miércoles, 18 de agosto de 2021

VOCES| Matías Rivas, el editor de UDP: Después de nosotros, no hay más



Para vos, lo peor, es la libertad

Sumo

 

El fin de semana apareció una entrevista al editor de UDP, Matías Rivas, por el fallecimiento del crítico literario Juan Manuel Vial: “El panorama de la crítica en Chile es desolador”. La evaluación de voces críticas en el medio es deplorable y menciona, a modo de ejemplo, a dos críticos que escriben regularmente para la sección Bellas Artes de El Mercurio.

 

Los argumentos decadentes, clasistas y amargados de Matías Rivas son insostenibles. Para él, no existe más crítica literaria que aquella sometida al mercado, instaurando falsas ideas de exitismo y la probable valoración fuera del país. Aquella que es cómplice de las instituciones, con diálogos ambivalentes y conciliadores. Muy años noventa. Pensarás que en muchas décadas sirvió de algo el diálogo y la conciliación, cuando los números anunciaban una revuelta. La verdad es que, tal como tus poemas malos, las columnas en las que citas a Guattari, Deleuze, Benjamin y teóricos que no entiendes, tal como muestras en «Minuto a minuto« (2019), no generas pensamiento crítico. Lo que comprueba que no te hace inteligente ostentar una alta cantidad de libros.

 

Debería darte vergüenza el nivel de reflexión que muestras en la entrevista. Torpe, deficiente y enajenada de lo que está sucediendo. Pensarás que la crítica obedece a tus grupos, a lo que representas: una cultura caduca, tradicionalista, “fome y bien charcha”. Aquí el mensaje es claro, y es el mismo que alguna vez tituló Alberto Fuguet: “llegaron los bárbaros” (2018). Es decir, no les interesa la literatura más que como un espacio mercantil y, lo más peligroso, es que la ausencia de pensamiento crítico convierte al lector en consumidor. De igual modo, “cuando la élite empieza a eliminar la crítica”, la transforma en servil para las instituciones.

 

Y la crítica goza de buena salud, pese a tu ignorancia de crítico de Las Condes que solo lee El Mercurio y las revistas de los amigos. Está rebosante con Patricia Espinosa (a quien atacaste en La Segunda, 2015), Lorena Amaro y Lucía Stecher en la revista Palabra Pública. Publicaciones como La Palabra Quebrada, Saranchá, Lo Que Leímos, Cine y Literatura, El Circo en Llamas, Origami, La Calle Passy, Oropel, Letras.msyite, las entrevistas en suplemento KU, Letras en Línea, entre muchas otras que están apareciendo. Quiéranlo o no, los vaticinios de Alberto Fuguet, a quien respaldas desde el comité editorial de la revista Santiago, no se han cumplido: “La labor del crítico-como-profesor o, peor aún, la figura del crítico-como-perro-guardián, ha terminado” (Revista Santiago, 2018). Mucho menos que la crítica esté pasando por algún tipo de precariedad: “Estamos en un nivel de analfabetismo funcional demasiado alto, la gente puede ser profesional pero no entiende nada”.

 

No son pocos los interesados en el ejercicio de la crítica, se han generado redes que no viste venir y existe una rearticulación que no está pasando por los medios oficiales. Así, desde la formación pedagógica están aumentando las figuras críticas y generando medios alternativos. Sin embargo, como buen editor, no habrás leído, porque te parece estridente. Cuando esto ocurre, veo que prefieres  desestimar lo dicho y subestimar a los/las lectores. No sirve de nada aplicar la vieja confiable de: “pensé que el contexto de la entrevista era claro (…), “Sí el contexto se entendiera, no existiría polémica” (sic), (…) no sé qué interferencia hubo”. Ellos representan el desgaste y el retiro próximo. Germán Marín ya no está. Famosos eran los cafés con el autor de El palacio de la risa para analizar y maniatar la realidad literaria o los encuentros con periodistas serviles.

 

Hace años dije que era probable escuchar estos balbuceos y delirios de asesores pertenecientes a los monopolios culturales, debido a una crítica que no les pareció oportuna. Dicho y hecho, la actual entrevista del palurdo que evalúa el medio, comprueba que después de ti, está todo pasando. Habrá que acostumbrarse a los mojigatos y fulastres de la cultura que cada cierto tiempo hacen pataletas estridentes porque no les alcanza para generar ideas. Si quieres dialogar y preocuparte sobre la literatura, hablemos mejor sobre la precariedad estética de tus libros.


Alberto Fuguet, “llegaron los bárbaros”:

http://revistasantiago.cl/pensamiento/llegaron-los-barbaros/

Matías Rivas, “el panorama…”

https://www.ex-ante.cl/matias-rivas-el-panorama-de-la-critica-en-chile-es-desolador/

domingo, 1 de agosto de 2021

Crítica literaria: "En el pueblo hay una casa pequeña y oscura" (2021) de Vladimir Rivera Órdenes.



Regularidad literaria es lo que podemos afirmar sobre Vladimir Rivera Órdenes (Parral, 1973), luego de Qué sabe Peter Holder de amor (2012), Juegos Florales (2017), y Yo soy un pájaro ahora (2018). Porque En el pueblo hay una casa pequeña y oscura (2021) es una obra con alto potencial, donde la mayoría de las crónicas tiene carácter de epifanías y se observa un proyecto pulcro.

Para las personas que conocemos las provincias, las infancias de lluvia y el sombrío sur, este libro se vuelve entrañable. Las crónicas de Vladimir Rivera sobre Parral abarcan las tres últimas décadas.  Muestran a los hijos de la calle de una comuna apática, en un valle helado donde las familias viven con lo justo: la comida en la medida de lo posible. “Todo se adquiría de una pieza, nadie iba al supermercado a hacer la compra del mes. Es decir, había gente que sí, pero nosotros, los cabros de la calle Francisco Belmar, no” (21). Historias de las que la derecha y ciertos sectores de clases medias reniegan o han omitido como muchas otras violencias normalizadas. Por supuesto que a no pocos les parece un acto meritocrático cual himno nacional, que genera orgullo, ver que otros vivan mediante préstamos.

