lunes, 14 de febrero de 2022

CRÍTICA: Las cartas de Samanta (2020) Diego Silva López




Las cartas de Samanta (2020) de Diego Silva López (Valdivia, 1988) es una novela situada en Madrid donde la protagonista lleva una independencia económica y vida heterosexual activa. Ella se emplea como lectora de una editorial española en la que debe recomendar manuscritos que podrían ser publicables, incluso erotiza al compañero de trabajo, Ítalo. En el intertanto, aparecen dos tramas secundarias: la violencia en el pololeo/matrimonio y anécdotas en el mundo editorial.

Mientras lee poesía de autores hispanoamericanos con especial énfasis en Vicente Huidobro, también suple la incapacidad de conectar con su propia vulnerabilidad enjuiciando a las personas desde una perspectiva prejuiciosa y obsoleta. La protagonista muestra que la forma de representar a los demás personajes es plana y estática, en la que carecen de complejidad psicológica: desde los compañeros de trabajo, pasando por los amoríos hasta el interés romántico.

El primer libro del Silva López construye una visión de mundo ajena a lo contemporáneo, porque la protagonista habla sobre otras mujeres como “verdadero caballo de raza fina”, o “Iris, la solterona de 45 años que ya se le pasó el tren y su infinita cantidad de vagones”, apología a la violación: “Me imaginé que me encerraba y me lanzaba sobre la mesa para violarme y que lo disfrutaba desde el principio”, o la confusión de que el orgasmo solamente se llega mediante la introducción de un objeto: “También he pensado en comprarme un dildo o consolador, o pene de plástico o como quieran llamarlo (…) si al final, un buen orgasmo también me lo puede dar un pepino”. Si no era suficiente con esto, la aporofobia está escenificada en el recuerdo de la visita de un escritor famoso que visita a la universidad: “lo vi llegar entre muchos pobres de la facultad”. Dando cuenta que, para el creador, “los pobres” no solo tienen la capacidad de leer, sino que existen y tienen acceso a estudios superiores.

De a poco, aparecen relatos y conversaciones sobre violencia en el pololeo y matrimonio, los que siguen una línea propia de constatar el hecho y no tienen mayor injerencia, sino como trasfondo en la novela. Además, la aparición del conflicto aparece tardíamente junto con las cartas que dan el título a la obra. Son cartas anónimas que relatan violencia intrafamiliar, argumento que llega a un punto protagónico y que es resuelto, por el autor, de una manera poco óptima, porque la protagonista es personaje estático.

Por largos pasajes nos sumirá entre el acto de coger y follar, lo que significa deformaciones de una literatura comercial que está lejos de la literatura erótica. Porque si van a aparecer nuevas copias de personajes teniendo sexo y llegando al orgasmo (como si fuese la única finalidad), mejor buscar un erotismo provocativo y de calidad, en tanto la mayor forma literaria en el campo del deseo, ha sido la descrita por la autora chilena María Luisa Bombal en la última niebla.

Una de las subtramas no desarrolladas es el desempeño de Rita Andaluz, la presidenta de la editorial hispana, y el tabú que significa instalar escritores en la sección espectáculos de los distintos medios de comunicación a cambio de un porcentaje por dicho trabajo: “Si por algún motivo los textos tenían impacto en los lectores de las revistas, ya sea para una entrevista o contratación de ellos en algún medio de comunicación, Rita los contactaba y ‘apadrinaba’, cobrándoles una comisión por cada publicación hasta el fin de los días”. De igual modo, las reuniones de las editoriales (oligopolios) para analizar el mercado de publicaciones y novedades sin competir.

Las cartas de Samanta tiene potencial por la temática de violencia que elabora, pero que queda en eso, en una somera constatación acusativa. Es complejo valorar positivamente un personaje que transita con fruición entre el clasismo, el racismo, lo aporofóbico y superficial a más no poder, incapaz de comprender sentimientos ajenos para revivirlos para sí mismo, sin caer en el mismo comportamiento del siglo pasado.

 

Las cartas de Samanta

Diego Silva López

Valdivia, 1988

Editorial Dokumenta

2020

138 páginas.

jueves, 10 de febrero de 2022

[Crítica de cine]: Serie Los prisioneros (2022). El mejor gancho comercial



No es poca la gente que verá esta nueva serie desde lo que significan Los Prisioneros. Por lo que hay que ser majadero en señalar que se trata de una obra audiovisual de ficción con fuertes dosis de realidad, y que no necesita retratar fielmente lo sucedido.

La nueva serie titulada Los prisioneros (2022) es liderada por la producción ejecutiva de Joanna Lombardi, dirigida por el exministro de Cultura peruano Salvador del Solar y el colombiano Carlos Moreno.

Claudio vs. Jorge vs. Miguel

Realizada en Chile durante la pandemia, en ocho capítulos de media hora retrata al grupo sanmiguelino desde la promoción del disco La voz de los 80 (1985) hasta el quiebre y las grabaciones de Corazones (1990). Tomando una línea canónica como la aparición en Sábados Gigantes, el concierto en Concepción viajando en tren o la firma con el presidente bonachón (Gastón Pauls) de la EMI. El éxito del Pateando Piedras, el concierto del Estadio Chile, la preparación de La Cultura de la Basura, la convivencia del matrimonio de González Fresard, el de Claudio Narea y Claudia Carvajal, la gira latinoamericana (principalmente Perú y Colombia), Las Cleopatras y el amorío entre Carvajal y González hasta la disolución del grupo, son parte de los hitos que aborda esta nueva serie.

Las decisiones sobre los rumbos musicales que debía tomar el grupo donde el rock vs el pop, guitarras vs los teclados, Claudio (Andrew Bargsted) vs Jorge (Aron Hernández) eran constantes. Mientras, Miguel Tapia interpretado por Bernabé Madrigal patentaba bajo su nombre la marca Los Prisioneros, algo que trajo consigo el alejamiento del dúo Narea & Tapia, quienes tocaron juntos hasta antes de la pandemia. En pantalla el baterista también interpela a Jorge: “a ver huevón, aquí no somos tu acompañamiento, me he sacado la cresta por esta banda huevón”, no con la misma rudeza del guitarrista pero con el afán de mantener la banda funcionando.

