sábado, 11 de marzo de 2017

Crítica Literaria: La pandilla de Asakusa (2011) Yasunari Kawabata

La pandilla de Asakusa, Yasunari Kawabata. Emecé editores, 2011, 300 p.

"Siempre serás turista."
Por Gonzalo Schwenke

En el prólogo se entregan detalles del contexto histórico de entre guerra en Japón. la nación está en un proceso de aparente calma social, pero recientemente ha sido azotado por el terremoto de Kanto en 1923, hay una evidente decadencia política e imperial en 1929 y está la proximidad de las guerras que Japón debe afrontar.

Es así que el distrito de Asakusa, hasta hace algunos siglos atrás, dominaba el templo religioso Kannon dedicado para los piadosos y, por contraparte, los especuladores. Esto nos llama la atención, porque antes no sólo se promovía la religiosidad, se comerciaba, sino que enfrente existían zonas habilitadas para la prostitución sin límites. Con el tiempo, esta fiesta piadosa se degrada, sumiendo a los barrios a la pobreza y en conventillos donde se continúa derrochando el dinero juegos, mujeres y niñas.

La pandilla de Asakusa (reeditado 2011) es una de las primeras novelas de Yasunari Kawabata (Osaka 1899-1971). El narrador nos cuenta los distritos federales (principalmente Asakusa, Edo y Yoshiwara) los que tienen un abundante mercado de placeres y en proceso de cambios por las nuevas modas occidentales. De ellos, emergerá la Pandilla de Asakusa, quienes son jóvenes pertenecientes a la subcultura, los que buscan escandalizar a la población con etiquetas dedicadas en secciones llamativas dentro del territorio. Lo que hoy en día conocemos como “tak” en el mundo del Hip-Hop. Ellos tienen su propio lenguaje, saludo y una perspectiva que da cuenta de lo deplorable de la situación nacional: “hoy en día hay gente sana que come cosas de los tachos de basura a plena luz del día.” (52) Es decir, aunque intentes salir del estado de mendigo, ante la falta de apoyo de políticas gubernamentales vuelves a caer.

El gran baluarte de la emergencia de un cronista es el carácter y toma decisiones sobre entregar un trabajo que reconoce separar la ficción y la realidad durante el viaje por Asakusa. A su vez, invita al lector a la aventura por las calles, y no se vanagloria del sitial donde escribe, o sea, lejos de la conveniente autoficción que predomina hoy en día. Esta misma exploración sobre la bohemia, la vida y el espectáculo de la desesperación, sostiene al sujeto sensible ante los hechos que evidencia. Aunque será cuestionado si es parte de ellos o solamente representa al otro a través del registro que realiza, por una misteriosa joven llamada, Yumiko. Quien marca la tragedia y la peligrosidad siempre latente en el volumen.

Así encontramos al personaje recogiendo testimonios como el inspector de policía en la hoja de presentación. El que cuenta sobre el cazador de pájaros que resiste desde la mera existencia frente al proyecto del Tokio moderno. Este tipo de relato es una voz que se despliega sin opinar, dialoga con los personajes y reconoce a las personas de la localidad a medida que circula describiendo minuciosamente las poblaciones: “Sí, debemos determinar, mi querido lector, si este camino a través del cual te voy a conducir a los lugares frecuentados por la pandilla escarlata.” (48) Dando cuenta del tránsito del que es protagonista: estación de trenes de Makura, el nuevo Parque Sumida, el templo Chomei, la jefatura militar, el templo Senso, el puente Kototoi, etc.


Esta no es una novela de estructura clásica ni moderna, además de que el epílogo sobra. La pandilla de Asakusa, es un conjunto de andanzas de Yasunari Kawabata en la que recorre la ciudad, la describe y le da un ritmo mejor logrado que el detallismo acérrimo de Julio Verne. Este tipo de formato cumple con la simetría de los personajes, porque no enjuicia, lo que permite desarrollar un relato lleno de características de la época: desde la marca de pantalones, zapatos, kimono y comportamientos humanos. Lo que demuestra la maestría de la escritura y por consiguiente, el aprecio al lector. Será este sentido de corresponder socialmente y describir el cotidiano de miembros de la pandilla escarlata lo más destacado de la obra.

sábado, 25 de febrero de 2017

Crítica Literaria: Xampurria (2015) Javier Milanca Olivares

Xampurria, somos del lof de los que no tienen lof, Javier Milanca Olivares. Pehuén ediciones, 2015, 121 p.


Por Gonzalo Schwenke

La palabra huilliche “xampurria” (como se señala en la introducción) hace referencia a la doble identidad que cohabita en el sujeto, es decir, no pertenece a lo chileno ni a lo mapuche. Este desarraigo territorial y simbólico, evidencia la negación y menosprecio por los orígenes mestizos del individuo. A partir de esto, Javier Milanca (Valdivia, 1970) pretende vencer perspectivas reduccionistas desde la emergencia de dicho mestizaje y utilizando la tradición oral, lo que le permite manejar de manera destacada los tiempos narrativos.

Xampurria, somos del lof de los que no tienen lof (2015), es un volumen de cuentos divididos en relatos largos (epew) y breves (pichi epew), que se constituyen como una revelación literaria. Este tercer libro, se encarga de visibilizar la ausencia del orden posmoderno que destaca por la frivolidad pomposa, enfrentándolo con el realismo social, sin metáforas ni redundancias, donde mujeres y hombres son parte del escalafón más bajo de la pirámide neoliberal. Por consiguiente, transitan su cotidiano estando arrinconados en el desamparo, la marginación y la muerte. Dicho esto, la única salida que les va quedando es la insubordinación debido a la propia estrangulación que promueve la estructura del capital que discrimina y posterga.

