sábado, 29 de abril de 2023

Crítica literaria: No reinas (2022) de Bernardita Bravo: “Los niños no saben de futuro”.

Imagen tomada de El Mostrador.cl


No reinas (2022) es la primera novela de Bernardita Bravo (Santiago, 1980), quien antes había publicado los cuentos Estampida (2018). En esta entrega hay una indagación de los límites de lo femenino y el rechazo a la maternidad. Una trama compleja sobre una mujer que trabaja en un motel a las afueras de un pueblo perdido llamado “Potreritos”, que ha matado a su hijo de tres años sin motivo aparente. Y, sí, presurosamente podría mencionar algunas autoras que utilizan estos tópicos con un sino trágico en sus obras como María Carolina Geel, Lina Meruane, Diamela Eltit, Pía Barros, Alia Trabucco y la poesía Rosabetty Muñoz. La lista es más amplia.

 Un fugaz romance con un joven en el cementerio de automóviles toma en consecuencia, un hijo no deseado. Las asistentes sociales acompañan e intentan persuadir a la joven embarazada que no aborte. En la narración se desarrolla la extrañeza de los sueños del infante Cristóbal, la inocencia en los juegos y la seguridad que otorga –en este caso– la madre, incluso en el momento del ahogamiento en la tina hace que esté presente lo tétrico y la locura. Hechos que no quedan impunes en la legislatura ni tampoco en el círculo familiar, porque probablemente se necesita de un mal día para perder la cordura.

 El volumen utiliza un narrador testigo, focalizado en la protagonista, que indaga en las motivaciones de este parricidio, y al igual que con el caso de Medea, nos preguntamos: ¿qué clase de madre mata a su hijo? Asimismo, es necesario plantear que esta crónica roja tiene tintes de novela negra al entregar detalles precisos y sin adornos sobre el delito. Se observa que hay una oscuridad narrativa que radica en la rutina, en el cotidiano y el torbellino en un municipio perdido. Es decir, lo macabro no está en lo nocturno o criaturas fantasmagóricas, sino en la ausencia de la conciencia del sujeto.

 La obra también critica el sentido del espectáculo con la llegada de la televisión buscando informar esta noticia de alto impacto y el debido morbo de los televidentes, siendo un festín entre la población que participarán con ínfimos detalles sobre la vida de la madre infanticida y que poco alcanzará a abordar sobre el delito.

 En la cárcel, la madre, es acosada por algunas reclusas, mientras las más veteranas como Gina le prestan un poco de colaboración. Emeá como la llamarán en el confinamiento, hurgará sobre distintos hechos que marcaron su infancia: la pérdida de su hermana Ana, el estado de locura de la madre tras la pérdida, las ausencias del padre, la llegada de la hermana política “Chivi” y el deseo de maternar.

 Aunque la representación de los diálogos de las presidiarias no está en parte lograda, No reinas realiza una reconstitución de escena en diversos planos sobre la historia de la victimaria. De una manera sutil y sin entregar compasión construye un viaje que juega con los desplazamientos temporales y con las realidades de las personas más cercanas, lo que permitirá al lector no quedar indiferente frente a los hechos.

 

No reinas

Bernardita Bravo Pelizzola

Novela, 2022

Alfaguara

150 páginas.-

 


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lunes, 3 de abril de 2023

"Mi exilio dorado" (2021) de Marco Fajardo: el problema chileno.

 


El volumen inicia con el epígrafe de Patricio Guzmán que señala: “Yo quedé atrapado por el problema chileno a partir del golpe de Estado”. Este legado no significa estar detenido, sino que, es un bien inmaterial que ha redefinido a Chile en todas las facetas existentes del provenir de las generaciones y que tras cincuenta años todavía provoca amargura.

La quinta obra de Marco Fajardo (Dresde, 1976), Mi exilio dorado (LOM, 2021), revisita el periodo dictatorial y la democracia tutelada que formaron parte de la etapa de crecimiento de los hijos de familias que fueron exiliados. Así, desde la memoria novelada, la historia íntima y la examinación del pasado existe la emergencia del relato situado en la extrañeza de vivir y cubrir periodísticamente este país. Y no es para menos, si la voz narrativa afirma que: “Mi madre fue la que volvió. Yo llegué a Chile…Cuando terminó el exilio de mi madre, comenzó el exilio de nosotros, sus hijos”.

Estamos frente a la literatura de los hijos que vuelven a vivir la patria consanguínea. Por lo que, el cuestionamiento hacia ellos está presente con mayor sutileza sobre la toma de decisiones, muy distinta al modo en que se dirige a la particular sociedad chilena llena de contradicciones y desmemoria. En la que encontramos alta hipocresía y “una democracia pasada a lacrimógena” como explicita el relato.

Esta obra tiene nueve capítulos y un epílogo en la que observamos párrafos de extensión irregular, una historia fragmentada tanto en el fondo como la forma y haciendo énfasis en la correlación personal junto al contexto histórico. Además, utiliza elementos reconocibles, marcas, gestos y conmemoraciones instauradas por la dictadura chilena que desconciertan a los retornados: las monedas de diez pesos, la avenida de Providencia, la llama de la libertad en Paseos Bulnes y pagar el arancel universitario cuando las mismas autoridades estudiaron gratis. Estas pistas hacen reconocible el proceso cultural pinochetista que significa borrar cualquier aspecto del país antes del golpe de Estado, es decir, modelos de comportamiento y de desarrollo interpersonal que son replicados en los puestos laborales como signo de El volumen inicia con el epígrafe de Patricio Guzmán que señala: “Yo quedé atrapado por el problema chileno a partir del golpe de Estado”. Este legado no significa estar detenido, sino que, es un bien inmaterial que ha redefinido a Chile en todas las facetas existentes del provenir de las generaciones y que tras cincuenta años todavía provoca amargura.