Muchos pasajes aparecen  en el libro  Exijo ser un héroe (2002) de Julio Osses, asesor de contenido, que funciona como biografía no oficial de la banda. Igualmente figuran las ex Cleopatras Patricia Rivadeneira, como productora asociada, y Jacqueline Fresard, quien fuera esposa de González, asimismo es artista colaboradora. Mientras Miguel Tapia y Jorge González vendieron los derechos del nombre y las canciones, Claudio Narea acusa no apoyar la serie debido a no tener ninguna incidencia y es necesario mencionar que, la mayoría de las canciones están trabajadas por Camilo Salinas y Pablo Ilabaca (exChancho en Piedra).

La búsqueda de la identidad de Los Prisioneros es una de las líneas fundamentales en las que siempre son interpelados, quedando en una nebulosa no concluyente. Tampoco se desarrolla lo barrial ni el recuerdo de la conformación del grupo, menos la crisis económica de 1982 que empobreció a la población, un cuarto de la cual estaba desempleada. 

Gran parte del contenido está estructurado de manera resumida, la elipsis en tanto técnica de supresión de acontecimientos no permite que se genere la profundización. Así, rápidamente tocan en Sábados Gigantes, o son fichados por la EMI y el empresario es buena onda invierte en ellos. Pareciese que no hay una evolución que justifique procesos creativos ni ensayos porque es más fácil quedarse con que González cantaba mal o que Narea no componía, siendo reduccionista la óptica con la que se nos presenta la historia de Los Prisioneros. Es por eso que va saltando de un tema a otro, sin que esto signifique dinamismo o tengan ritmo las escenas. El entramado es contar una parte sobre el éxito de Los Prisioneros para darle magnitud a Las Cleopatras y cómo esto se conjuga con la relación de Jorge y Claudia, la que tiene como finalidad la gestación del Corazones tras la exposición del conflicto amoroso, la creatividad de González y la influencia musical.

Los últimos capítulos de la primera temporada tienen un desarrollo superior: Jorge González y Las Cleopatras, la campaña del “No” y el lío amoroso. En el primero hay una fuerza creativa y performática de la tecladista Cecilia Aguayo, la actriz Patricia Rivadeneira, las artistas Jacqueline Fresard y Tahia Gómez. Esta energía es complementaria en ambas direcciones lo que deviene en el cuarto disco de la banda. En la segunda, el plebiscito de 1988 es un hito importante del que se ha aceptado que fue la voluntad del pueblo, urna mediante, que hizo que el chacal se fuera a los cuarteles. Por eso, utilizan varias escenas de archivo que conjugan el ambiente, la alegría y nerviosismo del momento. En tercer lugar, la relación de Jorge con Claudia y Claudio se desenvuelve durante la gira latinoamericana de la promoción de La Cultura de la Basura, no solamente como una problemática que rompe con la banda, sino que, dada las circunstancias que derivan en el cuarto disco, se ficcionaliza lo que se ha escrito biográficamente sobre este suceso 

La falta de continuidad de los hilos narrativos secundarios es la mayor confusión. Uno de los ejemplos, es la figura de Jacqueline Fresard. Ella realiza el arte del disco “La cultura de la basura” (1987), y aunque se expresan contradicciones y disgustos con González, esto no termina por encajar porque no tiene conclusión. Se presentan bosquejos, no la resolución del diseño ni el disco finalizado, porque inmediatamente entra la elipsis para continuar con otras tramas. Lo que me produce mucha curiosidad, cuando Lombardi señala “sí hemos querido cuidar esos detalles: por ejemplo, el sillón que está en la casa de Jorge, cuando está casado con Jackie, es el mismo. Ahí está la magia” (18 octubre 2021), o “Lo que ganamos es poder entrar con mucha más profundidad y detalle a un momento específico de la vida de Los Prisioneros, y no tratar de contar toda su vida”. Otro ejemplo, es el tema familiar en el que se desarrolla en González, a diferencia de Tapia que visita los blocks y a la madre postrada, y menos se observa en Narea.

Los Prisioneros (2022) es un proyecto audiovisual genérico que mantiene un ritmo sosegado, de consumo rápido para que la distribuidora de medios tenga alto impacto en los televidentes y competir con otras plataformas. Siendo la banda un fenómeno latinoamericano, en vez de desarrollar la identidad y orígenes de la agrupación que promete el trailer, no cabe duda que encarnar la telenovela amorosa entre Jorge, Claudia y Claudio es el mejor gancho comercial.

Los Prisioneros. 2022. Directores: Salvador del Solar y Carlos Moreno. Intérpretes: Arón Hernández, Andrew Bargsted, Bernabé Madrigal, Samuel Buzeta, Mariana di Girólamo, Geraldine Neary, Li Fridman, Annick Durán, Amparo Noguera, Maite Manríquez, María Florencia Crino, b. Guión: Enrique Videla, Luis Barrales y Dominga Sotomayor. Producción: Media Networks y Parox. 80 minutos; Chile. Disponible en MovistarPlay.

viernes, 7 de enero de 2022

Reseña: Evolución (2021) de Juan Opazo, una lectura que abunda y no daña.

 


Las tramas científicas tienden a quedar atrapadas en el género del paper, debido a la estructura del artículo académico y el lenguaje técnico no permite la búsqueda de la fruición lectora. No es poca la gente que interpela que la difusión del conocimiento se ha convertido en una élite afectando los diversos intereses de lectores/as.

Evolución. Un presente continuo (2021) de Juan Opazo presenta un conciso volumen que explica procesos biológicos relativos a la Evolución, con el propósito de “mostrar de manera simple aspectos fundamentales de evolución y la evidencia que la apoya” arguye. Asimismo, asume que el concepto “es bien conocido, pero no lo suficientemente entendido”. Para ello construye un relato progresivo y congruente dividido en varias piezas pequeñas con ilustraciones de Felipe Serrano.

Este libro transita por la teoría de la evolución, la selección natural en tanto, fuerza evolutiva que surgen especies por condiciones de adaptación, pero para que sucedan estos cambios ocurren tras millones de años y varias generaciones posteriores. Por lo mismo, registros fósiles encontrados en Latinoamérica son fundamentales para señalar que las serpientes se han ido adaptando con el tiempo; pasando de ser reptiles de cuatro patas, a dos y actualmente, no las necesitan.

De igual modo ocurre con los cetáceos. Se han descubierto fósiles de hace 50 millones de años, que vivían en la tierra y tenían el orificio respiratorio (espiráculo) en la parte de adelante como los gatos y perros. Con el paso del tiempo, la reproducción y evolución ha hecho lo suyo, donde lo aludido ha sido alterado hasta tener el espiráculo tal como lo tienen los delfines y las ballenas hoy en día. No se menciona específicamente qué motiva a estos animales a modificar comportamientos o hábitat, pero estas transformaciones representan una adecuación de dichas familias en el ecosistema.

