sábado, 24 de octubre de 2020

Crítica literaria: Amantes de cartón (2019) Víctor Hugo Ortega

 


Crítica libro: escapes sobre el cemento.

Un trabajo incipiente realiza Víctor Hugo Ortega (Malloco, 1982), periodista de formación que ha publicado en editoriales artesanales chilenas como los poemarios Latinos del sur (Hojas Rudas editorial, 2017) y Amantes de cartón (Vísceras editorial, 2019). Mientras que, en narrativa aparecen los libros: Al Pacino estuvo en Malloco (2012), Elogio del Maracanazo (2013), Relatos huachos (2015) y Las canciones que mi madre me enseñó (2016). Algunos son autoediciones, otros han sido publicados en otros países, y luego, se han convertido en lanzamientos locales. Sin embargo, surge el problema de la cantidad de copias que son tan reducidas que muchas veces son posicionamiento estratégico.

Amantes de cartón (Vísceras ediciones, 2019) es el segundo poemario de Ortega. Este es un breve ejemplar que contiene un lenguaje prosaico, en la que se configura la desesperanza, la rabia, el desazón, el proceso de desamor y la necesidad de vaciar aquellos lugares de la memoria donde están los recuerdos de un amor furtivo, todavía transparente y carente de ambiciones. Y toda esa conmoción que nos produce la finalización de relaciones sentimentales.

Tal como señala un verso de Gonzalo Rojas: “La sombra es lo que el cuerpo deja de su memoria”, en esta búsqueda de gajos, se explícita de manera concreta las calles de Santiago Centro, las bancas, las casas antiguas, los completos, las escapadas a otras ciudades o a los bares, los que están sujetos a registros.

En este estado de ánimo (que va de camino hacia el tropiezo de un tipo de realidad grisácea), la metáfora del cartón parodiada en sí misma, representa una condición pasajera, muchas veces utilitaria y pocas veces, con la capacidad para transformarse en algo sustentable en el tiempo. Así lo expresa el poema “la preocupación por el futuro”: “le pusimos cabeza y dinamitamos el amor,/ ¿habrá sido amor?/ o el color era demasiado/ o de tanto que nos gustaba la historia/ nos enamoramos de esta historia/ que el futuro dilapidó/ cuando comenzamos a urgirnos/ por tu economía y la mía” (24-25).

Por otro lado, se hace alusiones intratextuales con el canon. En “un país de cartón” que emula al “hombre imaginario” de Nicanor Parra, pero como la cadencia y la estructura existe previamente, dicho texto pasa a ser un buen ejercicio de taller literario. De igual modo, el poema contiene zonas críticas visibles como el aeropuerto de cartón, el gobierno de cartón, la familia tradicional de cartón y amores de cartón. Y, bajo este prisma que hace mella sobre el doble faz que somos, pareciese que lo singular es el cielo azulado. Es decir, la naturaleza se constituye como libertad. Asimismo, como buen poeta, recurre de manera insistente a las anáforas, especialmente en “nuestras truculencias”, mas no siendo la única técnica.

El problema de la localización del amor y desesperanza pertenece a ciertos poetas que colocan el acento de situar Santiago para Santiago graficando de manera locuaz el ombliguismo imperante. Este punto podría ser mayormente aceptable en narrativa. Por el contrario, aquí el texto no logra sacudirse del campo literal debido a que es superior a la capacidad del hablante de presentar una voz reflexiva y madura en los intersticios que da el motivo lírico. Amantes de cartón es un buen texto elemental donde es necesario avanzar hacia mayores lecturas que no sean las de bares.

 

Amantes de cartón.

Víctor Hugo Ortega. Vísceras ediciones, 2019, 52 páginas.


martes, 6 de octubre de 2020

Crítica literaria: María cuñada mía (2019)

 

Declaración jurada.

 Publicado en El Desconcierto, sección Tipos móviles.

De vez en cuando, aparecen escritores con respaldo editorial que sacan novelas cortas o cuentos largos, los que tienen diseños rimbombantes, para hacer currículum vitae y con la ambición de desarrollar carrera en lugares que dicten Escritura Creativa. Ojalá en Nueva York y obteniendo financiamiento de fondos estatales. La fórmula está comprobada y dicha práctica, dejando atrás la calidad literaria, se ha normalidad.

María cuñada mía (Laurel, 2019) de Joannes Lillo (Santiago, 1989), lo compré en la última “Primavera del Libro” del Parque Bustamante y llamó la atención por las cuarenta y cuatro páginas que contenía, las que se diferenciaban del catálogo de la editorial. En el libro no hay ningún dato sobre el autor, pero en la página de la editorial se menciona que este cuento ha sido premiado por los Juegos Literarios Gabriela Mistral (2015) y está incluido en un plan mayor. Es necesario mencionar que previamente, el autor sacó Diario flaite de un vampiro (Catalonia, 2017).

Este pequeño volumen, que parece una declaración jurada bien podría ser utilizada para ejemplificar el nivel de habla que se trabaja en la educación media: el habla vulgar, el registro informal, el lenguaje coprolálico y marginal. Es decir, lo que dura un ejemplo y motivar a algún incauto alumno para algún ejercicio de taller para soltar la mano. Y recoger este lenguaje no significa que vayas a ser vanguardista, si tienes sistema clásico.

El protagonista es un estudiante despreocupado de los estudios, que no trabaja, que vive hacinado y enamorado de María, expareja de su hermano. Ella vive sola, en una precaria situación, afectada por el fallecimiento de su segundo hijo y acosada por el antagonista. El resto son personajes que poco aportan a la historia. Como leemos, está presente el triángulo narrativo. De hecho, si aplicamos el espacio físico, este solo aparece si funciona en el contexto, no se molestarían en darle oportunidad. Asimismo, los personajes son presentados a través de sus acciones y demuestra que los sujetos son planos.

