la poesía de Gonzalo Millán. Su obra poética La Ciudad, es un texto que retrata de una manera distanciada un escenario algo belicoso e invadido de situaciones claustrofóbicas. Es por ello, que su poesía ha sido definida de carácter objetiva, pues por un lado se evidencia una carencia de adornos estilísticos al momento de crear, y por otro lado, la presencia de un hablante que no se compromete de manera directa con los objetos. No es el Pablo Neruda que aparece en Canto General, y tampoco el poeta panfletario que hablaba de una manera comprometida con su situación histórica social. Sin embargo, más adelante veremos de qué manera esta forma de hacer poesía (postvanguardia), también se sitúa como un importante recurso de crítica. Con la diferencia eso sí, que lo hace desde una perspectiva de desconfianza, pesimismo y alejamiento, y este aspecto se debe principalmente, a que hay una conciencia artística que pone en cuestionamiento la abarcabilidad de la palabra.

EL TÓPICO DE LA MIRADA

El tópico de la mirada, es lo que mejor define la poesía de Millán en La ciudad. Aquí el poeta contempla un entorno que parece caótico y destruido. Los elementos, más que las emociones, logran situarse como verdaderos protagonistas, y la voz del hablante, emerge como un simple espectador, sin compromiso alguno.

Comienzo analizando “Amanece”, texto 1 que da inicio a La Ciudad. Aquí el hablante expone de manera clara y objetiva, una serie de acciones que transcurren a su alrededor. No emite juicios ni agrega palabras de adorno; simplemente se remite a exponer las acciones, haciendo uso del pronombre se, aspecto que remarca aún más su alejamiento frente a los objetos que señala: Se abren puertas cartas. /Se abren diarios. /La herida se abre.

Por otra parte, también siguiendo con este poema, noto la presencia de un hablante testigo, que observa lo que acontece, como si estuviera siempre en un único lugar, en un sitio fijo. Desde este lugar, nos logra transmitir una serie de sensaciones, que van desde algo riesgoso hasta una especie de desorden espacial. Se nombran elementos que “se abren” tal como una herida, y si bien no utiliza metáforas ni otros recursos que señalen una posición subjetiva del hablante, las palabras tienen significación por sí solas, y hasta me atrevería decir, remiten a una imagen dolorosa que irrumpe fuertemente en la retina de este observante

Elementos que se abren, corren, desembocan. Un torrente de elementos que transitan por una avenida, y que él es capaz de transcribir a la misma velocidad y objetividad de su ojo: Corren los trenes. /Corre la pluma. /Corre rápida la escritura. La rapidez, la concepción artística de manifestar las cosas como son y cómo se presentan ante una mirada atónita, son un rasgo esencial de esta postvanguardia. Durante esta generación, los autores ya no ven la palabra como la esencia de todo, es más, hasta pareciera ser innecesaria o poco ilustrativa a la hora de “mostrar” abiertamente lo que sucede. En este periodo, los artistas logran manifestar un estilo de arte que va mucho más allá de lo estético o lo emocional “sentimental”; pues todo radica en la mirada; el ojo viene a reemplazar a la pluma, la escritura está en lo que el artista- y en este poema se evidencia claramente- ve.

Otro de los elementos claves que logro distinguir, es la utilización de la repetición como recurso o figura retórica. En el transcurso del poema (número 3), el verbo “andar” es sumamente reiterativo con lo que se quiere describir: Ando enfermo. /Ando con hambre. /Ando sin plata. /Ando andrajoso. /Ando sucio. /Ando solo. /Ando con miedo. /Ando huyendo. Y digo “describir”, pues lo interpreto casi como un discurso expositivo, un texto enumerativo que entrega una información acerca de un estado físico y emocional. Si bien en este texto hay un atisbo de subjetividad en la frase “Ando con miedo”, no usa la palabra “siento”, lo cual nuevamente, viene a reafirmar su posición fría frente a esta situación algo cruel para con él.

Por otra parte, la reiteración de la palabra “ando”, me infiere un estado indefinido sobre algo. Claramente el hablante se encuentra en una posición poco favorable; anda enfermo, solo, con hambre, anda huyendo. Y esta huida se interpreta como una evasión eterna, sobre un poder o una fuerza poderosa que deambula por las calles, las mismas que están conglomeradas de gente, reunidas como un sólo torrente de agua (poema anterior). Desde esta perspectiva la reiteración, la puedo sentir como un llamado de atención o de alerta. Y a partir de un leve detalle, como es la utilización de este recurso, el hablante expresa la angustia, la incapacidad de adornar la palabra con adjetivos o vocablos más sugerentes, y simplemente, evoca a la simplicidad para transferir su estado de la situación. Algo que al parecer, considera mucho más válido y real, que la farsa que constituye la reordenación de la palabra para un fin estético.