En el capítulo de selección natural, el autor ejemplifica con ratones de pelaje blanco y otros de negro. Es decir, la reproducción de una camada varía dependiendo de las necesidades de la especie con el entorno. Para que la siguiente generación sobreviva a los depredadores, aquellos que tengan habilidades de mayor camuflaje tendrán una mayor proporción con respecto a los otros. En otras palabras: la necesidad de adaptarse o morir.

En el segmento de ¿cómo se originan las especies?, se ejemplifica con lagartijas porque cuando son distanciados de forma natural, cada grupo irá modificando a través de generaciones a tal punto que no se puedan reconocer entre ellas, originando dos especies distintas.

De lo anterior, el segmento más interesante es el árbol de la vida del ser humano, puesto que se aclaran y determinan apreciaciones: el ser humano está emparentado principalmente con los chimpancés. Sin embargo, dado que en algún momento hace millones de años, cada especie se ha adaptado de manera independiente al medio ambiente. Por lo que, “los humanos no evolucionamos a partir de los chimpancés, ni los chimpancés a partir de los humanos” (40). Además, es importante destacar que los gorilas, chimpancés, los seres humanos y los orangutanes tienen alto grado de parentesco y, de momento, no se indica registro fósil en el árbol de la vida.

El autor concluye el capítulo afirmando que existe un error del pensamiento antropocéntrico dice que los seres humanos somos el grupo más evolucionado, lo que no es preciso, porque cada una de las actuales especies tienen un proceso evolutivo propio debido a las circunstancias y necesidades en el ecosistema.

Por la condición de breviario, que se entiende como resumen breve de una materia amplia, existen dos debilidades: el antecedente histórico y bibliográfico. El primero es la escasa amplitud del dato de Charles Darwin y su paso por Valdivia en 1835 cuando ocurre el terremoto. Bien pudo haber sido un relato extendido y no haber quedado como mera referencia. Si bien la obra dialoga principalmente con el  autor del origen de las especies, no sucede lo mismo con las autoras. No se genera un tejido con las investigadoras, ni conversación sobre los aportes científicos, ellas son dejadas en una sección aparte en un marco anexo y referencial.

Es necesario mencionar que en la presente edición contiene errores: la palabra “cuidad” por ciudad, “antrópocéntrico” que trae dos tildes. El tercer error induce a confusión porque el índice afirma: “Mujeres en la ciencia del siglo XXI”, pero en el capítulo y el contenido idóneo se titula “Mujeres en la ciencia del siglo XIX”.

Enfrentado a las vicisitudes de las charlas masivas muy en boga en los últimos años, el dr. en Ciencias Biológicas Juan Opazo concreta una adecuación a la investigación que realiza en busca de promover el conocimiento científico. Lo mismo sucede con parte del catálogo de la editorial de la Universidad Austral de Chile, en la que la serie “pipetas” se vincula con la sociedad y mayormente con un público ávido por tomar interés sobre la naturaleza y los cambios.

Evolución (2021) es una lectura que abunda y no daña, porque es un relato esclarecedor  de procesos de adaptación de los seres que habitan el planeta tierra. Dando cuenta que la costumbre de los humanos provocando el actual escenario del cambio climático, interviene directamente en las formas de vida de los animales en un ecosistema que se altera permanentemente.

 

lunes, 3 de enero de 2022

Crítica: El placer gay desde el anonimato y la geolocalización: «Grindermanías» de JP Sutherland

 


“Ellos querrían mi lenguaje para expresarse/

Y yo querría el de ellos para expresarlos/

He aquí el equívoco el atroz equívoco”

Vicente Huidobro

 

La actividad de encuentros homoeróticos que se realiza en lugares públicos ha cambiado de acuerdo a las tecnologías disponibles. En el actual proceso de transformaciones del siglo XXI, el deseo homosexual comprende otra realidad que paulatinamente la sociedad chilena acepta. Por lo que, este impulso se observa supeditado y alterado por la instalación de aplicaciones virtuales que afinan el goce y el consumo de cuerpos erotizantes.

“Reconozco no pocas huellas de procedimientos y protocolos que todavía quedan en las rutas de sexo anónimo, aunque en los tiempos actuales y distópicos se levanta como una arqueología frente al salto futuro del mundo virtual en los tiempos de Grindr”, afirma Sutherland (p. 18).

Desde el anonimato y la geolocalización, el placer gay ha sido perfeccionado al ubicar a un otro con intensidades similares y con objetivos afines. Lo que no es público se ha vuelto privado entre departamentos del centro de Santiago, de menor visibilidad social, pero de mayor adquisición en subjetividades particulares.

Adicción sexual

El agenciamiento de las mercancías sintéticas como tusi, zoplicona, yerba, cocaína, lorazepam, popper y/o ketamina para intensificar los ejercicios con diferentes cuerpos singulariza la adicción sexual. Porque lo principal es la diversión, el descubrimiento, la satisfacción y la evasión sin la necesidad de conectar emocionalmente con ningún sujeto, lo que permite que la narrativa tenga otro nivel de autenticidad y de encuentro con el/la lector/a.

 

Por largos segmentos aparece un análisis técnico que dialoga con antecedentes históricos, literarios y culturales LGBTQIA+. Sin embargo, en una entrevista el autor afirma: “no hay intención académica” y “el saber queda monopolizado por la academia institucional”. Cumpliendo con una alta cuota del lugar al que se ha integrado y pertenece.

No dejo de pensar en ese público misceláneo, que no tiene porqué comprender palabras como punctum (Roland Barthes) o heterotopía (Foucault), las que disocian la naturaleza de la lectura. Caso distinto ocurre con la expresión biográfica, siendo una forma de masificar el acontecer gay en tanto validación formativo y de existencia.

Este doble registro es una apuesta arriesgada, porque da por conocidos detalles de la militancia marica en Chile dejándola en un segundo plano. Muy pocas referencias están presentes. En la novela de autoficción Papelucho gay en dictadura (2019), en la que aborda las vivencias de un niño que crece en la zona poniente de Santiago durante la década del ochenta, se manifiesta de manera irregular. Todavía es un lugar por explorar y dar cuenta de la orgánica militante durante los años del desarrollo del sujeto.