Rivera arma concisos relatos de niños, muchos de ellos de la población tomada Arrau Méndez, que están observando, creciendo, viviendo la dictadura y la transición. Algunos son hijos de desaparecidos, observan la separación de los padres debido a la violencia intrafamiliar o crecen con ellos. Está la recomposición de los núcleos políticos, aparece el sindicalista relegado Manuel Bustos orgulloso de los pactos realizados para el plebiscito,  y la incipiente rebeldía juvenil. Que, además, los subcapítulos estén bien cerrados es uno de los puntos fuertes del volumen.

Las distintas personalidades que habitan Parral pueden lograr una profunda densidad e impacto en el lector. De igual modo, la ausencia del padre por tortura y desaparición en la dictadura, establece un horizonte que ensombrece el poblado. No es el único, se trata de una generación movilizada en la lucha de derechos y que fue mutilada. Frente al olvido; un país de impunidad. Sin embargo, desde la literatura se genera la resistencia de colocar en estas páginas los nombres, vidas y circunstancias truncadas.

Uno de los relatos más hermosos es “Juan de Dios”, el primogénito nacido muerto y sepultado en un rincón del cementerio. La familia lo va a visitar regularmente. Los hermanos lo hacen partícipe de la infancia y hay un sentido de pertenencia cuando el cadáver todavía es ubicable. De cualquier modo, es el hermano mayor y en la dinámica familiar, se hace presente. La ausencia del mismo, la desaparición del nicho provoca un olvido y un largo adiós que no acaba.

El canon literario masculino: Borges, Ray Loriga, Echeverría, Neruda y principalmente, Juan Rulfo, funciona como tejidos para darle a este libro espacio en la literatura latinoamericana sobre la épica de vidas mínimas y la literatura de los hijos que critican lo difícil de vivir en este país. Emerger, tras lo visto, es prácticamente una epopeya.

Sin duda, las crónicas literarias de En el pueblo hay una casa pequeña y oscura tienen elaboración y contenido, en un trabajo sobresaliente y elogiable. En estas intensas melancolías de un pueblo fantasma, existe la inocencia de entender un futuro que no negocia a los y las familiares desaparecidas, ni menos con las personas que administran el modelo.


En el pueblo hay una casa pequeña y oscura

Vladimir Rivera Órdenes

2021

La Pollera Ediciones

162 páginas.

Crítica literaria: Palo blanco (2020) Rodrigo Ramos Bañados


Después de la novela «Ciudad Berraca» y las crónicas en «Matute», la estética de Ramos Bañados ha vuelto a escena: aquella del lenguaje punk, de humor irónico y prosa corrosiva, donde los sujetos pasan desde el absurdo a mantener la categoría que los distingue sobre los demás. Es decir, cuerpos políticos y representantes de lo neoliberal que se empinan en esta pirámide social y desde ahí, repiten las mismas conductas que los oprimían.

En la carrera literaria del periodista Rodrigo Ramos Bañados (Antofagasta, 1974), son varios los libros publicados en distintas editoriales, siendo uno de los más destacable es la novela experimental Pinochet boys (2016) seguido de las crónicas de Tropitambo (2018). En ellos, evidencia una preocupación por la situación actual del norte del país, también por cómo se desenvuelven distintos sujetos con/sin influencias, los desplazamientos migratorios, sobre el camino de la droga y la locura, el lenguaje, y la violencia del neoliberalismo chileno en todos los niveles.

 

Palo blanco y otros cuentos (2020) consta de dieciséis relatos cortos, desprolijos unos, otros con baches, pero de lectura rápida. En el volumen hay personajes que carecen de algún tipo de poder, el lado B del país: psicópatas, potenciales violadores, obsesivos, trastornados que generan o son parte de las violencias colectivas. De cualquier modo, hay experiencia y naturaleza para hacer la novela del norte chileno que juegue, dialogue, renueve con el imaginario de Miedo y asco en Las Vegas de Hunter S. Thompson.

 

Lo importante es que después de la novela Ciudad Berraca y las crónicas en Matute, la estética de Ramos Bañados ha vuelto a escena: aquella del lenguaje punk, de humor irónico y prosa corrosiva, donde los sujetos pasan desde el absurdo a mantener la categoría que los distingue sobre los demás. Es decir, cuerpos políticos y representantes de lo neoliberal que se empinan en esta pirámide social y desde ahí, repiten las mismas conductas que los oprimían. Mientras escribo, pienso en la soltura narrativa para hablarnos sobre tres viejas chifladas canjeando puntos para llegar al paraíso donde la esperan los cosacos, en el sátiro cuento de “la piedra feliz”.

 

Asimismo, las literaturas escritas o situadas desde las provincias están ampliando el panorama literario local demostrando que los provincianos desarrollan una relación y dependencia idiosincrásica de lo que sucede en la capital. De esta forma, en el cuento “Literatos” el docente universitario Nicomedes Navarro desea codearse con escritores extranjeros y ser un referente de la buena escritura a diferencia del “colectivo periférico”, quienes según él “ensucian el lenguaje con sus historias llenas de resentimiento”. Asimismo, en “Acción Poética”, nuevamente es secuestrado el famoso escritor Álvaro García Sotomayor, por audaces escritores, que buscan “que la literatura deje de ser manipulada por intereses de mercado y, de paso, que la empresa privada deje de lavar su imagen a través de la cultura”.

 

Así, en esta exhibición coral de rabia y frustración Palo blanco articula una sociedad decadente y patética: El bibliotecario que ayuda a Laura a través de un premio literario y es despedido al finalizar el año, la demencia de Palomino en la salitrera Santa Luisa frente a dos turistas perdidos, el tráfico de drogas entre Tacna y Arica, el inmigrante que provoca al chofer de la micro de Viña del mar, el dirigente sindical que se obsesiona con actrices porno, con escritores y mercado publicitarios, la corrupción en la cultural regional y en caricaturescos escritores de la bohemia en decadencia que relatan esporádicas aventuras, entre otras.

Palo blanco y otros cuentos significa el regreso a la literatura satírica que ha consolidado a Ramos Bañados. Aquella donde el foco son los personajes fracasados y olvidados, situados en diversas temáticas que reflejan lo que sucede en el Chile actual y relatos cortos que hacen rápida su lectura.

Palo blanco y otros cuentos

Rodrigo Ramos Bañados

Zuramerica

142 páginas.