De lo anterior, es interesante como las canciones de radio están impregnadas en las personas. Esto, porque si te dispones a leer este relato con el tema musical “dejaría todo” de Chayanne, podremos darnos cuenta que sigue cerca del mismo ritmo. Un método de conquista en la que amor romántico es utilitario, servil y anodino, puesto que, no existe proyección en común. Lo que podría ser soñado, no es más que nuevas formas de conquista de un niño preocupado por perder la virginidad, mantener vigilia y con marcas de psicosis hacia una persona atormentada por la pérdida en un ambiente complicado.

Diario flaite de un vampiro es un libro que tiene el doble de páginas y que no he leído. Sin embargo, la visión de mundo de María cuñada mía es tradicional y el protagonista heteronormado pretende ser el héroe de su protegida en un entorno popular marginal. Para ser una segunda obra, esta es para el olvido.

 

María cuñada mía.

Joannes Lillo

Laurel ediciones, 2019, 44 páginas.

Crítica literaria: Sólo la noche (2019) John Williams


 


La noche sin arrullar.

 Publicado en Izquierda Diario Argentina: http://www.laizquierdadiario.com/Solo-la-noche-resena-de-un-libro-de-John-Williams

John Williams (Texas 1922 - Arkansas 1994) es un texano que ofició de periodista en radios y periódicos. Tras el ataque a Pearl Harbor se alistó en el ejército para combatir en la segunda guerra mundial donde alcanzó el rango de sargento. Para 1948, publica esta novela y al año siguiente un volumen de poemas. Se convirtió en profesor universitario y doctor en literatura siendo parte del programa de Escritura Creativa de la Universidad de Denver. Es reconocido por la excelente Stoner, obra que ha tomado lento reconocimiento.

Solo la noche es el primer volumen del mencionado autor, reeditado por la editorial argentina, Fiordo. En este volumen de 144 páginas, el joven Arthur Maxley desarrolla su vida con relativa normalidad en medio del alcohol, sueños taciturnos y los libros. Así, una mañana soleada intenta despejarse por el parque, pero desiste prontamente. A su regreso, la mucama Judy hace entrega de la carta de su padre, Hollis en la que señala, con un tono de novedad e impersonalidad, los viajes de negocios sudamericanos, el apoyo económico enviado con el abogado y el lugar donde se hospeda: el imponente hotel Regency de San Francisco. La pronta reunión no hará más que desencajar la endeble estabilidad del protagonista, provocando que traiga la memoria, la circunstancia de la pérdida de la madre para comprender el presente.

La novela está compuesta con sutileza y claridad. El retorno del padre, que toca la fibra más íntima de Arthur, no es más que parte del trágico desenlace. La memoria y su función toman relieve en este rescate y olvido: “Pensó en cosas que no debía pensar, recordó lo que debía olvidar” (19 p.). Estos recuerdos ausentes, no definidos y ocultos delimitan la profundidad del desconsuelo. Es decir, si la memoria está determinada por las formas en que nos relacionamos, la triada suele ser una asimetría social, política y económica, porque no hay independencia del abandono paterno. Por lo que, estos antecedentes están vigentes en la trama. De igual modo, la evocación es un torbellino de bajada: la añoranza de un tranquilo Boston y lo agradable del campus universitario durante el proceso de admisión, la figura “menudo, y hermoso, enfundado en el vestido blanco que a él tanto le gustaba” (115), lo transportan hacia una rememoración virulenta, en que el temprano enfrentamiento de los padres repercutió en la vida del personaje hasta la necesidad de recurrir a especialistas. No hay vuelta atrás, cuando se han destapado los rangos de acción del progenitor, ni menos un sosiego, y sin embargo, el tormento es mutuo.

Solo la noche es una novela psicológica en la que los miedos amenazan el cotidiano como una fuerza imperturbable que remece la identidad y trastoca los sentidos para llegar a la verdad. No por nada, una de las paradojas resolutivas es encontrar ese recuerdo olvidado en el alto entretenimiento del club nocturno mientras comparte Maxley y la desconocida, Claire.

Sólo la noche. John Williams. Fiordo ediciones, 2019, 144 páginas.

 

Gonzalo Schwenke

Crítico literario, Valdivia, 2020.

Crítica literaria: HD (2018) Óscar Petrel


 

No hay futuro en el sur profundo

 Publicado en El Mostrador Cultura.

HD (Pez Espiral, 2018) es el tercer libro de poemas de Óscar Petrel (Puerto Montt, 1981), quien es músico, profesor y amigo de sus amigos en el circuito literario.

El volumen es un proyecto que señala los niveles en la que la macroindustria se ha instalado con cercos de alambradas, y donde el capitalismo globalizado es la política nacional impregnada de cotidiano. De todas maneras, el hablante se sitúa en la ciudad de Puerto Montt con una lírica breve, llana, de extensión reducida como el epigrama o el haiku, pero más ligada a las imágenes de la realidad que la utilización de la retórica..

El registro fotográfico del paisaje de día y el de noche, que lo cierra, es la representación de lugares donde los que viven en las urbes creen idílicos: un paraíso de paz, tranquilidad y armonía. Sin embargo, en este trasfondo están los desechos. En efecto, no hay mayor complejo de ironía y de horror que la travesía de químicos salmoneros en el poema “navegando el futuro” en la que la alimentación orgánica termina, a modo de elipsis, en nuestra dieta. Práctica que ocurre en aquel territorio salmonero. Nada más propio que lo definido: “El Lago Llanquihue registra/ zonas máximas de coliformes fecales./ Puerto Varas, por ejemplo, supera/16 veces la norma permitida” (25), y nada más real que el paisaje del neoextractivismo como las montañas de astillas que se trasladan a las industrias chinas.

