viernes, 9 de abril de 2021

Crítica literaria: Mundo a escala (2020) de Fergie Contreras


 

CRÍTICA| «Mundo a escala» de Fergie Contreras: Sentir dentro de una corporalidad incómoda y sugestiva

Se trata de una obra sumamente figurativa y de muchos silencios. Fergie Contreras desarrolla una sensible y sutil relación entre el cuerpo, la descontrolada urbe que se expande y el pútrido neoliberalismo expresado en empresas dueñas de amplios territorios que explota la naturaleza local. En una primera instancia, hay una relación intrínseca entre la ferocidad de lo contemporáneo que atrapa y provoca la pérdida del bosque: “los edificios por caer / los sonidos / de la tierra / enfermaron / por temblor / o dictadura”. No obstante, también refleja un tono de espanto y tensión sobre un cuerpo que no termina de constituirse y es múltiple.

El volumen consta de 42 poemas numerados y desordenados que se leen en un momento, pero para su comprensión necesita unas cuantas lecturas más. Además, son breves y la mayoría tiene la extensión de una página (hay un poema escrito en prosa). Algunos están construidos en base a tres o más versos simulando a los Haiku (que normalmente hacen referencia a la naturaleza y lo cotidiano). Otro rasgo fundamental, es la referencia metatextual al filósofo francés Jean-Luc Nancy (“Incluso el vacío es una especie muy sutil de cuerpo”) y que permite generarse una idea sobre la temática y alcances del lenguaje en la obra.

Por este motivo, el libro busca indagar en los sentidos anímicos y corpóreos del propio ser en relación con la ciudad. Así, en distintos poemas aparecen breves versos en cursiva incrustados a lo largo del poemario en los que superpone dolencias, castigos y laceracione

Comprendiendo que el cuerpo, al igual que los bosques nativos que son deforestados, es un tipo reclusión y por lo mismo no es un fin sino un tránsito, una hendidura en un territorio no determinado. La hablante pareciera estar atrapada en la abulia de lo que significa vivir con la velocidad de la metrópoli y armar un mundo a escala que le permita desarrollarse.

Sin duda, Mundo a escala de Fergie Contreras es un volumen de poemas atractivo y que alcanza el objetivo de elaborar complejidad en muy pocas palabras; comenzando desde lo externo a lo interno, lo perceptible a lo sombrío y punzando zonas de dolor. Su poesía privilegia la sensorialidad de los dolores, del tedio, cierto sentir dentro de una corporalidad incómoda y sugestiva.

Mundo a Escala. Fergie Contreras Salmen. Editorial Vísceras, 2020, 58 páginas.

domingo, 21 de marzo de 2021

Crítica Literaria: la Palabra y su perro (2019) Carlos Trujillo



Carlos Trujillo es uno de los pilares de la poesía en el sur. Probablemente más por fomentar el Taller Literario Aumen de Chiloé, en los que han salido connotados autores y autoras, que por el conocimiento de la obra que ha sido publicada mayormente fuera del país. Aunque ha publicado quince libros que no enumeraré, estos dan cuenta del largo tiempo dedicado a la literatura y a la poesía.

La palabra y su perro (Mago editores, 2019) es otra antología que recoge de libros como Palabras (Perú, 2005), Texto sobre texto (Costa Rica, 2009) y Todo es prólogo (New Jersey, 2000), entre otros. Este volumen engloba desde el primer grupo de poemas “Palabras”, a un hablante, en tanto escritor y en pleno momento de ensayo, que indaga sobre las preocupaciones en el acto de creación literaria, previo al poema. Una pregunta clásica de taller, pero transversal y una obsesión en la obra del autor.

De modo que dicha temática (¿qué escribir frente la hoja en blanco? O ¿qué hacer?) es un tipo de fractal literario y donde el empeño pretende alcanzar alguna de las aristas imaginativas: “Una palabra asiste al nacimiento / de otra palabra más pequeña / y ésa de otra/ y esa de otra de otra más” (14); “¿Qué hace la palabra que queda afuera del poema?” (15); “Escribo como si fuera la palabra / La que me lo pidiera ahora mismo / Desde la silla del frente, más allá del azúcar y el café/ La miro y me reveo / Y creo que la palabra se ve en mí” (19); “¿De qué escribir sobre la blanca cara / de una hoja de cuaderno?” (23). Estos fragmentos sirven para constituir esta pregunta en el objetivo primordial y la excusa para sistematizar esta creatividad. A continuación, este proceso de consciencia de sí mismo como literato queda abierto, sin respuestas. Una búsqueda poética similar al “libro de las preguntas” de Pablo Neruda.

La obra La palabra y su perro contiene una escritura correcta, formal en sus registros y una prosa manifiesta. Para ello utiliza un amplio abanico de recursos como por ejemplo: tomar prestado versos de otros poetas –muchos del sur–, paratextos, los juegos de significado/significante, figuras literarias, metatextualidad, entre otros. Por lo que, la utilización de la forma y la estructura deja entrever que no tensiona el lenguaje, sino que simula una práctica habitual dentro de los parámetros tradicionales. Es decir, busca más lo concreto que reflexiones abstractas y complejas.

La palabra y su perro, Carlos Trujillo. Mago editores, 2019, 240 páginas.

 

Crítica literaria: Poesía de la banda posmo (2019) José Ángel Cuevas,


Criticado por mantener e insistir con las mismas temáticas de los militantes que se quedaron en el país después del Golpe cívico-militar, el expoeta José Ángel Cuevas (Santiago, 1944) no descuida la poética donde el desencanto y desilusión hacen mella en Poesía de la banda Posmo (2019) publicado por editorial Calabaza del Diablo. 