Lo que hace seductor Grindermanías. Del ligue urbano al sexo virtual es la utilización de diversos formatos que permiten otro tipo de entradas no lineales. Sutherland emplea una narrativa autoficcional sin abusar de la misma y un vigoroso ensayo que comprueba su erudición. Naturalmente se distancia del anterior libro Papelucho gay. No obstante, resulta paradójico que el escritor con militancia desde la periferia busque ser publicado ampliamente pero quede comprometido con un lenguaje especializado.

Grindermanías. Del Ligue Urbano al Sexo Virtual

Juan Pablo Sutherland

 

Alquimia Ediciones, 2021

138 páginas

Precio de referencia: $11.900

domingo, 5 de diciembre de 2021

CRÍTICA| Antihéroe de la narcoliteratura: «Miedo» de Aníbal Ricci

 

Miedo (2021) de Aníbal Ricci Anduaga (Santiago, 1968), es la reedición de su primera novela Fear (2007). En este nueva versión el autor desarrolla varios tópicos, como la relación no superada con la expareja, Gloria, las abundantes figuras femeninas representadas como prostitutas o distribuidoras, y para cerrar el encuadre, la paranoia de estar siendo vigilado constantemente.

 

El autor rediseña una novela más estática que lista de compras en el supermercado. Un diario de vida donde hay abundancia de acontecimientos marginales, pero en lo técnico es difícil encontrar una frase que tenga como norma más de tres renglones. Este aspecto que pudiese ser un hecho aislado, se repite en otra novela: El martirio de los días y las noches (2015). Esto es gravitante porque no desarrolla una literatura fluida, tampoco un ambiente que no sea el delirio psicológico, ni menos representa la transposición de la voz narrativa del personaje. Lo que provoca que la lectura sea abrumadora debido al planteamiento mecánico y poco reflexivo.

De este modo, el protagonista se hunde en las actividades nocturnas por más de un tercio del libro, siendo de escasa relevancia lo acontecido. Porque este traficante y consumidor, lo único que desea es sobrellevar la pena por el abandono de Gloria y la mejor solución es buscar prostitutas en las mismas condiciones: “Era un mal reemplazo de Gloria, pero al menos dejé de llorar en las noches. Su partida había hecho mil pedazos mi autoestima, hasta el punto de estar viviendo con una puta” (p. 21). La separación origina una espiral de vida nocturna sin control que lo lleva a otros países.

 

El tópico de la paranoia y el delirio de persecución derivado de la excesiva ingesta de cocaína y el acoso de un colega de trabajo, es lo que hace a andar este libro: comienza a cambiar de lugar, visita a la hermana, etc. Sin embargo, la turbia atmósfera en la que supuestamente es vigilado es constante: “Volvieron a sentirse los gritos. Como si alguien les hubiese avisado que apagué la luz. Convencido de que, si me quedaba en el cuarto, nada me ocurriría, era cosa de esperar a que amaneciera” (p. 48).

 

Aparte de los tres tópicos mencionados, uno de los gruesos errores es construir una historia monótona, en que las dinámicas sociales son búsqueda, consumo y huida pero con un fondo de países latinoamericanos. Sumado a esto, aparecen varias reflexiones sobre el valor de la familia, el tiempo perdido y la fatalidad misma del ser. Por otro lado, nada peor que un personaje plano que no evoluciona y cuya estrategia —al igual que la escritura— se vuelve rutinaria. Es decir, este antihéroe de la narcoliteratura que se presenta en las primeras páginas se mantiene de igual forma hacia el desenlace.

 

Dado que Miedo (2021) de Aníbal Ricci es una nueva edición, revisada y aumentada, uno esperaría que el trabajo haya mejorado. Mucho más si tiene a su haber varios libros posteriores al primero. Sin embargo, se mantienen los desaciertos haciendo que esta novela sea un rotundo fracaso, porque da lo mismo el tema si el personaje de focalización es plano.

 

Miedo

Aníbal Ricci Anduaga

Editorial Zuramérica, 2021

144 páginas

Precio de referencia: $11.900.


Crítica literaria: La revuelta (2021) Laura Landaeta y Víctor Herrero

 


 Este libro de 228 páginas, está dividido en cuatro grandes capítulos: primero, “la noche más oscura”; segundo, “la crisis que nadie vio venir”; tercero, “el estallido”; y cuarto, “los días decisivos”. La tesis que instalan es la incapacidad del Gobierno para comprender que la calle exigía profundas reformas del modelo neoliberal que parte de la base de la Constitución de 1980.

 

El segundo Gobierno de Sebastián Piñera debía ser consagratorio para la derecha, situando a Chile como líder regional sin precedentes y pronto a dirigir la APEC y la COP25. El estallido chileno no solo impidió, sino que, dejó maltrecha a la derecha. A nivel internacional, nuevamente se le asoció con la dictadura de Pinochet tras el discurso de Piñera: “estamos en guerra contra un enemigo poderoso”, y hasta el momento, la presidencia se mantiene todavía con plenas facultades pese a las cuatro condenas internacionales de violaciones a los derechos humanos.

 

El libro consigna seis fallecidos sin identificar, cientos de heridos con rotura del globo ocular y ante la gran cantidad de heridos, los responsables continúan impunes.

 

La caída de Chadwick

Herrero dirige Interferencia, mientras que Landaeta es actualmente directora de contenidos del canal de TV La Red. Básicamente, trabajan con fuentes concretas donde el grueso son fuentes de medios de comunicación tradicionales y alternativos, pero también, están las fuentes de asesores, subsecretarios, operadores, funcionarios o gente de confianza que configuran el ambiente de pasillo al interior del palacio de gobierno.

 

Uno de los errores en el ritmo de lectura es el capítulo “La caída de Andrés Chadwick”. Los autores se tardan en dar contexto a la salida de esta figura política. El ministro venía con alto descrédito debido al asesinato por parte de carabineros de Camilo Catrillanca. Pese a la fuerte oposición y al impacto en la opinión pública no salió del cargo y fue blindado por su primo hermano. Queda cojeando esta sección al situar la muerte del comunero mapuche como posterior a la salida. Asimismo, una de las deudas que tiene esta obra es no alcanzar testimonios de miembros de la Segpres que dirigía Cristián Larroulet.

 

Piñera con cuadros psicóticos y estrés

Como todo libro que busca relatar lo acontecido en el ejercicio del poder ante situaciones trascendentales, el lector encontrará datos sabrosos. Por ejemplo, la intensidad de las manifestaciones en Plaza Dignidad provocaron cuadros psicóticos y estrés en el mandatario. El médico psiquiatra Ricardo Capponi lo hospitalizó en casa y Jaime Mañalich lo revisó. El personal de seguridad en la casa de los Piñera-Morel fue en aumento, así como la paranoia donde el edecán debía probar la comida ante el supuesto envenenamiento.