La memoria ancestral da cuenta de historias de una nación que ha sido ultrajada por la constante violencia estatal. En “la herencia de Evaristo Paichil”, el poder despoja al derrotado del derecho más mínimo: sepultar a los muertos: “seleccionados a gatillo por sus verdugos, a vuelos y abuelas no les alcanzaron a hacer el rito de sepultura con las Llangkas para que su Püllü encuentre el reposo, y sus huesos insepultos se perdieron en medio de los remolinos (…)” (23) Dando cuenta del proceso de colonización y aniquilación de los indígenas (Wallmapu) entre Chile y Argentina. El acto de negación de esta situación tradicional, lo podemos localizar con ciertos grados de similitud con nuestra historia reciente, tras la sistematización de aniquilar personas tras el golpe de 1973.

La fortaleza femenina es otro de los aspectos transversales en la obra. Si el orden masculino se ve socavado por la explotación y frustración, la mujer cumple un rol fundamental, puesto que, emerge como pilar en una narración desgarradora del mundo popular: “La viuda Quilaqueo se convirtió en una mujer abnegada. Sacrificando su propio cuerpo se convirtió en una invencible lavadora de ropa ajena…” (30) Estos personajes no tienen tiempo para melodramas porque deben sobrevivir a un contexto que es violento para sus propias vidas: “Llevaba una vida poblada de chiquillos andrajosos, medios piluchos, piojentos y sarnosos, criados a la munda.” (37)


Finalmente, el libro tiene una riqueza de saberes y testarudez frente a la muerte, lejos de tópicos folclóricos y donde no llegan los discursos para aspirar al primer mundo. El mayor mérito se basa en el dominio y espontaneidad para mostrar las comunidades sin tierra y en estado de resistencia en el sur de Chile. Xampurria (2015) viene a confirmar que el panorama social no ha cambiado y las denuncias que se exponen en las narrativas como en Quilapan de Baldomero Lillo y en el roto de Joaquín Edwards Bello se mantiene sobre el pueblo mapuche.

Crítica literaria: Lo demás fueron los árboles y el viento (2016) Rubén González Lefno

Lo demás fueron los árboles y el viento, Rubén González Lefno. Simplemente editores, 2016, 212 p.

Escucha, yo vengo a cantar 
Por aquellos que cayeron. 
No digo nombre ni seña, 
Sólo digo compañeros. 

Solo digo compañeros de Daniel Viglietti

Por Gonzalo Schwenke

Lo demás fueron los árboles y el viento (2016) es la cuarta obra de Rubén González Lefno (Valdivia, 1950). En el presente libro, el narrador protagonista se presenta veinte años después de ocurridos distintas acciones políticas por parte de colectivos de izquierda y recuerda las operaciones y los recursos desplegados en la zona sur del país para hacer frente al horror de la dictadura. Una historia significativa pero que ha sido olvidada por parte de la población: como el asalto al cuartel en Neltume o el primer apagón en la zona sur del país.

El foco está en los desplazamientos de los milicianos a través de las ciudades, poblaciones y accidentes geográficos, quienes intentan articular diversos objetivos que puedan desestabilizar la dictadura. Así, podemos leer viajes dentro del país, traslado de armas, organización y secuestro de camiones para entregar el contenido lácteo en las poblaciones. Esto pese a que los medios de comunicación están en directa orden al régimen fascista.

Es mediante la confrontación con el orden social impuesto por la dictadura que conocemos el grado de violencia en el ambiente, ya que la narración de focalización externa, no da cuenta sobre la envergadura de los actos del grupo, sino cuando ejecutan las metas acordadas o deducen sobre los seguimientos que son parte de los servicios de represión del régimen.

El desarrollo de las relaciones del conjunto está determinado por puntos de contacto que ordena la estructura del partido. Dichos encuentros a pleno luz del día y en diferentes ciudades, exigen que los combatientes estén atentos a la vigilancia de la CNI y militares. Famosos por ejercer una tortura y desaparición sistemática de cuerpos humanos: “sesiones interminables de golpes, picanazos eléctricos, nuevas golpizas, más picana… pero el interrogatorio no conseguía avanzar más allá” (129). De igual forma, caminan con cuidado, protegiéndose para no caer mediante constantes cambios de nombre y vestimenta.

Los constantes errores de edición permiten que el contenido se desplace a un segundo plano. Este manuscrito está lleno de ripios, adjetivizaciones y el uso indiscriminado de guiones explicativos en cada hoja. Lo que demuestra las inseguridades del escritor, ya que las descripciones caen en la cháchara y su sintaxis es de nivel de primero medio: “El conductor del camión calculó que en las dos cuadras siguientes debían seguir existiendo los hoyos en el terreno tanto tiempo dañado y sin atisbo de que la autoridad tuviera intención alguna de repararlos” (56). Las reiteraciones y redundancias en el uso del léxico se muestran desde el inicio. De tal modo que en las páginas 11 a 15, encontramos palabras repetidas: desplazar, minuciosamente, contentos, grupos y horror.

La estructura de la obra es insostenible en varios pasajes. González Lefno despliega saltos temporales pero a continuación, existen cambios de locaciones sin la debida oblicuidad literaria que permita otorgar continuación a la lectura. De esta manera, los sucesos que dan contexto se enuncian pero no se describen pese a que los personajes dialogan en torno al tema, porque los temas se dan por hecho sabidos pero no han sido investigados. No basta con buscar testimoniar a los sujetos que detentan este tipo de información si no existe investigación que otorgue ambientación al relato.


Lo demás fueron los árboles y el viento (2016) es una novela testimonial sobre la insubordinación de jóvenes sureños que lucharon contra la dictadura, pero nunca sabremos las características que los diferenciaban entre sí, el espesor dialógico que los unía y promovían, o los obstáculos de la naturaleza de quienes bajaron de la montaña. La plusvalía literaria se ejecuta desde el registro de esta Historia pero que se pierde en el alboroto de la escritura que despunta por estar señalada desde un lugar cómodo y timorato.

jueves, 2 de febrero de 2017

Crítica Literaria: Tiempo quebrado (2016) Pedro Staiger

“Te juro que te adoro y en nombre de este amor y por tu bien te digo adiós.”