 

Este volumen que recoge poemas olvidados en cuadernos junto a otras novedades, contiene 53 poemas en dos capítulos en el que combinan recuerdos, experiencias, andanzas, lenguaje popular y crítica sobre Chile; aquel pueblo humilde y esforzado que tuvo alguna vez la esperanza de mayores oportunidades, y sin embargo, hoy es renegado y vive por/para/de la desigualdad, muchas veces ausente como lamiéndose las heridas.

 

¡Cómo no conmoverse por los poemas militantes! En 2013/Volver al presente, señala las nuevas ambiciones de las multitudes de gentes que buscan materiales efímeros para sentirse individualmente cómodos. No obstante, todavía la memoria es un fantasma que aflora donde hubo lucha para defender las expropiaciones y autonomía obrera como en la fábrica SUMAR:

 

“Han pasado cuarenta años, pero igual el frontis

de Sumar sigue allí, desteñido

y con olor a sangre de obrero muerto”

 

Pese a que anduvo incomunicado un fin de semana y provocó un alto impacto tanto en las redes sociales como en los diarios, es necesario volver a la poesía de Cuevas para comprender que una de las características del trabajo es la observación: un cronista barrial que habla desde la experiencia de vivir los años de plomo, los setenta. Descrito en innumerables lugares añejos y que se encuentran en retirada como Cabaret Zeppelin, El Jote, conversaciones en El Cinzano, la casa natal, población Conchalí, comedor Las Vegas, Carmen 340, City Bar, entre otros. En este proceso de desaparición o de cambios, en el poema ¡Mi... generación! ordena a los últimos cuadros políticos mueran como vivieron sin perturbarse. Lo que resalta frente a este Santiago transformado, un páramo enajenado y justificado con la paranoica de la arquitectura en altura.

 

Así, observamos un comisario del pueblo que recorre las ciudades de Santiago, en tanto poblaciones como  Yungay, J. M. Caro y J. A. Ríos, las comunas Renca, Estación Central, Puente Alto, Ñuñoa, etc., barricadas, las historias olvidadas de las punto 30 acechando, y las resistencias, pero también las erradicaciones de 1982-1984, el arraigo de la pasta base y los vínculos de los  distribuidores de la periferia con  la UDI o quedarse atrapado en el Toque de Queda. Estos nombres configuran una nueva sociedad que ha sido develada gracias a importantes reportajes. Es así que ante lo mencionado, el hablante expone en el poema Vida posmo la máxima aflicción y reparo sobre una sociedad dominada por la tecnología.

 

“Ya no hay esperanzas señores / sino una mini libertad

hablar con su celu / pedir un préstamo / tomar chela

ver fútbol / saltar, gritar como animales en el Metro.

O caminar bajo calles contaminadas de vida”.

 

Cuando leo esta obra, inevitablemente, aludo al poema en prosa Hablo de Luis Oyarzún, del Grupo Trilce, Etcetera de Omar Lara debido a la recuperación de un lenguaje prosaico, la fluidez y forma de construir el poema en donde es parte de una generación situada no solo en una localidad sino que hay referencias tangibles en común. Lo que hace José Ángel Cuevas es precisamente, detenerse a escuchar lo que acontece en la ciudad, entre la nostalgia y el silencio de la dictadura, hay esperanza y poemas de amor, diatribas, pero la gran pregunta que el hablante asocia con las directrices publicadas por Lenin es: ¿Qué hacer?

 

Si bien Poesía de la Banda Posmo (2019) no está a la altura de Poesía de la comisión liquidadora (1997) y Maquinaria Chile: Y otras escenas de poesía política (2012), no deja de ser un poeta ineludible de la escena chilena. Además, es un libro publicado meses antes de la rebelión popular del 18 de octubre de 2019. Esto es, que la desmoralización es la tónica en el volumen, y por lo mismo, la esperanza se percibe constante: “quizás de nuevo se reúna el proletariado y arrase con la realidad” afirma en uno de los poemas. Esta obra se mantiene equilibrado en sus partes, con muy poca variación, y con una prosa que pasa revista a los viejos temas que el poeta ha instalado, sin olvidar que el pasado ha sido removido.

 

Poesía de la banda posmo, José Ángel Cuevas, La Calabaza del Diablo, 2019, 88 páginas.

sábado, 6 de marzo de 2021

Crítica literaria: Piñen (2019) Daniela Catrileo

 


En las últimas décadas, la producción narrativa escrita mapuche ha ido creciendo ostensiblemente, pero con las mismas dificultades de promoción y distribución que tienen las editoriales pequeñas y medianas. Aún así, la poesía destaca y es premiada, mientras las policía estatal asesina mapuche. Esto no resta, a la sorprendente explosión de lectores/as y reseñistas interesados en Piñen (2019) de Daniela Catrileo (Santiago, 1987).

Aunque son tres cuentos: ¿han visto cómo brota la maleza de la tierra seca?, Pornomiseria, warriache es un relato amplio que es desarrollado con un tono de aflicción y descontento. De hecho, la protagonista Carolina Manque construye identidad en un ambiente de departamentos blocks, transitando entre rígidas estructuras en la que hay un vaciado cultural y de violencia marginal. En este sentido, refiere a múltiples temáticas como género, identidades, periferia, marginalidad, desigualdad, clases sociales, el racismo incorporado, la precarización, migraciones, drogadicción, patria, aborto, solidaridad, entre otras.

En esta narrativa se entrelazan compañeros de clase y vecinas que luego tienen distintos destinos, como el pez gordo de la coca, Jesús; Jeshu, un mechero, vecino y huérfano al cuidado de la Gonza; la vecina abusada sexualmente por su padre, Valeska; y la amiga, Yajaira. Lo que permite recordar las infancias instaladas en San Bernardo y territorios sagrados que alguna vez pertenecieron a los incas.