 

Si bien en lo técnico no se observan errores o imprecisiones, la crónica donde el escritor lleva al lector a transmitir las sensaciones de la revuelta es insuficiente. Esta se enfoca en materiales concretos como testimonios, tweets de políticos locales, análisis sobre los movimientos para dar salida a la crisis, trabajo en terreno de reuniones políticas, televisión, periódicos, entre otros.

 

La revuelta. Las semanas de octubre que estremecieron Chile (2021) utiliza la estructura de novela del lado B de la trama, intentando develar nudos importantes desde el pasillo, distinto la crónica novelada de John Reed en el libro Diez días que estremecieron al mundo, pero que entrega información primordial sobre la revuelta de octubre.

 

La revuelta. Las semanas de octubre que estremecieron Chile.

Laura Landaeta y Víctor Herrero

Editorial Planeta, 2021

228 páginas

Valor referencial: $15.900

jueves, 2 de diciembre de 2021

Reseña: La soberanía chilena no se escribe sin las mujeres.

Reseña aparecida en CienciaenChile.cl


Antártica: relatos de exploradoras en el corazón del planeta (2021) es el viaje de la periodista Nadia Politis, donde navega a bordo del buque Marinero Fuentealba de la Armada de Chile para intentar cruzar el círculo polar antártico. Durante la travesía construye perfiles con un tono afable sobre cincuenta y tres viajeras de distintas edades, profesiones y procedencias. Ellas abordan la vida cotidiana, el clima gélido, la relación con la flora y fauna del paisaje austral.

El acento que utiliza para este libro para retratar a las mujeres es la persistencia y la pasión en actividades, en las que han sido pioneras como el buceo o desarrollando altas preguntas desde diversos enfoques: bióloga marina, oceanógrafa, paleobotánica, ingenieras forestales, pilotos, escritoras, escultoras, pianistas, ecoturismo, ecóloga, periodistas, oficiales de marina, médico, sismólogas, biólogas, estudiantes, físicas, físicas espaciales, profesoras, nadadoras, abogadas, meteorólogas y astrofotógrafas. Muchas de ellas, están alertan sobre el fenómeno actual y, desde el extremo austral del planeta, están a la vanguardia, interviniendo en las decisiones políticas que las superpotencias debiesen tomar para resguardar a las futuras generaciones.

Al comenzar el libro, la autora nos presenta la investigación que hizo sobre mujeres pioneras en llegar, observar y/o caminar al mencionado continente. Las que destacan la noruega Ingrid (Dahl) Christensen entre 1931 y 1936, Caroline Mikkelsen en 1935, la señora Betsy Rasmusen a bordo del ballenero que capitaneaba el esposo Adolfo Amandus Andressen y por último, Rosa “Miti” Markmann, Sylvia y Rosa González Markmann, esposa e hijas del presidente González Videla, quienes en la comitiva presidencial de 1948 hacen soberanía en el territorio austral.

El presente ejemplar da cuenta de las palabras de la hija mayor, Sylvia González Markmann, quien invita a las nuevas generaciones a que se hagan parte de esta aventura: “Las niñas tienen que cumplir sus sueños (…) para cualquier mujer científica es una gran oportunidad poder trabajar allí y descubrir todo lo que puede entregarnos ese gran continente helado”.

Politis conjuga en ocho capítulos la crónica, el relato, las entrevistas, las imágenes y otros detalles a modo de bitácora expedicionaria con gran dinamismo para los lectores. En el primer capítulo: “la exploración polar” presenta a Ana Campos González, autora de la novela biográfica de su abuela “Miti” Markmann. Pamela Olmedo Rojas bióloga marina y buzo científico. Leyla Cárdenas Tavie identifica especies que invaden la biodiversidad del continente frío producto del cambio climático y, fue la primera década de la Facultad de Ciencias de la Universidad Austral de Chile (UACh). La ecofisióloga Angélica Casanova-Katny estudia los musgos y los líquenes que son afectados por la contaminación mundial.

En el segundo capítulo: “viviendo el sueño”, se declara la importancia de promover el conocimiento sobre el frío territorio, debido a la pertinencia que significa las modificaciones ecológicas que impactan a nivel mundial. Entonces, en esta sección agrupa a las primeras científicas en estudiar los microorganismos de musgos y líquenes, Wanda Quilhot Palma; la experiencia de la paleobotánica Teresa Torres González que acumula veinte viajes de estudio; la estudiante de bioquímica Josefina Jorquera Faúndez saca boleto para viajar tras ganar el segundo lugar en la Feria Antártica Escolar (FAE), presentando la investigación sobre la abundancia de la estrella de mar en aquel sector y ampliando la escasa bibliografía existente. La doctora en Ciencias Forestales Patricia Sáez Delgado estudia el retroceso de las masas de hielo que afectan al pasto y clavel. El incremento -propone- en las temperaturas podrían tener mayores efectos biológicos durante la noche que en el día. Sara Ulloa Villalobos vivió durante más de un año en isla Rey Jorge junto a su esposo y dos hijos. De acuerdo a la entrevista, Sara afirma que el encierro polar y el confinamiento en pandemia “no ha sido tan terrible, aunque sí extraño tener una bonita vista. Allá podías ver la había o la ventisca que golpeaba la ventana”.

En el capítulo tercero: “Conciencia Antártica”, Nadia Politis afirma que se fortalece la idea de la cooperación internacional, la protección del medioambiente y el interés por el desarrollo del conocimiento. En efecto, la brasilera Juliana Vianna estudia los distintos pingüinos y establece que ellos no siempre han estado allí, sino que, es una especie que migró en algún momento desde zonas más cálidas. En la misma área, Isidora Mura Jornet estudia la disminución de colonias de pingüinos barbijos debido al cambio climático y a la extracción indiscriminada de su alimento, el krill. Andrea Piñones Valenzuela es oceanógrafa y estudia la migración de la foca cangrejera en busca del krill. Angie Díaz Lorca es bióloga marina y tiene la capacidad de manipular la malla cuando deben cazar y liberar a aves salvajes como skúas y petreles. Esta última entrevista, destaca que la científica abrió el camino para que mujeres chilenas hagan buzo en la Antártica, asunto que ha ido cambiando desde el 2006.