Quería apuntar y llegar a la noción de esta mirada, como un sistema de comunicación, entre artista y espectador o lector, que pretende encontrar una nueva fórmula de transferencia. El sujeto de postvanguardia, tiene otros propósitos, los cuales se resumen en: desconfianza de la palabra poética, y una valoración al concepto de mirada, mucho más que el de “voz”. Y uno de los recursos más nombrados, es el recurso ekfrástico:

La utilización del recurso ekfrástico en la poesía chilena tiene mucho que ver con el cambio del modelo del sujeto que habla al sujeto que mira. De la voz a la mirada. De la subjetividad a la metatextualidad. Si bien prevalece el uso de la palabra para describir el objeto “presentado”, no es posible leer sin la relación interartística necesaria para su comprensión. (Galindo 2007)

Lo anterior, remite a la renovación del sujeto poético, por tanto es de suma relevancia señalar, los aspectos que llevan a este cambio. Vale preguntarse, qué es lo que logran percibir de su entorno o realidad más cercana y que, en definitiva, les satura el lenguaje, la palabra.

Otro aspecto que se manifiesta en la poesía de Millán es la ausencia de la metáfora, aspecto que se hace muy notorio en los poemas de La ciudad. Se percibe aquí a un hablante pasivo, con la mirada prevaleciendo antes que el sujeto, austero y precario en cuanto a imágenes con retórica, como lo hacían los poetas de vanguardia. En una entrevista realizada en 1995, Millán señalaba: “La literatura me parece atractiva mientras sea lo más parda posible en términos de utilización retórica” (Guerrero 1995)

Millán se interesará por tanto, en una concepción del espacio como degradación, donde abunda la vaciedad, la simplicidad, y objetividad. Una insistencia obsesiva que desvela una ciudad grisácea y circular, de carácter sensorial y la admisión del valor estético de ésta; lo feo y lo grotesco, la pobreza, el desempleo, la censura y la vigilancia, etc., lo que se muestra durante la lectura del poema ocho. Aquí en el poema 8, La ciudad y la población chilena dentro de las circunstancias que le tocó vivir, y que culminó en el exilio: Cae el sol. / Cae el agua del caño en la pila de piedra. /El agua cae en la cascada./ Es cascada la voz del anciano. /Se recogen los soldados. /Los soldados alojan en cuarteles. / En hoteles alojan los viajeros. /La población se recoge temprano. /Faltan horas para el toque de queda. (Gonzalo Millán 2007)

Otro ejemplo notable en Millán, es la utilización del poema cuadro. Al igual que Enrique Lihn, sus preocupaciones por la plástica alcanzan la docencia y la ocasional realización de collages paralelos a su poesía. Su producción puede, en un sentido amplio, ser leída como una poética de la mirada, pero es la publicación de Claroscuro (2002) la expresión más compleja y sistemática de esta retórica en la poesía chilena contemporánea. Claroscuro se estructura en tres secciones, todas ellas basadas en la descripción de obras de los artistas barrocos: Caravaggio y Zurbarán. La propuesta de Millán surge no sólo de la admiración hacia ambos pintores barrocos naturalistas, sino principalmente del afán de explorar en los fundamentos de la escritura y en su propio proyecto poético, coincidente con ambos artistas barrocos en la preocupación intelectual por las relaciones entre arte y (re) presentación. Claroscuro puede ser leído como un texto metapoético y autorreflexivo, fruto extremo de las posibilidades de la intertextualidad neomanierista de la escritura. (Galindo 2007)

De igual modo en “Apocalipsis doméstico”, existe un hablante que prácticamente, transcribe un cuadro, con una serie de objetos insignificantes situados en una casa. Se logra visualizar la decadencia de un espacio que parece tan trivial, pero que sin embargo, contiene una fuerza y un contenido más profundo.
Las sábanas regaladas para la boda/ se gastaron y tienen agujeros. (…)Al reloj se le acabó la cuerda./Se acabaron el té, el café,/el pan, la mantequilla.