De igual forma, se registran préstamos de norma y habla dubitativos en el que no cierra lo coloquial en la expresión formal: “¿Te hai dado cuenta/ que los hielos de la piscola/ ahora se derriten más rápido?” (32), o incomprensiblemente se utiliza normativamente el signo de interrogación, no así en las exclamaciones. Lo que más que un gesto político, es una falta, porque en otros versos están regulados.

La ciudad de Puerto Montt no es que destaque en su paisaje. Los puertos sobresalen por la fealdad como símbolo de progreso. Aspecto que el hablante da cuenta de la precariedad estética personificada en la reventa de huevos, los paraderos sureños que son realizados económicamente por empresas de arquitectos santiaguinos y “los monos feos”, entre otros. Además, la configuración las relaciones es una cuestión de pragmática económica como el Colegio de orden Jesuita a la que pertenece el Papa Francisco que no se condice con las altas mensualidades para la permanencia del o la estudiante. Asimismo, la diferencia entre el Colegio Alemán y la Escuela Alemania. Características en la que Valdivia y dicha ciudad las hacen bastante similares.

En el último segmento, llamado “materialidad de la sangre”, abundan poemas cortos (tanta abundancia parece norma en aquellos parajes) donde resaltan discursos de ficción y no de autoficción. En esta fracción, se ha alcanzado la máxima decadencia previamente a un desastre no anunciada. En perspectiva distópica, no tiene la visual tremendista, sino que es parte de lo habitual y se materializa en el continuo intercambio del plástico que interviene en cada nivel de subsistencia. En esta dimensión, no hay revuelta, ni revolución que predomine, el tono destaca por el declive.

El proyecto poético de dimensionar la problemática ambiental que está alejada de los propósitos comunes, es decir una expresión del género donde las relaciones económicas son incoherentes entre el ser humano y el ambiente, lo que sucede en poblaciones imbuidas en macropolíticas-económicas de extractivismo salvaje. En consecuencia, HD es un libro donde su estructura es irregular quedando desnivelado en la primera parte, lo que no se condice con la última parte donde el trabajo es más claro y mejor encaminado. En todo caso, para los propósitos de la Escuela de Ecocrítica, en defensa del paisaje, es suficiente.

 

HD

Oscar Petrel

Pez Espiral ediciones, 2018, 98 páginas.

 

Gonzalo Schwenke

Crítico literario, Valdivia, 2020.

Crítica literaria: Santo Oficio (2020) Rosabetty Muñoz


 

Notas necrológicas.

En el último tiempo, Rosabetty Muñoz (Ancud, 1960) ha pasado por una proliferación de su trabajo poético con la publicación de dos libros nuevos: Ligia (LOM, 2019) y Técnicas  para cegar a los peces (UV, 2019). En estas obras hay voces de las comunidades y oficios a la deriva, características de una isla asediada por el extractivismo salvaje europeo donde reside la profesora de castellano. Posteriormente viene el salto a las editoriales grandes con la impresión de la antología Misión Circular (Lumen, 2020).

En Santo Oficio (UDP, 2020) la poeta transita de reflexionar lo colectivo a la primera persona. En 101 páginas, esta “yo” femenina enfatiza la decadencia de la materia. Ya sea en las cicatrices del embarazo o la piel con estrías, solo hay un tránsito uniforme: “una piel escamada anuncia la descomposición de todo, hasta la fe”. Es un proceso enajenante que en la que los vestigios de la carne envejecida invade hasta lo biológico, lo orgánico y lo corporal, hacia la corrupción mortuoria.

En estos 46 poemas, el hablante expresa el liso y llano descenso hacia el deceso, y en esta inminencia las referencias son mucho más explícitas e intensas. Me refiero a que esta propuesta no es un giro en lo que venía realizando la autora, sino un síntoma paralelo y que muchas veces se cruza con lo colectivo. Por ejemplo, en Ratada (2005) existe una forma de trabajo donde lo árido, lo angustiante y la afirmación de lo corriente sobre una localidad perdida en el sur patagónico es un atajo sobre la pureza de la muerte: aquellos espacios llenos de cicatrices, dolores tenues y pieles marchitas es mucho más común de lo que parece.

Esta obra está lejos del erotismo y de momentos de placer, tampoco esperemos la superación de este trance, apenas su conformidad: “Goces privados/abismo que se amplía/ en lugar de colmarse. /Sumergidos en las carnes/ siempre se trata de amor/ de sentirse amado”. Aquí solo encontraremos notas necrológicas acerca de la infinita espera de la muerte que se presenta cotidianamente.

Otro aspecto relevante, es la consideración de la isla de Chiloé como un lugar de alta creencia religiosa, manifestada en antiguos templos y el cumplimiento de los rituales anuales. De modo que la alusión a la carne mórbida que forma parte de este gran banquete para los gusanos significa que es un objeto tangible, localizable y que cumple con las instrucciones “Piam et constantem” de 1963 de la Iglesia Católica: otorgarle cristiana sepultura a los fallecidos. En un contexto donde sabemos que este país, los cuerpos de los DD.DD todavía no se encuentran y existe una alevosía en continuar ocultándolos, siendo que los perpetradores parecen ser creyentes en Dios.