 

La quinta obra de Marco Fajardo (Dresde, 1976), Mi exilio dorado (LOM, 2021), revisita el periodo dictatorial y la democracia tutelada que formaron parte de la etapa de crecimiento de los hijos de familias que fueron exiliados. Así, desde la memoria novelada, la historia íntima y la examinación del pasado existe la emergencia del relato situado en la extrañeza de vivir y cubrir periodísticamente este país. Y no es para menos, si la voz narrativa afirma que: “Mi madre fue la que volvió. Yo llegué a Chile…Cuando terminó el exilio de mi madre, comenzó el exilio de nosotros, sus hijos”.

 

Estamos frente a la literatura de los hijos que vuelven a vivir la patria consanguínea. Por lo que, el cuestionamiento hacia ellos está presente con mayor sutileza sobre la toma de decisiones, muy distinta al modo en que se dirige a la particular sociedad chilena llena de contradicciones y desmemoria en la que encontramos alta hipocresía y “una democracia pasada a lacrimógena” como explicita el relato.

 

Esta obra tiene nueve capítulos y un epílogo en la que observamos párrafos de extensión irregular, una historia fragmentada tanto en el fondo como la forma y haciendo énfasis en la correlación personal junto al contexto histórico. Además, utiliza elementos reconocibles, marcas, gestos y conmemoraciones instauradas por la dictadura chilena que desconciertan a los retornados: las monedas de diez pesos, la avenida de Providencia, la llama de la libertad en Paseos Bulnes y pagar el arancel universitario cuando las mismas autoridades estudiaron gratis. Estas pistas hacen reconocible el proceso cultural pinochetista que significa borrar cualquier aspecto del país antes del golpe de Estado, es decir, modelos de comportamiento y de desarrollo interpersonal que son replicados en los puestos laborales como signo de profesionalismo y competencia en el área productiva.

 

Mi exilio dorado es el recuento de hijos de refugiados que participaron en la experiencia de la Unidad Popular y por corresponder a la Historia latinoamericana, la dictadura y sus secuaces promovieron la dispersión de miles de familias por el mundo. A diferencia de lo que gente ve como una oportunidad de crecimiento, de auto-ayuda; el regreso desde los años noventa de parte de la diáspora chilena ha promovido una incomodidad de pertenecer a este país lleno de contradicciones, humor negro y frustrante. En un país que gusta de la libertad y se complace en la omisión, este visitante examina lo que hemos hecho, hemos heredado y cómo es necesario hacer frente al problema chileno de la memoria en la apabullante contingencia de Santiago de Chile.

Mi exilio dorado. Marco Fajardo. 2021 Lom ediciones 123 páginas.

Mi exilio dorado. Marco Fajardo. 2021 Lom ediciones 123 páginas.

martes, 7 de marzo de 2023

Esto no es plan Z: Gumucio cringe en «Hotel Montana»

 


Hotel Montana y otros cuentos (2021) de Rafael Gumucio (Santiago, 1970) está integrado por nueve cuentos y un posfacio en el que despliega lo aprendido en las lecturas del canon latinoamericano del cuento. Sin embargo, no basta con emularlos si la autonomía del mensaje que instala en el universo literario se basa en frases como temer a dos guardias haitianos. El narrador en su perturbación mental, afirma: “su hambre, su odio de espectros sobre los espectros a punto de matar a esa mujer solo porque es blanca, solo porque tienen esa fuerza, solo porque no saben qué otra cosa hacer que matar a palos lo primero que encuentran”. ¿En serio el mundo que escenifica el autor va a repetir patrones anticuados como la ilusión de la superioridad moral de un país sobre otro? ¿La xenofobia, el tema de clase social, entre otros, pueden prevalecer en este siglo XXI? Esto no es plan Z, ni las columnas publicadas en distintos medios.

Este libro tiene historias familiares, no obstante; la relación con la madre es un tópico de nunca acabar. Especialmente en el relato “Una explicación”, porque configura el hijo dictador de emociones hacia la progenitora inestable. Reparando en el sentir tras un rompimiento amoroso y maltratándola sin tapujos: “Solo hay una cosa peor que ver a mi madre enamorada, y es ver a mi madre abandonada (…) Yo pensé que esta vez había madurado, que había aprendido su lección”. En el desarrollo del eterno diálogo del hijo con la expareja, emergen dos personajes precarios, en una escritura simple y una rígida narrativa que se pierde en el desenlace.

La literatura de Gumucio constantemente ha intentado indagar en el significado de lo femenino desde la masculinidad, con espantosos resultados como narrador menoscabado y timorato. Aunque a muchos les parezca cándido, no es más que una extensión lúgubre del deseo resentido. En efecto, estos cuentos resumen un cuarto de siglo dedicado a la escritura en paralelo a las novelas. A diferencia del trabajo de las memorias familiares donde evidencia clase social, exilio, etc. y hay mayor soltura como en Mi abuela, Marta Rivas (2013), esta nueva entrega no contiene irreverencia, inteligencia ni menos el humor del que alguna vez alardeó. Careciendo de estos elementos, solo va quedando un esqueleto rudimentario que ya ha sido leído antes.

En “La música de los vecinos”, Mario Vergara y Catalina prueban un queque de marihuana; el protagonista explora sus propios miedos y entra en una vorágine inaudita. De esta manera extiende su amplio campo técnico para llenar el relato con diálogos directos y estáticos, porque su desparpajo imaginativo es un delirio que sitúa al protagonista en la voz de Catalina, a modo de espejo/reflejo de sí mismo: “Sal de aquí, sal, hijo de puta. ¡Estás loco, completamente loco!”. Lo que claramente refrenda lo dicho en esta crítica.

El resto de los cuentos sobre el exilio en “Amapola” y “una niña completamente rubia”, de situaciones cringe (morir de vergüenza) en “la puerta” y “I understand”, tienen una estructura, a estas alturas, ya comprobadas y mediocres en el que los personajes se meten en problemas corrientes y, por alguna suerte, salen airosos.

Hotel Montana y otros cuentos de Rafael Gumucio tiene el mérito de ser considerado entre los mejores peores libros del año, superando holgadamente al defenestrado libro Demonio de Roberto Ampuero. Un intelectual mercenario con derecho a resucitar en Chile. Esta obra representa no solo una narrativa anacrónica, sino también, un entusiasta libro de ficción de baja calidad donde el papel impreso tiene más valor.