 

viernes, 23 de julio de 2021

Crítica Literaria: La pajarera (2021) Eduardo Plaza


 

La pajarera (2021) es el tercer libro de Eduardo Plaza (Coquimbo, 1982). Previamente, apareció con los cuentos en Hienas (2016), donde expresa infortunio y resignación en ciudades como La Serena, Guanaqueros, Tongoy o Coquimbo. Después, con la novela psicológica Retamo (2020), sobre un escritor alcohólico que ahonda en la angustia de las desgracias personales.

Ahora con este volumen de seis crónicas, transita entre la rabia, la nostalgia y resignación respecto a crecer en la ciudad de Coquimbo. Plaza nos muestra la procedencia y forma de vivir de la familia: hacinados y marginados donde la madre es fundamental para sostener a seis hijos/as. Sin duda, la resolución de la identidad familiar es una marca que atraviesa esta escritura. Allá en las pajareras, apelativo a viviendas sociales ubicadas tan lejos de la ciudad de aquellos años que ni siquiera el microbús llegaba. Luego, relata el autor, la expansión urbana dejó bastante adentro a la casona que pasó a habitar en la década del noventa.

Uno de los rasgos importantes de los relatos es cierto grado crítico, pero benevolente, dirigido no solamente a los que detentaron la influencia de los cargos, sino también a la población coquimbana. “Lo cierto es que Coquimbo cambió durante esos años, así como todo Chile lo hizo. Y no solo en términos de infraestructura: había una cierta mezcla entre altivez y desclase, como si quisiera esconder su pronunciación proleta”. Este tipo de perspectiva son reiteradas y significan un desencanto y hastío por la ciudad.

En la sección “cumbia de cahuín”, aparece el guitarrista Eduardo Lalo Macuada narrando las vicisitudes de los Viking 5, y da contexto al tipo de sonido de la cumbia de Coquimbo. Sin duda, está relacionado la cultura cumbiera del país. Sin embargo, queda al debe porque solamente posiciona la voz institucionalizada, en tanto testimonio, con pocos recursos, sin contrastes y sin construir un perfil del grupo.

Así, en la mayoría de los relatos se confunde el presente con los recuerdos tejidos con hechos históricos, recortes de diarios, cultura popular como es la búsqueda difusa de los orígenes de la fiesta de la Pampilla, la fantasmagoría de predicadores, o el exalcalde Pedro Velásquez, pionero en construir la Cruz del Tercer Milenio, la Mezquita Mohammed VI y declarado culpable de fraude el fisco. Muchos otros alcaldes del país utilizarían las mismas estrategias para echar a perder empobrecidas localidades.

El tema indígena es un caso sin resolver aún en Chile. Así, Plaza ahonda en el concepto chango como expresión peyorativa de los serenenses a los coquimbanos. Desde su experiencia transita por Tierras Blancas, Tongoy y Guanaqueros, hablando sobre historias de piratas, tesoros y saqueos de holandeses y españoles en las respectivas costas. Asimismo, indaga en la historiografía del pueblo chango y el vínculo del arqueólogo Ricardo Latcham con el lugareño y descubridor Manuel Castro.

La pajarera problematiza un Coquimbo pedestre, un espacio geográfico-histórico donde se mezcla el presente fresco y un pasado lejano. De modo que se habla de piratas, de indígenas, del fastidio de la política de la Concertación, pero no de los detenidos desaparecidos que atraviesan a cada una de las ciudades del país, por ejemplo. No cabe duda que la importancia de las infancias y las complejas relaciones interpersonales en regiones son relevantes en la cartografía literaria chilena.

miércoles, 30 de junio de 2021

[Crítica de cine]: Serie de Isabel Allende (2021): Solo más chimuchina

 



Isabel, la historia íntima de Isabel Allende (2021) es el melodrama escrito por Jonathan Cuchacovich y dirigido por Rodrigo Basáez, quienes abordan la vida familiar de la escritora. La serie incluye diversas etapas en su vida, desde la participación en la revista Paula (la historia arranca en 1968), la combinación de la profesión y la maternidad, los años del gobierno de la UP, el exilio en Venezuela, los conflictos de pareja, el éxito con la novela La casa de los espíritus y la muerte de su hija Paula Frías (1991).

El foco se sitúa en Isabel Allende (interpretada por Daniela Ramírez) que lidia con la crianza, el matrimonio y lo laboral. Asunto complejo de sobrellevar porque, la estructura patriarcal de la sociedad condena a las mujeres que buscan desarrollarse profesionalmente y donde es habitual que las personas más cercanas ejerzan esta presión. Esta producción tiene la aprobación de la autora y la culpa es uno de sus ejes transversales: observar crecer a los hijos con cierta distancia, repetir el patrón del abandono de los hijos que concuerda con la ausencia del padre, el hecho de que tener un amante suponga ser una mala madre, o la propia negación de la realidad sobre la enfermedad de la hija.

Así, la biopic muestra el cuestionamiento a esta madre casada que ha sido criticada permanente, por su liberalismo y condición de clase. Sin embargo, la producción sostiene discursos de validación de la típica familia burguesa, sostenida en una madre y esposa sacrificada tal como lo impone el catolicismo y su estrato social. Observamos un matrimonio infeliz, unido por los hijos. Ante ello, el abandono del hogar por parte de la madre, repercute en los hijos y se castiga severamente con la indiferencia.

Por otro lado, más que el devenir que significa construir una obra literaria que le dio fama mundial, junto a la gestión de Carmen Balcells, lo que llama la atención es la ausencia del método de elaboración, las referencias literarias y conversaciones propias del acontecer literario. Estamos hablando de 1982, año de publicación del libro La casa de los espíritus. Las editoriales siguen en busca de escritores que desarrollen el realismo mágico y el socialismo latinoamericano. Esta serie hace caso omiso de ello y prácticamente desaparecen las menciones a libros (apenas aparece un título que está relacionado con el padre ausente). Es decir, la escritura se presenta como un hecho de inspiración divina en el que no es necesario estudiar ni leer, porque se escribe a partir de un impulso creativo. Magnífico.

Durante el periodo de Allende en la revista Paula aparecen colegas y personajes complementarios que nutren la historia. En cambio, para su etapa de escritora, el eje radica en la protagonista y la familia, dejando de lado cualquier referencia a la literatura de aquellos años.