Santo Oficio es un libro compacto y conciso –hay poemas de un solo verso y sus extensiones pueden ser comparados con los epigramas–. Ahora bien, se evidencia una letanía en la que emerge la extrañeza por el cuerpo que se habita, y en esta infeliz sentencia cohabita en el fondo del pasillo una pequeña memoria: la edad de oro y los vástagos.

Santo oficio.

Rosabetty Muñoz. UDP ediciones, 2020, 101 páginas.

sábado, 29 de agosto de 2020

Reseña: Canción Valiente (2018) Marisol García


 

Canciones para un mundo valiente

 

Marisol García es periodista, investigadora y crítica musical más relevantes del país. Así lo atestigua el registro colaborativo sobre obras y grupos musicales de Chile en el sitio web: músicapopular.cl. Hoy, cuando son varias las investigaciones que cuenta, observamos en libros publicados que realza figuras como Violeta Parra, Claudio Arrau, Lucho Barrios, Osvaldo “gitano” Rodríguez, Los Jaivas y Los Panteras Negras. Sin embargo, en el 2013, Canción Valiente (1960-1989) era el primero de largo aliento y ocasionalmente escribe en medios sobre música contingente con una particular voz. 

Canción Valiente (Ediciones B, 2013) está dividido en ocho grandes capítulos, en los que se inicia con el canto popular y folclórico del sesenta, le siguen los inicios del rock chileno en regiones, luego la emergencia de la Nueva Canción Chilena durante los setenta en los Quilapayun y Los Huasos Quincheros, serían parte de la polémica y enfrentamientos en las sonadas presentaciones en el Festival de Viña del Mar (1973). Tras el golpe de Estado, los intereses musicales se bifurcan: se desarrolla la Canción del Exilio venida de la Nueva Canción, otro espacio es la generación y amplia camada del Canto Nuevo. En otro sector, transita el rock de Congreso, Los Jaivas y Sol y Medianoche, así también, los músicos que participan y amenizan los estelares de televisión y, por último, la nueva generación de músicos vinculados al Pop.

Este volumen de 448 páginas suma un amplio material discográfico, revistas musicales, muchas horas en el Archivo (Audiovisual) Nacional, alta capacidad de entrevistas, analizar la función de los medios de comunicación para difundir la música nacional, buen oído para relacionar melodías y las letras sociales en la vorágine de las décadas mencionadas. Además, tiene por relieve la capacidad de llegar al lector común/popular porque realiza una lectura sin tapujos sobre los contextos determinados, con un lenguaje módico, y sin tecnicismos. 

Es necesario señalar que no aparecen todos los artistas en estas tres décadas, pero sí muchos que mediáticamente no han tenido espacio. Asimismo, la forma de escritura permite que leamos la profundidad de los contextos, con la participación de los propios protagonistas. Por ejemplo, la autora rescata parte de una entrevista a Ángel Parra, donde cuenta que Violeta Parra entrega canciones para que el Partido Comunista para que integre los temas al repertorio de las concentraciones durante las campañas, pero estos "usaban como himno de campaña unos versos triunfalistas" (35).

Es importante lo que señala Marisol García: “un mismo pulso de reivindicación colectiva y de indignación con nuestra porfiada desigualdad. Ese pálpito libertario y de reflexión comunitaria ha resultado, a la larga ser marca de identidad cultural” (13). La canción social tiene por características la lucidez de leer a su tiempo, la elocuencia para denunciar el abuso de poder, la tensión de la lucha de clases, y la reflexión en los versos. Estos cantos no necesariamente un sector político, aunque claro, la situación cultural es cooptada rápidamente o encontrarán una oportunidad de creer en el compromiso político contingente. Sin embargo, algunos grupos musicales se posicionan contra las injusticias y las exclusiones que no se han resuelto con los años. Entonces, podemos señalar que Víctor Jara instala una directriz eficaz e ineludible sobre el quehacer del artista: “Canción que ha sido valiente, siempre será canción nueva”.  

El trabajo de estudio de Marisol García es una obra peninsular, de matriz, que aborda los tópicos y referencias necesarias de la canción protesta del país. Una obra con sumo cuidado y elaborado para establecer directrices para el futuro.

 

Canción valiente (1960-1989) Tres décadas de cato social y político en Chile. Marisol García. Ediciones B, 2018, 261 páginas.

Crítica Literaria: Afuera (2019) Sara Bertrand


 Afuera. Sara Bertrand. Emecé ediciones, 2019, 193 páginas.

La novela anterior, Álbum familiar (2016) de Sara Bertrand (1970), se relata la infancia de niños privilegiados que crecen bajo la dictadura. Mientras los adultos buscan olvidar, silenciar y sobrevivir, los niños reaccionan contra la normativa de la dictadura: la formación inicial, el cantar el himno nacional o la vigilancia militar. Así la protagonista Elena, ahonda en los recuerdos buscando respuestas sobre ese ambiente de dolores y miedos en el que fue creciendo.

Siguiendo la temática del marco familiar, Afuera (2019), la narradora construye la voz de Lili, quien aparece a dos voces: como el recuerdo de la infancia y la voz de adulta. El primero en su proceso de infancia y que observa a la parentela relacionarse en un espacio que está llena de inocencia y lúdico, y el segundo, es recorrer estos procesos de crecimiento, pero desde una perspectiva mayormente crítica o dolorosa, comprendiendo las formas de relaciones de los padres en un contexto histórico determinante. Los capítulos desarrollan la memoria histórica familiar y que aparecen confrontados en tiempos de lo vivido por la protagonista, por lo que dicha temática aparece con múltiples costumbres, por un lado, con fervor y altas energías, y por el otro con silencios y fracturas. Así, para sobrellevar el quiebre familiar debe concebir una realidad autovalidada: “Me fabriqué una versión. Cuando me preguntaban sobre mi madre, mentía. Sobre mi padre, mentía. Mentía tanto que en poco tiempo recreé nuestra historia entera” (42).