La colonización y la supresión de los vestigios indígenas, transita desde predios tomados hasta vivienda social, llena de polvareda y de escombros, controlada por los narcos. De modo que, ciertas existencias están sometidas a la suerte de la olla: “Era común morir de esa manera absurda por alguna carga de acero y plomo que accidentalmente te daba en la cabeza un día cualquiera” (13). De lo anterior, presenta una mirada apocalíptica en dichos espacios.

Una de las temáticas de primer orden, es el sentir ajeno en territorios de chilenidad, catolicismo y racismo. Aunque, la familia reniega de la condición de mapuche y solamente habla mapuzungun en espacios íntimos o festivos, lo mapuche está demarcado y se hace notar. Así, la narradora lo hace describe: “Santiago para nuestras familias significó un pedazo de suelo donde crear algo parecido a un hogar. Intentaron construir una vida y tacharon otra” (47), en tanto búsqueda de mejor suerte sin hallarla más que la dificultad de sobrevivir en los barriales.

Este proceso de enseñanza normativa y doctrina religiosa coincide con el compañero de clase, Jesús, quien no se amolda a la organización del colegio católico: “Mientras todos los cabros del barrio nos miraban como si fuéramos un grupo de cobardes intentando ser lo que no éramos; y de alguna forma era verdad. Era como mentirle a la raza. Sabíamos más de la Santísima Trinidad que de Ngünechen” (21-22).

Con una prosa sobresaliente, Piñen es una obra que extiende los paisajes de la metrópoli y  la bonanza de la transición. Ahí donde están los y las sujetos excluidos. En definitiva, es la recomposición de orígenes mapuche obligados a olvidar dicha pertenencia y por lo mismo, el continuo exilio.

Piñen. Daniela Catrileo. Libros del Pez Espiral, 2019, 70 páginas.

Crítica Literaria: Memorias de una niña Alba (2020) Bruna Faro

 

Memorias de una niña Alba. Historias de una infancia ultrajada (Mago editores, 2020) es la primera novela de Bruna Faro (Pinto, 1981). Ella se sitúa desde la paz y tranquilidad de la madurez personal que rememora, y en consonancia, al caso judicial por abusos sexuales ingresado por Judith Jaramillo en contra Héctor Ricardo Salgado Moreno, quien fuera el director del Hogar de Niñas El Alba entre 1980 y 1994, y vinculado a la Fundación Alba de la Iglesia Asamblea de Dios Autónoma de la ciudad de Osorno.

Esto es la antesala de un sistema del terror y de abusos que ha demostrado la más absoluta deficiencia en los objetivos trazados, lo que ha derivado en reportajes, testimonios y resoluciones judiciales altamente condenatorias. Dejando en claro que la infancia es un periodo de vulnerabilidad extrema en manos de personas con nula capacidad de empatía y preparación. Así lo demuestra el primer relato, en la que Lidia sufre una severa descomposición intestinal y marca el tipo de reacción de los adultos responsables: “Giré la cabeza en busca de alguien más que pudiera estar siendo testigo de su agonía. Nadie parecía notar que estaba ahí. Volví la mirada hacia ella en el momento justo en que lograba ponerse, con mucha dificultad, en pie” (8). No cualquier persona está diseñada para ser tutoras que cubran las necesidades y formas de educar a los y las menores.

En lo que se podría catalogar como la primera parte de este libro, las hermanas Aurora de 7 años y Margarita de 4 años son abandonadas por la progenitora en un hogar de monjas. Edificio antiguo, imágenes muy bien reseñadas, relatando las normas y costumbres propias de estas instituciones. A continuación, son traspasadas al Hogar de Niñas El Alba donde el director Ricardo es la representación de la más cruenta dictadura, en colaboración de las tías del hogar, que continuamente torturan a las niñas por la más mísera excusa, dejándolas en la más absoluta hambruna y desesperación.

Asimismo, reconocer que durante el siglo XX el término “huacha” o no tener familia tradicional era encarnar a los descendientes ilegales fuera del matrimonio, por tanto, vistos desde el prisma religioso que predominaba en sectores conservadores, son entes concebidos bajo el pecado.

En esta obra, no deja de llamar la atención las continuas referencias de “esta (s)” que utilizan los adultos mencionando a las niñas como un vocablo peyorativo y lleno de despreciado. En el mismo sentido, es valioso el rescate de los diálogos directos, interjecciones, modismos entre las muchachas siendo populares citadinas e informales, otorgándoles mayor verosimilitud y describiendo relaciones interpersonales auténticas. Incluso se lee el “cantadito” de las personas del sur del país.

La tercera etapa corresponde a registros de entrevistas después de años de distancia. Por último, la cuarta parte son las cartas testimoniales de exinternas como La Pacheco, Paula, Estela Quelín, Judith Jaramillo, Luz Cárdenas, Susana C., Rosa Solís, Nury Torres Torres y Norma Reyes quienes dan respaldo, perspectiva y entrecruzan los hechos relatados por la autora.

Si bien la narrativa está focalizada en la protagonista, Margarita comienza a desaparecer durante las interacciones. Entonces, nos centramos en que la historia transita de torturas y torturas: “A pesar de que las internas antiguas decían estar acostumbradas a ser torturadas y presenciar torturas, se notaba que, efectivamente, no se acostumbraban. Después de cada episodio vivían un duelo de silencio. Cosa a la que también yo me estaba acostumbrando” (124). Ante estos episodios, las víctimas quedan espantadas, se rebelan, silencian, huyen, demostrando las múltiples facetas y caras del atormentador: “el tío Ricardo parecía otra persona cuando estábamos en la escuelita dominical, a veces hasta llegábamos a pensar que era bueno” (125). Esta novela desarrolla que las vivencias no son unipersonales o aisladas, sino que son experiencias colectivas donde prevalece la solidaridad o la fuerte sororidad para resistir vejámenes. Habría que cerrar con las palabras de Luz Cárdenas: “El Hogar El Alba fue una fábrica de mujeres inseguras, de mujeres abusadas, de mujeres infelices” (259).