 

Hotel Montana y otros cuentos

Rafael Gumucio

Literatura Random House

152 páginas.

Precio de referencia $12.000

Isla Queja de Daniela Senn: Vida, pasión y pellejerías de una joven universitaria

 


Tras publicar el libro de poemas En extinción (Editorial Lingua Quiltra, 2008) y la revista El Megáfono (2005-2009), junto al colectivo del mismo nombre, Daniela Senn (Santiago, 1986) lanza su primera novela, Isla Queja (Editorial Cocorocoq, 2022). En esta edición, la poeta y antropóloga, recuerda su experiencia vital al servicio de la autoficción.

La estrategia pareciera buscar mayor conexión con el lector/la lectora a través de un personaje femenino que imprime sus vivencias: las pellejerías siendo universitaria, el reconocimiento del miedo a las lavadoras, el embelesamiento por un intelectual, los cambios de estilo de vida y gustos musicales (hay un código QR para difundir una lista de música de la autora). Lo anterior, nos permite leer con mayor aceptación un juicio ácido sobre la cotidianidad local.

Uno de los puntos altos de la historia es la forma cómo eslóganes comerciales como la “magia del sur” y/o “Valdivia, la perla del sur” se ven destronados. En este mismo sentido, ocurre con los estereotipos que tienen los europeos de los latinos que nos creen una cultura exótica y de reciente civilización, es decir, medianamente bárbaros. Mientras ellos nos miran de esta manera, acá hay una nostalgia patrimonial por la cultura de la colonia blanca en Valdivia que los sitúa de lo que tenemos.

La joven de iniciales “D. S.” se enfrenta a distintos niveles de violencias, algunas sutiles y otras groseras, ya sea de clase, misóginas o racismos. Sin embargo, la estudiante de Antropología en la universidad del sur utiliza la clave cultural de la sátira para mantener un ojo crítico en las ciudades y las culturas donde se desenvuelve. Así lo asegura la narradora en primera persona: “Pensaba que los poetas eran lo peor, pero, lo cierto es que ellos apenas me iban a abrir los ojos. El camino estaba recién empezando”.

Además, entiende y juzga la la precaria situación de vivienda para universitarios y la evolución del patrimonio alemán que ha mantenido la comunidad valdiviana: “Las ciudades universitarias inventan maneras de cobijar a toda su joven población flotante de bajas expectativas y Valdivia, un centro de aspiración europea que buscaba hacer las paces con su presente en decadencia, no era la excepción».

El libro se divide en dos grandes partes; la primera, situada en Valdivia, y después, en Colonia, Alemania. A lo largo de once capítulos se evidencia un placer estético-político por la queja/descontento que protesta sobre el acontecer del pasado colonial europeo en Chile, y luego, cursando estudios doctorales siendo una sudaca en Europa, describe cómo somos estereotipados.

El discernimiento de la protagonista con distintos grados de madurez, busca diferenciarse de las personas que juegan a vivir y disfrutar el frío en la zona costera, de los intelectuales precarizados e inseguros ante cualquier actividad literaria que ellos no organicen y tengan la leve sospecha de que los están marginando. La aplicación teórica incluida en modo literario, se aleja de trabas conceptuales soporíferas, dando así frescura al relato. Detrás de la historia, florece una clase obrera intelectual con diplomas dispuesta a repensar Latinoamérica con fundamento europeo, pero que no son más que trabajadores inestables, con altas dificultades para lograr los objetivos básicos que tuvieron sus padres.

La narración no se focaliza en la naturaleza, tópico recurrente en mucha narrativa del sur. En cambio, desde un punto de vista doméstico surge la preocupación por el acceso a la calefacción hogareña cuando se cuenta con mínimos recursos, situando la novela en un contexto de crítica social.

Daniela Senn ofrece un personaje redondo, orgánico y móvil, que dará la cara ante la incomodidad que le generan sus interlocutores y sus múltiples modos de intentar pasarle por encima. En Isla Queja, hay plena conciencia de la descomposición de discursos oficiales, junto al desarraigo y la urgencia por sobrevivir en un medio rocoso, lo cual permite que esta obra destaque de otras contemporáneas y ombliguistas.

 

Isla Queja

Daniela Senn

Novela, 2022

176 páginas

Editorial Cocorocoq

Precio de referencia: $11.900

“Honrar al padre” de Bruno Serrano: Recuerdos de un GAP

 




Honrar al padre (Editorial Cuarto Propio, 2021) de Bruno Serrano Ilabaca (Chillán, 1943) nos acerca a una novela testimonial y/o crónica autobiográfica (los límites de las categorizaciones literarias son móviles), donde la memoria y los apuntes en cuadernos guardados son materiales fundamentales para desarrollar la juventud de este joven de Bellas Artes.

La historia comienza en la voz de un adulto que rememora a aquel estudiante de Humanidades, que al saber que el Che Guevara se encuentra en la sierra boliviana, deja Santiago para viajar en la trocha altiplánica e integrar la facción revolucionaria en el país vecino.

Mal le va con el propósito de liberación continental, porque es rechazado por los dirigentes debido a convicciones políticas incompatibles. Sin embargo, el narrador no se aflige por mucho tiempo y el poco espacio que le otorga a la emocionalidad del personaje, frente a grandes tragedias que no sean del acontecer político, es uno de los puntos bajos del volumen. No es el único ripio, porque en la corrección del texto está la persistencia de utilizar puntos suspensivos y la obstinación por las mayúsculas luego de dos puntos.

Respecto a la trama, mientras la política exterior de Estados Unidos convierte a la figura de Guevara en leyenda, el protagonista confiesa que “mi desastre existencial lo desatan los milicos bolivianos al ejecutar al Che” y buscará otras formas de redimirse con la conciencia histórica que significan las décadas revolucionarias en Latinoamérica.