Isabel (2021) es una serie convencional porque la propuesta es restringida. Queda la inquietud de si es necesaria otra producción más que hable desde el melodrama familiar tradicional, debilitando la figura de la escritora. Lo cierto, es que se observa la alegría del morbo consumado sobre ella y la familia, en desmedro de la actividad literaria que la lleva a ser una de las autoras más vendidas. De reivindicación literaria nada, solo más chimuchina.

Publicada originalmente en El Desconcierto.

martes, 1 de junio de 2021

Crítica literaria: Mis Observaciones de Delige Rouge (reedición)

 


En general, he observado que hay valiosas recuperaciones y revalorizaciones, en tanto antecedentes del feminismo chileno, con enfoques sobre escritoras burguesas o con menor acceso. Ellas, las proletarias, han tenido que avanzar en su instrucción primaria de manera individual o colectivamente. El caso de la presente autora está en el intermedio, con un relativo pasar y no exento de dificultades.

Las reediciones Mis observaciones (Hoguera editora) de Delie Rouge, seudónimo de Delia Rojas Garcés de White (Copiapó 1883-1950) es un libro que amplía el panorama de escritoras feministas de principios del siglo XX, y que han sido postergadas debido al  compromiso con ideas que tardíamente han sido discutidas y aprobadas.

En estos siete ensayos que datan de 1915, la ensayista promueve temáticas alarmantes para la rígida sociedad chilena de la época con la destreza de ideas progresistas en una prosa que no alcanza lo óptimo y una ambivalencia entre lo cándido en el panorama político y la inclemente experiencia: legislar por el divorcio, la instrucción básica de la mujer, la violencia de género, el conservadurismo y la hipocresía, las malas prácticas eclesiásticas, el problema de los niños abandonados en las calles, las ruinas morales, etc.

Prologado por la editora y estudiosa, Joyce Villalobos, el volumen presenta diferencias sobre la escritura. Mientras la prologuista es una profesional residente en la academia; Delie Rouge proveniente de clase media, tuvo que autoformarse intelectualmente, evadir la censura editorial y, al carecer de apoyo, autopublicó en un folletín estos ensayos. De modo que, muestra un estilo menos fluido que la presentación y reiterativa en algunos trazos.

Hay dos grandes líneas que desarrolla Delie Rouge: la desigualdad de la mujer y la imperiosa necesidad del derecho a la educación. En ambos corrobora la experiencia como línea de expresión y peso argumental. Por un lado, critica que “La mayoría de los hombres chilenos son dominantes y absolutistas, tienen la idea de que la mujer es muy inferior al hombre en inteligencia y ni siquiera le conceden el derecho de pensar” (39). Por otro lado, proclama que: “Eduquen más a la mujer, eduquen al pueblo y reformarán el país. Sólo en la educación está, en gran parte, el remedio de estos males” (78). Así, la participación de ellas no sería menoscabada sino que se generaría una simetría en las relaciones, lo que resultaría valioso.

Mis observaciones de Delie Rouge es una obra que complementa una generación de escritoras feministas movilizadas, intelectuales sobre el rol que deben cumplir y escritoras en búsqueda de derechos civiles de la mujer. Los que no dejan de ser históricamente nuevos.

Mis observaciones. Delie Rouge. Hoguera editora, 2020, 96 páginas.

 

viernes, 7 de mayo de 2021

Crítica literaria: Es lo que hay (2021) Begoña Ugalde


 

Es lo que hay (2021) es la primera publicación en narrativa de Begoña Ugalde (Santiago de Chile, 1984). Previamente ha publicado poemas La virgen de las antenas (2011), Lunares (2016), Poemas sobre mi normalidad (2018) y La fiesta vacía (2019).

En este volumen, los cuentos conjugan un estilo parco y escueto sin grandes estridencias. Las protagonistas son mujeres (madre soltera o en pareja) que no han logrado el éxito que representa la obtención del título universitario, tema relevante para las familias conservadoras y acomodadas. Por lo mismo, ellas están disconformes con el estilo de vida, visibilizando la dificultad del ejercicio de la maternidad y haciendo propio el feminismo en un mundo salvaje y neoliberal.

Estas sutilezas están en segundo orden como la curiosidad por el lesbianismo en el cuento “Es lo que hay”, a diferencia de lo heterosexual que está presente sin tapujos en “Fuera del mapa”. Lo lésbico aparece como mera intención y deseo porque no hay personajes de diversidad sexual que desafíen esta sociedad tradicional. Lo que sí aparece de modo transversal, son personajes femeninos, que en algún momento tomaron consciencia, ante situaciones o expresiones que les parecen ofensivas y ponen de manifiesto su molestia.

La visión sobre la masculinidad que desarrolla Begoña Ugalde no está supeditada solamente al personaje indócil, descuidado y sin pudor que representa Camilo en los dos últimos relatos. En efecto, otros personajes como los padres jóvenes, aparecen protectores, presentes en la crianza y partícipes económicamente dentro del ámbito familiar.

Irremediablemente los personajes no se amplían porque la narrativa de la autora está diseñada así. Tal como se muestra en “Cementerio General”, donde se aplica la fórmula del Eros y Thanatos. La joven madre se recupera del parto, narrando los inconvenientes del posparto: escalofríos, fiebre, depresión, malhumor y el niño pegado a la teta en una noche de Halloween. En el exterior, los niños juegan al “dulce o truco” y amenazan la puerta de la casa, lo que compromete la seguridad de la familia.

En el cuento “Es lo que hay”, relata los inconvenientes de la estadía familiar en Barcelona. El esposo trabaja en los delivery (tercerización laboral), mientras la protagonista lidia con los deberes de la casa, cuida a la niña y finaliza la tesis sobre detenidas desaparecidas en la dictadura de Franco para la Universidad de Barcelona. Enseguida transita por distintas capas secundarias como el deseo por personas del mismo sexo, la precarización laboral, los sujetos marginales que parecen simpáticos de la puerta hacia afuera, como los okupas que rondan la finca y las torturas a mujeres, entre otras.

