domingo, 9 de septiembre de 2018

Crítica Literaria: Cuerpos sociales en la poesía de Maha Vial


Los cuerpos sociales de postdictadura en la poesía de Maha Vial[1]

Por Gonzalo Schwenke
Profesor y crítico literario.

Maha Vial es poeta, actriz y performance valdiviana con estudios en la Universidad Austral de Chile. Publicaciones: La Cuerda Floja (1985), Sexilio (1994), Jony Joi (2001), Maldita Perra (2004), el Asado de Bacon (2007) y Territorio Cercado (2015).





Una pujante economía se instala en Chile. Los números dan para todo, es la década de los malls, la cultura del endeudamiento y el despojo. Son los noventas donde nada pasó y el control social estaba en manos del mercado, la iglesia y las instituciones castrenses. Un doble discurso de ambivalencia y simple que buscó anular las manifestaciones divergentes.

La presente trilogía literaria publicada durante el período postdictatorial en Chile, problematiza el campo sexual en circunstancias que la sociedad chilena continuaba estando bajo la vigilancia de la dictadura, por lo que esta escritura promueve una ruptura a las plantillas conservadoras y da voz a las disidencias sexuales.


En Sexilio (1994), el trabajo poético se basa en imágenes tangibles, instalando un lenguaje realista, obsceno y anti hegemónico, en los que destacan los encabalgamientos y donde el concepto sexual es la fragmentación de los sexos para romper con las prohibiciones. Es ineludible recalcar que para la poética, los procesos de liberación del cuerpo femenino, se basa a partir de la autoexploración sexual, por lo que el cuerpo representa el vehículo de independencia. Así mismo, el hablante lírico se aleja de las relaciones socioculturales hombre/mujer y profundiza sobre las múltiples sexualidades, erotizando a partir de los sudores de los cuerpos De modo que, el sexo y la libertad se confunden anulando los roles de subalternidad.
La representación de las voces femeninas siempre ha sido una preocupación para la escritura, posicionándose en sectores periféricos. En el volumen aparece la figura de la trabajadora sexual en su perorata vulgar, encarnada como cuerpo femenino público a plena luz del día pero es silenciada y excluida. Esta figura representa la ausencia del desarrollo social en una pujante economía de libre mercado: “buscando en miserias esquinas/las rasgadas caricias de un burdel”. De esta manera, el amor y el placer solo se encuentran en el burdel, lugar representativo de transacciones comerciales y donde las identidades que se rentabiliza están vacías de ideologías, por lo que este constructo social mantiene a estos cuerpos a la deriva, en una situación de precarización y en continuo tránsito.


En Jony Joi (2001) el hablante es el sujeto errante sin domicilio fijo, envuelta en la inestabilidad material, distanciándose de la década del noventa y de los éxitos económicos. Por el contrario, el volumen señala la liberación sexual a principios del siglo XXI, en el que da cuenta de las emergencias de las disidencias sexuales, visibilizándolas en la siempre difícil provincia y la condición de subordinación en relación a un tipo de sociedad estática.
Los cuerpos femeninos de suburbios todavía están relegados como las dueñas de casa, las prostitutas, las lesbianas y las mujeres psicológicamente trastornadas de la calle: como la Rosa Moca y la Lala, dos personajes marginales quienes vivieron entre la década del 60 al 80 en Valdivia y que se caracterizaban por lo deslenguadas, anacrónicas e irreverentes que vociferaban a grito pelado en la plaza de la República.
Este libro está divido en cuatro capítulos, contiene un profuso trabajo creativo donde está presente el pastiche, los caligramas, los neologismos, las intertextualidades con la cultura popular, las que están desplegadas en más de cuarenta dibujos, caricaturas y collages. Otro recurso que aparece, son las múltiples voces de nombres femeninos (alrededor de veinte) todas relacionadas con espacios de desamparo, a la intemperie de la mugrosa esquina. Las herramientas mencionadas borran buscan anular al sujeto tradicional, fragmentándolo y desarmando los límites usuales de la sociedad, lo que es un claro síntoma de los cambios que se están desarrollando en contexto de comienzos de siglo apelando a las carencias del presente.


Por otro lado, en Maldita Perra (2004) la hablante emplea el vocablo “perra” en tanto representatividad peyorativa en el espacio de doble marginalidad: género y ciudad. Es decir, el cuerpo femenino continúa siendo el lugar de lucha en busca de autonomía, se hacen indiscutibles las enunciaciones sobre la decadencia de la belleza y la juventud, sumando la figura de penurias en el símbolo de la perra en círculos sociales que viven en la calle, alimentándose de lo último que le queda de dignidad y el esplendor va quedando en el pasado.



[1] Parte de este trabajo fue leído en el Coloquio de Poesía chilena realizado en la Universidad de Chile, agosto de 2018.

domingo, 2 de septiembre de 2018

Algunas reflexiones entorno a la crítica literaria.