Hay en esta casa, elementos superfluos que se dañan y pierden su utilidad, objetos de los cuales sólo quedan residuos, con una laucha royendo los restos de un terrón de azúcar. Versos que me inspiran una cierta analogía entre, lo que sucede con el lenguaje en el postvanguardismo, la desconfianza, y este escenario feo, con sobras, que evocan a un espacio invadido, “manoseado”, desgastado.

Por otra parte, se produce una fuerte relación de compromiso con lo que se está viendo. Si bien he recalcado la carencia de adornos estéticos en la voz de este hablante, a la hora de “mostrar”; el compromiso es algo que prevalece. Entiéndase este compromiso como la develación de situaciones complejas que atañen lo político histórico. Este apocalipsis se desarrolla en una casa, en el sentido que describe un ambiente doméstico que ha sido devastado. Y el hablante, que se sitúa testigo de todo; del proceso que ha llevado esta pérdida, también logra verse junto a esta serie de objetos: Un niño en un corral de palo,/entre/juguetes rotos/ se desgañita llorando,/ hambriento y mojado,/ la húmeda boca abierta,/ los ojos vidriosos de lágrimas,/ mirando/ cómo la bestia de las dos espaldas gruñendo convulsa se revuelca/ intentando devorarse a sí misma./

Podría entenderse esta bestia, como la ambigüedad, la no claridad, la angustia de no saber quién está provocando toda esta destrucción. Por tanto, en la poesía de Millán, encontramos: “(…) una tendencia a los recursos de lo que podemos llamar con propiedad el feísmo estético, la destrucción casi patológica de los espacios de amparo de la cotidianidad y el distanciamiento expresivo, o la búsqueda de una interioridad neutral para referirse a los elementos del mundo” (Galindo 2004). El resultado, finalmente, se enfoca a la prominencia de una mirada capaz de exponer el estado de una situación crítica, señalando a la vez, la incapacidad del lenguaje verbal para reflejar esa realidad. Hay una mordaza que el hablante lleva consigo, y no le permite decir lo que le gustaría expresar. Un aspecto sumamente significativo durante la postvanguardia chilena, en donde, nuevamente vuelve a resurgir la idea que: “La postvanguardia es el resultado de la desconfianza en el lenguaje y sus trampas, en la retórica inflamada y mesiánica. Dedicada a desestabilizar otros sistemas discursivos por medio de la parodia, la ironía, el silencio y, sobre todo, de la crítica al propio discurso, la poesía se convierte en contralenguaje” (Galindo 2007)

Finalmente, señalar y destacar la manera en cómo Millán fabrica la imagen de un espacio destruido, y al mismo tiempo lo conecta con la vida en la ciudad. El espacio urbano, roído por la miseria del hombre víctima de una dictadura, quien escapa y huye de una amenaza inminente, son los tintes que adquiere este cuadro observado y testificado por el poeta.

El poeta, como ente mesiánico, es sumergido por la destrucción. Ya no es capaz de socorrerse ni él mismo, porque se le mira con recelo y odio, por tanto, la palabra sale atrofiada. Todo cae, menos el tirano: Otoña en la ciudad./Las hojas enrojecen./Las hojas amarillean./Caducan las hojas./Las hojas caen./La hojarasca es inútil./No cae la Junta./El tirano no cae. (…)(Poema 7 “La Ciudad”) Y este otoño, se hace eterno, y las “hojas rojas flotan en el río”, escena de muerte, que describe la sangre fluyendo por el río, mientras la fuerza destructora continúa eliminando, y cortando más hojas, más vidas. La triste vida se torna cíclica, pasan los días y el poeta como ente observador, atónito frente a lo que ve, no puede solucionar nada. Y su lengua muere, junto a tantas otras víctimas.

CONCLUSIONES

Culminando esta apreciación general a alguno de los poemas que considero más emblemáticos de Gonzalo Millán, reitero el énfasis que le entrega al tópico de la mirada para exponer un estado externo que lo aqueja. La voz poética que construye, disfruta de una simpleza, cuyo motivo esencial es, dar a conocer lo que existe tal cual como se le presenta. Ésta goza de un gran dinamismo, en cuanto que logra situarse en diversos escenarios, a la vez de permitirle graficar algo que va mucho más allá que el poema.

 Desde esta perspectiva, el poema concreto, objetual, simple, carente de metáforas, y por sobre todo, centrado en la mirada, es una forma de manifestar en contra del poder supuestamente salvador, que se le atañe a la palabra. En este sentido, la palabra ya se torna inútil, no logra manifestar la visión de un hablante con un inmenso pesar humano. Lo que ve, le provoca miedo, desolación. Los objetos están en constante caos y movimiento, y él es un espectador afásico, y el ojo es quién en definitiva, transcribe y reproduce.