El capítulo cuarto, pertenece a las reporteras, periodistas o camarógrafas tanto nacionales como internacionales que abordan con premura o dan cabida para difundir las ciencias. Acaso, de las manifestaciones más interesantes es la de Marisol Retamal González que responde acerca sobre el concepto de la buena periodista: “hay que tener pasión por informar. Pasión por la verdad, por la precisión, y siempre hay que tratar de ponerse en el lugar del lector o lectora”.

En el capítulo quinto, “científicas y uniformadas” se vislumbra la importancia de las Fuerzas Armadas para desarrollar la logística y traslado de las examinadoras. En el capítulo se destaca a la botera de naves menores Dayana Cañón Ulloa, la oficial de guardia Francisca Peñaylillo Arancibia encargada de cumplir con la navegación en una ruta inestable y la piloto militar Valentina Troncoso Santander, quienes en mayor o menor medida sortean lo voluble y desafiante que es el territorio antártico.

El capítulo sexto, “cruzar el círculo polar antártico”, es la división más importante, porque el viaje llega al objetivo es cruzar el círculo polar y trabajar en la estación científica Glaciar Unión durante noviembre a enero. Rescatamos a Jenny Blamey Alegría y Cecilia Pérez Barrientos, son parte de un grupo mayor, porque nos cuentan la preparación de alta montaña que tuvieron para enfrentar bajas temperaturas y relatar el fenómeno climático que acontece en aquella región.

El armado del séptimo capítulo, “nuestra antártica interior”, da cuenta de espacios mayormente creativos, personas como Katia Macías Díaz que participa en programas junto a otros líderes del extremo sur para promover valores y consciencia sobre aquel lugar. El volumen también registra a las ganadoras de la Feria Antártica Escolar (FAE) 2018, una de las tres, Katalina (20 años) declara que el desinterés científico procede por un asunto de sesgo.

En el capítulo octavo, “el continente del futuro”, es la sección más diversificada donde observamos perfiles sobre la habilidad musical de la puntarenense Pilar Delgado Ávila, la escritora Violeta Diéguez Rojas y el vínculo a través del libro infantil Violeta en la Antártica, la escultora Paola Vezzani González que simboliza la inventiva con el pueblo yagán (la única mención al pueblo fueguino), y la nadadora de aguas gélidas Bárbara Hernández Huerta que durante el verano del 2022 nadó sin traje protector en el sector del glaciar Leones.

Si bien el contenido de las entrevistas pudo estructurarse con mayor idoneidad al sentido de las secciones, la finalidad de Antártica: relatos de exploradoras en el corazón del planeta (2021) es difundir con perspectiva feminista y ecológica el quehacer científico en la Antártida. Dado que la lista de investigadoras y trabajadoras es amplia representan a la élite del país, también lo son las tesis propuestas y formas de vida en un medio que está cambiando, porque tras esa capa de hielo hay ecosistemas históricos por reconocer y seguir escribiendo.

 

 

Ficha técnica

Antártica: relatos de exploradoras en el corazón del planeta

Nadia Politis

2021

148 páginas

Proyecto financiado por el programa Ciencia Pública, del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, y cuenta con el apoyo del Instituto Antártico Chileno (INACh), y las municipalidades de Santiago y Punta Arenas.

lunes, 6 de septiembre de 2021

CRÍTICA| El investigador Cayetano Brulé achunchado por su autor Roberto Ampuero

 

Roberto Ampuero debe ser de los pocos escritores donde no ha tenido lugar la redención. Pese a contar con ocho libros en su haber, la forma y el contenido en las distintas publicaciones no ha desarrollado la solidez y solvencia que corresponde a la trayectoria literaria. Y aunque la capacidad de reinventarse por parte del autor no ha faltado, en esta obra toca fondo sin remedio.

Demonio (Sudamericana, 2021) es la última novela de Roberto Ampuero (Valparaíso, 1953): En ella, Amaya Bengoa busca al detective Cayetano Brulé para que resuelva el caso del pintor Edmundo Galaz Expósito, quien fue asesinado a los pies del Cristo Redentor del cerro Bellavista de Valparaíso. No obstante, en 140 capítulos se atosiga al lector con las más disparatadas y fantasiosas miradas sobre la revuelta chilena del 18 de octubre del 2019.

 

Para una persona con estudios de literatura en el extranjero, que haya construido un personaje como Brulé y promover la tesis de que Chile, “bello y majestuoso como un tigre”, está bajo ataque de sectores radicales como delincuentes y narcotraficantes que rompen con todo a su paso, es digno de reprobar. Además, es paradójico que el protagonista se haya convertido en una parodia de sí mismo, siendo su progreso común y predecible. No solamente porque como detective no investiga, tampoco hace las preguntas correspondientes para indagar en las motivaciones del acontecer nacional, por lo que la ficción narrativa que promueve es desequilibrada.

 

El investigador privado Brulé contempla la situación del estallido social con menos voluntad que los gobiernos y empresarios resolviendo el tema de la desigualdad en Chile. Estamos ante un “no es la forma”, expresión utilizada por aquellos/as que defienden semáforos y el patrimonio oficial, mientras que con ostentosa alevosía han desconocido, omitido y silenciado los crímenes ejecutados por aparatos represivos del Estado. Tal como ocurre aquí. Por ejemplo, cuando asiste al coronel Santos Vargas exfuncionario de Carabineros, y se explica que la desobediencia civil con las Fuerzas Armadas es consecuencia del movimiento social. Nada que aseverar sobre los millones robados durante años en Chile. No importa la investigación del pintor Galaz, el mensaje es retratar y representar a un sector que gobernó, se burló y nunca sintonizó con la población. Así, el lugar que detenta este libro en tanto discurso cultural es putrefacto.

 

No solamente eso, en la presentación de las consignas, confunde no sólo al lector, sino también, al propio agente: “Lo demostraban la proliferación de consignas en los muros suscritas con la A del anarquismo, el fusil del MIR, y la hoz y el martillo, y las postas de enmascarados que controlaban el tránsito” (55). El Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) no utiliza el símbolo del fusil, sino los colores rojo y negro. Esto no sólo es una caricaturización, sino una falta de precisión de dichos símbolos.

 

Si a ciertas personas les preocupa el fondo y la forma, este volumen es la prueba fehaciente del porqué es fundamental realizar un análisis crítico-estético a la obra de arte. Una de las aristas es el carácter técnico de la industria literaria. Me refiero a que, Demonio ha sido impreso en Uruguay y con una capacidad de diez mil copias. Es decir, el estallido se ha convertido en un producto, una mercancía literaria, pero bajo el prisma institucional. El mensaje no es local, sino exportar la rebelión hacia otros países con un discurso frágil y carente de elocuencia, porque vincular lo narco y el lumpen con las movilizaciones populares, es no entender nada.