La novela Memorias de una niña Alba comprueba que las instituciones son organizaciones que carecen de las garantías que buscan preservar. Incluso, apunta a una sociedad conservadora que carece de empatía o de valores cristianos, porque han sido partícipes de violencia de género y abuso infantil. Finalmente, las resiliencias pertenecen a niñas abandonadas en un ámbito subterráneo en una sociedad en flagrante deuda con los y las  desposeídos/as.

Memorias de una niña Alba. Historias de una infancia ultrajada. Bruna Faro. Editorial Mago, 2020, 274 páginas.


viernes, 15 de enero de 2021

Crítica literaria: Las heridas (2021) Arelis Uribe

 


El segundo libro de Arelis Uribe, Las heridas (2021), continúa trabajando con los materiales que narró en Quiltras (2016). La clase social, la diferenciación entre los géneros, las personas comunes alejadas de espacios de poder, la Gran Avenida de Santiago de Chile, pero aumentando lo emotivo, porque esta es una crónica de la muerte del padre. Una figura nunca correcta, ni la mejor posible, pero es el padre.

Esta obra inicia con la caída al hospital y el funeral. Con el acontecer, la escritora utiliza trazos de recuerdos, las fotografías, los recortes de diario, los testimonios cercanos para componer el esquema familiar y las aflicciones que conforman ese tejido durante el tiempo del desamor. El abuelo era masón, carabinero (ACAB), maltratador, abusador y, no menos importante, un simpatizante nacionalsocialista. Además, incorpora la hospitalización por accidente cerebrovascular del padre, y conversaciones con la abuela materna, quien trabajó para los Caffarena y era una asesora proactiva. Los múltiples cambios de casa, de colegio, los novios de la madre, las depresiones, el rol dentro del hogar y las distancias familiares van estableciendo el sentido de esta obra.

 

En este pequeño cuadro familiar, destaco la exhibición de los antecedentes en la cultura de la discriminación por género. Es decir, los hombres tienen mayores beneficios –van a la universidad, mientras las mujeres llegan a un nivel educacional básico–, derivando en otra generación en la que las herencias y los poderes económicos pertenecen a los hombres. Por el contrario, las mujeres son dejadas en un sector degradante y ajeno a un tipo de valor. Lo que genera precariedad y desigualdad.

 

En términos estructurales, el volumen tiene capítulos no enumerados y que varían de extensión. Los que van intercalados entre el trágico evento familiar, y la rememoración de la identidad personal junto a las relaciones familiares. Estas secciones son breves y no permiten desarrollar los ambientes en los espacios periféricos porque se ocupa del sentir frente a las materias temáticas. Es importante indicar que describe las dimensiones de las casas habitadas, pero no alcanza a distinguir lo que significa vivir en Marcoleta, Gran Avenida y otros sectores de la capital. El final (que no es lo mismo que el desenlace)  no es el mejor, ya que debió haberse dado por finalizado en la página anterior.

Uno de los puntos altos que tiene este libro son los distintos temas que cruzan esta crónica, en la que es innegable recordar el fuerte vínculo con Veneno de escorpión azul de Gonzalo Millán, donde el poeta utiliza el diario de vida contando lo que significa llevar el cáncer y el apoyo familiar de su condición. De igual modo, el vivir hacinadas y la estrechez económica que enlazo con la novela Allegados de Ernesto Garrat, que muestra a los protagonistas viviendo en una pieza en un departamento. Una realidad cotidiana que se mantiene todavía. En efecto, otro tópico es el rol de las hijas que se hacen cargo de la casa, del alimento, de la madre en tratamiento y de sus hermanos menores. Una realidad cotidiana como las relaciones de las hermanas en Mujercitas de Louisa May Alcott.

Las heridas (2021) es una obra desgarradora y honesta, angustiante y dolorosa, en la que se exponen las llagas, las simpatías en el proceso de pérdida y de sanación. Dicho de otra manera, lo que nos parece literatura, no es más que el padecimiento de personas en distintos niveles. Finalmente, el relato parte y termina en cómo la autora se siente en relación a la ausencia física del padre y esto la sitúa en la contingencia de la literatura local. En todo caso, Arelis Uribe da cuenta que tiene un amplio abanico de temas literarios que podría desplegar a futuro.

 

Las heridas. Arelis Uribe. Emecé editores, 2021, 110 páginas.

miércoles, 30 de diciembre de 2020

Reseña: Piedras, Barricadas y Cacerolas (2017) Viviana Bravo Vargas.

 


Piedras, barricadas y cacerolas. Las jornadas nacionales de protesta. Chile 1983-1986.

Viviana Bravo Vargas

UAH ediciones, 2017, 436 páginas

El exhaustivo trabajo está dividido en nueve capítulos y da cuenta de dos grandes líneas: el cuestionamientos a los discursos oficiales encontrando asidero sobre los antecedentes o motivaciones para la movilización nacional, y por otro lado, la cultura de la protesta como extensión de la participación y politización de los espacios de oposición para hacerle a una fuerte  robusta y poderosa maquinaria de exterminio. Para esto, la historiadora acude a diferentes fuentes primarias como los archivos de la Vicaría de la Solidaridad, la del dirigente sindical Luis Fuentealba, a la Biblioteca Nacional, al Fondo Documental Eugenio Ruiz-Tagle (FLACSO), diarios, periódicos y revistas de la época. Además, destaca el trabajo en terreno construye 29 entrevistas a personas activas durante la dictadura y las fuentes secundarias: 164 libros, artículos y tesis.