Tempranamente la narradora va dando pistas de este recorrido que hace sobre su experiencia parental: “Mi papá era un buen hombre, pero estaba roto o, quizás, su estructura mental se dañó antes porque quería ser artista y terminó transformándose en un hombre de dinero. Mi madre lo trataba como a una plaga” (13). Frente a esta situación compleja, la doctora en literatura Alicia Salomone en su texto Ecos antiguos en voces nuevas (2011) comprende que “estas personas con frecuencia crecieron dominadas por relatos sobre hechos que precedieron a sus nacimientos, y que tienden a desplazar a los propios impactando sus subjetividades con discursos relativos a situaciones que no pueden comprender ni recrear cabalmente” (122).

La escritora se refiere a la separación familiar como dominador común porque será este acontecimiento que marque de por vida a Lili y que convergerá en dolores y quebrantos, tal como lo expresa la siguiente cita: “Siente que pertenece a la vereda, a la calle, movimiento constante, cortante. Peatones, micros, los que se van, los que quedan. Carga la ausencia sobre su espalda” (23). Estos segmentos breves de no más de una carilla, son expresadas con un tipo de narración con mayor densidad en los ambientes, diálogos directos, despolitizada y llena de huellas.

De modo que, que la narrativa de Bertrand se desarrolla en la adultez que se desenvuelve en una realidad ficcional grisácea y de poco convencimiento en el presente. Afuera (2019) es una obra de alta sensibilidad, de escritura sinuosa y donde, una vez más, los afectos están determinados en formas de relaciones políticas que están inscritas en marcos claroscuros y generales que se vinculan con marcos histórico-temporales.

Crítica Literaria: La guerra de Mahler (2018).


 

Crítica literaria: asentamientos germanos en el sur de Chile

La guerra de Mahler (2018) es la segunda novela del periodista Raúl Sohr (1947), y relata la situación de Robert Mahler: un músico venido a menos, que vive la persecución y pogromo por su condición de judío, ya sea en Austria como en la progresiva influencia nazi en Valdivia.

El personaje debe lidiar con una sociedad empobrecida en todos los niveles existentes: emerge la vulgarización de las teorías imperantes, proliferan cofradías universitarias nacionalistas y grupos paramilitares de ultraderecha. Por otro lado, la cesantía europea es masiva: los miles de soldados que regresan de las trincheras no tienen trabajo y las mujeres, ante la desesperación extrema, son ofrecidas al valor de una pinta de cerveza. Por lo que, ante la precariedad, surge una oportunidad para migrar a Sudamérica en una gira que abarca las poblaciones europeas en Argentina y Chile.

En resumen, la fuerte influencia nazi provoca que el músico deba asumir mayores responsabilidades, pasando de una resistencia pasiva a una acción de arrojo para impedir mayor preponderancia de las fuerzas marítimas del régimen nazi en las costas valdivianas.

El volumen está dividido en ocho grandes capítulos, el desarrollo transita de manera lenta, es frecuente que existan pequeños sucesos que son aleatorios a la temática central. Lo que permite establecer que la trama aparece en el segundo capítulo, muy entrado en el libro, y que el lector nada se ha perdido hasta entonces. Es decir, lo sucesivo es reiterado. La construcción epigonal de la novela, centrada en el protagonista muestra un sinfín de pequeñas historias que no se profundizan y personajes que limitan entre lo secundario y tritagonista, porque son muy pocos los que están presentes de manera constante. Entonces, para solventar los episodios utiliza un conveniente punto aparte. Esto denota que, la desaparición de Kristián en los faldeos del volcán Puyehue se explica como un comentario de pasillo hacia el final del volumen.

El omnisciente imposibilita dar continuidad a la narración, ya que utiliza la elipsis, dando por entendido el trabajo del mago hipnotizador: “Realizó las peripecias habituales como dejarlo en calzoncillos sugiriéndole que estaba solo en una playa, o pincharlo con una aguja sin causar la menor reacción. Sin duda el oficial estaba bajo un profundo sueño hipnótico” (50). Por lo que, los personajes se encuentran atrapados dentro del relato, determinados por un camino descifrado y, en el caso del protagonista, no va a tener mayores sobresaltos.

La presencia de Gustav Mahler es exigua, pero sirve como ejemplo para explicar la novena sinfonía: la canción de la tierra, que representa la búsqueda de la melodía del universo ya que soñaba con trascender y lograr la inmortalidad a través de la obra musical. Una suerte de búsqueda del santo grial o piedra filosofal contado en ocho planas. Pese a la singularidad de la propuesta, dicha meta es prontamente dejada de lado por el sobrino, y aparecerá como elemento clave de espionaje en el inicio del clímax.

Uno de los puntos altos del libro, es develar de las manifestaciones nacionalsocialistas que las colonias alemanas en el sur del país sostenían, en tanto control y orgullo por la nueva Germania. Que, por cierto, la formación militar chilena tiene una evidente formación prusiana, por lo tanto, las simpatías del ascenso del nazismo son singulares. Un asunto que, en el sur se considera tabú y las discusiones son parte de la herencia familiar: “Un centenar de alemanes valdivianos vestidos con camisas pardas marchaban en perfecto orden y enarbolaban banderas con esvásticas” (98). Es más, pocos escritores han develado el periodo más oscuro de los colonos, sin caer en la propaganda del esoterismo, y en más de alguna oportunidad, la revista Topaze satirizó sobre los inmigrantes.