A partir de la polémica suscitada por las memorias VHS (2017) de Alberto Fuguet[1], donde afirma con desparpajo haber violado a una empleada doméstica en presencia de un amigo. El autor ha vuelto a la carga con el ensayo Llegaron los bárbaros[2] donde sitúa a la crítica literaria en el terreno de la derrota debido a la poca influencia en las nuevas generaciones.
De lo anterior, hay que considerar algunas reflexiones:
El medio literario busca aniquilar la crítica literaria, exhortar la disidencia y censurar el pensamiento crítico. El objetivo es someter la crítica literaria al mercado, instaurando falsas ideas de exitismo y la probable valoración fuera del país. No por nada, cada año las industrias editoriales buscan espacios mediáticos en el que posicionan las mercancías de sus figuras, respondiendo a la era de la imagen, a la silueta líquida y a la reducción de diálogos críticos convirtiendo a todo lector en un consumidor.
Entiendo la crítica periodística a modo de género propio dentro del campo literario, donde se analiza y evalúa el estado cultural chileno. Para cumplir con esto, se necesita preparación, lecturas, y además, distanciamiento del circuito cultural entendiéndolo como táctica en pos de grados de autonomía al ordenar estas producciones: situar, enmarcar, mostrar intereses y perspectivas en la generación de discursos culturales.
La figura del crítico literario maleable y benévolo con los poderes no sólo es peligrosa, sino también cómplice de las instituciones. Yo prefiero la figura del crítico que es estudioso de la literatura como acto de pasión, más allá del acto de adquirir conocimiento en sí mismo. Es decir, aquel que vive para la literatura, no para vivir como poeta maldito.
Frases para el bronce de Alberto Fuguet: “La oportunidad para que la crítica tenga algún futuro no solo existe sino que se vuelve necesaria”, “la labor del crítico-como-profesor o, aún, la figura del crítico-como-perro-guardián, ha terminado (…) porque los críticos lo hicieron mal y no supieron adecuarse a los tiempos.” Estas frases dejan lo mal informado que está el autor de Sudor de los cambios y las discusiones de la crítica literaria, respondiendo amparando la discusión en la escena de la mercancía.
Tanto Raquel Olea (2010) como Patricia Espinosa (2016) coinciden en que la crítica literaria debe rastrear aquellas articulaciones que emergen de las fracturas sociales, investigando, comprendiendo y formulando lenguajes donde aparezcan estas transformaciones que acontecen en discursos contemporáneos y que derivan en productos culturales. Iván Carrasco, por su parte, ha señalado que la investigación y la crítica dentro de las academias, que se encuentran alejadas de Santiago, han permitido el desarrollo y despliegue de otros sistemas literarios, ya sea en el norte con el folclore narrativo, en el sur con enunciaciones indígenas o las vanguardias.
Como vemos, la pedagogía y la crítica no están ligadas al mercado, ni para la tontera fácil en las plataformas mediales, sino orientadas a generar campos de saberes en las humanidades. Por tanto, el no confrontar los textos viene a cumplir expectativas de sumisión e intereses editoriales. De lo contrario, habría que ejemplificar con el caso de la censura del crítico español Ignacio Echeverría en el suplemento literario Babelia (2004) del diario El País. Esos discursos de pluralismos y de conformidad para calmar las aguas durante la transición política, solo se emplean cuando la palabra no molesta y los límites no son transgredidos, de lo contrario ejecutan un amplio abanico de censurar críticas.
En la década del noventa, la sociedad chilena no se desligó de las ataduras represoras, puesto que existían discursos ambivalentes para mantener el consenso y abrir diálogos de conciliación, por lo que las modificaciones debían evitar inmiscuirse con: la iglesia, los militares, el mercado. Estos tres poderes esquematizan la sociedad chilena impidiendo cualquier manifestación divergente.
Estos nudos traumáticos todavía recorren el campo cultural.
Jorge González en el documental Malditos, la historia de Fiskales ad hok (2004), el exlíder de la banda Los Prisioneros, analiza la realidad cultural haciendo énfasis en la transición política, el orden social y moral de un Chile todavía sujeto a los poderes de facto:

“Pensaba todo el mundo, cuando cayera Pinochet, que iba a ser pronto, Chile se iba a volver una onda Almodóvar. Que Chile se iba a volver como Madrid y que iba a quedar la cagada, y que iba a estar todo pasando. Cosa que no pasó. Y se volvió todo tetón, se puso demócrata cristiano Chile. Entonces, todo se puso hipertradicional pero pintado de rebelde, o sea parecido, como Zona de Contacto, apareció Fuguet, aparecieron todos estos hueones giles, que era como lo mismo que había antes pero se notaba que era gente que era creada por una represión muy grande. Entonces, todo era como una autocensura.” (sic)

Quizás, tengamos que continuar escuchando los balbuceos críticos de Alberto Fuguet y otros/as delirantes como acto reflejo de gestores o asesores pertenecientes a los monopolios culturales, quienes se dedican a las relaciones públicas en las ferias de libro y medios de prensa, que hay que perfeccionar el mercado y el anti intelectualismo para que no se espanten los compradores o en última instancia, el lector como cliente.


[1] http://www.elmostrador.cl/cultura/2018/05/25/fuguet-dice-que-ficciono-la-violacion-pero-se-contradice-con-sus-afirmaciones-en-lanzamiento-del-libro/
[2] http://revistasantiago.cl/llegaron-los-barbaros/