Tiempo quebrado, Pedro Staiger. Editorial RIL, 2016, 212 pp.

Por Gonzalo Schwenke

Un libro que exuda lugar común.-

“El adjetivo, cuando no da vida, mata.”
Vicente Huidobro.

Un libro de cuentos y tres novelas cuenta en su haber Pedro Staiger (Santiago, 1942). Piloto jubilado y escritor. Tras pasar por numerosas escuelas literarias chilenas comprendemos por qué el éxito no lo determinan los talleres, ni está ligado con calidad literaria, puesto que, para esta lectura se requiere paciencia y buen estómago para sobrellevar estas 212 páginas.

La novela Tiempo quebrado (2016) nos presenta un verdadero melodrama literatoso. La línea argumental está basada en el clásico: “te juro que te adoro y en nombre de este amor y por tu bien te digo adiós.” Tras veinte años de distancia, los protagonistas se reencuentran fortuitamente en el Central Park, de Nueva York. Ahora Jorge es un excomunista relamido, exiliado por la dictadura chilena e Isabel, ha finalizado sus estudios de piano. Allá en Europa se conocen, se enamoran y conviven por algún tiempo hasta que el destino le da clarividencia a Jorge, quien da por finalizada la relación: “desde aquella tarde en parís, cuando creí despedirme, cuando traté de explicar con una torpe carta que lo nuestro no podía seguir.” (12).

Los protagonistas de la novela se establecen dos voces que se van intercalando por capítulos. La historia puesta en boca de sus protagonistas resulta ser, en términos generales, similares porque se basan en una verborrea acérrima, llena de descripciones, extensos recuerdos que son contados de manera pasajera, usando pésimos adjetivos y en la que las comparaciones parecen ser la clave para una mejor narrativa. Ellos disfrutan de la ostentación y las divagaciones en espacios eurocéntricos los que disfrazan de temores sobre una historia en común. Con una capacidad única de describir las cosas de tal modo que parezca un lujo estar en aquellos lugares cosmopolitas para compartir “un expreso colombiano de tueste oscuro”, y “un capuchino con sabor de avellanas” (19). Una prosa anacrónica digna de alumnos enamorados.

No todos consiguen narrar sin aburrir: “más de veinte años habían escurrido del reloj de arena de nuestras vidas” (9), “dimos con un lugar que ofrecía tal variedad de sabores y torrados que nos dejó sin respuesta” (19), “era abdicar voluntariamente al juicio, abandonarse al sentir y dejar del lado de afuera de la ventana el mundo entero y todas sus miserias.” (97) y “tal vez nos podamos responder que todo estaba escrito, que nada hemos inventado…” (210) De esta manera, Staiger destaca en cada párrafo del libro por el uso de lugares comunes y retórica simplona. Objetivo que se cumple con excelencia de manera sostenida y constante.

El mundo de Isabel la alta burguesía está sometido a una constante recriminación del sujeto femenino, siempre menor y anteponiéndose al castigo interiormente: “Ese aperitivo innecesario y absurdo que se me ocurrió” (63), “nunca podré aceptar el hábito” (64), “me arrepentí de inmediato” (107), y “tantas cosas absurdas cruzan la mente de una mujer abandonada.” (109) Encontramos un sujeto femenino diezmado, en estado de discordia consigo misma desde lo cotidiano hasta las relaciones familiares, e incluso en el abandono de Jorge: “mi padre no estaba bien de salud y el dolor que le causaba su hija sería excesivo para él” (111). Ella encara la situación de madre soltera en Europa. En tal sentido, se confronta al espacio simbólico del castigo familiar que viene desde el espacio materno, quien a su vez, representa la norma social de la clase acomodada: “No tuvo el coraje para preguntarme quién era el padre de su nieto (…) de todas las reacciones posibles, era esta la más castigadora.” (114) y “le respondí una sola vez a sus interrogantes y la herí profundamente con la tajante solicitud de que no se metiera en mis problemas…” (137). De esta forma, las relaciones femeninas se desarrollarán en conforme a la normativa masculina con cierta aprensión y preocupación.


Finalmente, Tiempo quebrado opera de dos formas: primero el sustento está determinado “el adjetivo que no da vida, mata” y, segundo, la excesiva información, una constante. Lejos de cualquier pertinencia y precisión, la novela lleva a lo más alto la idea de que el destino pone en un trance histórico a personajes que irremediablemente deben confrontarse. Una ficción con la que debes convivir, donde la problematización se debe anular y posteriormente arrepentirse, una voz adherida a la Concertación noventera, quienes regresaron del exilio para emborracharse con el mercado. Olvidar es la consigna, la memoria supone desconsuelo que es dañino.

martes, 31 de enero de 2017

Crítica Literaria: "Las vocales del verano" (2016) Antonia Torres

Las vocales del verano, Antonia Torres. Random House ediciones, 2017, 108 p.

“Una gaviota hacia Niebla grita su canto de invierno
Y en la ribera se ahoga la sombra sucia de un perro
Un bronco motor emerge desgarrando un ruido nuevo:
luego brotan en la sombra dos convoyes madereros
Valdivia en la niebla de Patricio Manns

Por Gonzalo Schwenke



Tras una larga tradición en el ámbito colectivo de los talleres literarios como Trilce, Aumen, Murciélago, Matra e Índice, quienes aportaron un profuso pensamiento desde la lluvia y la naturaleza frente a lo moderno y hegemónico de la capital, la creación y discusión en Valdivia, se ha ido diluyendo y parcelando de una manera insípida. Por lo que no es extraño actualmente que algunas áreas culturales, se hayan ido disgregando hasta el punto de estar moribundas.