Y es en la ciudad, donde el caos se manifiesta con mayor énfasis. La ciudad es el gran cuadro observado por este poeta, que recurre a un hablante enmudecido, y salvaguardado por la mirada. La mirada es lo que lo ata a la muerte de los objetos, y la simpleza y sequedad, son los elementos estéticos que le quedan. En otras palabras, el espacio urbano constituye la metáfora que el lector debe inferir, respecto a un espacio ampliado, y que en grandes rasgos, es el país completo.

Por su parte, la fealdad y el apocalipsis, aparecen como aquellos rasgos que describen los versos de Millán con mayor fuerza. La enumeración, como el soporte que remarca la vaciedad de vida en esta ciudad, es la figura retórica que aparece con antonomasia. Los objetos están en todos lados, en una casa, en la calle, el mar. Los objetos representan también a las personas, que sin lugar a dudas, son vistas como objetos por el tirano.

Para terminar, remarcar el vinculo de Millán con la poesía de postvanguardia. Patente representante de la generación del 60, que trae consigo la imagen de la primera vanguardia; con la expansión de los códigos expresivos, y una constante transmutación del lenguaje. Ahora, sin embargo, con algunas nuevas perspectivas en cuanto a la posición del poeta frente, a lo que le toca asumir. Su mirada va a ser la pluma que devele la realidad circundante, y su rol político va a verse reflejado en una fría descripción de elementos, que, sin duda alguna, constituyen el apocalipsis de su lenguaje y su poder mesiánico.


ANEXO
Apocalipsis doméstico (Vida 1984)

Las sábanas regaladas para la boda
se gastaron y tienen agujeros.
Se quebraron los platos
en escaramuzas domésticas.
Las tazas están saltadas y sin asas.
Se perdieron tenedores y oxidaron
los cuchillos del servicio inoxidable.
La juguera está descompuesta.
Y empeña la sortija de diamantes.
En el tablero del calendario
están todos los días tarjados.
Al reloj se le acabó la cuerda.
Se acabaron el té, el café,
el pan, la mantequilla.
Quedan solo unas gotas de aceite.
Vacíos cascarones, de los huevos.
En el refrigerador hay solamente
una mitad de cebolla estreñida
y una mamadera con leche agria.
Una laucha oculta en su cueva
roe los restos de un terrón de azúcar.
La estufa se apagó anoche
después de consumir su combustible.
Cortaron el teléfono
y pronto cortarán la luz.
Quedan tres o cuatro ampolletas
indemnes en toda la casa.

Las velas se convirtieron en cabos.
Se terminó el papel higiénico
y el excusado está tapado
con pedazos de papel de diario.
Se desvanecerá el jabón
en la próxima lavada de manos.
La peineta perdió otro diente.
La trizadura del espejo es otra arruga.
No queda ropa limpia.
Hay pañales sucios en la tina.
Se le cayó el último botón
que le quedaba a la camisa.
En la superficie de la mesa,
impresiones de pequeñas manos,
baberos, platos sucios
con migajas y raspas de pescado.
Vasos con secas borras moradas.
En la frutera vacía,
dormita ovillando el gato.
El auto viejo estacionado afuera
no arranca desde hace meses o años.
Inmóvil descansa con sus ejes,
sobre pilas de piedras y ladrillos.
Le robaron los neumáticos, los focos
y cada día lo despojan de nuevas piezas
como un gran insecto muerto
que devoran invisibles hormigas.
El jardín está exuberante, lozano.
Invadido de malezas que asfixian las plantas.
La manguera serpeante es invisible.
Se escapó de su jaula el canario.
Y el pez de color se ahogó
y quedo flotando panza arriba
en el agua turbia de su redoma.
El perro royó a la siga de una perra.
El lechero ya no trae leche a casa,
ni el suplementero reparte periódicos.
El cartero trae sólo cuentas impagas.
Sobres con ventana que nadie abre.
Los acreedores golpean largamente,
pero nadie abre, nadie responde.
El basurero pasa dos veces por semana,
pero lo hace demasiado temprano.
En el patio los tarros desbordantes hieden.
El televisor encendido sin sonido
arroja movedizas sombras
sobre el suelo entalcado
por el yeso que llueve desde el cielorraso.
Un niño en un corral de palo,
entre juguetes rotos
se desgañita llorando,
hambriento y mojado,
la húmeda boca abierta,
los ojos vidriosos de lágrimas,
mirando
cómo la bestia de las dos espaldas
gruñendo convulsa se revuelca
intentando devorarse a sí misma.