lunes, 20 de agosto de 2018

Crítica Literaria: En pocas líneas (2018) Diego Corvera Mallea



Gonzalo Schwenke
Profesor y Crítico Literario.
Un frágil libro nos entrega David Corvera (Santiago, 1982). En cien páginas, la obra “En pocas líneas” (2018) instala al personaje homónimo en la ciudad de Valdivia. Allí conocerá a Paula, una investigadora académica que llega a la ciudad en busca de tranquilidad tras finalizar una relación lésbica con María. Ambos se conocen en una fiesta e iniciarán una relación en la que no tendrán futuro.
La estrategia de la historia del relato parece ser simple: colocar ambas voces protagónicas en las que desarrollan una narración distinta, no siempre lograda y por momentos, atosigante. Sumando al narrador omnipresente para situarse encima de los personajes pero sin aprovechamiento para el total del volumen. Así también, la perspectiva de la historia evidencia la trasnochada creencia del autor, que por un lado, viene a cambiar la tradición literaria escribiendo un proyecto insulso: “acabo de confesarte que escribiré una novela sobre nosotros (…) a partir de nuestra historia podré contar otras cosas, nuestra historia será la excusa para describir cómo vemos el mundo, tú y yo, o bien cómo una parte de nuestra generación lo ve.” (53) En cierto modo, se pueden identificar algunas influencias culturales no mencionadas, pero hay valor en secciones que afirma sobre el privilegio de escribir y el trabajo de la creación literaria representado en espacios solitarios donde la construcción, la revisión y la corrección, va más allá que la autodenominación de la voz de la década.
Por otro lado, los pocos personajes que deambulan no están desarrollados en su complejidad y tampoco tienen relevancia hacia el final. Aquí aparece Artemisa, artista visual que guarda relación con Paula, para luego caer en depresión sin ningún ápice de apoyo de otros personajes. Asimismo, Edgardo, músico de profesión e incapaz de hablar de otros temas, que en su calidad de personaje secundario impactará escuálidamente en las vidas de David y Paula.
Cabe mencionar que, en esta novela presenta la imagen de la ciudad de Valdivia situada en el cliché del turismo mediático debido a que transita en los mismos sitios que un turista de manual. Por tanto, si el consumo es corriente, las conductas del sujeto serán correspondidas tanto por el contexto así por el modo de observar la ciudad, clima y su producción. Es decir, este ejemplar pudo haber sido escrita en cualquier otro lugar ya que no existe distinción de los materiales que distinga a la ciudad de otras, el proceso de modernización y poco faltó para leer a gente caminando bajo la lluvia tomados de la mano por la costanera.
La novela carece de profundidad por lo que se diluye rápidamente, pero quedará en la retina los manuales de cocina, las instrucciones del amante moderno y las discusiones con otro/a persona para encontrarse la razón. Finalmente, “en pocas líneas” coloca la mirada en el ensimismamiento de relaciones diluidas y desarraigadas de los entornos, lo que da cuenta que el escritor calza más como guionista de programas de viajes etnoculturales de televisión.

“En pocas líneas” (2018). Diego Corvera Mallea, Ediciones Alarido, 2018, 102 páginas.

lunes, 23 de julio de 2018

Crítica Cultural: La mirada europea a través de la fotografía latinoamericana.


Por Macarena Lorenzo, profesora de Filosofía.

Por Gonzalo Schwenke, profesor y crítico cultural.

América Latina 1960-2013. Fotos + Textos (2014) es un libro de fotografías encargado por la Fundación Cartier pour l’art contemporaine en asociación con el Museo Amparo de Puebla (México) y el Institute des hautes études de L’Amérique Latine, París. En ello participaron los curadores: Ángeles Alonso Espinosa (México), Hervé Chandès (Francia), Alexis Fabri, (Francia 1970), Isabelle Gaudefroy (Francia), Leanne Sacramone e Ilana Shamoon (Canadá), entre otros.
El libro hace un muestreo sobre el lugar de la fotografía latinoamericana como reflexión autoral y que cobra una importancia particular más allá del momento aureático. Por otro lado, las fotografías han sido intervenidas (en tiempos previos a la digitalización y a la socialización del objeto artístico) para enfatizar ciertos realces que obligan a la subjetividad de la realidad.
El volumen que contiene 500 fotografías de artistas, los que entregan en 392 páginas perspectivas detrás del lente sobre este continente y que en esta exposición fueron divididos en cuatro grandes temáticas: Territorio, Ciudades, Informar Denunciar y Memoria e Identidades. También incluye textos de expertos en la materia de origen procedencia europea. Primero, los textos sesudos de Olivier Compagnon quien aborda la situación histórica desde la visión geopolítica. Luego el crítico alemán, Luis Camnitzer quien expone relativo a la instalación de la foto+texto, en tanto registro documental que dirige la mirada. Por último, el museógrafo Alfonso Morales Carrillo, que justifica la selección y certifica la fotografía como artefacto cultural.
En el capítulo Territorios, da cuenta de los múltiples y continuos procesos militares, políticos, sociales y económicos de colonización que acontece en el continente. En Ciudades, el paso del campo a la ciudad a modo de principio de modernidad faculta problematizar acerca de las iniquidades de la evolución en las urbes, mostrando las realidades de violencia y disparidad social. En Informar/Denunciar, el capítulo registra los “años de plomo” de las dictaduras del cono sur: principalmente Chile (1973) y Argentina (1976), las que estaban en una peculiar sincronía con Paraguay (1954), Uruguay (1973) y Brasil (1964). Aún más extraño, si cada nación institucionalizó la tortura y la violación los derechos humanos de manera conjunta. Por último, en Memorias e Identidades, que pertenece a las transiciones de las dictaduras a las democracias neoliberales, en las que emergen voces disidentes donde las minorías son las identidades principales a reconstituir.
Desde la perspectiva europea, se abordan más de cincuenta años de la fotografía latinoamericana, marcadas por las distintas formas de violencia e imposiciones culturales y económicas mostradas como eje fundamental de la realidad en este continente. En cada una de las etapas de la muestra, se observa el desarrollo que ocurre dentro de las ciudades como efecto recurrente en el continente en las pocas décadas que toma el volumen. De modo que, los registros fotográficos constatan los contrastes de los pueblos, las postergaciones o el empoderamiento social y que se distancian de los discursos hegemónicos vinculados al milagro económico.