Finalmente, La guerra de Mahler (2018) es una novela de espías que engruesa la narrativa turística de Valdivia, lo que siempre ha sido un atractivo para ciertos lectores que buscan sustentar su ideología en el campo esotérico. En términos estructurales, es una historia clásica de la escuela decimonónica y de un romanticismo tardío. Por lo que no tiene mayores distinciones que otras obras, pues falta de agilidad en la escritura que es propio de algunos escritores/as que saltan del periodismo a la literatura.

 

La guerra de Mahler. Raúl Sohr. Ediciones B, 2018, 261 páginas.

Crítica literaria: Maldito sea el fruto de tu vientre (2019) Jack Elkyon

 


Maldito sea el fruto de tu vientre (2019) es un conjunto de doce relatos que se despliegan en las provincias del sur. En ellos, aparecen personajes comunes, banales, y con complejos de narcisismo. Estos viven rasguñando en la miseria para alcanzar un tipo de logro que satisfaga el bienestar individual y señalar las profundidades de la miseria humana es uno de los puentes fuertes y transversales de este libro. Sin embargo, en la mayor parte de estos no se alcanza a desarrollar el ambiente psicológico propio del canon del terror y eso se explica, en parte, por la brevedad de ellos.

El primero tiene un título creativo: la máquina. Un empresario inventa un instrumento mecánico para mejorar la producción de matar cerdos, sin embargo, prontamente el gobierno se hará de la misma para aniquilar opositores: “El gobierno me pagó una buena suma de dinero. Además, me dieron en forma exclusiva la concesión de vender todos los jabones que se produjeran con los cuerpos de ellos ejecutados” (17). De modo, que el protagonista dentro del realismo sucio exhibe morbosamente su condición de empresario que busca la asociación sin ningún código para lograr el éxito.

Otro de los cuentos que se perfila bajo el canon del terror, es “el gato de mis padres”. En la que un ladronzuelo, tras el robo a un automóvil y posterior, choque queda cuadripléjico. Enseguida, reconocemos el ejercicio de taller, que es emular a Edgard Allan Poe, pero con características particulares y sin la capacidad propia de “nevermore”: “el gato maldito. Era de color negro, con ojos verdes, pelaje corto, cola larga y poco más grande lo normal” (21). Por esto, la intertextualidad predomina y nunca logra sacudirse de la misma, aunque se instale una perspectiva cotidiana donde subyace el delirio con final predecible.

La capacidad de narrar es deslumbrante en el “el mariscador” cuando uno de los tripulantes de altamar pasa a ser protagonista sin ser destacado por alguna razón particular: “un hombre, igual a todos los demás, tomó el canastillo…” (27). Por otro lado, son incontables las erratas y la falta de prolijidad tanto en puntos finales, nombres propios como “Fontoba” por la calle Fontova, mayúsculas en sustantivos comunes, y puntos suspensivos fuera de lugar que no solo me he encontrado en este volumen sino también, en otros del catálogo de la editorial.

A pesar de esto, dentro de los rescatables es la narración “sed de poder”, al que le falta homogeneidad en el ritmo de escritura, pero que observamos un escritor protagonista en clave autoficción, que se sorprende de la maquinaria política hasta convertirse en cómplice no sin su cuota sanguinaria. Asimismo, el cuento que le da el título a la obra, desarrolla la maldición familiar que pesa en el protagonista de origen europeo, en la que intentará resarcirse, pero el delirio es más fuerte y provocará que la historia vuelva a comenzar.

En términos generales, Maldito sea el fruto de tu vientre (2019) son cuentos anodinos, con un ritmo irregular y prácticamente planos, donde la consigna es dar cuenta de personajes imbuidos en la miseria y su estética neoliberal. Por lo que refuerza un conjunto de sujetos que siempre han estado presentes como enfermos sin atención, personas tóxicas, ancianos empobrecidos o trabajadores explotados. Ante todo, solo falta considerar el horror mágico como la emergencia de un conjunto de escritores, así como editoriales que buscan técnicas comerciales catalogadas como “nuevo terror en Latinoamérica” desde el sur para tener cabida del escenario actual.

Maldito sea el fruto de tu vientre. Jack Elkyon. Austroborea ediciones, 2019, 116 páginas.

Reseña: Pigmentaciones fúngicas (2019) Nicole Iroumé Awe


 


Reseña: Sustentabilidad y aplicación de los hongos en artesanos chilenos.

Pigmentaciones fúngicas en la madera. Spalting y sus usos en el arte (2019) de Nicole Iroumé Awe realiza una investigación desarrollada en un año, sobre la aplicación de los hongos que han interferido en las maderas y que son utilizadas en el campo del arte chileno. La autora define que “el fenómeno del spalting como cualquier tipo de coloración o pigmentación ocurrida dentro de la madera (no solo en su superficie) causada por uno más hongos (18-19)”. Por otro lado, este volumen tiene cuatro grandes capítulos: introducción a las modificaciones cromáticas producidas por hongos, el uso de la madera con spalting en la historia: una breve revisión de las técnicas de la intarsia y la marquetería en las artes decorativas europeas, ¿Spalting en la historia local? Muebles y objetos de madera en Chile, y spalting contemporáneo.