Las vocales del verano (2016) es la primera novela de la poeta valdiviana Antonia Torres (1975). El personaje femenino regresa a la casa familiar de veraneo después de una larga ausencia. Durante la estación de las lluvias, contempla el paisaje y busca diversos recovecos del pasado para reafirmar su historia personal. Alejada del ritmo lacerante e implacable de la ciudad, es en el frío y en la tranquilidad de la costa donde conoce a Rubén, un leñador y pescador de la zona con quien tendrá el único lazo tangible durante su estadía.

La obra está dividida en pequeños capítulos no enumerados los que destacan por el uso de la frase breve y descriptiva. Dentro de ellos se van intercalando los raccontos en la que la protagonista evoca la infancia, el archivo familiar y las amistades. Sin embargo, la transformación y las características de los sujetos que surgen no cambian en el volumen. Lo que anula cualquier problematización de los dispositivos de poder que se desenvuelven en esta sociedad rural.

La protagonista se presenta cosmopolita y globalizada cuando llega al sector costero para encontrar el descanso y regocijarse a sí misma. A medida que se desplaza por la localidad observa a la población con cierto temor y distancia, esto permite que se posicione sobre otros y los reduzca pobremente con la primera imagen: “sintió el olor a cuerpo de un hombre vulgar” (39). Sin embargo, esta postura es frágil ya que rápidamente se subordina a lo masculino, es decir, lo femenino está supeditado a la verdad de los hombres en cualquiera de sus variables: dios, padre o amante. En el caso del amante, él construye el panorama del poblado: “Rubén se fue con sus bueyes (que no eran suyos) y las pequeñas historias locales de los últimos años.” (32) De igual modo, ella colabora con plena facultades sensoriales en la construcción de lo masculino desde un encanto que es efímero y banal: “Nunca le habían gustado los hombres perfumados ni menos uniformados, pero este tenía un aire de masculinidad tan obvia y previsible que le pareció atractivo.” (81) De esta manera, la alteración de la lucidez de conciencia es el último resquicio para explorar y ampliar su identidad más allá las normas sociales impuestas: “De pronto, sin saber cómo, una mujer la besaba sobre una mesa de melanina y ella se dejaba besar.” (47)

La inmensidad del mar determina el ordenamiento de los hechos. En aquella dimensión, la protagonista se adapta al entorno invernal, distanciándose de los aconteceres de la localidad. Este orden social se problematiza cuando ella vislumbra la aparición de un cadáver en la playa, aunque prefiere dar la espalda y no saber los motivos: “No puede ser que no hayan visto el cuerpo, se dijo.” (61) Su comportamiento, representa a cierto sector chileno que simboliza que tras el horror de la dictadura, prefiere olvidar que buscar, eliminar en vez de efectuar los ritos fúnebres correspondientes.


Las vocales del verano es una novela que se inscribe dentro de las narrativas chilenas de postdictadura que buscan en la memoria encontrar la identidad. Así, aunque tiene capítulos auspiciosos, se van disipando como la niebla, ya que hay una prédica sobre el júbilo de clase, el sometimiento femenino ante la virilidad y personajes que miran al mar pero son incapaces de reflexionar el presente o del otro. Elementos que no son desenmascarados sino que asimilados como quien se queda observando el mar.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Crítica literaria: Pinochet Boy (2016) Rodrigo Ramos Bañados

Pinochet Boy
Rodrigo Ramos Bañados (Antofagasta, 1973)
Narrativa punto aparte Ediciones, 2016. 162 pp.
Por Gonzalo Schwenke
"Aquí los apellidos sirven de etiqueta para saber quién eres,
de dónde vienes o por último si tienes el dinero o el respaldo (lo llamaría prestigio) suficiente.” (9)

La política-económica impuesta por la dictadura cívico-militar a través de los Chicago Boys, se sintetiza como la privatización de los recursos nacionales para satisfacer las demandas del mercado internacional. Así, cuando llega la Concertación al poder perfeccionan el modelo mediante los Tratados de Libre Comercio (TLC). Es decir, el proteccionismo estatal se anula y el país navega al ritmo de las potencias económicas a las que les suministramos materias primas.

Pinochet Boy (2016) es la cuarta novela del antofagastino Rodrigo Ramos Bañados. Periodista de la cadena mercurial, ha publicado previamente Alto Hospicio (2008), Pop (2010) y Namazu (2014). Continuando con su proyecto literario, los que se caracterizan por la concentración de personajes en un ambiente atosigante, colmado de trepadores y precariedad. En ella se manifiesta cómo el modelo ha configurado las vidas de los habitantes desde el ámbito laboral hasta las relaciones íntimas y sociales. La ciudad del desierto, es el paraíso de quienes están ligados a la empresa minera más importante del territorio.

El volumen está dividido en cinco partes, segmentación que está demás ya que los temas entre capítulos se trastocan. Durante toda la obra, la narración se sitúa a través de la voz de Leonidas, quien aparece observando y esperando el regreso de Sol, el personaje relata las vivencias de Pedro (40 años), un frustrado escritor que considera que la literatura es un medio para escapar de la realidad; de Mirko, periodista, músico y dealer, crece entre colegios y escuelas donde es discriminado por ser huérfano paterno, se crió en medio de una familia evangélica y no puede salir del país por adeudar a su universidad en Dicom, para luego deambular en labores mal remunerados. En una ciudad transformada en el paraíso transformado en “el sueldo de Chile”.