Finalmente, América Latina 1960-2013. Fotos + Textos (2014) está presente el centro y la periferia. La curatoria es el centro y los fotógrafos latinoamericanos seleccionados son ubicados en la periferia, por lo que, se construye un modo de lo fotográfico del ser latinoamericano. Las imágenes son construcciones políticas que obedecen a una disposición de un poder que determina quienes van a ocupar el espacio público y de qué manera. Por lo que existe una mirada altanera. En este sentido, es necesaria una subversión desde acá, o sea de la “hija malagradecida” llamada América Latina. Se propone un giro sobre los saberes de los colonizadores y estudiar a fondo la mirada que nos coloniza, la-de-ellos que suponen con el derecho de invadir y hablar por nosotros/as. Por lo tanto, seguir estigmatizándonos como los pobres subdesarrollados nos sigue justificando las políticas que los soportan.

VV.AA. (2014) América Latina 1960-2013. Fotos + Textos. México: Editorial RM, 392 páginas.

sábado, 21 de julio de 2018

Columna: La apología a la explotación infantil en la industria cervecera.



Por Gonzalo Schwenke

La imagen de un niño con una vara que sujeta el cubo para llenar de cerveza justamente al lado de la calculadora es el signo que representa a una empresa en Valdivia. Buscamos en internet de qué lugar provienen y qué representan, encontrando lo siguiente:
En la revista Mash, aparece una publicación de internet de mayo del 2015, sobre los cubos de cerveza llamados Growler y en la que relata que a finales del siglo XIX los niños eran mandados por los padres a llenar estos recipientes con cerveza, cito a continuación: “Muchas veces, la tarea de ir a llenar los growler y regresarlos a la casa o al trabajo recaía en niños mandados por sus padres o contratados por los trabajadores.”
Es necesario aclarar que este reciclaje visual de parte de quienes exhiben el logotipo como marca comercial es leído como la apología a la explotación infantil en la actualidad. Consideramos que hay que leer los letreros de publicidad desde el siglo XXI y no como historia anacrónica, por lo que ellos retoman la historia inicial de la labor de los niños, los que eran parte del engranaje de la economía cervecera pero de una manera pasiva. Es decir, la reutilización de objetos/imágenes pensando en que se permitía lo anterior, excluye el eventual poder simbólico que provoca el no reconocer el lugar de lo infantil en el Chile neoliberal, desvinculando los avances políticos de más de cien años en el que el trabajo infantil está legalmente prohibido.
Explicado de otro modo, creemos que alguna empresa tenga la ocurrencia de tomar la figura de los niños es similar a lo que sucede en el cuento “la compuerta N° 12” de Subterra y que avale dicha situación. Recordemos que Baldomero Lillo relata el momento en que el padre lleva a la mina al hijo para que trabaje y aporte al hogar. Por eso, señalamos la existencia de la vanaglorización del valor infantil en el área comercial que se promueve en el 2018. El argumento está respaldado cuando la imagen del niño trabajando (¡!) aparece al lado de la calculadora. La unión de estos dos objetos: el niño y la calculadora, se desprende los beneficios rentables del trabajo infantil.

lunes, 16 de julio de 2018

Crítica Cultural: “Las guerrilla girls": otras formas de decir presente.


Aparecido en el diario "El Insular". (18-07-2018)
Por Gonzalo Schwenke
Profesor y Crítico Cultural.

En 1984, el Museo de Arte Moderno (MoMA en sus siglas en inglés) de New York realizó la exposición An International Survey of Painting and Sculpture (1984), un mapeo sobre lo que se estaba realizando en el arte de la escultura y la pintura. De ello, se exhibieron 169 artistas de las que solo 13 eran mujeres. Ante la imposibilidad de mostrarse debido a los espacios coartados, un grupo de mujeres del circuito se denominan las guerrilla girls rápidamente intervinieron dentro/fuera de los museos y galerías para reclamar sobre la desigualdad de género y racial. Esto posibilitó abrir nuevos focos de discusión de carácter culturalista e interdisciplinario, porque la Academia desplegada en el Museo de New York daba a entender que aquella exposición presentaba una mirada al trabajo de aquel año era ‘buen arte’, en defecto a los que no estaban presentes.
Las guerrilla girls a través de las performance buscan el impacto próximo y mediático con pancartas, cubriéndose los rostros con máscaras de gorilas y utilizando nombres de artistas fallecidas. Llama la atención la necesidad de cubrirse los rostros para olvidar la identidad de las protagonistas, con la clara intención de que los presentes estén enfocados en el contenido de la propuesta estética y textual más en la persona dueña del mensaje. Paralelo a esto, observo una forma de operar similar en las marchas feministas como táctica de sobrevivencia en Chile. Es decir, la mujer encapuchada en la calle que no entrega su identidad permite que los concurrentes se vean reflejados en una forma de resistir, desde el accionar físico y de pensamiento crítico, frente a todo lo que se considera un estado tradición y conservadurismo.
Habría que señalar, la utilización de pequeñas guerrillas femeninas que buscan socavar la idea de una narrativa predominante en la producción de la cultura visual, para eso el colectivo utiliza la ironía en tanto método de trabajo para criticar las instituciones. Esto es, la necesidad de combatir la hegemonía en el arte para instalar otras miradas que amplíen nuestros limitados saberes.
El contenido de los pósteres callejeros de las guerrilla girls se basa en la palabra como eje fundamental, porque es desde allí donde conformamos imaginarios, damos nombre y otorgamos consideración a distintos elementos que conforman nuestra cotidianeidad. Además, en el afiche emerge el uso de los colores relevantes, los contrastes y la disposición de las letras. En el cartel basado en la pintura de La gran odalisca (1814) de Dominique Ingres, hay una utilización deliberada de la estadística, representada como ciencia concreta y perfecta, para dar cuenta que las sociedades democráticas no dan lugar para exponer a mujeres. Por lo tanto, se denuncia que estas democracias siguen siendo anacrónicas.
Mencionar que durante el barroco español (siglo XVII) configura el rol que debía desempeñar la mujer: limitada a la casa, dedicada a la crianza de los hijos, sin saber leer o escribir y con la máxima obligación de resguardar la honra familiar y la belleza personal como cualidad. Asimismo, en el arte las mujeres se han convertido en musas de los artistas masculinos imposibilitando que aparezca la voz. De modo que, la falta de expectativa para ellas ha impedido que los países logren la fiesta de la democracia.
La ausencia de reconocimiento hacia otro tipo de arte significa la insuficiente extensión de perspectivas en cuánto a discusiones se refiere. Si bien, el colectivo de las guerrillas girls ha expuesto el contenido de su discurso en distintos museos, ellas todavía resaltan la condición de subordinadas en el mundo del arte. En consecuencia, intervenir la calle proporciona romper con el orden establecido otorgando identidades a murallas públicas que no han sido valorizadas por el mundo cultural que representa a las sociedades.