La Ciudad (2007), Gonzalo Millán

1.

Amanece.
Se abre el poema.
Las aves abren las alas.
Las aves abren el pico.
Cantan los gallos.
Se abren las flores.
Se abren los ojos.
Los oídos se abren.
La ciudad despierta.
La ciudad se levanta.
Se abren llaves.
El agua corre.
Se abren navajas tijeras.
Corren pestillos cortinas.
Se abren puertas cartas.
Se abren diarios.
La herida se abre.

Sobre las aguas se levanta niebla.
Elevados edificios se levantan.
Las grúas levantan cosas de peso.
El cabrestante levanta el ancla.

Corren automóviles por las calles.
Los autobuses abarrotados corren.
Los autobuses se detienen.
Abren las tiendas de abarrotes.
Abren los grandes almacenes.
Corren los trenes.
Corre la pluma.
Corre rápida la escritura.

Los bancos abren sus cajas de caudales.
Los clientes sacan depositan dinero.
El cieno forma depósitos.
El cieno se deposita en aguas estancadas.

Varios puentes cruzan el río.
Los trenes cruzan el puente.
El tren corre por los rieles.
El puente es de hierro.
Corre el tiempo.
Corre el viento.
Traquetean los trenes.

De las chimeneas sale humo.
Corren las aguas del río.
Corre agua sucia por las cloacas.
Las cloacas desembocan en el río.
Las gallinas cloquean.
Cloc cloc hacen las gallinas.
De la cloaca sale un huevo.

El río es hondo.
El río es ancho.
Los ríos tienen afluentes.
Los afluentes tienen cascadas.
Los afluentes desembocan en el río.
Las avenidas son anchas.
La calle desemboca en la avenida.
El río desemboca en el mar.
El mar es amplio.

OBRAS CITADAS


  • Escritores y poetas en español. Archivo de Gonzalo Millán. 2010 [citado 2010-06-16], Disponible en:
  • Hernández O, Biviana. Gonzalo Millán y la subjetividad fragmentada del autorretrato. Estud. filol. [online]. 2008, n.43 [citado 2010-06-16], pp. 115-130. Disponible en: . ISSN 0071-1713. doi: 10.4067/S0071-17132008000100008.
  • Galindo V, Oscar. Palabras e imágenes, objetos y acciones en la postvanguardia chilena. Estud. filol. [online]. 2007, n.42 [citado 2010-06-16], pp. 109-121. Disponible en: . ISSN 0071-1713. doi: 10.4067/S0071-17132007000100007.
  •  Galindo V., Oscar. Neomanierismo, minimalismo y neobarroco en la poesía chilena contemporánea. Estud. filol. [online]. 2005, n.40 [citado 2010-06-16], pp. 79-94. Disponible en: . ISSN 0071-1713. doi: 10.4067/S0071-17132005000100005.
  • Galindo V., Óscar. Distopía y apocalipsis en la poesía de Óscar Hahn y Gonzalo Millán. Anales de la Literatura Hispanoamericana. [online]. 2004, n. 33 [citado 2010-06-16], pp. 65 – 76. Disponible en: http://revistas.ucm.es/fll/02104547/articulos/ALHI0404110065A.PDF
  • Guerrero, Pedro P. 1995. Gonzalo Millán: “La metáfora no me interesa en absoluto”. El Mercurio. Revista de Libros.
  • Millán, Gonzalo. 2005. Autorretrato de memoria. Santiago de Chile: Universidad Diego Portales.
  • Millán, Gonzalo. 2007. La ciudad. Editorial Grupo Norma. Chile
  • Morales, Andrés. Descripción de LA CIUDAD y su tiempo por los poetas y la poesía: el caso chileno. Lit. lingüíst. [online]. 2001, n.13 [citado 2010-06-16], pp. 55-62. Disponible en: . ISSN 0716-5811. doi: 10.4067/S0716-58112001001300005.
  • Onetto Muñoz, Breno. Una mirada escéptica a la poesía concreta: Eugen Gomringer: ¿publicista o poeta? Estud. filol. [online]. 2004, n.39 [citado 2010-06-17], pp. 191-202. Disponible en: . ISSN 0071-1713. doi: 10.4067/S0071-17132004003900012.