En este tipo de sociedad, todo el que tenga dinero o apellido de prestigio será admitido dentro de un alto grupo social, sino lo detenta será discriminado. Los militares y el empresariado dominan el paisaje desértico, quienes están vinculados al Opus Dei y simpatizan con la obra del dictador Augusto Pinochet: “la estampita de Escrivá de Balaguer era frecuente en las oficinas de los poderosos de la ciudad” (38) Los demás querrán tener aquel tipo de éxito medible por el mercado social.

Uno de los personajes que busca alcanzar la esfera de influencia social es el director de la orquesta: hipócrita, doble estándar, arribista y misógino. Vive de la importación de alimento para perros y la dirección de la orquesta es un pasatiempo. De esta manera, se codea con los empresarios y las mineras los que en un afán de apropiarse de la gran cultura la equipan y la mantienen para escuchar anualmente: “Radetzky March”, o sea, el arte al servicio del arribismo degradante que se repartido entre la iglesia y el mercado.

Si el jefe prototipo tiene afanes déspotas, los subordinados serán capaces de soportar el abuso constante de la tiranía de los jefes, esto debido al endeudamiento y a la escasez de trabajo predominante y que moldean el carácter temeroso de los asalariados. Ese miedo que mueve al país forjado por las carencias y desigualdades, pero que en este volumen está supeditado a la industria de la minería. Los que no están relacionados viven la neoesclavitud en la que el cargo es tan precario que a los empleados se les pagan “con vales de supermercado” (45)

Mientras muchos piensan que los totalitarismos desaparecen, el neoliberalismo se instala como un espectáculo radiante donde el pensamiento es colonizado por un frágil espesor económico y una situación de conservadurismo. Ambos elementos determinan el rango de influencia.

Dentro del panorama cultural nortino aparece una serie de personajes, los que destacan los artistas marginales o malditos que están fuera de todo, el escritor de best sellers llamado Chaqueta quien aprueba o rechaza a otros escritores emergentes, vinculado con la minera realiza talleres y desfila por ferias del libro del norte; Campbell, un publicista progre que negocia su trabajo artístico con la minera, entre otros.

El desarrollo de las relaciones sociales está a cargo de las mujeres quienes emplean con gentileza la astucia y el oportunismo para negociar con el sujeto que tiene determinado poder y sacar provecho de las posibilidades: “A la académica (...) le pareció machista una opinión de Pedro y lo mandó a la mierda, pero a Pedro le pareció contradictorio que ella tomara café con Chaqueta, quien era un machista declarado.” (25) y “sol impostaba el tono de voz cuando hablaba con alguien importante para su trabajo” (77).


Pinochet Boy es una novela que hostiga al lector con densidad atmosférica, que al utilizar flashforward (el nulo uso de estos recursos en común parece novedad), mantiene la narración en una regularidad sobresaliente. Los personajes otorgan un mapa general y verosímil a la ciudad del norte y en los que el narrador personaje se sitúa con naturalidad a observar sin la necesidad de escarbar demasiado. Un libro destacado.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Crítica Literaria: The revival literario (2016) Alberto Fuguet

SUDOR
Alberto Fuguet (Santiago de Chile, 1964)
Random House Mondadori Ediciones, 2016. 604 pp.

Por Gonzalo Schwenke


La farándula con sus códigos triviales y diálogos precarios reflejan a la población actual. Este proyecto de país tiene su resaca, hoy, como un revival de propuestas anacrónicas que televisivamente representan momentos kitsch de nuestra sociedad. La literatura nacional no está al margen de estos faranduleros y como Japenning con Já, regresan a las primeras planas con la reedición de sus libros más celebrados. Un recibimiento lleno de palmaditas en la espalda por parte del mundillo. Un buen ejemplo de esta estrategia de marketing es Alberto Fuguet, quien después de un par de años en silencio, vuelve con un par de libros bajo el brazo que tienen a la temática gay como denominador común: No Ficción (2015) y Sudor (2016), dos novelas que han convertido nuevamente al autor de Mala onda en un escritor de moda.

Sudor relata los incidentes de Alfredo Garzón, editor de no ficción en Alfaguara-Chile, entre del 28 al 31 de octubre del 2013 durante la Feria Internacional del Libro de Santiago (FILSA). La casa editorial para la que trabaja recibe la visita de Rafael Restrepo Carvajal y de su hijo Rafa (24). Ambos vienen al país a lanzar un libro de fotografías y escritos titulado el aura de las cosas. Dicho volumen consiste en fotografías tomadas por el hijo y escritos del padre sobre distintas figuras del espectáculo con las que tuvo contacto.

La novela está dividida en tres partes: El aura de las cosas, Juntos y solos (que abarca desde del 28 al 31 de octubre del 2013), más el epílogo. En la página 398, aparecen los famosos, recién entonces, nos haremos partícipes del juego autoficcional. Una narración de tono confesional, repleta de descripciones sobre un restringido círculo literario al que alabará, examinará y condenará en su propio funcionamiento, o sea, dependen en gran medida de la manipulación y las relaciones públicas de una editorial transnacional.

Por otro lado, mientras la ola de calor hace estragos en Santiago, se exacerban los encuentros sexuales gay coordinados en celulares y aplicaciones. Esto implica que en el volumen, en general, predomine lo masculino. Por su parte, la mujer representa parte de las frivolidades del circuito mientras que los hombres lo carnal y lo efímero: “Tirar y agarrar puede ser muy fácil y expedito y Providencia es un barrio bien puto: siempre hay más de una veintena de posibles chicos o hueones a menos de un kilómetro a la redonda (gracias, Grindr).” (38) Un reflejo de la nueva forma de relacionarse con el prójimo.