Dicho esto, las condiciones políticas y el despliegue del MIR (en Santiago y Concepción) lo llevan a integrar el grupo de seguridad (GAP) que acompaña al Presidente Salvador Allende. Asimismo, comparte con el mandatario durante el período de asunción y los primeros meses en el cargo, relatando cómo tuvieron que adaptarse para desarrollar su trabajo, una que otra anécdota, el pensamiento en el accionar y el atractivo que provocaba la figura del político.

La primera guardia viajará a Cuba para formarse en la guerrilla, y el protagonista será destacado como líder de tres cuadros militares. A su regreso enfrenta los peligros tras el golpe de Estado, los movimientos de resistencia, la delación de excompañeros, la DINA y CNI. Hasta el reencuentro de camaradas durante los años noventa y dos mil, quienes deben cumplir con la última misión, autoconvencida y sin alguna cúpula de partidos de ajusticiar a uno de los tantos traidores a la patria.

La persistencia por la memoria ha recorrido buena parte de la obra de Bruno Serrano, no solo en la lírica con Poesía subterránea (1981), Exilios (1983) y Olla común (1984). A todo esto, el presente volumen está ligado a otro documento cultural del mismo autor titulado Exhumación del olvido. Cronología de la dictadura (Ceibo, 2013), investigación dinámica sobre la dictadura a través de comentarios, recortes de revistas y periódicos, siendo acogida y mencionada en la malla educacional del país.

Honrar al padre está dividida en tres grandes capítulos: el inicio hasta la reclusión en el Estadio Chile y Nacional; las múltiples formas de resistir y evadir el cerco de la policía secreta de la dictadura cívico militar; el retorno a la democracia y el cumplimiento de la última misión. Además de un breve epílogo y un glosario de chilenismos para los extranjeros. Se aprecia buena prosa, la historia es lineal, firmemente documentada y verosímil. Siempre con un hálito fatídico al futuro consabido, en los momentos de mayor tensión la frase se vuelve parca, breve, a veces enigmática, lo que provoca mayor interés del lector.

Los libros sobre movimientos revolucionarios generalmente están vinculados desde la metodología o las cúpulas de los partidos; todavía son contados los registros de voces principales que protagonizaron los hechos.

Hoy, en el umbral de los 50 años del golpe, estos testimonios continuarán por largo tiempo rememorando lo que significaron los movimientos revolucionarios. Es por eso que Honrar al padre es un material literario importante y honesto, que da cuenta de héroes que dieron su juventud para liberar al país y que actualmente observan con esperanza el porvenir en Chile.

 

 

Honrar al padre

Bruno Serrano

Editorial Cuarto Propio

2022

198 páginas

Precio de referencia: $12.000

domingo, 10 de julio de 2022

Crítica literaria: "La virgen de la Patagonia" de Jorge Baradit: una nueva debacle literaria

 


La novela La virgen de la Patagonia (2022) de Jorge Baradit (Valparaíso, 1969) se sitúa en el villorrio de Río Rojo, un conjunto de casas ubicadas en la Patagonia chilena, controlado por autoridades designadas; el cura, el alcalde y los militares, que están a la espera de la guerra con Argentina en 1978. En aquel poblado, los residentes quedan impactados por la aparición de una enigmática joven que es capaz de comunicarse con parientes fallecidos; por tal motivo, los feligreses la denominan “la virgen”. Precipitadamente, los carabineros la toman presa afirmando que se trata de una terrorista, una enemiga interna enviada por los comunistas y una espía con procedencia argentina. Dichos eventos provocan alto nivel de consternación en los habitantes, pero también en la deriva de la sublevación.

La mencionada “virgen” es solamente un elemento secundario ya que la verdadera protagonista es Marta Yagán. Estudiante universitaria de origen yámana que viaja desde Santiago al extremo sur del país para visitar a la abuela. La joven yamana representa la dicotomía cultural e identitaria en la búsqueda de los ancestros europeos e indígenas. En realidad, con la excusa de la visita familiar y dada la situación la encausarán en la búsqueda de los padres arrestados por los militares.

Otro aspecto significativo, son las recurrentes apreciaciones inverosímiles y sexualizadas entre personajes de un pueblo modesto. Tal como el encuentro de la abuela y la hija que no se ven durante mucho, cuyo primer comentario es sobre “lo crecidita” que está, aludiendo a su desarrollo corporal.

Como contraparte social está la matriaca Julia Kuzmanic, dueña de la villa, quien organiza a los subalternos para encontrar a su hija desaparecida, Mirka. Si bien el personaje de Julia está descrito tanto en lo ideológico mediante minuciosas perversiones, el narrador también tiene la misma perspectiva con juicios: “la tuvieron que sacar de encima del cadáver mientras se frotaba contra él y lo besaba de formas poco apropiadas” (52). Es decir, lo hacen desde una única mirada donde no hay oposición. En este sentido, cabe agregar que a estos personajes los diferencia la clase social, sin embargo, tienen el mismo perfil de la Quintrala.

En el mapa discursivo de Baradit, la exacerbación del universo esotérico que ha desarrollado bibliográficamente, abarca desde conspiraciones, cyborgs, distopías, planos astrales, la exhibición de lo gore, ovnilogía, indigenismo gótico y las particulares resonancias místicas vinculadas a la obra de Miguel Serrano. El caso de Raimundo es uno de ellos. Personaje ligado a la “Policía del Karma” y con mayor rango que militar de provincia, ensaya con cuerpos para decodificar impulsos eléctricos por sujetos de otra dimensión. Así, el racconto de aquel capítulo completo en referencia a un personaje que se mantiene a oscuras hasta muy avanzada la lectura, pero que comienza con un irrefrenable deseo de hablar de orígenes herméticos chilenos, reforzando la idea de justificar la perorata histórica. A diferencia de otros personajes, esta decisión queda desnivelada. Más aún, reafirma la posición donde da cuenta de sujetos vinculados con el esoterismo de ultraderecha en la que no critica la sociedad, sino que explora la posibilidad de un mundo elíseo y expectante. Un escenario ubicado en el intermedio de la tierra con una entrada ubicada en Chile, pero disponible solamente para los elegidos. La supuesta experimentación con los cuerpos, la materia y la carne que se narra con seducción y placer por la muerte, no es más que la alegoría al capitalismo salvaje. Es decir, el aprovechamiento de cada centímetro de personas dentro de la maquinaria para el beneplácito de otras con mayor poder.