En “Una pregunta difícil de responder”, la rutina familiar la componen Julia, Víctor y dos hijos. Para las festividades, Camilo plantea desviarse de su ruta por Europa y pasar a Barcelona a compartir con su hijo biológico. Su aparición en el departamento provoca un desorden y mucha incomodidad en Julia. De pronto, el hijo Pablo pregunta: “¿Y cómo fue que aparecí yo?”, mientras en la calle hay tormenta eléctrica. Con el descaro que caracteriza al padre biológico ausente intenta explicar el nacimiento de Pablo: una relación fallida, de continuas peleas, inestabilidad laboral y la presión de él por tenerlo. Así cualquiera es padre.

De lo anterior, continúa en el último cuento “Fuera del mapa”. Durante el verano en la que la protagonista entraría a la universidad, conoce furtivamente a Camilo en Plaza Ñuñoa y sin más explicaciones se van a mochilear a Argentina y Brasil. El relato enumera las pellejerías de dos jóvenes que juegan a la aventura y tienen tantas peleas como sexo.

Las protagonistas de este libro, pertenecen a una clase media con oportunidades para salir de la universidad pero no lograron reinventarse debido al nacimiento de un hijo, que representa el obstáculo para progresar en la vida y nunca podrán liberarse de ello. Mientras que la presencia de la familia no está sino como un tedioso protocolo que hay que cumplir durante las festividades.

En “Máscaras de tigre” Silvia es madre soltera y tiene que ingeniárselas con esporádicos trabajos mientras crece su hijo Gaspar. Vive en un departamento de un ambiente ubicado en un connotado barrio de Santiago centro-oriente y ha congelado la carrera de Artes Visuales. Si bien la protagonista parece divertirse junto a su hijo, lo cierto es que el relato lo sitúa como un impedimento para alcanzar algún tipo de progreso en la vida. “Era absurdo pensar que con el niño a cuestas llegaría demasiado lejos”, dice. Es decir, añora la libertad que tuvo, y mientras escasea el dinero, se siente marginada de sus antiguas amigas o de las fiestas a las que no asiste porque suele estar mayormente agotada después del trabajo.

Luego, en “Piedras Preciosas” persiste la idea planteada anteriormente. Laura viene saliendo de una reciente separación, busca un trabajo como traductora en Londres para una importante editorial inglesa y junto a los mellizos Juan y Gabriel recorren el Museo de Historia Natural. En aquel lugar queda absorta y entra en una relación, que abre la posibilidad de abandonar a los vástagos.

Vale la pena detenerse a observar la «red» de la que forma parte un autor o autora. En este caso, incluye a Alejandro Zambra. ¿Este nombre tiene la intención de validar el libro? ¿Al modo de un padrino? Chile: el país de los padrinos, incluso en un libro feminista.

Es lo que hay es una obra que destaca por hablar sobre los dolores tras el parto de la maternidad y que ha conformado un mundo interior que protege con ahínco. Por otra parte, se observan dos falencias. Uno de ellas, son los cierres abruptos de los relatos quedando en la futilidad y no aprovechando el potencial. Y por último, hay demasiados personajes planos y estáticos que no se despliegan porque la estructura es un “yo” en relación a las sociedades de Santiago de Chile, Buenos Aires o Barcelona, donde cada vez es más complejo desenvolverse.


viernes, 9 de abril de 2021

Crítica literaria: Mundo a escala (2020) de Fergie Contreras


 

CRÍTICA| «Mundo a escala» de Fergie Contreras: Sentir dentro de una corporalidad incómoda y sugestiva

Se trata de una obra sumamente figurativa y de muchos silencios. Fergie Contreras desarrolla una sensible y sutil relación entre el cuerpo, la descontrolada urbe que se expande y el pútrido neoliberalismo expresado en empresas dueñas de amplios territorios que explota la naturaleza local. En una primera instancia, hay una relación intrínseca entre la ferocidad de lo contemporáneo que atrapa y provoca la pérdida del bosque: “los edificios por caer / los sonidos / de la tierra / enfermaron / por temblor / o dictadura”. No obstante, también refleja un tono de espanto y tensión sobre un cuerpo que no termina de constituirse y es múltiple.

El volumen consta de 42 poemas numerados y desordenados que se leen en un momento, pero para su comprensión necesita unas cuantas lecturas más. Además, son breves y la mayoría tiene la extensión de una página (hay un poema escrito en prosa). Algunos están construidos en base a tres o más versos simulando a los Haiku (que normalmente hacen referencia a la naturaleza y lo cotidiano). Otro rasgo fundamental, es la referencia metatextual al filósofo francés Jean-Luc Nancy (“Incluso el vacío es una especie muy sutil de cuerpo”) y que permite generarse una idea sobre la temática y alcances del lenguaje en la obra.

Por este motivo, el libro busca indagar en los sentidos anímicos y corpóreos del propio ser en relación con la ciudad. Así, en distintos poemas aparecen breves versos en cursiva incrustados a lo largo del poemario en los que superpone dolencias, castigos y laceracione

Comprendiendo que el cuerpo, al igual que los bosques nativos que son deforestados, es un tipo reclusión y por lo mismo no es un fin sino un tránsito, una hendidura en un territorio no determinado. La hablante pareciera estar atrapada en la abulia de lo que significa vivir con la velocidad de la metrópoli y armar un mundo a escala que le permita desarrollarse.

Sin duda, Mundo a escala de Fergie Contreras es un volumen de poemas atractivo y que alcanza el objetivo de elaborar complejidad en muy pocas palabras; comenzando desde lo externo a lo interno, lo perceptible a lo sombrío y punzando zonas de dolor. Su poesía privilegia la sensorialidad de los dolores, del tedio, cierto sentir dentro de una corporalidad incómoda y sugestiva.

Mundo a Escala. Fergie Contreras Salmen. Editorial Vísceras, 2020, 58 páginas.

domingo, 21 de marzo de 2021

Crítica Literaria: la Palabra y su perro (2019) Carlos Trujillo



Carlos Trujillo es uno de los pilares de la poesía en el sur. Probablemente más por fomentar el Taller Literario Aumen de Chiloé, en los que han salido connotados autores y autoras, que por el conocimiento de la obra que ha sido publicada mayormente fuera del país. Aunque ha publicado quince libros que no enumeraré, estos dan cuenta del largo tiempo dedicado a la literatura y a la poesía.