El protagonista Alfredo Garzón es ambivalente: zorrón, misógino y arribista, pero dependiendo del joven que lo excite y la posición que ostenta ante el mundo se anulará cuando muestre su lado sentimental: “Me sentía privilegiado de ser despreciado o ninguneado por Julián Moro porque sabía que esa era su manera de tomarme en cuenta.” (45). Dichas inconsistencias son atrapados por esta novela. Llena de vacilaciones y antes de 392 páginas, la narración presenta falta de centro y destino. Además tiende a la reiteración con relatos superfluos y aislados: “Rafa, esto es para ti.” (28) “Rafa, lo tengo claro, no merece una biografía eterna a lo Gerald Martin. Pero merece algo.” (43) “La aparición de Rafael Restrepo Jr. Me pilló desprevenido, irritable y con la guardia baja” (47) “El mejor lector de toda la obra de Rafael Restrepo Carvajal fue él mismo” (53) “Tipos como Rafa te hacen dudar. Dudar y sudar.” (55) “Rafa olía a Rafa.” (65) “Esto también deberá ser acerca de mí. Va a ser sobre Rafa y El Factor Julián y el bueno de Renato Adriazola y Vicente y Augusto y Alejo y todo el resto, pero a la larga –creo– será acerca de mí.” (94)

En un medio nacional que se caracteriza por obras que no rebasan las 300 páginas, Sudor pretende equipararse en monumentalidad a los grandes volúmenes de las que el compilador de McOndo alguna vez buscara distanciarse: Rayuela de Cortázar, Cien años Soledad de Gabriel García Márquez o Los Detectives Salvajes de Roberto Bolaño. En esta nueva etapa en su carrera, Fuguet tropieza con una novela que no supera en calidad ni siquiera a sus primeros libros y muy inferior si la comparamos con la crónica de Missing (por estos días lanzada nuevamente). La profusa verborrea, con interminables diálogos, es una marca de estilo a lo largo de la narración que sólo consigue provocar atosigamiento y monotonía hacia el lector.

Sudor pone en práctica dos arcos argumentales: la fragilidad intelectual del medio y los encuentros sexuales gay como si fuese la gran novedad del mercado. Una narrativa a tono con los tiempos donde lo importante es estar a la moda, pero la moda pasa rápidamente, así lo dice el mercado. Un volumen que pretende sostenerse creando circo: muchos nombres, muchos desfiles, cafés y lobby literario. Una obra sobredimensionada por su casa editorial, que afirma en voz de su editora que es el libro del año en España[1], pese a que la lista de Babelia[2] no lo considera ni para la encuesta anual.



[1] Extraído el 14-11-16 del sitio web (disponible en línea): http://elpais.com/elpais/2016/10/21/fotorrelato/1477063506_019316.html
[2] Extraído el 14-11-16 del sitio web (disponible en línea): http://elpais.com/elpais/2016/11/09/fotorrelato/1478704595_963952.html#1478704595_963952_1478705676

martes, 15 de noviembre de 2016

Crítica Literaria: La resta (2015) Alia Trabucco Zerán


“LOS HILOS DE LA MEMORIA”
La Resta
Alia Trabucco Zerán (Santiago, 26 de agosto de 1983)
Tajamar Ediciones, 2015. 220 p. (1era. Edición).

Por Gonzalo Schwenke


La Resta (2015) es una novela intercalada por capítulos donde las voces son Felipe e Iquela, dos jóvenes que bordean los treinta años y que tienen en común su infancia, la indagación de una memoria en cuestionamiento y la resistencia política de sus padres frente a la dictadura cívico-militar. Ellos van construyendo mundos paralelos pero complementarios que observan cómo abordar esta herencia de sus predecesores y que los problematiza al hacerse presente en todas las esquinas.

En la narrativa de Trabucco Zerán (1983), Santiago aparece como una ciudad inconveniente y apocalíptica, lo que provoca complicaciones en el vuelo de la tercera protagonista de la historia, Paloma. Cuando regresa de Alemania para celebrar los ritos fúnebres de su madre Ingrid Aguirre (exiliada y compañera de resistencia durante la dictadura junto con la madre de Iquela), el avión que trae los restos termina en Mendoza, por lo que la tarea de los jóvenes es buscar y enterrar a los muertos. De esta manera Paloma, Felipe e Iquela inician la forzosa travesía de cruzar la cordillera en la carroza llamada “la generala” para traer el ataúd de regreso.

El primer recuerdo de Iquela es el día del triunfo del “No”. En aquella ocasión Ingrid Aguirre, Hans y su hija Paloma visitan la casa de los padres de la narradora; Consuelo y Víctor. Durante los resultados del balotaje y el tránsito de los padres en la casa, ella relatará con resquemores su primer cigarro, no así su primer beso con alguien de su mismo género, con tal naturalidad y soltura que no existen reparos ni aprensiones. En tanto, Felipe recordará su crianza en el sur junto a su abuela, la relación de la casa con las mascotas y los animales, la profunda necesidad de recordar y la evocación de su infancia en la capital junto a Iquela y la madre de ella, Consuelo.

Iquela es la que da el temple a los capítulos. Introspectiva y en permanente búsqueda del detalle fascinante de la urbe, una perspectiva fragmentaria de la ciudad que la distancia del horror de su contraparte. A Felipe le disgusta y la nombra con enfado: “no ve nada: ella va paveando, comentando el reflejo del sol en los ciruelos, describiendo cómo se estiran las sombras de los edificios sobre el piso” (43). Él se caracteriza por ser obsesivo, delirante y ordenado, tiene la característica de hallar muertos en la calle o en el río Mapocho.

Mientras hacen memoria sobre la experiencia del triunfo del “No” en 1988. Los jóvenes ven con extrañeza un país que les parece ajeno e irán aproximándose a lo que significa la palabra patria: “los restos del carrete del fin de semana u otro que ya no pudo con el calor de mierda santiaguino” (28). Por lo tanto, esta construcción social es abordada por los hijos de exiliados y opositores a la dictadura a medida que se van cuestionando su pasado mientras reparan en el Santiago sucio y descuidado.