lunes, 2 de julio de 2018

Crítica Literaria: Sumar (2018) Diamela Eltit






Sumar: Cuerpos móviles.
Por Gonzalo Schwenke
Profesor y Crítico Literario.

Sumar (2018) es una novela múltiple producto de las posibilidades de significados y de sentidos que emplea. Así mismo, escarba en el pasado para reafirmar un final de los tiempos, por cierto, desesperanzador.
Una de las múltiples referencias al concepto “sumar” se relaciona al contexto histórico. Las fábricas textiles Yarur y Sumar, expropiadas durante el gobierno de Salvador Allende para ser dirigidas por los trabajadores. Resultando ser uno de los símbolos de apropiación de los medios de producción, al igual que el Complejo Forestal y Maderero Neltume. Para entonces, la manufactura Sumar tenía en sus establecimientos de la comuna de San Joaquín hasta tres mil trabajadores que vivían en poblaciones cercanas. Dicha mención, es apenas uno de los múltiples signos presentes en el volumen.
El comercio ambulante: los perseguidos por la ley, asediados constantemente por el mercado y por lo mismo, marginados de la sociedad es la temática elegida por Diamela Eltit (Santiago, 1947). Aurora Rojas es la protagonista de la obra, quien bajo su perspectiva nos relata la organización de los vendedores ambulantes durante la marcha de trescientos setenta días, y       conformada como madre total encargándose de las necesidades y miedos de cuatro nonatos. Dentro de la obra aparece su tocaya y el líder sindical Casimiro Barrios. La primera es “crítica, desconfiada, inteligente, científica, metódica” que bien podría ser su contraparte u “el otro yo”, mientras que Casimiro es “eficaz, exacto, confiable”. Enseguida, se sumará Ángela Muñoz Arancibia quien representa otra forma de activismo de contra información y cibernético. También aparecerán el Diki, el colombiano, el Lalo cada uno en su propia particularidad y diferencia pero transitando provisionalmente por las páginas.
Aquí, se visibiliza la organización colectiva como fuerza subalterna y contra hegemónico para instalarse en el espacio público: “quién podría amar tanto a una vereda como lo hacemos los ambulantes, que nos proclamamos a gritos para convencer” (29). Ellos están en continuo movimiento para conquistar la moneda. A saber, la doble codificación de la palabra alude a la principal institución local y lo económico. Por otro lado, la esperanza de ocupar el poder a través de la marcha está simbolizada como forma de liberación. Por lo que, los que no tienen nada ven desde la constante derrota y empobrecidos por el cotidiano, la capacidad resiliente para apropiarse del gobierno central.
Las/os protagonistas son héroes degradados y derruidos bajo el orden imperante. El neoliberal oprime al máximo a estas periferias, provocando una emergencia de un movimiento social que necesita tomar la máxima administración para existir. Así lo revela la protagonista: “vamos a acceder a la moneda porque necesitamos torcer el tiempo para disponernos a vivir” (19). A la espera que estos sujetos parias deban lidiar con la reacción que cuida sus privilegios.
En consecuencia, Sumar es un libro contundente y heterogéneo donde la autora pone en valía sujetos/cuerpos los que participan del acontecer existente y que no corresponden a la fértil macroeconomía. Además, el foco narrativo se digna a trabajar desde el pavimento representando el lugar de las oportunidades: el sitio de represión, humillación y de derrota pero también con la esperanza de vencer colectivamente.

Sumar (2018). Diamela Eltit, Seix Barral, 2018, 177 páginas.

jueves, 21 de junio de 2018

Schwenke & Nilo: Parte de nuestras memorias culturales.

Schwenke &  Nilo: Parte de nuestras memorias culturales.