De lo anterior, permite especificar el método de trabajo de Viviana Bravo Vargas, quien durante su carrera académica ha desarrollado una línea de investigación sobre la rebelión popular-urbana durante la dictadura cívico-militar. El presente libro constituye tesis doctoral y en el 2013 recibió mención honrosa en el Premio Casa de las Américas.

De acuerdo a los estudios citados por la autora, las subversiones populares no conllevan una sola directriz, estos son múltiples y para Chile, han sido interclasistas. Es decir, desde el colapso económico y financiero, para 1983 había un deterioro de la calidad de vida de los trabajadores debido a la explotación de los mismos en las fábricas. Con ello, un aumento de la inseguridad que afectó a los grupos vulnerables, la falta de expectativas juveniles y tanto la intervención de los grupos políticos en las tomas de terreno como el trabajo de base de los grupos eclesiásticos propiciaron una orgánica frente al dictador. Según datos este volumen hay un especial énfasis sobre el quehacer poblacional de la Región Metropolitana, a excepción de llamados de la Confederación Nacional de Trabajadores del Cobre (CNTC) y otras zonas específicas, dejando de lado las experiencias en regiones como el histórico “puntarenazo” (1984) o el frente cultural en las regiones, por ejemplo.

Aunque el tono de la obra tiene un tono de épica, la vindicación de las Jornadas Nacionales de Protestas, al igual que el camino hacia el Plebiscito (2020) a la Nueva Constitución, comenzaron en las calles. Estos espacios fueron tomados por sujetos organizados para hacerle frente, desde el 11 de mayo de 1983, a las fuerzas represivas de la dictadura.

Publicado en Le Monde Diplomatique, edición Enero.

Crítica literaria: Estampida (2018) Bernardita Bravo

 


Hace poco leí la novela Sara (2019) de Maivo Suárez, comentaba que en ella, caracterizaba la dimensión de lo que significa la postergación de las mujeres, dentro de la arrolladora maquinaria del capital siendo productoras de diferentes y variadas relaciones. En este aspecto, no puedo dejar de pensar en el ensayo Contra los hijos (2018) de Lina Meruane, cuestionando el ejercicio de la maternidad en la literatura. Esta continua suspensión del “ser mujer” (entiéndase feminidades heterogéneas y sin definición) y la obediencia al orden social reduciendo las aspiraciones personales. Claramente, está la tendencia de escritoras que amplían la narrativa chilena reciente y demuestran distintas fases de liberación, de consciencia y cuestionando los ejes fundacionales como la familia y ser madre.

Estampida (2018) es la primera obra de Bernardita Bravo (Santiago, 1980). En estos nueve cuentos, hay una propuesta carente de dudas y de mayor vigor, porque los personajes femeninos se sacuden de las barreras conformadas por los estereotipos políticos y sociales: “Es sabido que las preocupaciones aumentan con la edad. El cuerpo se pone más rígido. La mente, difícil de aquietar. No se gana en sabiduría, la adultez es un retroceso” (25). De esta manera, escenifica múltiples femeninos, algunas sumidas en la táctica, en proceso de liberación de las trabas y tramas. Hay independientes, hijas esperando la muerte del padre decrépito, mujeres trastornadas por la muerte de la hija, “madres en retirada”, mujeres predispuestas, mujeres distantes, entre muchas otras. Po otro lado, aparecen los pocos materiales como los manuales de educación sexual siempre biológicos y deterministas, las referencias a los comportamientos de la madre o la figura masculina enlazándose lateralmente.

Este volumen de considerable virtud está lejos de ser políticamente correcto debido a la formas de refutar que estar lejos del cuidado de personas “no pesan”. Mientras que, para lectores conservadores provocará sorpresa y estupor este tono: “Su hija quiere que su padre muera de una vez. Ya ni siquiera soporta su olor. Porque ahora tiene olor a viejo, ese olor de ropa sin lavar, de cuerpo sin lavar, piel y huesos asediados por el exceso. Asear a un viejo no es fácil” (27). De lo anterior, es el caso de “la caída” en la que da cuenta de una compleja relación de la hija y su padre, pero con la narradora focalizada en la representación de la ancianidad, siempre laboriosa y decadente, pero con la determinación de otorgarle dignidad al estertor de estos cuerpos moribundos.

En estas narraciones hay desenvoltura, osadía y liberación de la educación de la dictadura, pero están los secretos que cada familia retiene. Es lógico que estos misterios sean, apenas pequeños destellos sobre la bruma. Bravo le saca potencia al escenificar ambientes de poca claridad y de tonos reservados.

Estampida es una obra singular, donde la narrativa se sitúa en protagonistas femeninas predispuestas a reflexionar, a formalizar tácticas de sublevación en el entorno para cambiar la suerte y pertenecientes a una clase conveniente, que les permita representar el cuestionamiento y postergación de las maternidades. Lo que hace significativo su lectura es que: primero, se enmarca en un contexto movilizador junto a las demandas feministas; y segundo, el libro de Bravo, da cabida a mujeres poderosas y llenas de argucia, siendo herramientas de transformación de mundos más liberales.

Estampida. Bernardita Bravo Pelizzola. Editorial Cuneta, 2018, 82 páginas.

MAHA VIAL: LA INCESANTE LUCHA POR ESCRIBIR

Foto: Ricardo Mendoza Rademacher.