La novela la virgen de la Patagonia es constituyente de una nueva debacle literaria en que se encuentra Baradit. No debería causar sorpresa la degradación ideológica que compone este volumen, porque construye una visión femenina redundante y con una mirada obscena que raya en lo chabacano. Además, utiliza un tono que intenta representar dinámicas del interior del país, pero rápidamente se transforman en un increíble desprecio hacia los habitantes de las provincias y pueblos originarios. Todo procedimiento es válido para el autor que recurre a discursos racistas y a los “hits” trasnochados para instalar la distopía y múltiples formas de violencias con la intención de buscar el sentido dorado de la Patagonia.

 

La Virgen de la Patagonia

Autor: Jorge Baradit

Editorial: Suma De Letras

N° de páginas: 332.

jueves, 7 de abril de 2022

Crítica literaria: Trocha (2021) Rodrigo Ramos Bañados.



“Sí, ahora que el racismo se pone de frente

Una aclaración que confunda tu mente

No es el peruano el que te quita el trabajo

No es el argentino que viene de abajo”

Tema “El otro extranjero” de Los Prisioneros.

 

En las primeras novelas Ramos Bañados (Antofagasta, 1973) desplegó una narrativa furibunda, abarrotada y de observación sobre cómo se desenvuelven las personas en ciudades como Calama, Antofagasta e Iquique. Dicha característica se atenuó cuando publicó Ciudad berraca (2018), donde la escritura punk se transformó en una forma de escritura reposada y secuencialmente estructurada. Nos presentó el libro peinado, bien portado y formalmente vestido. Tras esto, aparecieron crónicas relevantes del norte profundo como Tropitambo (2018) abarcando diversas comunidades e historias del norte que traen al lector culturas e identidades que se desconocen en la comunidad chilena. Así, en la narrativa de Ramos Bañados, las ciudades han sido continuamente centros de migración, sujetos de tránsitos y no es extraño regresar con este nuevo libro.

Trocha (2021) nuevamente comprueba este imaginario del migrante periférico, marginado y precarizado en el contexto del post-estallido chileno y lidiando en la pandemia, convirtiendo este volumen en un relato híbrido de narrativa autoficción, crónica, entrevistas, ensayo, cartas y libreta de apuntes sobre las expresiones fascistas de los chilenos.

Este breve libro de noventa páginas contiene veintitrés capítulos, donde encontramos al protagonista haciendo de profesor en un reemplazo en un colegio particular subvencionado que recibe estudiantes del campamento: “Mis alumnos eran colombianos, peruanos, bolivianos, argentinos, ecuatorianos, venezolanos y chilenos, en ese orden y por cantidad”. Dicha jefatura recoge apreciaciones sobre el futuro de los jóvenes y el ejercicio de la docencia. Hay recuerdos del joven universitario estudiando periodismo que intenta dialogar con cholas en la frontera de Visviri y Colchane en la década del noventa. Además, da cuenta de personas que sobreviven a la pandemia comprando carros de alcohol mientras la convivencia sentimental y el machismo transita hacia el declive. La construcción de perfiles de venezolanos con parejas embarazadas que cruzan la frontera de campos minados con la fe ciega en Chile porque: “Queremos que nuestros hijos crezcan en este país que es el mejor al que se puede optar”. El cronista que frente al encierro pandémico, necesita recorrer el casco histórico de Antofagasta o Iquique, y compartir un momento en los bares hasta el infame desalojo de la plaza Brasil en Iquique.

La xenofobia y nacionalismo ha sido un tema histórico mediante la presencia de la Liga Patriótica, que vendría siendo el Ku Klux Klan chileno que marcaba locales, impedía el desembarco de latinoamericanos y los correteaban geográficamente a principios del siglo XX.

No es que nos separe la raza, sino la clase social: “Antes de la llegada de los colombianos, Antofagasta se jactaba de ser una ciudad de inmigrantes. Había calles y edificios en honor a los inmigrantes”. La diferenciación de este tipo de migrante es principalmente el acceso a recursos tangibles de subsistencia, y tras la solución de la carestía comienza la influencia en el conjunto de la urbe. Como la europea llegó con poder adquisitivo la influencia es mayor que la latinoamericana. Los mismos cuando salimos del país reconocemos que tenemos un idioma en común, y, sin embargo, también han formado parte de nuestras alegrías y derrotas como nación.

El narrador reportea en terreno los venezolanos que salen del país y cruzan cuatro fronteras para llegar a Iquique, Calama, Antofagasta, Santiago, Talca en busca de comida y surgir. De igual forma, los entrevista, recoge los testimonios y expone. También sigue las rutinas de campamentos improvisados que se instalan al lado del río Loa o en otros sectores, como la plaza de Brasil en Iquique que fue desalojada y quemada por un grupo de chilenos descontento por tener tan cerca la pobreza. Este acto de odio migratorio comprueba que el fascismo está más cerca de lo que uno cree.

La escritura de Ramos Bañados tiende a estar hastiada por el tedio del encierro pandémico, pero motivada por recoger las palabras de los venezolanos y colombianos. Con una mirada crítica de quienes producen y promueven la discriminación, en Trocha privilegia la mirada hacia personas y familias con niños, que no tienen más que la propia humanidad ante la necesidad de obtener dinero legal mediante trabajos estacionarios para indocumentados, sin contratos ni protección. Finalmente, este libro es uno de los pocos que retratan manifestaciones chilenas de discriminación en la literatura local.

martes, 29 de marzo de 2022

Crónica. Ritos parroquianos: 50 años de La Valdiviana.

Para los que conocemos al dedillo Valdivia, uno de los lugares ineludibles es la picada tradicional La Valdiviana. La experiencia es gastronómica chilena, cazuela de ave o carne y sopaipillas.