La memoria aborda distintas capas socioculturales que corresponden al resultado de las vicisitudes de los últimos cincuenta años en Latinoamérica. La ausencia del respeto a la vida, la coacción en el habitar los espacios públicos y la instalación de procesos económicos que superponen la explotación del individuo por sí mismo, con el correspondiente vaciamiento cultural afinca, en la necesidad de rememorar como un deber simbólico y social que canaliza el futuro de nuestra nación.
Schwenke & Nilo emerge en el Sur, pero mi hipótesis es que, no fue un grupo aislado sino que en el contexto generacional posibilita la aparición del dúo. Es decir, la existencia de núcleos asociados con discurso crítico y la vinculación en un territorio geográfico acotado. En el ochenta destacan en X Región de los Lagos artistas visuales del Grupo 7, los talleres Aumen, Matra, el Taller Murciélago, Chaicura, Índice, por nombrar algunos. La necesidad de referirme a colectivos de generación como método de trabajo, está en directa relación a la actual injerencia del individualismo neoliberal en la sociedad chilena. Puesto que existe la creencia genérica de que es necesario trabajar aislado porque el otro es percibido una amenaza. Por el contrario, durante el periodo dictatorial, la solidaridad era tal que el que venía atrás no era un acusador, sino que era quien cuidaba tu espalda, de igual modo uno mismo. Así lo testimonian los protagonistas de esta época.
En Santiago, el dúo se unió a Santiago del Nuevo Extremo, Eduardo Peralta, Isabel Aldunate, Hugo Moraga, Sol y Lluvia, Eduardo Yáñez, entre otros, conformando así el Canto Nuevo. Este movimiento artístico posterior a la Nueva Canción chilena fortaleció los vínculos bajo el alero de la iglesia católica, en peñas folclóricas, sindicato y poblaciones. Con la principal característica en rearmar el circuito cultural sorteando la censura, es decir, la necesidad de utilizar el lenguaje poético para decir lo que otros callan, expresar de manera metafórica para denunciar el estado abúlico y despistar a los adeptos al régimen cívico-militar. Así emergen en las letras de A mi ciudad: “En mi ciudad murió un día/el sol de primavera/a mi ventana me fueron a avisar” de Luis Le-bert o en El invierno: “Quédese compañera, ya pasa el temporal/cuando se aclare el cielo volveremos a volar” de Pato Valdivia, formas de resistencias dentro de un aparato controlador.  Por otro lado, en el documental Actores Secundarios (2004) aparece en diálogo los múltiples cassette que da cuenta del Canto Nuevo y que dio voz a las movilizaciones estudiantiles de 1985. Allí, en uno de los persas santiaguinos aparece, Samuel Gajardo, Exalumno Liceo de Aplicación/Actor señala “Schwenke & Nilo... ese cassette lo tenía todo el mundo...”
Con la llegada de la democracia, el pluralismo destruyó las convicciones y dar sentido a la memoria. Ya no era necesario criticar. El consenso político controló la disidencia social. Es decir, durante los noventas, la Concertación descompuso cualquier discurso contra el poder. En la biografía del dúo, Schwenke & Nilo: leyenda del sur (2015), Marcelo Nilo señala que “el error más grande y el pecado de la Concertación fuer desarticular la organización social que logramos construir en la dictadura”. Así lo señala Nelly Richard en Residuos y Metáforas (2001): el pluralismo limitó cualquier pensamiento crítico. Para imponer este discurso fue necesario anular antagonismos y de esto, se excluyó la memoria. Paralelamente, la premiada novela El futuro es un lugar extraño (2016) de Cynthia Rimsky revisita las movilizaciones de 1986 reflejando en la voz de uno de los personajes el cambio de mentalidad de la transición: “Cuando terminó la dictadura no encontré trabajo, de un día para otro mis reportajes se volvieron excesivamente serios, excesivamente críticos y hasta resentidos; según mis jefes, yo no entendía que la gente leía para entretenerse.” De modo, que el testimonio de Zanelli, basada en la experiencia inmediata, grafica el cambio de pensamiento que era necesario imprimir en los diarios.
Tras la muerte de Nelson Schwenke el 22 de junio de 2012 se suceden múltiples homenajes.
En Valdivia, Schwenke y Nilo regresó a tocar en el Aula Magna de la UACh, luego veinticinco años de veto. Durante 2013, la Casa de la Memoria y los Derechos Humanos de Valdivia, nombró a una de las salas “Espacio Schwenke: el arte contra el olvido”. En Cerrillos, la organización comunitaria sin fines de lucro conformó Centro Cultural Schwenke y Nilo. Mientras que, en la Academia de Artes La Casona de La Florida, nombraron la sala de manera homónima.
En el 2016, apareció el disco “El viaje”, homenaje al dúo de la La Rata Bluesera. El trabajo musical reversiona canciones emblemáticas con sonidos más blueseros pero sosteniendo la propia fuerza de las letras que las hicieron conocidos a partir de los ochenta.
El vocalista de la Rata bluesera, Javier Aravena afirma que: “Schwenke y Nilo tiene una marca muy profunda en mi vida, porque representan valores basados en el amor, el respeto y la inspiración musical”.
La crítica cultural Patricia Espinosa destaca la importancia del dúo: “fueron una de las agrupaciones musicales más importantes en la lucha antidictadura. El contenido lírico de su propuesta, en paralelo al discurso político, logró empatizar con la melancolía y tristeza que embargaba al país de entonces. Creo, además, que su trabajo puede considerarse, desde hoy, como un testimonio del estado de conmoción y desamparo que imponía la dictadura al sujeto común.”
En el mismo sentido, para la cantante Alette Jequier (exFulano y Mediabanda) señala que: “ellos fueron parte de mi contexto cuando era muy joven cuando vivía en Valdivia, 1979. Los percibía como parte de una voz verdadera y despierta. Gente joven, críticos, cuestionadores y con una sensibilidad que no alcanzaba a comprender del todo pues yo era muy joven y estaba aprendiendo”.
Con nueve discos y varias colaboraciones con el Canto Nuevo y la Trova Nacional, Nelson Schwenke y Marcelo Nilo son sin duda uno de los referentes musicales más importantes del Sur de Chile. A través de sus letras, representan no sólo la historia valdiviana de la segunda mitad del siglo XX, sino además el cotidiano vivir de las comunidades sureñas, ligadas a la conversación y al encuentro en torno al calor de la estufa, en permanente convivencia con el mate y las sopaipillas dentro de las casas, dando cuenta de territorios económicamente explotados y fetichizados por los medios y los discursos ideológicos que invaden durante las vacaciones dichas estancias.
Pese al deceso de Nelson, Schwenke & Nilo se mantiene vigente en los escenarios del país, al margen de los registros televisivos y protegidos con la ternura de los amigos. Continúan tocando en centros culturales y espacios comunitarios como lo han hecho desde siempre.