La palabra y su perro (Mago editores, 2019) es otra antología que recoge de libros como Palabras (Perú, 2005), Texto sobre texto (Costa Rica, 2009) y Todo es prólogo (New Jersey, 2000), entre otros. Este volumen engloba desde el primer grupo de poemas “Palabras”, a un hablante, en tanto escritor y en pleno momento de ensayo, que indaga sobre las preocupaciones en el acto de creación literaria, previo al poema. Una pregunta clásica de taller, pero transversal y una obsesión en la obra del autor.

De modo que dicha temática (¿qué escribir frente la hoja en blanco? O ¿qué hacer?) es un tipo de fractal literario y donde el empeño pretende alcanzar alguna de las aristas imaginativas: “Una palabra asiste al nacimiento / de otra palabra más pequeña / y ésa de otra/ y esa de otra de otra más” (14); “¿Qué hace la palabra que queda afuera del poema?” (15); “Escribo como si fuera la palabra / La que me lo pidiera ahora mismo / Desde la silla del frente, más allá del azúcar y el café/ La miro y me reveo / Y creo que la palabra se ve en mí” (19); “¿De qué escribir sobre la blanca cara / de una hoja de cuaderno?” (23). Estos fragmentos sirven para constituir esta pregunta en el objetivo primordial y la excusa para sistematizar esta creatividad. A continuación, este proceso de consciencia de sí mismo como literato queda abierto, sin respuestas. Una búsqueda poética similar al “libro de las preguntas” de Pablo Neruda.

La obra La palabra y su perro contiene una escritura correcta, formal en sus registros y una prosa manifiesta. Para ello utiliza un amplio abanico de recursos como por ejemplo: tomar prestado versos de otros poetas –muchos del sur–, paratextos, los juegos de significado/significante, figuras literarias, metatextualidad, entre otros. Por lo que, la utilización de la forma y la estructura deja entrever que no tensiona el lenguaje, sino que simula una práctica habitual dentro de los parámetros tradicionales. Es decir, busca más lo concreto que reflexiones abstractas y complejas.

La palabra y su perro, Carlos Trujillo. Mago editores, 2019, 240 páginas.

 

Crítica literaria: Poesía de la banda posmo (2019) José Ángel Cuevas,


Criticado por mantener e insistir con las mismas temáticas de los militantes que se quedaron en el país después del Golpe cívico-militar, el expoeta José Ángel Cuevas (Santiago, 1944) no descuida la poética donde el desencanto y desilusión hacen mella en Poesía de la banda Posmo (2019) publicado por editorial Calabaza del Diablo. 

 

Este volumen que recoge poemas olvidados en cuadernos junto a otras novedades, contiene 53 poemas en dos capítulos en el que combinan recuerdos, experiencias, andanzas, lenguaje popular y crítica sobre Chile; aquel pueblo humilde y esforzado que tuvo alguna vez la esperanza de mayores oportunidades, y sin embargo, hoy es renegado y vive por/para/de la desigualdad, muchas veces ausente como lamiéndose las heridas.

 

¡Cómo no conmoverse por los poemas militantes! En 2013/Volver al presente, señala las nuevas ambiciones de las multitudes de gentes que buscan materiales efímeros para sentirse individualmente cómodos. No obstante, todavía la memoria es un fantasma que aflora donde hubo lucha para defender las expropiaciones y autonomía obrera como en la fábrica SUMAR:

 

“Han pasado cuarenta años, pero igual el frontis

de Sumar sigue allí, desteñido

y con olor a sangre de obrero muerto”

 

Pese a que anduvo incomunicado un fin de semana y provocó un alto impacto tanto en las redes sociales como en los diarios, es necesario volver a la poesía de Cuevas para comprender que una de las características del trabajo es la observación: un cronista barrial que habla desde la experiencia de vivir los años de plomo, los setenta. Descrito en innumerables lugares añejos y que se encuentran en retirada como Cabaret Zeppelin, El Jote, conversaciones en El Cinzano, la casa natal, población Conchalí, comedor Las Vegas, Carmen 340, City Bar, entre otros. En este proceso de desaparición o de cambios, en el poema ¡Mi... generación! ordena a los últimos cuadros políticos mueran como vivieron sin perturbarse. Lo que resalta frente a este Santiago transformado, un páramo enajenado y justificado con la paranoica de la arquitectura en altura.

 

Así, observamos un comisario del pueblo que recorre las ciudades de Santiago, en tanto poblaciones como  Yungay, J. M. Caro y J. A. Ríos, las comunas Renca, Estación Central, Puente Alto, Ñuñoa, etc., barricadas, las historias olvidadas de las punto 30 acechando, y las resistencias, pero también las erradicaciones de 1982-1984, el arraigo de la pasta base y los vínculos de los  distribuidores de la periferia con  la UDI o quedarse atrapado en el Toque de Queda. Estos nombres configuran una nueva sociedad que ha sido develada gracias a importantes reportajes. Es así que ante lo mencionado, el hablante expone en el poema Vida posmo la máxima aflicción y reparo sobre una sociedad dominada por la tecnología.

 

“Ya no hay esperanzas señores / sino una mini libertad

hablar con su celu / pedir un préstamo / tomar chela

ver fútbol / saltar, gritar como animales en el Metro.

O caminar bajo calles contaminadas de vida”.

 

Cuando leo esta obra, inevitablemente, aludo al poema en prosa Hablo de Luis Oyarzún, del Grupo Trilce, Etcetera de Omar Lara debido a la recuperación de un lenguaje prosaico, la fluidez y forma de construir el poema en donde es parte de una generación situada no solo en una localidad sino que hay referencias tangibles en común. Lo que hace José Ángel Cuevas es precisamente, detenerse a escuchar lo que acontece en la ciudad, entre la nostalgia y el silencio de la dictadura, hay esperanza y poemas de amor, diatribas, pero la gran pregunta que el hablante asocia con las directrices publicadas por Lenin es: ¿Qué hacer?