Por Gonzalo Schwenke


Una deliciosa cazuela de ave o carne que nadan en la olla caliente con choclo junto a sopaipillas recién hechas en una fuente de greda acompañado de un caldo de ají verde, cilantro y cebollas picadas, es la especialidad de La Valdiviana. Actualmente, después de la pandemia, funciona solo de día, pero la épica era de noche, las personas pasaban a “bajonear” y a “revivir” gracias a las exquisitas sopaipillas con caldillo picante.

Desde que vivo en Santiago son muchas las personas y colegas que visitan Valdivia. Las amistades solicitan datos de alojamiento en verano o invierno, y claro, aprovecho de darles algunos consejos si es que el clima no acompaña. Para quienes lean esta crónica y no sean de la zona, hay que recordarles que la gente no se guarda porque llueva torrencialmente, por lo que es natural llegar con la ropa estilando y pisar el aserrín desplegado en la entrada para contener la lluvia. Eso sí, el paraguas no sirve demasiado y es deporte para el viento doblar las varillas. 

Un caldo democrático

¿Qué tiene de especial La Valdiviana? Un plato como si lo hicieran en casa, las sopaipillas son imperdibles. Un caldo democrático como en las cocinerías de Angelmó en Puerto Montt, en el que compartes con asiduos clientes trabajadores/as: empleados con overol, vendedores, transportistas, oficinistas, familias y universitarios suelen ser comunes. Y finalmente, que se mantenga en el tiempo a través de las visitas de los clientes. Así llegamos, corriendo la voz sobre la cazuela deleitosa.

Una casona con estacionamiento retirada de la feria fluvial y de la plaza de la República, pero que forma parte del barrio comercial Plazuela Berlín ubicado en Errázuriz 1785. Y claro, no tiene el ambiente que han desarrollado otros locales ruidosos y brillantes para el mundo que ha derivado hacia una estética de Instagram.

Muchos llegan por el dato y comentario de otro que ha presenciado el vigor de estos platos. No alcanzo a recordar cómo llegué al último santuario gastronómico, quizás una vecina poeta repetía como rezo. Lo que sí es cierto, es que este nombre emerge como un susurro en las bocas valdivianas más arraigados a la tierra.

Hubo un tiempo en que me dejaba caer en el trasnoche, como buena provincia el tiempo parecía lento y monótono, pero cambiaba notablemente cuando llegaba el plato humeante. Dedicación exclusiva en disfrutar las sopaipillas con una sopa llenadora y picante. Ideal para Valdivia y con altas resonancias para calentar el estómago y contentar el espíritu en el invierno lluvioso.

Cuando los poetas observan el país y no se ensimisman, aparecen poemas importantes como la del licantenino Pablo de Rokha, quien escribió sobre la gastronomía del pueblo en Rotología del poroto

“Son famosos e ilustres comidos fiambres en ciudades lluviosas, cuando los tejados de junio y julio lagrimean la madrugada, y está crujiendo el navío del invierno como el pantalón de un Dios apuñalado trágicamente, después de haber saboreado aquella gran chupilca democrática del parroquiano”.

Estos versos llenos de vehemencia representan parte de la alimentación de las clases populares y, al igual que el poroto, la cazuela es más que un plato hondo fundamental de la patria, es un símbolo culinario de la gran mayoría de chileno que se precie como tal.

Quinta de recreo

En un día sin asunto tomo el taxi y le indico la misión exclusiva de ir al local de Errázuriz, el se sorprende y con extrañeza descubre que la fachada de la casa habitacional es una picada culinaria. En la aplicación la dirección lo indica sin dificultad. Y sin embargo, es más fácil identificar a otro viejo clásico valdiviano: “Provisiones Órdenes”, la casa de color amarillo y azul que se ha transformado en un ícono desde 1973. Muchos de estos locales señalan que sus mejores periodos han sido cuando estuvo abierta la Estación de Trenes que transportaba a los pasajeros de los pueblos del interior como Huellelhue, Pishuinco, Antilhue, entre otros, y que venían a proveerse de lo necesario para el mes.

Me bajo, observo si hay movimiento dentro, la puerta está abierta de par en par y la señorita de turno explica que tienen las mesas ocupadas a la hora del almuerzo, que pronto me atenderán. Lo primero que se ve es la patente de alcohol “quinta de recreo” rol 4-251, clase G. La casona está dividida en dos grandes salones divididos por una escalera que da al segundo piso. Múltiples mesas para seis personas con manteles de plástico y sillas. Es un lugar rústico que se ha mantenido en el tiempo, porque desde el inicio de actividades recibía a las personas que se bajaban en la estación de trenes ubicada a pocas cuadras.

Hablo con Sabino Martin, el hijo del dueño que se hace cargo del local desde la muerte del padre. Cuentan que inició sus funciones en octubre de 1976 con un ambiente familiar. Casi una década después, al ampliarse las libertades nocturnas, el dueño encontró su nicho abriendo de noche, hasta que las restricciones de la pandemia lo obligaron a volver al horario diurno. Durante esos días aciagos, los vi atendiendo desde la ventana mientras muchos clientes llevaban sus propias ollas para reducir el contacto estrecho y el riesgo de contagio.

Muchas veces he visto a Martin sentado en el mesón, con la antigua caja registradora al costado como una reliquia de una memoria subterránea que continúa estando presente. Aquello, más la falta de ambientación musical, mientras se escucha malamente una radio o la televisión de pantalla ovalada que sintoniza la TV en el canal nacional, y los convidados cabeza gacha comiendo en silencio hace viajar a otra época. Ahora con la tecnología están pegados a los móviles cegados por imágenes aleatorias. Quizás esas pequeñas costumbres de pueblo, me recuerdan la sana costumbre de que te regalen el calendario anual con la imagen de unos animales y que incluye el recordatorio de este lugar patrimonial aún no reconocido.