Critica Literaria: ¿Cuánto tiempo viven los perros? (2018) Amanda Teillery


Por Gonzalo Schwenke



¿Cuánto tiempo viven los perros? (2018), primera obra de Amanda Teillery, es un conjunto de nueve cuentos, los que acontecen en sectores pudientes. Los personajes aparecen frágiles e incapaces de rebelarse al contexto social que se les impone y que continuamente deben comprobar su pertenencia: “Matías le sonrió de vuelta, y se sorprendió de lo fácil que había resultado. De lo fácil que era lograr que te aceptaran.” (81) Aunque las/os protagonistas suelen conformar tácticas resistencias, no siempre efectivas, en escenarios que les parecen incomodas buscan en el no saber, el humor o los silencios sobrellevar estas situaciones.
La conformación de estos cuentos poseen una estructura serializada: predominan el narrador omnisciente y los estilos directos. Lo que provoca una esquematización de la tensión narrativa, la que en 146 páginas es bastante sutil. Por otro lado, el uso de la memoria no es frecuente en estos personajes dados la juventud de las voces, las que están experimentando vivencias iniciales, relaciones fraternales y sentimentales, es decir, configuran gustos predeterminados.
A lo largo del volumen observamos diversos cuestionamientos de adolescentes sobre el mundo de los adultos imbuidos en sectores de privilegio, las que son relatadas con claridad en conocer gente es fácil: “se daba una batalla campal entre los padres por demostrar que su niña no solo tenía buenas notas, sino que también era la más linda, la que tenía mejor ropa, más viajes, casas en la playa, amigos con buen apellido y de otros colegios de estatus.” (27) Dando cuenta de que para ser aceptado y protegido por ese círculo, es necesario asumir y aparentar un modelo superficial de posición social, incluso transmitida por herencias que se mantienen por la tradición conservadora.
En los cuentos Pokemón y nunca más vamos a hablar de esto, relatan acontecimientos que han sido suprimidos por el trauma que significa el abuso de poder y que corresponden a panoramas oscurecidos. De este modo, los diálogos en la confianza posibilitan que esos silencios salgan a la luz tiempo después.
En definitiva, ¿Cuánto tiempo viven los perros? es una lectura verosímil, que guarda en el interior complejas revelaciones sobre los traumas negados y soledades disfrazadas que suceden dentro de los marcos establecidos por la clase. Con una ágil escritura pero con una fórmula secuenciada, es un buen apronte para desarrollar demás obras.

¿Cuánto tiempo viven los perros? (2018), Amanda Teillery. Emecé Ediciones, 146 páginas.

viernes, 8 de junio de 2018

Crítica literaria: Ciudad Berraca (2018) Rodrigo Ramos Bañados



“De pronto unas voces en la calle
me gritaron ¡Negra!
¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!
“¿Soy acaso negra?”- me dije
¡SÍ!
“¿Qué cosa es ser negra?”
¡Negra!”
Me gritaron negra de Victoria Santa Cruz


Si en Pinochet Boys (2016) los personajes se desplegaban en un ambiente atosigante, colmado de trepadores debido a la configuración del modelo económico que se apropia de las relaciones íntimas y sociales. En Ciudad Berraca, quinta novela de Ramos Bañados, habla sobre la migración de personas que huyen de la guerra colombiana y sufren la patriotería chilena.

Al igual que en libros previos, este volumen se instala en Antofagasta, describe los procesos migratorios, y la discriminación de la población local que los concibe gente menesterosa. Justamente, con el omnisciente que desactiva al lector, narra el arriesgado viaje desde Colombia de la familia Parrada Castillo y los tres hijos Jean, Alex y Eyhi. En la figura del hermano mayor se focaliza el relato. En Jean, se alza la esperanza de cambio que en el cotidiano se ve relacionado ante la droga, la violencia y el neonazismo del chileno promedio. Dicha parentela atiende a testimonios de otros inmigrantes, los que señalan que esta borrachera neoliberal, a diferencia de sus propios países, parece ser el paraíso que les permitirá mejorar las necesidades básicas. Es decir, un país que otorga crédito y préstamos a personas que lo solicitan –da igual si puede pagarlo o no–, salud eficiente, mayor tranquilidad, escuelas grandes y acceso a la universidad, lo que les permite creer la posibilidad de emprender.

 Al llegar, la familia se encuentra con las oportunidades que entrega esta nación. En Los Arenales, parte anexa a la ciudad, llegan las instituciones a procurar asistencia a los migrantes desamparados. Ellos viven en la marginalidad por el hecho de vivir cerca del vertedero de la ciudad, de allí se abastecen de yogures y pollos vencidos, sustraen electricidad de los postes y por ahí pasa el camión aljibe para proveer de agua para tres días. De igual modo, la aglomeración de inmigrantes es tal, que terminan construyendo las casuchas en las laderas de los cerros donde, eventualmente, se producen aluviones. Por otro lado, están las mafias de los narcos que venden coca con veneno para ratas y controlan sectores a punta de balas.

Los medios de comunicación y la educación normada son formas que ordenan la sociedad. Así lo señala el narrador: “Cada tanto los rayados eran borrados con pintura por la municipalidad luego de las cartas tipo denuncia de xenofobia que aparecían en El Mercurio de Antofagasta, el diario que masificaba la manera de pensar de los poderosos.” (11) De esta manera, aparece un discurso crítico sobre el rol social de las instituciones que confunden la tolerancia con la permisibilidad de los discursos pluralistas.