 

Si bien Poesía de la Banda Posmo (2019) no está a la altura de Poesía de la comisión liquidadora (1997) y Maquinaria Chile: Y otras escenas de poesía política (2012), no deja de ser un poeta ineludible de la escena chilena. Además, es un libro publicado meses antes de la rebelión popular del 18 de octubre de 2019. Esto es, que la desmoralización es la tónica en el volumen, y por lo mismo, la esperanza se percibe constante: “quizás de nuevo se reúna el proletariado y arrase con la realidad” afirma en uno de los poemas. Esta obra se mantiene equilibrado en sus partes, con muy poca variación, y con una prosa que pasa revista a los viejos temas que el poeta ha instalado, sin olvidar que el pasado ha sido removido.

 

Poesía de la banda posmo, José Ángel Cuevas, La Calabaza del Diablo, 2019, 88 páginas.

sábado, 6 de marzo de 2021

Crítica literaria: Piñen (2019) Daniela Catrileo

 


En las últimas décadas, la producción narrativa escrita mapuche ha ido creciendo ostensiblemente, pero con las mismas dificultades de promoción y distribución que tienen las editoriales pequeñas y medianas. Aún así, la poesía destaca y es premiada, mientras las policía estatal asesina mapuche. Esto no resta, a la sorprendente explosión de lectores/as y reseñistas interesados en Piñen (2019) de Daniela Catrileo (Santiago, 1987).

Aunque son tres cuentos: ¿han visto cómo brota la maleza de la tierra seca?, Pornomiseria, warriache es un relato amplio que es desarrollado con un tono de aflicción y descontento. De hecho, la protagonista Carolina Manque construye identidad en un ambiente de departamentos blocks, transitando entre rígidas estructuras en la que hay un vaciado cultural y de violencia marginal. En este sentido, refiere a múltiples temáticas como género, identidades, periferia, marginalidad, desigualdad, clases sociales, el racismo incorporado, la precarización, migraciones, drogadicción, patria, aborto, solidaridad, entre otras.

En esta narrativa se entrelazan compañeros de clase y vecinas que luego tienen distintos destinos, como el pez gordo de la coca, Jesús; Jeshu, un mechero, vecino y huérfano al cuidado de la Gonza; la vecina abusada sexualmente por su padre, Valeska; y la amiga, Yajaira. Lo que permite recordar las infancias instaladas en San Bernardo y territorios sagrados que alguna vez pertenecieron a los incas.

La colonización y la supresión de los vestigios indígenas, transita desde predios tomados hasta vivienda social, llena de polvareda y de escombros, controlada por los narcos. De modo que, ciertas existencias están sometidas a la suerte de la olla: “Era común morir de esa manera absurda por alguna carga de acero y plomo que accidentalmente te daba en la cabeza un día cualquiera” (13). De lo anterior, presenta una mirada apocalíptica en dichos espacios.

Una de las temáticas de primer orden, es el sentir ajeno en territorios de chilenidad, catolicismo y racismo. Aunque, la familia reniega de la condición de mapuche y solamente habla mapuzungun en espacios íntimos o festivos, lo mapuche está demarcado y se hace notar. Así, la narradora lo hace describe: “Santiago para nuestras familias significó un pedazo de suelo donde crear algo parecido a un hogar. Intentaron construir una vida y tacharon otra” (47), en tanto búsqueda de mejor suerte sin hallarla más que la dificultad de sobrevivir en los barriales.

Este proceso de enseñanza normativa y doctrina religiosa coincide con el compañero de clase, Jesús, quien no se amolda a la organización del colegio católico: “Mientras todos los cabros del barrio nos miraban como si fuéramos un grupo de cobardes intentando ser lo que no éramos; y de alguna forma era verdad. Era como mentirle a la raza. Sabíamos más de la Santísima Trinidad que de Ngünechen” (21-22).

Con una prosa sobresaliente, Piñen es una obra que extiende los paisajes de la metrópoli y  la bonanza de la transición. Ahí donde están los y las sujetos excluidos. En definitiva, es la recomposición de orígenes mapuche obligados a olvidar dicha pertenencia y por lo mismo, el continuo exilio.

Piñen. Daniela Catrileo. Libros del Pez Espiral, 2019, 70 páginas.

Crítica Literaria: Memorias de una niña Alba (2020) Bruna Faro

 

Memorias de una niña Alba. Historias de una infancia ultrajada (Mago editores, 2020) es la primera novela de Bruna Faro (Pinto, 1981). Ella se sitúa desde la paz y tranquilidad de la madurez personal que rememora, y en consonancia, al caso judicial por abusos sexuales ingresado por Judith Jaramillo en contra Héctor Ricardo Salgado Moreno, quien fuera el director del Hogar de Niñas El Alba entre 1980 y 1994, y vinculado a la Fundación Alba de la Iglesia Asamblea de Dios Autónoma de la ciudad de Osorno.

Esto es la antesala de un sistema del terror y de abusos que ha demostrado la más absoluta deficiencia en los objetivos trazados, lo que ha derivado en reportajes, testimonios y resoluciones judiciales altamente condenatorias. Dejando en claro que la infancia es un periodo de vulnerabilidad extrema en manos de personas con nula capacidad de empatía y preparación. Así lo demuestra el primer relato, en la que Lidia sufre una severa descomposición intestinal y marca el tipo de reacción de los adultos responsables: “Giré la cabeza en busca de alguien más que pudiera estar siendo testigo de su agonía. Nadie parecía notar que estaba ahí. Volví la mirada hacia ella en el momento justo en que lograba ponerse, con mucha dificultad, en pie” (8). No cualquier persona está diseñada para ser tutoras que cubran las necesidades y formas de educar a los y las menores.

En lo que se podría catalogar como la primera parte de este libro, las hermanas Aurora de 7 años y Margarita de 4 años son abandonadas por la progenitora en un hogar de monjas. Edificio antiguo, imágenes muy bien reseñadas, relatando las normas y costumbres propias de estas instituciones. A continuación, son traspasadas al Hogar de Niñas El Alba donde el director Ricardo es la representación de la más cruenta dictadura, en colaboración de las tías del hogar, que continuamente torturan a las niñas por la más mísera excusa, dejándolas en la más absoluta hambruna y desesperación.

Asimismo, reconocer que durante el siglo XX el término “huacha” o no tener familia tradicional era encarnar a los descendientes ilegales fuera del matrimonio, por tanto, vistos desde el prisma religioso que predominaba en sectores conservadores, son entes concebidos bajo el pecado.