Por Gonzalo Schwenke


Las primeras oportunidades que escuché el nombre de Maha Vial estaba vinculada a la tradición literaria valdiviana en la década del ochenta. Existía un aura de lo que significaba operar culturalmente durante la dictadura en provincia. Para esto indagué en antologías y entrevistas que sirvieron como guía para introducirme a los libros autorales. En ese ir y venir, está la Antología de Poesía Universitaria (2000), realizada por Iván Carrasco y Yanko González, el libro de entrevistas de Yanko González: Héroes civiles & Santos laicos (1999), y por último, Poetas Actuales del Sur de Chile (1993) de Oscar Galindo (quien ha investigado sobre postvanguardia y donde la enumera) y David Miralles.

Maha Vial es una voz que siempre ha pululado por las calles valdivianas. En las murallas y paredes de la ciudad. En los distintos trabajos empleados. En los libros y afiches sobre sus interpretaciones teatrales de personajes marginados (todavía recuerdo encontrar registros fotográficos sobre la representación de Calígula donde también participa el docente y actor, Roberto Matamala). La presencia en los talleres literarios Matra e Índice, participando como actriz en el grupo de teatro Altazor[1], Granbufanda y dirigiendo el taller para estudiantes: Tadra[2]. En registros documentales como el de Paola Lagos: 6/10 (Seis décimos), las recomendaciones de lectura y en la inevitable omisión. Una artista ineludible.

 

SI EN LA LITERATURA EXISTE MARGINACION, ESTÁ MAL PELAO’ EL CHANCHO

 

Al parecer son más los libros no publicados que los volúmenes de poesía, y que nos deja el recuerdo de sus palabras sin tapujos, su alegría, su característica sonrisa y la política de ampliar los márgenes. Además, del trabajo transgresor y performático, los vestigios de los desgarros y la rebeldía contingente desde Valdivia.

Reconocemos la alta calidad literaria de la poeta. Una red de amistad: querida, amada, admirada por muchas y muchos. Lo que nos deriva a pensar sobre el sistema de producción cultural chileno y los registros textuales en dirección a la profundización de las obras.

La poeta nos dejó seis (6) libros de poesía, sin contar los borradores, los apuntes, las reflexiones y otros ensayos de textos no publicados: La cuerda floja (Ediciones UDES, 1985); Sexilio (1994); Jony Joi (2001); Maldita perra (2004); El asado de Bacon (2007); Territorio cercado (2015) y Fuerza Bruta (2019). Prácticamente la carrera literaria ha sido editada por la editorial Kultrún y la resonancia ha sido escasa.

En este sentido, hay sistemas hegemónicos sobre estudios literarios que mirado desde la fétida petulancia del centro que ha marginado y orillado trabajos autorales. Es decir, los que están llamados a descubrir, levantar y densificar estas producciones literarias han menoscabado determinadas estéticas.

El silencio de cierta crítica académica conservadora y siútica, es violenta. Probablemente uno de los tantos dolores de la poeta. Así me lo expresó al oído sobre, los que consideraba “sus amigos”, mientras escuchábamos leer a un poeta-docente en la 1ª Feria Universitaria Ciudad y Libro UACh (2015), realizada en los vestigios estructurales de la cervecería alemana.

En los estudios literarios firmados tanto por académicos burocráticos como escritores que coincidieron en el circuito cultural han permitido que se desarrolle la literatura con apellido. Lo que corrobora la necesidad de seguir ampliando la formación en una poeta transgresora  y que continuamente experimentaba en diversos formatos.

Si buscamos respuestas sobre el ejercicio de silencios, hay que avanzar en las lecturas académicas que han caracterizado la diferenciación. Ana Traverso y Andrea Kottow (2020)[3] afirman que “La creciente inclusión de la mujer en el campo literario requiere de una aceptación de la crítica y el interés del mercado cultural por editar, vender y difundir estas obras en el medio nacional” (17). Por su parte, la crítica literaria Patricia Espinosa (2018)[4] extiende la mirada hacia “el campo cultural chileno, la institucionalidad cultural y las políticas culturales en torno a la mujer bregan por la consolidación de una sujeto subordinada al formato heterocentrado, no disidente; porque el desacuerdo se paga y caro en nuestros países dominados por una elite masculina” (9). Mientras que, Lucía Guerra (2008)[5] señala que “La noción de cultura conlleva un elemento de autoridad que discierne y establece cuáles son los elementos que la configuran. Por lo tanto, lo concebido como cultura constituye en sí una territorialización en la cual se ha dado prioridad a ciertos aspectos excluyendo a otros” (108).

En esta línea, el 7 de octubre del 2018, hice un comentario en redes sociales sobre una conversación con la crítica literaria chilena en relación al libro Jony Joi (2001) de Maha Vial. Patricia Espinosa investiga y concluye que la palabra “cuerpa”, es el primer gesto feminista/político sobre la apropiación de género en el uso del lenguaje de la poesía chilena. El poema es el siguiente:

 

“Besa a la amiga triste la otra/ Cálmala regalándola nueces y florcitas/ Reviéntale casi el pecho al saberla/ desnuda debajo de la oculta sábana/ que recorre con su misma cuerpa/ ¿y si nos descubren besándonos? ¿Besando las charcas y bebiendo la agüita?/ Dímela tú Julieta Respóndela tú Ivette/ Tranquila la beba suplícala/ Hazme sopita bajo este escondido parrón/ Sopa caliente desde su secreta a la mía/ Hazme nanay, charquita jugosa,/ Nana, charquita ardosa”. (Jony Joi 2001: 70)

 

El único comentario que le sigue es del escritor Pedro Guillermo Jara  y eterno compañero de la autora, quien afirma con severidad: “Así no más es la cosa. Nadie es profeta en su tierra mientras que el bellaco que te ninguneó en tus propios parajes, arrastra sus pies más solo que la soledad sin saber que a la vuelta de la esquina una guadaña refleja un guiño de oscuridad”.