En el capítulo 1, da cuenta de los orígenes de la manipulación de los hongos, sin demasiada especificidad o registros antiguos. Sin embargo, se reconoce una mayor fuerza en este tipo de usos entre el siglo XV y XVI en Europa debido a la necesidad de ampliar la paleta de colores naturales o sintéticos, y mejorar el atractivo visual de los diseños artesanales. Asimismo, diferencia tres tipos de pigmentaciones en la madera: La primera categoría son los hongos que generan una decoloración blanquecina donde descomponen la madera donde pierden su calidad estructural ya que se convierte en un material suave y blando. Luego están los hongos que pigmentan, donde no afectan mayormente la madera, pero sí se mueven dentro de ella, porque depositan pigmentos extracelulares y ocasionan manchas penetrantes. Y por último, están los hongos con diversas incompatibilidades que se producen entre variaciones genéticas en sí mismo o entre hongos (20-22).

En el capítulo 2, menciona el uso de mosaicos como técnicas desplegadas en los muebles. Estas incrustaciones de pequeños trozos de madera sobre piezas del mismo material, podían ser tanto fúngicas y/o combinadas con otros materiales de mayor valoración. Según lo que señala la autora, estas técnicas datan de la antigüedad tardía, pero durante el Renacimiento italiano (s. XII-XIII) se vuelven habituales. Entonces, a medida que se fortalecían las prácticas del embutido, el entablado y los paneles, también se fueron perfeccionando las herramientas para mejorar la producción. Este apartado, identifica subunidades como la introducción de los colores y texturas naturales, la categoría de decoloración blanquecina tratada en el primer capítulo.

El capítulo 3 es el más amplio del libro, porque es un relato histórico sobre el transporte de muebles españoles y posterior, producción durante la Capitanía General de Chile. Nuestra condición de segundo orden, en el mapa geopolítico, determinaba la preponderancia del material o producción de spalting: cajas, arquetas, cofres, bargueños o papeleras y muebles para guardar era lo que mayor se transportaba entre el XVII y XIX. En este sentido, el fortalecimiento de estos materiales se justifica con el reinado de Carlos V quien fortalece lazos comerciales con Alemania. Esto explicaría, la presencia de los jesuitas bávaros en Chile, porque se consta la fundación de la Escuela de Arte Colonial en Calera de Tango hacia XVIII. Probablemente, esta escuela tengo su mayor representación en la Iglesia de Santa maría de Achao, en Chiloé durante el mismo siglo. Hacia el final del capítulo se indica que dichas representaciones estaban vinculadas al piano, de procedencia francesa, y que pertenecen a una clase alta ilustrada.

En el capítulo 4, la autora promociona el trabajo de la mentora Dra. Seri Robinson quien ha investigado las pigmentaciones en la historia y, además, ha potenciado múltiples aplicaciones para el mejoramiento de las obras. A partir de este trabajo y su vinculación con el medio, es donde aparece una serie de artesanos como pablo Araya Salvo, Alonso Moya Sánchez y Egon Muñoz Quezada ganadores del Sello de Excelencia a la Artesanía Chile. Asimismo, en Rapa Nui se menciona el trabajo de Marco Antonio Tuki Hito y en Curiñanco a David Leiva L. de esto último, carece de un análisis en profundidad que requieren intervenciones artísticas.

Pigmentaciones fúngicas en la madera (2019) es un libro de carácter consultivo que visibiliza, de manera general, la función de los hongos en algunos artesanos chilenos. Se observan fortalezas en la estructura global, en aspectos históricos y técnicos sobre las pigmentaciones fúngicas desde sus orígenes europeos. Por contraparte, la exposición de expresiones artesanales de las culturas pascuense y mapuche están fuera del rango de análisis o de comentarios. Esto es una debilidad, porque no se desarrollan perspectivas del sujeto creador y su vínculo con la naturaleza, propio de las culturas mencionadas. De igual modo, no hace reparo de la perspectiva etnocentrista y neocolonizadora desde la escribiente en un país imbuido en el capitalismo salvaje.

Pigmentaciones fúngicas en la madera. Spalting y sus usos en el arte. Nicole Iroumé Awe,

2019, 116 páginas.

Reseña: Guía de Campo Hongos de Chile II (2018) Giuliana Furci

 


Reseña: Guía de Campo Hongos de Chile II: un libro interactivo.

 

Llegué a la guía de campo llamada Hongos de Chile II (2018) de la fundación Fungi, después de ver una noticia sobre la finalización de la producción cinematográfica película “Folil”, donde se visibiliza el mundo de los hongos y lo mapuche en el sur del país. Luego, una amiga comenzó a subir registros fotográficos de la temporada en redes sociales. De igual modo, el mundo científico dejó su aislamiento para participar en la difusión de sus conocimientos, y permitir que el mundo fungi estén fuera del imaginario alucinógeno o la dieta comestible de las personas.

Guía de Campo Hongos de Chile II (2018) es un manual que concentra esfuerzos y colaboraciones de científicos para establecer parámetros mínimos que abordan las manifestaciones fúngicas chilenas en el suelo, la madera y otros. Sin embargo, como cada instructivo que aborde la flora, esta siempre está limitada a un tiempo y es necesario aclarar que “la ingesta de especies aquí descritas como comestibles es de entera responsabilidad del lector y recolector”.

En términos generales de la maquinaria del ecosistema, los hongos funcionan como recicladores por excelencia de la materia orgánica, colaborando en la descomposición de materia viva en prácticamente todos los ciclos biológicos del planeta. Es decir, se alimenta en el lugar donde se encuentra, y también proporciona nutrientes.

Clasificar la naturaleza ha sido problemático debido a la movilidad biológica, pero según el Dr. Francisco Kuhar, el reino de los hongos es un intersticio de la biodiversidad porque no se les consideran plantas por no hacer fotosíntesis, pero también existen otras que se les considera como tales sin lograrlo. Por otro lado, los estudiosos han considerado investigar mediante rasgos comunes el origen de estas especies, ya que las ramas de las plantas y hongos se han ido alejando sustancialmente. En esta obra, lo que se hace es clasificar los diferentes grupos de hongos a través de la observación de la forma, el color, tomar medidas de su tamaño y el tipo de recubrimiento de las esporas que son características taxonómicas.