 

Roberto Ampuero entrega una de las peores obras literarias de Chile. Demonio es un relato con carga emocional donde las dominantes sostienen la tesis de la paranoia delincuencial como eje movilizador porque es notoria la pérdida de privilegios y reticente a los cambios sociales que necesita el país.

 

Demonio

Roberto Ampuero

Editorial Sudamericana

Año 2021

424 páginas

Precio de referencia: $16.000.-

miércoles, 18 de agosto de 2021

VOCES| Matías Rivas, el editor de UDP: Después de nosotros, no hay más



Para vos, lo peor, es la libertad

Sumo

 

El fin de semana apareció una entrevista al editor de UDP, Matías Rivas, por el fallecimiento del crítico literario Juan Manuel Vial: “El panorama de la crítica en Chile es desolador”. La evaluación de voces críticas en el medio es deplorable y menciona, a modo de ejemplo, a dos críticos que escriben regularmente para la sección Bellas Artes de El Mercurio.

 

Los argumentos decadentes, clasistas y amargados de Matías Rivas son insostenibles. Para él, no existe más crítica literaria que aquella sometida al mercado, instaurando falsas ideas de exitismo y la probable valoración fuera del país. Aquella que es cómplice de las instituciones, con diálogos ambivalentes y conciliadores. Muy años noventa. Pensarás que en muchas décadas sirvió de algo el diálogo y la conciliación, cuando los números anunciaban una revuelta. La verdad es que, tal como tus poemas malos, las columnas en las que citas a Guattari, Deleuze, Benjamin y teóricos que no entiendes, tal como muestras en «Minuto a minuto« (2019), no generas pensamiento crítico. Lo que comprueba que no te hace inteligente ostentar una alta cantidad de libros.

 

Debería darte vergüenza el nivel de reflexión que muestras en la entrevista. Torpe, deficiente y enajenada de lo que está sucediendo. Pensarás que la crítica obedece a tus grupos, a lo que representas: una cultura caduca, tradicionalista, “fome y bien charcha”. Aquí el mensaje es claro, y es el mismo que alguna vez tituló Alberto Fuguet: “llegaron los bárbaros” (2018). Es decir, no les interesa la literatura más que como un espacio mercantil y, lo más peligroso, es que la ausencia de pensamiento crítico convierte al lector en consumidor. De igual modo, “cuando la élite empieza a eliminar la crítica”, la transforma en servil para las instituciones.

 

Y la crítica goza de buena salud, pese a tu ignorancia de crítico de Las Condes que solo lee El Mercurio y las revistas de los amigos. Está rebosante con Patricia Espinosa (a quien atacaste en La Segunda, 2015), Lorena Amaro y Lucía Stecher en la revista Palabra Pública. Publicaciones como La Palabra Quebrada, Saranchá, Lo Que Leímos, Cine y Literatura, El Circo en Llamas, Origami, La Calle Passy, Oropel, Letras.msyite, las entrevistas en suplemento KU, Letras en Línea, entre muchas otras que están apareciendo. Quiéranlo o no, los vaticinios de Alberto Fuguet, a quien respaldas desde el comité editorial de la revista Santiago, no se han cumplido: “La labor del crítico-como-profesor o, peor aún, la figura del crítico-como-perro-guardián, ha terminado” (Revista Santiago, 2018). Mucho menos que la crítica esté pasando por algún tipo de precariedad: “Estamos en un nivel de analfabetismo funcional demasiado alto, la gente puede ser profesional pero no entiende nada”.

 

No son pocos los interesados en el ejercicio de la crítica, se han generado redes que no viste venir y existe una rearticulación que no está pasando por los medios oficiales. Así, desde la formación pedagógica están aumentando las figuras críticas y generando medios alternativos. Sin embargo, como buen editor, no habrás leído, porque te parece estridente. Cuando esto ocurre, veo que prefieres  desestimar lo dicho y subestimar a los/las lectores. No sirve de nada aplicar la vieja confiable de: “pensé que el contexto de la entrevista era claro (…), “Sí el contexto se entendiera, no existiría polémica” (sic), (…) no sé qué interferencia hubo”. Ellos representan el desgaste y el retiro próximo. Germán Marín ya no está. Famosos eran los cafés con el autor de El palacio de la risa para analizar y maniatar la realidad literaria o los encuentros con periodistas serviles.

 

Hace años dije que era probable escuchar estos balbuceos y delirios de asesores pertenecientes a los monopolios culturales, debido a una crítica que no les pareció oportuna. Dicho y hecho, la actual entrevista del palurdo que evalúa el medio, comprueba que después de ti, está todo pasando. Habrá que acostumbrarse a los mojigatos y fulastres de la cultura que cada cierto tiempo hacen pataletas estridentes porque no les alcanza para generar ideas. Si quieres dialogar y preocuparte sobre la literatura, hablemos mejor sobre la precariedad estética de tus libros.


Alberto Fuguet, “llegaron los bárbaros”:

http://revistasantiago.cl/pensamiento/llegaron-los-barbaros/

Matías Rivas, “el panorama…”

https://www.ex-ante.cl/matias-rivas-el-panorama-de-la-critica-en-chile-es-desolador/

domingo, 1 de agosto de 2021

Crítica literaria: "En el pueblo hay una casa pequeña y oscura" (2021) de Vladimir Rivera Órdenes.



Regularidad literaria es lo que podemos afirmar sobre Vladimir Rivera Órdenes (Parral, 1973), luego de Qué sabe Peter Holder de amor (2012), Juegos Florales (2017), y Yo soy un pájaro ahora (2018). Porque En el pueblo hay una casa pequeña y oscura (2021) es una obra con alto potencial, donde la mayoría de las crónicas tiene carácter de epifanías y se observa un proyecto pulcro.

Para las personas que conocemos las provincias, las infancias de lluvia y el sombrío sur, este libro se vuelve entrañable. Las crónicas de Vladimir Rivera sobre Parral abarcan las tres últimas décadas.  Muestran a los hijos de la calle de una comuna apática, en un valle helado donde las familias viven con lo justo: la comida en la medida de lo posible. “Todo se adquiría de una pieza, nadie iba al supermercado a hacer la compra del mes. Es decir, había gente que sí, pero nosotros, los cabros de la calle Francisco Belmar, no” (21). Historias de las que la derecha y ciertos sectores de clases medias reniegan o han omitido como muchas otras violencias normalizadas. Por supuesto que a no pocos les parece un acto meritocrático cual himno nacional, que genera orgullo, ver que otros vivan mediante préstamos.