Finalmente, la obra presenta características en distinto orden que determinan su valía. Una novela estructurada y programática en su construcción, que presenta una visión liberal donde emergen situaciones lésbicas para mostrar que siempre han estado presentes, el ritmo se sostiene en ambas voces de forma armoniosa, en la que se aprecia la integración de recursos de estilo y constantes analepsis que participan convenientemente en el desarrollo de su lectura. Además, la trama tiene una orientación distintiva: el camino de los personajes es el ejercicio de hacer memoria. De lo anterior, el pasado individual es articulado como identidad mediante lo colectivo. Para el país, recordar siempre es un acto de justicia social. De otro modo, los jóvenes se refieren a lo ocurrido, lo cuestionan y lo hacen suyo para continuar y comprender la historia trazada por los padres. En el mismo ámbito, los muertos hallados en todas partes por Santiago avanzan hacia el descanso, lo que simboliza la síntesis del ayer reciente.

miércoles, 26 de octubre de 2016

Gabriel Salazar: “Si no imponemos nosotros las políticas que queremos estas cosas seguirán igual”


Por Gonzalo Schwenke

"El verdadero problema de fondo es tener poder", afirmó.

          Santiago de Chile.- En el marco de la inauguración de la feria del libro (FILSA) en la Estación Mapocho, Gabriel Salazar valoró la presencia de México como invitado de honor afirmando que es “un país que respeta su identidad cultural”. El historiador aprovechó la ocasión para reflexionar acerca del valor del libro como objeto de respeto transversal frente a las autoridades de Cultura Ernesto Ottone; e Educación, Adriana Delpiano, y Alejandro Melo, presidente de la Cámara Chilena del Libro. También presenciaron su discurso, intelectuales invitados como Faride Zerán, Ángeles Mastretta, Héctor Aguilar Camín, Jaime Quezada, Graciela Huinao, entre otros. Además de personajes del mundo del libro; editores, lectores y estudiantes.

            En diálogo con Estampida, Gabriel Salazar afirmó que: “se ha reflejado poco los derechos humanos en el libro (…) Los DD.HH se han trabajado mucho en Chile como violación de derecho, el derecho en sí no sirve de nada si no tenemos poder, el verdadero problema de fondo es tener poder. No derecho. El derecho se viola el poder es más difícil. Es sobre esa perspectiva se ha trabajado muy poco y se ha publicado poco porque mucha denuncia de violaciones concreta para acusar a los asesinos, pero no se ha trabajo la perspectiva de los DD.HH. como objeto de propuesta, como ejercicio de poder”.

Al ser consultado sobre su perspectiva por la marcha contra la violencia de género realizada el 19 de octubre en todo el país, el Premio Nacional de Historia 2006, puso énfasis en la nula respuesta por parte del gobierno y parlamento para legislar sobre el tema, e instó a la población a utilizar su fuerza en los espacios de deliberación nacional: “el movimiento femenino no actúa en términos de poder sino impone sus políticas y sus propuestas, más que derecho de su poder. Todo esto que haga el gobierno son puros gestos, palabras de buena crianza, pero el problema no se resuelve.”

Así mismo, comparó la masiva convocatoria con la constante petición de rebajar el I.V.A. al costo del libro sosteniendo que es el único país del mundo que tiene esto: “al igual que el ministro de cultura dijo muchas cosas, ¿y por qué no quita el impuesto al libro?”

“Si no imponemos nosotros las políticas que queremos estas cosas seguirán igual”, sentenció.

Tras un breve recorrido por los distintos pabellones patente la ausencia de libros sobre los DD.HH. se hace patente en una feria donde predomina la literatura de cocina, el autoayuda, los booktubers, el esoterismo y los best sellers. FILSA se prolongará hasta el 6 de noviembre.

lunes, 24 de octubre de 2016

Crítica literaria: "El lugar sin límites" (1984)

El lugar sin límites
José Donoso (Santiago de Chile, 1924-1996)
Bruguera Ediciones, 1984.
207 Páginas. (4ta. Edición)


Por Gonzalo Schwenke


Una de las obras destacadas de la generación del 50’ es El lugar sin límites (1967), escrita por José Donoso (Santiago de Chile, 1924-1996). Esta novela narra la decadencia del capitalismo en Estación El Olivo, un pueblo ubicado en las cercanías de Talca. En aquella localidad hubo un tiempo de esplendor producto del desarrollo industrial, pero el brillo del dinero comienza a esfumarse a causa de algunas decisiones políticas. El pueblo no interesa para el progreso del país: “Las noticias que trajo don Alejo Cruz fueron malas: no iban a electrificar el pueblo”. (29)

La historia se desarrolla principalmente en el burdel de la Japonesita, adonde llegan hombres buscando la resaca del carnaval frente al aburrimiento de sus vidas diarias. Mientras tanto, Don Alejo, latifundista y político, promete una carretera y la electrificación de la ciudad para su reelección, lo que nunca cumplirá.

En otro nivel del texto, emerge una inversión de la heteronorma, de lo sentimental basado en relaciones de poder, es decir, una distorsión del acto sexual a través del concepto de entrega de amor para con el otro y determinado por intereses políticos. En los tiempos de gloria del burdel, Don Alejo y la Japonesa Grande apostaron la mitad del burdel a si esta última lograba tener relaciones sexuales con Manuela, de nombre real: Manuel González. De esa inocente jugada, nació la Japonesita, quien años después llevará el mando del prostíbulo.

El conflicto principal surge tras el regreso de Pancho Vega, quien había huido del pueblo debido al gran alboroto que provocó el año anterior tras violentar el burdel, golpeando a Manuela y a la Japonesita. Manuela, pese a los permanentes excesos y agresiones que ha sufrido, revela que ha ocultado por años su amor por Pancho. Así, la máxima tensión se produce cuando ella intenta besar a Pancho, lo que provoca una reacción violenta por parte de éste.