En Chile, donde el mérito no existe o han sido casos extraños, ha sido la amistad como base de redes sociales que permite difundir a escritores creando sistemas literarios de dudosa calidad. No ha sido suficiente con la obra de postvanguardia chilena. Lo que nos hace suponer quiénes son aquellos que han mantenido y detentado el canon, sabiendo que los silencios dicen mucho más que las pocas escrituras reflexivas.

En la revista Caballo de Proa (1991) disponible en la web, encuentro la entrevista de Magdalena Donoso con la poeta. En esta misma recuperación, el diálogo fluctúa así: “¿Cómo es la recepción de tu poesía en el círculo de escritores? M.V.: “Afuera me va muy bien. Aquí en Valdivia no me quieren. Pero no me aproblemo porque sé que es un grupo de seudo intelectuales que tienen un problema personal conmigo, y dicen que soy loca”.

No dejo de lado los recuerdos cuando cinco estudiantes de literatura la vimos y compartió lecturas del tremendo Jony Joi y adelantos del Asado de Bacon. Como estudiante mechón, la busqué para compartir opiniones desde la sala hasta tomar locomoción. Fue generosa.

Con su desaparición física, la literatura chilena ha perdido una voz subversiva e inquietante y que todavía tiene mucho que decir cuando la lean. Por el momento, me quedaré con estas palabras que resuenan: “Tengo tan poco tiempo para decirles que los amo, que si me pasa cualquier cosa no olviden nunca que yo los amé”[6].

 Publicado en la Revista Fierabras, 3era. Edición Diciembre, Valdivia 2020.



[1] Matamala Elorz, Roberto. La luna austral. Historia del teatro en Valdivia 1960-2010. Valdivia, Chile. Editorial Kultrún: 2020. Impreso.

[2] Matamala Elorz, Roberto. La escena temblorosa. Valdivia, Chile. Editorial Kultrún: 2018. Impreso.

[3] Kottow, Andrea; Traverso, Ana. Escribir & tachar. Narrativas escritas por mujeres en Chile (1920-1970). Santiago de Chile. Editorial Overol: 2020. Impreso.

[4] Eltit, Diamela. Políticas de su narrativa ficcional: estudios desde Chile. Santiago de Chile. Patricia Espinosa H. ed. Editorial Garceta: 2018. Impreso.

[5] Guerra, Lucía. Mujer y escritura: fundamentos teóricos de la crítica feminista. Santiago de Chile. Editorial Cuarto Propio: 2008. Impreso.

[6] González Cangas, Yanko. Héroes Civiles. Palabra y periferia: trece entrevistas a escritores del sur de Chile. Valdivia, Chile. Editorial Barba de palo, 1999.

miércoles, 23 de diciembre de 2020

Crítica Literaria: Décimas y profetas. Las décimas del estallido (2020) de Nano Stern


Décimas del Estallido. Crónica en verso de la rebelión en Chile. Nano Stern, Cuño Editor, 2020, 204 páginas.

Décimas del Estallido. Crónica en verso de la rebelión en Chile (2020) es la primera publicación literaria del cantautor chileno Nano Stern (1985), quien ha trabajado la décima para temas musicales desde hace mucho tiempo. Por lo que, el vínculo con Violeta Parra, Lalo Parra, Lautaro Parra, Víctor Jara o Nicomedes Santa Cruz es innegable.

En este volumen, presenta 156 décimas y sesenta y cinco crónicas que abarcan las jornadas del 18 de octubre al 26 de abril. También se incluyen cinco dibujos de Marcelo Escobar donde predomina el rojo y negro. Por último, está la participación del abogado argentino Tobías Schleider, que afirma sospechosamente: “Que cuenta un Chile actual y, de una vez, el que pasó y que debe venir. Que respeta hasta el paroxismo el modo de hablar de un pueblo que no calla”. Mientras que, la académica chilena Paula Miranda señala: “Esa vitalidad diaria y fragmentaria se ha transformado en un extenso relato, crónica o estampa hecha de retazos de memoria”, y el abogado constituyente Fernando Atria, figuran entre quienes respaldan y recomiendan esta obra.

Es un lenguaje que recoge informalidades de personas que viven en el mundo rural o los bajos fondos de las ciudades, y es la representación de las variedades diatópicas de un territorio. Por ejemplo: recoger y validar el habla marginal de “las chauchas, las calilas y las mojojo”. Nuestra riqueza chilena. Lo que determina características propias y diversas en un amplio continente, influenciado por la cultura (pan)hispánica, que registra una profusa difusión de este tipo de arte y de la improvisación.

 

Por otro lado, no son pocos los escritores que con una desfachatez afirman que presagiaron la rebelión social chilena: “Sebastián, lo digo yo/ y lo dice el pueblo entero”. En concreto, han sido las organizaciones estudiantiles durante el 2019 quienes resistieron el asedio de malas políticas educativas mediante piedrazos, escudos y molotov.

 

Asimismo, este descontento social ha sido construido en base a la inseguridad social, estrechez económica, precariedad durante la jubilación, accesos a derechos básicos cada vez más complejos, y patrióticos fraudes tanto de las FFAA como las colusiones empresariales. Con varios antecedentes de revueltas, Chile se caracteriza por ser un país donde las personas son pacíficas y razonables. No por nada heredó la tránsfuga Constitución (1980) del dictador, diseñada para proteger el mercado neoliberal, bloquear leyes progresistas y mantenernos como un país conservador. Así pues, esta rebelión sin guillotina, constituye un marco institucional con múltiples propósitos y demandas como si estuviese confianza en estos procesos establecidos: “Ya es hora de que sea el voto/ el que dicte su sentencia”.