Pablo de Rokha dejó dicho que: “la cazuela de ave requiere aquellas piezas soberbias y asoleadas de los pueblos costinos, el mantel ancho y blanco y la gran botella definitiva y redonda, que se remonta a los tiempos copiosos de la abundancia familiar y cuyo volumen, como por otoños melancólicos ciñéndose, recuerda los cuarenta embarazos de la señora”, en la Epopeya de las comidas y bebidas de Chile.

Por su condición de estar en la mitad de la ciudad, de no innovar en decoración u otras posibilidades de marketing, La Valdiviana se ha convertido en más que un refugio que contiene un pasado, un patrimonio debido al boca a boca como efecto reconfortante entre la población. Algo debemos estar haciendo mal como para no reconocer este sabor enjundioso y cotidiano de la cocinería sureña, es una de las cocinas populares más importantes en el sur y con tremendo bajo perfil como patente de quinta de recreo, y que este año cumple 50 años.

lunes, 14 de febrero de 2022

CRÍTICA: Las cartas de Samanta (2020) Diego Silva López




Las cartas de Samanta (2020) de Diego Silva López (Valdivia, 1988) es una novela situada en Madrid donde la protagonista lleva una independencia económica y vida heterosexual activa. Ella se emplea como lectora de una editorial española en la que debe recomendar manuscritos que podrían ser publicables, incluso erotiza al compañero de trabajo, Ítalo. En el intertanto, aparecen dos tramas secundarias: la violencia en el pololeo/matrimonio y anécdotas en el mundo editorial.

Mientras lee poesía de autores hispanoamericanos con especial énfasis en Vicente Huidobro, también suple la incapacidad de conectar con su propia vulnerabilidad enjuiciando a las personas desde una perspectiva prejuiciosa y obsoleta. La protagonista muestra que la forma de representar a los demás personajes es plana y estática, en la que carecen de complejidad psicológica: desde los compañeros de trabajo, pasando por los amoríos hasta el interés romántico.

El primer libro del Silva López construye una visión de mundo ajena a lo contemporáneo, porque la protagonista habla sobre otras mujeres como “verdadero caballo de raza fina”, o “Iris, la solterona de 45 años que ya se le pasó el tren y su infinita cantidad de vagones”, apología a la violación: “Me imaginé que me encerraba y me lanzaba sobre la mesa para violarme y que lo disfrutaba desde el principio”, o la confusión de que el orgasmo solamente se llega mediante la introducción de un objeto: “También he pensado en comprarme un dildo o consolador, o pene de plástico o como quieran llamarlo (…) si al final, un buen orgasmo también me lo puede dar un pepino”. Si no era suficiente con esto, la aporofobia está escenificada en el recuerdo de la visita de un escritor famoso que visita a la universidad: “lo vi llegar entre muchos pobres de la facultad”. Dando cuenta que, para el creador, “los pobres” no solo tienen la capacidad de leer, sino que existen y tienen acceso a estudios superiores.

De a poco, aparecen relatos y conversaciones sobre violencia en el pololeo y matrimonio, los que siguen una línea propia de constatar el hecho y no tienen mayor injerencia, sino como trasfondo en la novela. Además, la aparición del conflicto aparece tardíamente junto con las cartas que dan el título a la obra. Son cartas anónimas que relatan violencia intrafamiliar, argumento que llega a un punto protagónico y que es resuelto, por el autor, de una manera poco óptima, porque la protagonista es personaje estático.

Por largos pasajes nos sumirá entre el acto de coger y follar, lo que significa deformaciones de una literatura comercial que está lejos de la literatura erótica. Porque si van a aparecer nuevas copias de personajes teniendo sexo y llegando al orgasmo (como si fuese la única finalidad), mejor buscar un erotismo provocativo y de calidad, en tanto la mayor forma literaria en el campo del deseo, ha sido la descrita por la autora chilena María Luisa Bombal en la última niebla.

Una de las subtramas no desarrolladas es el desempeño de Rita Andaluz, la presidenta de la editorial hispana, y el tabú que significa instalar escritores en la sección espectáculos de los distintos medios de comunicación a cambio de un porcentaje por dicho trabajo: “Si por algún motivo los textos tenían impacto en los lectores de las revistas, ya sea para una entrevista o contratación de ellos en algún medio de comunicación, Rita los contactaba y ‘apadrinaba’, cobrándoles una comisión por cada publicación hasta el fin de los días”. De igual modo, las reuniones de las editoriales (oligopolios) para analizar el mercado de publicaciones y novedades sin competir.

Las cartas de Samanta tiene potencial por la temática de violencia que elabora, pero que queda en eso, en una somera constatación acusativa. Es complejo valorar positivamente un personaje que transita con fruición entre el clasismo, el racismo, lo aporofóbico y superficial a más no poder, incapaz de comprender sentimientos ajenos para revivirlos para sí mismo, sin caer en el mismo comportamiento del siglo pasado.

 

Las cartas de Samanta

Diego Silva López

Valdivia, 1988

Editorial Dokumenta

2020

138 páginas.

jueves, 10 de febrero de 2022

[Crítica de cine]: Serie Los prisioneros (2022). El mejor gancho comercial



No es poca la gente que verá esta nueva serie desde lo que significan Los Prisioneros. Por lo que hay que ser majadero en señalar que se trata de una obra audiovisual de ficción con fuertes dosis de realidad, y que no necesita retratar fielmente lo sucedido.

La nueva serie titulada Los prisioneros (2022) es liderada por la producción ejecutiva de Joanna Lombardi, dirigida por el exministro de Cultura peruano Salvador del Solar y el colombiano Carlos Moreno.

Claudio vs. Jorge vs. Miguel

Realizada en Chile durante la pandemia, en ocho capítulos de media hora retrata al grupo sanmiguelino desde la promoción del disco La voz de los 80 (1985) hasta el quiebre y las grabaciones de Corazones (1990). Tomando una línea canónica como la aparición en Sábados Gigantes, el concierto en Concepción viajando en tren o la firma con el presidente bonachón (Gastón Pauls) de la EMI. El éxito del Pateando Piedras, el concierto del Estadio Chile, la preparación de La Cultura de la Basura, la convivencia del matrimonio de González Fresard, el de Claudio Narea y Claudia Carvajal, la gira latinoamericana (principalmente Perú y Colombia), Las Cleopatras y el amorío entre Carvajal y González hasta la disolución del grupo, son parte de los hitos que aborda esta nueva serie.