La novela se siembra sobre los Parrada Castillo. A excepción de las religiones, las sectas que imponen la visión de mundo particular a cambio de oportunidad de crecer. De lo anterior, quien lo sufre es Alex, quien destaca por su talento para el futbol y pretende exportarlo a Santiago. En el intertanto, Eyhi, apodada la Niña Bala ya que tiene dentro de su cabeza una bala perdida. Este testimonio que es usufructuado por el padre, permitirá que la familia obtenga los papeles legales cuando salga en las noticias locales.

La pasión por el futbol que despiertan las barras bravas despliega el nacionalismo indecente que sirve de publicidad. La intolerancia racial, a modo de herencia de la dictadura, confluye en un escenario de violencia máxima que abarca toda la ciudad.

Ciudad Berraca confirma la buena prosa de obras anteriores, el tono crudo y sarcástico, la persistencia en visibilizar la xenofobia chilena de las últimas décadas. En este libro es menos punzante, menos abrumador y más pausado en los relatos debido al tipo de narrador elegido, porque convierte al lector en un consumidor de estos temas.
Ciudad Berraca (2018), Rodrigo Ramos Bañados. Alfaguara Ediciones, 145.

miércoles, 6 de junio de 2018

Crítica de Teatro: Los pueblos te llaman Nahuelpan presidente.

Por Gonzalo Schwenke

Si lograr el ansiado sillón presidencial es complejo, hacer una obra de teatro hablando sobre cómo el mapuche civilizado asume este desafío, mucho más. Los pueblos te llaman: NAHUELPAN PRESIDENTE, escrita por de Roberto Cayuqueo y Constanza Thümler, quien también es la directora, instala a Nahuelpan (Gastón Salgado) como candidato a la máxima jefatura de Chile 2038.

El camino para llegar a la presidencia es competitivo y tormentoso. En este recorrido se muestran los sueños, las vacilaciones, los padecimientos históricos del pueblo mapuche en un marco reducido y sombrío. De ahí que el escenario tenga un formato delimitado. Por consiguiente, el personaje sobrelleva una imagen pública y privada para vender al televidente con el afán de lograr la presidencia. Por ejemplo, el caso de la revalidación del mito de la meritocracia. Sujeta a la creencia de que estamos en una sociedad justa e inclusiva, que desde los barriales eventualmente pudo saltar la valla de la desigualdad y abrirse camino dentro del partido que lo respalda.


En su composición, la obra tiene dos debilidades. Primero, la ausencia de voces en contraste que deviene en la monotonía. En este sentido, se rescata uno de los momentos de quiebre con los monólogos es mostrar a la personaje que confronta a Nahuelpan (tal como lo juegan los programas de televisión) logrando la intensidad necesaria, pero a continuación aparece la voz en off que apura el desenlace. Y segundo, se puede ocupar el recurso que más guste, dará lo mismo si hacia el final el personaje es estático y plano. Esto dado que, el candidato mostrado como cercano a la gente y alta plusvalía debido al apellido mapuche, lidia consigo mismo y debe legitimarse continuamente, sin embargo, en definitiva, la pista es utilitaria ya que el único fin es la presidencia. No hay más. Asunto incidental. Durante la primera función se hizo evidente los problemas técnicos con el micrófono inalámbrico.



¿Cuáles son los consensos y pluralismos instalados como políticas en la sociedad chilena?
Pese a que se tituló la obra Los pueblos te llaman…, no se evidencia ese respaldo de la desarrolla ampliar la diversidad y los acuerdos que conforman al aspirante. Apenas aparecen dos actores vestidos de negro, que no hablan y que operan fuera del contorno del aspirante. Se entiende que, la obra trae consigo la idea de que es partidaria por invisibilizar los movimientos sociales y en la que es simpatizante por el cambio social a través de los partidos políticos para administrar esta morenidad en tiempos que no se cree en las instituciones.

Para uno de los temas más importantes del Chile neoliberal y pluricultural, Los pueblos te llaman Nahuelpan presidente recoge los tópicos de la discusión del mestizaje mapuche y, a partir de esta exposición mediática (como el cuestionamiento de que si es mapuche o caricatura o, si sabe o no hablar en mapuzungun) problematiza al postulante que responde con mesura ante las exigencias de los distintos sectores del país: lo mapuche, lo “blanco” empresarial, lo chileno. Tomando en consideración, que para los mapuche este país es otro, siempre ajeno y donde permanentemente se les exige dar pruebas de su incorporación, aunque su situación sea degradada, se inserta con las reglas del juego que se les han impuesto para ser acreedor de la presidencia.

Ficha Técnica.
Dirección: Constanza Thümler
Dramaturgia: Roberto Cayuqueo
Actor: Gastón Salgado.
Diseño Iluminación: Francisco Herrera Estay
Diseño Vestuario: Daniel Bagnara
Asesoría Histórica y guion: Claudio Alvarado Lincopi
Voz e instrumentos: Daniela Millaleo
Asistente de Dirección: Felipe Rojas
Producción: Isidora Khamis
Realización Escenográfica: Fernando Quiroga
Diseño Gráfico: Javier Pañella
Realización Audiovisual: Rodrigo Susarte
Máscaras: Tomás O’ryan
Periodista: Claudia Palominos
Fotografía: Josefina Pérez

En Teatro del Puente.
Del 1 al 24 de junio 2018.
De Viernes y sábado a las 21 hrs, domingo a las 20 hrs.
Valores: $6.000 entrada general, $4.000 tercera edad y $3.000 estudiantes.