En esta obra, no deja de llamar la atención las continuas referencias de “esta (s)” que utilizan los adultos mencionando a las niñas como un vocablo peyorativo y lleno de despreciado. En el mismo sentido, es valioso el rescate de los diálogos directos, interjecciones, modismos entre las muchachas siendo populares citadinas e informales, otorgándoles mayor verosimilitud y describiendo relaciones interpersonales auténticas. Incluso se lee el “cantadito” de las personas del sur del país.

La tercera etapa corresponde a registros de entrevistas después de años de distancia. Por último, la cuarta parte son las cartas testimoniales de exinternas como La Pacheco, Paula, Estela Quelín, Judith Jaramillo, Luz Cárdenas, Susana C., Rosa Solís, Nury Torres Torres y Norma Reyes quienes dan respaldo, perspectiva y entrecruzan los hechos relatados por la autora.

Si bien la narrativa está focalizada en la protagonista, Margarita comienza a desaparecer durante las interacciones. Entonces, nos centramos en que la historia transita de torturas y torturas: “A pesar de que las internas antiguas decían estar acostumbradas a ser torturadas y presenciar torturas, se notaba que, efectivamente, no se acostumbraban. Después de cada episodio vivían un duelo de silencio. Cosa a la que también yo me estaba acostumbrando” (124). Ante estos episodios, las víctimas quedan espantadas, se rebelan, silencian, huyen, demostrando las múltiples facetas y caras del atormentador: “el tío Ricardo parecía otra persona cuando estábamos en la escuelita dominical, a veces hasta llegábamos a pensar que era bueno” (125). Esta novela desarrolla que las vivencias no son unipersonales o aisladas, sino que son experiencias colectivas donde prevalece la solidaridad o la fuerte sororidad para resistir vejámenes. Habría que cerrar con las palabras de Luz Cárdenas: “El Hogar El Alba fue una fábrica de mujeres inseguras, de mujeres abusadas, de mujeres infelices” (259).

La novela Memorias de una niña Alba comprueba que las instituciones son organizaciones que carecen de las garantías que buscan preservar. Incluso, apunta a una sociedad conservadora que carece de empatía o de valores cristianos, porque han sido partícipes de violencia de género y abuso infantil. Finalmente, las resiliencias pertenecen a niñas abandonadas en un ámbito subterráneo en una sociedad en flagrante deuda con los y las  desposeídos/as.

Memorias de una niña Alba. Historias de una infancia ultrajada. Bruna Faro. Editorial Mago, 2020, 274 páginas.


viernes, 15 de enero de 2021

Crítica literaria: Las heridas (2021) Arelis Uribe

 


El segundo libro de Arelis Uribe, Las heridas (2021), continúa trabajando con los materiales que narró en Quiltras (2016). La clase social, la diferenciación entre los géneros, las personas comunes alejadas de espacios de poder, la Gran Avenida de Santiago de Chile, pero aumentando lo emotivo, porque esta es una crónica de la muerte del padre. Una figura nunca correcta, ni la mejor posible, pero es el padre.

Esta obra inicia con la caída al hospital y el funeral. Con el acontecer, la escritora utiliza trazos de recuerdos, las fotografías, los recortes de diario, los testimonios cercanos para componer el esquema familiar y las aflicciones que conforman ese tejido durante el tiempo del desamor. El abuelo era masón, carabinero (ACAB), maltratador, abusador y, no menos importante, un simpatizante nacionalsocialista. Además, incorpora la hospitalización por accidente cerebrovascular del padre, y conversaciones con la abuela materna, quien trabajó para los Caffarena y era una asesora proactiva. Los múltiples cambios de casa, de colegio, los novios de la madre, las depresiones, el rol dentro del hogar y las distancias familiares van estableciendo el sentido de esta obra.

 

En este pequeño cuadro familiar, destaco la exhibición de los antecedentes en la cultura de la discriminación por género. Es decir, los hombres tienen mayores beneficios –van a la universidad, mientras las mujeres llegan a un nivel educacional básico–, derivando en otra generación en la que las herencias y los poderes económicos pertenecen a los hombres. Por el contrario, las mujeres son dejadas en un sector degradante y ajeno a un tipo de valor. Lo que genera precariedad y desigualdad.

 

En términos estructurales, el volumen tiene capítulos no enumerados y que varían de extensión. Los que van intercalados entre el trágico evento familiar, y la rememoración de la identidad personal junto a las relaciones familiares. Estas secciones son breves y no permiten desarrollar los ambientes en los espacios periféricos porque se ocupa del sentir frente a las materias temáticas. Es importante indicar que describe las dimensiones de las casas habitadas, pero no alcanza a distinguir lo que significa vivir en Marcoleta, Gran Avenida y otros sectores de la capital. El final (que no es lo mismo que el desenlace)  no es el mejor, ya que debió haberse dado por finalizado en la página anterior.

Uno de los puntos altos que tiene este libro son los distintos temas que cruzan esta crónica, en la que es innegable recordar el fuerte vínculo con Veneno de escorpión azul de Gonzalo Millán, donde el poeta utiliza el diario de vida contando lo que significa llevar el cáncer y el apoyo familiar de su condición. De igual modo, el vivir hacinadas y la estrechez económica que enlazo con la novela Allegados de Ernesto Garrat, que muestra a los protagonistas viviendo en una pieza en un departamento. Una realidad cotidiana que se mantiene todavía. En efecto, otro tópico es el rol de las hijas que se hacen cargo de la casa, del alimento, de la madre en tratamiento y de sus hermanos menores. Una realidad cotidiana como las relaciones de las hermanas en Mujercitas de Louisa May Alcott.

Las heridas (2021) es una obra desgarradora y honesta, angustiante y dolorosa, en la que se exponen las llagas, las simpatías en el proceso de pérdida y de sanación. Dicho de otra manera, lo que nos parece literatura, no es más que el padecimiento de personas en distintos niveles. Finalmente, el relato parte y termina en cómo la autora se siente en relación a la ausencia física del padre y esto la sitúa en la contingencia de la literatura local. En todo caso, Arelis Uribe da cuenta que tiene un amplio abanico de temas literarios que podría desplegar a futuro.

 

Las heridas. Arelis Uribe. Emecé editores, 2021, 110 páginas.