Las decisiones sobre los rumbos musicales que debía tomar el grupo donde el rock vs el pop, guitarras vs los teclados, Claudio (Andrew Bargsted) vs Jorge (Aron Hernández) eran constantes. Mientras, Miguel Tapia interpretado por Bernabé Madrigal patentaba bajo su nombre la marca Los Prisioneros, algo que trajo consigo el alejamiento del dúo Narea & Tapia, quienes tocaron juntos hasta antes de la pandemia. En pantalla el baterista también interpela a Jorge: “a ver huevón, aquí no somos tu acompañamiento, me he sacado la cresta por esta banda huevón”, no con la misma rudeza del guitarrista pero con el afán de mantener la banda funcionando.

Muchos pasajes aparecen  en el libro  Exijo ser un héroe (2002) de Julio Osses, asesor de contenido, que funciona como biografía no oficial de la banda. Igualmente figuran las ex Cleopatras Patricia Rivadeneira, como productora asociada, y Jacqueline Fresard, quien fuera esposa de González, asimismo es artista colaboradora. Mientras Miguel Tapia y Jorge González vendieron los derechos del nombre y las canciones, Claudio Narea acusa no apoyar la serie debido a no tener ninguna incidencia y es necesario mencionar que, la mayoría de las canciones están trabajadas por Camilo Salinas y Pablo Ilabaca (exChancho en Piedra).

La búsqueda de la identidad de Los Prisioneros es una de las líneas fundamentales en las que siempre son interpelados, quedando en una nebulosa no concluyente. Tampoco se desarrolla lo barrial ni el recuerdo de la conformación del grupo, menos la crisis económica de 1982 que empobreció a la población, un cuarto de la cual estaba desempleada. 

Gran parte del contenido está estructurado de manera resumida, la elipsis en tanto técnica de supresión de acontecimientos no permite que se genere la profundización. Así, rápidamente tocan en Sábados Gigantes, o son fichados por la EMI y el empresario es buena onda invierte en ellos. Pareciese que no hay una evolución que justifique procesos creativos ni ensayos porque es más fácil quedarse con que González cantaba mal o que Narea no componía, siendo reduccionista la óptica con la que se nos presenta la historia de Los Prisioneros. Es por eso que va saltando de un tema a otro, sin que esto signifique dinamismo o tengan ritmo las escenas. El entramado es contar una parte sobre el éxito de Los Prisioneros para darle magnitud a Las Cleopatras y cómo esto se conjuga con la relación de Jorge y Claudia, la que tiene como finalidad la gestación del Corazones tras la exposición del conflicto amoroso, la creatividad de González y la influencia musical.

Los últimos capítulos de la primera temporada tienen un desarrollo superior: Jorge González y Las Cleopatras, la campaña del “No” y el lío amoroso. En el primero hay una fuerza creativa y performática de la tecladista Cecilia Aguayo, la actriz Patricia Rivadeneira, las artistas Jacqueline Fresard y Tahia Gómez. Esta energía es complementaria en ambas direcciones lo que deviene en el cuarto disco de la banda. En la segunda, el plebiscito de 1988 es un hito importante del que se ha aceptado que fue la voluntad del pueblo, urna mediante, que hizo que el chacal se fuera a los cuarteles. Por eso, utilizan varias escenas de archivo que conjugan el ambiente, la alegría y nerviosismo del momento. En tercer lugar, la relación de Jorge con Claudia y Claudio se desenvuelve durante la gira latinoamericana de la promoción de La Cultura de la Basura, no solamente como una problemática que rompe con la banda, sino que, dada las circunstancias que derivan en el cuarto disco, se ficcionaliza lo que se ha escrito biográficamente sobre este suceso 

La falta de continuidad de los hilos narrativos secundarios es la mayor confusión. Uno de los ejemplos, es la figura de Jacqueline Fresard. Ella realiza el arte del disco “La cultura de la basura” (1987), y aunque se expresan contradicciones y disgustos con González, esto no termina por encajar porque no tiene conclusión. Se presentan bosquejos, no la resolución del diseño ni el disco finalizado, porque inmediatamente entra la elipsis para continuar con otras tramas. Lo que me produce mucha curiosidad, cuando Lombardi señala “sí hemos querido cuidar esos detalles: por ejemplo, el sillón que está en la casa de Jorge, cuando está casado con Jackie, es el mismo. Ahí está la magia” (18 octubre 2021), o “Lo que ganamos es poder entrar con mucha más profundidad y detalle a un momento específico de la vida de Los Prisioneros, y no tratar de contar toda su vida”. Otro ejemplo, es el tema familiar en el que se desarrolla en González, a diferencia de Tapia que visita los blocks y a la madre postrada, y menos se observa en Narea.

Los Prisioneros (2022) es un proyecto audiovisual genérico que mantiene un ritmo sosegado, de consumo rápido para que la distribuidora de medios tenga alto impacto en los televidentes y competir con otras plataformas. Siendo la banda un fenómeno latinoamericano, en vez de desarrollar la identidad y orígenes de la agrupación que promete el trailer, no cabe duda que encarnar la telenovela amorosa entre Jorge, Claudia y Claudio es el mejor gancho comercial.

Los Prisioneros. 2022. Directores: Salvador del Solar y Carlos Moreno. Intérpretes: Arón Hernández, Andrew Bargsted, Bernabé Madrigal, Samuel Buzeta, Mariana di Girólamo, Geraldine Neary, Li Fridman, Annick Durán, Amparo Noguera, Maite Manríquez, María Florencia Crino, b. Guión: Enrique Videla, Luis Barrales y Dominga Sotomayor. Producción: Media Networks y Parox. 80 minutos; Chile. Disponible en MovistarPlay.