Predomina el estilo indirecto libre, donde el narrador omnisciente hace suyas las palabras de los personajes para abordar de mejor manera la historia, que paralelamente es una mirada totalizadora porque todo lo domina y en ocasiones se identifica con ellos: “Faltaba media hora para la misa. Media hora inofensiva, despojada de toda tensión por las noticias de la Nelly: ni un camión, ni un auto en todo el pueblo. Claro, fue sueño. No recordaba siquiera quién le vino a contar el cuento. Y los perros. No tenían por qué andar sueltos en la viña en este tiempo, cuando ya no quedaba ni un racimo que robarse. Bueno”. (9) De esta manera, el relato parte in media res (en este caso, no lineal). El pasado es parte de las decisiones de un cotidiano que interfiere en los significados de procedencia, tales como el origen de la Japonesita o la relación entre Don Alejo y Pancho.


Los personajes son dinámicos y evolutivos, porque van adquiriendo rasgos sicológicos a medida que avanza en la obra: Don Alejo pasa de benefactor a un ser ruin, miserable y sin escrúpulos; Pancho, de hombre honesto y noble, a violento y extremadamente machista; en tanto, la degradación física y espiritual de Manuela se homologa con el declive de la casa y, por ende, del pueblo.

La obra destaca por la minuciosidad con que representa las provincias en franca decadencia, situando lo marginal como el centro de una ciudad conservadora y en un estado de enclaustramiento fóbico, donde se desarrolla la violencia y la política en personajes dotados de dinamismo, quienes finalmente canjean los roles establecidos en apuesta por el poder.

domingo, 23 de octubre de 2016

Crítica literaria: “Antecedentes del advenedizo”

Casa Grande
Luis Orrego Luco (Santiago, 1866-1948) 
Ayacucho Ediciones, 2005.
320 Páginas.

Por Gonzalo Schwenke


En 1908 se publica Casa Grande, novela de Luis Orrego Luco (1866-1948) que retrata a la oligarquía chilena de aquella época y que causó revuelo mediático debido a que “escenifica” las tradiciones de aquel grupo social. El lujo, los títulos de nobleza y las ansias de asimilarse a todo aquello que proviniera de la cultura francesa –considerada por esos años, antes de la I Guerra Mundial, como modelo de elegancia y sofisticación–, son exhibidos por la pluma del autor de Memorias del tiempo viejo.

La novela instala al lector en el Santiago de principios del siglo XX, poniendo su foco en el matrimonio entre Ángel Heredia y Gabriela Sandoval y la tentativa de divorcio entre estos dos personajes que representan el modelo de la clase alta. De esta manera, a poco avanzar aparecerán los conflictos amorosos que serán el comidillo de la sociedad, mientras el clérigo Correa, con el fin de hacer respetar los votos eclesiásticos, mediará para restaurar la relación. Sin embargo, luego de la promesa de una buena vida nueva como pareja, la historia devendrá en un trágico final.

El narrador contempla la incipiente ciudad de Santiago, que por aquellos años se extendía desde el Cerro Santa Lucía hacia el Oriente, hasta la calle San Martín hacia el Poniente, y desde el Parque Forestal a la Alameda de Las Delicias en el eje norte-sur. Interpreta y concibe la urbe de acuerdo a los determinismos sociales o de clase, económicos y geográficos que predominan en ese período.

Asimismo, la observación fría del entorno juega un rol fundamental en consideración al objetivo de retratar el modo de pensar de una sociedad chilena plutócrata, que mira con orgullo la historia nacional (legado del español conquistador) y que, de paso, prescinde de lo indígena.

Es más, en Casa Grande destaca particularmente por su omisión de los sectores marginales, proletarios, artesanos y profesionales. Esta puesta en escena situará al cronista en la cúspide del escalafón social validada por ser parte de la antigua aristocracia, pues sería una especie de detentador de la verdad en la que evidencia los males de la sociedad, su sociedad en el texto. Precisamente, es el medio social el que modifica la interpretación de los hechos, como se observa en las expresiones de Gabriela y el estilo de vida que lleva: “Gabriela, junto con el sentimiento instintivo de superioridad social, templado por su bondad y su modestia ingénitas, había recibido educación refinada, hablaba francés como parisiense, era música y tenía hábitos de lujo de princesa, que todo lo pide sin averiguar nunca precios” (11).

La obra de Orrego Luco suscribe al movimiento naturalista, que tiene como máximo exponente al francés Émile Zola. La influencia de esta corriente se hace patente en Casa Grande en aspectos como la falta de albedrío, la injerencia de la Iglesia en el divorcio entre Ángel Heredia y Gabriela Sandoval, la crítica social hacia su propio origen, la descripción de los personajes y otros elementos específicos de la trama. Cabe consignar también el influjo del darwinismo en su concepción de la raza blanca-europea como superior a otras. El encarcelamiento y traslado de indígenas para mostrarlos al público o la esclavitud por color de piel, son ejemplos de ello.

Por otro lado, una serie de marcas en la narración dan cuenta de una exaltación de la historia reciente como un pasado glorioso: “ciudad de Santiago, un tanto sacudida de su apatía colonial en la noche clásica de regocijo de las viejas ciudades españolas” (5), que se explica en la falsa vanagloria de un pueblo elegido y que desea su salvación adquiriendo el molde europeo: “la multitud admiraba los trajes elegantes y los sombreros de paja adornados de plumas por algún modista parisiense” (8)


La particular mirada acerca del lujo, el determinismo de herencia y de raza, y lo frívolo, permiten develar el arribismo degradatorio que ha caracterizado históricamente a la alta sociedad chilena y leer esta novela como un libro referente de la siutiquería actual dentro de la literatura decimonónica de molde francés.