En la etapa de recolección es necesario utilizar un canasto de mimbre ya que permite la dispersión de las esporas. Además, contar con buenas guías de campo y saber tomar una esporada. Por ejemplo, se necesita pala o cuchillo para desenterrar la base de la seta, no recolectar ejemplares muy jóvenes o muy maduros, dejar los restos de materia orgánica no deseados en el lugar, fotografiar el lugar de la recolección y los que estén cerca, utilizar bolsas de aluminio o de papel encerado para envolverlos, bolsas de papel para almacenar el material reunido, entre otros (52-53).

Según da cuenta la dra. María Alice Neves, los hongos se alimentan por absorción y para eso necesitan descomponer en terreno abierto su alimento antes de ingerir. Se considera que la eficacia es tan alta que existen hongos para descomponer cada uno de los elementos de la tabla periódica, creados por el hombre, incluyendo elementos radioactivos (22). No obstante, la rápida delimitación de los ecosistemas y el aumento de los contaminantes humanos hacen cada vez más lento el proceso fungi.

Desde el cambio de siglo, Giuliana Furci George-Nascimento (Londres, 1978) ha focalizado sus estudios en la micología y en el área de conservación. Esto ha permitido que la científica realice un trabajo colaborativo con personas mundialmente destacadas en esta área. Por lo que observamos un activismo ecológico y legislativo pertinente en busca de protección al medioambiente.

Guía de Campo Hongos de Chile II es un volumen sobresaliente que fortalece la relación de la académica con la sociedad, permitiendo reconocer los elementos básicos para una población que convive y desconoce el reino fungi. Asimismo, se observa el amor y la fascinación de micólogos que luchan desde los estudios universitarios, como campo de lucha por la protección de los bosques. De paso, nos evitamos tener protagonistas anacrónicos que comen bayas venenosas en Hacia rutas Salvajes (1995) de Jon Krakauer.

Guía de Campo Hongos de Chile II. Giuliana Furci George-Nascimento. Fundación Fungi, 2018, 320 páginas.

Crítica: Abandonados (2020) Carolina Rojas

 



Crítica: Historias de supervivencia en el Chile precarizado. 

“Y si alguno quiere risa 
Tiene que volver la vista 
Ir mirando a las vitrinas 
Que adornan las poblaciones 
O mirar hacia la calle 
Donde juegan esos niños 
A pedir monedas de hambre 
Aspirando pegamento 
Pa’ calmar tanto tormento 
Que les da la economía. 
Cierto que da risa.” 

Fragmento letra de la canción “El viaje”  

del dúo Schwenke & Nilo. 

 

Los reportajes de Carolina Rojas están enfocados en áreas de poca visibilidad, pero de alto impacto. Con “Abandonados, vida y muerte al interior del SENAME” (2020) viene a refrendar la sostenida violencia por parte de la institución en recintos que buscan resguardar y proteger a menores de edad con sus distintas problemáticas: una especie de orfanato diversificado que tiene niños y niñas de todas las edades. Así es, el factor económico en la gente de escasos recursos está a la merced de la droga y múltiples formas ya sea delictual, intrafamiliar o parental. 

Hay una estructura de violencia y abusos que se omite históricamente. Una columna transversal que permite la descomposición de las familias y las infancias. Esto ha sido defendido tanto como la propiedad privada empresarial, pero los gobiernos que diseñan y organizan los recursos del Estado no otorgan la reparación para un crecimiento idóneo de los jóvenes chilenos. 

El trabajo de crónica tiene su valía en la capacidad del periodista en recoger las voces de las familias y los niños/as que han padecido tanto dentro de las casas de acogidas como verse sin parentela y recursos en las calles de Santiago. Un trabajo en terreno que se observa cuando recupera la voz de los desposeídos estando en la revuelta del 18 de octubre. En este caso el relato le da voz a Jonathan (15) quien comprende lo que ha sobrevivido y entre conversaciones se reconocen en esos letreros contra el Servicio Nacional de Menores (SENAME): “Ahora entiende que todo lo que siempre ha vivido, en su familia y en el liceo técnico industrial, es justamente eso: desigualdad” (145). O la experiencia de Byron (25) que se vino de la región de la Araucanía por el asedio policial “Me torturaron los pacos cuando tenía trece años, me pusieron corriente en los genitales, para que dijera si había armamento en mi comunidad” (153). De igual modo la emergencia y proliferación de banderas mapuche durante el estallido social, le permite un reconocimiento y simpatía por el derecho de existir de las comunidades indígenas. Mientras que Jason (16) expresa que: “en las paredes me dio como una alegría porque había más gente que pensaba y sentía lo mismo que yo, entonces fue una forma de liberarme de esa rabia que tenía dentro” (149). Y señala que ellos terminan en la calle luchando contra las Fuerzas Especiales para desahogarse: “Creo que uno termina en la Primera Línea o en las barricadas porque es una forma de desahogarse de todo el odio que tú tienes contra el sistema, en sí uno es resentido por todo lo que has vivido” (149). 

Como se ha señalado, esta normalización manifiesta es inversamente proporcional a la misión de reparación que pretende ser el SENAME. Irregularidades, desorden y abusos en el ordenamiento de los problemas a las infancias de niños chilenos que tienen el derecho a existir están demostradas en este volumen que pretende dar cuenta de que Chile no lo está haciendo debidamente en materia de justicia y reparación.