 

El trabajo de Nano Stern escritor no siempre parece logrado y a veces fluctúa de manera ambivalente. En estos versos “La receta de Piñera/ es doblar la mano dura”, no se condice con los que detentan la fuerza legal. De igual modo, el derroche de optimismo y esperanza no alcanza a recoger la real fuerza y energía de la población movilizada en las calles. Sin embargo, instala la mirada inquisidora y suspicaz sobre la inequidad y la derecha gobernante, dejando de lado los errores transversales de un Congreso y una política desconectada con la realidad.

 

Esta alegre rebeldía contiene un tono en el que no dejo de asimilar al disco Canto al programa de la Unidad Popular cantado por Inti Illimani en 1970. Lo que justificaría la preponderancia y la robusta creencia hacia el proyecto constituyente, dejando de lado el período de la emergencia sanitaria. Si le colocas oreja, se pueden escuchar-relacionar los versos de la Canción del Poder Popular: “Será el pueblo el que construya/ un Chile bien diferente” y “el Rin de la Nueva Constitución” de fondo en esta obra.

 

El trabajo de la lengua denota una preocupación por la formalidad: “La justicia ‘a la chilena’/ se ha reído y se ha burlado/ del Neco, que, atropellado,/ murió de forma funesta./ Es triste, pero cuesta/ no decir ‘país culiado’”. Por lo que, este síntoma en el que se chasconea de manera insuficiente, puede producir una lengua de solapa y no es de extrañar que se “pase unos pueblos” en dejar constancia de lo dicho. Para ser un cantautor que lleva una década trabajando la décima, sorprende esta rigurosidad para la representación del pueblo movilizado.

 

Décimas del Estallido es un volumen que asume riesgos para registrar la calle pero sin la voz de ellos, porque quedaría registrado continuamente y no como recurso aislado. En cambio, el autor prefiere escenificar estos tiempos difíciles para integrarse a un amplio grupo de escritores que registran y buscan antecedentes del estallido.


viernes, 11 de diciembre de 2020

Crítica Literaria: Senda Llacunes (2020) de Estefanía Bernedo.

 


Senda Llacunes (2020) es la primera publicación de Estefanía Bernedo Plazolles (Arequipa, 1987), reanuda cinco relatos sobre zonas prácticamente desoladas y lo que no tiene de abandono, son las altas densidades culturales que radican en estos acontecimientos. Una narrativa que comprende sutilezas en distintos planos, un ápice de candidez y que enaltece el mundo indígena en su justa capacidad, asimilados al mundo urbano-occidental, pero apartados del capitalismo salvaje del empresariado.

La obra inicia con el cuento sobre ocho mujeres popularmente llamadas “las morenas de Saxamar”, quienes recorren el altiplano para alcanzar la copa del fútbol amateur junto a otras localidades ubicadas en Visviri, Socoroma, Pachama, Belén, Parinacota, General Lagos, Colpita, Putre. Se afirma que las jugadoras, el aguatero, la directora técnica y el chamán detenían el trayecto para hacer: “pawas [ritual aymara], detenidas en algún lugar secreto de la pampa (…) Agradecían también, como era costumbre, a la Pachamama, saludando con respeto a sus criaturas” (10-11). La autora firma su estrategia narrativa para dar cuenta de la relación de las protagonistas con los dioses de la naturaleza, dimensión cultura y en el lenguaje proveniente de pueblos situados en territorios alcarrias y punas de Arequipa. Lo que otorga al lector/a un relato verosímil que necesita asumir debido a la escasa producción de saberes y ritos indígenas visibilizados.

De lo anterior, se reafirma con “la senda inacabada”, en la que Juan Chacama un viejo áspero que carece de habilidades tanto sociales como sobre el pastoreo y cultivo en áreas parcialmente inhóspitas, y que transita, con las propias carencias materiales, rusticidades, delirios y hierbas, desde la lejana localidad Belén hasta Arica.

En “Sobre la forma de la trascendencia” emerge una figura desconsolada de Humberto Chura, quien espera un encargo de la ciudad, la herencia de cuatro llamas de su hermano que nunca regresó del hospital de Arica, y una ruca distante en el frío. Conocido en el pueblo, el personaje alucina con el regreso de los fantasmas de su hermano.

El penúltimo relato, es cuenta la historia de Victoria Calle conocida artísticamente como “Luly”, una joven de Valle Hermoso que inicia sus primeros pasos en el mundo artístico del altiplano y que comparte escenario con el Cabo Segundo, Alberto Ibacache que acompaña con la guitarra. El traslado del funcionario permitirá que gradualmente, ella adquiera el empoderamiento necesario para comenzar una carrera de solista.

Cerramos con “Maipú #318”, un relato basado en la oralitura –basado en la oralidad de los mayores–, de una voz masculina que cruza tres generaciones, mismas familias que pudieron ver a un joven recibir un diploma. Una crónica melancólica (como la música de Lucha Reyes) que fluye sobre el cine ubicado en la calle Maipú #318, un cinema popular al que nunca entró pero que sí permitió vincularse con el interés romántico de Teresa.

Senda Llacunes es una gran obra recomendable, que realza los parajes áridos de la pampa de una frontera tripartita donde se difuminan Chile, Perú y Bolivia. Allí, hay mujeres en proceso de emancipación o soberanas. Personajes nostálgicos, llenos de cultura popular rural y un importante vínculo con los animales, la naturaleza y el territorio que es necesario dimensionar desde la capital.   

Senda Llacunes. Estefanía Bernedo Plazolles. Editorial Aparte, 2020, 80 páginas.