Rivera arma concisos relatos de niños, muchos de ellos de la población tomada Arrau Méndez, que están observando, creciendo, viviendo la dictadura y la transición. Algunos son hijos de desaparecidos, observan la separación de los padres debido a la violencia intrafamiliar o crecen con ellos. Está la recomposición de los núcleos políticos, aparece el sindicalista relegado Manuel Bustos orgulloso de los pactos realizados para el plebiscito,  y la incipiente rebeldía juvenil. Que, además, los subcapítulos estén bien cerrados es uno de los puntos fuertes del volumen.

Las distintas personalidades que habitan Parral pueden lograr una profunda densidad e impacto en el lector. De igual modo, la ausencia del padre por tortura y desaparición en la dictadura, establece un horizonte que ensombrece el poblado. No es el único, se trata de una generación movilizada en la lucha de derechos y que fue mutilada. Frente al olvido; un país de impunidad. Sin embargo, desde la literatura se genera la resistencia de colocar en estas páginas los nombres, vidas y circunstancias truncadas.

Uno de los relatos más hermosos es “Juan de Dios”, el primogénito nacido muerto y sepultado en un rincón del cementerio. La familia lo va a visitar regularmente. Los hermanos lo hacen partícipe de la infancia y hay un sentido de pertenencia cuando el cadáver todavía es ubicable. De cualquier modo, es el hermano mayor y en la dinámica familiar, se hace presente. La ausencia del mismo, la desaparición del nicho provoca un olvido y un largo adiós que no acaba.

El canon literario masculino: Borges, Ray Loriga, Echeverría, Neruda y principalmente, Juan Rulfo, funciona como tejidos para darle a este libro espacio en la literatura latinoamericana sobre la épica de vidas mínimas y la literatura de los hijos que critican lo difícil de vivir en este país. Emerger, tras lo visto, es prácticamente una epopeya.

Sin duda, las crónicas literarias de En el pueblo hay una casa pequeña y oscura tienen elaboración y contenido, en un trabajo sobresaliente y elogiable. En estas intensas melancolías de un pueblo fantasma, existe la inocencia de entender un futuro que no negocia a los y las familiares desaparecidas, ni menos con las personas que administran el modelo.


En el pueblo hay una casa pequeña y oscura

Vladimir Rivera Órdenes

2021

La Pollera Ediciones

162 páginas.

Crítica literaria: Palo blanco (2020) Rodrigo Ramos Bañados


Después de la novela «Ciudad Berraca» y las crónicas en «Matute», la estética de Ramos Bañados ha vuelto a escena: aquella del lenguaje punk, de humor irónico y prosa corrosiva, donde los sujetos pasan desde el absurdo a mantener la categoría que los distingue sobre los demás. Es decir, cuerpos políticos y representantes de lo neoliberal que se empinan en esta pirámide social y desde ahí, repiten las mismas conductas que los oprimían.

En la carrera literaria del periodista Rodrigo Ramos Bañados (Antofagasta, 1974), son varios los libros publicados en distintas editoriales, siendo uno de los más destacable es la novela experimental Pinochet boys (2016) seguido de las crónicas de Tropitambo (2018). En ellos, evidencia una preocupación por la situación actual del norte del país, también por cómo se desenvuelven distintos sujetos con/sin influencias, los desplazamientos migratorios, sobre el camino de la droga y la locura, el lenguaje, y la violencia del neoliberalismo chileno en todos los niveles.

 

Palo blanco y otros cuentos (2020) consta de dieciséis relatos cortos, desprolijos unos, otros con baches, pero de lectura rápida. En el volumen hay personajes que carecen de algún tipo de poder, el lado B del país: psicópatas, potenciales violadores, obsesivos, trastornados que generan o son parte de las violencias colectivas. De cualquier modo, hay experiencia y naturaleza para hacer la novela del norte chileno que juegue, dialogue, renueve con el imaginario de Miedo y asco en Las Vegas de Hunter S. Thompson.

 

Lo importante es que después de la novela Ciudad Berraca y las crónicas en Matute, la estética de Ramos Bañados ha vuelto a escena: aquella del lenguaje punk, de humor irónico y prosa corrosiva, donde los sujetos pasan desde el absurdo a mantener la categoría que los distingue sobre los demás. Es decir, cuerpos políticos y representantes de lo neoliberal que se empinan en esta pirámide social y desde ahí, repiten las mismas conductas que los oprimían. Mientras escribo, pienso en la soltura narrativa para hablarnos sobre tres viejas chifladas canjeando puntos para llegar al paraíso donde la esperan los cosacos, en el sátiro cuento de “la piedra feliz”.

 

Asimismo, las literaturas escritas o situadas desde las provincias están ampliando el panorama literario local demostrando que los provincianos desarrollan una relación y dependencia idiosincrásica de lo que sucede en la capital. De esta forma, en el cuento “Literatos” el docente universitario Nicomedes Navarro desea codearse con escritores extranjeros y ser un referente de la buena escritura a diferencia del “colectivo periférico”, quienes según él “ensucian el lenguaje con sus historias llenas de resentimiento”. Asimismo, en “Acción Poética”, nuevamente es secuestrado el famoso escritor Álvaro García Sotomayor, por audaces escritores, que buscan “que la literatura deje de ser manipulada por intereses de mercado y, de paso, que la empresa privada deje de lavar su imagen a través de la cultura”.

 

Así, en esta exhibición coral de rabia y frustración Palo blanco articula una sociedad decadente y patética: El bibliotecario que ayuda a Laura a través de un premio literario y es despedido al finalizar el año, la demencia de Palomino en la salitrera Santa Luisa frente a dos turistas perdidos, el tráfico de drogas entre Tacna y Arica, el inmigrante que provoca al chofer de la micro de Viña del mar, el dirigente sindical que se obsesiona con actrices porno, con escritores y mercado publicitarios, la corrupción en la cultural regional y en caricaturescos escritores de la bohemia en decadencia que relatan esporádicas aventuras, entre otras.

Palo blanco y otros cuentos significa el regreso a la literatura satírica que ha consolidado a Ramos Bañados. Aquella donde el foco son los personajes fracasados y olvidados, situados en diversas temáticas que reflejan lo que sucede en el Chile actual y relatos cortos que hacen rápida su lectura.

Palo blanco y otros cuentos

Rodrigo Ramos Bañados

Zuramerica

142 páginas.